Voces ensortijadas 280. Entre sonidos, aromas, colores y sabores. María Gabriela López Suárez

Fotografìa: Armando Belsoj: https://www.pexels.com/photo/mercado-hidalgo-27797628/

Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

Entre sonidos, aromas, colores y sabores

La alarma del despertador sonó a las 7 de la mañana, aunque era sábado Julieta tenía que levantarse temprano para ayudar en casa y avanzar con sus pendientes personales. Quiso quedarse unos minutos más en cama pero prefirió no hacerlo e iniciar con su día. El canto de los pájaros fue uno de sus estímulos.

El ambiente en casa era muy tranquilo, aparte de ella nadie más se había levantado. Fue a la cocina, se preparó un licuado de mango y luego se puso a ordenar su cuarto. La actividad no le llevó más de una hora, así que después de eso se dio un baño. El agua la ayudó para que terminara de despertarse.

Se asomó frente al espejo que tenía en el cuarto, comenzó a peinarse y observó que sus mechones en tono  morado estaban ya por desaparecer. Le faltaba darse un retoque o teñirse el cabello; buscó en sus productos de belleza y no halló ningún tinte. Así que la compra se sumó a su lista de actividades.

Era alrededor de las 8:40 de la mañana cuando se escuchó movimiento en la cocina de la casa, Julieta se asomó, era su papá que estaba revisando qué les prepararía para el desayuno. Se encontraba en un dilema, entre chilaquiles rojos con pollo o huevos a la mexicana. A Julieta le gustaban ambos, así que no tenía predilección por alguno.

El resto de la familia no tardó en despertar, así que antes de las 10 de la mañana ya habían desayunado y Julieta estaba lista para ir a hacer sus pendientes.

—Juli, aprovechando que pasarás por el mercado, por favor, te encargo me compres unas frutas y un ramo de flores —dijo doña Roselia, mamá de Julieta.

—¿Alguna fruta y flor en particular? —preguntó Julieta.

Una vez aclarado el pedido, Julieta partió a hacer los mandados. Iba muy entretenida pensando en qué tono se teñiría el cabello, castaño almendra, azul, cobrizo, rojo. En menos de lo que se imaginó ya estaba en la tienda revisando las tonalidades. Rojo oscuro fue la elección. Su rostro dibujó una sonrisa de oreja a oreja, imaginando cómo se vería con ese color de cabello. Además se compró un par de ballerinas en tonos fluorescentes.

Acto seguido, se encaminó por los pedidos de doña Roselia. Cruzó un par de calles y alcanzó a percibir el murmullo de la gente que estaba haciendo compras y de la que vendía: ¿Qué va a llevar marchanta? ¡Pásele por aquí güerita! ¿Quiere probar el quesillo? ¿Cuánto cuestan los dulces? Me da una medida de mangos. La voz de Julieta también se integró a estas expresiones, ¿dónde puedo encontrar flores? La respuesta fue inmediata: de aquel lado chula, ahí están los manojos.

El mercado era un espacio de encuentros entre mucha gente, pero además de eso prevalecían algunos elementos que llamaron la atención de Julieta en ese espacio tan lleno de vitalidad y movimiento. Los encuentros no eran simples sino entre sonidos, aromas, colores y sabores, que sin duda, formaban parte del día a día y que muchas veces se pasa desapercibido.

—¿Solo eso marchantita? —dijo una señora a Julieta, al entregarle un manojo de flores de azucena.

—Sí, muchas gracias — respondió Julieta mientras disfrutaba el aroma de las flores que se mezclaba con el de guayabas y mangos de la vendimia cercana, cuyos colorido despertaba el apetito y qué decir, del aroma a café recién molido del puesto de al lado.

Julieta regresó a casa, no solo con los mandados realizados sino con el deleite del conjunto de sonidos, aromas, colores y sabores que había presenciado.

