Revista

Polvo del camino. 239. El paraíso en Huixtla. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM

                     Polvo del camino/ 239

El paraíso en Huixtla
Héctor Cortés Mandujano


Parece que un duende hubiera hecho el café, que está listo no importa qué tan temprano te levantes. Pero lo hizo David.
En el desayuno hay platanitos ricos, que preparó Zoé, y Sergio pone los platos, las tazas, sirve a quien lo quiera, está atento a los comensales. Si algo más se requiere, Iván e Ian están prestos y sonrientes para ayudar.
Estamos en Huixtla, en casa de los Jiménez Méndez, donde también son pródigos en amabilidad Aidé, Yayo (su hijo) y Gisela.
Vamos a Tapachula y nos lleva y nos vuelve a casa Maricarmen, grata compañía y esposa de mi sobrino Sergio.
Vamos al mar y se suben a los coches, quienes pueden y quieren, alegres -como si no tuvieran el mar tan a la mano-, porque quieren hacernos pasar un día inolvidable, y lo logran. El lugar que escogen es bello y tranquilo. Nado con Zoé, Jalil, Sergio y Jaime, un querido amigo invitado. Mi mujer, siempre temerosa con las olas, no me pide que la acompañe, porque se siente segura con la compañía de Edith.
Marlene, esposa de mi sobrino Iván, prepara un caldo de res maravilloso, con algunas verduras que nunca había probado y que resultan exquisitas.
La familia parece una orquesta donde cada cual tiene una partitura que ejecuta con maestría para que en todo momento haya armonía… ¿Quién está detrás de esto? Edith.
Don David y doña Yola, padres de Edith, eran dos personas generosas, amables, sonrientes, queridas, que supieron inculcar en sus hijos respeto y amor por los demás.
Edith parece haber heredado la batuta para que la música de la amistad se escuche perenemente en la larga mesa donde se recibe con abrazos y sonrisas a quien llegue, y se ofrezca el pan y la sal sin discriminar a nadie.
Pasar los días en esa casa es sentirse querido sin pausa. No hay más que amabilidad y cariño en cada corazón de sus habitantes, y uno se siente bien, a gusto, feliz.
Alguien me contó que con tanto calor como hay en Huixtla, un día llegó el diablo, vestido de frac, y tuvo que quitarse la ropa elegante y se quedó en calzoncillos. Es evidente que a esta casa no llegó Satán, sino un grupo de ángeles que puso mucha luz en las almas de Edith, Aidé, Gisela, David, Sergio, Iván, Maricarmen, Marlene, Grecia, Ian, Zoé y Jalil, y en quienes los rodean, con quienes conviven.
No sé cómo sea el paraíso, pero estoy seguro que debe parecerse a esta casa, a esta familia, mi familia en Huixtla: la casa de los Jiménez Méndez.
Ilustración: HCM
Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 8. Álbum de familia. Nadia Arce

