Revista

Voces ensortijadas 244. Se envuelven regalos. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Se envuelven regalos

Yunuen salió por el mandado que le pidió su mamá, el clima ese sábado estaba muy caluroso. Al entrar al mercado sintió un poco menos de calor; en algunos puestos tenían encendidos ventiladores. Pasó al puesto de las especias, revisó la lista de ingredientes que le anotó doña Pilar. Fue pidiendo la mercancía y por suerte, halló todo lo que necesitaba.
—Mi mamá se pondrá bien contenta, pocas veces encuentro todo lo de la lista —dijo para sí, mientras disfrutaba el olor que despedía la bolsa con rollitos de canela. El olor de la canela era de sus favoritos y qué decir del sabor.
Guardó los productos en las bolsas de tela que había llevado. Llegó al puesto donde vendían pescados y camarones, compró algunos filetes de pescado y aprovechó que también tenían bolsitas con verduras picadas y ramos de epazote.
Mientras seguía el recorrido en el mercado, se detuvo un momento, repasó la lista de cosas pendientes por comprar. Continuó caminando y se topó con un puesto de coronas de flores, de las que suelen usarse para coronar y felicitar a quienes cumplen años.
—¡Uy pero qué despistada soy! Mañana es el cumpleaños de la tía Lucita y se me olvidó por completo. ¿Y ahora qué le voy a regalar? —se dijo en voz alta mientras se llevaba la mano a la frente. Sintió algunas miradas de personas que la observaban. Yunuen siguió su camino, ahora con ese nuevo pendiente.
Su mente seguía pensando en el regalo para la tía Lucita, era una de sus tías consentidas, no solo de ella, sino de toda la familia. Como si tuviera una especie de rayo de luz, Yunuen recordó que tenía una manta para bordar, eso sería el regalo para la tía. Aprovechando que estaba cerca de ahí un puesto de hilos, se acercó y compró un par de ellos para combinar con los que ya tenía en casa.
Antes de retomar el camino a casa verificó la lista del mandado, llevaba todo y hasta algunas cosas de más, como los hilos. Hizo nuevamente una pausa, descansó un ratito del peso de las bolsas y se quedó observando a las personas que pasaban a su lado y al frente de ella. Nuevamente sintió lo cálido del clima. Se le antojó un agua de jamaica, pero no vio ningún puesto de aguas frescas. Gente iba y venía, adultas, jóvenes, niñas, niños. Cada quien en su mundo.
—¡Cristos, Cristos! —se escuchó del lado derecho, era un comerciante ambulante que iba con su diablito lleno de imágenes religiosas, de bulto.
El señor se veía cansado, sediento como Yunuen, solo que a diferencia de ella, la carga que él llevaba era más pesada y no podía darse el lujo de detenerse a observar como ella. El vendedor siguió su paso. La mirada de Yunuen se detuvo en un letrero, Se envuelven regalos, colgando frente a una caja envuelta con papel de fiesta.
—¡Oh! También necesito una envoltura para el regalo de la tía —se dijo para sí.
Hizo memoria si tenía algún ahorro para comprar una envoltura. Antes de iniciar con una nueva preocupación decidió que haría algo creativo con los materiales de reuso que encontrara en su casa. Respiró profundo. Era hora de volver a casa, se dirigió a la parada del colectivo. Subió, se acomodó en el asiento junto con sus bolsas. El transporte pasó justo frente a la tienda donde estaba el letrero de las envolturas. Yunuen sonrió. Recordó que de niña le gustaba crear envolturas distintas para los regalos. Su mente ya estaba ideando la envoltura ideal para el obsequio de la tía Lucita.
Photo by Huy Nguyu1ec5n on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 244. El arte de lo cotidiano. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM, color: Juan Ángel.

                 	 
Polvo del camino/ 244

El arte de lo cotidiano
Héctor Cortés Mandujano


…Empecinados, buscan lo sublime en lo cotidiano

Joan Manuel Serrat,
en su canción “Mil años”

Es impresionante la cantidad de premios que se llevó la película Aftersun (2022), escrita y dirigida por Charlotte Wells, con Paul Mescal, Frankie Corio y Celia Rowlson-Hall. Llama también la atención porque es la ópera prima de esta joven cineasta (Edimburgo, Reino Unido, 1987) y la historia no tiene suspenso ni efectos especiales ni golpes ni asesinatos. ¿De qué trata? De las memorias fragmentarias que una mujer (su pareja es otra mujer, pero eso en la cinta es solamente anecdótico) tiene de un viaje que hizo con su padre cuando era niña. ¿Qué pasó en el viaje? Nada en especial. Fueron solos, ella jugó maquinitas con un niño, que también estaba de vacaciones, y se dieron un beso. Tuvo la niña un enojo pasajero con su padre y éste, una noche, se emborrachó hasta caer (la niña no estaba en ese momento con él). Y ya. ¿Y ya? La riqueza que supongo vieron los especialistas que la han premiado tanto está no en lo explícito de la trama, sino en lo oculto. La película, en ese sentido, no muestra: sugiere. No explica, propone un discurso, aparentemente simple, que el espectador tiene que desentrañar…

