Revista

Voces ensortijadas. 292. Entre neblina y montañas. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Dante Muñoz: https://www.pexels.com/photo/a-foggy-forest-with-trees-and-fog-17488441/

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Entre neblina y montañas 

La terminal de autobuses estaba con bastante afluencia, Alfonso y Roberto habían llevado a Marina, su mamá, que salía de viaje para su ciudad de origen. Roberto había comprado una bufanda artesanal para la tía Bertha, hermana de Marina, por su parte, Alfonso le compró un par de guantes afelpados. La tierra de Marina estaba enclavada en las montañas y el clima era muy frío.

Marina se despidió de ellos con nostalgia, pero a la vez contenta de regresar a su terruño, tras años de una larga ausencia. Se subió al autobús, buscó el número de su asiento, los números estaban casi ocultos. Una chica le ayudó a identificar el número 9. Se alegró que sus hijos le hubieran elegido ventanilla. 

El conductor dio el saludo de bienvenida y mencionó que el tiempo de viaje estimaba entre 10 y 12 horas. 

Todo dependía de las condiciones del clima, si llovía podrían demorarse un poco más. Marina calculó que estarían llegando alrededor de las siete de la mañana a su querida tierra. 

Marina envió mensaje a Bertha, le avisó que acababa de salir y que calculaba que llegaría temprano, a las siete de la mañana. Bertha había quedado de ir por ella a la terminal. Luego de eso revisó sus mensajes, guardó el celular y decidió disfrutar el viaje. Se acomodó para observar en la ventanilla, al poco rato ya estaban en carretera. El cielo se decoró con muchos relámpagos. Marina auguró que era una señal segura de lluvia y no se equivocó. A Marina no le gustaba viajar con lluvia, pero se encomendó a la divinidad y a confiar en el manejo del conductor. Se quedó dormida. 

El sonido de su alarma la hizo despertarse, había olvidado apagarla. Eran las seis de la mañana. Se sintió apenada porque los demás pasajeros iban durmiendo aún. Se alegró de que nadie más fuera a su lado, de lo contrario también se habría despertado. Buscó su botella de agua, tenía sed y hambre. Había dormido tan profundo que ni había cenado el sándwich que llevaba. Nuevamente buscó en su bolsa y lo halló. Comenzó a degustarlo mientras contemplaba el paisaje.

Su corazón desbordó de alegría, divisó las montañas que le daban la bienvenida a su territorio. En la parte alta los copos de neblina las decoraban. Su mente viajó años atrás, la primera vez que salió de su terruño, cuando era niña, ese paisaje la atrapó. Se quedó mucho tiempo observando, le parecía demasiado hermoso y mágico.

Ahora de nueva cuenta estaba contemplando tan bello regalo de la naturaleza. Las montañas seguían ahí, tan imponentes, resguardando el territorio de sus habitantes. La neblina se iba esparciendo poco a poco. Marina estaba de vuelta a esa gélida tierra. Sus ojos se llenaron agua, sintió que su corazón latía más rápido. 

El sonido del celular la sorprendió, era Bertha, ya estaba por salir de casa para la terminal. Marina le dijo que ya merito se verían y se darían muchos abrazos. Esa mañana era uno de los despertares más hermosos para Marina, entre neblinas y montañas, y ella era la protagonista.

Fotografía: Dante Muñoz: https://www.pexels.com/photo/a-foggy-forest-with-trees-and-fog-17488441/
Fotografía: Dante Muñoz: https://www.pexels.com/photo/a-foggy-forest-with-trees-and-fog-17488441/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 292. Yo quise más, no había fin. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

