Revista

Voces ensortijadas 197. Volar lo que se dice volar. María Gabriela López Suárez

                      Voces ensortijadas
                   Volar lo que se dice volar
                   María Gabriela López Suárez

La tarde otoñal era muy bella, el cielo dibujaba un fondo celeste con nubes blancas que lo decoraban y los rayos luminosos del sol creaban una atmósfera muy agradable. Ágata contemplaba el paisaje desde la ventanilla del camioncito donde iba sentada, junto con sus familiares habían decidido ir de paseo a visitar al tío Prudencio y la tía Vicky que vivían en un pueblito ubicado a 8 horas de la ciudad. Como eran varias personas decidieron rentar un pequeño camión.
         El ambiente al interior era muy alegre. La tía Lupita que era quien armaba el relajo traía al presente las anécdotas chuscas que habían pasado a diversos integrantes de la familia. Doña Lupita se caracterizaba por la habilidad de narrar de forma tan amena las anécdotas, que tal parecía que las vivía al momento de contarlas, eso era algo que atrapaba la atención de quien la escuchaba. 
         Ágata estuvo atenta un buen rato a la conversación de la tía,  luego nuevamente giró la mirada hacia el paisaje. Éste atrapó su atención de tal forma que se le vino a la mente algo que supo desde que era niña, a ella le gustaba viajar e ir en carretera era uno de sus grandes escaparates. Revisó los recuerdos de su infancia, las diversas ocasiones en que viajó con su mamá y papá, cuando junto con su hermano mayor se ponían a contar algo que les llamara la atención, como árboles, letreros, focos encendidos, hasta el número de coches de cierto color. O simplemente alzaban la vista al cielo y le buscaban formas a las nubes. Siempre era divertido.
         ¿Qué era lo más atractivo de viajar? Se había preguntado más de una vez Ágata, como a manera de comunicación intrapersonal. Su respuesta casi siempre era la misma, t- o- d- o. ¿Todo? Sí, todo todito. Prepararse para el viaje, sentir la emoción porque la fecha se acerque; durante el viaje tratar de disfrutar al máximo cada momento, conversar con las personas, observar lo que es novedoso y también lo que es semejante, probar nuevos sabores en comida, dulces, bebidas, planear menos y estar con actitud de hacer alguna actividad de manera espontánea. Y por supuesto, agradecer al terruño y personas con quienes se interactuó para volver de regreso a casa, con el corazón contento.
        Viajar era para Ágata como una manera de emprender el vuelo, justo se le vino a la mente la letra de la canción Volar, de El Kanka y empezó a tararear la partes que recordaba,
        Volar, lo que dice volar
        Volar, volar, volar, no vuelo…
        Solté todo lo que tenía y fui feliz
        Solté las riendas y dejé pasar
        No me ata nada aquí
        No hay nada que guardar
        Así que, cojo impulso y a volar
        
El buen ambiente continuaba al interior del camioncito que cada vez estaba más cerca a su destino. Ágata seguía atenta contemplando el paisaje. Mientras tanto el cielo comenzó a cambiar de tonalidad, como dándole la bienvenida al ocaso.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 197. Antes de ser Luzbel. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                        Polvo del camino/ 197

                         Antes de ser Luzbel
                           (Minificción)
                      Héctor Cortés Mandujano

Estoy escondido detrás de las rocas. 
        Es de noche y la luna alumbra tan pálidamente como si fuera una vela a punto de extinguirse. 
        Veo la playa, el mar (ah, su sonido), porque sé que debo estar atento ante la posible aparición.
	Y sí, allí están.
	Vienen como lo supuse: con túnicas antiguas, blancas, largas. 
        Parecen estatuas en movimiento. 
        Las caras son también blancas, sin expresión. 
        Las olas les lamen los pies descalzos. 
        Me buscan, claro.
        Me hubiera gustado tener éxito esta vez, luego de tantos intentos fallidos.
        Sé lo que va a pasar a continuación.
        Y sí, desaparecen de mi vista.
        Oigo sus voces, detrás de mí; siento su presencia.
        “Tienes que volver, eres de los nuestros, sin ti no podemos realizar bien nuestro trabajo, el Padre te espera.”
        Sé que no podré resistirme y comenzaré a elevarme, a seguir su vuelo lento.	
        Iré/voy con ellos de nuevo al Paraíso.
        No me pertenezco: soy un ángel y no puedo escapar de ese destino donde no existen las individualidades.
        Tengo que cuidar a los hombres, no ser uno de ellos.
        Ni siquiera tengo nombre.
        Dios ¿me ama? 
	

