Voces ensortijadas 223. El regalo más esperado. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El regalo más esperado

El sol estaba más que intenso al mediodía de ese jueves. Alicia llegó temprano a casa, había solicitado permiso en su trabajo, tenía un fuerte dolor de estómago. El trayecto de la ferretera, en donde laboraba, a su casa se le hizo eterno.
Una vez en casa se sintió tranquila, aunque no había nadie, todos estaban en el trabajo. Alicia recordó que su mamá, doña Olga, solía decir que automedicarse era peligroso. Intentó hacer memoria para verificar qué había comido en la calle que podría dañar su salud. Esperaría a que llegara alguien de su familia para que la acompañara al consultorio médico. De nuevo sintió un retortijón en el estómago. Se acordó que en el patio podría encontrar alguna planta medicinal.
Al dirigirse al patio percibió lo cálido del clima, como cuando estaba cocinando algo y abría la puerta del horno para verificar si se había cocido. En el patio se acercó a buscar unas hojas de estafiate o ajenjo, aunque eran parecidas Alicia las distinguía muy bien. Eso le ayudaría a calmar la molestia del estómago mientras iba a la consulta. Su rostro se asombró al contemplar que la planta de estafiate y ajenjo estaban muy secas, al igual que las hojas de un par de árboles de limón que había. Tenía alrededor de tres días que habían regado las plantas y árboles.
—¡Uy, pero qué les pasó con tanto calor! Ustedes requieren agua para reanimarse, pero agua de lluvia —dijo en voz alta, como en diálogo con las plantas y árboles.
Alicia decidió cortar unas hojas de estafiate para prepararse un té. Mientras esperaba que el agua hirviera volvió al patio, observó con una mirada triste que las hojas de los árboles de limón estaban encogidas. Vaya que el calor era intenso y la sequía generaba parte de esos efectos.
Regresó a la cocina, vertió la infusión de estafiate en una taza y se dirigió al patio. Ahí se sentó sobre un banquito, a esperar que su té se enfriara para tomarlo. Fue bebiendo poco a poco la infusión, disfrutando del aroma de la bebida. Cerró sus ojos un momento y recargó su espalda sobre la pared. Sintió alivio en el estómago luego de haber terminado el té. Se incorporó de nuevo, abrió los ojos y se dio cuenta que la intensidad del sol se había opacado un poco. Alzó la vista y observó que rápidamente se había formado un conjunto de nubes que pasaron de tonalidad gris claro a gris oscuro.
—¿Será que va a llover? No creo, es bien temprano, aunque está bastante nublado y caluroso. ¿Se imaginan que lloviera? Ése es el regalo más esperado para calmar el calor y sobre todo para que ustedes se recuperen. Mi abuelita Sofía siempre comentaba que no hay que perder la esperanza —dijo Alicia dirigiéndose a los árboles y plantas.
Se levantó del banquito y fue nuevamente a la cocina a dejar la taza, ahí estaba cuando percibió el aroma a tierra mojada, seguido de los ruidos de unas gotas de lluvia que comenzaron de menor a mayor intensidad. Alicia se dirigió al patio, se detuvo en la puerta con una sonrisa en el rostro, al tiempo que observaba que la lluvia, el regalo más esperado, se hacía presente.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 223. ¿Todos somos monstruos?/1. Héctor Cortés Mandujano

Ilustraciones: HCM.

                      
Polvo del camino/ 223

¿Todos somos monstruos?/ 1
(Una de cuatro)
Héctor Cortés Mandujano

Con mi agradecimiento a mi tocaya Leonora Ventura,
quien siempre me manda ilustraciones de su papá, el genial Héctor Ventura