 

Fotografìa: Armando Belsoj: https://www.pexels.com/photo/mercado-hidalgo-27797628/
Fotografìa: Armando Belsoj: https://www.pexels.com/photo/mercado-hidalgo-27797628/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 280. Margie Bermejo: Clavar los dientes. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

      Polvo del camino/ 280

Apuntes de oído/ 22

Margie Bermejo: Clavar los dientes
Héctor Cortés Mandujano

Los compositores son Arturo Márquez, ese gran músico, y la propia cantante Margie Bermejo. La canción es muy creativa en música y letra, y barre la idea de usar la palabra zorra como insulto a una mujer.
Margie Bermejo nació en Argentina, en 1953, y llegó muy pequeña a México, donde, de adolescente, fue corista de cantantes comerciales de éxito. Su primer disco, Las cosas sencillas, en 1979, la presentó como una mujer de ideas y búsquedas, que luego se movió hacia al jazz (Morir amando, La eterna desventura de vivir, Agua en la boca…). Su discografía tiene un cuidado repertorio y mucha gana y talento para explorar nuevas posibilidades del canto. En su exploración artística grabó incluso, con Dmitri Dudin, pianista y compositor de altos vuelos, una cantata (Ofrenda del tiempo) basada en “Piedra de sol”, de Octavio Paz.
“La zorra” (del álbum Mamacita del Mayab, 2000) inicia con un arreglo muy teatral, con la sabia mano de Márquez, como el presagio de algo que aparecerá pronto, hasta que se oye la voz ronca, temperamental, llena de matices de Margie Bermejo: “La ciudad nos aguarda, nuestros cuerpos están calientes, en el día se forma un calambre de impotencia; en las nubes, en el pavimento”.
Creo que la primera vez que oí esta canción -no estoy muy seguro, y ya no tengo el LP como para verificarlo- fue en otro álbum de Margie: Vox Urbi, de 1989, un buen bocado para la puesta en escena y el arte musical e interpretativo, porque la cantante también es actriz (estudió con José Luis Ibáñez y con Héctor Mendoza).
La primera parte de “La zorra” es hacia afuera, hacia el contexto: “la ciudad me enamora […] vidrios rotos, cabezas despeinadas, el filo del cuchillo, los viejos en las plazas”.
El arreglo maravilloso lo envuelve todo, con una tensión especial en el puente y es la voz de Margie quien de nuevo desliza sus palabras a nuestro oído y ya no habla de la ciudad de afuera, sino de lo que la puebla por dentro: “Amo ciertos silencios, a las moscas en la cocina, a los que llevan la botella en el bolsillo; los que hablan solos frente a un espejo, las mujeres que han vivido, que han vivido a piedra y agua. Amo a aquellas mujeres que aprenden con los dientes, la lengua, con los dedos y con los apetitos de la mente”.
Sin duda, la gran frase de esta canción viene casi al final y me parece una definición frontal y valiente: “Amo el ahora y le clavo los dientes, como una zorra hambrienta”.
Luego Margie juega con su voz: grita, gime, hace un coro más bien de jazz con las dos sílabas: zo-rra. El arreglo, la música, la sigue con agilidad en los tumbos, los remansos, los géiseres, en los sorpresivos meandros de esta canción río…
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Círculo dantesco. 2. Tu nombre. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: James Collington: https://www.pexels.com/photo/nighttime-beach-bonfire-at-grover-beach-29931760/

TU NOMBRE

A veces cuando escucho tu nombre
me vuelvo un sin fin de emociones,
quisiera decirte que la ausencia que me dejas
es más grande que la soledad que la acompaña,
pero tu ausencia y la soledad no podían ser sin la otra,
la soledad era tu sola ausencia.
En esta vida no pude hacer lo que hubiera querido,
algo tan simple como tomar tu mano a cualquier hora,
algo tan mundano como abrazarte en las madrugadas,
ahora por las madrugadas lo único que me queda de ti
es un recuerdo y la insaciable sed que me dejaste.
Quisiera darme la vuelta en la cama y despertar
sabiendo que no fue más que una simple pesadilla,
que estás a mi diestra calentándome con la hoguera
de tus infinitos brazos, de tus dulces labios y todo tu cuerpo.
No te acepto así, lejos de mí, con la abstinencia
que tengo de ti, con la pesadez de que algo me falta,
y todo lo que me falta eres tú a cada instante,
y tu voz feroz que alumbraba mi camino.
A veces me digo que ojalá nunca te hubiera conocido,
pero conocerte fue lo mejor que me pasó,
acompañada de ese basto idilio,
acreedora de las mil y una noches en que te espero.

