Su memoria filma, fotografía, se deja llevar por la corriente electrizante de los pájaros infinitos de las palabras, las que domina y responden, ya, a un montón de títulos, libros que ha escrito. Y, ojo, hablo de libros no como razón y evidencia, sino como barcos navegables. Porque qué miedo y qué aburridos son los libros, dicen quienes no saben vencer ballenas gigantes en medio del océano, quien no ha llegado a la luna en busca de su erizo muerto, el que no sabe escuchar el silencio del iceberg en la noche inmensa...
Mi amigo escribe libros para adultos, niños, niñas, señoras elegantes, amas de casa, vaqueros y heroínas de su tierra: la frailesca, y hasta da cursos y talleres porque no se trata de perpetuar la soledad de los libros en el estante. Mi amigo le pone alas y patitas a los libros y por eso hay mucha gente que lo lee. Y para el colmo, hace teatro, sube a sus amigos y amigas a ese ring que es el escenario. Quizá, y creo que mi amigo estará de acuerdo, y si no, pues ya ni modo (de todas maneras es una cita de Freud que dice): “Hay un camino de regreso de la fantasía a la realidad, y es el Arte”.
Mi amigo, del que les hablo, tiene un nombre, y por cierto, muy rimbombante; damas y caballeros, con ustedes: Héctor Cortés Mandujano.
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PRIORIDADES
Se analizaba la suerte de principiante de un poeta, los ojos verdes de la escritora que recién ganó un premio, el lugar donde comeríamos sin remordimientos; que si bien hay bombardeos, devastaciones, un país donde se exige el cese al fuego, sombras que nos confunden con árboles tétricos de casas abandonadas, pequeños murmullos de hojarasca seca, los poetas están sobre todo eso: es su gracia y privilegio. Cosas que imagino una vez que me alejo de quienes escuchan jazz o la Sonata 17 para piano de Beethoven y dicen, se supone, cosas importantes.
La verdad yo vine por la comida y el vino y a reírme de sus tesis sociales, a escribir en los márgenes de las ediciones piropos o versos de mayor impacto que los versos más tristes de todas las noches: “son todos ustedes unos mamones”.
Una vez cometida la fechoría vuelvo a ser parte de la población rural de los que nos gusta ver mujeres de los calendarios antes del recuento de los libros que leímos al año.
Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.
Estuve en la presentación del libro La copa del mundo frente al Sistema Penal en la Feria del libro de la Unach 2026. Lo hice como mero curioso que, pasando por ahí, se queda a escuchar. El libro es la suma de artículos que abarcan el Derecho Fiscal en un evento de gran magnitud como es un Mundial de Futbol, donde se lava dinero en cantidades estratosféricas y se deja que el gran negociador sea el crimen organizado en complicidad con el gobierno mexicano, así como el Derecho Civil, todo lo que trasgrede a la libertad cotidiana: el respeto a tu propiedad, a los espacios de convivencia de colonias y barrios, a que transites las calles sin que éstas sean tomadas por las logísticas del evento; el libro, pues, en su objetivo, es darte certezas jurídicas para defenderte de conductas ilícitas que incluyen el robo, la discriminación, entre otros. Pero hay un apartado, el de tráfico de personas y la explotación sexual infantil, donde el coordinador del libro, el Doctor Miguel Ontiveros, explica cómo México es el paraíso de la explotación sexual infantil y cómo se ocultan las cifras, se esconden porque los grandes consumidores, los que la pagan, pertenecen a la élite política de México (izquierda, centro, derecha, todos). Y más: el Estado mexicano permite que el Crimen Organizado impulse leyes a través de sus políticos cooptados: “Si usted promueve, facilita o gestiona el turismo sexual de niñas y no obtiene beneficio económico, entonces usted no tiene de qué preocuparse porque no es delito. Así lo establece la Ley antitrata, impulsada en el 2012 por el crimen organizado, y vigente en México actualmente”, dice uno de los párrafos del libro. Sin beneficio no hay delito. “Según la ley no habrá pornografía, turismo sexual ni explotación de niños y niñas si el explotador no se beneficia de ello. Esto significa que según la Ley Antitrata se puede explotar a las personas impunemente, siempre que el explotador no obtenga beneficio alguno”, recalcó el Doctor Miguel Ontiveros Alonso. Caen los obreros, chivos expiatorios, para desviar la atención y proteger a los que de verdad manejan el tráfico y la explotación de personas, de niños y niñas. Pero el monstruo que apapacha el gobierno mexicano no termina ahí: sigue con el tráfico de órganos y la desaparición forzada de personas humanas (sic) y sobre todo de niños en situación de calle. Las cifras, o son manipuladas o son escondidas, o simplemente no existen. Y acá entra al escenario Chiapas y la otra mafia, los millonarios de este país, por la desaparición de niños indígenas para extraerles órganos. ¿Cómo se explica que un rico en cuestión de días tenga un órgano para un transplante, algo que lleva meses o años en conseguirlo? ¿Esto es soberanía y orgullo nacional? Un país de pedófilos es un país infame. Atentar contra otro ser humano es ruin. Asesinar a niños y niñas y que no sean ni fantasmas, que sean borrados de la memoria e historia trágica de este país, dice mucho, o todo de nosotros: qué cobardes y miserables somos.