                       Álbum de familia
Por Nadia Arce

Respice post te! Hominem te esse memento!
Tertuliano en Apologético 33


Al Sr. Nicolás Pérez y su familia


Siempre me ha gustado la fotografía. Congelar momentos parecen vencer a la muerte al convertirte en un ser perpetuado en una imagen, mantener fija la expresión, el gesto, la postura de la manos o del cuerpo, conservar la mirada.
Hojear esos álbumes donde el recuerdo parece conservarse con exactitud es un lujo para mí. Disfruto mucho de ver esos cuadros pintados con luz, los lugares que enmarcan a las personas que ahí siguen vivas o no, pero continúan así con nosotros. A veces tortura si es duelo, a veces nostalgia por añorar y en muchas más ocasiones, alegrías memorables, incluso de momentos simples… no sólo de las bodas, bautizos o cumpleaños. Aunque las navidades son mis favoritas, vale la pena fotografíar y guardar aquella figura, sombra o acción que nos signifique algo.
Somos humanos, seres pensantes, también sintientes. En ocasiones aunque la tristeza me dibuje por dentro: sonrío. Prefiero que si alguien me toma una captura mental se quede instalada en su mente como agradable, ya hay mucho sufrimiento en las noticias del mundo como para dejar que se marquen más arrugas en la cara.
Amo los álbumes de fotografía, son tesoros, preciosas joyas sin precio. Por eso hoy, cuando me mostraron esos invaluables cofres, al abrirlos el brillo de tantas vidas compartiendo sonrisas y espacios de cronos, me pareció ser parte de la realeza, singular distinción que siento me otorgaron sin haberla pedido con palabras, sólo supe que el intercambio de cariño fue innato, mutuo y familiar. Lo agradezco.
Hoy mismo, imprimiré algunas de mis fotos, con las hijas, de mi madre, de mis amigos y de mi novio. Quiero tener el gusto de algún día compartirlas con alguien más; ojalá mis nietos, ojalá en otras vidas, ojalá entonces puedan admirar cada imagen como un homenaje a la felicidad.

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*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 238. El valor del tiempo. María Gabriela López Suárez


Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez
El valor del tiempo

Paola observó el reloj, las 5 de la tarde, tenía justo media hora para decorar las galletas de mantequilla del pedido que entregaría a las 6 en punto. Doña Rita, quien le había hecho el encargo, era muy puntual. Lo primero que se le vino a la mente fue llamar a Lorena, su hija mayor para que la ayudara. En ese momento recordó que no estaba, ella le había pedido ir a comprar unos materiales para un trabajo de la secundaria que tenía que entregar Mariana, su hija menor.
     —¡Qué mente la mía! Voy a llamar a Mariana, tiene menos práctica que Lore pero me ayudará —dijo para sí Paola.
     —¡Mariana, Mariana! Por favor, ¿puedes venir?
Se hizo una pausa, un breve silencio y luego se escuchó,
     —¡Voy mamá! ¡Ya voy!
Paola empezó a sentir el tic tac del reloj y Mariana no llegaba, justo cuando iba a llamarla nuevamente, se asomó.
     —Dime mamá. ¡Wow, qué bien huele! ¿Hiciste galletas?
     —Sí, tengo un pedido para doña Rita, ¿por favor, me ayudas con la decoración? ¿O prefieres ir acomodando en las cajitas para la entrega?
     Mariana optó por lo segundo, no era tan diestra en decorar y cuando Paola le dijo que tenían alrededor de 20 minutos para terminar el trabajo prefirió acomodar las galletas. Finalmente, el pedido quedó terminado en tiempo y forma. Paola obsequió unas galletas a Mariana quien comenzó a degustarlas mientras regresaba a continuar avanzando con su tarea escolar, en tanto llegaba Lorena con los materiales.
     Paola revisó el reloj, 5:40 de la tarde, respiró profundo.  Terminó de acomodar las cajas con galletas. Se sintió más tranquila. Su trabajo ya había terminado. Escuchó el sonido de mensajes en su celular, pensó que era doña Rita que llegaría antes. Eran mensajes de otros pedidos, de una empresa querían 50 galletas de avena y 50 de chocolate para las ocho de la noche y una familia quería unas roscas de mantequilla  para un desayuno al día siguiente. En el mensaje de la empresa le decían,
     —Doña Pao, disculpe hacer el pedido a esta hora, sin embargo, usted siempre saca el trabajo. Y sus galletas son muy ricas.
     Por la mente de Paola pasaron varias ideas, su trabajo era requerido y eso lo agradecía. Sin embargo, observó la hora, prácticamente tenía poco tiempo para hacer las galletas. Y al día siguiente tener listas las roscas. Normalmente le gustaba revisar los ingredientes, tener suficiente material y destinarle el tiempo, la energía y el amor al cocinar cada pedido. Se quedó unos minutos más pensando en la respuesta que daría, ¿acaso la gente no valoraba el tiempo que ella dedicaba a cocinar? Además de eso, ella también tenía otras actividades que hacer, estar con su familia; amaba su trabajo pero también respetaba sus tiempos. En ese dilema estaba cuando escuchó el sonido del timbre, fue a abrir la puerta.
    —Señora Paola buena tarde. ¿Cómo está? Vengo por mi pedido.
     —Doña Rita, usted tan puntual, justo me agarró pensando en el valor del tiempo. Pase, ahora le traigo sus galletas.
     Paola hizo la entrega de las cajas, doña Rita le echó flores a las galletas, al aroma y a la presentación. Le agradeció el trabajo; mientras tanto en la mente de Paola resonaba la importancia del valor del tiempo.