—Dante.


Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.

El tintero de Nadia. 29. Ayer en el mar. Nadia Arce

Fotografìa: Alimurat Üral: https://www.pexels.com/photo/sunlight-reflecting-in-sea-at-sunset-17407357/


AYER EN EL MAR

Fue durante varios meses que acaricié la idea de visitar uno de mis lugares favoritos en el mundo. Estuve enferma, muy enferma, pensé que ya no lo vería más… llegó abril y el cumpleaños 18 de mi hija, pensé que si su mayoría de edad era un festejo grande podría ser ahí, en el mar, así que planeamos y gracias al plástico de una tarjeta de crédito decidimos el destino.

Por fin llegué a la orilla. Mis pies se regocijaban porque se llenarían de sal. Estaba ahí, en silencio, sin calma porque la gente atestaba a mis espaldas las sombrillas, con música, gritos, risas y pláticas que gracias a Dios ya no podía escuchar. Me concentré en sentir las olas, disfrutar la brisa y abrazar al clima que era más fresco que el de mi ciudad. Así que, decidí meterme al majestuoso mar. Pero antes, un niño que lloraba con tremenda intensidad robó mi atención, cabe mencionar que no soy fan de los pequeños varones pues me parecen bastante estridentes, brutales en sus juegos y toscos en sus formas, aunque muchos no cambian en su adultez, este pequeño parecía sufrir tremendo berrinche por algo importante, no absurdo como he visto que suele ser. Una noche antes, en la alberca del hotel vimos a dos pequeños de dos o tres años orinarse en la preciosa alberca climatizada. Su papá, francés por cierto, no los reprendió o al menos no entendí si lo hizo por su marcada pasividad. Primero fue uno de los hermanos, parecían de la misma edad, tal vez con meses de diferencia, y así en plena escalera comenzó a orinarse en la misma agua que yo compartía con mi hija. Al principio nos causó gracia pero después ya no, porque su hermano siguió el juego. Muy mal. Su papá permitió eso, aparte el niño menor estaba desnudo… el baño no es la alberca, ni la alberca el baño, en fin.

May, era un espécimen de esos, sin embargo no pude dejar de preocuparme pues estaba ahí sólo con su ataque de ansiedad así que sin pensarlo tanto me acerqué a él, y le pregunté que qué era lo que le pasaba, me dijo que no encontraba a su mamá, sin dejar de llorar, lleno de moquitos y con una palita de arena que cargaba de manera involuntaria un montón de medusas pequeñas o algo así, no sé qué eran, pero eso parecían, después lo comprobé pues la piel no permitía olvidar el ardor por un buen cacho de tiempo, después de su contacto.

Entonces pensé que era por eso su alarma, pero no, no parecía haberlas tocado, gritó por sus papás y sin calmarse comenzamos a caminar, le dije que los íbamos a encontrar (no tenía ni idea de cómo hacer eso en plena playa saturada de gente, sin embargo, no lo quise dejar solo), tendría unos cuatro años o seis máximo, me dijo que se llamaba May y su mamá “Tistina”. Mientras trataba de averiguar más detalles sobre el paradero de sus distraidos progenitores, una señora se acercó y me dijo: está perdido ¿verdad? Le contesté que sí y nos alejamos, no me dio confianza su pregunta.

Seguimos caminando por orilla de la playa, May soltaba gritos descomunales clamando por ayuda, yo hacía lo que podía por calmarlo, resultaba efímero pues no paraba aquel agudo llanto. Quise averiguar más, porque de repente se tranquilizaba un poco, quería saber si estaban en una palapa, restaurant o sombrilla propia pero no sabía, incluso se detenía para hacer pataletas, me daba mucha pena verlo así, tan desesperado, así que seguimos caminando mientras lo alentaba a estar tranquilo porque encontraríamos a su familia.