Luis Daniel Pulido
*Miguel Ontiveros Alonso, Licenciado en Derecho, UNAM y Doctor en Derecho Penal y Derechos Humanos por la Universidad de Salamanca. Presidente de la Academia Mexicana de Ciencias Penales.
Ilustración proporcionada por el autor.
Sobre el autor:
Luis Daniel Pulido (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas).
Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.
Hoy viajé a Tuxtla. Las nubes no acostumbran a cerrar filas por la melancolía del viajero; callo y asiento, resignado, porque donde vivo actualmente no hay fresnos ni álamos, sólo batallas diarias por un plato de comida.
Vamos varios en el transporte y hay una lucha invisible de todos contra todos: el que lleva prisa, el que no deja de teclear en su celular, el que escucha música sin audífonos, el albañil libidinoso, la joven que habla y habla y va feliz por haber asistido a un concierto de reguetón y ningún atisbo de piedad para la anciana con sus ojitos de selvas y manglares que viaja sola a su destino: el olvido. “Las gentes son horribles. Y uno es tan horrible como ellas”, sentenció José Revueltas.
Llegué a Tuxtla con el peso en el alma de todo lo que vi. Pero mi ciudad, como una foto de Win Wenders de 1977, sigue vigente, no se la comieron los pájaros, conserva su luz y su sombra, su sol voraz, las calles que me llevan a un amigo: el escritor Héctor Cortés Mandujano. Hay siglos que duran cuatro horas de conversación –esta vez analizando la estructura de La muerte me da, de Cristina Rivera Garza. Y de películas que ganaron el Oscar.
Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.
¿Cómo se construye una persona buena? ¿En el lento avance del agua cuando cierro los ojos y sueño con eso; en una forma de vida moderada: un caracol bajo la lluvia, por ejemplo? ¿En y con Kierkegaard y su libro Los lirios del campo, las aves del cielo? ¿Rezando, orando? ¿O como hace unos años, solo, luchando, solo, contra la cocaína y los flashbacks que me ubicaban en una escuela con otros niños corriendo tras una pelota? ¿En la promesa –tan humana, por cierto, de no volver hacerlo? Y hacerlo. Y ver cómo ese mundo, tan ajeno, se desmoronaba. ¿En los perros y su dolorosa agonía por el abandono y la crueldad –ese despeñadero donde caemos todos? ¿En el juego diferido de la NFL cuando sólo había una tele? ¿En las manos de mi madre sobre mi rostro perdonándome todos mis pecados? ¿En las mismas manos de mi madre donde corrieron los galgos oscuros de la muerte tras la presa: un hombre que se devoraba a sí mismo? ¿En legítima defensa: exigiendo la ternura de los gatitos recién nacidos? Luis Daniel Pulido
Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.
GUADALAJARA
Los domingos, ya sea a las nueve o las diez de la mañana, le marco a Gina o ella a mí, para hacer un recuento de la semana, para desarmar los modelos o las cargas de ser náufragos en una isla desierta donde nos quedan lejos las ciudades más pobladas y ruidosas que existen. Ambos no respondemos a figuras de éxito, a cielos donde jamás hay gente que ve la lluvia, hemos creado nuestro propio lenguaje, a veces un silencio, a veces un parpadeo lento o rápido, depende si estamos felices o tristes, igual platicamos –como cuando se le abre la panza a una rana en las clases de biología– para hacer efectivo el sarcasmo, el sentido del humor donde no obligamos a nadie a acompañarnos en el viaje que iniciamos. Ingenuos o simplemente porque de verdad habitamos el mismo cuarto de juegos, Gina me dice “Luis, por la calle que camino hay un carro incendiándose, deja lo grabo”. Como un haz de luz al que le huyen los conejos, dije: “Gina, creo que es un narcobloqueo…”. “Deja, me envía un mensaje mi amiga del trabajo, en un momento te marco”, me dice Gina y cuelgo.