En Tótem (2024), que ganó varios premios Ariel este año, de la guionista y directora Lila Avilés (Ciudad de México, 1982), con Naíma Sentíes, Montserrat Marañón y Marisol Gasé, ocurre más o menos lo mismo, es decir, nada muy relevante, pero aquí la familia es tan rococó como cualquier familia mexicana: El padre-abuelo usa un aparato para hablar y suena robótico; uno de sus hijos tiene una enfermedad terminal y celebran su cumpleaños (llegan varios amigos y su exmujer); dos hermanas del chavo no se llevan tan bien como quisieran, y las niñas –la hija del cumpleañero y de una de las hermanas– son atendidas-desatendidas por tod@s. Pero saber quién es quién en la película no parece, en ningún sentido, una tarea de la cineasta, sino del espectador.
Como en la anterior, esta cinta no tiene epifanías ni clímax. Es evidente que late en esta familia un corazón lleno de espinas sin que la finalidad de la película sea mostrar cómo se reconcilian, cierran sus heridas o buscan la manera de llevarse mejor. El fin puede ocurrir en cualquier momento, porque lo que vemos es un fragmento, un retazo de vida que no empieza ni termina, como suele ser la vida en realidad…

Con Antón Chéjov (1860-1904) nació un género teatral que no buscaba reírse de la gente (la comedia) ni mostrar sus desgracias (la tragedia); sólo era un asomo a una parte de su existencia, no necesariamente la más llena de hechos o peripecias. Se le llamó, se le llama “Pieza”. Y me parece que estas dos jóvenes autoras y directoras han hecho florecer, de nuevo, el jardín de los cerezos de Chéjov, nuestro –como lo llamaba Pitol– contemporáneo.
Ilustración: HCM, color: Juan Ángel.
Ilustración: HCM, color: Juan Ángel.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Disquisicionario. 2. ¿Por qué rayos el sol? Esteban Martínez Sifuentes.

                       
¿Por qué rayos el sol?
Esteban Martínez Sifuentes

…el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser
hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos...

(“Piedra de sol”, Octavio Paz.)

