Revista

El tintero de Nadia. 5. Sin un peso de por medio. Nadia Arce

Fotografía: Sergio Eduardo Arce Mejía.

                       Sin un peso de por medio
Por Nadia Arce

Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo
y mi amor se derrama sobre ti como la lluvia
o como una cascada que cae del sol...

Efraín Bartolomé en "Cielo y tierra"


Hoy que de nuevo llueve recordé que hace tiempo escribí esto después de una de mis salidas a la lluvia. Mientras no me dé frío (que tampoco puedo controlarlo), soy muy feliz bajo la lluvia:

"Salí de terapia. Corrí bajo la lluvia sólo para 'agarrar calor'. Mi ropa comenzó a cambiar sus colores y el agua a desvanecer la rutina. Los tenis engordaron y a la par de un ruido extraño seguían mis pasos. Los charcos fueron sacudidos sin alguna preocupación. Miradas de asombro, tal vez como ideal de lo que no puede hacerse desde el interior de un auto. Libertad entre tanto caos. Nunca sentí frío. Al llegar a casa escurriendo ligereza, mi hija menor quizo acompañarme al parque, dejé el celular, me quedé apenas con las llaves en la pequeña bolsa. Salimos alegres ante tanto gris, corrímos juntas. Jugamos en los ríos de tibia corriente, recogimos mangos pequeños y los guardamos en sus botas, jugamos con los chorros de algunos desbocaderos de agua. Paró de llover y un baño caliente nos esperaba al regresar. La vida pudo refrescarse al no abrir el paraguas... fue increíble recibir miles de gotas sin un peso de por medio."
Fotografía: Sergio Eduardo Arce Mejía.
Fotografía: Sergio Eduardo Arce Mejía.
Contacto:
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www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 230. Corazón contento. María Gabriela López Suárez

                               
Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Corazón contento

La temporada de lluvias llegó y con ello quedó satisfecho el anhelo que la gente tenía de que
lloviera, que se regaran los campos, reverdecieran las montañas, se apaciguaran los incendios,
disminuyera el calor y que todos los seres vivos pudieran disfrutar de ese bello regalo.
     Betina era una de las personas que disfrutaba al máximo de la época de lluvias. Aunque poco le
gustaba mojarse, cada que tenía oportunidad contemplaba la lluvia en donde estuviera, en su casa,
en el trabajo, en alguna cafetería, en la terminal de autobuses, en el colectivo, en el microbús, en la
parada del transporte público.
     En su contemplación había descubierto la magia que podía provocar la lluvia, desde cómo el verde
decoraba las montañas, cómo los árboles despertaban con sus hojas más resplandecientes y las aves
se posaban con mayor gusto en sus ramas, hasta que la tierra que en época de sequía se mostraba
árida se volvía con una textura suave. De tal forma que al pisar sobre ella se marcaban las huellas de
cada paso.
     Además de lo anterior, el aroma a tierra mojada despertaba en Betina una especie de entusiasmo,
era un incentivo a su creatividad. Quizá era una asociación que hacía con su infancia y cómo en las
mañanas o tardes de lluvia solía hacer actividades que le gustaban mucho como leer, colorear, jugar
o quedarse en casa a tomar café con pan escuchando anécdotas familiares.
     El fin de semana llegó y ese sábado por la tarde la lluvia se dejó sentir. Betina estaba fuera de casa,
había quedado de verse con su amiga Yunuen. Revisó el teléfono y no había ningún mensaje de
Yunuen. La mente de Betina comenzó a pensar si su amiga llegaría, si la incesante lluvia se lo
permitiría. Antes de inquietarse mejor buscó una mesa cerca del jardín de la cafetería. Ahí se instaló,
revisó la carta, se decidió por una tisana de lavanda con menta y mientras esperaba se detuvo a
contemplar la lluvia.
     El jardín de la cafetería estaba ubicado al centro, era un espacio muy bello, tenía muchas flores,
entre ellas bugambilias en color rosa, blanco, anaranjado y violeta, enmarcados por romero y
lavanda y unas pequeñas plantaciones de aves del paraíso. Cada integrante del jardín recibió las
gotas de lluvia que no dejaban de caer con demasiada abundancia.
     Betina degustó su tisana a la par de observar la lluvia casi de inicio a fin, al término de la lluvia fue
testiga de cómo algunas aves se posaban en las ramas de los árboles. Las percibió muy animadas,
como agradecidas por el agua. El aroma del romero y la lavanda se podían percibir hasta su mesa.
Sintió una sensación muy grata, la lluvia era mágica. De no ser porque el mesero le preguntó si
gustaba algo más de tomar, se acordó de la espera de su amiga.
     —Me permite un momento, por favor, ahora le digo si pido algo más —dijo Betina en un tono
relajado.
Revisó su teléfono, tenía un par de mensajes de Yunuen,
     —Beti, voy demorada, está bien fuerte la lluvia y no he salido de casa.
     —Betiiii, ¿sigues ahí? Ya paró de llover y apenas voy en camino.
     —Yunuen, disculpa apenas leo tus mensajes, sigo aquí, la lluvia me entretuvo y no había escuchado
el celular. Te espero para que platiquemos sobre las charlas pendientes que tenemos.
     El rostro de Betina estaba sonriente, disfrutaba esa tarde de lluvia, la tisana estaba deliciosa y lo más
bonito era sentir su corazón contento.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 230. Pez sin bicicleta. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                    Polvo del camino/ 230

