Polvo del camino. 223. ¿Todos somos monstruos?/1. Héctor Cortés Mandujano

Ilustraciones: HCM.

                      
Polvo del camino/ 223

¿Todos somos monstruos?/ 1
(Una de cuatro)
Héctor Cortés Mandujano

Con mi agradecimiento a mi tocaya Leonora Ventura,
quien siempre me manda ilustraciones de su papá, el genial Héctor Ventura


En el documental Civiles armados. El “holocausto olvidado” (dirigido por Manfred Oldenburg y Oliver Halmburger, 2023), sobre civiles que perpetraron matanzas de judíos en la Alemania nazi, se entrevistan a historiadores, especialistas en el tema y al abogado (joven entonces, de 100 años en el ahora del documental) que enjuició a los asesinos a mansalva de más de un millón de seres humanos.
Lo que se cuenta lo documentaron los propios nazis, quienes ofertaron a alemanes comunes (mecánicos, panaderos, trabajadores manuales, etcétera) para que formaran batallones, con una sola misión: fusilar, cara a cara, en la mayoría de las veces, en bosques o junto a las tumbas que les hacían cavar, a hombres y mujeres judíos, bebés y niñas/niños.
El acento lo ponen los entrevistados en que matar era opcional. El que ordenaba todo era muy específico: si alguien no quería disparar, podía no hacerlo. Fueron muy pocos los que escogieron esta opción y fueron designados, entonces, a lavar letrinas y hacer otras tareas, y a soportar las burlas de sus compañeros: cobarde, maricón...
Matar, para algunos, se convirtió simplemente en un trabajo, y así, dentro de los muchos grupos que se hicieron, hubo el que descubrió su gusto por humillar y torturar a los detenidos (el documental es prolijo en datos y fotos), el que consideraba aquello una labor ingrata y tenía ciertos remordimientos, y el que lo hacía sin ninguna duda, sin dejar de cenar y reírse al gusto después de su macabra chamba.
El abogado jovencísimo, Benjamin Berell Ferencz (1920-2023), junto a su equipo, encontró debajo de una villa (luego de la muerte de Hitler y la caída del nazismo) ¡diez millones de carpetas! de informes oficiales. Comenzó a sumar los muertos y se dio cuenta que eran más de un millón. Al llegar a esa cifra, tomó como suya la puesta en marcha de un jurado, de un procedimiento que pusiera frente a frente a los asesinos con sus monstruosos asesinatos. Y allí descubrieron él y todos que no había en los perpetradores ningún arrepentimiento: lo habían hecho por la patria, porque se los ordenaron. No se asumían responsables ni culpables. ¿Y por qué mataron a los niños?, preguntaron al Dr. Otto Ohledorf, uno de los principales criminales. “Porque cuando crecieran iban a odiar a Alemania”. Era mejor eliminar el peligro para el futuro. El tipo era padre de cinco hijos. Fue ejecutado.
Lo terrible es que, dicen los especialistas entrevistados, los asesinos se sentían víctimas: sufrieron cuando mataban y ahora los juzgaban por haber obedecido. Las víctimas no eran los millones de muertos, sino ellos, pobres, tan incomprendidos.
La mayoría de los participantes eran padres de familia, gente común, incluso un recién casado, que llevó a su joven esposa a ver los montones de cadáveres, a empaparse con su trabajo patriótico de matar seres indefensos (hay fotos). Y eso es lo peor: no eran militares educados para eso, no eran sicarios de profesión; se supone que no eran crueles, sino pacíficas personas. La conclusión es que cualquiera puede ser convencido de cometer atrocidades en nombre de una idea, de un gobierno, de una posición política.
Una persona común, si se le convence ideológicamente o se le paga, puede convertirse en un asesino desalmado. ¿Todos somos monstruos?