Photo by Andrey Grushnikov on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 238. Gloria y Gloria Bell. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                       Polvo del camino/ 238

Gloria y Gloria Bell
Héctor Cortés Mandujano

Gloria es, inicialmente, una película chilena, de 2013, escrita por Gonzalo Maza, producida entre otros por el cineasta Pablo Larraín, y coescrita y dirigida por Sebastián Lelio. Representó a su país en los premios Oscar y los Goya, y ganó varios premios internacionales.
La historia gira en torno al personaje al que alude el título, una mujer sobre los 60 años, soltera, con un exesposo, dos hijos y una tremenda libertad sexual, que ejerce a partir de hombres que conoce en los lugares de baile que frecuenta.
No conozco de antes a la actriz, que es maravillosa (Paulina García), y que hace que entendamos las complejidades de la vida de Gloria, cuando cae en su mundo un hombre débil, cobarde y manipulado (el actor Sergio Hernández) por su exesposa y sus hijas.
Para Gloria este hombre es la posibilidad, quizá la última, de vivir en pareja y aguanta, tolera, comprende, permite, hasta que se le agota la paciencia y toma una decisión simpática –acribillarlo con balas de pintura, frente a la casa de sus controladoras mujeres– y definitiva. Pero viene una fiesta y vemos a Gloria, en las tomas finales, bailando la canción que le da nombre.
Lo que me gustó de la película es su falta de discurso obvio: no machaca la libertad femenina, que el mundo no se derrumba a los sesenta, que no es necesario para una mujer tener un hombre al lado, etcétera, sino muestra la intimidad de una persona común (Gloria no es una heroína, no es perfecta, no es guapísima) que va tomando decisiones –prueba drogas, acepta a un gato que parece requerirla, deja lo que no quiere– sin grandes pronunciamientos, sin retórica grandilocuente.

Cinco años después, Sebastián Lelio hizo su versión en Hollywood (Gloria Bell, 2018), coescribiendo el guion con Alice Johnson Boher y conservando en la producción, entre otros, al gran Pablo Larraín.
En esta versión, Julianne Moore lleva el papel protagónico, y John Turturro, actúa como Arnold, el personaje que en la otra película se llamó Rodolfo. No hay prácticamente cambios en la historia –en este personaje masculino–, salvo los matices que estos dos notables actores dan a los personajes.
Aunque Julianne Moore es una gran actriz, y soy un admirador de su trayectoria (creo que en este caso su evidente belleza no le ayuda), me parece que Paulina García tiene más al personaje de los cuernos, es más creíble, más la señora que algún día vi en una fiesta bailando. Pero ver las dos versiones me encantó y recomiendo ver ambas cintas, como esplendidos trabajos artísticos que, aunque se repiten, en buena medida, tienen sabores distintos.

Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

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El tintero de Nadia. 7. Un deseo. Nadia Arce

Fotografía: Nada Arce.

