Revista

Polvo del camino. 229. Penélope y más de cien amantes. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                    
                       Polvo del camino/ 229

Evocadas páginas de otro libro/ XV
Penélope y más de cien amantes
Héctor Cortés Mandujano

—¿Cómo puedes sentirte bonita o deseada cuando eres la hermana de Helena de Troya, la hermosísima, la mujer más bella del mundo?
Siempre me sentí un espantajo al lado de ella. Y no importaba que yo fuera más inteligente, con una conversación mejor, con capacidad para entender la desgracia de los demás, con estudiada prudencia para callar cuando era debido. Todo eso lo borraba Helena con sólo parpadear o sonreír.
Me pareció incluso que Ulises, mi marido, se casó conmigo sólo por estar en algunos momentos cerca de ella. Luego, ya ven, se fue a la guerra para tratar de rescatar un poco la maltrecha dignidad de mi cuñado, quien se sintió insultado cuando Helena decidió cambiar el lecho nupcial por las gracias eróticas de Paris. Ah, los hombres tan elementales. ¿De qué tamaño era la belleza de Helena que desató una guerra de diez años?
Diez años estuvo Ulises en la guerra y diez años más se tardó en regresar. 20 años sola. Bueno, sin él. Todos lo dábamos por muerto y porque soy la reina, y tengo muchas riquezas materiales, se me fueron acercando tantos pretendientes que rebasaron la centena.
Al principio, no hice caso a sus sugerencias, pero en alguna noche definitoria me sentí lúbrica, con un deseo que me pareció avasallante. Abrí los ojos y en ese momento me di cuenta que en ese instante yo era como mi hermana Helena: Los hombres estaban dispuestos a pelear por mí; los tenía allí, como bestias cebadas, y podía escoger a quien se me antojara. No era bella, era poderosa. ¿Por qué no hacerlo? Lo único que debía hacer es alejar un poco a mi hijo y conseguir la complicidad de mis doce criadas.
Decidí proceder con método y pedí a mis sirvientas (dos de ellas sabían escribir) que numeraran primero a mis pretendientes y luego ordenaran sus nombres por orden alfabético. Fueron 108.
Les dije, a través de mis criadas, que tendrían la oportunidad de conquistarme. Tendrían una noche para ello. El ganador obtendría mi promesa de casamiento, sería el rey. Debían venir bañados, perfumados y listos para poner en práctica sus mejores actos eróticos. Los que no fueran de mi agrado serían borrados en automático de la lista. Si hubiera muchos que llegaran a hacerme sentir dichosa, plena, satisfecha, habría una segunda ronda. Al final, tal vez hiciera una tercera exclusivamente con los mejores. De allí saldría el ganador.
Haría pausas en mis días menstruales o cuando así lo quisiera. Todos aceptaron, aunque hubo algunos que no se presentaron en la noche en que debían probar su sapiencia en alcobas. Sin duda, no era sencillo para ellos saber que iban a ser evaluados y eventualmente descalificados. Pobrecitos.
Recordé por mucho tiempo a los números 9, 25 (que estuvo conmigo hasta cinco veces y era maravilloso), 32, 47, 50, 53, 62, 81, 90, 101 y 107. Algunos eran expertos en el beso, otros en la caricia, algunos hablaban deliciosamente y decían cosas tan lindas, otros tenían instrumentos muy bien templados, tres o cuatro eran perfectos… Pero vino al final Ulises, mi marido, el rey, y mató a mis doce criadas y a todos mis pretendientes. Ni modo, me tuve que quedar con él que no era, por mucho, el mejor de mis amantes…

[En Las bodas de Cadmo y Harmonía (Anagrama, 1990), de Roberto Calasso, dice (p. 333): “Según otros, cuando Ulises regresó a Ítaca, Penélope ya había dejado pasar por su cuerpo los ciento ocho pretendientes. De ellos había engendrado a Pan”. En Penélope y las doce criadas, Margaret Atwood, hace decir a Penélope: “Las versiones más descabelladas sostienen que me acosté con todos los pretendientes, uno detrás de otro –eran más de cien”.]