Según el cristal con que se mire, es un joven en plenitud o un venerable anciano de 4 mil 500 millones de años con pila para otros tantos. El sol no es nada pequeño, pero sí enigmático, agresivo y ciudadano común en Zacatecas, Andorra o Mauritania, el olvidado asombro de estar vivos. ¿Por qué rayos sigue ahí, y tan campante? La canica de la Tierra cabe más de un millón de veces en esa desaforada pelotota de hidrógeno y helio en permanente ebullición, reactor de fusión nuclear que no contamina ni cobra factura a fin de mes.
De niños descubrimos que sí puede taparse con un dedo, y así empezamos a medir fuerzas con el entorno, el asombro racionalizado. Lo podemos tapar para un ojo solamente y a condición de que el dedo esté a la distancia adecuada, si lo movemos tantito se nos cae el supuesto. Mientras, la irradiación continúa azotando el resto de la cara y el cuerpo, el horizonte.
El sol es calor y luz, energía, agua secuestrada al mar que fertiliza la simiente. Es el clima, la vida de nuestro planeta. Con su cúmulo de connotaciones míticas y románticas, el lucero vespertino, Marte y no se diga la conspicua Luna parrandean con fulgor prestado. El sol rige el movimiento del sistema planetario. Al sol nada le hace sombra, salvo la noche, un eclipse y las nubes, los techos, una sombrilla, todo lo cual sucede más cerca de nosotros que de él. Es gigantesco, pero como está muy, muy remoto…, la bagatela de 150 millones de kilómetros en promedio, de acuerdo al perihelio o al afelio de nuestro esférico hogar; esto es, sin escalas ni para detenerse a comprar unas papas fritas u orinar, a 131 años en auto a una velocidad de 130 km por hora. Lo precedente es parte de lo que van aprendiendo los chicos reflexivos y curiosos, los demás solo juegan bajo el sol. Y entre más reluzca más alborozados se sienten, sobre todo si están en la playa o a la vera de una alberca.
En realidad todos nos interrogamos en algún momento y desde temprano qué es esa bola incandescente que, como fiel dependiente de los humanos, se oculta al atardecer para volver sin falta en horas a restaurar el día, obedeciendo, creemos, a nuestras costumbres. Todo apunta a que a esa bola tirana y engreída no le importamos en lo más mínimo. Está ahí por la gravitación, la curvatura del espacio-tiempo y otras reglas universales de la física, y más allá o acá de eso, por afortunado azar o alguna voluntad desconocida, llamémosle Dios si lo desean. Ninguna objeción.
Como sea, perplejos, inconformes recalcitrantes, nos seguimos preguntando por qué existe el universo, las galaxias, el Güero y, pregunta de preguntas, por qué el tercer planeta con su característica membrana azul-blancuzca y su inmensa heterogeneidad de seres que corren, nadan, vuelan, saltan, se arrastran.
Pero la inquietud más acuciante e insondable de todas es ¿por qué yo, nosotros, pensantes y apasionados? La ciencia ofrece algunas respuestas; la religión otras. Ambas caminan por vías paralelas y escrutándose de reojo como dos amigos que han reñido. Quizá, solo una hipótesis, algún día se unifiquen. De lo primero que aprendemos de los mayores es a no retarlo con la mirada porque nos dejará ciegos, aunque, como nos inculcan también desde parvulitos y no tarda en demostrárnoslo la praxis, no hay peor ciego que quien no quiere ver.
El sol es una de las 54 figuras de la lotería mexicana, integradas en una época y lugar determinados con cosas comunes del paisaje celeste, terrestre, callejero, casero, corporal e imaginativo: la luna, la estrella, el mundo, el pájaro, el músico, el cazo, la mano, el corazón, la sirena, el diablito… Buena idea, es un merecido y lúdico homenaje al sol. Allá afuera, más pero más lejos y apenas visibles con tecnología de punta, hay cantidad de soles que dan pavor por su diámetro y sus furores de megalodonte herido; nos tocó uno benigno, de dimensiones medianas y amigables, y ¿cómo, por qué razón o de parte de quién? ¿Estamos solos en el vecindario?
La gran luminaria ha sido una deidad principalísima en la mayoría de las culturas. Algunas de ellas: Mitra, en la persa, Ra en la egipcia, Helios en la griega, Inti en la incaica, Tonatiuh y Huitzilopochtli en la nahua o azteca, Itzamná en la maya, Apolo o Febo en la romana. En la diversificada cultura actual se le conoce como Playa, cuyo intrincado ritual se realiza entre las familias de la clase media por lo menos una vez al año; si no se realiza, hay maldición en el círculo familiar, reclamos y un fuerte efecto de frustración.
No le importamos, dije. Hay indicios de que sí, y bastante. Su energía hizo surgir las plantas, laboratorios químicos de alta eficiencia. Las plantas, que por medio de la fotosíntesis empezaron a producir oxígeno, contribuyeron a crear la atmósfera, manto o capelo mágico bajo el cual se desarrolla la obra teatral pasada a veces por lluvia, granizo, nieve, huracanes (no importa, hay que seguir disfrutándola, quizás el final sea bueno), y a la vez el ubicuo susodicho nos protege de sus potentes rayos ultravioleta. ¡Qué no hace ese señor fisgón, metijoso o metiche!
No solo ayuda a sintetizar la vitamina D, el calcio imprescindible para los huesos, sino el resto de los nutrientes. Fue materia orgánica, energía, que se convirtió en petróleo y carbón. Energía. Es constante y está en el lugar justo, su tamaño y su potencia son los que precisamos para disfrutar de climas relativamente templados. Si se alejara un poco, nos congelaríamos; si se acercara, nos evaporaríamos.
Su masa abrumadora atrae cometas y asteroides vagabundos que de otro modo buscarían la Tierra u otro planeta necesario para guardar el delicado equilibrio de nuestra existencia. Y más aún, su radiación electromagnética forma en los límites del régimen planetario un escudo que protege la vida de los abundantes rayos gamma provenientes de explosiones de lejanas galaxias. ¡Somos tan ovejita sin guía ni techo al respecto!
En él nos basamos para contar los días; es el calendario, la Piedra de Sol. Es más que la cobija de los pobres o el rey, es la sobrevivencia del planeta, nada nuevo bajo el sol. Esta aseveración bíblica aparece en un desencantado pasaje sobre lo cíclico de la vida, al inicio del Eclesiastés: “Vanidad de vanidades… ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?” Que cada quien responda con honestidad.
Tan bonito en pelis y documentales, el universo es oscuro y helado, violento e impredecible; no así la estrella reina. Tiene su ciclo de once años con altibajos y sus ramalazos de ira, las tormentas solares, pero no deja de mimarnos. Numerosas construcciones pétreas y prehistóricas alrededor del orbe alabaron su grandeza, megalitos, túmulos, pirámides. Costó leña y sangre reconocerlo, es el centro indiscutible, el corazón, la Fuerza.
Por si taquicardia u otras arritmias químicas y electromagnéticas, escrutan su comportamiento observatorios terrestres, satélites artificiales en órbita y arriesgadas sondas que van a su encuentro. Es un pan de Dios, pero más vale vigilarlo como a un señor responsable y altivo que de vez en cuando se echa sus copetines. Y sería deseable asimismo ocuparnos más en restañar las cicatrices antropogénicas de la deforestación, la emisión de gases venenosos, el enmugrecimiento de mares y ríos, los conflictos bélicos y otros azotes que golpean a muchos y enriquecen a grados astronómicos a unos cuantos.
De acuerdo, el asumido asombro puede causar insolación y desmayos, manchas, cáncer en la piel, interferencias en las telecomunicaciones, glaciaciones. Para prevenir los primeros basta hidratarse con suficiencia, usar manga larga y sombrero, quitasol o traje de astronauta, o meterse a un local a consumir un helado, un café, una cerveza, cuando parece caer a plomo sobre nuestras cabezas. Ícaro lo desafió volando entusiasmado con sus alas de cera y cayó al mar, desoyendo los consejos de su padre Dédalo para que no se acercara demasiado. Volar alto en libertad, ¿qué joven hubiera podido resistirse?
Las estrellas hollywoodenses en el cenit de sus carreras son pálidos remedos, mera mercadotecnia y a veces una pizca de talento, que crece en cualquier geografía. Debería darles vergüenza la usurpación del apelativo. El Asombro a secas y con mayúscula no repara en fronteras geopolíticas, ilumina miseria y opulencia, visita los patios de las cárceles y los clubs de golf más exclusivos. Social y científicamente, tenemos mucho que aprender de él.