Yo volteaba para todos lados, él llevaba los ojos cerrados por llorar o gritar, así que lo tomé todo el camino de la mano, la gente nos veía con atención pero si no mostraban señales de conocer al niño poco me importaban, no había policía, ni nadie a quien acudir, de hecho, no iría con las autoridades a menos que me dieran buena vibra porque se sabe que la mayoría de los “policías” están metidos en la trata de personas, en este corrupto país.

Después de un rato un señor comenzó a gritar, muy muy a lo lejos: ¡May, May! Yo no sabía si nos había visto o era porque lo estaban buscando, el niño no escuchaba nada por sus propios alaridos pero yo sí, ¡serví de ayuda! ¿Saben lo bonito que se siente? Le dije rápidamente al pequeño que volteara y que si era su papá, venían varias personas, ¡no sé cuántas! El niño echó a correr a los brazos del señor que supuse era su padre, cuando lo vi seguro y alegre, preferí irme. Les dije adiós a unos 15 metros de distancia y me fui, totalmente satisfecha. Sentí un gran alivio, ese niño podría haber sido robado.

Espero haber hecho un poco de karma puntos con May, porque por lo general no soy tan amable con los chiquillos, pienso en ello porque la señora que no me dio buena vibra estaba muy atenta a mi regreso y no sé si nos siguió porque me dijo: ni las gracias te dieron ¿verdad? Ni había pensado en eso, pues más bien sentía que me había metido en una gran bronca si no aparecían sus padres o familiares, tutores o lo que lo descuidaron así, ahora que lo pienso, yo fui la agradecida. Y lo estoy por todas esas personas que día a día nos ayudan a mis hijas y a mí. Han sido muchos angelitos que están ahí por “casualidad”, espero que May crezca bonito y que ya no se vuelva a perder, ni en la playa, ni en la vida en ningún sentido. ¡Cuídate mucho May, nunca te olvidaré!


Nadia Arce
17 de abril 2025
Sayulita, Jalisco
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).

Voces ensortijadas 279. Las noches en el terruño. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Mario Samuel Chavez Ceja: https://www.pexels.com/photo/blood-moon-in-the-dark-night-sky-12161289/

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez


Las noches en el terruño

Cada mes del año tiene su encanto especial, cada persona tiene su mes favorito. Mayo es de los meses que me gusta porque la temporada de lluvias —que tristemente cada año va teniendo más cambios — suele iniciar. El olor a tierra mojada es de los aromas más agradables para mí. Entre algunos motivos es porque me remonta a la infancia, a los días en que lo prioritario era el juego, así como esperar las vacaciones para que las amistades o familiares nos visitaran y las cálidas tardes eran acompañadas de la lluvia que las refrescaba. Luego, las familias solían salir a la calle, colocar sus sillas entretejidas o tipo mecedoras para conversar o simplemente tomar el aire.

A medida que Tuxtla Gutiérrez ha ido creciendo, no solo en población sino en tener más calles, más edificios, más autos, más puentes y menos árboles, menos espacios verdes, la dinámica en la vida cotidiana se ha modificado mucho. Aún con todos estos cambios los meses siguen teniendo sus detalles lindos.

Continuaré comentando que, en mayo además de las diversas celebraciones que hay, se pueden percibir conciertos matutinos muy gratos, parvadas de cotorros que contagian su algarabía por las mañanas y qué decir del canto de los zanates y de los cenzontles. En la temporada de lluvias la naturaleza cobra nueva vida, no solo reverdecen los árboles sino que también la fauna nos muestra su alegría.

Pero, ¿qué hay de los encantos en la noche? Es muy curioso que mientras en varias partes de la ciudad está la bulla del tráfico, las plazas comerciales, los negocios, los restaurantes, hay otros espacios que nos recuerdan la bella vida nocturna de la naturaleza. Algunos de estos espacios los encontramos en los andadores del Río Sabinal.

