Polvo del camino. 115. La hambre de Sancho. Héctor Cortés Mandujano

Evocadas páginas de otro libro/ V
La hambre de Sancho

Héctor Cortés Mandujano

Los oficios y grandes cargos no son otra cosa

sino un golfo profundo de confusiones

Miguel de Cervantes Saavedar en Don Quijote de la Mancha II
 —¡Válame, Dios! De haberlo yo sabido, antes de dar aceptación al que columbraba como regalo, este enredado asunto de ser gobernador de la ínsula Barataria, hubiera preferido pasar una noche abrazando el cuerpo de Satanás. Horas, días y nocturnidades he pasado en atención a gente que por burlas o por veras viene a contarme sus asuntos para que les dé solución con el sólo uso de mi magín y la sabiduría en exceso que tienen los muchos refranes que se guardan en mi pienso. 
         Maldito sean todos los doctores del mundo sidos, porque el que a mi servicio tengo ha decidido que comida toda me hará enfermar o morir, y pasado he más hambres que cuando andaba con mi señor Don Quijote comiendo bayas o haciendo de tripas, corazón. 
         ¡Agora me libre Dios del diablo! La hambre me posee como si fuera la locura en el pensamiento de mi amo, el señor don Quijote, quien me empinó hasta esta cuesta que sólo me ha dado trabajos sin fin.
          Tomaré mi borrico y huiré desta comarca para buscar dónde yantar hasta hartarme, donde la jira no concluya sino después de muchos potajes, y luego holgar sin seguir ninguna de las órdenes que el mundo de caballeros, médicos y nobles se han dedicado a darme. 

Sancho Panza aún no suponía haber sido engañado. No hubiera creído, aunque se lo dijeran, que la ínsula Barataria no existía, sino como una burla a su persona. No intuía que la gente llegaba a pedir consejos y justicia porque había sido pagada para ello por los nobles que se divertían haciendo chanzas con la credibilidad del caballero andante y su escudero. Su ingenua nobleza tampoco lograba pensar que el médico que le prohibía comer había sido aleccionado para eso. Lo cierto es que tantas solicitudes de ayuda, tanta atención a los falsos pobladores, tan poco dormir y nada comer comenzaron a enloquecerlo. 
         Recordó lo que el bachiller Sansón Carrasco le había dicho cuando supo que gobernaría la ínsula de la que ahora quería escapar: “Mirad, Sancho, que los oficios mudan las costumbres, y podría ser que viéndoos gobernador no conociésedes a la madre que os parió”. 
         Decidió efectivamente irse. Tomó su borrico, lo ensilló, lo montó y buscó caminos menos ásperos que éste. Sus pensamientos eran sombríos, asesinos. La rabia le había poseído por completo cuando vio delante suyo, en el camino de frente, a don Quijote. En ese instante el hambre, la ira, la decepción, el odio lo segaron. Se apeó, lo mismo que su amo. 
          El hombre flaco, alto y loco abrió los brazos para saludarlo, para estrecharlo, y Sancho sacó el tosco cuchillo de entre sus ropas y lo hundió en el esquelético cuerpo del hombre que le hizo dejar su comarca y su familia. Le dijo: 
          —Fui tu sirviente y te adoré como a un hermano, como a un padre; ya no, maldito loco. No merecen amor los que han decidido que es su madre el viento. 
          Don Quijote cayó herido y el que fuera su más querido acompañante se inclinó para hundirle una última cuchillada en el pecho, que hendió su corazón y detuvo sus palpitaciones. Así terminó su última aventura. Sancho, luego, presa de remordimientos de colgó de la rama de un triste árbol. 

[En la segunda parte de El Quijote, la de 1615, la escena que aquí cuento ocurre sin mayores tropiezos: Sancho viene de la ínsula Barataria y se encuentra con el Quijote, se abrazan y siguen sus aventuras hasta que el Caballero de la triste figura recobra su cordura y muere en su casa, en su cama.]

Contactos: hectorcortesm@gmail.com.

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz**




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

**Sobre Juan Ángel Esteban Cruz:

**Juan Ángel Esteban Cruz. Cintalapa, Chiapas, México. Diseñador gráfico, maestro en mercadotecnia y publicidad. Su trabajo se ha publicado en numerosos diarios, libros y revistas de México y el extranjero.

De su más reciente exposición (2021) «Palinodia del cuerpo» el maestro Cortés Mandujano opina que «Juan Ángel Esteban Cruz mira y pinta desde la profunda oscuridad somos nosotros, que él es…»

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