Polvo del camino/ 292

Apuntes de oído/ 23

Yo quise más, no había fin
Héctor Cortés Mandujano

Charly García (Buenos Aires, Argentina, 1951) es autor de una colección de canciones que han acompañado la vida de mucha gente de Latinoamérica; entre ellas, la mía. Durante años fue tal vez la figura más visible del fenómeno comercial conocido como Rock en tu idioma y fue cayendo su estrella conforme envejecía y no cesaba de meterse todas las drogas posibles al cuerpo, de tener problemas legales e internamientos incluso a clínicas psiquiátricas. Se le empezó a conocer más por escándalos, que por nuevas propuestas musicales. Sigue vivo, por fortuna.
Suele o solía ser profundo en sus letras, hasta en las que ha desgastado la repetición del éxito: “No voy en tren, voy en avión, no necesito a nadie a mi alrededor” es una alusión a su modo veloz de transitar por el mundo con respecto a los ñoños que, como yo, vamos a otro paso, y que a veces para vivir necesitamos compañía; y así, en su producción (hizo una cuarentena de discos) hay rastros de un pensamiento que no se entretiene tanto, como muchos, en la superficialidad. Ejemplos podrían ser “Los dinosaurios” (elegante y clara alusión a la dictadura, al poder que se ejerce con brutalidad), “Nos siguen pegando abajo” (sobre la moral que vigila las entrepiernas de la gente), “Cerca de la revolución” (cómo cambia la sociedad, cómo cambia el amor), “Promesas en el bidet” (sobre la fugacidad de los sentimientos)…
Sorpresivamente, en 2024, a los más de 70, estrenó un disco donde la voz es una lástima y la música no ha cambiado: La lógica del escorpión.
Pero una de mis favoritas la compuso y la canta al alimón con Pedro Aznar. Se llama “Tu amor” y es parte del disco Tango 4, de 1991.
Empieza con ideas en todo lo alto: “Yo quise el fin y había más,/ yo quise más, no había fin”, que lo mismo puede referirse a la inteligencia, la estupidez, el amor, las drogas…
Durante un tiempo, en momentos de cercano melodrama, su estribillo me hacía sentir acompañado, porque yo comparto con él esta visión de las cosas: “No voy a llorar si nadie me acompaña, no voy a dejar un camino sin andar”…
Es curioso cómo una canción breve puede contener ideas que, en otros formatos, necesitarían mucho más espacio para desarrollarse, muchas más palabras: “Aunque sea el fin del amor,/ yo he visto el fin del disfraz./ Yo quiero el fin del dolor/ pero no hay fin, siempre hay más”. Ah, la vida y lo que llamamos amor.
Sus certezas separan lo que, aunque existe fuera de nosotros, decidimos meternos como instrumentos de tortura. Y son ciertas, si tú las crees. O falsas: “No existe sombra, no existe culpa, no existe cruz”. Y a estas aseveraciones les clava una estaca en el corazón: “No voy a esperar que el destino hable por mí”.
No sé si estoy tan de acuerdo, en cambio, con que la salvación se logre a través de la presencia de otra persona (¿o se referirá al amor por uno mismo? No estaría mal). Pero esto es una canción, no un tratado filosófico: “Yo tuve el fin y era más./ Yo tuve más y era el fin./ Yo tuve el mundo a mis pies/ y no era nada sin ti./ Crucé la línea final por tu amor…”.
Me hubiera gustado que la canción se resolviera sin el ingrediente romántico. ¿Qué la vamos a hacer? El romanticismo sigue siendo un buen negocio…

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Liminar 2. Los secretos del viento. V. Balltre

Fotografía: Mostafa Ft.shots: https://www.pexels.com/photo/dramatic-sand-dunes-texture-in-algerian-desert-30253635/

Liminar
Los secretos del viento
V. Balltre


El viento tiene muchos secretos y ha sido testigo de un sinfín de historias; incluso presenció asesinatos, guerras, nacimientos, cosechas.

Si hay algo más viejo que la Tierra, es el viento que estuvo aquí desde antes que nosotros y seguirá estando cuando nos hayamos ido.

El viento viaja, susurra, silba, pero no es ningún soplón; el viento se enoja creando tifón o duerme cuando la copa de ningún árbol se mueve.

El viento nació hace mucho tiempo, aunque nunca se mencione cuándo lo creó Dios. Me gusta pensar que fue después de la luz y antes de las mareas, pues entonces, ¿quién daría olas a la Tierra?

