Voces ensortijadas 24

¡Lotería!

María Gabriela López Suárez

Era poco más de mediodía, los pájaros trinaban  y el cielo estaba nublado, algo cálido. Clara estaba terminando de preparar la mezcla para el pedido de panqués con pasas que entregaría después de las seis de la tarde. 

En los últimos moldes  ya no le alcanzaron las envolturas de papel para poner, así que lo hizo de manera tradicional: colocó mantequilla y un poco de harina en cada molde. Estaba tan entrajinada que no había prestado atención que se acercaba la hora de la comida. Ese día su sobrina Luna había llegado de visita. Solía ser una niña muy curiosa y conversadora.  Ya había tomado nota de qué ingredientes llevaban los panqués.

La cocina era un pequeño laboratorio donde la alquimia estaba presente. En ese momento era una mezcla de aromas de comida y postre. Mientras doña Leonor terminaba el guiso,  Clara había llenado los moldes para luego ponerlos en el horno.  

Cuando se dispuso a limpiar la mesa y lavar los trastes,  prestó atención a la charla entre Luna y doña Leonor.

—Abuelita, ¿jugamos lotería?

—Bueno, un ratito porque ya vamos a comer. Pero no vayas a hacer trampa. 

—No, yo iré leyendo las cartas.

Y así, en la voz entusiasta de Luna, empezó el desfile de cada una de las figuras integrantes de la lotería, la rana, la estrella, el nopal, el cantarito, el diablito, la dama, el tambor, la luna… y las jugadoras iban poniendo y quitando frijolitos a su carta. Cada una a su estilo, Luna quitaba, doña Leonor ponía.  La mente de Clara viajó a la infancia,  donde las tardes de verano eran el escenario perfecto para que mamá, papá, tíos, sobrinos, abuelitos, se pusieran en la mesa del comedor a jugar lotería y pasaran veladas hermosas. Había risas, enojos por los que se resistían a perder, venía la revancha, pero lo más lindo era compartir momentos en familia. 

Clara regresó al presente al escuchar en coro: ¡Lotería! Ambas jugadoras habían ganado al mismo tiempo. Sonrió desde la cocina, la sobrina y la abuelita también lo hacían. El olor a panqué empezaba a invadir la cocina y el comedor. La hora de la comida había llegado.





Fotografía:  Airin Party .