En el documental Civiles armados. El “holocausto olvidado” (dirigido por Manfred Oldenburg y Oliver Halmburger, 2023), sobre civiles que perpetraron matanzas de judíos en la Alemania nazi, se entrevistan a historiadores, especialistas en el tema y al abogado (joven entonces, de 100 años en el ahora del documental) que enjuició a los asesinos a mansalva de más de un millón de seres humanos.
Lo que se cuenta lo documentaron los propios nazis, quienes ofertaron a alemanes comunes (mecánicos, panaderos, trabajadores manuales, etcétera) para que formaran batallones, con una sola misión: fusilar, cara a cara, en la mayoría de las veces, en bosques o junto a las tumbas que les hacían cavar, a hombres y mujeres judíos, bebés y niñas/niños.
El acento lo ponen los entrevistados en que matar era opcional. El que ordenaba todo era muy específico: si alguien no quería disparar, podía no hacerlo. Fueron muy pocos los que escogieron esta opción y fueron designados, entonces, a lavar letrinas y hacer otras tareas, y a soportar las burlas de sus compañeros: cobarde, maricón...
Matar, para algunos, se convirtió simplemente en un trabajo, y así, dentro de los muchos grupos que se hicieron, hubo el que descubrió su gusto por humillar y torturar a los detenidos (el documental es prolijo en datos y fotos), el que consideraba aquello una labor ingrata y tenía ciertos remordimientos, y el que lo hacía sin ninguna duda, sin dejar de cenar y reírse al gusto después de su macabra chamba.
El abogado jovencísimo, Benjamin Berell Ferencz (1920-2023), junto a su equipo, encontró debajo de una villa (luego de la muerte de Hitler y la caída del nazismo) ¡diez millones de carpetas! de informes oficiales. Comenzó a sumar los muertos y se dio cuenta que eran más de un millón. Al llegar a esa cifra, tomó como suya la puesta en marcha de un jurado, de un procedimiento que pusiera frente a frente a los asesinos con sus monstruosos asesinatos. Y allí descubrieron él y todos que no había en los perpetradores ningún arrepentimiento: lo habían hecho por la patria, porque se los ordenaron. No se asumían responsables ni culpables. ¿Y por qué mataron a los niños?, preguntaron al Dr. Otto Ohledorf, uno de los principales criminales. “Porque cuando crecieran iban a odiar a Alemania”. Era mejor eliminar el peligro para el futuro. El tipo era padre de cinco hijos. Fue ejecutado.
Lo terrible es que, dicen los especialistas entrevistados, los asesinos se sentían víctimas: sufrieron cuando mataban y ahora los juzgaban por haber obedecido. Las víctimas no eran los millones de muertos, sino ellos, pobres, tan incomprendidos.
La mayoría de los participantes eran padres de familia, gente común, incluso un recién casado, que llevó a su joven esposa a ver los montones de cadáveres, a empaparse con su trabajo patriótico de matar seres indefensos (hay fotos). Y eso es lo peor: no eran militares educados para eso, no eran sicarios de profesión; se supone que no eran crueles, sino pacíficas personas. La conclusión es que cualquiera puede ser convencido de cometer atrocidades en nombre de una idea, de un gobierno, de una posición política.
Una persona común, si se le convence ideológicamente o se le paga, puede convertirse en un asesino desalmado. ¿Todos somos monstruos?


Ilustraciones: HCM.
Ilustraciones: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 222. Tarea de hombres. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                      Polvo del camino/ 222