Pez sin bicicleta
Héctor Cortés Mandujano

Leo alternativamente –50 páginas diarias de cada uno–, por costumbre y por gusto, cuatro libros. Tres de este ahora –que será en el futuro el ahora de las/los lectoras-lectores– son de tres géneros diferentes (ensayo literario, cuento y novela) escrito por tres mujeres vivas, contemporáneas, de distintos países: Reescribiendo la nación. La narrativa de Ricardo Piglia, de la argentina Sandra Garabano; El huevo de Barba Azul (con traducción de Eduardo G. Murillo), de la canadiense Margaret Atwood, y Hamnet (con traducción de Concha Cardeñoso), de la inglesa Maggie O’Farrell.
El ensayo de Garabano (Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 2003) aborda los libros de Piglia que en especial atañen a la historia argentina, al problema de narrar, a la reescritura y, entre otros varios temas, a ciertos autores (Arlt, Borges, Macedonio Fernández) que podrían ser ejemplos de lo popular y lo erudito.
En el prefacio, Raymond L. Williams dice, a propósito de una de las hebras del ensayo de Garabano (p. 16): “Desde hace muchos años, escritores como Borges han cuestionado las posibilidades de lo original, recordándonos que el concepto de ‘originalidad’ es básicamente una idea romántica y poco factible. Desde Borges, todo es reescritura”.
Dice Piglia, en Respiración artificial, sobre la relación problemática entre ficción y realidad (p. 64): “He descubierto una incomprensible relación entre la literatura y el futuro, una extraña conexión entre los libros y la realidad. Tengo solamente una duda: ¿Podré modificar esas escenas? ¿Habrá alguna forma de intervenir o sólo puedo ser espectador?”.
Cito dos ideas de Sandra Garabano que me parecen importantes. La primera alude a el discurso y la historia (p. 68): “La realidad todavía está allí y no es puro lenguaje”, y la segunda a la dualidad escritor-lector (p. 98): “La literatura es un bien que sólo puede ser adquirido por aquellos que tienen los medios para apropiársela y descifrarla”.

El huevo de Barba Azul (1983), colección de cuentos de Margaret Atwood, lo leí en uno de mis lectores electrónicos. Tomo algunas opiniones de sus personajes, generalmente femeninos, sobre los hombres: “Hay muchas cosas que los hombres no están preparados para comprender, de modo que no tiene sentido esperar que las comprendan”.
Y ésta, rara: “Una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta”.
Una de sus personajes cuenta de los tiempos cuando la ropa interior llevaba botones: “Ibas por la calle y antes de que te dieras cuenta te encontrabas con las bragas en los pies. La mejor manera de salir del paso consistía en liberar un pie, darles una patada con el otro y meterlos en el bolso”.
Esto lo dice uno de sus personajes escritores: “Cualquier expresión artística es una pura fórmula para evitar el suicidio”.

