Polvo del camino/ 71

Apuntes de oído, 3
Noel Nicola: ¿Qué hay delante de la vida, por detrás de la muerte, al lado del amor?


Héctor Cortés Mandujano

Cuando murió Noel Nicola (La Habana, Cuba, 1946-2005) escribí un texto que titulé, en alusión a una de sus canciones, “Para un imaginario Noel Nicola”. Admiraba no sólo sus letras, su música y sus interpretaciones, sino cómo había se había apartado de las luces, de la fama, cuando pudo brillar tal vez aún más que sus compañeros Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, quienes se convirtieron en el referente más conspicuo de la ya vieja Nueva Trova Cubana.
         Noel, hijo de músicos, hizo un disco musicando poemas de César Vallejo (1986), y también puso música a un texto del Che Guevara (“Diciembre 3 y 4” ) de su diario en Bolivia (Así como soy, 1980); hizo un disco para niños, con niños (Tricolor, 1987); un poco antes de su muerte los trovadores cubanos, viejos y jóvenes, le hicieron el homenaje de cantar sus canciones y presumir con su arte de componer versos en voz alta: 37 canciones de Noel Nicola (2007). Ya había muerto Noel cuando el disco salió.
	Su canto fue libre, con explosiones de voz aguda, y su guitarra se tomó todas las licencias. Exploró distintas maneras de componer canciones y no le interesó volverse internacional ni popular, no le interesó grabar discos ni salir de Cuba para hacer conciertos en otras partes. Sus discos, por eso, incluyendo el de niños, el de Vallejo y otro que grabó con Santiago Feliú (Entre otros, 2002), no llegan a diez. Es el rebelde de la trova.
	Recuerdo que en la contraportada de mi viejo LP Así como soy, la nota de presentación decía que el disco era un acontecimiento, porque no era fácil convencer a Noel de que entrara a grabar las canciones que ya tenía años cantando. Cuando fui a Cuba (Noel aún vivía) traté de comprar algún nuevo disco suyo, en un mercadito de arte al aire libre. Me acerqué a un vendedor de discos pirata y le pedí me enseñara discos de él. Se río y me dijo: “Hermano, eso es underground. No tengo nada de él, pero sí de Silvio, Pablo, Amaury…”.

En “Detrás de esta guitarra” no sólo hay la pretensión conseguida de sacarle a la guitarra nuevos acordes y forzar la voz para llevarla a otros territorios. También busca bajar a la tierra al artista, que no se le piense especial, extraño: “Detrás de esta guitarra hay un tipo lleno de complejos, un tipo que no escapa a las leyes de nuestro universo, pegado a la tierra, urgente de besos”. Pero hay aliento poético: “Está la soledad, la compañía fiel, la muerte de papel, juguetes de peluche, alguna que otra herida chorreándole mujer.” Y la vuelta a la realidad: “Un tipo que camina y que hasta escupe, suda, come, traga”.  
           Me gustan las canciones breves de Noel. “Miedo a vivir” me parece filosófica y perfecta. Dura un minuto y dice más que muchas que se gastan en nada el tiempo. Toda la letra dice primero sobre la vida: “Miedo a vivir, luz encendida hasta la madrugada. En el sillón, frente a un espejo, sin ver la arruga que cruza tu cara. Un día de éstos viene la muerte y no ha pasado nada”. Luego sobre el amor: “Miedo al amor, cama tendida sin manchas en las sábanas. Sólo dos pies, sólo dos manos, un sólo rostro estrujando la almohada. Un día de éstos llega la muerte y no ha pasado nada”.
           “Son oscuro” dura casi cinco minutos, algo muy raro en la producción de Noel. Es una canción de amor linda, compleja, poética. Parece referirse lo mismo a la patria (Cuba) que a una mujer, que a la manufactura de una canción. En todo caso muestra lo inaprensible que es la realidad con las palabras, lo difícil que es hacer una canción que domestique lo mágico, lo multidimensional de una experiencia: “Espeso viento te da en la cara, la vida aprisa, piedra rodante, y tú en tu calma mágica. Violento espejo, mi canto te habla, y en tus silencios tú te le quedas pálida. Cuando se estruja mi alma, añora palma y pulpa de mamey; y, conmovida en sus raíces, salta, volcando al agua un sueño de papel”. La segunda parte no aclara mucho la dulce oscuridad a que alude el título: “Avieso invento el que te amarra, abre su poza, viene y se posa, como una deuda inválida. Acento viejo de la palabra, el universo de lo que siento te hace una mueca trágica. Segunda patria la noche, cerró con broche de oro el sueño aquel, puso su oscuro en la palabra, pero así y todo alumbra lo que es”.

