Líneas de desnudo/ 63

Todo por comenzar
Por Manuel Pérez-Petit

“Adiós, adiós, Recuérdame” La frase con que el fantasma padre de Hamlet aparece y desaparece, casi simultáneamente, es el gatillo de la tragedia. Hamlet duda porque recuerda. Actúa porque recuerda. (…) Don Quijote, en cambio, surge de una oscura aldea en una oscura provincia española. Tan oscura, en verdad, que el aún más oscuro autor de la novela no quiere (o no puede) recordar el nombre del lugar. Allí mismo, con el olvido de Cervantes, empieza la novela moderna…

Carlos Fuentes, En esto creo, 2002.*
Al nivel de un lector simple, e incluso al de un lector interesado, ¿es más importante la información que leer por nosotros mismos sin filtros ni textos que hagan las veces de supuestas guías de lectura? La experiencia vital influye en todos y escribir es un ejercicio de resolución de problemas, de indispensable prueba y error, de pericia técnica y a la vez emoción –incluso cuando se trata de plasmar ideas–, que solo es posible enfrentar desde la experiencia y las experiencias, las cuales “viajan” tanto hacia adentro como hacia afuera de cada uno. Al final, escribimos sin excepción sobre nosotros mismos, acerca de nuestras propias vidas, a partir del recuerdo, condicionados por el olvido, desde la memoria, en el tiempo, aquello que es la duración de las cosas sometidas a mudanza... El conocimiento de nuestras existencias sería imprescindible en función del grado de exigencia de los lectores, que a este nivel son muy pocos, incluso incluyendo a eruditos, académicos y especialistas. En realidad, para la inmensa mayoría es un enorme ejercicio pedante –divertido si se quiere, insisto–, que de forma lamentable en demasiados casos sustituye a la lectura, pues sacia por sí misma, pese a que no nos dice nada acerca del interés que puede tener o no leer sus obras. Autores con una biografía apasionante serían generadores de obras apasionantes según este planteamiento tan extendido, pero por lo mismo, por ejemplo, no merecería la pena leer los poemas de Emily Dickinson, porque su vida fue aburrida hasta decir basta, y esto es una aberración todavía mayor que aquella.

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            Dejo a un lado en este instante el río de las aberraciones y, a modo de punto de giro, me centro en dos casos muy concretos. Cientos de miles de páginas se han escrito acerca de Shakespeare y de Cervantes, y el consenso universal los sitúa en la cumbre de las cumbres. Pese a ello, hay enormes lagunas acerca de sus vidas, que siendo muy diferentes tuvieron en común estar envueltas en el misterio, aunque esas dudas nos dan igual cuando leemos “El mercader de Venecia” o “El Quijote”.
            Hay quien dice que es posible que llegaran a conocerse, en la primavera de 1605, en Valladolid, donde estaba la corte, en que el autor de “La tempestad” pudo haber sido integrante de la delegación que Jacobo I de Inglaterra envió a España para sellar la paz con Felipe III, pero esto es algo que nadie ha podido demostrar. El ‘Bardo de Avon’ vio publicadas varias de sus obras entre 1590 y 1620, pero su obra completa no fue compilada en un volumen hasta 1623, ocho años después de su muerte: 11 tragedias, 15 comedias y 10 obras históricas, en una edición que llevaron a cabo dos actores de su compañía. El “Príncipe de los ingenios” publicó entre 1585 y 1616, saliendo su último libro un año después de que muriera. En 1605 vivía, en efecto, en Valladolid, el año en que salió la primera parte del Quijote. No es descabellado, pues, imaginar un posible encuentro. El de Stratford-upon-Avon escribió “Cardenio”, inspirada en una de las historias de El ingenioso hidalgo, cuyo manuscrito original se perdió en el incendio del teatro El Globo, en 1611. Sabemos, pues, que el inglés leyó o conoció la obra cumbre del de Alcalá de Henares. No disponemos de sus manuscritos, como tampoco se conserva el del Quijote. También desconocemos sus rostros verdaderos, al no habernos llegado ningún retrato autentificado de ninguno. ¿Los necesitamos de verdad? 
            Shakespeare murió rico y Cervantes, pobre. Aquel vivió de la representación de sus obras y éste de lo que pudo. Comparten el abandono aparente de sí mismos en sus obras, escritas hace más de cuatrocientos años pero cuya virtud reside en su tremenda actualidad, como puede verse, en el caso del inglés, en el monólogo de Hamlet, príncipe consciente de Dinamarca –en mi opinión no tan pleno como el primero de Segismundo, príncipe ensoñado de Polonia, en La vida es sueño, de Calderón de la Barca-, o en la figura de Yago, el manipulador paradigmático, en Otelo, o como, en el caso del español, sin ir más lejos, en el capítulo XIV de la primera parte de Don Quijote, el que relata la historia de Marcela y Grisóstomo, que incluye el monólogo de aquella reivindicando su libertad y su identidad como mujer... Y podría parecer que estas obras hubieran sido escritas la semana pasada, de tanta actualidad como desprenden. 
            Confieso no conocer a fondo a ninguno de los dos. Los traté siempre más o menos tanto como a Montaigne, Galdós o Marlowe, aunque menos que a Séneca, Rilke o Manrique, pero con sus obras siempre tuve relación. Sin embargo, esto no le importa a nadie, y escribirlo aquí es otra vez pedantería. ¿Para qué requiero yo, aun siendo un lector más interesado que simple, volviendo por los mismos fueros, saber tanto de ellos? Después de conocer tanto de tantos, Shakespeare, el que recuerda, y Cervantes, el que olvida, se me hacen misteriosos, pues los conozco menos, y eso me encanta, porque, sin embargo, no me lo son. A lo mejor todo tiene que ver con que el recuerdo y el olvido son relativos. O con que con todo lo vivido siempre está todo por comenzar. 
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*Leído el 26 de octubre de 2001 en el diario El País: (https://elpais.com/diario/2001/10/27/babelia/1004140216_850215.html)
 