Hamnet (Libros del Asteroide, 2021), de Maggie O’Farrell –regalo de Marco Hoppenstedt–, es una falsa biografía del hijo de Shakespeare, Hamnet (quien murió en 1596), que se supone inspiró la escritura del célebre Hamlet.
La novela recrea el tiempo de Shakespeare joven, en Strafford (algo que muchos han puesto en duda), y los líos con su familia, en especial con su padre; el noviazgo, el matrimonio, los hijos con Agnes –se llamaba Anna (p. 341), “pero su padre, en el testamento, la llamó ‘Agnes’ ”– y, por supuesto, la muerte de Hamnet, la representación de Hamlet.
Me llamó la atención la idea de O’Farrell sobre de lo que somos cuando vivimos en el vientre materno (aquí se refiere a una niña): criaturas acuáticas (p. 154), “sirenas”.

                  
Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 229. Conectar con las ausencias. María Gabriela López Suárez

De izq a derecha, Delmar Penka, MGLS, Alberto Gómez. Fotografía de Adriana Rodríguez.

                            Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez
Conectar con las ausencias

La ausencia no existe por sí misma, sino al resistirnos al olvido:
nosotros la sostenemos con nuestros recuerdos, constituye lo que somos.
Su tiempo es indefinido.
Delmar Penka

En esta ocasión escribo estas líneas acompañada del tic-tac del reloj y de un concierto de grillos que cantan con esperanza, aunque la lluvia demora en llegar el canto es hermoso, una melodía que me hace evocar los días lluviosos. Hoy quiero compartir una breve reflexión que me ha dejado la lectura del libro Ch’ayet K’inal, Las formas de la ausencia, del autor tenejapaneco Delmar Penka. Obra que tuve la oportunidad de comentar el pasado 7 de junio en el marco del V Coloquio Historia y Sociedad en la literatura en Chiapas en San Cristóbal de Las Casas. Agradezco a Delmar por la distinción y la confianza.
El libro corresponde al género del ensayo creativo, es un texto bilingüe, escrito en tseltal y en español. El tseltal es la lengua materna del autor. Su contenido se integra por siete apartados o senderos, como me he atrevido a nombrarlos, cada sendero nos hace referencia a una forma de la ausencia: Ch’aybil biluletik, cosas perdidas; Te stsaltomba o’tanil, el duelo; K’ubul ay te jna, lejos de casa; Scha’ta jbajtik ta patil, reencuentros postergados; Pojbil ch’ulel, alma despojada; Tup’en k’ajk, fuegos extintos y Jeltesel ta ot’an, resurgir adentro.
El estilo de Delmar es además de ameno, ágil, cálido, con una narrativa y sensibilidad que nos lleva a adentrarnos a las historias y hasta visualizar a los personajes y a los escenarios que relata. La cosmovisión de su terruño tseltal se hace presente y nos recuerda que la mente y el corazón están vinculados en el tema de las ausencias.
Además de compartir sucesos de su espacio íntimo familiar, con su bisabuela Venancia, su abuela Antonia, su tía Delia, su prima Florencia, su primo Josué y su amigo Humberto, Delmar también nos presenta temáticas como la migración, la violencia, el machismo, las desapariciones, el suicidio, la familia, la matria, las redes de apoyo y cómo la ausencia se hace presente no solo en lo individual sino en lo colectivo.
¿Con qué resuenan cuando leen, escriben o escuchan la palabra ausencia? ¿Alguna ocasión se han preguntado cómo las ausencias forman parte del entramado de nuestras vidas, de nuestro día a día? Este libro nos invita a pensar, repensar y conectar con la ausencia, el hilo conductor de este libro, de ahí que su autor nos va llevando a estas formas de cómo se hace presente.
La obra permite volver la mirada a nuestro interior, a indagar desde los distintos significados que le damos a la ausencia. En lo particular, me hizo resonar con la nostalgia, la añoranza, el dolor, las coincidencias, el agradecimiento y la búsqueda interior.
De los senderos, los tres que resonaron más en mí fueron El duelo, Reencuentros postergados y Resurgir adentro. La escritura es una bella y valiosa manera de poder conectar con las demás personas, los corazones, las emociones y lo que nos mueve en lo cotidiano. Les comparto unas frases del sendero Resurgir adentro, que me parece una manera de apapacho al corazón, “La ausencia existe para no olvidar de dónde venimos y con quién hemos compartido lo que en el presente ya no está. Así descubrimos que la ausencia nos ha hecho un poco más fuertes, un tanto más sensatos, un poco menos muertos. La ausencia jamás es aprehensible, sino emocional, sensorial y sensitiva. Encontrarnos con ella es un ejercicio personal” (Penka, 2024, pp. 239-240).
Recomiendo ampliamente la lectura del libro, lo pueden conseguir en las librerías del Fondo de Cultura Económica. Es muy probable que como me sucedió a mí, sientan que su piel se pone chinita, que su corazón late más rápido o que se les hacen algunos nudos en la garganta y el río interior que llevan en sus corazones fluye por los ojos. Es importante dejar fluir ese río y luego verán cómo el corazón lo agradece. Ésas son también una forma de conectarse con las ausencias.