Comparto contigo lector, lectora, algunas líneas de sus canciones:
          En “Yamile, la más bella flor” (Así como soy, 1980) es muy sutil su referencia al encuentro erótico: “Vamos a demostrar que estamos vivos la flor y yo, haremos que la palabra no necesite venir aquí”, y también su aserto sobre lo vagaroso que es el deseo masculino: “Quisiera poder dar más, ponerle un injerto aquí, pero un buen jardinero nunca lo hace así; si mira una bella flor, por bella que sea la flor, se lo come la ansiedad por mirar al jardín”.
           En “Es más te perdono” (Comienzo el día, 1977): “Te perdono andar como tú andas, tus zapatos de nube, tus dientes y tu pelo. Te perdono los cientos de razones, los miles de problemas; en fin, te perdono no amarme. Lo que no te perdono es haberme besado con tanta alevosía”.
            En “Por la vida juntos” (Así como soy, 1980): “Yo sólo te diré, sobre las cosas de esta hora, cómo es que siente aquí la inmensa mayoría: si somos igual que tú y tú no puedes feliz, ¿de qué nos valen todas nuestras alegrías?”.
            En “De cierto modo” (Así como soy, 1980): “Murió un amor, pero veo a unos niños jugar, pero siento la brisa del mar, de cierto modo eso es amar”.
En “Ay, no sabes” (Dame mi voz, 2000): “Ay, no sabes cuánto duele, que salga el sol y me faltes, que falte el sol y te sueñe”.
           En “Llueve en agosto de 1981” (Lejanías, 1985): “Llueve, se desmoronan las paredes de mi casa; el mundo buitre viene y se posa en mi espalda, con su antivida, su antiamor, su antipalabra. […] Llueve y ya la lluvia hoy es veneno, aunque llegaras; una canción atravesada en la garganta, un estallido de neutrones en el alma”.
            En “Elvia, que te quiero verde” (Comienzo el día, 1977): “Está mi mano buscando el sitio donde creces, para poner mi voz, para poner mi mano, para poner mi amor. […] Al pie del árbol donde yo sé que te despiertas, voy a poner mi cuerpo, voy a poner un beso, voy a ponerme yo. Voy a poner mi mano tocando el sitio del amor”.
           “Canción para un final razonable” (Así como soy, 1980): “Te vas sin sonreírme; total, ya no hace falta. Ya estamos convencidos de que el amor respira, de que estamos viviendo, de que existe la muerte”.
           “Nube, agua, ala y brisa” (Lejanías, 1985): “¿Adónde me llevas agua, cantora del aguacero, acaso a un rosal de enaguas o acaso a un abismo fiero?”. 

Mis discos favoritos: Así como soy (1980) y Lejanías (1985). Mis 10 canciones favoritas: “Cueca con tu nombre escondido”, “Son oscuro”, “Por la vida juntos”, “Tres estaciones”, “Llueve en agosto de 1981”, “Ay, no sabes”, “Cantiago desde cerca”, “Otro hombre, otra mujer”, “Canción para un final razonable” y “Nube, agua, ala y brisa”. El subtítulo de esta columna corresponde a la canción “Qué hay delante, detrás y al lado”.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración Alejandro Nudding




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com