El viento lleva consigo memorias que nadie más puede guardar. A veces lo escucho hablar, pero nunca me dice nada, pues lleva en él sus secretos, que a nadie ha de contar.

Imagino al viento como ese testigo silencioso, el único capaz de cargar a toda la humanidad. Quizá un día sopló en la cara de Cleopatra y, después, en la mía.

¿Cuántos secretos carga el viento? ¿Es que un día los habrá de contar?

Todos tenemos tesoros, memorias por guardar; el mar oculta sirenas y el viento, sus secretos.
Liminar es una puerta de entrada para escritores emergentes que nos han brindado sus escritos para colaborar con este ejercicio de generosidad que implica la escritura. Bienvenidos.

*Sobre la autora:

V. Balltre

Escritora emergente

Valeria Trejo, para conocer en el mundo literario como V. Balltre, es una escritora emergente
originaria de Chiapas. Su obra se centra principalmente en la poesía, los cuentos cortos y las
prosas, formatos con los que explora las emociones y la cotidianidad de manera profunda.
Aunque su trayectoria es aún incipiente y se podría considerar amateur, ha realizado algunas
publicaciones en páginas web y ha creado un compendio de libros propios aún inéditos. Para V.
Balltre, este espacio representa un importante paso en su camino literario.
Sus escritos se nutren de las pequeñas cosas de la vida diaria y onírica, que ella transforma ya sea en belleza o en melancolía, plasmando esas sensaciones en sus textos con sinceridad y sensibilidad.

Círculo dantesco. 7. Ya no soy llanto. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: Emiliano Arano: https://www.pexels.com/photo/grey-stainless-steel-mug-filled-with-hot-liquid-on-brown-surface-1443384/

Pensé que conocía mi alma,
mientras que mis brazos no me rendían,
mis piernas se dormían de a poco,
mis ojos hinchados apenas y se abrían,
pensé tontamente conocer mi alma,
pero aún me faltaba estar presente
en mi cuerpo que ya no me pertenecía.
La pesadez cada día era dueña de mí,
arrastraba los pies al caminar,
encorvaba mi espalda sin parar,
veía el suelo y nada más,
ya había perdido la fé
hasta de encontrar un poco de esperanza,
no es que la haya recuperado,
es que siento que ya no soy llanto,
que he dejado de ser dolor,
tristeza, angustia,
pena, melancolía,
rabia, duelo, felicidad,
había dejado de ser,
de ser yo quien antes fui,
de ser lo que quise ser,
de ser y no estar
de estar y no ser,
ya no era nadie,
ya no era nada,
ya dejé de existir.

–Dante.


Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.

Voces ensortijadas. 291. Otra oportunidad. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Otra oportunidad

La tarde se había escapado en menos de lo que Martina se dio cuenta, estaba muy concentrada avanzando en las tareas que tenía por entregar, dos ensayos, uno sobre el libro Álbum de familia, de la autora Rosario Castellanos y otro del libro Crónica de una muerte anunciada, del autor Gabriel García Márquez. Estudiaba la preparatoria en una escuela pública y uno de sus grandes sueños era ser escritora.

Vivía en una ranchería que se ubicaba a 40 minutos del pueblo donde estaba la escuela. Así que diariamente tenía una travesía donde invertía dinero, tiempo y esfuerzo. Se sentía muy afortunada de contar con el apoyo de su familia para poder estudiar. 

Esa noche mientras Martina avanzaba escribiendo sus reflexiones, se percató que Osa, su perra, estaba muy atenta viendo hacia el gallinero que tenía la familia de Martina, como en posición de cazar algo. Martina continuó con su tarea, de pronto Osa corrió tan rápido que Martina solo alcanzó a ver su ráfaga que se escabullía al interior del gallinero. Algo había ahí y Osa lo sabía.

Hizo una pausa, se ayudó con la lámpara del celular y trató de alumbrar hacia donde estaba Osa quien no dejaba de sujetar algo en el hocico, como un animal. No alcanzó a identificar qué animal era. 

–¡Osa, ven para acá, suéltalo! –gritó Martina.