De izq a derecha, Delmar Penka, MGLS, Alberto Gómez. Fotografía de Adriana Rodríguez.
De izq a derecha, Delmar Penka, MGLS, Alberto Gómez. Fotografía de Adriana Rodríguez.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 229. Penélope y más de cien amantes. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                    
                       Polvo del camino/ 229

Evocadas páginas de otro libro/ XV
Penélope y más de cien amantes
Héctor Cortés Mandujano

—¿Cómo puedes sentirte bonita o deseada cuando eres la hermana de Helena de Troya, la hermosísima, la mujer más bella del mundo?
Siempre me sentí un espantajo al lado de ella. Y no importaba que yo fuera más inteligente, con una conversación mejor, con capacidad para entender la desgracia de los demás, con estudiada prudencia para callar cuando era debido. Todo eso lo borraba Helena con sólo parpadear o sonreír.
Me pareció incluso que Ulises, mi marido, se casó conmigo sólo por estar en algunos momentos cerca de ella. Luego, ya ven, se fue a la guerra para tratar de rescatar un poco la maltrecha dignidad de mi cuñado, quien se sintió insultado cuando Helena decidió cambiar el lecho nupcial por las gracias eróticas de Paris. Ah, los hombres tan elementales. ¿De qué tamaño era la belleza de Helena que desató una guerra de diez años?
Diez años estuvo Ulises en la guerra y diez años más se tardó en regresar. 20 años sola. Bueno, sin él. Todos lo dábamos por muerto y porque soy la reina, y tengo muchas riquezas materiales, se me fueron acercando tantos pretendientes que rebasaron la centena.
Al principio, no hice caso a sus sugerencias, pero en alguna noche definitoria me sentí lúbrica, con un deseo que me pareció avasallante. Abrí los ojos y en ese momento me di cuenta que en ese instante yo era como mi hermana Helena: Los hombres estaban dispuestos a pelear por mí; los tenía allí, como bestias cebadas, y podía escoger a quien se me antojara. No era bella, era poderosa. ¿Por qué no hacerlo? Lo único que debía hacer es alejar un poco a mi hijo y conseguir la complicidad de mis doce criadas.
Decidí proceder con método y pedí a mis sirvientas (dos de ellas sabían escribir) que numeraran primero a mis pretendientes y luego ordenaran sus nombres por orden alfabético. Fueron 108.
Les dije, a través de mis criadas, que tendrían la oportunidad de conquistarme. Tendrían una noche para ello. El ganador obtendría mi promesa de casamiento, sería el rey. Debían venir bañados, perfumados y listos para poner en práctica sus mejores actos eróticos. Los que no fueran de mi agrado serían borrados en automático de la lista. Si hubiera muchos que llegaran a hacerme sentir dichosa, plena, satisfecha, habría una segunda ronda. Al final, tal vez hiciera una tercera exclusivamente con los mejores. De allí saldría el ganador.
Haría pausas en mis días menstruales o cuando así lo quisiera. Todos aceptaron, aunque hubo algunos que no se presentaron en la noche en que debían probar su sapiencia en alcobas. Sin duda, no era sencillo para ellos saber que iban a ser evaluados y eventualmente descalificados. Pobrecitos.
Recordé por mucho tiempo a los números 9, 25 (que estuvo conmigo hasta cinco veces y era maravilloso), 32, 47, 50, 53, 62, 81, 90, 101 y 107. Algunos eran expertos en el beso, otros en la caricia, algunos hablaban deliciosamente y decían cosas tan lindas, otros tenían instrumentos muy bien templados, tres o cuatro eran perfectos… Pero vino al final Ulises, mi marido, el rey, y mató a mis doce criadas y a todos mis pretendientes. Ni modo, me tuve que quedar con él que no era, por mucho, el mejor de mis amantes…

[En Las bodas de Cadmo y Harmonía (Anagrama, 1990), de Roberto Calasso, dice (p. 333): “Según otros, cuando Ulises regresó a Ítaca, Penélope ya había dejado pasar por su cuerpo los ciento ocho pretendientes. De ellos había engendrado a Pan”. En Penélope y las doce criadas, Margaret Atwood, hace decir a Penélope: “Las versiones más descabelladas sostienen que me acosté con todos los pretendientes, uno detrás de otro –eran más de cien”.]