El tiempo, otrora privilegio de aristócratas, paseo por acantilados, calma de mar adormitado, no es más un montoncito de peces saltando afuera de la red que los atrapa. Espero la llamada y Gina me dice: “Luis, hay narcobloqueos por todo Guadalajara, voy a casa, te marco desde allá”.
Un niño y una niña se abrazan y se esconden bajo la cama…
Luis Daniel Pulido
Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.
Mis amigos y yo pertenecemos a esa generación de trogloditas que en un brevísimo poema de Catulo podían deshilvanar cronologías de cisnes en flor o ponerse en cuclillas y analizar un juego del lunes de la NFL, cuando se cocinaba con manteca y la única función elíptica de la carne roja era activar nuestro organismo y no, como ahora, hacer de tu cuerpo un enclave de triglicéridos. Nuestra participación política fue y sigue siendo nuestra crisis más longeva: nos citamos en un viejo bar clandestino y lo primero que hacemos es hablar de música, de Deep Purple, Rolling Stones, Jimi Hendrix, Thin Lizzy, John Mayall, etc. Politólogos hijos de aquel espíritu idealista de 1900 sobre el de defender a muerte tu derecho a decir lo que piensas aun así no esté de acuerdo contigo. Románticos y sí, ridículos. Recordamos a las mujeres que amamos y cantamos por ellas. Sacamos del baúl donde siguen los viejos barcos dibujados con crayolas y los avioncitos de papel que sobrevolaron el holocausto, nuestras playeras de los Vaqueros de Dallas, los Broncos de Denver, los Jets de Nueva York, la de Flash Gordon. Y ahí estamos, sin suscripciones premiun, sin Netflix ni Spotify. Todo bajo sospecha: las instituciones de Bretton Woods, el capital y los Bancos y esos señores rabiosos que son los políticos. Casa por casa, piedra por piedra. Allá aquellos señoritos con su regulación del universo y sus coloquios, simposios, mesas redondas. Acá seguimos jugando en viejas canchas de lodo y no en cubículos donde se doblan apuestas sobre el futuro de un país o de unas académicas despedidas en el sur de México y donde se deja de hacer y se deja pasar, según convenga. Una pena que ya esté más cerca de los sesenta años. Que si no… ¡Otra cerveza, por favor!
"Hay quien dice que fui yo El primero en olvidar Cuando en un si bemol de Jacques Brel Conocí a mademoiselle Amsterdam..."*
Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.
Fui un niño solitario. Conocí la violencia dentro de lo que era mi casa. Ocho años, apenas, por un par de miserables, “dos hermanos” horribles, la parte chiapaneca. Me replegué en mi imaginación: mis propias reglas, mis silencios, mi ausencia de esta tierra. Conocí el rock y he sido feliz con esa música. Tuve amigos dentro de esos escenarios, crecí con ellos. Me salvaron. Hoy murió Ozzy Osbourne, el Príncipe de las Tinieblas; con él brinqué, sané, fui realmente feliz. Ningún terapeuta y ningún psicólogo hizo más que él por mí.
All Boys!
Descansa en paz, gordo querido
Luis Daniel Pulido
Yo soy el buzo, tú la estatua, no lo olvido jajaja. Se me olvidó: saludos al gran Roger.
Ha publicado los libros Pollito Card, UNICAH; Prohibido degollar patos, Editorial Almada Broders; Nunca sonrías a Optimus Prime, Espejitos de papel Editores, Puerto Rico; Bruce Wayne y la generación X (un concierto de rock para Chulpan Khamatova); Baxter Memories (vida y obra de Víctor Von Doom), Tifón editorial. Lo puedes seguir en su Blog poético Popotitos 22.