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 196. Entre aromas y sabores. María Gabriela López Suárez

                       Voces ensortijadas
                     Entre aromas y sabores
                   María Gabriela López Suárez

Felicia, quien cursaba el segundo año de secundaria, escuchaba con atención la plática que daba el profesor Gilberto sobre la cosmovisión en los pueblos prehispánicos, su mente volaba en la imaginación intentando conectar cómo eran esos tiempos. Recordó los vestigios que conocía a través de las imágenes que había visto en los libros y también en algunos museos que había visitado.

Se quedó pensando que le habría gustado mucho vivir en esa época, caminar en los espacios, territorios, danzar, tocar algún instrumento musical, aprender a hacer vasijas o hasta pintar murales. Llegó el momento en que el profesor hizo referencia a los rituales que se realizaban en esos pueblos y la importancia de la música, los alimentos, los colores y las ofrendas.

La clase terminó. El profesor Gilberto despidió a su grupo. Felicia y sus amistades, Gerónimo y Maribel, comentaron que les había gustado mucho el tema. Mientras regresaban a casa iban recordando lo que les resultó más interesante. Luego cada quien tomó su rumbo para ir a sus domicilios.

Camino a casa Felicia pasó por un mercadito ubicado a pocas cuadras de donde vivía. Alcanzó a observar el colorido de las frutas de la temporada, eso anunciaba el Día de Muertos. A lo lejos percibió el naranja de las mandarinas, el amarillo de las limas, el verde de la caña. Conforme se fue acercando identificó el aroma de las flores de musá. Esa flor era una de sus favoritas, le traía el recuerdo de su abuelita materna, ya fallecida, a quien también le gustaba esa flor y le agradaba su aroma. Esa conexión con su abuelita Esther le hacía sentir muy bonito.

No resistió la tentación de pasar cerca de uno de los puestos de frutas, se le antojó una mandarina. Revisó si tenía dinero en su monedero, por fortuna tenía algunas monedas, le alcanzó justo para comprar un par de ellas. 

Mientras seguía rumbo a casa comenzó a degustar la mandarina, estaba dulce, jugosa, como dijera su abuelita Esther, “en su mero punto”. De nuevo se le vino a la mente el tema de su clase, sintió su corazón contento, entre aromas y sabores, justo como en la celebración del Día de Muertos donde se mezclaban ambos elementos en las ofrendas y rituales. Guardó la mandarina que le quedaba para compartir con Mateo, su hermano menor quien seguro la esperaba en casa.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 196. La vida de Fleancio. Héctor Cortés Mandujano

                        Polvo del camino/ 196

                   Evocadas páginas de otro libro/XIV
                         La vida de Fleancio
                      Héctor Cortés Mandujano

La ambición, como el amor, puede ser inagotable. Las brujas le habían dicho a Macbeth que sería rey, y ya lo era. No tenía hijos y, por tanto, no tendría sucesor. A Banquo, su compañero de batallas, en cambio, las maléficas le habían dicho que sería padre de reyes, y que habría una lista de monarcas que vendría de sus genes. 
	Decidió matar a Banquo. ¿Por qué? Él, decíamos, no tenía hijos. Banquo sí. ¿Sólo por eso? Si no eran los hijos de Banquo, serían otros los reyes. Daba lo mismo, ¿no? El odio es irracional, la envidia es estúpida. Matar a Banquo para que su hijo, su descendencia no pudiera reinar era como querer detener la lluvia que cae del cielo. Tonto por donde se vea. El poder enceguece.
	Tal vez su decisión tenía que ver que cuando las brujas aparecieron él tuvo miedo y Banquo no. ¿Era eso? Él tembló al oírlas y Banquo les dijo: “No solicito sus favores ni su odio, pero no les tengo miedo”.