Ilustraciones: HCM.
Ilustraciones: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 222. Tarea de hombres. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                      Polvo del camino/ 222

Tarea de hombres
Héctor Cortés Mandujano

No existen los hombres de verdad

Un pandillero,
en Please, Baby, Please

Por la generosidad de mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa, estoy gozando en estos días de la plataforma Mubi, que es especialista en películas no convencionales ni populares, aunque (muchas) sí premiadas o validadas por la crítica.
Cuatro que vi, más o menos seguidas, a las que se sumaron aleatoriamente otras dos, me parecen una reformulación del papel masculino. Me explico: en Passages (2023), de Ira Sachs, el protagonista es un bisexual que vive casado con un hombre y se enamora de una mujer; en La pianista (2001), de Michael Haneke, el hombre no puede entender a la mujer que no quiere besos ni penetración, sino casi sólo violencia; en Rotting in the Sun (2023), de Sebastian Silva, un homosexual va a una playa nudista de sólo hombres, pero, aunque se muestra muy interesado con la variedad de penes de los vacacionistas, no se relaciona eróticamente con ninguno, y en Please, Baby, Please (2022), de Amanda Kramer, el hombre, casado convencionalmente con una mujer dominante, dice no tener interés es comportarse como se supone que debe comportarse un hombre.
Tomas, en Passages, juega con la idea del artista: estoy por encima de las convenciones y tomo lo que quiero. Es un director de cine y tiene un marido que debe bailar a su ritmo y no lo hace del todo. Como lo deja solo en una fiesta, Tomas seduce/se deja seducir por una mujer, con la que tiene relaciones sexuales. Decide por eso dejar a Martin e intentar que funcione la relación con Agathe, a la que embaraza. No resulta tan simple, porque también quiere seguir con el hombre. En el camino, los dos (Martin y Agathe) se dan cuenta de lo manipulador que es Tomas y ambos lo dejan. Él parece no haber entendido la decisión de aquellos a quienes sólo usaba para sus intereses. La mía es por supuesto una lectura, entre muchas; pero esa historia puede ser un paradigma de los tiempos actuales. [Hay, por cierto, una película francesa, My Sole Desire (2022), dirigida por Lucie Borleteau, donde lo que ocurre es al revés: una lesbiana está enamorada de su marido y luego se enamora de una mujer. Igual, no sabe qué hacer.]
La pianista es una adaptación de la novela de Elfriede Jelinex, quien ganó el Premio Nobel de Literatura en 2004 y la historia está centrada en Erika, una profesora de piano cuyos intereses en el terreno sexual no son convencionales. Uno de sus alumnos se enamora de ella y quiere el repetido asunto de enamoramiento-pasión-ayuntamiento sexual y a ella eso no le interesa: quiere violencia (es un resumen de algo más complejo). Él no sabe cómo darle gusto y las cosas terminan previsiblemente mal. Si nos ponemos metafóricos, se podría afirmar que los hombres queremos tocar las mismas teclas siempre (mi alusión es al piano, por supuesto) y las mujeres buscan algo más. La peli es perturbadora.
En Rotting in the Sun, Sebastian Silva se representa a sí mismo y aunque la cinta se trata de otra cosa (es casi policiaca en su segunda parte), es notorio que no es el sexo ni casual ni permanente lo que busca este homosexual. La vida no se trata de sólo eso.
Dice el líder de los pandilleros en Please, Baby, Please que él está por encima de los demás, porque ellos lo han puesto en esa escala, pero, dice a sus compinches, en un arranque de sinceridad, “cada uno de ustedes me aterra, son el estándar de hombre que debo aparentar que soy”. Dice el protagonista: “Quiero ser un niño feliz. No tengo que certificar mi sexo ante ninguno de los dos sexos”.
Antes, en una cinta de Claude Chabrol, Cuestión de mujeres, de 1988, un diálogo entre una mujer y un hombre. Ella: “No eres romántico”. Él: “Soy un hombre”. Parece que esa respuesta, si la damos hoy, ya explica muy poco; ser un hombre, ahora, no es una tarea tan simple.

Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 221. Las piernas, el lunar. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                      
Polvo del camino/ 221

Apuntes de oído/ 17

Las piernas, el lunar
Héctor Cortés Mandujano

Pos yo no tengo la culpa
de haber nacido bonita

“La entalladita”,
canción de Amparo Ochoa

La llamada Primera Ola Feminista que produjo la publicación de El segundo sexo (1949), de Simone de Beauvoir (Simone de Beauvoir. Del sexo al género, de Cristina Sánchez Muñoz), ponía el acento en que el cuerpo de la mujer (también el del hombre, por supuesto) era una construcción social y debía tener, bajo esos parámetros, ciertas características. El rostro, me detendré en ello, debía ser hermoso. Eso ordenaba lo social.
La música popular que se escucha en México no ha cambiado esa construcción. Cito unas cuantas canciones que aluden a ello: Bonita, de Luis Alcaraz; Insoportablemente bella y Bella señora, cantadas por Emmanuel; Bella, cantada por Mijares y, la cereza del pastel, Mujeres divinas, de Martín Urieta… Pura cosificación que va de los años cuarenta (tomo como referencia Bonita) al día de hoy.
En Yo te bendigo vida. Amado Nervo: crónica de vida y obra (Gobierno de Nayarit et al, 2002), de Carlos Monsiváis, Nervo escribe sobre la dificultad que era hablar de las gracias de las muchachas (p. 23): “…los ojos aterciopelados de Margarita (esto de los ojos aterciopelados lo repetía yo mucho), los dientes lácteos de Elisa, la fresca boca de Natalia, la piel de seda de Rosa, las manos patricias de Ángela… […] Si la muchacha no tenía nada de peculiarmente bello, había que inventárselo, y si era resueltamente fea, entonces quedaba el viejo y supremo recurso de la ‘virtud’, la ‘discreción’, la ‘suavidad’ de un carácter que hacía el encanto de propios y extraños”.
Esto me llegó a la cabeza porque escuchando a Javier Ruibal (El Puerto de Santa María, España, 1955) me hallé que él plantea esa dificultad también, desde otra perspectiva. La canción se llama “Lo que me dice tu boca” (el álbum, de 2005, se llama igual) y dice: “Si no te pinto bonita, no es porque yo no te quiera; que si te pinto igualita, igual son ocho que ochenta, que contigo nunca me salen las cuentas”.
El asunto de la belleza, se ha dicho, es subjetivo, aunque la subjetividad tiene un entorno, un discurso e incluso, decíamos, una imposición. No se discute lo bella que es una alborada, porque si no te gusta no hay nada qué hacer. Pero la belleza social privilegia colores, razas, formas…
¿Qué hacer, entonces? Ruibal se va por las comparaciones: “Ni todo el puente de Brooklyn, los Londres y los Parises, que a mí ya nada me dice lo que me dice tu boca y la huella de tus labios en mi copa”.
Y sigue con otra parte del cuerpo alabado: “Que me quiten lo pintado, quién quiere que lo demuestre: que todo el arte rupestre y la pintura moderna, no son nada comparado con tus piernas”.
Serrat también se va con las comparaciones en “Cada loco con su tema” (el álbum, de 1983, se llama igual). Dice que, puesto a escoger, prefiere “los caminos a las fronteras y una mariposa al Rockefeller Center”, y esto dicho a la mujer: “el lunar de tu cara a la pinacoteca nacional”… Bien toreado, me parece.

Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 220. Inferior al sueño. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                      
Polvo del camino/ 220

Inferior al sueño
Héctor Cortés Mandujano

Ahora tengo treinta años, y en mis sienes jaspea
la ceniza precoz de la muerte

Gabriela Mistral,
en “Poema del hijo”

Confieso que había leído varios libros de Gabriela Mistral y algunos poemas suyos en antologías, y que ninguno me había hablado a mí hasta ahora, con Desolación (Austral, 1951), regalo de mi amiga Linda Esquinca.
Escribe en “Vergüenza” (p. 71): “Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa/ como la hierba a que bajó el rocío,/ y desconocerán mi faz gloriosa/ las altas cañas cuando baje al río”. En “Balada” habla del desamor y de cómo la naturaleza no cambia ante ello (p. 72): “Él pasó con otra;/ yo le vi pasar./ Siempre dulce el viento/ y el camino en paz”.
En “Los sonetos de la muerte” se alegra de tener ya por completo, como suyo, al hombre muerto (p. 77): “Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,/ ¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna/ bajará a disputarme tu puñado de huesos!”.
Después de ella, piensa, no podrá el hombre amado provocar en otra mayor placer (p. 86): “¡Ah! Nunca más tus dos iris cegados/ tendrán un rostro descompuesto, rojo/ de lascivia, en sus vidrios dibujados”.
Hay amor después de la muerte nos dice, de nuevo, en “El vaso” (p. 91): “Yo sueño con un vaso de humilde y simple arcilla,/ que guarde tus cenizas cerca de mis miradas”. En “El ruego” pide a Dios por su hombre, porque es bueno, porque no es indigno (p. 92): “Pero yo, mi Señor, te arguyo que he tocado,/ de la misma manera que el nardo de su frente,/ todo su corazón dulce y atormentado/ ¡y tenía la seda del capullo naciente!”; es bastante explícito este verso (p. 93): “El hierro que taladra tiene un gustoso frío,/ cuando abre, cual gavillas, las carnes amorosas”.
Escribe en “Coplas” (p. 99): “Araño en la ruin memoria;/ me desgarro y no te encuentro,/ ¡y nunca fui más mendiga/ que ahora sin tu recuerdo!”.
Me encantaron estos versos a los árboles (p. 110): “Tres árboles caídos/ quedaron a la orilla del sendero./ El leñador los olvidó, y conversan,/ apretados de amor, como tres ciegos”.
En “Escóndeme”, ya en prosa poética, no en versos, escribe (p. 170): “Soy fea sin ti, como las cosas desarraigadas de su sitio; como las raíces abandonadas sobre el suelo”.
Dice en “Si viene la muerte” (p. 172): “Si te ves herido no temas llamarme. Llámame desde donde te halles, aunque sea el lecho de la vergüenza. Y yo iré, aun cuando estén erizados de espinos los llanos hasta tu puerta”.
En el apartado “El arte” habla de la creación, de cómo ésta se aparta de lo vulgar, de lo obvio (aunque lo cante a veces). Dice en “La belleza” (p. 173): “A ti, hombre basto, sólo te turba un vientre de mujer, el montón de carne de la mujer”, y cierro con el mandamiento décimo de su “Decálogo del artista” (p. 176): “De toda creación saldrás con vergüenza, porque fue inferior a tu sueño”.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 219. La sabiduría del Dalai Lama. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                      
Polvo del camino/ 219

La sabiduría del Dalai Lama
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