Tarea de hombres
Héctor Cortés Mandujano

No existen los hombres de verdad

Un pandillero,
en Please, Baby, Please

Por la generosidad de mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa, estoy gozando en estos días de la plataforma Mubi, que es especialista en películas no convencionales ni populares, aunque (muchas) sí premiadas o validadas por la crítica.
Cuatro que vi, más o menos seguidas, a las que se sumaron aleatoriamente otras dos, me parecen una reformulación del papel masculino. Me explico: en Passages (2023), de Ira Sachs, el protagonista es un bisexual que vive casado con un hombre y se enamora de una mujer; en La pianista (2001), de Michael Haneke, el hombre no puede entender a la mujer que no quiere besos ni penetración, sino casi sólo violencia; en Rotting in the Sun (2023), de Sebastian Silva, un homosexual va a una playa nudista de sólo hombres, pero, aunque se muestra muy interesado con la variedad de penes de los vacacionistas, no se relaciona eróticamente con ninguno, y en Please, Baby, Please (2022), de Amanda Kramer, el hombre, casado convencionalmente con una mujer dominante, dice no tener interés es comportarse como se supone que debe comportarse un hombre.
Tomas, en Passages, juega con la idea del artista: estoy por encima de las convenciones y tomo lo que quiero. Es un director de cine y tiene un marido que debe bailar a su ritmo y no lo hace del todo. Como lo deja solo en una fiesta, Tomas seduce/se deja seducir por una mujer, con la que tiene relaciones sexuales. Decide por eso dejar a Martin e intentar que funcione la relación con Agathe, a la que embaraza. No resulta tan simple, porque también quiere seguir con el hombre. En el camino, los dos (Martin y Agathe) se dan cuenta de lo manipulador que es Tomas y ambos lo dejan. Él parece no haber entendido la decisión de aquellos a quienes sólo usaba para sus intereses. La mía es por supuesto una lectura, entre muchas; pero esa historia puede ser un paradigma de los tiempos actuales. [Hay, por cierto, una película francesa, My Sole Desire (2022), dirigida por Lucie Borleteau, donde lo que ocurre es al revés: una lesbiana está enamorada de su marido y luego se enamora de una mujer. Igual, no sabe qué hacer.]
La pianista es una adaptación de la novela de Elfriede Jelinex, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 2004 y la historia está centrada en Erika, una profesora de piano cuyos intereses en el terreno sexual no son convencionales. Uno de sus alumnos se enamora de ella y quiere el repetido asunto de enamoramiento-pasión-ayuntamiento sexual y a ella eso no le interesa: quiere violencia (es un resumen de algo más complejo). Él no sabe cómo darle gusto y las cosas terminan previsiblemente mal. Si nos ponemos metafóricos, se podría afirmar que los hombres queremos tocar las mismas teclas siempre (mi alusión es al piano, por supuesto) y las mujeres buscan algo más. La peli es perturbadora.
En Rotting in the Sun, Sebastian Silva se representa a sí mismo y aunque la cinta se trata de otra cosa (es casi policiaca en su segunda parte), es notorio que no es el sexo ni casual ni permanente lo que busca este homosexual. La vida no se trata de sólo eso.
Dice el líder de los pandilleros en Please, Baby, Please que él está por encima de los demás, porque ellos lo han puesto en esa escala, pero, dice a sus compinches, en un arranque de sinceridad, “cada uno de ustedes me aterra, son el estándar de hombre que debo aparentar que soy”. Dice el protagonista: “Quiero ser un niño feliz. No tengo que certificar mi sexo ante ninguno de los dos sexos”.
Antes, en una cinta de Claude Chabrol, Cuestión de mujeres, de 1988, un diálogo entre una mujer y un hombre. Ella: “No eres romántico”. Él: “Soy un hombre”. Parece que esa respuesta, si la damos hoy, ya explica muy poco; ser un hombre, ahora, no es una tarea tan simple.

Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 222. El baúl de nuestros tesoros. María Gabriela López Suárez


Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El baúl de nuestros tesoros

El olor a tierra mojada le hizo evocar a Pilar uno de los momentos que más atesoraba de su infancia, compartir con doña Beti, su abuelita materna, los tesoros que ambas tenían.

Doña Beti solía sentarse sobre la cama, abrir el ropero y sacar un baúl de tamaño mediano. A su lado se ponía Balín, el perro que era un amoroso integrante de la familia. La primera vez que Pilar vio el baúl tuvo curiosidad de conocer qué tanto tenía en su interior. Más de una vez observó los tesoros que guardaba doña Beti, entre ellos, fotos antiguas, una lámpara que se armaba como una especie de mechero, hilos, agujas, botones y pequeñas latas que eran decoradas con figuras de flores y hojas. Y se sintió agradecida que su abuelita le permitiera un espacio en el baúl para guardar los tesoros de Pilar.

El recuerdo que se le vino a la mente a Pilar fue la ocasión que entró a la habitación de su abuelita justo cuando doña Beti sacaba el baúl de los tesoros.

—Pili, ¿ahora qué trajiste para guardar en el baúl?

—Abuelita esta vez encontré unas piedras pequeñas con formas muy bonitas, como si fueran conchitas, mira.

Balín, inquieto, formaba parte de la escena del compartir los nuevos tesoros, movía la cola como queriendo conocer cuál era la novedad.

—Oye abuelita, ¿qué vamos a hacer cuando ya no quepan más cosas en el baúl? —preguntó Pilar en tono preocupado.

El asombro se percibió en el rostro de doña Beti, su mirada tranquila se fijó en la de su nieta, antes de responder hubo un breve silencio.

—Compraremos más baúles mi niña, no te preocupes por eso. Vengan esas piedritas para guardarlas.

Pilar dibujó una sonrisa mostrando la alegría ante esa respuesta, su mente quería volar para hallar más objetos distintos, los tesoros que su abuelita y ella compartían.

Algunas veces la lluvia era quien acompañaba el paisaje sonoro de esos encuentros entre abuela y nieta. De ahí que el olor a tierra mojada de esa tarde trajera a la mente de Pilar esas memorias.

—El baúl de nuestros tesoros —dijo para sí, Pilar.

Cerró sus ojos, respiró profundo. Observó el baúl de doña Beti, intacto en el ropero, su corazón sintió la emoción que ambas tenían cuando se juntaban para compartir esos instantes. El fondo musical de la lluvia continuaba escuchándose.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

El tintero de Nadia. 2. Fuente, oráculo y salvación. Nadia Arce

Fotografía: Nadia Arce.