Hace algunos días mientras caminaba en uno de los andadores, cobijado por un frondoso árbol de ceiba, un árbol de guaya y otro de guayaba, escuché el tímido canto de unos grillitos. Digo tímido porque no se escuchaba tan fuerte, quizá por la presencia de quienes pasamos por ahí. A lo lejos, otro sonido llamó mi atención, me detuve un momento y alcancé a escuchar un paisaje sonoro que tenía bastante tiempo de no contemplar, el canto de los sapos.

¿Han escuchado este canto? Es bastante potente, se genera también como una especie de eco que se convierte en una melodía que, sin duda, arrulla en la noche. Este canto fue un bello regalo, me recordó la importancia de disfrutar que las noches en el terruño son bellas en cada época del año, solo hay que salirse un poquito de lo rutinario y darnos la oportunidad de prestar atención a lo que nos rodea en la naturaleza.

Fotografía: Mario Samuel  Chavez Ceja: https://www.pexels.com/photo/blood-moon-in-the-dark-night-sky-12161289/
Fotografía: Mario Samuel Chavez Ceja: https://www.pexels.com/photo/blood-moon-in-the-dark-night-sky-12161289/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 279. Árboles y dioses, 2. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.

       Polvo del camino/ 279

Árboles y dioses
(Segunda de dos partes)
Héctor Cortés Mandujano

Allá adentro, en mi frente,
el árbol habla.
Acércate, ¿lo oyes?

Octavio Paz,
en “Árbol adentro”

Seguimos con La rama dorada, de James Frazer.
La idea de hombres dioses es primitiva; sin embargo, permeó y permea aún en las nuevas épocas. Los dioses encarnan en hombres. En algunas sociedades, se necesita que el mago o el sacerdote beba sangre para ser poseído por un dios; en otras basta usar un árbol sagrado o una planta.
En algunas comunidades hubo dioses humanos elegidos por creer que podían curar o matar a voluntad. Ningún lugar más prolífico en hombres dioses como la India. Del lechero al rey, cualquiera puede ser un dios encarnado.
No sólo allí. “Montano el Frigio proclamó ser él mismo la encarnación de la Trinidad, uniendo en su sola persona a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo”.
En 1830 apareció en EUA un hombre que declaró ser el hijo de Dios; aseguró que si la humanidad no cambiaba haría pedazos el mundo. Un alemán le pidió que hablara en su lengua., porque no entendía inglés. Y el “salvador” dijo que no sabía alemán. Un hijo de Dios sabe todos los idiomas, le dijeron, y se burlaron de él.
Los tibetanos saben que el alma de los grandes lamas, cuando mueren, trasmigran a un niño. Lo buscan y se prosternan ante él. En África hay reyes de la lluvia; si no cumplen su función, les abren la panza (allí llevan la lluvia, se supone) o los apedrean.
En Camboya hay reyes de fuego y agua. Llevan sendas espadas. Si las sacan un poco, hay quemazones e inundaciones; si las sacaran completas, el mundo acabaría.
Hay bosques y árboles sagrados. En ciertos pueblos se cobraba vida por vida. Si un hombre tiraba-mataba un árbol, era muerto. El árbol gigante grita cuando cae.
En los árboles, creen en la India, hay machos y hembras. Hay celebraciones en distintas partes del mundo donde hombres se disfrazan del rey árbol y los niños del rey hoja. Las mujeres son flores. Esa costumbre se da aún en lugares, como Chiapas, donde se elige a una muchacha como “la flor más bella del ejido”.
En homenaje a los dioses forestales, dice James, se hacen ofrendas con hojas, flores y frutos colgados en un palo, que en Chiapas, con el nombre de somé, sigue siendo práctica cotidiana…
[Cuando siga leyendo este libro infinito, les seguiré contando.]
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Voces ensortijadas 278. Cruzar el puente. María Gabriela López Suárez

Fotografía: María Gabriela López Suárez.