  
                  
Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 228. Reencuentro. María Gabriela López Suárez

 Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Reencuentro

Olivia terminó de secarse el cabello, lo cepilló cuidadosamente. No se decidía si llevarlo recogido en una coleta o suelto, eligió la segunda opción. Dejaría que el viento le acariciara y le diera el peinado adecuado. Buscó varias prendas en su clóset, las fue dejando sobre la cama y un sillón. En menos de lo que pensó tenía falda, blusas, vestido, overol y un pantalón abombado en color caqui que le encantaba.
          Esa tarde tenía una cita muy especial y quería lucir radiante, sobre todo sentirse cómoda. Sin dudarlo, eligió el pantalón abombado, una blusa  de manga corta en tono fiusha y ahora venía la selección del calzado. Ahí fue más práctica, se decidió por sus sandalias huarache en tono shedron. Se colocó unos aretes largos con detalles de pequeñas mariposas y una gargantilla hecha a base de semillas. Se miró al espejo, delineó sus labios y se aplicó su labial en el tono favorito, rojo carmín.  El toque final fue unas gotas de su perfume. Nuevamente se observó, le gustó como lucía.
          Antes de salir jaló su bolso, el más ligero que tenía, solamente llevaba un pequeño monedero, su labial, unos pañuelos desechables y las llaves de la casa. Se aseguró de que la puerta quedara bien cerrada.
           El viento no tardó en hacerse presente y Olivia permitió que le acomodara el cabello. Inició su travesía al parque al que solía ir en su infancia. Ahora iba sola, sin que alguien de sus familiares la llevara como en aquellos años cuando era niña. En la medida que avanzaba sentía una sensación de nervios y a la vez de emoción. Cuando llegó al sitio comenzó a reconocerlo. Tantos años de no estar por ahí.
Con toda seguridad se dirigió a su lugar favorito, donde estaban los columpios, para su sorpresa, aún se conservaban, ahora tenían un atractivo color naranja pero mantenían algunos detalles rústicos. Ahí estaba, con el corazón latiendo cada vez más rápido. Ese era el lugar de su cita, observó a su alrededor, solo identificó unas aves que entonaban sus cantos y el viento que parecía darle una especie de susurros.
           Olivia caminó lentamente, eligió el columpio de enmedio y se sentó. Comenzó a columpiarse, primero lentamente, luego un poco más fuerte hasta bajar nuevamente el ritmo. Cerró los ojos, dejó que la magia sucediera y percibió a la persona que esperaba con tanto amor. La tenía frente a ella. Escuchó su voz, sus risas en ese parque, la identificó con el pequeño overol en tono vino, sus tenis grises y una playera blanca con florecitas de colores. El rostro con el cabello revuelto dibujaba una gran sonrisa y extendía sus brazos hacia ella. Olivia -aún con los ojos cerrados- correspondió a ese gesto, lo recibió como el regalo que esperaba desde hace tiempo y que justo necesitaba. Sintió que las lágrimas rodaban por sus mejillas. El reencuentro con su niña interior al fin sucedía. 
Permaneció abrazada hasta que las lágrimas cesaron, respiró profundo y lentamente fue abriendo los ojos y soltando los brazos. Olvidó que había llevado pañuelos desechables. Sintió el corazón contento, su rostro sonreía. De nueva cuenta empezó a columpiarse, disfrutando mientras iba ascendiendo, al tiempo que agradecía ese reencuentro, esa mirada hacia su niña interior. El viento continuaba haciendo de las suyas acomodándole el cabello mientras Olivia seguía columpiándose y observando que comenzaban a llegar niñas y niños que iban a jugar al parque.

      
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 228. El silencio y las palabras. Héctor Cortés Mandujano

IIlustración: Héctor Ventura.