                         Un deseo 
Por Nadia Arce

Alado. Lo vi ayer. En una jaula. Caminaba por el bosque y entonces el sonido de un gran aleteo me movió. Mire de frente al gran animal. Creo que es un águila. Tan hermosa, de plumaje celestial, con la mirada más profunda me dijo: sácame de aquí. Contesté con el alma: Quiero ayudarte y lo haré. Lloré un poco. Quiero anular el seguro de su prisión. Sacarla no es posible ahora, mi deseo es una promesa. Sus alas gritan libertad. Mi deseo es ese. Sus alas son para el vuelo, no para otra cosa. Muchos de mis sueños se parecen a ese águila. El psicólogo me lo dijo, mi mejor amigo también: te proyectaste en ella. Con ese paisaje frente a sus ojos y su existencia dentro de una jaula.

Fotografía: Nada Arce.
Fotografía: Nadia Arce.
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*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Polvo del camino. 237. Debajo, la belleza. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración; HCM.

                       Polvo del camino/ 237

Evocadas páginas de otro libro/XVI

Debajo, la belleza
Héctor Cortés Mandujano

La parte superior, de forma oval, remite a los podios regios, aunque mezcla lo duro –distintas tonalidades de madera, hojas de cuidada ebanistería– y lo mullido: estampado con un fondo amarillo donde se ven, en primer plano, rosas azules, tallos sutiles, revuelo de pétalos.
Lo que propiamente da nombre al mueble, muestra sólo la cara suave, amarilla y azul, de imposible jardín.
No se buscó la coincidencia entre los soportes traseros, cuadrados, y el torneado rollizo de enfrente: la belleza está en este caso en el contraste.
El puente entre lo de atrás y lo de adelante no parece tan fuerte y seguro no lo es, porque sólo sirve para apuntalar la rigidez del objeto.
No se le escudriña para esta descripción, sólo se la ve de frente.
Tanta belleza deja de existir, apenas la usamos.
Cathedra la llamaron en latín.
Una noche, mientras yo escribía, Ella me veía con ojos enamorados desde ese asiento.



[Cuenta Adolfo Bioy Casares en Borges (Ediciones Destino, 2006) que su hija (p. 916) “y un amiguito se describían minuciosa, prolijamente sus respectivos juguetes. […] tal vez alguien podría escribir un libro dedicado a la descripción de un objeto muy simple”. Escribo yo este breve texto sobre un mueble, una silla de mi casa, desde donde una noche mi gata me veía con amor. O eso pensé.]
Ilustración; HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 237. Llegar a nuestro destino. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Llegar a nuestro destino