El caminito de llegada evidenciaba nuestro amor por los árboles y las plantas.
El porche estaba lleno de flores multicolores, macetas, maceteros colgantes, arbustos de variado verdor.
La casa estaba rodeada de profuso bosque.
Yo estaba a punto de bañarme cuando sonaron las campanillas que anunciaban la presencia de alguien frente a nuestra puerta.
Mi mujer había tomado el baño antes y ahora se secaba el pelo y aún iba a vestirse.
Fui a abrir la puerta, con la toalla enrollada a la cadera.
Me sorprendió la visita: ¡Era el Dalai Lama!
En su rostro bailaba una sonrisa. Parecía sentirse a gusto viéndome, aunque yo supuse después que no me miraba. La idea básica es que no existimos; somos los seres sintientes, igual que el mundo, una ilusión. El Dalai no se sonreía conmigo; veía a través de mí, evidentemente.
Pensé que su arribo a casa tenía que ver con mis lecturas sobre el budismo, que por esos días había incrementado.
Me sentí incómodo con mi atuendo y lo conduje a la sala. Le dije que volvería en un momento y lo dejé allí. Cuando llegué al cuarto mi mujer ya estaba lista y yo decidí bañarme.
Lo hice lo más rápido que pude y busqué libros del Dalai, para que me los firmara, y salí con la emoción de saberlo en casa, el entusiasmo a flor de piel, las mil preguntas que haría a este hombre bendito y sabio.
No lo hallé en la sala y me asomé en la cocina, donde oí ruidos. Era mi mujer, quien tomaba un vaso de agua.
—¿Y el Dalai?
—Se fue –me dijo, radiante–, qué hombre tan simpático.
—¿Simpático? No, mi vida, es el hombre más sabio del mundo.
—¿Ah, sí?
—¿Y por qué se fue?
—No sé, dijo que tenía prisa, que sólo había pasado un momento a saludarnos.
—Qué pena, tenía tanto que consultarle. ¿Le preguntaste algo? Él te pudo contestar cualquier duda sobre la vida y las sucesivas vidas, la muerte, la meditación, la paz, el amor, el perdón…
—No –me dijo mi mujer, como censurando mis trillados temas–, no le pregunté eso; hablamos de un platillo que le gusta y me dio una receta maravillosa para guisar setas; también me regaló esta raíz que traía en una de las bolsas de su ropaje (me enseñó una especie de garra desmayada). Dice que es buenísima para el dolor de cabeza…
—Mi amor –le dije–, es que como si viniera Albert Einstein y le preguntaras sobre cómo se hace el dulce de calabaza.
—El problema –me dijo condescendiente, con mirada ausente– es que tú ves al Dalai como un hombre famoso y yo como lo que es: un viejito pelón, vestido con enaguas…
El comentario irrespetuoso de mi mujer puso en mi alma tan extraña desazón que abrí los ojos, desperté, y no supe si yo era el Dalai soñando una vida de hombre normal (con una mujer de lengua filosa) o un hombre normal soñando las eternas tonterías de siempre…
Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 218. Paz de domingo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nudding.

                      Polvo del camino/ 218

Paz de domingo
Héctor Cortés Mandujano

En el jardín, la vida se sucede
con la violencia acostumbrada

Aurora Bernárdez

Leo en la sala de la televisión, en la mañana de un domingo fresco.
Mi gata me saca con violencia de mi concentración, porque maúlla de un modo extraño: me hace suponer que algo doloroso le ha ocurrido. No la veo, me incorporo y la encuentro junto a la puerta de vidrio corrediza –que divide la sala de televisión del comedor– frente a una lagartija con penacho y grandes patas (turipache o pasa río le llaman), que se muestra acezante y al acecho, enfurecida y con miedo.
Supongo que mi gata intentó morderlo y él/ ella (imposible para mí saber su género) se defendió. Y allí están, tomándose la medida, acechándose, tratando de adivinar quién dará el siguiente paso, quién intentará un nuevo ataque.
Llamo a mi mujer, quien al verlos advierte con claridad la situación. Uno de los dos abraza a la gata y el otro abre la puerta e intenta que el animal asustado pueda salir. Cuesta, porque corre y se detiene previendo una artimaña.
Sale al fin al jardín, donde queda camuflado entre las hojas secas. No se mueve.
Cerramos puertas y ventanas para que la gata no salga. Pasan las horas y nos asomamos para ver si ya se movió el que parecía estatua, y sí, ya no está.
Mi mujer se ocupa en sus cosas y yo en las mías.
Oigo un ruido en la cocina que de nuevo me distrae –golpes contra la estufa, dados al parecer con una vara– y voy para allá. La lagartija, quién sabe en qué momento que dejamos la puerta abierta o quién sabe cómo, de nuevo se metió. No tuvo mucha suerte esta vez, porque mi gata la tiene casi muerta, en los últimos coletazos contra la estufa.
No le aviso a mi mujer y la dejo sola con su trofeo. Cuando vuelvo a verla tiene la punta de la cola a punto de desaparecer en su hociquito. Concluye su ingesta, apenas salpicada con la sangre de su víctima, y busca uno de los sillones para dormir. Se acomoda y cierra los ojos. Se le ve en completa paz.

