Revista

El tintero de Nadia. 7. Un deseo. Nadia Arce

Fotografía: Nada Arce.

                         Un deseo 
Por Nadia Arce

Alado. Lo vi ayer. En una jaula. Caminaba por el bosque y entonces el sonido de un gran aleteo me movió. Mire de frente al gran animal. Creo que es un águila. Tan hermosa, de plumaje celestial, con la mirada más profunda me dijo: sácame de aquí. Contesté con el alma: Quiero ayudarte y lo haré. Lloré un poco. Quiero anular el seguro de su prisión. Sacarla no es posible ahora, mi deseo es una promesa. Sus alas gritan libertad. Mi deseo es ese. Sus alas son para el vuelo, no para otra cosa. Muchos de mis sueños se parecen a ese águila. El psicólogo me lo dijo, mi mejor amigo también: te proyectaste en ella. Con ese paisaje frente a sus ojos y su existencia dentro de una jaula.

Fotografía: Nada Arce.
Fotografía: Nadia Arce.
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www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Polvo del camino. 237. Debajo, la belleza. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración; HCM.

                       Polvo del camino/ 237

Evocadas páginas de otro libro/XVI

Debajo, la belleza
Héctor Cortés Mandujano

La parte superior, de forma oval, remite a los podios regios, aunque mezcla lo duro –distintas tonalidades de madera, hojas de cuidada ebanistería– y lo mullido: estampado con un fondo amarillo donde se ven, en primer plano, rosas azules, tallos sutiles, revuelo de pétalos.
Lo que propiamente da nombre al mueble, muestra sólo la cara suave, amarilla y azul, de imposible jardín.
No se buscó la coincidencia entre los soportes traseros, cuadrados, y el torneado rollizo de enfrente: la belleza está en este caso en el contraste.
El puente entre lo de atrás y lo de adelante no parece tan fuerte y seguro no lo es, porque sólo sirve para apuntalar la rigidez del objeto.
No se le escudriña para esta descripción, sólo se la ve de frente.
Tanta belleza deja de existir, apenas la usamos.
Cathedra la llamaron en latín.
Una noche, mientras yo escribía, Ella me veía con ojos enamorados desde ese asiento.



[Cuenta Adolfo Bioy Casares en Borges (Ediciones Destino, 2006) que su hija (p. 916) “y un amiguito se describían minuciosa, prolijamente sus respectivos juguetes. […] tal vez alguien podría escribir un libro dedicado a la descripción de un objeto muy simple”. Escribo yo este breve texto sobre un mueble, una silla de mi casa, desde donde una noche mi gata me veía con amor. O eso pensé.]
Ilustración; HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 237. Llegar a nuestro destino. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Llegar a nuestro destino

Margarita hizo memoria de cuánto tiempo tenía de conocer a Dani, una niña de alrededor de ocho años de edad que había visto cerca de casa, en una construcción que estaban haciendo. Su mente hizo el recuento y calculó alrededor de un mes.
Cuando Margarita la vio por vez primera identificó en Dani sus ojos llenos de luz y la sonrisa en su rostro, estaba charlando con una señora. Margarita intuyó que quizá era su abuelita. La actitud de Dani le hizo evocar a Margarita en su niñez en las vacaciones de verano. A esa edad su única preocupación era el juego con sus amistades del barrio.
Doña Ceci, vecina de Margarita, quien tenía una tienda de abarrotes se había hecho amiga de Dani. Conforme fueron pasando los días, Margarita fue conociendo un poco más sobre ella. Era una niña migrante que junto con su familia había salido de su país, Venezuela, en busca de mejores oportunidades de vida. Había aprendido a leer pero al migrar no continuó estudiando.
Las veces que Margarita llegaba a la tienda encontraba a doña Ceci acompañada de Dani, incluso antes de las 9 de la mañana. Dani ayudaba a acomodar algunas cosas en la tienda, le avisaba a doña Ceci cuando alguien llegaba a comprar y era gran conversadora. Doña Ceci compartía a Dani el desayuno y algunas frutas para su familia.
Dani siempre saludaba a Margarita y a quien llegara a la tienda, era atenta y les preguntaba qué cosa buscaban para avisar a doña Ceci. Margarita observaba que, aunque Dani era muy pequeña, era una niña muy segura, respetuosa y alegre. Al escuchar las conversaciones con doña Ceci advertía que la plática de la niña era interesante, denotaba sinceridad y madurez, a pesar de su corta edad. Por la mente de Margarita pasó más de una vez la reflexión sobre los retos que tenía la niñez migrante, de las difíciles experiencias que vivían con sus familias y que la infancia de niñas y niños era una etapa que poco podrían vivir en ese tránsito de la migración. Aún con todo, Dani era un ejemplo de las experiencias de vida que dejan aprendizajes; su ánimo, su voz alegre y sonrisa estaban presentes en su rostro, a diferencia del de su abuelita, con ojos grandes pero semblante triste, callada, como ausente.
Pasado ese mes Dani se había ganado el aprecio de doña Ceci, Margarita y la gente del barrio. Una tarde doña Ceci le comentó a Margarita y a otras vecinas que Dani y su familia continuaban su camino y se irían del barrio. Enseguida se hicieron comentarios que era una triste noticia, se organizaron para hacerle un desayuno a la niña y a su familia. Dani estaba muy contenta, el desayuno fue una sorpresa que la emocionó. Su familia estaba agradecida. Margarita se acercó y le obsequió una bolsa de tela, tipo mochila, con algunos dulces.
—Te vamos a extrañar Dani, te hemos agarrado cariño en el barrio. ¿A dónde irán ahora?
—Muchas gracias por el regalo doña Margarita, yo también los voy a extrañar. Primero iremos a México, de ahí hasta llegar a nuestro destino.
Margarita abrazó a Dani, sintió varios nudos en la garganta y no pudo evitar las lágrimas. Dani la observó,
—No llore, siempre los voy a recordar. Ahorita vengo, voy con mi abuelita —expresó, mientras su rostro sonriente observaba a Margarita.
Margarita se talló los ojos, respiró profundo deseando que Dani y su familia tuvieran buen camino y llegarán con bien a su destino.
Photo by aboodi vesakaran on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 236. Saborines, saborines. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Saborines, saborines