                    
                         
                    Polvo del camino/ 228

                  El silencio y las palabras
                   Héctor Cortés Mandujano

                                     Para mi amigo Luis, quien me contó estas anécdotas suyas

1

No hablé pronto, porque mi papa me consentía mucho; bastaba sólo con levantar mi dedito y mostrarle qué quería para que me lo diera. Entre señalamientos y pujidos llegué, no sé, tal vez a los cuatro años sin hablar. Mi padre se hartó.
A él le encantaban los chiles de lata y un día, en mi presencia, abrió una de ellas y puso el contenido en un plato hondo. No sé por qué se me antojaron y comencé a poner mi dedo de reyecito hacia los chiles. Papá me dijo: “No, esto pica, no es para niños”.
¿Qué? ¡Este tipo osa desobedecerme! Puse más énfasis en mi señalamiento y comencé a hacer pucheros. Mi papá insistió ya con más fuerza: “¡No!”.
Solté el llanto, sin olvidar de señalar el objeto de mi capricho. Mi padre, entonces, dijo: “Mira, si quieres, tómalo. Te va a picar y vas a llorar. Se te va a calmar el picante con esto –me señaló un vaso de agua–, pero sólo te voy a lo voy a dar si dices ‘Agua’, ¿entendido?”.
Tomé un chile, lo puse en mi platito y luego le di una mordida. Sentí que había mordido lumbre y comencé a llorar. Mi papa me dijo:
—¿Quieres agua?
Moví la cabeza en señal de afirmación, mientras seguía llorando.
—Pues no te voy a dar hasta que lo pidas con su nombre.
No sentía lo duro, sino lo tupido y quién sabe cómo mi cerebro y mi lengua se alinearon para que yo dijera, por fin, mi primera palabra:
—¡¡¡Agua!!!

2

Mi hermano mayor me llevó por primera vez al cine un domingo. Eran dos películas seguidas de matiné. Cuando volví, mi papá componía un carro. Le dije:
—Papi, ¿te puedo contar las películas que vi?
—Sí, cuéntame.
Mientras él trabajaba yo comencé a contar. Si la película duró hora y media, yo alargué mi crónica como tres horas a mi padre, que siguió trabajando bajo la implacable lluvia de mi imparable perorata.
Cuando concluí con la primera película (ya estábamos en otro lugar, él ya trabajaba en otra cosa), mi papá me quedó viendo y dijo:
—Creo que fue una mala idea haberte enseñado a hablar.

3

Mamá y papá tenían problemas frecuentes hasta que ella decidió pedirle que se fuera de la casa. Yo lloré y, cuando vi que él iba con su maleta hacia la puerta, me abracé a sus piernas y le pedí que no se fuera nunca, que buscara la forma de convencer a mi mamá.
Mi mamá, firme y sin ánimo de calmar las cosas, me ordenó que lo dejara ir. Lloré hasta la extenuación. Mi mamá, sin ningún prolegómeno, directa y brutal, me dijo algo que para mi niñez fue terrible:
—No sé por qué le lloras tanto a ése, si ni siquiera es tu papá.
Así me enteré de que aquel hombre al que amaba no era, no había sido mi papá biológico.
IIlustración: Héctor Ventura.
IIlustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 4. Cómo sostener una mano. Nadia Arce

                       Cómo sostener una mano
Por Nadia Arce

Las escaleras se suben de frente,
pues hacia atrás o de costado
resultan particularmente incómodas...

Julio Cortázar en
"Instrucciones para subir una escalera"