Cual dinámica fluvial, el año ha transcurrido. Como muchos otros, como casi todos. Entre procesos de erosión y sedimentación; de la hidrósfera a la atmósfera, de aquí a la litósfera y, nuevamente, al abrazo de las aguas continentales. Hemos nadado contracorriente en ocasiones, pero siempre aferrados al tronco de la fe. 2024 comenzó con muchas sorpresas, pero, sobre todo, con grandes apuestas lanzadas al destino. Esperanza férrea como moneda de cambio y un temple imbatible como escudo. Así, los calendarios recorrieron sus páginas, repletas de jornadas tachadas y promesas olvidadas. Y llegó la lluvia, y llegó la noche; los ángeles lloraron diluvios sobre nosotros. El caos, como la humedad, siempre encuentra cómo infiltrarse en el alma y en los días más luminosos. Sin embargo, aquí seguimos, disfrutando de lo aprendido, porque, como he dicho antes, hay años para forjar éxitos y fortunas, y otros para forjarse el carácter. Nada puede ser tan malo cuando las recompensas se manifiestan como lecciones duras, pero necesarias. ¿Qué sería de nosotros sin una luna de sangre que ilumine nuestro rostro con carmín en noches de vigilia involuntaria? No vale la pena hacer un balance de buenos y malos momentos, pues esos se irán revelando en fotografías: imágenes mudas y sordas, incapaces de transmitir, entre miradas y sonrisas, las historias que guardan en silencio. Es hora, entonces, de dar las gracias. A aquellos que fueron antorchas en la oscuridad. A quienes se convirtieron en mentores, compañeros de trinchera y aliados inesperados. La primera persona a la que debo agradecer es a mi madre. Con paciencia y el cariño que uno siempre anhela, me tiende su mano y me dice que no debo preocuparme por el futuro, porque, tarde o temprano, las aguas que abandonan el río regresan a su cauce. Con sus hermosos ojos verdes, me cobija y protege contra un mundo inclemente. Irónico resulta que, a mis cuarenta años, debería ser yo quien la cuidara y protegiera. Pero así es la vida: un vaivén constante que, con una sonrisa, acepto como parte del devenir. Mi padre merece también mi agradecimiento, desde luego. Desde su trinchera, no tan lejana, sigue creyendo en mí. Aunque no soy una copia exacta de él, aunque no viví sus mismas luchas, está orgulloso de este ser que soy, con mis propias historias y conflictos. Agradezco tenerlo todavía como una figura que inspira y, con su porte imponente, me recuerda que soy capaz de enfrentar cualquier desafío que se presente. Un agradecimiento muy especial a una persona que, a lo largo de doce años, ha creído en mí y en lo que tengo que decir, que, pese a encuentros, desencuentros y reencuentros, el cariño permanece intacto. El hacedor de milagros que ya todos conocen y pocos valoran, que no quita el dedo del renglón cuando se trata de impulsar, dejándose la piel en cada compromiso con sus autores y colaboradores, no dejando nada para él la mayoría de las veces. Mi editor, Manuel Pérez-Petit, que no importa si sea Sediento o Almuzara, o lo que venga, siempre confiaré en tu sabiduría y conocimiento, no sólo del tema editorial, sino del mundo que nos asola. Vaya zapatos que tendrá que llenar quien sea que venga después. Debo darle las gracias a una persona que me dedicó gran parte de su tiempo, su cariño y sus caireles. Ese tiempo es impagable, pero jamás será desperdicio, y eso no está a discusión, pues las horas que se invierten en amar, son horas que alimentan el alma, no importa si son una o dos, o mil; importan, sencillamente. No diré más porque respeto lo cíclico, lo efímero y lo sempiterno, por ello concluyo con esta frase: “Ayer la pude ver, atreviéndose a vivir, enfrentando al mundo y sin miedo a ser feliz”. Que el amor y el bien siempre iluminen tus senderos de buenaventura. Es importante recalcar que también este año descubrí a uno de mis mejores amigos, que ya se encontraba en mi horizonte desde hace muchos ayeres, pero que su apoyo apareció de forma inesperada, como una espada valiosa que se unía a la batalla, aquel que porta a Excalibur en el momento más crítico. Después de encontrarme enlodado por tormentas pasadas, Jorge Vargas me dio la mano en plena oscuridad. Y sin él, no estaría, quizá, escribiendo esto. Estaría, probablemente, seis metros bajo ya saben dónde. Quiero agradecer a mi mejor amiga, que quizá yo no sea su mejor amigo, pero ella sí lo es de mí, una confidente incondicional, una estrella submarina en forma de Perla que siempre está iluminando