  
                  
Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 228. Reencuentro. María Gabriela López Suárez

 Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Reencuentro

Olivia terminó de secarse el cabello, lo cepilló cuidadosamente. No se decidía si llevarlo recogido en una coleta o suelto, eligió la segunda opción. Dejaría que el viento le acariciara y le diera el peinado adecuado. Buscó varias prendas en su clóset, las fue dejando sobre la cama y un sillón. En menos de lo que pensó tenía falda, blusas, vestido, overol y un pantalón abombado en color caqui que le encantaba.
          Esa tarde tenía una cita muy especial y quería lucir radiante, sobre todo sentirse cómoda. Sin dudarlo, eligió el pantalón abombado, una blusa  de manga corta en tono fiusha y ahora venía la selección del calzado. Ahí fue más práctica, se decidió por sus sandalias huarache en tono shedron. Se colocó unos aretes largos con detalles de pequeñas mariposas y una gargantilla hecha a base de semillas. Se miró al espejo, delineó sus labios y se aplicó su labial en el tono favorito, rojo carmín.  El toque final fue unas gotas de su perfume. Nuevamente se observó, le gustó como lucía.
          Antes de salir jaló su bolso, el más ligero que tenía, solamente llevaba un pequeño monedero, su labial, unos pañuelos desechables y las llaves de la casa. Se aseguró de que la puerta quedara bien cerrada.
           El viento no tardó en hacerse presente y Olivia permitió que le acomodara el cabello. Inició su travesía al parque al que solía ir en su infancia. Ahora iba sola, sin que alguien de sus familiares la llevara como en aquellos años cuando era niña. En la medida que avanzaba sentía una sensación de nervios y a la vez de emoción. Cuando llegó al sitio comenzó a reconocerlo. Tantos años de no estar por ahí.
Con toda seguridad se dirigió a su lugar favorito, donde estaban los columpios, para su sorpresa, aún se conservaban, ahora tenían un atractivo color naranja pero mantenían algunos detalles rústicos. Ahí estaba, con el corazón latiendo cada vez más rápido. Ese era el lugar de su cita, observó a su alrededor, solo identificó unas aves que entonaban sus cantos y el viento que parecía darle una especie de susurros.
           Olivia caminó lentamente, eligió el columpio de enmedio y se sentó. Comenzó a columpiarse, primero lentamente, luego un poco más fuerte hasta bajar nuevamente el ritmo. Cerró los ojos, dejó que la magia sucediera y percibió a la persona que esperaba con tanto amor. La tenía frente a ella. Escuchó su voz, sus risas en ese parque, la identificó con el pequeño overol en tono vino, sus tenis grises y una playera blanca con florecitas de colores. El rostro con el cabello revuelto dibujaba una gran sonrisa y extendía sus brazos hacia ella. Olivia -aún con los ojos cerrados- correspondió a ese gesto, lo recibió como el regalo que esperaba desde hace tiempo y que justo necesitaba. Sintió que las lágrimas rodaban por sus mejillas. El reencuentro con su niña interior al fin sucedía. 
Permaneció abrazada hasta que las lágrimas cesaron, respiró profundo y lentamente fue abriendo los ojos y soltando los brazos. Olvidó que había llevado pañuelos desechables. Sintió el corazón contento, su rostro sonreía. De nueva cuenta empezó a columpiarse, disfrutando mientras iba ascendiendo, al tiempo que agradecía ese reencuentro, esa mirada hacia su niña interior. El viento continuaba haciendo de las suyas acomodándole el cabello mientras Olivia seguía columpiándose y observando que comenzaban a llegar niñas y niños que iban a jugar al parque.

      
Photo by cottonbro on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 228. El silencio y las palabras. Héctor Cortés Mandujano

IIlustración: Héctor Ventura.