Lo primero que debemos pensar para lograr sostener una mano, es descubrir qué mano vamos a sostener. Si la mano que queremos sostener es la propia, basta con dirigirse a ella con la mano contraria y tomarla, ya sea de manera repentina o espontánea, no importa. La mano estará ahí siempre pegada a nuestro cuerpo esperando que la otra mano la arrope entre sus dedos.
El tema se complica cuando la mano que deseamos sostener es de otra persona. ¿De qué sujeto se trata? ¿Sigue en este mundo? ¿Está cerca o a kilómetros de distancia? ¿Es de alguien que quiere que le sostengamos la mano? ¿O de alguien que deseamos sostenga la nuestra, pero ponemos de pretexto lo contrario?
Definido el punto anterior podemos planear la escena. Si el sujeto nos suscita objetivos románticos será muy sencillo invitarle a salir y que ello comprenda pasar por situaciones seductoras para que, en el momento justo, podamos ofrecerle nuestro final del brazo cómo bastón, así de manera inocente “ayudáremos” al otro a brincar un charco, pasar un puente o subir una escalera. De cualquier manera, es lo más sencillo del mundo.
En cambio, si deseamos sujetar la mano de un ser influyente para que cese de tomar decisiones arbitrarias la cosa se complica. Vemos que a este personaje el que le tomen de la mano no le es algo común ni agradable, muy probablemente quiera seguir sin manos que tomar, entonces es necesario ser más drástico. La idea es colocarle una trampa, digamos: firmar un acuerdo. El acuerdo es para beneficiarlo de algún modo, investigue qué le interesa y finja ser un tipo pudiente e importante. Preséntese formal y serio ante el susodicho y muestre el acuerdo, una vez asentido sellen con un estrechar de palmas el trato. El cual puede o no cumplirse. Si usted es honorable buscará hacerlo, ya que ha logrado lo que quería, sostenerle la mano. Aunque dicho sea de paso lo pudo haber logrado con el siempre hecho de presentarse, generalmente en la cultura occidental se ofrecen las manos después de mencionar los nombres, así que cualquier opción que se tome es sencilla.
Haré un apartado para mencionar la importancia de cuando se deben sostener las manos obligatoriamente, como por ejemplo a los niños al cruzar la calle o al estar cerca de algún acantilado. Imperante es sostener las manos de los ancianos cuando sufren de dolencias o recuerdos agudos. También hay que sostenerlas en todos los casos de las mujeres cuando dan a luz, de los enfermos terminales y sobre todo de los que están a punto de morir, el dolor en ambos casos es latente y compartirlo ayuda, aunque sea con el roce de otra piel por unos momentos u horas. Hay otros casos significativos para sostener las manos, de seguro usted conoce y ha vivido muchos más, todos esto no hay que olvidarlo ya que aún existe algo de humanidad en este mundo.
El tercer menester para sostener una mano tendrá que ver con la más trascendente y es la de brindar ayuda. No es común en estos días ofrecerla, mucho menos regalarla. En esta situación únicamente basta con la intención y algo de honestidad. Dígalo abiertamente: quiero sostener tu mano, puedes sostener mi mano o aquí está mi mano para que la sostengas. El discurso hágalo usted mismo, estas son simples ideas. De hecho, sería mejor que, sin avisar nada, ni utilizar la retórica simplemente usted, tan valiente cómo es, se presente ante tal persona y en cualquier descuido de ella, acercamiento físico o el simple saludo, le tome la mano y se la sostenga el tiempo que le venga en gana. Hará muy bien a nuestra humanidad.

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www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 227. Paso a desnivel. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Paso a desnivel

Bety revisó su reloj, eran casi las 9 de la mañana. Ya era hora de desayunar. Apresuró la preparación de su licuado de avena con canela, arándanos y vainilla. Disfrutó su bebida. Recordó la importancia de desayunar sin distraerse en pendientes. Aún le quedó ganas de degustar unos arándanos más y lo hizo.
        Posteriormente, revisó su mochila para verificar que no le faltara nada para su viaje.
         —¡Todo listo! —se dijo.
         Había esperado sus días de vacaciones para ir a visitar a Benito, su primo paterno y a su familia. El destino era lejano y le implicaba transbordar. Sin embargo, el pasar unos días de visita con sus parientes y tomarse un respiro de lo cotidiano era la parte más grata.
          En el segundo punto donde haría el cambio de camión había quedado de verse con su prima Lulú, hermana de Benito, para que también se sumara al viaje, así ambas se acompañarían.
          Una vez en la estación de camiones Bety compró su boleto, demoró poco su espera, si acaso unos diez minutos. Se acomodó en el asiento número 9, ventanilla. El camión no iba ocupado al 100 por ciento así que no le tocó compartir asiento.
          Corrió la cortina y se dispuso a observar el paisaje, en su rutina cotidiana pocas veces se daba el espacio para hacerlo. A medida que el camión avanzó y salió a carretera se dio cuenta que la sequía estaba presente, los árboles hacían evidente tal situación, los percibió muy secos y tristes. Ansiaba que pronto llegaran las lluvias.
          Cerró un momento los ojos, no tardó en quedarse dormida unos minutos. Como si su despertador hubiera sonado abrió los ojos y se percató que estaban en un lugar oscuro, alcanzó a percibir los focos con luces en tono cálido. En su mente empezaron a asomarse algunas preguntas,
         —¿Dónde estamos? ¿En qué momento me quedé dormida?
         Poco a poco alcanzó a percibir que la luz del sol se asomaba a lo lejos, sintió una especie de tranquilidad en el corazón. Estaban dentro de un paso a desnivel subterráneo, recordó que de niña los túneles le gustaban porque le parecían misteriosos.
          Una vez que salieron y la luz del día de nuevo ocupó su lugar, respiró profundo. Su corazón se fue tranquilizando poco a poco. Se le figuró que un paso a desnivel subterráneo era como algunas etapas en la vida, sin querer de pronto aparecen situaciones, experiencias que hay que enfrentar y donde el panorama se percibe o se torna oscuro, al fondo hay una que otra luz que va guiando el camino. Esas luces se le asemejó que eran quienes en distintos momentos se suman a ayudar, a acompañar y apoyan para sobrellevar los instantes oscuros. Finalmente, regresa la luz, la esperanza y se retoma el rumbo con el ánimo de continuar el camino.
         Miró su reloj, aún le faltaban como 40 minutos para hacer su escala en otra central de camiones. Decidió dormitar un ratito más. Mientras cerraba los ojos recordó la imagen del paso a desnivel, sonrió para sí y se dejó arrullar con los latidos de su corazón.