la vida de todos, guardándose poco de ese brillo para ella, y que se merece mucho más de lo que cree. No tengo mas que palabras afectuosas hacia ella, por creer en este irredento remedo de ser humano, que, como ella dice: un toro en cristalería, hace lo que puede con lo que tiene. Christian Vizuet es otra de esas personas que pocos pueden presumir tener como amigo, pues siempre aparece de la nada y te saca una sonrisa. Es de esas personas que están, y cuidado de darlo por sentado, que en cualquier momento su talento nos lo arrebata de la mundanidad y se volverá alguien tan ocupado en lo que merece hacer y estar, que difícilmente, podremos recurrir a este Pepe Grillo moderno. Si no tienes alguien que te grite “¡Hurra!” desde bambalinas, lo siento por ti. Gracias al Círculo de Contención de Señoras que se formó en los últimos meses del año, cenáculo de talentos, pero, por encima de todo, de buenos corazones y brazos fuertes dispuestos a luchar los unos por los otros, desde la valiente y sorprendente Valkyria; el astuto, inquieto y virtuoso Elfo, y la encantadora y vivaz Barda, dispuesta a cruzarse el carril del metrobús si la ocasión lo amerita. Gracias a mi fiel e incondicional audiencia de cada viernes en Alcance Tendencia Radio, que también han sido un enorme círculo e apoyo, de terapia grupal, en donde se hace catarsis global mientras nos deleitamos con melodías inefables y fraternidad. Mis queridos fraters, sin ustedes, todo sería nada. Agradecimientos especiales a mis colaboradores de locuras, aquellos que tienen que soportar al toro de lidia que trata de abrirse paso en la cristalería, que tira una cosa por tratar de poner a salvo otra y después se llena de culpa y luego de ira y luego de resignación. Ese soy, gracias por tanto Juan Antonio, Carlos, Pablo y Pedro, y perdón por tan poco. Otro agradecimiento especial a mi querido Manuel Salazar, quien me llevó de viaje a San Luis Potosí, sitio en el que pasó uno de los mejores momentos de este año tan turbulento. Por su amistad sincera y por ser una de mis personas favoritas de este periodo. A mis hermanos, a mis gatos, a mi perro y a todos los artistas que me llenan de inspiración y combustible para seguir adelante día tras día. Y, por último, pero no menos importante, a la única persona que siempre ha tenido todos los motivos para odiarme, y que, durante estos 365 días, hizo posible que, en mis días más oscuros, tuviera algo que desayunar. De nuevo, gracias por tanto y perdón por tan poco, tan nada, tan malo.
Y un no gracias a dos personas en específico, que ni por asomo mencionaré aquí ni nunca jamás, pues sus nombres los he escrito en un papel para después quemarlos esta noche. Sin insultos ni maldiciones, sólo deseos de no volverlos a ver, como una pesadilla que se acaba, nubarrones de verano que se esfuman con los destellos mortecinos del otoño y, congelados posteriormente en el invierno. Deseo que sus memorias sirvan de abono para nuevas flores en primavera, unas muy distintas a ustedes. Mi deseo para ustedes es que no dañen a nadie más, ni siquiera a ustedes mismos. Que Dios los bendiga, yo ya les dije adiós.
Así, me abro al final de todas las cosas. Al colofón de un año complicado. A la promesa de un nuevo inicio, siempre aguardando como agua para el sediento. Y yo estoy ansioso por beberme el mar.
Gabriel Mendoza García @megaescritor
30 de diciembre de 2024
Ilustración: Proporcionada por Gabriel Mendoza García
Sobre el autor:
Gabriel Mendoza García (Ciudad de México, 1984) escritor y creador de videos y contenido en redes sociales, fundamentalmente en la actualidad a través de la plataforma Alcance Tendencia Mx. Fan acérrimo del dúo musical europeo Lacrimosa, quienes representan su mayor fuente de inspiración, desde niño destacó por centrar sus esfuerzos cognitivos en mundos imaginarios y por valerse de su sensibilidad. Su primer intento literario fue El Oráculo de Gaia, una reinterpretación de El Señor de los Anillos, de la cual no queda ninguna evidencia. Su verdadera encomienda personal con la literatura es la saga Sofía, la única que tiene como epicentro la Ciudad de México, una obra coral, apocalíptica, empapada de misterio, acción, suspenso, drama, mitología, ciencia ficción, acción y aventura que, al modo de la mítica serie de televisión Lost, se centra en sus personajes y que comenzó a fraguarse en el otoño de 2007, cuyo primer fruto es Emanación. Es miembro del comité editorial de Almuzara México.