La parada de colectivos de la ruta 142 estaba con una gran fila de espera. Margarita había salido de su trabajo puntualmente para ir a comer con algunas de sus amistades, justo se iría en la ruta 142.
—¡Oh no! ¿Pero por qué hay tanta gente hoy? ¡No puede ser, voy a llegar bien tarde a la cita! —comenzó a refunfuñar Margarita cuando iba cerca de la parada.
Aunada a su preocupación le sumó el calor de esa tarde. Mientras se acomodó en la fila de espera buscó en su celular la aplicación del clima, verificó que la temperatura indicaba 39 grados. Su rostro comenzó a sofocarse. Metió su mano izquierda al bolso y halló un pequeño abanico.
—Menos mal que traigo este abanico, sino desfallezco de tanto calor —pensó.
Mientras se abanicaba, Margarita intentó encontrar una explicación de por qué había más pasaje que de costumbre esa tarde. No se quedó con las ganas de conocer la razón y le preguntó a un pasajero que iba delante de ella.
—¿Señor, por casualidad sabe por qué hoy está más llena la parada de esta ruta?
—No sé, normalmente no tomo esta ruta.
Antes de que Margarita pudiera hacer algún gesto de desánimo una señora que estaba detrás de ella le respondió,
—Escuché a uno de los choferes que dijo que hay un par de colectivos descompuestos y eso ha ocasionado que se demoren los demás.
—Ah, muchas gracias por el dato señora —dijo Margarita con una sonrisa muy discreta.
—De nada, pero mire ya comenzó a avanzar la fila.
Margarita volteó a ver y en efecto, un colectivo había llegado y más de 9 personas se habían subido rápidamente. Intentó no contar cuántas personas faltaban antes que ella pero no se resistió, exactamente eran 6 personas. Es decir, que al siguiente colectivo podrían subirse y ella también. Continuó abanicándose y observando que la fila para el colectivo seguía llenándose.
Guardó por un momento el abanico, tomó su celular y escribió un mensaje al chat de sus amistades informando que podría demorarse unos minutos. En eso estaba cuando llegó el colectivo. Las seis personas que iban antes que ella subieron rápidamente y luego Margarita; alcanzó lugar cerca de una ventana pero el vidrio no se podía abrir. El transporte comenzó el recorrido, el calor era intenso. Margarita cerró sus ojos por un instante, luego sintió el golpe de su cabeza sobre la ventana. Había dormitado. Se despertó bruscamente, algo apenada. Ya no volvió a dormir. Decidió observar en la ventana.
En un alto del semáforo contempló a un señor de edad mayor empujando un carrito de paletas y helados, tenía un sombrero desgastado que apenas le cubría del sol, usaba una camisa arremangada y el rostro del señor se veía sofocado, tomaba aire y gritaba:
—¡Saborines, saborines!
—Mientras yo me ando quejando por el calor, por la espera, porque no quiero llegar tarde a mi cita para comer, este señor está bajo pleno sol y trabajando aún siendo muy mayor —se dijo para sí Margarita. Por su mente pasó la idea de que si el señor estuviera por la parada de la ruta 142 quizá vendería muchos de sus productos, sin embargo, la calle quedaba lejos de ahí. El semáforo cambió a verde y Margarita con el rostro triste alcanzó a ver la silueta del vendedor y a escuchar nuevamente,
—¡Saborines, saborines!
Photo by cottonbro studio on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 236. Canto de gesta para Camilo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