                        El tintero de Nadia/ 2
Fuente, oráculo y salvación

Mi experiencia literaria
Nadia Arce

Los libros son grandes puertas a mundos internos y externos. No hay mejor camino que las páginas de un libro para viajar. Uno de mis primeros viajes literarios fue con uno pequeño, me lo regalaron en la FIL siendo yo una niña. Al leerlo me volví árbol y supe lo que la vida de un abeto podría ser de principio a fin, transcurrí de la alegría y el amor de la naturaleza a una fatal angustia sobre el consumismo y actitudes humanas; entendí todo lo que pudo haber sentido este ser personificado. Se trataba de Hans Christian Andersen, con el cuento: El Abeto. Era un ejemplar que llevaba con una ilustración en la portada de una niña que jugaba en el piso, al pie de un arbolito de navidad, según recuerdo, la imagen estaba enmarcada con un diseño marmoleado rojo. Lloré al final de la historia, fue impresionante para mí, todavía no sabía tanto del potencial de la escritura y fue un principio muy conmovedor.
Otro gran libro en mi infancia es El Diario de Ana Frank, también estaba jovencita cuando lo encontré o como dicen: me encontró. Mi memoria no me sabe decir cómo llegó a mis manos, sólo recuerdo que era viejo, de portada verde. Creo que lo tomé de alguna biblioteca familiar, “prestado”, como acostumbrada hacerlo al explorar entrepaños llenos de polvo y de libros que llevaban años sin abrirse, sentía que adoptaba aquellos objetos y me volvía su propietaria temporal sin pedir permiso y si lo pedía no lo recuerdo tampoco. Ana Frank me acompañó una corta pero significativa etapa en mi edad adolescente. Cada página me hizo vivir una realidad desconocida. Las palabras y vivencias las viví claras, de una manera simple y resuelta conocí la vida de esta niña. Su voz narrativa me pareció honesta, detallada con una precisión sensible que me transportó a su interior de muchas formas. La frustración y la impotencia me arrebataron el final de una historia de vida, similar a la de muchas injusticias que conocería después en mi propia novela personal.
No sé cuántos libros he leído, lo único que sé es que no son suficientes y que toda una vida no me bastaría para leer todo lo deseado. Sin embargo, al recordar estos dos títulos de mis primeras lecturas importantes, observo con curiosidad que mis inclinaciones a los géneros de cuento corto y de autobiografía son profundamente marcadas en mi presente. Aunadas a mi gusto poético, fueron los ejemplares de poesía, sobre todo antologías, el otro eje fundamental de mis preferencias literarias. Con Altazor de Vicente Huidobro encontré una especie de cúspide que no ha sido suplantada en el poema titulado: "Canto II" y con Oliverio Girondo y su Espantapájaros sigo impactada. La creatividad fonética, el juego de palabras y la brava honestidad de estas propuestas han sido resguardo habitual en mi andar bibliófilo. Olga Orozco con Anotaciones para una autobiografía, es otra representante de estas preferencias y por supuesto Julio Cortázar, autor un poco más complejo, recomiendo leer para principiantes y fans su compilación de cuentos Todos los fuegos, el fuego. Aunque comencé leyendo a Sabines y a Benedetti con El amor las mujeres y la vida, son autores elementales para mí, a quienes sigo reconociendo; escritores que parecen tan distantes en tiempo pero siguen siendo cercanos aún a tantos años de este primer reconocimiento en su popular voz. Sor Juana Inés de la Cruz es sin duda otra pluma que estuvo presente y muchas muchas novelas también como Ensayo sobre la ceguera de José Saramago, El amor en los tiempos del colera de García Márquez y La ladrona de libros de Markus Zusak, encabezan a mis favoritas.
En otra etapa singular he leído literatura juvenil, fue algo inevitable por la profesión en la docencia y recuerdo con cariño esta temporada de aventuras ya en mi adultez. María Fernanda Heredia me contagio de adolescencia con su libro La lluvia sabe por qué. Después de muchos años como lectora y después como escritora ahora hago libros. Sigo fascinada con las antologías, encontrar en ellas temas de variada luz me parece afortunado y en ese camino he de continuar. Puedo recomendar ampliamente su lectura y mencionar la Antología de Poesía Latinoamericana, de la editorial Norma como excelente referente.
Por último, cierro con la experiencia de Momo, libro de fantasía, de Michael Ende, el mismo autor de La historia sin fin. Momo, es una historia cautivadora, me gusta tanto como el famoso Principito. Sin embargo, encuentro en Casiopea, personaje de esta historia, una gran fascinación. El tema del tiempo, los hombres grises, las imágenes de los relojes y la importancia de una infancia saludable son páginas que rememoro en nuestro primer encuentro y que reinterpreto y he amado en los siguientes. Estoy segura, que cada libro mencionado seguirá brindándome esta magia, si vuelvo a las páginas de cualquier libro que he mencionado, encontraré de nuevo sus secretos. Cuando regresé, o vaya a otros, encontraré aún más. Los libros son fuente, oráculo y salvación. ¡Dios bendiga a los buenos libros!

