Polvo del camino/ 78

El rostro como un mapa
(Minificción)

Héctor Cortés Mandujano


Soy un gran vendedor porque sé interpretar los rostros de las personas. Sé, así, con quién cerraré un negocio y con quién no. Voy a la segura.
	En el terreno personal, por muy hábiles que hayan sido las mujeres con quienes me he ligado, descubro sus intenciones. Por eso soy soltero. Es difícil engañarme. Para mí, el rostro de una persona es un mapa, un dibujo minucioso con todas las indicaciones: peligro, arenas movedizas, pantano, animales feroces, cuidado con el perro…
	Digo esto porque muy recientemente tuve un desayuno de trabajo con, pongamos un nombre, Sergio. No somos amigos, pero él intenta convencerme y convencerse de que sí. Lo dejo hacer, pues me conviene.
	Ya habíamos acordado el asunto de negocios que a mí me llevaba y estábamos errando en una conversación tópica. En cierto momento él levantó la mano para saludar a alguien que llegaba y éste fue a nuestra mesa. Se saludaron con un abrazo efusivo. Me lo presentó. Fernando, pongamos.
	Se habían conocido de adolescentes, tenían muchos años de no verse y conversaron del pasado como de algo mágico. Los veía exultantes y esperé el momento oportuno para retirarme y dejarlos revivir su amistad a sus anchas. Antes de que lo hiciera, Sergio dijo que eran tan amigos que, incluso, tuvieron durante mucho tiempo la misma amante sin que ninguno de los dos se molestara. Noté un ligero pasmo en la cara de Fernando. “Ah, Claudia”, dijo Sergio, “cuánto placer le debemos”.
	Vi mi reloj y aduje un compromiso, me despedí de ambos. Saludé en otra mesa a otro de mis clientes, me entretuve unos momentos. Decidí ir a los sanitarios antes de abandonar el restaurante.
	No había bajado la palanca del depósito cuando escuché que alguien más entraba. Me pareció oír un quejido y después, ya con claridad, un llanto soterrado. Bajé la palanca y el hombre se metió en la cabina de al lado. Oí que respiraba con más tranquilidad y le escuché hablar por teléfono, con una voz en sordina y alterada por la rabia, el dolor. Reconocí a Fernando. Dijo lo que dijo con palabras gruesas que yo encubro porque me repugnan las vulgaridades.
	—¿Claudia? Estoy con Sergio y él me dijo algo horrible, que va a cambiar para siempre nuestro matrimonio. ¿Por qué nunca me dijiste que fue tu amante todo el tiempo que fuimos novios? 
  




Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración Héctor Ventura




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com