 
    
   


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 227. Un viejo almud. Héctor Cortés Mandujano

"Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz".

                    
Polvo del camino/ 227

Un viejo almud
Héctor Cortés Mandujano

Mamá me dice sin subterfugios que debo ir a verla, a la casa de mi infancia.
[Decir cómo y dónde me lo dijo pondrá incredulidad en quien me escuche o me lea: lo callo.]
La veo detenidamente. Habló con el rostro viendo hacia abajo, con palabras dichas como para sí misma, sin ninguna intención: no es una orden, no hay atisbo de tristeza o de reclamo. Como si yo no fuera el destinatario ni estuviera allí, con ella, desgranando las mazorcas y poniendo el maíz en un viejo almud.
—Mamá, le digo, estoy contigo y estamos en la finca donde nací.
—Así no cuenta: esto es un sueño.
[Lo dije. Quien me oyó o me leyó hasta ahora cerrará los oídos, los ojos, no querrá seguir escuchándome, leyéndome.]

—Ir al Ciprés, de nuevo –le digo a mi mujer.
—¿A qué, para qué?
—Soñé con mi mamá, me lo pidió.
—¿Y? Si soñaras que Margot Robbie te pide que vayas a Hollywood, ¿irías?
—¿Es una pregunta seria o nomás retórica? Si Margot me pidiera que…
—Es un modo de decirte –me interrumpe mi mujer– que el sueño de tu mamá pertenece a ese mundo, al mundo de los sueños, no a éste. Igual que la Margot esa…

Dice mi mamá, de nuevo sin verme.
—¿Y qué pasó, cuándo vienes?
—¿Para qué?
—Quiero verte.
—¿Y si voy, vas a revivir para verme? Porque ahorita, aunque sea otra vez un sueño, nos estamos viendo.
—¿No quieres ir?
—No le veo el caso. Mi mujer…
—Tu mujer puede no venir. Ella se cuece aparte. Ven solo.
—Mamá, la finca está abandonada, derrumbándose, y tú estás muerta desde hace años. ¿Quieres decirme algo? Dímelo aquí. ¿O necesitas escenografía, una locación especial? No querrás que venga o vaya a caballo.
—Bueno, te entiendo, no quieres ir.
—¿Ir? Estamos en el Ciprés. Si te sueño, te sueño aquí.
—¿Entonces?
—Le voy a preguntar a mi hermana, a ver qué opina.
—¿No puedes tomar una decisión solo?
—Okey: No voy a ir. Tantán.

Abro los ojos. Mi mujer se despierta. Su rostro frente al mío. Me ve.
—¿Qué soñaste?
—Lo de siempre. Con la Margot esa…

"Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz".
«Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz».