[Extraido de Jorge Alfonso Sousa Jauffred y Godofredo Olivares Cortés, coord. Marca de fuego. Experiencia de escritores en torno a la lectura. Editorial Universidad de Guadalajara, 2022]
Fotografía: Nadia Arce.
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www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 221. El arte de caminar. María Gabriela López Suárez


Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

El arte de caminar

El clima en la época de primavera estaba más caluroso que en años anteriores. Inés recordó que era martes, día de ir a caminar por la tarde con Verónica y René, amistades que vivían en su colonia. Por casualidad los había saludado una tarde y le contaron que solían salir a caminar toda la semana, para soltar el estrés laboral y ejercitarse un poco. Inés les preguntó si podía unirse a la caminata y le dijeron que por supuesto, por sus actividades ella solo podía salir tres veces en la semana y el martes era uno de esos días.

Mientras Inés iba a encontrarse con Verónica y René se dio cuenta que el calor se había apaciguado un poco y comenzaba a correr aire, eso ayudaría a que su caminata fuera más grata. El área en la que salían a caminar era un parque con muchos árboles que les brindaban además de un bello paisaje una magnífica sombra.

Al llegar al punto de reunión Inés se percató que solo estaba Verónica quien luego de saludarla le dijo que René llegaría con retraso, así que ellas iniciaron el recorrido. Poco a poco se fueron sumando otras personas de diferentes edades, jóvenes, mayores y algunas adolescentes. Al cabo de un rato la zona era de mucho movimiento.

Esa tarde Inés se detuvo un momento para tomar un descanso, se había doblado el tobillo y aunque la molestia era leve, decidió detenerse para darse un masaje. Verónica quiso ayudarla pero Inés insistió en que no era grave, que ella siguiera con la caminata. Inés buscó un banca, se quitó el tenis del pie derecho y comenzó a masajear la zona del tobillo. Luego movió suavemente el pie hasta dejarlo en reposo por unos minutos.

Al estar sentada comenzó a observar a la gente que caminaba, trotaba y corría en el parque. Su mirada se centró en quienes hacían caminata, se percató de ritmos distintos, al tiempo que los rostros también comunicaban a través de los gestos que cada persona reflejaba. Luego se detuvo en ella, ¿cómo se había doblado el pie? ¿Aceleró el paso? ¿Se distrajo? Intentó hallar alguna respuesta pero nuevamente se fijó en el caminar de las personas, a lo que llamó el arte de caminar, hasta ese momento no se le había ocurrido que el caminar es como vivir la vida. Cada quien tiene su ritmo, su modo, su estilo y su gusto por los lugares que serán recorridos, pero también hay tropiezos, esguinces, caídas y ante ello, las pausas son necesarias para apapacharse, recobrar el ánimo y continuar la caminata.

Inés movió nuevamente su pie, masajeó ligeramente la zona adolorida. Se colocó el tenis y decidió retomar la caminata, lo haría paso a pasito, pero con la mejor actitud. En eso estaba cuando escuchó la voz de Verónica,

—¿Lista Inés? Vamos por una vuelta más.
Inés volvió el rostro y le dijo,

—Sí, voy un poquito más lento pero te sigo.

Ambas sonrieron y continuaron el recorrido, cada una a su ritmo, concentradas. A lo lejos escucharon,

—¡Ya llegué chicas! Tarde pero seguro —era René que se integraba a la caminata.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 221. Las piernas, el lunar. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                      
Polvo del camino/ 221

