Polvo del camino. 152. Santa Sabina: sin Rita no hay rito. Héctor Cortés Mandujano

Apuntes de oído, 12
Santa Sabina: sin Rita no hay rito

Héctor Cortés Mandujano

Como en algunas agrupaciones de los 80, la música de Santa Sabina fue una mezcla de géneros, pero con varias especificidades, con un distanciamiento del facilismo y la comercialidad, de las letras “románticas” o explícitamente sexuales y del rock-merengue o tropical tan caro a tantos. Sus caminos parecían querer apartarse de las vías ya demasiado holladas de lo que se conocía como Rock en tu idioma, que fue un monstruo polimorfo creado por las disqueras, y hablaron en cambio de mundos mágicos y personajes fantásticos (dioses de mar, vampiros, ángeles).
	El grupo nació en 1988, con una alineación también atípica, pues su vocalista, letrista e imagen central era una mujer, Rita Guerrero, con acompañamiento inicial de Alfonso Figueroa, Pablo Valero, Patricio Iglesias y Jacobo Leiberman, que luego fue cambiando casi en cada disco del grupo. Fue evidente, por eso, que la depuración del sonido y del concepto recayó principalmente en Rita.
	Sólo grabaron cinco discos. La muerte de Rita Guerrero, en 2011, a los 46 años, de cáncer de mama, puso fin a la agrupación, aunque después hayan participado en algunas tocadas más. Pero sin Rita no hay rito.
	En sus inicios, tardaron tocando antes de concretar su música en un álbum. Su primer disco, llamado simplemente Santa Sabina, en 1992, mostró sus cartas principales: Búsqueda literaria en las letras (Adriana Díaz Enciso, poeta, fue su letrista de cabecera; también Jordi Soler, poeta y narrador, se sumó en varios discos), sonidos oscuros, teatralidad en las presentaciones (Rita era también actriz de teatro), clara filiación al jazz y un amplio rango vocal que a veces fue el rasgo característico en varios temas, de distintos discos (“Mirrota”, “Chicles”, “¿Qué te pasó?”, “Nos queremos morir”, “Despertar a los muertos”, “Agua”, “Dix”, etcétera), que planteaban, por tramos o por completo, a partir sólo de sonidos vocales, sensaciones, emociones, ambientes.
	El álbum debut tuvo 13 cortes y “Azul casi morado” fue la punta de lanza. El sonido es fuerte, la letra no es obvia: “Puedo intuir, puedo oler, puedo pensar, pero saber jamás” que es lo que la gente tiene dentro. El video juega y muestra en germen lo que después se dijo mucho de Rita y Santa Sabina: lo gótico.
	“No me alcanza el tiempo”, de este disco, plantea el mismo asunto: no puedo conocer a los demás: “Quiero entenderte, pero no puedo entrar en ti” y “Vacío” vuelve a reformular la idea: “Estar solo o estar con todos da lo mismo”, aunque me parece que lo mejor de este disco no son sus letras (salvo “A la orilla del sol”, de Adriana Díaz Enciso), sino la claridad de su propuesta, un concepto que se irá puliendo con cada nuevo trabajo.
	El cambio del primer al segundo álbum se nota hasta en las portadas: el primero es una fotografía de dos manos femeninas, iluminadas por una luz azul, que sostienen una vieja agenda, y el segundo, Símbolos (1994), es un corazón metálico, con un fuego en la cúspide, enmarcado en la oscuridad, lo negro. Sólo el contorno ventricular tiene un filo de luz y apenas un resplandor lo demás. Santa Sabina se comienza a adentrar en la noche, se vuelve vampiro y hasta sus títulos muestran lo que no hay en muchas propuestas discográficas: un concepto temático: “Nos queremos morir”, “Miedo” “Una canción para Louis (vampiro)”, “Despertar a los muertos”...
	Babel (1996) es ya un disco completamente conceptual. Sólo un tema da vueltas en las canciones, la Biblia, y casi todas las letras son de Adriana Díaz Enciso: “La risa de Dios”, “El reino perdido”, “Lamento”, “Babel”, “El cielo”, “El ángel”… Me parece el mejor disco de todos, mi favorito.
	Mar adentro en la sangre (2000) agrega en la escritura de las letras, además de Adriana Díaz Enciso y Jordi Soler, los infaltables; y Rita Guerrero y Alejandro Otaola (ambos integrantes de Santa), una versión de Sueño con serpientes, de Silvio Rodríguez, y dos musicalizaciones logradísimas a poemas de Xavier Villaurrutia (1903-1950). Dejan disquera y emprenden el camino de la independencia. No es tan conceptual como Babel, pero no se han perdido en el camino…
	Espiral (2003) es también un disco producido y grabado sin disquera, de manera independiente, con su letrista de cabecera (Adriana Díaz Enciso). Después de este disco hicieron algunas presentaciones más, anunciaron su retiro y su disolución; luego se juntaron de nuevo, hasta que Rita enfermó y murió. 