Escribo esto mientras suena Hold On Tight de la Electric Light Orchestra, tema recomendado por un viejo amigo que, curiosamente, siempre tiene las palabras adecuadas ante la adversidad. Y no es secreto que llevo varias semanas con la incesante idea de abandonar el camino de las letras. Lo mencioné en mi entrada anterior: decidí, irrevocablemente, seguir adelante. Fue Puccini quien me permitió enfrentarme al espejo y detener en seco esos pensamientos derrotistas. No obstante, hoy encontré una razón más para abrazar el sendero que inicié, de forma inconsciente e intuitiva, hace ya 20 años.
Mmm, hold on tight to your dream, yeah Hold on tight to your dream, yeah
Esta mañana llegó a mis manos —de la forma más aleatoria y absurda posible— un ejemplar de El Retorno del Rey, la tercera parte de El Señor de los Anillos (sobra citar al autor; todos saben de quién hablo). Es una edición mexicana de Minotauro de 1993. Al principio, estuve tentado a dejar que ese libro prosiguiera su errático destino hacia las manos de algún coleccionista, un curioso, o quizás un lector distraído. Sin embargo, al hojear las primeras páginas, descubrí un dato que me golpeó el pecho con un significado inexplicable: la primera edición de ese libro data de mayo de 1984, el mes y el año en que nací.
When you see your ship go sailing When you feel your heart is breaking Hold on tight to your dream
Casualidad, sí, probablemente. ¿Coincidencia? No lo sé. Alguien dijo alguna vez que uno no debe confundir coincidencias con destino. Lo más seguro es que no haya nada mágico en ese hallazgo, pero para mí lo significa todo. Mi trilogía favorita, la que me empujó a escribir por primera vez en aquella oficina de diseño arquitectónico donde pasaba horas sin nada que hacer —corría el año 2004—, me ha dado una bofetada en el rostro. Una que me exhorta, con brutal claridad, a no claudicar, a tener fe en mí mismo y a confiar en el proceso.
Hmm, it's a long time to be gone Oh, time just rolls on and on (hold on) When you need a shoulder to cry on When you get so sick of trying Just-a hold on tight to your dream
En el colofón de mi novela publicada por Almuzara México, se menciona que mi primer intento literario fue algo titulado El Oráculo de Gaia, una obra de la que no queda prueba alguna —y qué alivio me provoca eso—. Aquella historia no fue más que mi versión propia de El Señor de los Anillos, una novela breve, escrita en menos de 200 páginas de Word y almacenada en un disquete que hoy sería un objeto de museo; ningún lector óptico moderno podría revivirlo. ¿Por qué escribir mi versión de una obra universal, sagrada e intocable? Porque tenía apenas 20 años y no veía nada de sacrílego en contarme a mí mismo una historia, una versión moldeada con fragmentos propios, personajes nuevos y situaciones distintas. El Oráculo de Gaia no tenía hobbits, por ejemplo. No es que los deteste, pero a esa edad mis intereses giraban en torno a héroes irredentos, dilemas maniqueos, los conflictos del amor imposible y la búsqueda desesperada de la aprobación de una doncella inalcanzable. Escribí esa historia para mí, sin intención alguna de mostrarla al mundo. Y aunque jamás saldrá a la luz, no me arrepiento de su concepción. Sin proponérmelo, aquella narración me puso en el camino de la escritura, un camino que decidí recorrer de fondo en 2007, con una historia que llevaba años atormentándome la cabeza.
When you get so down that you can't get up And you want so much, but you're all out of luck When you're so downhearted and misunderstood Just over and over and over you go
Hoy vuelvo a revisitar la trilogía cinematográfica de Peter Jackson (mis películas favoritas, indiscutiblemente) y no puedo evitar que la emoción me consuma hasta las lágrimas —síntoma inequívoco de que me estoy haciendo viejo, o quizás, más sensible—. Pero es precisamente esa emoción la que me impulsa a querer contar mi historia. Tolkien me ayudó a sentir esta pasión visceral por las letras; sus hobbits, elfos, enanos, orcos y hombres le dieron sentido a mi vida. Y aunque no hay seres de esa naturaleza en mis obras, ni tampoco un universo alterno, mágico o abrumador, lo que escribo está infectado de una realidad más cruda de la que yo mismo quisiera. Incluso en la ficción, mis páginas transpiran verdad. Si algo abunda en mi obra, es la pasión.
