Polvo del camino/ 77

¡Ah, la pobreza!

Héctor Cortés Mandujano




La llamaron en español Las pobres gentes (Editora Nacional, 1950, traducción de Alfonso Nadal). Es un error, que quizás no lo era cuando se publicó, agregarle una ese al sustantivo, pues la palabra gente es plural. Es la primera novela de Fedor Dostoiewski, publicada en 1846, en la revista rusa “Anales de la Patria”.
	Tuvo una historia previa singular. Dostoiewski tenía un compañero de vivienda, Grigorovich, a quien  –nos cuenta Nadal en la Noticia preliminar– leyó Fedor la novela de un tirón (p. 15) “sin descansar un momento”; después (p. 16), “Dostoieswski ha contado en su diario cómo (Grigorovich) le arrebató el manuscrito y se lo llevó inmediatamente a Nekrassov”, a quien se lo leyó, también, “en voz alta”. Nekrassov “dio a conocer el manuscrito a Bielinski” y éste lo hizo publicar. Lecturas en voz alta, de un tirón: maravillas que se han perdido.
	[Yo, modestamente, leí también en voz alta y sin pausa, a mi mujer y mi hija, mi novela Aún corre sangre por las avenidas, cuando recién la terminé de escribir. Las dos me escucharon atentas. Un beso desde estas líneas para ambas.]
	Las pobres gentes está escrita a base de cartas entre el pobre viejo Makar Dyevushkin y la joven huérfana Varvara Alexyevna, de quien está enamorado sin esperanzas (el tema lo usó Fedor con frecuencia. En La tímida (Editora Nacional, 1960), por ejemplo, otra de sus novelas breves, que recién leí, los personajes son muy parecidos. De hecho, el propio Dostoieswki, cuando ya era mayor, se casó con una jovencita). Los dos personajes son pobres en extremo (el título de esta columna la tomé de una de las exclamaciones de Makar), de allí que la decisión de Varvara sea dejar atrás al viejo enamorado y a la pobreza, aunque eso no le reporte necesariamente felicidad.
	Fedor no entronizaba su labor. Hace decir a su personaje (p. 154): “La novela es una estupidez escrita estúpidamente, sólo para entretener gente ociosa. […] Shakespeare es también un necio que escribió una serie de necedades para hacer reír a la gente”.
	Makar se sabe perdido cuando conoce a su rival en amores: es rico y, además, lo contrario que él (p. 229) “es un hombre guapo, guapo, muy guapo”; pero no entiende por qué una mujer puede aceptar a un hombre si no es por amor. Su pregunta a Varvara, sobre los lujos en el vestido, me hizo gracia (p. 242): “¿Para qué quieres golillas y perifollos?”.
	Con esta novela bien tramada (las cartas se mezclan con textos de diarios y trascripciones de libros) nació a la fama pública un hombre que sería capaz de escribir y regalarnos varias obras maestras; aunque Dostoiewski, dice mi ejemplar, nació en Moscú, en 1821, y murió, con toda precisión, “en San Petersburgo el 28 de enero de 1881, a las 8:38 de la noche”, evidentemente, sigue vivo.



Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración Héctor Ventura




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com