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 226. Neraju. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Neraju

Malavi se hallaba en un dilema, su mente estaba dispersa por no poder decidir si ir a la tienda de doña Lupita para comprar un postre dulce o uno agridulce con sabor a tamarindo. Ambos le gustaban mucho, así que le resultaba difícil elegir. Había ahorrado parte de su gasto en la semana y ahora tenía la posibilidad de comprar un postre o los dos.

Caminó rumbo a la tienda, luego decidió ir a otro espacio. Llegó a una esquina, justo como a doscientos metros de la casa de su tío Chilo, avanzó sigilosamente. ¿Estaría ahí tío Chilo? ¿La dejaría ver su trabajo? Finalmente, hizo caso a su corazón, caminó decidida.

—Toc, toc. ¡Tío Chilo, tío Chilo! —gritó lo más fuerte que pudo, con voz segura.
—¡Ey, quién muere! Pero mira qué sorpresa, mi querida Malavi, pasa hijita.

El olor a a barro, a naturaleza se dejó sentir apenas abrió la puerta don Chilo. Sin pensarlo Malavi se dirigió al patio de la casa, al fondo, donde se hallaba el taller de don Chilo, quien la siguió sin chistar palabra. Don Chilo sabía que su sobrina tenía un gusto especial por el taller de alfarería.

—¿Qué estás haciendo hoy tío?
—Mira mi nueva creación. ¡Tarán!
—¡Wow! Animalitos de una granja. ¡Qué bello puerquito! ¿Puedo tomarlo tío?
—Claro que sí, elegí cuáles te gustan. Puedes llevarlos.

Los ojos de Malavi revelaron su asombro, su rostro dibujó una gran sonrisa por el regalo, al tiempo que comenzó a tocar las piezas con sumo cuidado y a hacer un montón de preguntas a su tío Chilo.

El dilema por los dulces había quedado atrás. Ahora estaba en Neraju, como ella había nombrado al lugar que no solo era el taller de su tío, sino también un espacio donde hallaba magia, esparcimiento y la convivencia con el barro, con la naturaleza a través del trabajo de don Chilo.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

El tintero de Nadia. 3. Casa a medias. Nadia Arce

                        Casa a medias
Por Nadia Arce

Ya verá cuando regrese,
ya verá cuando aparezca.
Se va a enterar…


Wislawa Szymborska en Poesía no completa.


Tarde o temprano va a regresar y, si no, se lo pierde. A ver dónde consigue comida, cama y techo, a ver si consigue un hogar, como si de pronto fuera fácil eso, como si se consiguieran las casas o familias amorosas debajo de los árboles, como sombra, como hoja que cae, como rama que con el viento se quiebra.