Photo by Pixabay on Pexels.com
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

Voces ensortijadas 243. Entre el azul y el silencio. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Entre el azul y el silencio

Rebeca dio el último sorbo a su vaso de agua fresca que le había preparado Dinorah, su hermana menor, conocía bien sus gustos, limonada con un toque de jengibre. Como muy pocas veces, Rebeca se había dado el espacio para estar sin hacer nada, algo raro en ella, todo el tiempo andaba de un lado a otro. Recordó que su tía Domi le solía decir cuando visitaba a la familia,
—Rebe, pará un rato hijita, no que sos una pirinola, gire y gire. ¿Es que no te cansás?
Cuando escuchaba eso de la tía Domi, Rebeca sólo sonreía y le preguntaba qué postre quería, la tía Domi hacía una pausa en los comentarios y hasta se animaba a cocinar con ella. Las galletas con grageitas eran sus favoritas.
Esa tarde del miércoles, luego de comer, Rebeca decidió no ir a trabajar al negocio familiar. Tenían una papelería muy sui géneris, en ella se podía comprar desde un lapicero, hasta estambre, agujas, aros para bordar y unas macetas pequeñas, con estilos no repetidos. Dinorah se había adelantado a abrir el negocio, más tarde llegarían don Santiago y doña Mirta, padre y madre de las hermanas.
—¡Hola, Dinorah! Esta tarde me quedo en casa, les veo en la noche. Besos —escribió Rebeca en un mensaje por Whatsapp.
—¿Te sientes bien, Rebe? Tú nunca faltas a la tienda —contestó de inmediato Dinorah.
—Todo bien, nenita, hoy me tomé la tarde 🙂 —señaló Rebeca.
—¡Súper! Me alegra, yo les aviso por acá que no vienes. Disfruta —se despidió Dinorah.
Sin tener bien claro qué haría en la tarde, Rebeca se decidió por la lectura, tomó el libro que tenía intacto desde muchas semanas atrás, El eterno femenino, de la autora Rosario Castellanos. De una sentada logró avanzar lo que no había hecho en semanas, hasta terminar la obra. En voz alta leyó:
—"Voy a ponerme a cantar/el muy famoso corrido/de un asunto que se llama/el eterno femenino,/ y del que escriben los sabios/ en libros y pergaminos… Porque me voy despidiendo/ y no quisiera olvidar/ a ninguna, aunque bien sé/ que en un corrido vulgar/ ni están todas las que son/ ni son todas las que están."
La obra de teatro de la autora había sido de su total agrado, se quedó reflexionando en los tres actos planteados, en la manera de abordar las realidades de las mujeres, de una manera crítica, con un humor que invita a no quitar el dedo del renglón, la condición de las mujeres en las sociedades. Dejó el libro sobre un estante y salió al patio. Aún tenía tiempo para contemplar el cielo.
La tarde era soleada. Rebeca recordó la importancia del silencio, ese que normalmente no solía disfrutar por el constante ajetreo. Levantó la vista al cielo y descubrió un intenso azul que regocijaba al contemplarlo, luego se sentó un rato cerca de un árbol de jazmín que había sembrado don Santiago. Cerró los ojos unos instantes, percibió el aroma de los jazmines; en el silencio se asombró, cuánto tiempo tenía de no poner atención a los latidos de su corazón. Ahí se quedó un ratito más. Esa tarde de "ombligo de semana", Rebeca había tomado la mejor decisión, entre el azul y el silencio, se había vuelto a escuchar.
Photo by Khadijah Karaca on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 243. Honrar, honra. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                 	 
Polvo del camino/243