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez
Cruzar el puente

Esa cálida tarde de verano Tina se sentía a punto de desfallecer, el calor era sofocante, alrededor de los 41 grados centígrados. Estaba en casa, en espera de que Gina y Óscar, dos de sus amistades en la universidad que ahora vivían en otro estado, le hicieran una videollamada. Antes de revisar el celular para ver a qué hora habían quedado de platicar, se dirigió a la cocina para prepararse un suero casero.
Se sirvió el suero y se fue al pequeño jardín que tenía en casa. Las flores que había en diversas maceteras eran una especie de oasis en su hogar, tenerlas no solo le generaba paz sino también un agradable aroma. Esa tarde decidió degustar su suero sentada, cerca de sus maceteras, donde colocó un pequeño banco. Revisó el celular y confirmó que faltaba un par de horas para el encuentro en línea con sus amistades. Respiró con tranquilidad.
Terminó el suero, se sintió mejor. Alcanzó a percibir el aroma de sus flores, sobresalía el de un pequeño rosal que le había obsequiado su tía Inés. Observó las flores que había en sus maceteras, todas eran bellas; cada una tenía una historia particular de cómo habían llegado a su casa. No pudo evitar traer a la mente las travesías que hay en la vida, para ella eran como cruzar un puente.
Tina tenía muy presente todas las odiseas que habían vivido en su familia y ella, de manera particular, al cruzar distintos puentes, en distintos lugares; puentes colgantes, de madera, metálicos, puentes solitarios y con mucha gente. Los aprendizajes, sin duda, eran muchos; primero, el valor de animarse a cruzar el puente. Otro era el no desistir para llegar al destino y cruzar de regreso. Un tercer aprendizaje era disfrutar de contemplar el paisaje, a pesar de las alturas, valía la pena detenerse un momento, observar y continuar el paso; de la mano con el anterior era el dominio de los miedos. Y uno de los aprendizajes más importantes era el acompañamiento en la travesía de cruzar el puente. Indudablemente que cuando se cruzaba un puente no era un acto aislado, requería el valor y el ánimo individual, pero también el acompañamiento colectivo a quien se anima a hacer el recorrido, de echarle porras en el tránsito, de generarle confianza, empatía, amistad, cariño. Es decir, la certeza de que no se está sola, solo; de esa forma cruzar el puente se torna en una aventura inolvidable, que dan ganas de repetir nuevamente y de animar a otras personas a cruzarlo.
Se escuchó sonar el teléfono celular. Verificó quién era, le llamaba su tía Inés. Había olvidado que su tía le entregaría una maceta con helechos.
—¡Hola Tinita! ¿Cómo estás hija? ¿Qué estás haciendo?
—Linda tarde tía Inesita, aquí nomás, recordando los puentes que hemos cruzado. ¿Te acuerdas cuándo fuimos a Camécuaro?

Fotografía: María Gabriela López Suárez.
Fotografía: María Gabriela López Suárez.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Polvo del camino. 278. Árboles y dioses, 1. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                  Polvo del camino/ 278