Ya pasaron dos días. No regresa. ¿Estará en problemas graves? No lo creo. Su inteligencia y agilidad son destacadas, más que notables diría yo. Por ello no creo que se haya perdido, no puede caber la posibilidad de esto porque la ruta a casa la conoce a la perfección. Sabe de memoria que el puesto de periódicos de la esquina es el punto clave para dar la vuelta, ahí el señor que atiende siempre es tan amable y platicador, el que usa una gorra y se pone todos los días una sonrisa de diente a diente. Y si se olvidará de él pues está el parque enfrente, con el árbol frondoso que por lo regular tiene algún un pájaro gritón que finge cantar. Con esas señas ni modo que no se acuerde de que enseguida está nuestra casa, la de puerta blanca con ventanas chicas.
Seguiré con el tema de la paciencia, pero es que ya son tres días y su ausencia se empieza a notar. Extraño su presencia mística y caótica a la vez. Sus locuras hacen falta, la verdad como que no es lo mismo, creo que los lazos son más fuertes de lo que creía porque comienza a darme comezón el hecho de que no se aparezca de la nada, o camine cerca de mí, o simplemente respire entre estas paredes. No me divierte, es un hecho, no me divierte.
Siguen los días su curso. Hoy por la mañana estaba mirando por la ventana, tratando de ya no pensar en que no está y de repente me pareció que sus pasos se acercaban a la puerta, salí lo más rápido que pude, no estaba. Así que decidí dirigirme al parque, caminar un rato pues el agobio me llena; esperaba ver si alguien o algo me daba pista alguna sobre su paradero, pregunté a cuanto ser le pude preguntar. Nadie sabía nada. Nada. Ni una pista. Ni nada. Nada de nada. La resignación me atrapó. ¿Me habría dejado? Tanto que se quejaba de mí.
Regresé a casa, a la sola casa, a la casa incompleta, a la casa dejada, a la casa a medias. Sigue siendo casa, pero ya no se siente hogar. Aunque ahora que lo pienso puedo vivir en solitario, no necesito de su compañía para subsistir, ni que fuera el aire, ni que fuera la comida, ni que fuera el descanso. Total si no quiere volver ¿quién soy yo para tomar sus decisiones?, si ya sabe que aquí estoy, que no me voy a ningún lado y que tengo todas mis cualidades para compartir.
No lo entiendo, pasábamos buenos ratos juntos, ni siquiera teníamos que hablar, bastaba con una caricia, una palabra simple, dormir juntos y así soportar la rutina sin empachos, era cómodo. Pero bueno, la verdad es que no necesito a nadie. Si no vuelve, si ya no vuelve puedo seguir, puedo seguir.
Amanece y anochece. Van ocho días, nada cambia, la casa manifiesta estar empolvada, la verdad es que odio padecer depresión. Tal vez necesito actuar de otra manera, pensar diferente, darle un voto de confianza y entender que tal vez no está en sus manos regresar. Creo que no puedo estar así.
La partida es inminente, saldré en su búsqueda. Será mejor que emprenda un extenso recorrido por la ciudad. Mi lealtad es primero, aunque se dude de ella…
Y es así como el gato salió de casa para buscar a su dueña.
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*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Polvo del camino. 226. ¿Todos somos monstruos?/4. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                     Polvo del camino/ 226

¿Todos somos monstruos?/ 4
(Cuatro y última)

Héctor Cortés Mandujano

Marshall Applewhite, “Do”, y Bonni Nettles, “Ti”, se conocieron en los años 70 y fundaron un grupo que creció y duro más o menos 20 años bajo su influencia. Convencieron a sus seguidores de abandonar familias, posesiones, trabajos, drogas y sexo, porque, les dijeron, los seres humanos, en especial ellos, no lo eran. Su identidad real estaba en lo extraterrestre.
Algunos fanáticos incluso se castraron, porque el sexo era humano, demasiado humano.
La idea central de su discurso era que debían renunciar a todo lo que los vinculara con la humanidad, porque ellos no morirían: cuando estuvieran preparados vendría una nave que los llevaría a vivir, en la vida extraterrestre, una existencia eterna. Sin embargo, ups, murió “Ti”. “Do” encontró la explicación: no había muerto, sólo se había adelantado para arreglar todo allá y recibirlos.
En su comunidad, Heaven’s Gate, escribieron un texto para que quedara claro que ellos no eran humanos, sino elegidos. Después autorizaron que les quitaran la vida. Hubo 39 homicidios consensuados.

Shoko Asahara, japonés, abrió en 1984 un centro para practicar yoga y meditación. También era, dicho por él mismo, un salvador del mundo.
Es difícil que el círculo cercano no sé dé cuenta de la verdad. Uno que quiso rebelarse fue ejecutado por sus propios compañeros y desaparecieron el cadáver: lo mismo pasó con otro que quiso contar lo que pasaba verdaderamente con Shoko. Decidió el líder que debían salir al público para conseguir más dinero y poder, y fundaron un partido. Él y su pandilla de delincuentes fueron los candidatos. Perdieron las elecciones con casi cero votos, estrepitosamente.
Shoko decidió vengarse de la población civil y con un químico, que era parte de sus incondicionales, hizo un gas venenoso y lo dejó salir en el metro de Japón. Murieron varios, pero quedaron intoxicados una enorme cantidad.
La policía detuvo a Shoko y a sus huestes. Los ajusticiaron.