Honrar, honra
Héctor Cortés Mandujano


Mi querido amigo Sarelly Martínez Mendoza me obsequió su reciente libro Un lector agradecido. Narrativa chiapaneca contemporánea (Unach, 2024), que compila parte de los textos escritos a partir de sus lecturas de libros no sólo de Chiapas (obras de Octavio Paz y Vargas Llosa, por poner dos ejemplos conspicuos, también son parte de este volumen) y no sólo de narrativa, sino igualmente de poesía y de, hagamos un plural, ciencias de la comunicación, que son tan cercanas a la profesión de Sarelly, doctor en periodismo.
Dice en las “Palabras preliminares”, para aclarar el sentido de su antología (p. 2): “Lo que escribo está en la esfera de las aficiones del lector común que quiere compartir sus gustos con otros lectores”. Es muy notoria la buena fe que anima a Sarelly cuando escribe y comparte sus hallazgos. Lo hace alegremente, sin prejuicios.
A partir de la pifia que cometió una diputada (dijo que Juventud en éxtasis la había escrito García Márquez), el autor comenta que en esos ambientes políticos es muy difícil que florezca la lectura y cierra su escrito con una pregunta que evidencia la realidad terrible en nuestras tierras (p. 15): “ ‘¿Leer para qué?’, puede preguntarse un joven preparatoriano, y responderse rápidamente: ‘si yo lo que quiero es ser diputado’ ”.
Comenta a Jan de Vos y su escrito sobre Fray Lorenzo de la Nada. Dice (pp. 19-20): “Su apellido, De la Nada, lo conquistó cuando prohibió a los españoles de Tabasco arrebatar indígenas para su servicio. […] La respuesta de uno de los aludidos fue contundente: ‘¿Quién es Pedro Lorenzo para prohibir semejante cosa? Fray Pedro no es nada, su oficio es decir misa y predicar y casar y allí se acaba’. A partir de entonces, fray Pedro Lorenzo llevó con gusto el apellido De la Nada. Transformó ‘el insulto en título de honor’, y así fue conocido entre sus feligreses”.
Cuando comenta los decires de Jorge Moreno, “El Piña”, de la Rial Academia de la Lengua Frailescana, cita varias de sus descripciones (p. 28): “Además de culito sin juicio era amachada” y alguna que otra declaración de restauranteros francos (p. 29): “¡si quiere’sté come’ sabroso, vaya’sté a come’ en su casa”.
Tiburcio Fernández Ruiz era hermano de Eva, mi abuela materna. Sarelly habla de él, a partir del libro escrito por Valente Molina. A mí me operaron de la vesícula el año pasado, cuando tenía 62 años. A esa edad murió mi papá y uno de mis hermanos; por ello me llamó la atención este dato sobre mi tío Bucho (p. 63): “En 1950, después de una operación de vesícula muere a la edad de sesenta y dos años”. Parece que a la muerte le gusta dar vueltas sobre mi familia en esa edad.
Otra de las peculiaridades del libro de Sarelly es que habla de varios libros míos, y se refiere a mí en algunos otros escritos. Y eso me hace, lo mismo que su título, un lector agradecido; sin embargo, y él lo sabe, mi agradecimiento mayor es saber que, al margen de sus múltiples saberes, lecturas y reconocimientos, Sarelly sigue siendo, para fortuna mía, desde años, mi muy querido amigo…
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 11. ¿México lindo y querido?. Nadia Arce

                   
¿México lindo y querido?
Por Nadia Arce

Ya no. Hoy por hoy, le temo a mi país. Los casos impunes de personas desaparecidas me han quitado el antojo de festejar, las ganas de sentirme patriota se han ido lejos, lejos de aquí gracias al caos que impera cada día.

Ya no me siento ciudadana del mismo país por el que abogué en aquel concurso de oratoria cuando era apenas una chica de preparatoria; me ilusionaba “servir” a mi país y ahora tengo que cuidar de que en mi país no se sirvan de mi vida o de mis seres queridos.

Hoy los narcotraficantes viven a sus anchas en nuestros pueblos “mágicos” el encanto que abunda es sangriento, el pánico circula por los municipios y las matanzas son algo de lo más normal fuera y dentro de mi ciudad.