Llamó a tres sicarios.
	—Hoy saldrá Banquo a pasear. “Nadie sino él me amedrenta”. Quiero que lo intercepten y lo maten. Irá con su hijo. Él también debe morir. Ordeno que los dos se vuelvan cadáveres.
	Salieron los asesinos y estuvieron pendientes de Banquo y su hijo. Los vieron tomar camino y los siguieron.

Eran tres los asesinos y dos las víctimas. A Banquo lo ultimarían entre dos, porque era un soldado, un héroe de guerra. Aunque contaban con la sorpresa, no sería fácil. Banquo nunca dejaba sus armas.
	Los más fuertes y duchos se aliaron en contra del hombre. Banquo quiso defenderse. No pudo. Alcanzó a gritar.
	—¡Huye, Fleancio!
	El niño, también sorprendido, vio cómo su padre caía chorreando sangre y cómo un hombre blandía un cuchillo buscando su pequeño corazón. Pasó debajo de sus piernas y salió como bólido. Los tres lo persiguieron, pero ¿pueden viejos perros alcanzar a un guepardo en la plenitud de sus fuerzas?

Macbeth fue informado del fracaso. Se enfureció. Hizo luego una escena de miedo cuando vio el fantasma de Banquo en un banquete. Macbeth después fue muerto por Macduff y supo que lo que dicen las brujas viene de la boca del diablo.
	Fleancio, inexorablemente, se volvió rey.

[Agrego palabras a Macbeth, de William Shakespeare. Los hechos que se imaginan aquí no se cuentan, aunque están sugeridos en el acto tercero, escenas I y III.]

                  

Fundación UNACH A.C.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 195. Garibay, Dehesa, Antaki. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                        
                    Polvo del camino/195

                  Garibay, Dehesa, Antaki
                  Héctor Cortés Mandujano

Me encantaban –y me encantan, ahora que vuelvo a verlos en Youtube– los programas televisivos de Ricardo Garibay, quien solo, ante su mesa y fumando incesantemente (¡se podía fumar en televisión, en un espacio cerrado!), hablaba sin parar de literatura, con unos papeles y un lapicero en ristre. 
          Era faramalloso (una palabra que le encantaba usar), enfático, con salidas de tono, y yo me divertía mucho con su personalidad un poco o bastante pedante y muy agresiva, pero con mucho sentido del humor. Estallaba, estallo, a veces a carcajadas, oyéndolo, viéndolo en los programas que se llamaron de muchas formas, aunque eran básicamente el mismo.
 
Dice en “La literatura y la vida”, 1(Los temas de Garibay, Imevisión): “El artista juega, si no juega no es un verdadero artista”, y en “La literatura y la vida”, 2: “El hombre que lee es como dos veces él mismo, el hombre que no lee es como caricatura de sí mismo”, que cita de su libro Oficio de leer (Océano, 1996:42).

A veces tenía invitados. Germán Dehesa y Ikram Antaki, los que más recuerdo.
         Dijo Dehesa, en “La frivolidad y los políticos”: “En este momento hay tres grandes sectores en el mundo: uno que es el mayoritario, que son los que se mueren de hambre; otro, que es el minoritario, los que se mueren de aburrimiento, y en medio, los que se mueren de angustia al mirar a los que se mueren de hambre y de aburrimiento”.

En “Introducción a la frivolidad”, de Los temas de Garibay, conversan estos dos hombres magistrales y simpáticos. Garibay, hosco, y Dehesa, desmadroso:
        Garibay: ¿La naturaleza de Dios es absolutamente grave? ¿No hay en la naturaleza de Dios espacio para el juego?
        Dehesa: Es un maravilloso tema, que por lo pronto ya inspiró una novela mediocre, que se llama El nombre de la rosa…

La televisión de entonces y de ahora siempre ha tenido espacios que no son repuntes de audiencia, pero dan alegría a uno que otro espectador. Que estén en buen abrigo etéreo estos tres, ya idos, que me hicieron pensar y reír. Ojalá.



Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 195. Salud y comunicación para la vida. María Gabriela López Suárez

                       Voces ensortijadas
              Salud y comunicación para la vida*
                  María Gabriela López Suárez

Rosario es una mujer de la tercera edad, está en el hospital, la salud de su hijo Ran está delicada porque tuvo una fractura en la pierna. Ella es una mujer de un pueblo originario, poco habla el castellano. Ella y su nuera Bertha han estado viviendo en los últimos dos días entre el constante ir y venir en el hospital. Su lugar de residencia es fuera de la ciudad, su comunidad se ubica a cinco horas. Se han incorporado a un "tendedero" que improvisaron personas de otras comunidades, afuera del hospital. Les han dado un espacio pequeño para que puedan pasar ratos del día y descansar por las noches. Bertha es quien está más al interior del hospital. Ella entiende un poco más el castellano que Rosario. Ni Ran, ni Bertha, ni Rosario conocen sobre los conceptos teóricos que refieren al colonialismo, a la colonialidad del poder, sin embargo, día a día viven experiencias en carne propia que conllevan a todo lo que eso implica. 

En su comunidad Bertha ha aprendido que las enfermedades pueden sanarse haciendo uso de las hierbas que tienen en sus huertos. En el hospital nadie habla de curar con hierbas, o al menos eso percibe. Poco alcanza a comprender lo que dicen los médicos. Hablan rápido, en castellano; cuando puede hablar con Bertha le pregunta cómo sigue Ran, le han hecho una cirugía, pero nadie les ha actualizado cómo va su salud.  A Bertha también le dan poca información. Rosario se siente triste, no solo por la situación de su hijo, sino porque es ajena en ese lugar, extraña su casa, su patio, los árboles, preparar su comida, regar sus plantas, su huerto, hablar en su lengua materna con sus familiares o conocidos.

Por ratos, Rosario llega a la sala de espera del hospital, con la esperanza de ver a Bertha, quiere saber sobre Ran y preguntarle a ella si tiene hambre, si quiere descansar un rato. La comida que venden es muy distinta a la que hay en su comunidad,  le dan ganas de tomar su pozol agrio,  un caldito de gallina o un tecito de zacate. Extraña comer en familia, platicar y sentarse alrededor del fogón, en la cocina. Agradece el café que le obsequian las personas que le dan hospedaje. Eso le hace recordar que en su comunidad cuando a alguien le sucede algo, entre toda la gente se apoyan. En la ciudad la situación es muy distinta, cada quien va por su lado. 

Es muy probable que Rosario no haya escuchado hablar sobre la interculturalidad y su relación con la salud. Sin embargo, es muy observadora, esa tarde percibe al personal que está en la entrada y que atiende a quienes llegan. Se da cuenta que no a todas las personas las tratan de la misma manera, a quienes como ella se ven más humildes y no hablan castellano, las miradas apenas y se cruzan y hasta cierto punto las personas son ignoradas, como si sus voces no fueran escuchadas.

–¿Por qué nadie habla en mi lengua? –se pregunta Rosario. Se lleva las manos al rostro y se talla los ojos. Le dan ganas de hablar mejor el castellano y poder preguntar qué pasa con la salud de Ran. Se consuela al pensar que Bertha no tardará en salir, seguro que le traerá datos. Como si fuera una premonición Bertha llega a la sala de espera y la llama. Los ojos de Rosario se iluminan. Bertha le dice que hay una chica enfermera que es hablante de su misma lengua materna. Se ha sentido en confianza de preguntar sobre la salud de Ran, le da la buena noticia que le fue muy bien en la operación, que ya está en un cuarto y que podrán pasar a verlo, si todo sigue así es muy probable que pronto puedan volver a su casa. La enfermera ha dicho a Bertha que esté tranquila, ella les informará cómo va la situación.

Rosario siente que le han quitado un peso de encima, qué alegría siente su corazón porque Ran está a salvo, también siente tranquilidad de que haya alguien que sepa hablar la misma lengua que ellas. Observa nuevamente el espacio, siguen llegando pacientes, algunos hablan en castellano, otros muy poco. Le pregunta a Bertha si quiere tomar un poco de café, en el tendedero hay café caliente, ambas se alejan con rumbo a ese lugar. Los semblantes de las mujeres han cambiado, sin embargo, aún falta camino por recorrer para llegar a casa y estar con los corazones bien contentos.

Mientras tanto queda una serie de tareas por realizar desde cada persona, desde cada grupo, desde cada sociedad porque una constante que se vive en lo cotidiano son las heridas coloniales del conocimiento. Somos seres sociales, interactuamos con una diversidad de culturas, la comunicación y el respeto son elementos clave y en la salud no es la excepción, y como refiere Sandra Payán, hay que “entender la salud como la salud de las relaciones”.