             
Polvo del camino/ 236

Canto de gesta para Camilo
Héctor Cortés Mandujano

La noche había tomado como suya la habitación de los reyes Tito I y Tita Única (sus nombres reales eran Héctor y Luisa, pero eso no importa). Dos hachones lanzaban lengüetazos amarillos a la oscuridad nocturna. Si viviéramos en tiempos modernos podría decirse que un transformador había estallado y había vuelto al reino a la Edad Media.
El principito Camilo se había quedado a dormir con sus abuelos, en la misma cama. El príncipe Jacobo, su hermano mayor, valiente y audaz, había acompañado a la princesa Nadia y Carolina –que así, con dos nombres la habían llamado–, quien, pese a lo oscuro del camino, había aceptado la invitación de ir al asado de un jabalí salvaje, cazado en las inmediaciones del Bosque Real.
Tita Única y el principito Camilo ya dormían, cuando el Rey escuchó un ruido amenazante cerca de los oídos del pequeño y del suyo:
—¡iiiiiiiíííííííIIIIIII!
Sabía de qué se trataba. Era el sonido característico de un zancudo, una bestia sedienta de sangre que, además, podía infectar de un sinnúmero de enfermedades.
El Rey, sabio y hábil como era, contuvo la respiración, preparó sus fuertes manos y en un segundo las usó –como una cárcel de imposible escape– en la anatomía del insecto asesino. Calló un instante la bestia que, como todos saben, es también un mago poderoso.
Se escuchó su voz, detrás de los dedos del Rey, que eran como barrotes de acero.
—Déjame salir, te prometo que me iré, junto con mis hermanos a otra parte, para no volver.
—No te creo –dijo Tito I.
—Mira, si me dejas ir, te regalaré un caballo…
—No me interesa –dijo el Rey–, tengo automóvil.
—Te daré un dragón, para que cuide con su fuego poderoso tus heredades…
—Tengo una estufa, con cuatro quemadores, y dos caninas que cuidan mi fundo: la gran Atenea y la pequeña Chiripa.
—Con mis hermanos, te haré una orquesta magnífica…
—Ya tengo Spotify.
—Pondré a tus pies una bellísima mujer…
—Tengo una consorte, que es una mujer hermosa.
[Tita Única sonrió en sus sueños.]
—Me cansaron tus ofertas –dijo Tito I– y como si fueran dos placas metálicas cerró sus palmas y el zancudo quedó aplastado, muerto.
Aunque no lo pareciera, la conversación había sido escuchada por una docena de zancudos que, desde la oscuridad, también calculaban el instante para lanzarse a las venas de los tres yacentes y tomar su sangre azul.
Al ver lo que había pasado con su hermano, como un conjunto de negras y pequeñas golondrinas que presagiaran tormenta, se escaparon por el dintel de la puerta del dormitorio Real, volaron con rapidez por las demás estancias hasta llegar a la puerta principal donde salieron al bosque de las inmediaciones, lleno de árboles cada vez más verdes y grandes por las lluvias constantes que habían caído en días pasados.
El Rey, entonces, cerró los ojos y lo mismo que la Reina y el Principito se entregó en los brazos de un sueño delicioso…

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 235. Ser de buena madera. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Nadia Arce Mejía.