Apuntes de oído/ 17

Las piernas, el lunar
Héctor Cortés Mandujano

Pos yo no tengo la culpa
de haber nacido bonita

“La entalladita”,
canción de Amparo Ochoa

La llamada Primera Ola Feminista que produjo la publicación de El segundo sexo (1949), de Simone de Beauvoir (Simone de Beauvoir. Del sexo al género, de Cristina Sánchez Muñoz), ponía el acento en que el cuerpo de la mujer (también el del hombre, por supuesto) era una construcción social y debía tener, bajo esos parámetros, ciertas características. El rostro, me detendré en ello, debía ser hermoso. Eso ordenaba lo social.
La música popular que se escucha en México no ha cambiado esa construcción. Cito unas cuantas canciones que aluden a ello: Bonita, de Luis Alcaraz; Insoportablemente bella y Bella señora, cantadas por Emmanuel; Bella, cantada por Mijares y, la cereza del pastel, Mujeres divinas, de Martín Urieta… Pura cosificación que va de los años cuarenta (tomo como referencia Bonita) al día de hoy.
En Yo te bendigo vida. Amado Nervo: crónica de vida y obra (Gobierno de Nayarit et al, 2002), de Carlos Monsiváis, Nervo escribe sobre la dificultad que era hablar de las gracias de las muchachas (p. 23): “…los ojos aterciopelados de Margarita (esto de los ojos aterciopelados lo repetía yo mucho), los dientes lácteos de Elisa, la fresca boca de Natalia, la piel de seda de Rosa, las manos patricias de Ángela… […] Si la muchacha no tenía nada de peculiarmente bello, había que inventárselo, y si era resueltamente fea, entonces quedaba el viejo y supremo recurso de la ‘virtud’, la ‘discreción’, la ‘suavidad’ de un carácter que hacía el encanto de propios y extraños”.
Esto me llegó a la cabeza porque escuchando a Javier Ruibal (El Puerto de Santa María, España, 1955) me hallé que él plantea esa dificultad también, desde otra perspectiva. La canción se llama “Lo que me dice tu boca” (el álbum, de 2005, se llama igual) y dice: “Si no te pinto bonita, no es porque yo no te quiera; que si te pinto igualita, igual son ocho que ochenta, que contigo nunca me salen las cuentas”.
El asunto de la belleza, se ha dicho, es subjetivo, aunque la subjetividad tiene un entorno, un discurso e incluso, decíamos, una imposición. No se discute lo bella que es una alborada, porque si no te gusta no hay nada qué hacer. Pero la belleza social privilegia colores, razas, formas…
¿Qué hacer, entonces? Ruibal se va por las comparaciones: “Ni todo el puente de Brooklyn, los Londres y los Parises, que a mí ya nada me dice lo que me dice tu boca y la huella de tus labios en mi copa”.
Y sigue con otra parte del cuerpo alabado: “Que me quiten lo pintado, quién quiere que lo demuestre: que todo el arte rupestre y la pintura moderna, no son nada comparado con tus piernas”.
Serrat también se va con las comparaciones en “Cada loco con su tema” (el álbum, de 1983, se llama igual). Dice que, puesto a escoger, prefiere “los caminos a las fronteras y una mariposa al Rockefeller Center”, y esto dicho a la mujer: “el lunar de tu cara a la pinacoteca nacional”… Bien toreado, me parece.

Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

El tintero de Nadia. 1. Amor a las palabras. Nadia Arce

                        El tintero de Nadia/ 1

Amor a las palabras
por Nadia Arce

La palabra es mitad de quien la pronuncia,
mitad de quien la escucha.
Michel de Montaigne

¿Has pensado lo que son? ¿En las palabras? Podemos escribirlas, leerlas y al nombrarlas ocurre magia, son ellas, las palabras invisibles, poderosas. Decir adiós o te amo conlleva atmósferas distintas. ¿Lo habías pensado? Las palabras son, a veces, todo lo que nos queda. Se pueden convertir en llaves, incluso en puertas. Su fortaleza crea escenarios, propuestas, soluciones.

Las palabras nos pueden otorgar la libertad o negarla. Por medio de ellas alcanzamos paradigmas, esclarecedoras travesías y planes bien trazados. Lo que pueda mencionarse acerca de estas unidades lingüísticas, es importante, es necesario usarlas con conciencia, para el beneficio personal y también para el orden y bienestar general. Las palabras bien encaminadas pueden ser la clave fundamental en una conversación, en un discurso, en reglamentos, en una carta, en una petición, en una despedida. Me han abierto alas, un texto mal escrito ni siquiera sabe tocarlas.

Me valgo de su fuerza para explicar y transmitir lo necesario, para dirigir lo lógico y lo urgente. Cuando he logrado escribir con su potencia, las vuelvo armas. Hay que usarlas con cuidado, pueden ser tan abyectas y peligrosas como las de Hitler, o tan convincentes y fundacionales como las de Jesús o Buda; como lo siguen siendo las de algunos líderes, las de Gandhi o Mandela; como lo hace Cortázar con sus libros, Olga Orozco en sus anotaciones autobiográficas o Alejandra Pizarnik en su poesía. Sus oraciones tienen el potencial de modificar al pensamiento y este nos puede modificar a nosotros. ¿Cómo no serían mis aliadas entonces?