Margarita hizo memoria de cuánto tiempo tenía de conocer a Dani, una niña de alrededor de ocho años de edad que había visto cerca de casa, en una construcción que estaban haciendo. Su mente hizo el recuento y calculó alrededor de un mes.
Cuando Margarita la vio por vez primera identificó en Dani sus ojos llenos de luz y la sonrisa en su rostro, estaba charlando con una señora. Margarita intuyó que quizá era su abuelita. La actitud de Dani le hizo evocar a Margarita en su niñez en las vacaciones de verano. A esa edad su única preocupación era el juego con sus amistades del barrio.
Doña Ceci, vecina de Margarita, quien tenía una tienda de abarrotes se había hecho amiga de Dani. Conforme fueron pasando los días, Margarita fue conociendo un poco más sobre ella. Era una niña migrante que junto con su familia había salido de su país, Venezuela, en busca de mejores oportunidades de vida. Había aprendido a leer pero al migrar no continuó estudiando.
Las veces que Margarita llegaba a la tienda encontraba a doña Ceci acompañada de Dani, incluso antes de las 9 de la mañana. Dani ayudaba a acomodar algunas cosas en la tienda, le avisaba a doña Ceci cuando alguien llegaba a comprar y era gran conversadora. Doña Ceci compartía a Dani el desayuno y algunas frutas para su familia.
Dani siempre saludaba a Margarita y a quien llegara a la tienda, era atenta y les preguntaba qué cosa buscaban para avisar a doña Ceci. Margarita observaba que, aunque Dani era muy pequeña, era una niña muy segura, respetuosa y alegre. Al escuchar las conversaciones con doña Ceci advertía que la plática de la niña era interesante, denotaba sinceridad y madurez, a pesar de su corta edad. Por la mente de Margarita pasó más de una vez la reflexión sobre los retos que tenía la niñez migrante, de las difíciles experiencias que vivían con sus familias y que la infancia de niñas y niños era una etapa que poco podrían vivir en ese tránsito de la migración. Aún con todo, Dani era un ejemplo de las experiencias de vida que dejan aprendizajes; su ánimo, su voz alegre y sonrisa estaban presentes en su rostro, a diferencia del de su abuelita, con ojos grandes pero semblante triste, callada, como ausente.
Pasado ese mes Dani se había ganado el aprecio de doña Ceci, Margarita y la gente del barrio. Una tarde doña Ceci le comentó a Margarita y a otras vecinas que Dani y su familia continuaban su camino y se irían del barrio. Enseguida se hicieron comentarios que era una triste noticia, se organizaron para hacerle un desayuno a la niña y a su familia. Dani estaba muy contenta, el desayuno fue una sorpresa que la emocionó. Su familia estaba agradecida. Margarita se acercó y le obsequió una bolsa de tela, tipo mochila, con algunos dulces.
—Te vamos a extrañar Dani, te hemos agarrado cariño en el barrio. ¿A dónde irán ahora?
—Muchas gracias por el regalo doña Margarita, yo también los voy a extrañar. Primero iremos a México, de ahí hasta llegar a nuestro destino.
Margarita abrazó a Dani, sintió varios nudos en la garganta y no pudo evitar las lágrimas. Dani la observó,
—No llore, siempre los voy a recordar. Ahorita vengo, voy con mi abuelita —expresó, mientras su rostro sonriente observaba a Margarita.
Margarita se talló los ojos, respiró profundo deseando que Dani y su familia tuvieran buen camino y llegarán con bien a su destino.
Photo by aboodi vesakaran on Pexels.com

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 236. Saborines, saborines. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Saborines, saborines

La parada de colectivos de la ruta 142 estaba con una gran fila de espera. Margarita había salido de su trabajo puntualmente para ir a comer con algunas de sus amistades, justo se iría en la ruta 142.
—¡Oh no! ¿Pero por qué hay tanta gente hoy? ¡No puede ser, voy a llegar bien tarde a la cita! —comenzó a refunfuñar Margarita cuando iba cerca de la parada.
Aunada a su preocupación le sumó el calor de esa tarde. Mientras se acomodó en la fila de espera buscó en su celular la aplicación del clima, verificó que la temperatura indicaba 39 grados. Su rostro comenzó a sofocarse. Metió su mano izquierda al bolso y halló un pequeño abanico.
—Menos mal que traigo este abanico, sino desfallezco de tanto calor —pensó.
Mientras se abanicaba, Margarita intentó encontrar una explicación de por qué había más pasaje que de costumbre esa tarde. No se quedó con las ganas de conocer la razón y le preguntó a un pasajero que iba delante de ella.
—¿Señor, por casualidad sabe por qué hoy está más llena la parada de esta ruta?
—No sé, normalmente no tomo esta ruta.
Antes de que Margarita pudiera hacer algún gesto de desánimo una señora que estaba detrás de ella le respondió,
—Escuché a uno de los choferes que dijo que hay un par de colectivos descompuestos y eso ha ocasionado que se demoren los demás.
—Ah, muchas gracias por el dato señora —dijo Margarita con una sonrisa muy discreta.
—De nada, pero mire ya comenzó a avanzar la fila.
Margarita volteó a ver y en efecto, un colectivo había llegado y más de 9 personas se habían subido rápidamente. Intentó no contar cuántas personas faltaban antes que ella pero no se resistió, exactamente eran 6 personas. Es decir, que al siguiente colectivo podrían subirse y ella también. Continuó abanicándose y observando que la fila para el colectivo seguía llenándose.
Guardó por un momento el abanico, tomó su celular y escribió un mensaje al chat de sus amistades informando que podría demorarse unos minutos. En eso estaba cuando llegó el colectivo. Las seis personas que iban antes que ella subieron rápidamente y luego Margarita; alcanzó lugar cerca de una ventana pero el vidrio no se podía abrir. El transporte comenzó el recorrido, el calor era intenso. Margarita cerró sus ojos por un instante, luego sintió el golpe de su cabeza sobre la ventana. Había dormitado. Se despertó bruscamente, algo apenada. Ya no volvió a dormir. Decidió observar en la ventana.
En un alto del semáforo contempló a un señor de edad mayor empujando un carrito de paletas y helados, tenía un sombrero desgastado que apenas le cubría del sol, usaba una camisa arremangada y el rostro del señor se veía sofocado, tomaba aire y gritaba:
—¡Saborines, saborines!
—Mientras yo me ando quejando por el calor, por la espera, porque no quiero llegar tarde a mi cita para comer, este señor está bajo pleno sol y trabajando aún siendo muy mayor —se dijo para sí Margarita. Por su mente pasó la idea de que si el señor estuviera por la parada de la ruta 142 quizá vendería muchos de sus productos, sin embargo, la calle quedaba lejos de ahí. El semáforo cambió a verde y Margarita con el rostro triste alcanzó a ver la silueta del vendedor y a escuchar nuevamente,
—¡Saborines, saborines!
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 236. Canto de gesta para Camilo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