Accroche-toi à ton rêve Accroche-toi à ton rêve Quand tu vois ton bateau partir Quand tu sens ton coeur se briser Accroche-toi à ton rêve
Nací un 5 de mayo de 1984 en la Ciudad de México. El colofón de la trilogía fue editado por primera vez en México en ese mismo mes y año. Este ejemplar llegó a mí de la nada: mi madre lo tenía sobre su mesa de ventas, como si fuese un libro cualquiera, sin saber cómo había llegado ahí. Podría haber terminado en manos de cualquiera por apenas treinta pesos. Pero no. Aparecí yo, y lo descubrí. Allí estaba, una joya olvidada que mi madre exhibía con la indiferencia de quien vende ropa usada. Si eso no es una señal de que debo seguir escribiendo —a pesar de ser el peor autor de mi editorial, a pesar de no tener un solo centavo para pagar las cuentas ni las deudas, a pesar de sentirme estancado en esta vida—, entonces, ¿qué le atribuimos? ¿A una simple coincidencia? No, me niego rotundamente a creerlo.
When you get so down that you can't get up And you want so much, but you're all out of luck When you're so downhearted and misunderstood Just over and over and over you go
“Es como en las grandes historias, Sr. Frodo. Las que realmente importaban. Llenas de oscuridad y peligro eran. Y a veces no querías saber el final. Porque, ¿cómo podía el final ser feliz? ¿Cómo podía el mundo volver a ser como era cuando había pasado tanto mal? Pero al final, es solo algo pasajero, esta sombra. Incluso la oscuridad debe pasar. Llegará un nuevo día. Y cuando el sol brille, brillará más claro. Esas eran las historias que se quedaban contigo. Que significaban algo, incluso si eras demasiado pequeño para entender por qué. Pero creo, Sr. Frodo, que sí entiendo. Ahora lo sé. La gente en esas historias tuvo muchas oportunidades de dar la vuelta, solo que no lo hicieron. Siguieron adelante, porque se aferraban a algo. Que hay algo bueno en este mundo, y vale la pena luchar por ello.”
Yeah, hold on tight to your dream, yeah Hold on tight to your dream, yeah When you see the shadows falling When you hear that cold wind calling Hold on tight to your dream Ooh, yeah, hold on tight to your dream Yeah, yeah, hold on tight To your dream…
Ilustración: Gabriel Mendoza García
Sobre el autor:
Gabriel Mendoza García (Ciudad de México, 1984) escritor y creador de videos y contenido en redes sociales, fundamentalmente en la actualidad a través de la plataforma Alcance Tendencia Mx. Fan acérrimo del dúo musical europeo Lacrimosa, quienes representan su mayor fuente de inspiración, desde niño destacó por centrar sus esfuerzos cognitivos en mundos imaginarios y por valerse de su sensibilidad. Su primer intento literario fue El Oráculo de Gaia, una reinterpretación de El Señor de los Anillos, de la cual no queda ninguna evidencia. Su verdadera encomienda personal con la literatura es la saga Sofía, la única que tiene como epicentro la Ciudad de México, una obra coral, apocalíptica, empapada de misterio, acción, suspenso, drama, mitología, ciencia ficción, acción y aventura que, al modo de la mítica serie de televisión Lost, se centra en sus personajes y que comenzó a fraguarse en el otoño de 2007, cuyo primer fruto es Emanación. Es miembro del comité editorial de Almuzara México.