[* Texto escrito por la autora de esta columna en el marco del Diplomado en Salud Intercultural que actualmente cursa, retomando elementos de la realidad, agregando datos en sentido literario e integrando la reflexión a partir de las temáticas del diplomado.]
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 194. Nadar con tiburones. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                        
                    Polvo del camino/ 194

                     Nadar con tiburones

                      (Minificción)
                   Héctor Cortés Mandujano

Despierto de madrugada, abro los ojos y me siento en la cama. Sentado, me veo dormir, como si no me hubiera despertado y no me estuviera viendo: no hay ninguna sorpresa al constatar que soy dos. 
       Al lado de mi cama pasa un canal, ancho y hondo, de agua transparente. Hay gente que nada. No la veo, la oigo. Me doy cuenta de que cualquier pez mayor podría venir por aquí, porque el canal, lo sé, está conectado con el mar. 
        Podría venir un tiburón, por ejemplo. 
	Viene uno, lo veo pasar veloz, y oigo los gritos de pavor de los nadadores.
	Sangre en el agua, que excita a dos o tres escualos más.
	Desde la orilla de mi cama alcanzo a suponer el festín, porque la escena queda fuera de mi campo visual.
	Gritos, fuertes chapoteos, más sangre.
	Lo terrible es que, como si fuera un abismo, el agua me llama y me doy deslizando desde mi cama hacia ella. Sé que en el momento que caiga, los tiburones vendrán hacia mí y no precisamente a charlar sobre asuntos oníricos.
	Toco los pies de mi yo durmiente y me despierto.
	Estoy agarrado con mis dos manos y con las piernas enganchadas a la orilla, pues sé que, incluso sin caer, estos animales cebados podrían morderme, hacerme pedazos.
	Le cuento a mi otro yo lo que está pasando y se sonríe.
	—No pasa nada –me dice–, lánzate al agua, los tiburones no existen.
	Veo sus triángulos dar vueltas en espera de mi caída, pero no puedo dudar de lo que yo mismo me digo.
	Y me lanzo al agua.
	Qué frescura, qué tranquilidad.
	Sí vienen tiburones. Los acaricio como si fueran gatitos y ellos me dan vueltas, pidiéndome más caricias. 
Juego un rato bajo el agua con ellos, que cada vez son más (me siento en mar abierto, pleno, feliz).
        Me subo de nuevo a la cama, me acomodo dentro del cuerpo que también soy yo; justo en ese momento suena el despertador, y ya soy sólo uno cuando despierto.


Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 194. 6 años y contando. María Gabriela López Suárez

                       Voces ensortijadas
                       6 años y contando
                  María Gabriela López Suárez


La entrada del otoño en este 2023 ha estado llena de una intensidad de emociones, de paisajes, de  manifestaciones de la naturaleza en su mayor plenitud. También se puede percibir desde nuestro terruño chiapaneco y me atrevo a decir que en el ámbito nacional, el aroma a las festividades del Día de Muertos, aún estando en octubre.
         Y en este incesante tic tac que marca el reloj, se va caminando la vida, con sus sabores gratos, sus sinsabores, sus sorpresas, retos, el ir y venir de los pasos que cada quien recorre, a su tiempo, a su modo, así como también está el constante recordar lo efímero de nuestro paso por este mundo. Ante lo cotidiano, lo más común, lo simple que nos rodea, que me rodea, que te rodea, se encuentra la observación, la contemplación, el asombro, el regocijo y aprendizajes que intento plasmar cada semana a través de las letras que integran las Voces ensortijadas.
         Hace alrededor de dos semanas, conversando con un amigo, me percaté que el pasado 3 de julio esta columna llegó a su sexto aniversario. Gracias Alan por preguntarme cuándo y cómo surgieron estas Voces ensortijadas. En esta ocasión aplico lo del refrán que dice más vale tarde que nunca, para hacer referencia al agradecimiento por estos 6 años y lo que conlleva este proyecto que se enriquece cada día con quienes son parte del público lector de los textos que semanalmente tecleo.
         Agradezco desde el corazón a cada lectora, lector de la columna, familiares, amistades, gracias por el tiempo para leer las líneas, gracias por su motivación, su confianza para hacerme llegar sus comentarios, las anécdotas o recuerdos con los que resuenan al leer cada texto.
        Va mi agradecimiento también para el portal Chiapas Paralelo por estos 6 años de brindarme espacio para publicar la columna.   Asimismo,  agradezco a Letras, ideaYvoz y Roger Octavio Gómez Espinosa, por el espacio  para divulgar esta columna y por el incentivo para animarme a integrar la Antología I. 2020-2021 de las Voces ensortijadas que se ha presentado de manera virtual y presencial en San Cristóbal de Las Casas. Gracias a Begoña Sánchez por el apoyo para compartir las Voces ensortijadas en formato radiofónico en su programa en Radio Siberia
         Aprovecho para compartirles, con mucho gusto, que las Voces ensortijadas. Antología I. 2020-2021 se presentará en este mes de octubre en el IV Congreso Internacional de Enfoque Intercultural “Interculturalidad y Construcción de Paz” y VII Coloquio de   Interculturalidad a realizarse en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.
6 años y contando, escribir es parte de lo que me gusta hacer,  es a la vez una especie de diálogo con lo que me rodea, una manera de canalizar lo que se percibe en lo cotidiano y también es una terapia con la que conecto y que valoro como herramienta para comunicar. Gracias, gracias, gracias.