Árboles y dioses
(Primera de dos partes)
Héctor Cortés Mandujano

Hace tiempo, en uno de mis lectores electrónicos, comencé a leer el enormísimo libro La rama dorada, de James George Frazer (1854-1941), que en 1890 apareció con dos volúmenes, en 1900 con tres, en 1906-1915 con 12 y en 1936 con 13.
En abril de 1922, Lady Frazer se dispuso a crear una versión abreviada, con ayuda de James. La versión que leo tiene las adiciones de esta última. [Dejé de leer el libro, no sé cuándo ni por qué, pero encontré una libreta donde hice a mano estos apuntes, que comparto contigo lector, lectora.]
Escribe en el libro I, “El rey del bosque”, sobre la sucesión al sacerdocio de Diana Nemorensis (Diana del bosque, Diana la cazadora). Alrededor de cierto árbol, una figura siniestra rondaba: un sacerdote con una espada desenvainada. Sabía que para relevarlo de su cargo, cuidar del árbol, habían que matarlo. No podía dormir ni relajarse. Esta idea la instituyó Orestes (de quien Esquilo escribió una trilogía de tragedias) y ese sacerdote cuidaba que nadie se acercara al árbol, al que no se le podía cortar ni una rama: “La rama fatal era la rama dorada que Eneas, aconsejado por la sibila, arrancó antes de intentar la peligrosa jornada a la Mansión de los Muertos” (y aquí este texto entronca con La Eneida, de Virgilio.)
También hay una leyenda sobre que este sacerdocio lo instituyó Hipólito ( Eurípides cuenta su historia trágica): Diana lo volvió a la vida como un viejo y lo pone allí. Él, en agradecimiento, le hace ese santuario.
Diana, en esta idea, era el árbol y sus cuidadores dedicaban la vida a ella. “La costumbre de desposar físicamente a árboles con hombres o mujeres se practica todavía en la India y otras partes del Oriente”. Los árboles por eso, porque son humanos, son informantes: “Hay maridos que pueden saber si sus mujeres le son infieles, por ciertos nudos en los árboles; se cuenta que, en tiempos pasados, muchas mujeres fueron muertas por su marido celoso sin más evidencia que la de estos nudos”.
El libro hace digresiones y se mete en otros temas. Por ejemplo, cuenta que la razón para invocar a las ratas y darles los dientes de leche de los niños es que “según los nativos los dientes de rata son los más fuertes que se conocen”.
“Plinio nos cuenta que si se ha herido a un hombre y se está apenado por ello, no hay más que escupirse en la mano heridora y el paciente se sentirá instantáneamente aliviado”.
Dice James que dicen en la India: “Todo el universo está subordinado a los dioses; los dioses están obligados a los conjuros (mantras); los conjuros a los brahmanes; por consiguiente, los brahmanes son nuestros dioses”.
La religión, la magia y la ciencia, por distintos caminos, creen que se puede modificar el orden natural de las cosas; la muerte, por ejemplo. Con el avance de la religión, la magia se vuelve un arte tenebroso. La religión es para los píos y cultos; la magia, refugio de supersticiosos e ignorantes.
       
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Círculo dantesco. 1. Ya no seré. Dante Rodríguez Contreras

Fotografía: Heibby Cris Marvel: https://www.pexels.com/photo/photo-of-bare-tree-near-plants-3095646/


YA NO SERÉ
He querido escribir mi nombre
en la orilla del mar,
así cuando venga una ola me arribe
y me regrese a la profundidad.

Que me pierda en el basto océano,
que algo de mí perdure en la inmensidad,
aunque sea solo un vástago
que ya no sabe regresar.

El mismo sol, el mismo mar,
la misma playa, los mismos peces,
pero ya no seré el mismo a quien quise salvar,
ahora soy alguien nuevo que regresa a veces.

Si el mar ya no me devuelve,
si la caída del sol se siente diferente,
si ya nada parece pertenecerme,
entonces me habré ido para siempre.

Viviré en las tantas palabras que un día escribí,
en el cuarto en el que alguna vez dormí,
en la gente que una vez viví,
pero ya fue suficiente, es todo de mí.

12 mayo del 2025
Veré mi flor marchitarse,
mi comida pudrirse,
mis manos derrumbarse
y mi vida irse.

Ya no seré nadie que puedan conocer,
ya no escribiré sólo ni con desdén,
seré viento, agua, tierra o algo que te sofoque al correr,
seré todo o nada, seré alguien o ya no seré.


Sobre el autor:

Dante Rodríguez Contreras (2001. San Cristóbal de las Casas, Chiapas).

Es estudiante de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en la carrera de Comunicación Intercultural. Comenzóa escribir pequeños escritos libres desde su tercer año de secundaria, en octubre del 2020 escribió su primer poema, con el paso del tiempo y después de leer a algunos autores que le gustan, entre ellos, Alejandra Pizarnik, Jaime Sabines, Julio Cortazar, Idea Vilariño y Fernando Pessoa, ha mejorado más en la escritura gracias a ellos.
Participó dos veces en declamación de poesía con los poemas «poema xx» de Pablo Neruda y «el despertar» de Alejandra Pizarnik, el primero fue de demostración y el segundo con Pizarnik, obtuvo el primer lugar de su categoría, también he tenido la oportunidad de participar en un curso de sonorización y otro de sonidos ambientales impartidos en las instalaciones de la UNICH.