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Ser de buena madera

El mediodía del jueves el calor estaba más que sofocante, Asunción ya no sabía bien qué le causaba más irritación si el clima agobiante o la situación que estaba pasando. Salió de la oficina en la que compartía espacios con sus compañeras del trabajo y se dirigió al baño.
Mientras caminaba al sanitario iba pidiendo por dentro no encontrarse a nadie en el pasillo, por fortuna sus ruegos fueron escuchados. Al llegar al sanitario entró, cerró bien la puerta, se plantó frente al espejo, se miró y corroboró que tenía los ojos a punto de desbordarse en llanto. Al principio sintió que tenía mucho enojo, luego se fue calmando un poco y su sentir cambió a tristeza. Se sentía defraudada porque una persona a quien recomendó en la empresa donde laboraba había hecho malos comentarios hacia ella.
—¿Pero, Asunción, en qué momento confiaste en esa persona para que le dieran trabajo? Mira lo que ha dicho de ti, ahí sigues ayudando a la gente —su voz sonaba entre alterada y triste.
Se quedó un ratito más hasta que sintió que estaba más tranquila. Se lavó las manos, sentir el agua le hizo volver al presente. Observó que sus ojos estaban aún irritados por el llanto. Se enjuagó el rostro.
—Adiós maquillaje, bueno, no importa —dijo, intentando sonreír para sí.
Como a manera de cascada vinieron a su mente una diversidad de situaciones y retos que había tenido, personales y familiares y cómo había salido adelante, siempre con apoyo de sus familiares y amistades.
—¡Vamos de nuevo Asunción! Caer para levantarse y volver con nuevos bríos.
Su responsabilidad y compromiso respaldaban su trabajo, así que confiaba en eso. Recordó en especial el comentario que le hizo su primo Fernando en alguna ocasión donde tuvo una situación familiar que la desanimó:
—Todo saldrá bien Asunción, verás que pronto hallarás la solución. No desesperes, recuerda que eres de buena madera.
Sintió que su corazón se reconfortó. ¿Qué significado tenía ser de buena madera? Recordó a las mujeres y hombres de su linaje, personas buenas, amorosas, solidarias, luchadoras. Vaya que Fernando tenía razón.
Buscó en la bolsa derecha de su pantalón de mezclilla, halló su labial. Se pintó los labios y dibujó una sonrisa. Se acomodó el cabello. Salió del baño rumbo a su oficina. Su respiración estaba más tranquila, su paso era firme. Respiró profundo. Dejó que su corazón fluyera sin permitir que ningún mal sentimiento fuera para la persona que la ofendió.
En su mente resonaba la frase, "ser de buena madera". Antes de entrar a la oficina musitó para sí:
—Exactamente, soy de buena madera.
Asunción entró a la oficina. Las miradas de sus compañeras se fijaron en ella y les devolvió el mensaje con una sonrisa, de las que nacen del corazón.
Fotografía: Nadia Arce Mejía.
Fotografía: Nadia Arce Mejía.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 235. Los pobres, fuente de riqueza. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

             
Polvo del camino/ 235

Los pobres, fuente de riqueza
Héctor Cortés Mandujano

Ya somos todo aquello
contra lo que luchamos a los veinte años

José Emilio Pacheco,
en “Antiguos compañeros se reúnen”



En Yo no me llamo Rubén Blades (2018), documental escrito y dirigido por Abner Benaim, su protagonista, el cantante Rubén Blades, habla de sus inicios y cuenta que escribió una canción de una persona muy pobre y que él, que también lo era, de pronto empezó a ganar dinero con la canción y que ésta la conectó con otras oportunidades y siguió ganando dinero hablando de la gente que no lo tenía. Esto le supuso un problema de conciencia del que, quién sabe cómo, pudo salir. Hablar de los pobres, puede volvernos ricos.
Silvio Rodríguez en “Canción con harapos” (del disco Causas y azares, 1986) dice: “Qué fácil es engañar al que no sabe leer./ Cuántos colores, cuántas facetas
tiene el pequeño burgués. […] Desde una mesa repleta, cualquiera decide aplaudir/ la caravana en harapos de todos los pobres./ Desde un mantel importado y un vino añejado,
se lucha muy bien. […] Qué fácil es protestar por la bomba que cayó/ a mil kilómetros del ropero y del refrigerador”. En una entrevista, Silvio dijo que la canción la escribió incluso como una autocrítica: él protesta por muchas cosas desde su posición de privilegio…
En su libro autobiográfico Si me permiten actuar (1986), Enrique Cisneros (1948-2019), el Llanero solitito, actor disidente, critica a Gabino Palomares porque su canción “La maldición de Malinche” fue, dice, la bendición de Gabino. La crítica a los poderosos, parece decir, a veces nos hace poderosos.
Cecilia Boal contó en una entrevista de televisión que Augusto Boal, célebre hombre de teatro brasileño, presentó, con una compañía, una obra de teatro ante campesinos que al final los impelía a defender la tierra con su vida. Un campesino se acercó a ellos y les pidió que se les unieran a un enfrentamiento que tendrían al otro día con un terrateniente y su ejército. Boal les dijo que ellos eran actores. El campesino les dijo, entonces, “ah, la sangre de la que hablaban no es la suya, es la nuestra”. El arte y la realidad siempre tan alejados.