   
 Portada de la parte primera de la edición de Lisboa en español de 1775 desaparecida y descubierta por el profesor Aurelio Vargas Díaz-Toledo, de próxima publicación por Ediciones de la Agencia Literaria Kolaval.
Vida y hechos del Ingenioso Cavallero Don Quixote de la Mancha, compuesta por Miguel de Cervantes Saavedra. (Lisboa, à custa de los hermanos du Beux, Lagier y Socios, Mercaderos de Libros, 1775). 
Serán 5 tomos ya registrados (dos facsimilares, uno de estudio crítico y dos de transcripción), a publicar en 2022. Edición, estudio crítico y transcripción de Aurelio Vargas Díaz-Toledo. ISBN (obra completa): 978-84-123907-4-2. ISBN (facsímil, parte primera): 978-84-123907-5-9. ISBN (facsímil, parte segunda): 978-84-123907-6-6. ISBN (estudio crítico): 978-84-123907-7-3. ISBN (transcripción parte primera): 978-84-123907-8-0. ISBN (transcripción parte segunda): 978-84-123907-9-7.
Esta edición en español de 1775 fue llevada a cabo en Lisboa, Portugal, por impresores franceses de gran relevancia en el mercado editorial portugués, los hermanos Du Beux, Jean Joseph y Claude, y Valentín Lagier y compañía.
Contiene elementos lingüísticos y narrativos que la diferencian de la edición canónica actual de la obra.
Recoge en sus páginas ilustraciones de ediciones anteriores y nuevas ilustraciones.
La edición ha permanecido en el olvido durante siglos y no aparece documentada en ninguno de los proyectos más importantes en lo que al estudio de esta magna obra, considerada cumbre de la literatura universal, se refiere, como, por ejemplo, el Banco del Imágenes del Quijote, dirigido por el profesor José Manuel Lucía Megías, o el Proyecto Cervantes, auspiciado por la Texas A&M University, Estados Unidos, y la Universidad de Castilla-La Mancha, España. 
Solo se conservan dos ejemplares en el mundo de esta edición en dos volúmenes. Uno en la Hispanic Society of America, de Nueva York, Estados Unidos, y otro en la biblioteca particular de Carmen y Justo Fernández, bibliófilos de Madrid, España.
El proyecto cuenta con un patrocinador, la Universidad Complutense de Madrid, España, y está en la búsqueda de al menos un socio americano.
Ediciones de la Agencia Literaria Kolaval cuenta con tres colecciones, entre las que está Kolavalik, ediciones especiales de Kolaval, destinada a publicar proyectos magnos como el presente. Se puede pedir información en el correo electrónico: kolavalporhispanoamerica@gmail.com 
Dedicaré pronto un artículo al Quijote de Lisboa, un gran descubrimiento de nuestro tiempo.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.