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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 193. Después de la tormenta llega la calma. María Gabriela López Suárez

                       Voces ensortijadas
           Después de la tormenta llega la calma
                  María Gabriela López Suárez

Marilú despertó de pronto, la razón había sido el sonido de los truenos acompañados de una fuerte lluvia. Revisó el reloj, las 3:45 de la mañana. Aún tenía espacio para dormir otro rato, el despertador tenía programada la alarma para las 6:30 de la mañana. 
         Los truenos y la lluvia poco contribuyeron para que Marilú conciliara el sueño, finalmente logró dormirse. Para su buena fortuna la alarma no sonó tan pronto, o al menos eso percibió al apagarla. Permaneció unos  minutos más en la cama hasta que decidió levantarse.
         Abrió la ventana de la habitación para percibir el olor a tierra mojada y verificar si la lluvia había cesado. Aún se hacía presente una leve llovizna. Supuso que el agua de la regadera estaba fría y decidió bañarse con agua caliente, buscó su resistencia eléctrica. Dejó calentando el agua mientras se preparaba un licuado con duraznos y fresas.
        Se bañó y arregló rápidamente. Revisó el reloj, marcaba las 7:28, estaba justo a tiempo para  salir rumbo a su trabajo. Bebió su licuado. Jaló su chamarra de mezclilla, su bolsa y su paraguas y salió de casa. Caminó alrededor de tres cuadras, llegó a la parada del microbús. Había una unidad con varios lugares, se subió y sentó en la tercera fila, eligió el asiento de la ventanilla. 
            Mientras el microbús hacía su recorrido, Marilú observaba con atención las gotas de agua que decoraban el cristal de la ventana. A lo lejos los cerros aún se veían cubiertos con la neblina propia de la lluvia que recién había escampado. Ese paisaje le provocaba nostalgia, venían a su mente los días de la infancia en los que suspendían las clases y ella y sus vecinas solían juntarse y jugar en el parquecito cercano a sus casas.
         Cerró un momento los ojos. El movimiento del transporte la fue arrullando, ya se sabía el trayecto rumbo a su trabajo, así que no dudó en dormitar un momento. Como una especie de alarma regresó al aquí y ahora, abrió los ojos y se encontró con un bello paisaje. El sol estaba asomándose, los cerros se veían despejados y permitían contemplar el verde que los decoraba. Marilú recordó los truenos que la habían despertado en la madrugada y ahora al observar el paisaje de la mañana se le vino a la mente la frase que solía decirle su abuelito Tomás,
        —Cuando tengas una situación difícil, acuérdate hija que después de la tormenta llega la calma.
          El rostro de Marilú dibujó una bella sonrisa, —qué razón tenías abuelito —dijo para sí, mientras se 
preparaba para ir pidiendo la parada porque ya estaba próximo su destino.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 193. Las disipadas fábulas del viento/ 3. Héctor Cortés Mandujano

Fotografía: Sharon Hernández.