                    
                         
                    Polvo del camino/ 228

                  El silencio y las palabras
                   Héctor Cortés Mandujano

                                     Para mi amigo Luis, quien me contó estas anécdotas suyas

1

No hablé pronto, porque mi papa me consentía mucho; bastaba sólo con levantar mi dedito y mostrarle qué quería para que me lo diera. Entre señalamientos y pujidos llegué, no sé, tal vez a los cuatro años sin hablar. Mi padre se hartó.
A él le encantaban los chiles de lata y un día, en mi presencia, abrió una de ellas y puso el contenido en un plato hondo. No sé por qué se me antojaron y comencé a poner mi dedo de reyecito hacia los chiles. Papá me dijo: “No, esto pica, no es para niños”.
¿Qué? ¡Este tipo osa desobedecerme! Puse más énfasis en mi señalamiento y comencé a hacer pucheros. Mi papá insistió ya con más fuerza: “¡No!”.
Solté el llanto, sin olvidar de señalar el objeto de mi capricho. Mi padre, entonces, dijo: “Mira, si quieres, tómalo. Te va a picar y vas a llorar. Se te va a calmar el picante con esto –me señaló un vaso de agua–, pero sólo te voy a lo voy a dar si dices ‘Agua’, ¿entendido?”.
Tomé un chile, lo puse en mi platito y luego le di una mordida. Sentí que había mordido lumbre y comencé a llorar. Mi papa me dijo:
—¿Quieres agua?
Moví la cabeza en señal de afirmación, mientras seguía llorando.
—Pues no te voy a dar hasta que lo pidas con su nombre.
No sentía lo duro, sino lo tupido y quién sabe cómo mi cerebro y mi lengua se alinearon para que yo dijera, por fin, mi primera palabra:
—¡¡¡Agua!!!

2

Mi hermano mayor me llevó por primera vez al cine un domingo. Eran dos películas seguidas de matiné. Cuando volví, mi papá componía un carro. Le dije:
—Papi, ¿te puedo contar las películas que vi?
—Sí, cuéntame.
Mientras él trabajaba yo comencé a contar. Si la película duró hora y media, yo alargué mi crónica como tres horas a mi padre, que siguió trabajando bajo la implacable lluvia de mi imparable perorata.
Cuando concluí con la primera película (ya estábamos en otro lugar, él ya trabajaba en otra cosa), mi papá me quedó viendo y dijo:
—Creo que fue una mala idea haberte enseñado a hablar.

3

Mamá y papá tenían problemas frecuentes hasta que ella decidió pedirle que se fuera de la casa. Yo lloré y, cuando vi que él iba con su maleta hacia la puerta, me abracé a sus piernas y le pedí que no se fuera nunca, que buscara la forma de convencer a mi mamá.
Mi mamá, firme y sin ánimo de calmar las cosas, me ordenó que lo dejara ir. Lloré hasta la extenuación. Mi mamá, sin ningún prolegómeno, directa y brutal, me dijo algo que para mi niñez fue terrible:
—No sé por qué le lloras tanto a ése, si ni siquiera es tu papá.
Así me enteré de que aquel hombre al que amaba no era, no había sido mi papá biológico.
IIlustración: Héctor Ventura.
IIlustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 4. Cómo sostener una mano. Nadia Arce

                       Cómo sostener una mano
Por Nadia Arce

Las escaleras se suben de frente,
pues hacia atrás o de costado
resultan particularmente incómodas...

Julio Cortázar en
"Instrucciones para subir una escalera"