El tintero de Nadia. 28. Ni una más, ni uno menos. Nadia Arce

Fotografía: Noemí Jiménez: https://www.pexels.com/photo/women-s-rights-march-in-ciudad-de-mexico-31229720/


Ni una más, ni uno menos

Ni una noticia más
otra cifra, número, expediente, denuncia
amistad, familia, padre o madre
ni una más, ni uno más.

Vivimos en un sueño, a veces pesadilla
de miedo, sangre, angustia
donde el presentimiento gobierna
bajo la dictadura del terror.

No hay número para las lágrimas
las cifras rojas de muertes no naturales
un asesinato público, detrás miles sin fans
mientras las fotografías de desaparecidos visten la ciudad de luto.

Ni una más, para la trata, el “ganado” sexual o el esclavismo absurdo,
Ni uno más, para ser reclutado, asesinado o convertido en bestia,
Ya no.

¿Podemos caminar tranquilos?
¿Ir al restaurant, a una plaza comercial
al parque, a un mercado, escuela, trabajo?
¿Y regresar vivos?

¿Quién me asegura, que mañana no van a llorar por mí?
¿Quién me asegura que pedirán justicia por mi asesinato?

Nadia Arce
17 de mayo 2025
Contacto:
https://www.facebook.com/ElTinteroTallerEditorial?mibextid=LQQJ4d
https://instagram.com/eltinterotallereditorial?igshid=NTc4MTIwNjQ2YQ==
https://www.youtube.com/@eltinterotallereditorial

www.eltinterotallereditorial.com.mx

*Sobre la autora:

Nadia Arce

Poeta, narradora, fotógrafa independiente, difusora cultural y editora.

Es fundadora y directora de El Tintero Taller Editorial, el cual ya cuenta con más de cuarenta
libros publicados desde poesía, cuento corto, autobiografía, novela y poesía.
Egresada el ITESO como Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Es coordinadora de talleres literarios, impartidos tanto en su país, México, como en el extranjero; es fotógrafa independiente y creadora del proyecto cultural Mil Mujeres.
Ha sido jurado de numerosos concursos literarios, como el reconocido concurso internacional de cuento: Juan Rulfo.
Fue Coordinadora del Taller Literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.

Reconocimientos:
Premio International Latino Book Awwards 2024 (ILBA24) otorgado a la antología poética Vivas las queremos: Voces del mundo contra el feminicidio, en coautoría.

●Autora seleccionada en el Calendario Literario Tiempo de Mujeres 2022 y en la publicación anual del Encuentro internacional de Poesía “Víctor Campio” de Ourense, España (2022). Además de otras publicaciones colectivas nacionales e internacionales.
● Antologada en el Diccionario de Escritores en Jalisco (2020) y Diccionario de
Escritoras en Guadalajara (2019), referenciada en la Enciclopedia de la Literatura en
México desde 2002.
● Ganadora del prestigioso concurso Cuento Corto Punto de Lectura en el marco de la
FIL de Guadalajara 2002, convocado por la editorial Punto de Lectura y el Diario
Milenio.

Obra publicada:
En el corazón del arce (El Tintero Taller Ed., 2024); Cómo echar a volar mi pluma. Manual de escritura de El Tintero Taller Editorial (El tintero Taller Ed.), 2023; Barco de palabras para soportar naufragios (2022, El Tintero Taller Ed.);
Bitácora Encendida (2019, Ed. Prometeo); Rayado Personal (2017, Ed. Serpiente de Papel);
Fuego Azul (2016, Ed. El Viaje). Brilla Palabra (2007. Ed. Cabos Sueltos); Dondequiera
poesía
(2005, RAIA Editorial).