                        
                     Polvo del camino/ 193

              Las disipadas fábulas del viento/ 3
        “Audiencia de Los Confines”, de Efraín Bartolomé
                     Héctor Cortés Mandujano

Efraín Bartolomé nació en Ocosingo, Chiapas, en 1950.
	Estudió parte de la primaria en su pueblo natal y, hasta concluir la secundaria, radicó en San Cristóbal de Las Casas; después, por mucho tiempo, vivió en la Ciudad de México, donde hizo vida y carrera.
	Ocosingo es la entrada a la Selva y Efraín se llevó en la memoria los grandes árboles, el bosque inmenso, las lianas que abrazaban tallos gigantescos y caían desde lo alto como cortinas mágicas, los animales diurnos y nocturnos, los feroces y los mansos, los ríos torrenciales, las lagunas fijas y las de aguacero; el agua que, empecinada, no dejó de llover en el campo de su nostalgia. 
	De esa clorofila, de esa sangre verde, de esos aromas y parajes inolvidables nació su primer libro Ojo de jaguar, en 1982, que ha sido celebrado con varios premios, muchísimas ediciones y miles de lectores. Sin embargo, el libro no se ha cerrado: no han dejado de caer en su corazón nuevos recuerdos que han ido aumentando el caudal de páginas de ese volumen-río inaugural y magnífico.
	A Ojo de jaguar pertenece “Audiencia de Los Confines”. El título es polisémico: Audiencia alude a la audición colectiva y al mismo tiempo a una división política antigua; Confines es lo mismo algo lejano y también, junto con Audiencia, el viejísimo nombre con el que alguna vez fue bautizado Chiapas. 
	Su poema es de una enorme ambición cumplida, pues tiene, de forma más o menos clara, cuatro ejes temáticos: uno, el poeta como un espíritu que puede ver el pasado, el presente y el futuro, y los cuenta y los canta desde un lugar físico que parece igualmente una atalaya ubicua; dos, la historia de su familia donde se mencionan con su propio nombre a Juan Ballinas, su tatarabuelo; Angélica Ballinas, su bisabuela; José Emigdio Rodríguez, su abuelo, el primer poeta de su estirpe; Cuauhtémoc Ballinas, hijo de don Juan; su amado tío Rodrigo Rodríguez, y varios, varias más…; tres, la historia de Chiapas, desde antes que llegaran los españoles y luego, siglo tras siglo, las muchas y sucesivas guerras chiapanecas hasta la anunciación del levantamiento zapatista de 1994, y cuatro, la historia del agua, de los ríos, de la Selva y de Ocosingo, que era el Paraíso hasta que llegaron los comerciantes a cambiar maíz, frijol, miel, café y ganado de verdad por “un mundo de plástico”.
	“Audiencia de los Confines” es una experiencia verbal y auditiva, un prodigio de síntesis histórica e imaginación poética, una demostración de sapiencia y sensibilidad, de corazón e inteligencia: el gran poema de Chiapas, abarcador y proteico.
	No podría haber sido escrito sin sentir el fuego en las manos, la lluvia en los ojos, el amor por la tierra en las vísceras y el viento viejo de la historia en la minucia del dato, en la selección de personajes, de hechos, de instantes míticos.
	Es una fortuna que Efraín Bartolomé tenga la mirada exacta del Ojo de jaguar, el Corazón de monte y siga aún, más vivo que nunca, Cantando el triunfo de las cosas terrestres. ¡Salud, querido poeta!

[Este texto lo leyó Alejandro Figueroa en las funciones del 22 y 23 de septiembre de 2023, en Telar Teatro, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Los lectores fueron Fernando Trejo, Eric Cruz, Maricruz Aguilar y Héctor Cortés Mandujano. Enrique Palomeque tocó al piano el vals “Ocosingo”, de Abel Domínguez, e hizo acompañamiento en varios momentos de la lectura. El cartel de difusión lo hizo Juan Ángel Esteban Cruz, nos ayudó como en todas las presentaciones anteriores Carlos Ariosto y el iluminador fue Alfredo Espinoza, bajo la dirección de Héctor Cortés Mandujano. Las dos funciones tuvieron la gratísima presencia del poeta Efraín Bartolomé. Un lujo.] 


Fotografía: Sharon Hernández.
Fotografía: Sharon Hernández.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com