Ilustración: Alejandro Nudding.
Ilustración: Alejandro Nudding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 217. Tres manifestaciones de vida. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                       Polvo del camino/ 217

Tres manifestaciones de vida
Héctor Cortés Mandujano

Decidimos mi mujer y yo habilitar el pozo que durante años tuvimos sin uso. Contratamos a un albañil que desde años es ya nuestro amigo. Llegó acompañado por sus hijos y comenzaron. Lo primero que nos dijo es que, en una de los salientes de la pared interna, había un nido de golondrina. Vimos desde arriba, con ayuda de una lámpara, indistinguible en los detalles, a la avecita que empollaba.
Las bajadas y subidas en su trabajo, los albañiles las hacían en una vía que no incomodara a la que se convertiría en mamá en algún momento. Y ocurrió. Cuatro golondrinitas nacieron. Pasados los días, empezaron a escalar (yo no le suponía esas gracias). Una cayó, murió. Las tres restantes salieron a la luz del exterior y se fueron volando, ya sin auxilio de su madre. La vida continúa.

Tenemos un estanque donde hemos cultivado nenúfares y otras flores acuáticas. Nos encanta. Para que funcione sin tanta atención, pusimos en él algunos peces que se fueron reproduciendo hasta llegar a ser, como fueron, un vasto cardumen de ejemplares negros, blancos, verdes, rojos y naranjas. Si en un pozo hay plantas y peces, nos dijeron, y es cierto, el agua siempre está oxigenada (técnicamente se dirá de otra forma, supongo) y no huele mal, se cura, se limpia a sí misma. Nos dimos cuenta, con el paso de los meses, que algunos peces menguaban: tal vez se comen a sí mismos, supusimos.
El pozo y el estanque son construcciones vecinas en nuestro terreno. Por eso, de nuevo don José Luis, nuestro amigo albañil, quitó misterio a la desaparición de los peces. Nos contó que a diario una parvada de zanates llega y espera con paciencia a que algún pececito se distraiga para cazarlo y llevárselo en el pico. La muerte de uno es la vida del otro.

Llené una tina grande y le puse lirios acuáticos, que se multiplicaron sin medida y apenas cabían en el continente que, según yo, era muy amplio. La puse frente a la cocina desde donde mi mujer y yo, cada mañana, veíamos las lindas flores que no cesaban de nacer.
Una día noté que algún animal (la ardilla, pensamos) se había comido hasta los bulbos de los lirios. Traté de rescatar algo de aquel desastre, pero no fue posible.
Quedó el trasto con agua, nada más, algunos días, mientras encontraba tiempo para hacer un nuevo jardincito acuático. Una noche mi mujer y yo vimos que la tina era motel donde varios sapos hacían una orgía sin omitir su escandaloso croar (tal vez, creí, así manifiestan sus orgasmos).
Al amanecer siguiente, el agua se veía gelatinosa y tenía puntos negros. A mi mujer le encanta ver la transformación de esos puntos negros en pequeños renacuajos y luego en ranas, en sapos, de modo que la tina quedó como la dejó aquel apasionado saperío. Mi improvisado estanque de lirios es ahora un hospital de bebés. La vida se reproduce sin cesar.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 216. Apuntes de oído/ 16. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                       
Polvo del camino/ 216

Apuntes de oído/ 16

La prosopopeya y sus alrededores en “El cenzontle pregunta por Arlen”
Héctor Cortés Mandujano