Dentro de los líderes hay encarcelados, deportados, suicidados y ejecutados. Nada de eso pasó con Sun Myung Moon (bueno pasó en la cárcel algunos meses, por evasión de impuestos). Vivió con toda la opulencia posible durante toda su vida e, incluso, después de su muerte, su mujer y dos hijos siguen usufructuando su idea.
No se quebró mucho la cabeza. Dijo que Jesús debió haber tenido hijos fuera del pecado. Como no pudo, él, su profeta, iba a dar continuidad a ese proyecto divino. Moon, muy hábil, entendió que debía hacerse un enlace entre la política, el dinero y la religión. Compró, hizo e impulsó muchos negocios, con trabajadores a los que no pagaba (eran sus seguidores). Cuando llegó a Estados Unidos se empezó a codear con los políticos (varios presidentes de EUA), a extender sus negocios y a volverse asquerosamente rico.
Fue el primero en llenar por miles los auditorios, canchas y demás. Casaba, como le daba la gana, a los hombres y mujeres que lo seguían, porque quería tener nuevas generaciones de esclavos. A los 92 años murió. Su Iglesia de la Purificación siguió, sigue, administrada por su esposa y sus dos hijos. No salvan almas: sólo se vuelven cada vez más millonarios…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 225. La naturaleza es vida. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

La naturaleza es vida

Patricia salió al patio de su casa para refrescarse un poco, el interior de su vivienda era una especie de horno. Tenía prendidos ventiladores en su sala y cuarto pero el aire se sentía muy cálido, sofocante. Aunque el sol se había ocultado desde hacía gran rato, la sensación del calor continuaba sin dar tregua.
Regresó a su cuarto por un pequeño banco y luego pasó a la cocina por un vaso de limonada, el café no se le apetecía. Acomodó su banquito cerca de un árbol de tulipanes y uno de jazmín.
—¡Qué barbaridad de calor! Siento que me voy a desvanecer —exclamó en voz alta.
Comenzó a degustar su limonada, aún se conservaba algo fría. Estaba deliciosa, sin mucho dulce, justo para quitar la sed. Se sintió mejor, hidratada. Se puso a pensar que habría sido mejor opción ir a comprar la despensa con Sebastián, su esposo, y la pequeña Rita, su hija de cinco años. Normalmente los tres iban a hacer las compras, esa tarde Patricia se sintió con poco ánimo de salir. El calor la tenía agotada.
Bebió el último sorbo al vaso de limonada. Se quedó observando el cielo, los arbolitos bajo los que estaba sentada y las plantitas que la rodeaban. Algunas plantas estaban sumamente tristes, sus hojas se veían caídas, el calor había hecho estragos en ellas.
—Un poco de agua les sentará muy bien. Justo lo que me pasó a mí con la limonada —señaló Patricia para luego levantarse en búsqueda de una cubeta y un recipiente para regar las plantas.
Antes de comenzar su labor se percató que el agua de la llave no estuviera caliente, era una sugerencia que había aprendido de su mamá. No tardó en percibirse el olor a tierra mojada. Las plantas y árboles absorbieron rápidamente el agua.
Mientras continuaba regando las plantas alcanzó a escuchar el canto de un grillo. Primero fue leve, luego agarró un tono un poco más alto que se mantuvo. Sin duda, ese canto alegraba el paisaje de la tarde noche. La naturaleza también libraba una lucha contra el calor. Se sintió muy afortunada de poder tener en casa arbolitos y plantas. Recordó que en su familia paterna y materna siempre decían que era importante sembrar árboles, la naturaleza es vida y por lo tanto, hay que cuidarla, solía decir tío José y tía Lolita, su tío y tía abuelos. Patricia había escuchado esa frase más de una ocasión en su infancia y le ponía poca atención, sin embargo, ahora cobraba sentido. Y vaya que era importante.
Una vez terminada su labor, regresó a sentarse al banquito. El grillo continuaba cantando y Patricia lo disfrutaba. Qué ganas tenía de que Rita y Santiago llegaran, para poder apreciar ese regalo de la naturaleza. La noche se fue dejando sentir, acompañada de una leve ráfaga de viento, como una caricia muy sutil que acaricia el alma. Patricia comenzó a percibirse relajada, sin sensación de calor. A lo lejos se escuchó,
—¡Mami, mami! ¿Dónde estás ya llegamos? —era Rita que había llegado con Sebastián y buscaba a su mamá.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.