Sin dudarlo llamó a su mamá y a su papá. Martina se adelantó y entró al gallinero. Ahí se percató que el animal era un pequeño tlacuache. Al principio ella pensó que estaba muerto, no se movía. Sin embargo, identificó que tenía los ojos abiertos y observó que estaba respirando. Llamó a su papá y al volver nuevamente el tlacuache se había movido lentamente. Ahí ambos recordaron que los tlacuaches suelen actuar como si estuvieran muertos, cuando se ven en peligro. 

En un breve instante, la mirada del tlacuache se fijó en la de Martina. Ella observó unos ojitos pequeños, relucientes, era la primera vez que tenía frente a ella a un tlacuache. Se alegró de haber llegado a tiempo antes de que Osa lo matara. Las gallinas estaban a salvo. 

Don Chepe, papá de Martina, dijo que lo dejarían ir. El tlacuache se veía entre asustado y lastimado. El animalito merecía tener otra oportunidad para vivir.  Don Chepe lo tomó de la cola para ponerlo fuera del gallinero, el tlacuache de nuevo tomó la postura de un cadáver. Pero al darse cuenta que estaba libre de peligro se escabulló ágilmente. 

Martina regresó a terminar su primer ensayo; garabateó la frase otra oportunidad, cuánto representa esta frase en la vida, pensó, recordando el instante fugaz donde su mirada se cruzó con la del pequeño tlacuache. Osa había regresado a su postura de guardiana, mirando fijamente hacia el gallinero. Enseguida se escuchó el llamado de doña Enedina:

–¡Martina, ya vamos a cenar!

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 291. Alicia, otra vez. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 291

Alicia, otra vez
Héctor Cortés Mandujano

¿Quién diablos soy? ¡Ah, ese es el gran enigma!

Lewis Carroll,
en Alicia en el país de las maravillas

¿Cuántas veces he leído Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll? No menos de diez. Tengo más o menos esa cantidad de ediciones y las he leído todas, además de una larguísima, anotada, en mi lector electrónico.
La leo una vez más, en una bella edición (RBA Coleccionables, 2022) que retoma la publicada en 1932 (para celebrar el centenario del nacimiento de Carroll), con ilustraciones bellísimas de Gwynedd M. Hudson, y no resisto la tentación de compartir contigo, lector, lectora, algunas de sus muchas gracias.
El país al que llega Alicia la hace crecer o empequeñecerse constantemente. En uno de sus crecimientos, se le estira tanto el cuello que una paloma la confunde con una serpiente y trata de ahuyentarla, porque tiene temor fundado de que se coma los huevos que está empollando. Alicia le hace ver que no es una serpiente, sino una niña (p. 75), “pero las niñas comen huevos, igual que las serpientes”.
“—No me lo creo –dijo la paloma–; pero, mira, si lo hacen, es porque son un tipo de serpientes: he dicho”.

Alicia también platica con el gato de Cheshire. Le dice (p. 90): “¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?”
El gato contesta: ”Depende mucho del punto adonde quieras ir”.
“—Me da igual adónde –dijo Alicia.”
“—Entonces no importa qué camino sigas –dijo el Gato.”

La falsa tortuga le cuenta de lo que estudiaba (p. 138): “Veíamos la lengua, con o sin taxis, y gramática parda, y luego, las distintas ramas de la aritmética: ambición, distracción, multicomplicación y diversión”.

El Rey dice a la Reina (p. 176): “Que yo sepa, querida, tú nunca has tenido accesos de ira”.
“—¡Nunca! –dijo la Reina, arrojando con furia un tintero a la lagartija”.

A través de los años –la primera vez que lo leí era un niño– este libro ha sido para mí como una fruta deliciosa, como un papalote en el cielo, como mirar la luna en una noche mágica…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas. 290. Diente de león. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Diente de león

Mientras caminaba presurosa a la reunión laboral que tendría, Bianca iba concentrada en un mar de pensamientos, además de los nervios que sentía porque representaba una actividad importante. Había llegado con anticipación, tenía alrededor de treinta minutos de tiempo para relajarse antes de entrar al gran salón donde se llevaría a cabo la actividad. 