Lo primero que debemos pensar para lograr sostener una mano, es descubrir qué mano vamos a sostener. Si la mano que queremos sostener es la propia, basta con dirigirse a ella con la mano contraria y tomarla, ya sea de manera repentina o espontánea, no importa. La mano estará ahí siempre pegada a nuestro cuerpo esperando que la otra mano la arrope entre sus dedos.
El tema se complica cuando la mano que deseamos sostener es de otra persona. ¿De qué sujeto se trata? ¿Sigue en este mundo? ¿Está cerca o a kilómetros de distancia? ¿Es de alguien que quiere que le sostengamos la mano? ¿O de alguien que deseamos sostenga la nuestra, pero ponemos de pretexto lo contrario?
Definido el punto anterior podemos planear la escena. Si el sujeto nos suscita objetivos románticos será muy sencillo invitarle a salir y que ello comprenda pasar por situaciones seductoras para que, en el momento justo, podamos ofrecerle nuestro final del brazo cómo bastón, así de manera inocente “ayudáremos” al otro a brincar un charco, pasar un puente o subir una escalera. De cualquier manera, es lo más sencillo del mundo.
En cambio, si deseamos sujetar la mano de un ser influyente para que cese de tomar decisiones arbitrarias la cosa se complica. Vemos que a este personaje el que le tomen de la mano no le es algo común ni agradable, muy probablemente quiera seguir sin manos que tomar, entonces es necesario ser más drástico. La idea es colocarle una trampa, digamos: firmar un acuerdo. El acuerdo es para beneficiarlo de algún modo, investigue qué le interesa y finja ser un tipo pudiente e importante. Preséntese formal y serio ante el susodicho y muestre el acuerdo, una vez asentido sellen con un estrechar de palmas el trato. El cual puede o no cumplirse. Si usted es honorable buscará hacerlo, ya que ha logrado lo que quería, sostenerle la mano. Aunque dicho sea de paso lo pudo haber logrado con el siempre hecho de presentarse, generalmente en la cultura occidental se ofrecen las manos después de mencionar los nombres, así que cualquier opción que se tome es sencilla.
Haré un apartado para mencionar la importancia de cuando se deben sostener las manos obligatoriamente, como por ejemplo a los niños al cruzar la calle o al estar cerca de algún acantilado. Imperante es sostener las manos de los ancianos cuando sufren de dolencias o recuerdos agudos. También hay que sostenerlas en todos los casos de las mujeres cuando dan a luz, de los enfermos terminales y sobre todo de los que están a punto de morir, el dolor en ambos casos es latente y compartirlo ayuda, aunque sea con el roce de otra piel por unos momentos u horas. Hay otros casos significativos para sostener las manos, de seguro usted conoce y ha vivido muchos más, todos esto no hay que olvidarlo ya que aún existe algo de humanidad en este mundo.
El tercer menester para sostener una mano tendrá que ver con la más trascendente y es la de brindar ayuda. No es común en estos días ofrecerla, mucho menos regalarla. En esta situación únicamente basta con la intención y algo de honestidad. Dígalo abiertamente: quiero sostener tu mano, puedes sostener mi mano o aquí está mi mano para que la sostengas. El discurso hágalo usted mismo, estas son simples ideas. De hecho, sería mejor que, sin avisar nada, ni utilizar la retórica simplemente usted, tan valiente cómo es, se presente ante tal persona y en cualquier descuido de ella, acercamiento físico o el simple saludo, le tome la mano y se la sostenga el tiempo que le venga en gana. Hará muy bien a nuestra humanidad.

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*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 227. Paso a desnivel. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Paso a desnivel