             
Polvo del camino/ 236

Canto de gesta para Camilo
Héctor Cortés Mandujano

La noche había tomado como suya la habitación de los reyes Tito I y Tita Única (sus nombres reales eran Héctor y Luisa, pero eso no importa). Dos hachones lanzaban lengüetazos amarillos a la oscuridad nocturna. Si viviéramos en tiempos modernos podría decirse que un transformador había estallado y había vuelto al reino a la Edad Media.
El principito Camilo se había quedado a dormir con sus abuelos, en la misma cama. El príncipe Jacobo, su hermano mayor, valiente y audaz, había acompañado a la princesa Nadia y Carolina –que así, con dos nombres la habían llamado–, quien, pese a lo oscuro del camino, había aceptado la invitación de ir al asado de un jabalí salvaje, cazado en las inmediaciones del Bosque Real.
Tita Única y el principito Camilo ya dormían, cuando el Rey escuchó un ruido amenazante cerca de los oídos del pequeño y del suyo:
—¡iiiiiiiíííííííIIIIIII!
Sabía de qué se trataba. Era el sonido característico de un zancudo, una bestia sedienta de sangre que, además, podía infectar de un sinnúmero de enfermedades.
El Rey, sabio y hábil como era, contuvo la respiración, preparó sus fuertes manos y en un segundo las usó –como una cárcel de imposible escape– en la anatomía del insecto asesino. Calló un instante la bestia que, como todos saben, es también un mago poderoso.
Se escuchó su voz, detrás de los dedos del Rey, que eran como barrotes de acero.
—Déjame salir, te prometo que me iré, junto con mis hermanos a otra parte, para no volver.
—No te creo –dijo Tito I.
—Mira, si me dejas ir, te regalaré un caballo…
—No me interesa –dijo el Rey–, tengo automóvil.
—Te daré un dragón, para que cuide con su fuego poderoso tus heredades…
—Tengo una estufa, con cuatro quemadores, y dos caninas que cuidan mi fundo: la gran Atenea y la pequeña Chiripa.
—Con mis hermanos, te haré una orquesta magnífica…
—Ya tengo Spotify.
—Pondré a tus pies una bellísima mujer…
—Tengo una consorte, que es una mujer hermosa.
[Tita Única sonrió en sus sueños.]
—Me cansaron tus ofertas –dijo Tito I– y como si fueran dos placas metálicas cerró sus palmas y el zancudo quedó aplastado, muerto.
Aunque no lo pareciera, la conversación había sido escuchada por una docena de zancudos que, desde la oscuridad, también calculaban el instante para lanzarse a las venas de los tres yacentes y tomar su sangre azul.
Al ver lo que había pasado con su hermano, como un conjunto de negras y pequeñas golondrinas que presagiaran tormenta, se escaparon por el dintel de la puerta del dormitorio Real, volaron con rapidez por las demás estancias hasta llegar a la puerta principal donde salieron al bosque de las inmediaciones, lleno de árboles cada vez más verdes y grandes por las lluvias constantes que habían caído en días pasados.
El Rey, entonces, cerró los ojos y lo mismo que la Reina y el Principito se entregó en los brazos de un sueño delicioso…

