Polvo del camino/ 52

Apuntes de oído, 1
Jaime López: Por mi raza hablará el Piporro

Héctor Cortés Mandujano

 Jaime López (Matamoros, Tamaulipas, 1954) fue parte fugaz del Movimiento rupestre –cantautores con acompañamiento de guitarra, teclado o armónica–, cuyo primer concierto se dio en 1984. Jaime, para ese entonces, ya había grabado el LP Roberto (González) y Jaime (López), sesiones con Emilia (Almazán), en 1980.
            Juan Jaime López Camacho, cuando todavía usaba su nombre completo, llegó a los 16 a la Ciudad de México y desertó muy pronto de la carrera de Filosofía y Letras de la UNAM, pero no de la composición, que ya lo tenía entre sus redes.
            En su segundo LP (Long Play, acetato con diez o más canciones), La primera calle de la Soledad (1985), fue coordinador general de producción Álvaro Dávila, marido de Paty Chapoy, quien era la mano derecha de Raúl Velasco, el todo poderoso mandamás de Siempre en Domingo. Tal vez por eso, Jaime López pudo cantar en varias emisiones de ese programa “Ella empacó su bisteck”, su primer sencillo, que se volvió popular con la oración completa de su inicio (“Ella empacó su bisteck, con todo y refrigerador”); también cantó mucho “El mequetrefe” y otras que no eran fáciles de volverse de consumo tan masivo. Dice, por ejemplo, en “BXH/2”, de ese disco: “Si esta sombra no trepara como gato, lo dejaba todo por sentir de cerca tus zarpazos”.
            Sin duda, también por su colaboración directa/indirecta con Dávila y Chapoy lo invitaron a participar en el Festival OTI, donde presentó “Blue Demon Blues”, que sacó el honroso último lugar de esa sesión (“ese cero no me dieron, me lo gané”, declaró en una entrevista). López grabó después un disco, ¡¿Qué onda ese?! (1987), de cumbias, de música tropical, que supongo desorientó a sus eventuales escuchas. ¿De qué va este bato? Parecía serio. Pero ya había sembrado varias ideas, varias rolas (“Bonzo”, “Corazón de cacto”, “1940”, “La primera calle de la soledad”…) en el público que no estaba hipnotizado por la música comercial. También ya había conseguido intérpretes que lo cantaban y lo cantan en muchos discos: Cecilia Toussaint, Margie Bermejo, Eugenia León, Betsy Pecanins…
            En sus canciones es usual que haga ingeniosos juegos de palabras, desde sus títulos. Cito algunos: “Adiós a los dioses”, “Aremos otra tierra”, “Bluz María”, “Delirium semen”, “Dice Eurídice”, “Lacayo de la calle”, “Masa en sí fálica”, “Soneto medio ocre”; las letras de sus canciones están llenos de ellos: “Se puede uno morir parchando mujeres inflables” (“Corazón de silicón”); “Me hizo crack el corazón, ¿quién crees que soy? ¿El hombre de Wall Street?” (“El hombre de Wall Street”); “Sífilis mental te diagnostican; ¿ah, te cae?: las malas compañías” (“La almohada eléctrica”); “Luzbel le lame los labios” (“Alma de tabique”).
            En los títulos de sus discos, ha grabado muchos, también usa ese ingenio que parece tan natural (Mujer y ego, un ejemplo; Di no a la yoga, otro), pero que evidencia su preocupación, su familiaridad, su complicidad con el lenguaje.
            Como este texto sólo busca acercarlo a quienes no lo han oído y/o decirle algo más de él a quienes sí, pondré tres ejemplos de cómo busca agarrar del rabo a las palabras y azotarlas (Paz dixit) para que digan algo distinto: “Óyeme” (en Jaime López y su Hotel Garage: en vivo y en Domínguez, 2006) sólo tiene una petición, que repite sin variaciones: “Óyeme, cabrón, hijo de tu pinche madre”; sin embargo, me parece, la canción se vuelve algo más que un insulto. Habrá que oírla. 
            En “Lo que te voy a contar” (de Oficio sin beneficio, 1992) no sólo canta la canción, sino, por sí mismo y con sonidos onomatopéyicos, hace la orquesta, algo que no resulta usual en ningún compositor-cantante. Dice en su introducción: “Hey, familia, danzón tarareado, medio platicado, con puros arreglos a señas y a grito pelado”. Le quedó muy bien. Hace una variación: en “La almohada eléctrica” (Jaime López, 1989) su acompañamiento en con coro y chasquidos de dedos.
            En “Chilanga banda” (Odio Fonky, tomas de buró, 1994), una de las canciones más redondas del idioma español, que supone dificultades para ser entendida a cabalidad [en Hecho en México (Mondadori, 2007), Lolita Bosch hace una explicación verso por verso de ella], los logros de Jaime López como autor son exponenciales. No es una canción que use la ch recurrentemente, sino una obra maestra.
            [La famosa versión de café Tacuba incurre en un error, tal vez por desconocimiento del argot. Dice “Chichiflos”, en lugar de “Chichifos”, que es la forma de llamar a los hombres de venden placer erótico a hombres gays.]
 
Como esta es una súper síntesis, comparto sólo algunas líneas de sus muchas canciones:
           En “Me siento bien, pero me siento mal” (Arpía, Cecilia Toussaint, 1987): “Llegué a la cama y se me entrometió”, que dicho suena a “semen entró, metió”.
           En “Muriéndome de sed” (Mar adentro, de Eugenia León, 1988): “Y no me basta hartarme pisando un solo charco, ni me verán feliz ahogándome en un vaso. […] Tal vez la libertad no es más que una celda”.
           En “Puñalada trapera” (Jaime López, 1989): “La buena onda es tu bandera exterior, bajo las aguas eres un tiburón”.
            En “Vete derecho al infierno” (Jaime López, 1989): “Vete derecho al infierno; pero vuelve, cuando te falte calor”.
            En “Puerto Bagdad” (Jaime López, 1989): “Para todo aquel que no crea que los piratas existen, a ver, que apague la luz”.
           En “El amor es pasajero” (Palabras necias, 2014): “Si tu príncipe es de cuento, debe ser azul; si el amor es pasajero, yo soy autobús […] Si la vida es un destello, no será una cruz”.
           En “Sus males espanta” (Palabras necias, 2014): “Lo contrario de la monogamia, no es la poligamia: es el placer”.
 
Mis dos discos favoritos: Jaime López (1989), Odio Fonky, tomas de buró (con la brillante colaboración de José Manuel Aguilera, 1994). Mis 10 canciones favoritas: “¿Qué más puedo decirte del mar?”, “Muriéndome de sed” (las mejores versiones de estas dos primeras me parecen las que canta Eugenia León); “Sácalo”, “Me siento bien, pero me siento mal” (las mejores versiones, según yo, son las que canta Cecilia Toussaint); “Vivir como mueres hoy” (la canta mejor, según yo, Amparo Ochoa) y con interpretación del propio Jaime López: “¿Qué onda ese?” (la versión tropical de 1987; de allí tomé el subtítulo de la columna), “Corazón de cacto”, “Puñalada trapera”, “Chilanga banda” (la versión de Odio Fonky) y “No ando buscando a Jesús”.

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Mi amiga Roxana Carbajal hizo con talento y paciencia dos muñecos que representan a los personajes (y a los actores, Alfredo Espinoza y yo) de mi obra La divinidad del monstruo. Lindo regalo de inicio de año. Mil gracias, querida Rox.
 

 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Foto y muñecos: Roxana Carbajal
Fotografía y muñecos: Roxana Carbajal

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com