¿Podemos vivir así? Lo hacemos a diario, lo soportamos a menudo cuando ignoramos o normalizamos el terror. ¿Tenemos opciones? De verdad, no lo sé. A veces lo único que quiero es irme de aquí, no “que me traigan aquí”, ahora es mejor irse para no morir a ráfagas de plomo por desconocidos.

Y pensar que de niña jugaba en la calle, iba sola al parque y a la tienda sin miedo a que me robaran, íbamos de campamento, de excursión sin pensar en toparnos con gente de algún “cartel”…

Me quedo con la gente bonita, con la comida sabrosa, con los paisajes que aún no han sido profanados.

Anheló la paz, la serenidad en las calles y avenidas, las buenas noticias en los medios de comunicación que parecen obreros de malas nuevas todos los días, o al menos la mayor parte de ellos.

Me quedo con mi parte y con las ganas de un cambio, pero en mi caso: de residencia.

México libro y querido… te fuiste lejos de aquí.

Nadia Arce
Photo by Pixabay on Pexels.com
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Disquisicionario. 1. Disquisiciones. Esteban Martínez Sifuentes.

                       
Disquisiciones
Esteban Martínez Sifuentes*

Disquisicionar es un verbo infrecuente que suena a neologismo campanudo o bien a ranciedad decimonónica. Viejo sí es y, no obstante, útil por sus matices insustituibles. No alude más que a meditar con cierto detalle y sistema en todo y nada a la vez, sin ataduras, casi porque sí. No es buscarle tres o cinco pies al gato (o también, por qué no), es abismarse justo en los que tiene y asombrarse por su funcionalidad y armonía.
Es inherente al ser humano ponerse a pensar con gravedad y aprensión, con mayor o menor frecuencia, en las cosas que le afectan y lo obligan. La familia, el empleo, el dinero siempre de cosecha tan mezquina, la fragilidad de la vida a partir de una enfermedad. Es razonable que así sea, pero a veces nos pasamos de tueste. No resolvemos nada y nos angustiamos más, o aplicamos una cataplasma que caduca a los tres días.
Solemos cambiar intensidad y coyuntura por nutrimento y sabor. No hay verdadera reflexión, en calma, con regodeo, subiendo alto en la montaña pero sin descuidar el sendero de regreso. Aquella, en fin, que es pausada, gratuita, a solas al aguardar a que brote el agua caliente de la regadera, encaramado en la fronda de un árbol o bocarriba en la cama cuando todo está en reposo, empezando por nuestro ser interior.
¿Por qué no filosofar, examinar también de vez en cuando los objetos pequeños y obviados por el horario y el maldito tráfico, útiles o inútiles? Si son prácticos, ¿por qué?, si son imprácticos, ¿por qué? ¿Por qué ese pliegue, ese tamaño, ese color, esa forma? Si algo existe en el mundo es por algo, alguien lo imaginó y creó con alguna intención de trascender o justificar su paso por este valle de sol y lágrimas. En otros casos el objeto, cosa o chirimbolo ya estaba ahí cuando emergimos como especie, razón de más para cavilar en ese algo, en sus peripecias y misterios. La rueda, la pluma, el foco, la parte izquierda de nuestro cuerpo… ¡Existe tanto en que disquisicionar que abruma! No, el verbo abrumar está vedado en este disquisicionario.
Photo by Lukas Rychvalsky on Pexels.com
Contacto:

En facebook: Esteban Martínez

*Sobre el autor:

Esteban Martínez Sifuentes

Ensayista, narrador.

Egresado de la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM), Nació en San Luis Potosí hace varios ayeres, se dice lector compulsivo y fanático del cine, en particular de películas mudas estadounidenses de cómicos tipo Chaplin, Langdon, Lloyd y Keaton.

Obra publicada:
Esteban Martínez Sifuentes ha publicado siete libros; el último, de ensayos, es USA! USA! Mitos y antimitos estadounidenses, publicado por Editorial Almuzara en 2024. La novela negro-policiaca Malmarido, Ediciones Periféricas, 2020.

Voces ensortijadas 242. El encanto sonoro de la noche. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El encanto sonoro de la noche