En la película Tiempo de huracanes (2023, dirigida por Elisa Miller), basada en la novela de Fernanda Melchor, se retrata terriblemente la maldad, el asesinato, la falta de principios de los protagonistas, todos desposeídos de fortuna económica, pobres, paupérrimos. Pero la peli costó millones y la novelista debe haber ganado bastante por lo que escribió (su libro está traducido a más de 30 idiomas) y por los derechos vendidos para el cine.
No sé si eso sea bueno o malo. Así es.
Leo Falsa liebre (Mondadori, 2022) donde asientan que esta joven narradora, Fernanda Melchor, nacida en Veracruz, ha ganado muchos premios nacionales e internacionales. Falsa liebre es también la historia (bien escrita, bien tramada) de mucha gente pobrísima que se droga, se prostituye, roba, mata sin cesar.
No sé si Fernanda viene de ese estrato social o lo conoce bien o sólo tiene mucha imaginación y decidió que su literatura giraría en torno de Los olvidados, como llamó Buñuel a su película que es un retrato de fuera (Buñuel hizo arte con lo que tuvo a mano) de la gente a la que, según estas historias, no sólo viven en la miseria económica, sino también (dicen películas, novelas, canciones) en la pobreza moral y espiritual. Y esa gente pobre, pese a todo, produce riquezas. De ellos viven, por ejemplo, todos los políticos…




Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 234. Agua de coco, agua de coco. María Gabriela López Suárez

Foto: Anugrah Lohiya

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Agua de coco, agua de coco

Verónica salió de casa rumbo al mercado, prefería ir temprano para que no le diera el golpe de calor.
     Doña Chofi, su vecina, la había invitado a su cumpleaños en la tarde noche y Verónica quería
prepararle un atole de guayaba y un panque de vainilla con pasas. Además, aprovecharía para
comprar algunas legumbres para su despensa.
     Cuando tenía espacio de tiempo, como ahora, Verónica prefería ir al mercado caminando, entrar a
esa zona en coche requería de mucha paciencia no solo para encontrar dónde estacionarse sino
también para lidiar con el tráfico que siempre había.
     Revisó su reloj, eran apenas las 8:30 de la mañana y la zona no estaba tan despejada como imaginó.
     Observó que había nuevos puestos de comercio ambulante, pasó entre algunos de ellos. Los
productos eran diversos, ropa, zapatos, bolsas, plantas, dulces regionales, panes, bueno hasta
algunos instrumentos musicales como flautas. Verónica sabía que de no tener pendientes se
quedaría ahí revisando si había algo que le gustara para comprarlo. En esta ocasión pasó de largo.
     Al entrar al mercado las escaleras estaban vacías, ninguna vendimia se asomaba. Un mundo de
aromas le dio la bienvenida primero el olor a pan, luego arroz con leche, tamales, frutas, pinole
hasta llegar al aroma a rosas, que prevalecía sobre las demás flores. Buscó sus productos, encontró
unas guayabas hermosas con un aroma muy agradable. Fue al puesto de las especias, compró
canela, un ingrediente clave para el atole, fécula de maíz, así como los ingredientes para el panque,
azúcar mascabado, harina de trigo, vainilla, pasas, mantequilla. Repasó si algo más le faltaba, no, los
demás ingredientes los tenía en casa. Hizo una especie de escaneo entre las legumbres, compró
lentejas y garbanzos. Por fortuna eran pocas cosas y el peso era aceptable, acomodó los productos
en sus bolsas de tela. Regresaría a casa caminando.
Salió del mercado y se percató que las escaleras ya tenían productos en venta, unas bellas flores se
asomaban en bolsitas de plástico negras. Eran como una especie de decoración que alegraba la vista.
     Se puso sus gafas para el sol. El calor se sentía muy fuerte en la calle, le dieron ganas de salir
corriendo. Sin embargo, se la llevó tranquila, caminando entre la muchedumbre. Algunas personas
se detenían para buscar algo en el comercio informal, unas más respondían mensajes en el celular o
simplemente esperaban a alguien sin tener en cuenta que había más personas que deseaban pasar.
A lo lejos Verónica escuchó una voz que gritaba,
     —¡Agua de coco, agua de coco! ¡Lleve su agua de coco!
     Estaba cerca de los puestos de aguas frescas. Como una especie de respiro entre el gentío hizo una
pausa, se detuvo a comprar agua de coco. Se quedó unos minutos en el negocio, mientras la
degustaba, saboreando los trocitos de la pulpa de coco. Terminó el agua, dejó su bolsita en el bote
de basura del negocio y emprendió su camino.
Verónica sintió que se había recuperado del calor. Ahora le esperaba la emoción de preparar la
bebida y panque para obsequiar a doña Chofi. Mientras retomaba su paso aún alcanzó a escuchar,
     —¡Agua de coco, agua de coco!
     Verónica pensó en voz alta: ¡Agua de coco! Un oasis para este calor, mientras sonreía para sí,
disfrutando aún lo refrescante de la bebida.
Foto: Anugrah Lohiya
Foto: Anugrah Lohiya