Desde hace tiempo, me he fortalecido con los conceptos que las explican, con la fascinación de sus sonidos, me entrelaza y admiro el imperioso orden en su sintaxis y las buenas prácticas junto a la gramática. Y sin embargo a veces les temo. Decir lo que se tiene que decir claro y directo, sin adornos innecesarios, sin confusiones, sin errores, no es sencillo. Por eso, a veces prefiero pensar poéticamente sobre ellas…

Hay palabras que no decimos
y que ponemos sin decirlas en las cosas.
—Roberto Juarroz

Las palabras ayudan a existir. Son la entrada al mundo, eso nos distingue de los otros seres, eso me distingue a mí y me hacen sentir la sangre. No solo comunican, dan sentido. Me gusta crearme a través de su canto. Podemos instaurar mundos distintos por medio de ellas. Son mi agonía, mi reto, mi forma de manifestarme, son escudo y dominio. Es más que un gusto ser guía de algunas palabras, son mi rescate, mi forma de entenderme, un placer, mi verdadero amor. Por eso es imperioso gozar de las palabras, hoy y siempre.

Te reto a encontrar las propias, las más amadas y las que solamente se pueden nombrar en ocasiones especiales. Te reto a perderte en ellas también. Esta es mi misión al escribir, como guía de mis talleres, creadora de libros, editora de mi vida. Porque las palabras, no sólo son palabras. Pueden ser todo o reducirnos a nada. Incluso cuando se digan las más terribles como: ha muerto. Entonces buscarán una lápida y un epitafio, y también ahí, serán dignas y formidablemente importantes.

No sé si yo he sido buena con las palabras
o más bien las palabras son buenas conmigo.
—Nadia Arce

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*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de veinte
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero
Taller Ed.), 2023); Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 220. Los sonidos de la noche. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas
María Gabriela López Suárez

Los sonidos de la noche
Manuela había recibido con gran alegría la invitación de su tío Renato y tía Martina a visitarlos a su casa en el campo en el puente vacacional que se avecinaba. Cuando llegó a casa le comentó la noticia a Pedro y Marina, su hijo e hija, quienes se mostraron contentos pero no al grado de Manuela.
—Oye mamá, ¿hay conexión a internet en la casa de tía Martina y tío Renato? —preguntó Marina algo preocupada.
—¿Podré llevar la tableta? —le siguió Pedro.
—Les tengo la noticia que solo yo llevaré el celular por si hay alguna situación de emergencia. Este pequeño viaje además de visitar a nuestra familia también tiene la intención de disfrutar de la naturaleza y desconectarnos de redes sociales —fue la respuesta que les dio Manuela.
Los rostros de Marina y Pedro mostraron cierto desencanto. Manuela ya esperaba algo así pero no les puso mucha atención y les encomendó ir preparando su equipaje para tenerlo listo con anticipación.
El día del viaje madrugaron para salir temprano, subieron al autobús que los llevaría a la terminal cerca de su destino. El viaje tardó alrededor de cuatro horas. Martina y Renato fueron a traerlos. El encuentro familiar fue muy efusivo, la tía Martina era hermana de la mamá de Manuela y quería a su sobrina como si fuera su hija. Manuela había llevado una canasta con frutos secos que gustaban a sus familiares.
Al llegar a casa el tío Renato les indicó donde era la habitación que ocuparían. Luego de instalarse se reunieron en el comedor para desayunar. Al terminar de desayunar la tía Martina los llevó a visitar el huerto que tenían, ahí cultivaban verduras, así como albahaca, epazote, romero, cilantro, perejil, lavanda, citronela. Pedro se interesó en preguntar cómo podrían hacer eso en la ciudad, la casa donde vivían tenía poco espacio. Martina aclaró sus dudas y le dio sugerencias.
Para la comida les prepararon una sopa con verduras cosechadas del huerto y unas quesadillas con epazote hechas con tortillas de maíz amarillo. El agua era limonada con chía y de postre degustaron algunos higos que la tía había cocinado.
Manuela observaba a Marina y Pedro, en qué momento preguntarían si había conexión. Aunque no le veía mucho el caso dado que no habían llevado más que el celular de ella que por cierto ni había usado. El tío Renato dijo que en casa solían tener la tradición de tomar café con pan para contemplar el atardecer. Les contó que con sus vecinos más cercanos habían acordado que por las noches evitarían poner música a alto volumen, esto para disfrutar los sonidos de la noche. En la ciudad siempre había ruido y a ellos les gustaba el campo justo por la cercanía con la naturaleza. Al escuchar eso las miradas de Pedro y Marina se entrecruzaron pero no dijeron nada.
Esa tarde tomaron café con pan mientras la tía Martina y Manuela contaban anécdotas familiares y el tío Renato algunas leyendas. Luego Renato les dijo que pusieran atención cuando el sol se fuera ocultando, empezarían a escuchar los sonidos de la noche en el campo. Cesó el bullicio de las aves, dio paso a el canto de un grillito, luego se sumó otro más, al cabo de un rato la noche tenía un concierto de grillos. A lo lejos se escuchó un canto, pur-weeooo, Martina dijo que ya se había hecho presente un ave llamada tapacamino. Más adelante se comenzó a escuchar el croar de unas ranas y al cabo de un rato la noche en el campo se había hecho presente a través de sus sonidos. Manuela volvió la mirada a Pedro y Marina que mostraban estar disfrutando el momento, entre tanto ella cerró los ojos y nuevamente alcanzó a escuchar el pur-weeooo del tapacamino.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 220. Inferior al sueño. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                      
Polvo del camino/ 220