“La garra” (Babel, 1996) tiene un subtítulo: “Lucy y Fer”. La canción es muy rica en composición y arreglo musical, suena de maravilla. La letra (de Adriana Díaz Enciso) es muy buena y tiene una doble intención: por un lado, los humanos vemos caer a Lucifer del cielo al mundo (de lo bueno a lo malo) y por el otro, el mal nos toca individualmente: “El dios de la oscuridad tiene una garra en mi pecho”. Somos ángeles caídos y eso nos condena: “Has perdido tu reflejo: te queda la soledad”.
	“Soledad” (Mar adentro de la sangre, 2000; el título del álbum se lo da un texto de Jordi Soler), poema de Xavier Villaurrutia, es un texto profundo, de alguien que tiene como única compañía un cuadro (“Soledad, soledad, ¡cómo me miras desde los ojos de la mujer de ese cuadro!”) que le hace a veces creer que no está solo; sin embargo, al final se da cuenta de que son sólo ilusiones: “Y cuando lloro –algunas veces lloro–, también sus ojos se humedecen, o será que los miro con los míos”.
	“Ecos de la piel” (Espiral, 2003) es una canción erótica (letra de Adriana), con melodía dulce, instrumentación justa, que Rita canta a veces en susurro, que busca y logra darle polifonía a ciertas palabras: “Quema el amor. Hondo el amor. Cubre mi piel. Abre mi piel. Arde el amor. Llama el amor”. 

Te comparto lector, lectora, algunas líneas de sus muchas canciones, varias escritas por Adriana Díaz Enciso, salvo las señaladas:
           “Luz del mar” (Símbolos, 1992): “Báñame de sol, señor del mar; calma en mí esta sed de fin. Hazme tuya, pez en tu boca, espuma en tu piel”.
          “Una canción para Louis (vampiro)” (Símbolos, 1994): “¿Cuál es la orilla de la vida humana? ¿Por qué se quiebra por la sed de sangre? ¿Quién me ha ordenado gobernar la noche con esta eternidad a cuestas?”.
          “Vete leve” (Símbolos, 1994, letra de Rita y Adriana): “¿Dónde está tu corazón maltrecho? ¿Lo has buscado en tu centro? Tú no entiendes para qué estás vivo. Cuando gritas te crees un dios”. 
          “Lamento” (Babel, 1996): “Tú me hiciste creer en el amor. Tocaste mi cuerpo con tus manos para arrancarme el corazón”.
          “Babel” (del disco homónimo, 1996, está dirigida, parece, a la divinidad, a Dios; letra de Rita y Alejandro Ataola): “Y mientras te busco pierdo la esperanza. Cuando creo que te voy a tocar me alejo más de ti”.
          “Los peces del viento” (Babel, 1996, letra de Jordi Soler): “Sepultar la verdad, engañarnos diciendo que el agua es el mar, que el incendio es el fuego, que el amor escapó con los peces del viento”.
          “Los sueños” (Babel, 1996): “Dedos nerviosos, retorcidos, quieren la muerte en esta tierra, quieren el miedo en esta tierra, siembran un tiempo de asesinos”.
          “Canción” (Mar adentro de la sangre, 2000, letra de Xavier Villaurrutia): “¿Qué haré si está ella con el cuerpo cerca, con el alma lejos…?”.
           “Ojalá fuera tu voz” (Mar adentro de la sangre, 2000, letra de Rita Guerrero): “Respira el fantasma al pie de la cama, quisiera no oírlo: ojalá fuera tu voz”.
           “Plegaria” (Espiral, 2003): “El rostro que soy habla con mi voz, pero calla mi voz. Debiera gritar, ¿qué debo callar?”.

Mis dos discos favoritos: Babel (1996) y Mar adentro en la sangre (2000). 

Mis 10 canciones favoritas: “A la orilla del sol”, “Luz del mar”, “Despertar a los muertos”, “Lamento”, “Garras”, “Espejo”, “Soledad”, “Ojalá fuera tu voz”, “Mar adentro en la sangre” y “Ecos de la piel”

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.       

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz **




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

**Sobre Juan Ángel Esteban Cruz:

**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.

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