La época de lluvias estaba en su apogeo en el verano. Bertha disfrutaba de la lluvia, siempre y cuando estuviera en casa. Tenía gratos recuerdos de pequeña cuando en los días lluviosos las clases en la escuela se suspendían. Ella y sus hermanos solían jugar, inventándose historias que iban en barcos y transformando la sala de su casa en ese escenario.
El fin de semana Bertha, Amparo su pequeña hija de cinco años y Jacobo su esposo habían quedado de acampar en el patio de su casa. Amparo tenía mucha emoción por acampar; la situación económica en la familia no estaba tan generosa para salir de paseo fuera de la ciudad, así que Bertha propuso hacerlo en casa. A Jacobo y Amparo les pareció buena idea.
Cada integrante de la familia tenía asignadas tareas y las realizaron. Amparo buscó las lámparas de mano, unas cobijas y tapetes para colocar en el piso. Jacobo preparó los sandwiches para la cena. Eligió hacerlos dulces y salados. A Amparo y a Bertha les gustaba la mermelada de higos, también el atún con aguacate y lechuga. Bertha fue a buscar la casa de campaña que tenían tan guardada que le costó encontrarla. También preparó un té de zacate con una pizca de canela. Ésa era una bebida caliente que les encantaba.
Mientras buscaba la casa de campaña, Bertha halló unas velitas que había olvidado que tenía en casa. Se le ocurrió que podría colocarlas en vasos chicos y hacer como un pequeño camino con ellas que le diera un toque especial frente al campamento.
Entre los tres instalaron la casa de campaña, la reforzaron por si acaso llovía, acondicionaron al interior. Jacobo fue por la cena y Bertha con ayuda de Amparo prendió las velitas. Eran alrededor de las siete de la noche cuando el campamento ya estaba listo, así que decidieron entrar. No solo Amparo estaba emocionada también su mamá y papá.
Entraron a la tienda de campaña, prendieron las lámparas. Acto seguido comenzaron a caer unas gotitas de agua, estaban con tal algarabía degustando la cena que no alcanzaron a percibirlas hasta que la llovizna dejó de serlo para tornarse en una lluvia más fuerte. Amparo no tardó en preguntar si la casa de campaña resistiría a la lluvia, Bertha le dijo que sí, secundada por Jacobo.
Jacobo propuso leer el libro Las mil y una noches, como por arte de magia, lo sacó de una de las cobijas. Bertha y Amparo aceptaron, cada quien fue leyendo en voz alta una parte. Estaba tan entretenida la lectura que se olvidaron de la lluvia, hasta que Amparo dijo,
—¿Ya no está lloviendo?
—Es cierto, ¿tienen sueño? —preguntó Bertha.
—Yo no, ¿y ustedes? —respondió Jacobo.
—Tampoco —dijo Amparo.
Bertha les propuso acostarse, apagar las lámparas y disfrutar el encanto sonoro de la noche. Justo después de la lluvia había una especie de magia con los sonidos. Les invitó a disfrutarlos. Así, fueron distinguiendo el canto de los grillos, el croar de las ranas, el gotear de algunas hojas de los dos árboles que tenían en el patio y cerca de donde estaba la casa de campaña, más allá los ladridos de algunos perros de casas vecinas. Esa noche la lluvia había sido un bello regalo para disfrutar más su campamento.


    
Photo by Pixabay on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 242. La sabiduría del sinsentido. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

                 	Polvo del camino/ 242

La sabiduría del sinsentido
Héctor Cortés Mandujano

Hola, oscuridad, mi vieja amiga…

De la canción “Los sonidos del silencio”,
compuesta por Paul Simon

Me doy cuenta de lo minúsculo que soy, de lo irrelevante, de la casi nada que he aprendido en la vida, cuando de madrugada me despierto porque oigo voces que, en un idioma que no entiendo, que no hablo, parecen referirse a mí. Es una inferencia, claro, porque nada puedo descifrar de sus palabras a sotto voce. Pienso –y tiemblo– que son demonios.
Abro los ojos y sé que estoy semidesnudo bajo las cobijas, que no tendría oportunidad de buscar algo con qué defenderme si ya estuvieran listos para lanzarse sobre mí. Intento pensar con más calma y descubrir de dónde vienen las voces. Parecen estar dentro del cuarto, pero hay viento y éste quizá sea nada más la vía, y algunos extranjeros –un hombre mayor y una mujer joven, si tuviera que pensar en dos humanos– cerca de casa conversan en esta madrugada y su charla llega hasta mis temerosos oídos. Mi espanto es de cuerpo completo. Toco mis genitales: tienen miedo también.
Mi mano es un temor de cinco dedos temblorosos.
¿Qué podrían querer de mí dos demonios? No soy ni un iluminado ni un pecador. “Soy un pecador promedio”. ¿Para qué podría servirles mi alma? ¿Para qué discutir cerca de mí, cuando tiene órdenes –¿de quién?– de llevarme y ya?
No sé si la tranquilidad de que ya me llevarán hace que me duerma nuevamente y sueñe con la finca en que nací. Soy un niño y estoy en el largo corredor de ladrillos. Es de tarde. Las seis. Frente a mí, donde debiera verse el aire transparente y detrás de él (¿detrás del aire? ¿Es eso una metáfora? ¿Será comprensible para alguien ese, digamos, concepto?) el cerro, los cerros en donde se han paseado tantas veces mis ojos, hay una neblina negra, un humo muy oscuro. No es por quemazón.
La negrura, la oscuridad, viene rumbo a mí, va cubriendo todos los huecos antes de tragarme y volverme parte de ella. Soy la noche, pienso. Soy lo oscuro. ¿Y por qué sigo pensando como una persona y no anulo todo y me convierto en la negrura amorfa, sin sentido, sin pensamiento, sin palabras? Porque esto es un sueño… y me comienza a dar miedo.
Despierto. Escucho voces. ¿Qué dirán?
Me duermo.
Sueño con voces infantiles que me previenen de un peligro. Sueño que en la noche más lejana de un cerro estoy sentado en la cúspide, pensando en los latidos de mi corazón. Sueño en que dentro de mi corazón ha caído la noche. Sueño que la noche es mi corazón. Sueño que mi corazón duerme y me habla con palabras que no entiendo.
Despierto y siento que lo he entendido todo, porque mi corazón ha sido obsequiado con la sabiduría infinita de todas las edades, y que voy a compartir mi conocimiento de la vida en una cuartilla o dos o tres, no hacen falta más…
Y de pronto, cuando empiezo a escribir, me atoro en lo que quisiera decir y lo mío se vuelven palabras que no van a ningún lado, como si fueran dichas en secreto por diablos que no saben el lenguaje humano y llegaran a los oídos de un hombre que duerme en un cuarto que es el mío y que nada entiende y siente miedo por los sueños inocuos que sueña sin cesar, que no tienen sabiduría sino sólo sinsentido...


Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 241. La vida es una fiesta. María Gabriela López Suárez


Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

La vida es una fiesta

Julieta había quedado de comer el sábado con Mónica y Ramiro, dos de sus amistades de la época universitaria. Pese a su intensa semana laboral había despertado temprano ese día, tenía alrededor de un mes sin hacer su rutina de caminata en fines de semana. Echaba de menos salir a caminar, disfrutar la mañana sin prisas, escuchar el canto de los pájaros que solían habitar el parque por el que normalmente pasaba como parte de su ruta y observar esos detalles que de lunes a viernes pasaba inadvertidos por el incesante transcurrir del tiempo.
Mientras caminaba se percató que había nuevos murales en algunas bardas de casas, varios de ellos con alusión a temas de cuidado a la naturaleza. También encontró pequeños letreros como señalética para recordar depositar la basura en los botes. Eso le alegró no solo la vista sino también el corazón, sobre todo porque en esa zona había pequeñas áreas verdes y más de una ocasión ella había levantado botellas de plástico que la gente tiraba.
—¡Ojalá que estos murales nos hagan reflexionar y tener presente que si cuidamos a la naturaleza nos cuidamos! —se dijo en voz alta.
Continuó su recorrido, hizo una pequeña pausa para tomar agua, se dio cuenta que aunque era sábado había mucho movimiento, personas en distintas faenas, ésas que normalmente no tenía el gusto de observar en la semana. Se alegró de haber retomado la caminata, decretó desde su corazón que el tiempo tenía que ser su aliado, para poder disfrutar al máximo cada instante.
Al retomar su caminata vio a lo lejos que unas personas adultas mayores tenían una plática amena en la puerta de una casa. Al pasar cerca de ellas se dio cuenta que era una señora y dos señores quienes conversaban. El rostro de las tres personas mostraban alegría, la señora era quien tenía el turno de la palabra, justo cuando Julieta pasó frente a ella la escuchó decir:
—¡La vida es una fiesta! Reímos, bailamos, luego paramos, nada es para siempre.
El tono en que la señora expresó su sentir hizo mover muchas emociones en Julieta, cuántas veces se podía olvidar que la vida es una continua sucesión de oportunidades para estar y vivirlas. Vinieron a su mente los instantes de agobio y estrés en su dinámica cotidiana, había tanto que soltar. Siguió su caminata con más ánimo para luego dirigirse rumbo a casa.
Al llegar a su domicilio respiró profundo, vaya que la actividad había sido intensa, no solo por haber retomado el ritmo de hacerla sino por la cantidad de paisajes con los que se había deleitado. En eso estaba cuando escuchó su celular, era un mensaje de Ramiro, les preguntaba a Mónica y a ella si confirmaban la comida de esa tarde. Mientras Julieta respondía el mensaje afirmando que ella ya tenía agenda apartada para comer con ambos, que tenía muchas ganas de saludarles y conversar largo y tendido, sonrió para sí. Luego se dirigió a la cocina para ver qué prepararía de desayuno, el canto de un pájaro se escuchó como fondo musical y en su mente resonó nuevamente la frase, la vida es una fiesta.

    
Photo by Ylanite Koppens on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.