Inferior al sueño
Héctor Cortés Mandujano

Ahora tengo treinta años, y en mis sienes jaspea
la ceniza precoz de la muerte

Gabriela Mistral,
en “Poema del hijo”

Confieso que había leído varios libros de Gabriela Mistral y algunos poemas suyos en antologías, y que ninguno me había hablado a mí hasta ahora, con Desolación (Austral, 1951), regalo de mi amiga Linda Esquinca.
Escribe en “Vergüenza” (p. 71): “Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa/ como la hierba a que bajó el rocío,/ y desconocerán mi faz gloriosa/ las altas cañas cuando baje al río”. En “Balada” habla del desamor y de cómo la naturaleza no cambia ante ello (p. 72): “Él pasó con otra;/ yo le vi pasar./ Siempre dulce el viento/ y el camino en paz”.
En “Los sonetos de la muerte” se alegra de tener ya por completo, como suyo, al hombre muerto (p. 77): “Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,/ ¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna/ bajará a disputarme tu puñado de huesos!”.
Después de ella, piensa, no podrá el hombre amado provocar en otra mayor placer (p. 86): “¡Ah! Nunca más tus dos iris cegados/ tendrán un rostro descompuesto, rojo/ de lascivia, en sus vidrios dibujados”.
Hay amor después de la muerte nos dice, de nuevo, en “El vaso” (p. 91): “Yo sueño con un vaso de humilde y simple arcilla,/ que guarde tus cenizas cerca de mis miradas”. En “El ruego” pide a Dios por su hombre, porque es bueno, porque no es indigno (p. 92): “Pero yo, mi Señor, te arguyo que he tocado,/ de la misma manera que el nardo de su frente,/ todo su corazón dulce y atormentado/ ¡y tenía la seda del capullo naciente!”; es bastante explícito este verso (p. 93): “El hierro que taladra tiene un gustoso frío,/ cuando abre, cual gavillas, las carnes amorosas”.
Escribe en “Coplas” (p. 99): “Araño en la ruin memoria;/ me desgarro y no te encuentro,/ ¡y nunca fui más mendiga/ que ahora sin tu recuerdo!”.
Me encantaron estos versos a los árboles (p. 110): “Tres árboles caídos/ quedaron a la orilla del sendero./ El leñador los olvidó, y conversan,/ apretados de amor, como tres ciegos”.
En “Escóndeme”, ya en prosa poética, no en versos, escribe (p. 170): “Soy fea sin ti, como las cosas desarraigadas de su sitio; como las raíces abandonadas sobre el suelo”.
Dice en “Si viene la muerte” (p. 172): “Si te ves herido no temas llamarme. Llámame desde donde te halles, aunque sea el lecho de la vergüenza. Y yo iré, aun cuando estén erizados de espinos los llanos hasta tu puerta”.
En el apartado “El arte” habla de la creación, de cómo ésta se aparta de lo vulgar, de lo obvio (aunque lo cante a veces). Dice en “La belleza” (p. 173): “A ti, hombre basto, sólo te turba un vientre de mujer, el montón de carne de la mujer”, y cierro con el mandamiento décimo de su “Decálogo del artista” (p. 176): “De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño”.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com