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 234. La larga línea verde en el mar. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

             
Polvo del camino/ 234

La larga línea verde en el mar
Héctor Cortés Mandujano

Leo de nuevo El reto (Plaza & Janés, 1969), de Anton Chéjov, y allí me encuentro con esto (p. 100): “Recorrieron el muelle, desde donde contemplaron durante un buen rato el mar fosforescente. Von Koren empezó a explicar cómo se producía este fenómeno”.
Mi mente vuela. Hace tiempo fuimos mi mujer, dos amigos (Juan Ángel Esteban, Tania Corzo) y yo a las Barras Zacapulco, que es parte del municipio de Acapetahua, Chiapas. Para llegar a ella hay que tomar una lancha y hacer un breve recorrido por las tranquilas aguas del estero. El espejo líquido, los manglares arracimados y el cielo, te amueblan la vista, la visten, la pintan, la asombran…
Pasamos unos días en la playa, que incluyó ver muchos zopilotes, tan familiarizados con nosotros y con cualquiera, que parecían gallinas, guajolotes mansos; hubo también el inicio de un librito, ya publicado (Sangre helada), que hicimos Juan y yo: yo escribí un par de cuentos a mano y Juan hizo las ilustraciones; hubo un conato de ahogamiento: Juan, Tania y yo estábamos en el mar, de pie ante las olas bravas (mi mujer, tranquila, en la hamaca); el mar pareció enojado, sin razón, y Tania decidió salir. Juan y yo quedamos en aquella caldera revuelta y de pronto no sentimos la tierra bajo nuestros pies. Salir de allí nos llevó mucho tiempo y casi todas nuestras fuerzas…
A lo que iba.
En una de las noches que pasamos allá, estábamos tomando vino. Mi mujer, dormilona y prudente como es, se fue a dormir temprano, y Juan, Tania y yo nos volvimos los únicos habitantes de la playa. En cierto momento de la noche decidí, en lugar de ir al baño, descargar mis aguas bajas lejos de mis amigos (la noche estaba estrellada y tiritaban azules los astros a los lejos) y desde allí vi que las olas tenían un color verde fosforescente.
Pensé que estaba borracho.
Ya desaguado, vi como la enorme línea de espumas (como si allí los potros del agua dieran un reparo) era, en efecto, verde, verde fosforescente. Llamé a mis amigos y me acompañaron. Los tres nos quedamos como bobos viendo aquello.
Tratamos de encontrar alguna explicación. Y nada.
Una noche después, ya con mi mujer, los cuatro permanecimos alelados viendo el espectáculo magnífico hecho, aparentemente, sólo para nosotros. El libro de Chéjov me lo recordó.
Abro Google y tomo la primera nota: “La explicación de este fenómeno está en unas diminutas algas que brillan cuando son perturbadas por las olas o las corrientes, según científicos locales. Estos brillos fluorescentes no representan ningún peligro para el ser humano, aunque sí modifican el entorno marino en el que aparecen”.
A mí me modificó. A veces, ahora, sueño el mar y me veo parado en la playa y siento la noche inmensa (nótese de nuevo el plagio descarado a Neruda) y veo cómo la espuma verde me ilumina (una línea de focos dirigidos hacia mí, que me bañan) y la imagen me hace feliz, como un niño frente al misterio del sabor de un helado de chicle o el permiso de su mamá para jugar en los charcos, bajo la lluvia…



Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 6. Envidia mortal. Nadia Arce