Ha transcurrido un año desde que firmé el contrato de mis sueños, aquel acuerdo entre una editorial y un autor que selló la promesa de publicar un libro, mi libro. La primera entrega de una saga que, como he repetido hasta el cansancio, lleva 17 años gestándose. Diecisiete años buscando su camino, intentando conquistar un público esquivo, sin cosechar frutos hasta ahora. No escribo estas palabras para quejarme del sistema ni de las convenciones sociales. Lo hago desde un lugar más íntimo, desde la desilusión que implica confiar ciegamente en uno mismo y en sus ideas. Se dice que quien no cree en sus ideas es porque no son buenas. Entonces, ¿qué dice de mí haber apostado casi dos décadas a una historia que creí digna de contarse, pero que, al parecer, no lo es para el mundo? Cuando llegó la oportunidad de estar con una editorial de nivel comercial, una capaz de poner mi obra en todas las librerías del país, pensé que finalmente mi saga alcanzaría su destino. Sin embargo, los números no mienten: este libro, el libro de mis sueños, ha sido el menos vendido de 2024. Aquí es donde mis detractores encuentran argumentos para mofarse. Que lo hagan, incluso invito la primera ronda. Desde 2007, todos los trabajos que he tenido fueron apenas un mientras, simples estaciones de paso. Usé horas laborales para escribir, editar y corregir, siempre viendo en mi historia un Norte inmutable. Apostarlo todo por una idea puede parecer un error, pero ¿qué sentido tendría no intentarlo? Este 2024 ha sido un año de fe: fe en mí, en mi obra, en la promoción de mi libro, en la certeza de que mi momento había llegado. Pero hoy, a mis 40 años, me encuentro sin ingresos, sin un trabajo estable, sin una carrera profesional consolidada. Si me preguntan cómo vivo, la respuesta es simple: vivo. La frase de Amélie nunca había resonado tanto en mí: Son tiempos difíciles para los soñadores. Y la verdad es que nunca ha sido fácil para nadie. Familiares, amigos y desconocidos, con diversas intenciones, siempre me advirtieron: Escribe, pero que sea un pasatiempo. Elegí ignorarlos, aunque tampoco me comprometí plenamente a la disciplina que exige la escritura. En mi intento de equilibrio, terminé cayendo entre dos mundos. Por eso, cuando firmé mi contrato editorial, decidí quemar mis naves. Parafraseando a Xavier Velasco: Si me arruino y fracaso, está bien, pues para eso se queman las naves. Hoy puedo decir que arruinado estoy, sí, pero no fracasado. Sólo fracasa quien renuncia, y yo estoy en un proceso de reflexión, de maduración. El pasado 8 de diciembre asistí a una función de La Bohème de Puccini en Bellas Artes. Un festín para el alma, pero también un golpe de realidad: la vida bohemia no es vida. Tarde o temprano, está condenada a la tragedia. Me identifiqué con Rodolfo, el poeta que, entre dudas y desesperación, usa sus manuscritos para avivar una fogata y calentarse las manos. Su amor por el arte es tan desbordante como su complejo de insuficiencia. Puccini no ofrece consuelo: el destino del artista está siempre en una bifurcación cruel, sin matices. O el éxito o la irrelevancia. Y Rodolfo, como tantos otros, prioriza su idealismo, aunque le cueste todo. Nadie vive de la poesía, pero muchos mueren de hambre y frío por ella. Sin embargo, por todo y a pesar de todo, no dejaré de escribir. La razón y el despecho me gritan que abandone la saga de Sofía, que arroje al fuego mis sueños de escritor. Pero el alma y el cuerpo me lo impiden. No sé, no quiero, no puedo. Y es justamente esa obstinación la que me hace creer que, por primera vez, estoy en el camino correcto. No seré un best seller de la noche a la mañana, ni el escritor que México esperaba. Seré, al menos, alguien congruente, un navegante que, aunque maltrecho, sigue su curso hacia el Norte. La tempestad puede arrebatarme todo: las esperanzas, las oportunidades, los lugares por visitar, los momentos por vivir. Pero jamás me hará renunciar. Prefiero morir buscando tierra firme, incluso si nunca la encuentro, que vivir como un fracasado que abandonó sus sueños.
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Sobre el autor:
Gabriel Mendoza García (Ciudad de México, 1984) escritor y creador de videos y contenido en redes sociales, fundamentalmente en la actualidad a través de la plataforma Alcance Tendencia Mx. Fan acérrimo del dúo musical europeo Lacrimosa, quienes representan su mayor fuente de inspiración, desde niño destacó por centrar sus esfuerzos cognitivos en mundos imaginarios y por valerse de su sensibilidad. Su primer intento literario fue El Oráculo de Gaia, una reinterpretación de El Señor de los Anillos, de la cual no queda ninguna evidencia. Su verdadera encomienda personal con la literatura es la saga Sofía, la única que tiene como epicentro la Ciudad de México, una obra coral, apocalíptica, empapada de misterio, acción, suspenso, drama, mitología, ciencia ficción, acción y aventura que, al modo de la mítica serie de televisión Lost, se centra en sus personajes y que comenzó a fraguarse en el otoño de 2007, cuyo primer fruto es Emanación. Es miembro del comité editorial de Almuzara México.