Voces ensortijadas
Una nueva vuelta al sol
María Gabriela López Suárez
Matilde percibió los rayos del sol que atravesaban la cortina de su cuarto. Antes de que la alarma de su reloj sonara ya estaba despierta. Imaginó que faltarían unos minutos antes de las seis de la mañana, confió en su intuición. Decidió quedarse unos instantes más en la cama. Agradeció a la divinidad ese día tan especial. Respiró profundo. El sonido de la alarma se escuchó.
−¡Vamos Matilde! Es hora de levantarse. ¡Hoy es tu cumpleaños! −se dijo, entre tanto se quitaba la cobija.
Se sentó en el borde de la cama. Comenzó a hacer los ejercicios de fisioterapia que tenía como rutina cada mañana. Se puso de pie, estiró sus brazos lo más que pudo y luego se relajó. Fue al baño. Cepilló sus dientes. Se lavó la cara con su jabón favorito, romero con lavanda. Se detuvo unos instantes frente al espejo. Contempló su rostro, las líneas de expresión estaban bien dibujadas, los hilos de plata decoraban sus cabellos. Se detuvo con especial atención en sus ojos, le gustó encontrar en ellos ese brillo que solía recordar en cada momento emotivo, como ese día.
Buscó su teléfono celular. Estaría pendiente de las llamadas de sus hijos, demás familiares y amistades. Lo dejó sobre la mesa del comedor. Fue a la cocina. Se le antojó prepararse un café con leche. Mientras hacía la bebida observó sus manos bellamente decoradas con pecas. Abrió y cerró las manos, agradeció el poder hacerlo sin malestar alguno. Buscó en la alacena si tenía algunas galletas, encontró unas de mantequilla que le había regalado su amiga Lucía.
Antes de revisar el celular, que ya había sonado con el tono de mensajes, buscó su taza favorita y un plato de los que usaba para las ocasiones especiales. Ahí puso sus galletas y se sentó a tomar su cafecito. Recordó su imagen frente al espejo. Era muy afortunada y bendecida en tener una nueva vuelta al sol. Se alegró de tener regalos tan valiosos como salud, familia, amistades, su entusiasmo por la vida, un techo donde vivir, alimentos que compartir y un cúmulo de experiencias diversas de las que había aprendido y agradecía.
El celular sonó, era Mercedes, su hija menor, quien la llamaba para cantarle las mañanitas y decirle que pasarían por ella en un rato más para ir a festejar la vida.

Sobre la autora:
Maria Gabriela López Suárez
Catedrática, periodista, escritora y comunicadora
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.