                         Envidia Mortal
Nadia Arce

Hay ausencias que representan un verdadero triunfo.
Julio Cortázar

Nunca mostraba expresión envidiosa alguna, ni un ápice. Su cuerpo no manifestaba nada, ni siquiera un pequeño gusto por lo ajeno. Cada que la veía, ella trataba de inculcarle la añoranza de lo otro, de lo que no tiene, de lo que no puede, de lo que no es. Y nada.
Cada mañana Esperanza sale de su casa, vestida elegantemente, tranquila. Su vehículo ni siquiera es del año. Ni gorda, ni flaca, camina tranquilamente, saca las llaves de su hermoso bolso artesanal. Alejandra la mira desde la cocina y como cada mañana dice: “¡Cómo quisiera uno de esos!”. Esperanza abre la puerta, se sube al auto pero no lo arranca inmediatamente, se toma el tiempo de acomodar el espejo (aunque no siempre es necesario), de colocar sus pertenencias (su bellísimo bolso), su té o agua. “¡Cuida tanto de su salud la desgraciada! Su termo del té es tan lindo...” Entonces Esperanza enciende la marcha y se aleja.
Si ya sé, tiene los días ocupados, todos los días trabaja en algún proyecto, tampoco tiene un empleo estable y no se le ve estresada. Su estabilidad, dice (una vez la oí presumir en una fiesta perfectamente organizada por su marido), dice que es eso mismo, no tener nada seguro, nada completamente estable, se trata de vivir confiado en lo que debe de ser: será. Y cuando dijo eso, su esposo, sí el que amorosamente le organizó la fiesta agregó: “No sé cómo lo hace, pero siempre sus proyectos prosperan”. Ay sí, como si fuera eso real, no puede todo prosperar, nada más porque lo dice él, le ha de haber dado toloache, muy fiel, muy fiel el testarudo. Tan tonto que ni siquiera ha gozado de mirar mi escote alguna vez o de tontear cuando nos topamos corriendo en el parque. ¡También él es tan saludable!. No es que los envidie, simplemente son raros... Se dice Alejandra a sí misma.
Y así cada día, Alejandra envidia a Esperanza. Alejandra es más bien bajita, rellena pero no formada, tiene atributos pero no talentos. Se luce como puede, cuanto puede y se mide a lado de su vecina, mide sus “triunfos” mide la felicidad que tiene con su marido, mide esa capacidad ausente en ella de vivir tranquila, sin estar a expensas de demostrar a otros o de ciertamente, presumir algo.
—Buenas noches Esperanza.
—Qué tal, Ale, ¿qué dices?
—No nada, nada tan bueno como tú podrás contarme. ¿Qué tal el proyecto del día?
—Nada, nada nuevo, todo va en marcha. Gracias por preguntar… debo irme, Ignacio me espera para cenar, es nuestro aniversario.
—Sí, sí, que te vaya bien (ojalá te caigas en la entrada o te haga daño la cena). ¡Feliz aniversario! Bye, bye.
—Hasta pronto vecina, ¡buenas noches!
—No le saqué nada. Ni una pista de que trae entre manos ahora. De seguro quiere seguir tranquila por el resto de sus días, no comparte y yo que quiero saberlo todo. ¿Qué van a cenar?, ¿cuántos años festejan juntos?, ¿por qué nunca oímos que se pelean? Dime, dime, ¿por qué no tienen los problemas que nosotros tenemos?
Su esposo la escucha, no le contesta nada. Un marido que en secreto quisiera tener una “Esperanza”.