Ese día había elegido usar un vestido de tela de algodón en color verde agua, con unos detalles muy discretos en tono rosa claro. Sus zapatos eran color beige que hacían juego con su bolso. Decidió llevar el cabello levantado en una coleta y como aretes, unas pequeñas arracadas de plata que le encantaban. 

Antes de llegar al salón atravesó por un espacio muy lindo, un jardín muy cuidado y al cruzarlo atrapó su atención una especie de pequeña colina dentro de una jardinera. Estaba poblada de muchos dientes de león. Era la primera vez que Bianca veía a tantos dientes de león juntos, le pareció que estaba como en una especie de pintura. La vista era preciosa. 

Su mente se concentró en los dientes de león y las imágenes previas que tenía desde su infancia. Vinieron los recuerdos de cuando era niña y salía a la calle. Le gustaba observar las flores que crecían en las banquetas, de lo que más recordaba eran esas pequeñas flores en tono amarillo que solía ver hasta en el lugar menos esperado. Alguna ocasión que salió con su tía Priscila le preguntó:

–Oiga tía, ya miró esas florecitas amarillas, hay muchas, ¿sabe cómo se llaman?

–¿A cuáles te refieres Bianca? 

–A las que están creciendo en las orillas de las banquetas y mire allá hay una en esa grieta de la pared.

–Ah sí, se llama diente de león, hay muchas por donde quiera que vayas. Son muy resistentes a las adversidades. Y cuando la florecita se va secando se transforma y sucede algo mágico.

–¿Cómo es eso tía?

–Sí, una vez que la flor se seca, en lugar de marchitarse da paso a un conjunto de pelos plumosos que le dan una vista hermosa y al soplarlos ayudas a esparcir la semilla del diente de león. Ojalá que encontremos alguna para que te muestre.

Pasó un tiempo después de esa conversación hasta que Bianca encontró en cierta ocasión algunos dientes de león con los pelos plumosos en tono blanco y recordó lo que le había contado tía Priscila. Se acercó cuidadosamente y observó. Después sopló con mucha fuerza y la magia sucedió, vio volar los pelos plumosos y se sintió contenta de que se esparcieran para dar vida a más flores.

De la plática con la tía Priscila a Bianca le quedó grabado no solo la transformación del diente de león, sino su presencia en las regiones menos esperadas, resistiendo a muchas situaciones climáticas. Para Bianca cada diente de león que solía ver crecer era como una lucecita de esperanza, ante las diversas situaciones en la vida, además del bello tono amarillo que alegraba la vista, recordaba que la magia después se hacía presente. De ahí que en más de una ocasión Bianca se había repetido, quiero ser como un diente de león.

El sonido del celular la hizo volver al presente, era la alarma que había programado. Continuó su paso, cada vez más cercano al salón. Ahora se sentía más tranquila, la vista de los dientes de león había sido un hermoso regalo no solo para apaciguar los nervios sino como inspiración para florecer en su actividad.

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 290. Les toca a ustedes/ II. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 290

Les toca a ustedes/ II
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]