Bety revisó su reloj, eran casi las 9 de la mañana. Ya era hora de desayunar. Apresuró la preparación de su licuado de avena con canela, arándanos y vainilla. Disfrutó su bebida. Recordó la importancia de desayunar sin distraerse en pendientes. Aún le quedó ganas de degustar unos arándanos más y lo hizo.
        Posteriormente, revisó su mochila para verificar que no le faltara nada para su viaje.
         —¡Todo listo! —se dijo.
         Había esperado sus días de vacaciones para ir a visitar a Benito, su primo paterno y a su familia. El destino era lejano y le implicaba transbordar. Sin embargo, el pasar unos días de visita con sus parientes y tomarse un respiro de lo cotidiano era la parte más grata.
          En el segundo punto donde haría el cambio de camión había quedado de verse con su prima Lulú, hermana de Benito, para que también se sumara al viaje, así ambas se acompañarían.
          Una vez en la estación de camiones Bety compró su boleto, demoró poco su espera, si acaso unos diez minutos. Se acomodó en el asiento número 9, ventanilla. El camión no iba ocupado al 100 por ciento así que no le tocó compartir asiento.
          Corrió la cortina y se dispuso a observar el paisaje, en su rutina cotidiana pocas veces se daba el espacio para hacerlo. A medida que el camión avanzó y salió a carretera se dio cuenta que la sequía estaba presente, los árboles hacían evidente tal situación, los percibió muy secos y tristes. Ansiaba que pronto llegaran las lluvias.
          Cerró un momento los ojos, no tardó en quedarse dormida unos minutos. Como si su despertador hubiera sonado abrió los ojos y se percató que estaban en un lugar oscuro, alcanzó a percibir los focos con luces en tono cálido. En su mente empezaron a asomarse algunas preguntas,
         —¿Dónde estamos? ¿En qué momento me quedé dormida?
         Poco a poco alcanzó a percibir que la luz del sol se asomaba a lo lejos, sintió una especie de tranquilidad en el corazón. Estaban dentro de un paso a desnivel subterráneo, recordó que de niña los túneles le gustaban porque le parecían misteriosos.
          Una vez que salieron y la luz del día de nuevo ocupó su lugar, respiró profundo. Su corazón se fue tranquilizando poco a poco. Se le figuró que un paso a desnivel subterráneo era como algunas etapas en la vida, sin querer de pronto aparecen situaciones, experiencias que hay que enfrentar y donde el panorama se percibe o se torna oscuro, al fondo hay una que otra luz que va guiando el camino. Esas luces se le asemejó que eran quienes en distintos momentos se suman a ayudar, a acompañar y apoyan para sobrellevar los instantes oscuros. Finalmente, regresa la luz, la esperanza y se retoma el rumbo con el ánimo de continuar el camino.
         Miró su reloj, aún le faltaban como 40 minutos para hacer su escala en otra central de camiones. Decidió dormitar un ratito más. Mientras cerraba los ojos recordó la imagen del paso a desnivel, sonrió para sí y se dejó arrullar con los latidos de su corazón.

 
    
   


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 227. Un viejo almud. Héctor Cortés Mandujano

"Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz".

                    
Polvo del camino/ 227

Un viejo almud
Héctor Cortés Mandujano

Mamá me dice sin subterfugios que debo ir a verla, a la casa de mi infancia.
[Decir cómo y dónde me lo dijo pondrá incredulidad en quien me escuche o me lea: lo callo.]
La veo detenidamente. Habló con el rostro viendo hacia abajo, con palabras dichas como para sí misma, sin ninguna intención: no es una orden, no hay atisbo de tristeza o de reclamo. Como si yo no fuera el destinatario ni estuviera allí, con ella, desgranando las mazorcas y poniendo el maíz en un viejo almud.
—Mamá, le digo, estoy contigo y estamos en la finca donde nací.
—Así no cuenta: esto es un sueño.
[Lo dije. Quien me oyó o me leyó hasta ahora cerrará los oídos, los ojos, no querrá seguir escuchándome, leyéndome.]

—Ir al Ciprés, de nuevo –le digo a mi mujer.
—¿A qué, para qué?
—Soñé con mi mamá, me lo pidió.
—¿Y? Si soñaras que Margot Robbie te pide que vayas a Hollywood, ¿irías?
—¿Es una pregunta seria o nomás retórica? Si Margot me pidiera que…
—Es un modo de decirte –me interrumpe mi mujer– que el sueño de tu mamá pertenece a ese mundo, al mundo de los sueños, no a éste. Igual que la Margot esa…

Dice mi mamá, de nuevo sin verme.
—¿Y qué pasó, cuándo vienes?
—¿Para qué?
—Quiero verte.
—¿Y si voy, vas a revivir para verme? Porque ahorita, aunque sea otra vez un sueño, nos estamos viendo.
—¿No quieres ir?
—No le veo el caso. Mi mujer…
—Tu mujer puede no venir. Ella se cuece aparte. Ven solo.
—Mamá, la finca está abandonada, derrumbándose, y tú estás muerta desde hace años. ¿Quieres decirme algo? Dímelo aquí. ¿O necesitas escenografía, una locación especial? No querrás que venga o vaya a caballo.
—Bueno, te entiendo, no quieres ir.
—¿Ir? Estamos en el Ciprés. Si te sueño, te sueño aquí.
—¿Entonces?
—Le voy a preguntar a mi hermana, a ver qué opina.
—¿No puedes tomar una decisión solo?
—Okey: No voy a ir. Tantán.

Abro los ojos. Mi mujer se despierta. Su rostro frente al mío. Me ve.
—¿Qué soñaste?
—Lo de siempre. Con la Margot esa…

"Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz".
«Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz».




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com