Pasaron varios años. Alejandra por fin encontró un motivo para dejar de odiar a su vecina…
—No me digas, ¿cómo que está enferma? Ay pero ¿de qué? Ella tan pacifica, ¿por qué se habrá de enfermar alguien así?
—No lo sé, Ale. Pero platicamos más tarde, debo de ir por los resultados al médico.
—Ay sí, cualquier cosa aquí estoy eh.
—Gracias, muy amable vecina. ¡Hasta pronto!
—Y Me saludas mucho a Esperancita por favor.
—Sí, claro, bye.
Si yo ya sabía, que tanto equilibrio no es posible. Si es cáncer pues ya le quedarán pocos días tranquilos. ¿Y si es una enfermedad venérea? A la mejor sus “proyectitos” ¡son amantes!, Ay pobre vecino. Pero no les voy a desear el mal, pobres, ahora sí se les acabó la felicidad.
En el hospital el diagnóstico fue sencillo, un problema con la glucosa, tan solo con alimentación Esperanza podría cuidarse y mejorar. Mientras eso sucedía, Alejandra le narraba (otra vez) a su esposo el capítulo del día y su encuentro con Ignacio.
—Mujer ¿cuándo vas a dejar a los demás con sus temas y te dedicarás a los tuyos?, ojalá mejore Esperanza, no creo que sea nada grave. Siempre se le ve muy bien.
—Pues será lo que tenga que ser, como dice ella… ¿a poco te preocupa?, si es una persona tan insignificante, creo que es escritora o algo peor ¿poeta?
—Déjala en paz. Ya quisieras tú sus reconocimientos.
—Mira, nada más porque está enferma no voy a decir nada, pero qué grosero eres conmigo, ni pareces mi esposo diciéndome eso, deberías de apoyarme en todo, para eso nos casamos.
—No te voy a apoyar nunca con tu criticadera y tus juicios constantes. Te hacen mal. Pura pérdida de tiempo pero no entiendes. Haces más corajes y empleas más energía en eso que en algo productivo. Ya mejor me voy a dormir.
—Haz lo que quieras, siempre lo haces, termino de ver mi serie y me voy a la cama. Que al cabo ni me extrañas ahí…
—Sale…
—Ey… ajá.
Las palpitaciones cada vez eran mayores. Alejandra otra vez se desveló viendo novelas aunque les diga series. Se fue a dormir a lado de su paciente marido. Amaneció como cada día, pero no el corazón amordazado de Alejandra, durante la noche dejó de latir, su esposo cree que de cansancio, de coraje, de tristeza. Siempre amargada y esperando más de la vida, siempre disgustada por aquellos que no sentían envidia, como Esperanza que en esos momentos de la mañana tomaba sus pertenencias para ocupar su bolso precioso, ese que hace juego perfectamente con su outfit.
Al salir de casa, la ambulancia al pie de la puerta de Alejandra. El esposo sereno, con una expresión menguada de desconcierto y tristeza. Esperanza se acercó a él…
—¿Todo bien vecino?
—No. Resulta que de la noche a la mañana me he vuelto viudo.
—Pero, ¿cómo?
—Dicen los paramédicos que fue un ataque fulminante al corazón, murió dormida…
—Lo siento vecino, en verdad…
Los dos se quedaron en silencio, Esperanza no se atrevió a mirar directamente al interior de la ambulancia. Después de un rato, ella rompió la ausencia de palabras.
—Oye, en serio: ¿puedo apoyarte en algo? En verdad dime, no nos tratamos mucho pero siempre han sido amables con nosotros…
—No sé. Tengo la cabeza revuelta.
Esperanza cruzo los brazos, bajo la vista para darle tiempo de ordenar ideas.
—¿Sabes qué? Sí… sus parientes están lejos. Y para el funeral… no sé qué ponerle… ¿me ayudarías con la ropa?, no tengo cabeza para esas cosas, debo firmar varios papeles y…
—Claro, claro… no te preocupes.
Esperanza entró a aquella casa, guiada por el esposo afligido. Él le indicó el cuarto de la difunta, el armario, la ropa. Esperanza dejó su preciosa bolsa en la cama, eligió cuidadosamente el atuendo que pulcramente combinaría, se tomó el tiempo necesario. Sintió paz, algo de serenidad y después de meditar el fin de la vida, bendijo a su vecina por nunca meterse en sus asuntos. La imagino en otro plano, fuera de este, conociendo sensaciones distintas, entendiendo lo que nadie puede hacer o pensar o sentir estando vivo. Siempre se veía tan animada. Tendió amablemente la cama, coloco ahí la ropa. Entonces quiso escribir algo, la inspiración la arrebató inesperada, tomó su bolso, lo esculcó hasta darse cuenta de que no traía consigo ni pluma, ni papel. Se sentó frustrada en la cama observando la ropa que había elegido, ella se vería tan bien en su última presentación en público y ni siquiera tuvo que pensar en qué habría de ponerse. No sufrió ni padeció. De repente llegó una envidia tan intensa por Alejandra, por esa paz que de seguro estaría sintiendo. El corazón apretujado, fue tan rara esa sensación que nunca había vivido. Se le cayó el bolso al piso… uno de sus adorno se rompió, rodo por debajo de la cama. ¿Qué es eso de llegar al fin del camino?
Ella va paso a paso, Esperanza no sabe cuándo terminará el suyo, su andar es firme pero no ha concluido nada todavía, nada a comparación de llegar a ese último punto y finalizar la vida y morir así, plácidamente a lado de su querido esposo, dormida, tranquila.
¿Podría ser la muerte tan gentil conmigo?, quisiera morir así, se dijo.
En ese momento, en el rostro de Alejandra por fin se vio un halo de paz.
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*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).