Febrero 2025

Enrique García Cuéllar: “De repente me da por hacer palíndromas. Esas líneas que pueden leerse igual de izquierda a derecha que en un sentido inverso. A mi amigo Héctor Cortés Mandujano le compuse uno, que se basa en la hipótesis de que a este destacado intelectual de Chiapas, no le interesan las conversaciones insulsas. Me imaginé que le sonaban a rap. Es decir, la conversación hueca ‘Para Cortés se troca rap’. Ensaye usted a hacer palíndromas. Es divertido”.
Sobre Casa de citas 729, “Jean-Paul y Simone, 2”. Luis Daniel Pulido: “Gracias, amigo. Ya las comparto. Me noqueó esta frase: ‘Los seres sin conciencia y sin virtud necesitan pesadas cadenas’. Trastoca muchas cosas. ¡Abrazos!”.
Sobre Polvo del camino 265, “¿A dónde va lo común, lo de todos los días?”. Luis Antonio Rincón: “Buenas tardes, Héctor. Espero estés muy bien. Me gustó mucho Polvo del camino 265. Sólo te lo quería contar. Me despido. Tengo una cita de última hora con Silvio Rodríguez. Por supuesto, lo primero que le pediré cantar (vía YouTube) será ‘A dónde van’. Abrazos”. Jaime Ruiz: “¿A dónde se fueron esos días que compartimos? Creo que nunca se han ido. Han de andar por ahí, hay que traerlos de regreso con un buen café, antes de que nos cafetiemos”.
Adela Lagos: “Gracias por todos tus escritos dominicales”. Tania Corzo: “Los domingos me levanto bastante tarde y ya con mi cafecito leo tus columnas, es un placer”.
Alejandro Nudding: “Querido Hectorito. Escribir me muestra el oficio que realizas... una especie de alquimia de símbolos. Me hace pensar que nadie (excepto el poeta) y algún escritor (vos) aprenden el orden para expresar lo que se ve, lo que se experimenta, lo que no se ve, lo que no se experimenta. Ahora entiendo el por qué de los silencios de los sabios. Ahora sé que tu último libro es igual al primero, con un orden diferente (pero con el mismo fin). Decir que te admiro me hace pensar en lo que quiero decir (me maravillo). Gracias, Hectorito”.
Isaac Otero, de nueve años, pide a su mamá que me envié la tarea que hizo en versos. Quiere saber mi opinión. Isaac es un niño inteligente, serio y talentoso. Le digo que no tengo ninguna crítica negativa sobre sus versos rimados en perfectas consonantes, sólo felicitaciones. Esto escribió: “La vida es como un juego de mesa, en algún momento se va a acabar. Un tiburón podría atacarte de sorpresa o quizá un asesino te podría disparar”.
Sobre Casa de citas 730, “Neruda”, escribe Sharon Hernández: “Estuve en la casa de Isla Negra cuando tenía 11 años. Aún soñaba con ser escritora y cometí la ‘osadía’ de sentarme en su cama, sin que me vieran. Pensé: ‘Me senté en la cama donde durmió Neruda’ ”. Linda Esquinca: “A pesar de leer a Neruda y a Gabriela Mistral, no conocía sobre esto que escribes. Gracias”.
El 24 de febrero, mi cumpleaños, me organizaron celebraciones. Siempre me había negado a ello, pero este año inexplicablemente dije que sí a todo. Tuve muchos regalos, muchos abrazos, muchas llamadas, muchos mensajes donde me dicen cosas tan lindas y tan exageradas sobre lo que soy (esas no las publicaré nunca) que si fuera un poquito más tonto me llenaría de vanidad. El 21 se organizó la primera fiesta, el 27 comí el último pastel celebratorio y el 18 de marzo recibí regalo todavía. Muchísimas gracias familia, amigas, amigos. Sobreviví a tanto amor, a tanta amistad.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Círculo dantesco. 6. Me he perdido. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: Octavian Iordache: https://www.pexels.com/photo/chair-and-a-small-fridge-in-an-empty-abandoned-room-11816755/

Me he perdido buscando la presencia
de alguien que me hiciera sentir vivo,
mis esperanzas no se daban por vencidas,
hasta que llegaste, hiciste desastre y te fuiste.

Mis pocas ganas de verme
no alcanzaron para verte ni a ti,
y en mi desesperación de querer verte,
me olvidé de mí.

Ya voy despidiendo mi alma,
lo terrenal ha dejado de existir,
no debo nada, mucho menos a ti,
estoy cansado, me iré a dormir.


Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.

Voces ensortijadas. 289. La música en el corazón. María Gabriela López Suárez

Fotografía: The Humantra: https://www.pexels.com/photo/man-playing-an-instrument-on-a-sidewalk-13517376/

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

La música en el corazón

Eleonora, Mario y Elizabeth habían coincidido en ir a cursar sus estudios de licenciatura a otro estado, en una universidad pública, tenían la oportunidad de que sus madres y padres pudieran financiar sus gastos. Como era de esperarse, habían rentado un espacio en común para vivir ahí. Mario y Elizabeth eran hermanos, Eleonora era su prima. 