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 235. Ser de buena madera. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Nadia Arce Mejía.

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Ser de buena madera

El mediodía del jueves el calor estaba más que sofocante, Asunción ya no sabía bien qué le causaba más irritación si el clima agobiante o la situación que estaba pasando. Salió de la oficina en la que compartía espacios con sus compañeras del trabajo y se dirigió al baño.
Mientras caminaba al sanitario iba pidiendo por dentro no encontrarse a nadie en el pasillo, por fortuna sus ruegos fueron escuchados. Al llegar al sanitario entró, cerró bien la puerta, se plantó frente al espejo, se miró y corroboró que tenía los ojos a punto de desbordarse en llanto. Al principio sintió que tenía mucho enojo, luego se fue calmando un poco y su sentir cambió a tristeza. Se sentía defraudada porque una persona a quien recomendó en la empresa donde laboraba había hecho malos comentarios hacia ella.
—¿Pero, Asunción, en qué momento confiaste en esa persona para que le dieran trabajo? Mira lo que ha dicho de ti, ahí sigues ayudando a la gente —su voz sonaba entre alterada y triste.
Se quedó un ratito más hasta que sintió que estaba más tranquila. Se lavó las manos, sentir el agua le hizo volver al presente. Observó que sus ojos estaban aún irritados por el llanto. Se enjuagó el rostro.
—Adiós maquillaje, bueno, no importa —dijo, intentando sonreír para sí.
Como a manera de cascada vinieron a su mente una diversidad de situaciones y retos que había tenido, personales y familiares y cómo había salido adelante, siempre con apoyo de sus familiares y amistades.
—¡Vamos de nuevo Asunción! Caer para levantarse y volver con nuevos bríos.
Su responsabilidad y compromiso respaldaban su trabajo, así que confiaba en eso. Recordó en especial el comentario que le hizo su primo Fernando en alguna ocasión donde tuvo una situación familiar que la desanimó:
—Todo saldrá bien Asunción, verás que pronto hallarás la solución. No desesperes, recuerda que eres de buena madera.
Sintió que su corazón se reconfortó. ¿Qué significado tenía ser de buena madera? Recordó a las mujeres y hombres de su linaje, personas buenas, amorosas, solidarias, luchadoras. Vaya que Fernando tenía razón.
Buscó en la bolsa derecha de su pantalón de mezclilla, halló su labial. Se pintó los labios y dibujó una sonrisa. Se acomodó el cabello. Salió del baño rumbo a su oficina. Su respiración estaba más tranquila, su paso era firme. Respiró profundo. Dejó que su corazón fluyera sin permitir que ningún mal sentimiento fuera para la persona que la ofendió.
En su mente resonaba la frase, "ser de buena madera". Antes de entrar a la oficina musitó para sí:
—Exactamente, soy de buena madera.
Asunción entró a la oficina. Las miradas de sus compañeras se fijaron en ella y les devolvió el mensaje con una sonrisa, de las que nacen del corazón.
Fotografía: Nadia Arce Mejía.
Fotografía: Nadia Arce Mejía.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.