Polvo del camino/ 51

Más de cuatro minutos para que tú hagas arte

Héctor Cortés Mandujano

  

Pensaba escribir un texto sobre el estadunidense John Cage (1912-1992), músico, compositor, filósofo, teórico musical, y su modo de llegar al límite en la composición e interpretación, es decir, su modo de aterrizar en la nada que tanto debe al manotazo en la mesa que dio Marcel Duchams sobre cómo debía pensarse y verse el arte. 
            Traté de hablar de su propuesta cuando escribí sobre la música popular y luego de la música clásica, pero no hallé cómo hacerlo parte de aquello. Lo dejé por la paz, pero en realidad se quedó agazapado hasta que llegó el momento, éste, de saltar a la página.
            En su biografía Palabras sin música (Malpaso, 2015), mi admirado Philip Glass me hizo la tarea y habla de su célebre y extrema pieza 4’ 33’’. Dice Philip (p. 125): “Tomemos la famosa pieza de John 4´ 33’’. John, o cualquier otro, se sentaba al piano durante cuatro minutos y treinta y tres segundos y, durante ese tiempo, todo lo que uno pudiera escuchar formaría parte de la pieza, ya fueran los pasos de la gente caminando por el pasillo, el ruido del tráfico o el zumbido de la instalación eléctrica del edificio. La idea consistía en que John simplemente ocupara ese espacio y definiera ese determinado periodo de tiempo anunciando: ‘Es en esto en lo que se van a fijar. Lo que vean y oigan es arte’. Y cuando se levantaba, la pieza acababa”.
 
***
 

              No habrá una barrera en el mundo, que mi amor profundo no rompa por ti
 
                                                        “Obsesión”, de Pedro Flores, 
                         canción emblema de Carlitos, en Las batallas en el desierto
 

Mi amiga Silvia Roque se apareció a visitarme, con una bolsita: “Son libros, te los traje de regalo”. En la veintena de títulos se hayan Güiraldes, Yáñez, Revueltas, Novo, Twain, Stevenson, Galeano… y Las batallas en el desierto (Era, 1981), de José Emilio Pacheco que, como acto celebratorio de este inesperado regalo (regalarme libros es cómo darle agua al sediento, huesos al perro), decidí leer de nuevo.
            La novelita, breve y genial, ya se volvió película (Mariana, Mariana, 1987, dirigida por Alberto Isaac) y hasta canción de Café Tacuba (“Las batallas”, de su disco debut de 1992). Carlitos, el niño protagonista, se enamora de Marina, la joven mamá de su mejor amigo; le declara su amor y ella, muy madura y linda, le explica por qué ese amor no puede ser. Se enteran todos y sacan a Carlitos de la escuela, lo llevan al psiquiatra y demás. Años más tarde, Carlos, se entera del terrible final de Mariana, el amor de su vida. El título alude a la cancha de tierra donde los niños juegan batallas entre ejércitos ficticios. 
            Mi nieto Jacobo, de ocho años, nos pregunta a mi mujer y a mí, mientras vamos en coche rumbo a casa, a partir de la vista de varios techos. “¿Sabían que el asbesto produce cáncer?”. Me llamó la atención cómo esta idea, que yo también me sé desde adolescente, siga dando vueltas en la mente de las nuevas generaciones. No conozco ningún estudio que avale el aserto, pero guardo silencio ante la información de Jacobito. Pacheco también lo dice en Las batallas… (p. 18): “Todas las azoteas con tinacos de asbesto cancerígeno”.
            Cuando Carlitos dice a Mariana (p. 37) “es que estoy enamorado de usted”, ella le dice que lo entiende perfectamente y agrega (p. 38): “Ahora tú tienes que comprenderme y darte cuenta de que eres un niño como mi hijo y yo para ti soy una anciana: acabo de cumplir veintiocho años”.
            En la película, Elizabeth Aguilar –una belleza de aquellos tiempos– es Mariana y le da un beso en los labios a Carlitos (interpretado por Luis Mario Quiroz). “Pedofilia”, dirían ahora.
 
            
Contactos: hectorcortesm@gmail.com

HCM
Ilustración: HCM

*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com