Estaban adaptándose a la nueva ciudad y a la colonia donde vivían. Ya habían hecho algunos recorridos a los lugares más necesarios de conocer, las paradas de transporte público que los llevaba cerca de la universidad, el mercado, tiendas de abarrotes, farmacias, papelerías, algunos restaurantes, cafeterías y hasta un par de bares.

Entre los tres se iban alternando para ver quién cocinaba, cada integrante intentaba lucirse a la hora de preparar el desayuno y la cena. Normalmente comían en alguna cocina económica cercana a la universidad.

Ese fin de semana era cumpleaños de Elizabeth y Mario, por alguna extraña coincidencia habían nacido el mismo día, pero con dos años de diferencia, ella era mayor que él. Eleonora quería darles una linda sorpresa para la comida, prepararía uno de los platillos tradicionales de su región, nopales guisados con camarón y sopa de arroz; le había pedido la receta a su mamá. Así que ese sábado madrugó para ir al mercado y comprar los ingredientes.

Eleonora emprendió la ruta al mercado. Le gustaba ir ahí, aparte de que recordaba a los mercados de su terruño, le encantaba cómo tenían organizadas las frutas en cada puesto, algunos tenían hasta canastas de mimbre que hacían lucir más a las frutas y verduras. Ya tenía su marchanta preferida. No tardó en comprar los ingredientes y regresar a casa.

Mientras caminaba se dio cuenta que, aunque apenas iban a dar las ocho de la mañana, había mucha gente en el mercado. Así que decidió ir a paso lento, aprovechó para observar los puestos informales que había, las frutas de temporada y cómo las vendían empacadas, la cantidad de señoras mayores que ofrecían su vendimia, sentadas en una especie de banquitos improvisados, como cubetas con algún cartón o trapo encima. La venta era, en su mayoría verduras, dulces tradicionales, algunas con frijoles de distintas variedades y otras, flores. 

Entre el ir y venir de las personas, y el barullo propio del mercado, alcanzó a escuchar una melodía que le sonó conocida, pensó que el sonido venía de algún transporte público, porque había paradas aledañas. A medida que continuaba caminando seguía escuchando la canción, ahora un poco más cerca y logró identificar que era el inicio de la canción La vida es un carnaval. Sin embargo, la música se cortaba por instantes, solo era la pista, sin voz. 

Delante de ella iba un señor como de setenta años que caminaba despacio y se detenía. Eleonora se dio cuenta que el señor llevaba cargando algo, al frente del pecho, cuando estuvo más cerca, descubrió que la pista musical provenía de una grabadora que el señor cargaba al frente. Además, alcanzó a ver que también llevaba un micrófono; en algún momento el señor se detuvo, buscó un pequeño espacio para acomodarse y comenzó a cantar. 

Eleonora se quedó escuchando algunos minutos. La canción era una de sus favoritas, tarareó la letra, y poco a poco, fue pensando en el trabajo informal de varias personas adultas mayores en el mercado, era evidencia de las necesidades que tenían para subsistir, algunos rostros mayores manifestaban no solo el paso de los años sino también rastros de tristeza, cansancio, pero algunos más una viveza en los ojos que se contagiaba. El señor de la grabadora parecía que tenía la música en el corazón, entonaba la canción con mucho entusiasmo. Eleonora buscó una cooperación para darle, ni cuenta se dio en qué momento el señor había colocado una gorra al lado de donde cantaba.

Al ritmo de la vida es un carnaval siguió su camino a casa. A medida que avanzaba iba repasando la receta que guisaría, mientras se le venía a la mente la importancia en la vida diaria de llevar la música en el corazón.

Fotografía: The Humantra: https://www.pexels.com/photo/man-playing-an-instrument-on-a-sidewalk-13517376/
Fotografía: The Humantra: https://www.pexels.com/photo/man-playing-an-instrument-on-a-sidewalk-13517376/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.