La prosopopeya, que generalmente se usa en las fábulas, supone la ficción de que los animales hablan, que los árboles y la naturaleza tienen comportamientos humanos. En “El cenzontle pregunta por Arlen”, de Carlos Mejía Godoy, platican dos pájaros en un contexto donde la montaña, el manantial, el colibrí, la mariposa, el pajonal, también se han transformado.
La canción es parte del disco Guitarra armada, de 1979, de Mejía Godoy, que se grabó como ejemplo de pedagogía musical y dentro del discurso artístico de la revolución sandinista en Nicaragua (que incluía, por ejemplo, la poesía de Ernesto Cardenal y la novela testimonial La montaña es algo más que una inmensa estepa verde, de Omar Cabezas). De hecho, las ideas principales de este álbum eran enseñar, mediante canciones, cómo hacer y usar armas de fuego, cómo preparar explosivos en casa, y no olvidar y enaltecer a los caídos en la batalla (según “Naturaleza, tecnología y guerra: Modernidad encantada en la música sandinista”, de Sophie Esch).
Dice, en un principio, el cenzontle: “Compadre guardabarranco, hermano de viento, de canto y de luz, decime si en tus andanzas viste una chavala llamada Arlen Siu”.
Arlen Siu Bermúdez fue asesinada, a los veinte años, junto con otros guerrilleros, en un enfrentamiento contra la Guardia Nacional de Nicaragua, el 1 de agosto de 1975. Se le conocía como “La chinita de Jinotepe”, porque nació en Jinotepe, Carazo (Nicaragua), y porque, por parte de padre, tenía ascendencia china. También era compositora, música. Dice un verso de la canción de Carlos: “Enterró en el hueco de su guitarra el lucero limpio de su corazón”.
Contesta el guardabarranco a la primera pregunta: “Yo vide, cenzontle amigo, una estrella dulce en el cañaveral, saeta de mil colores dentro de los rumores del pajonal”. La guerrilla se movía en las montañas.
El estribillo también se refiere a otros dos seres alados: “Dice Martiniano que, en la montaña, revolucionario todo es allí; que anda clandestina una mariposa y su responsable es un colibrí”
En la guerrilla se usan alias, nombres que ocultan la identidad. Se supone que Arlen Siu tenía como nombre clandestino el de “Mariposa” y su responsable, es decir, el guerrillero que la cubría, que la protegía, su “sombra”, tenía como nombre clandestino “Colibrí”.
El enfrentamiento donde Arlen perdió la vida se dio cerca de un lugar llamado El Sauce, departamento de León, donde había una escuela de entrenamiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Los tomaron por sorpresa. La balacera duró aproximadamente dos horas, dice Wikipedia.
Escribe Sophie Esch, en el artículo citado: “Otro aspecto de esta fusión entre guerra y naturaleza que plasma y provoca una modernidad encantada es la transformación de guerrilleros en fauna y flora, tal y como aparece en ‘El cenzontle pregunta por Arlen’ de Carlos Mejía Godoy”.
Arle Siu era joven, artista y revolucionaria, características esenciales para volverla el mito que se volvió. Esch dice: “En la canción resulta que Arlen Siu no ha muerto, sino que ha experimentado múltiples metamorfosis. Se ha convertido en una estrella, una flecha colorida, un lirio, un manantial, y una mariposa. Algunos críticos sólo ven una transformación (se convirtió en manantial)”.
En la canción, Mejía Godoy lo dice directamente en estos versos: “Le cuento, cenzontle amigo, que onde la chinita peleó hasta el final nació un manantial pequeñito, que a cada ratito me viene a cantar”…
Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 215. Restos del festín. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                       
Polvo del camino/ 215

Restos del festín
Héctor Cortés Mandujano

A mi primo Miguel Muñoz Cortés,
quien me contó la historia

En la tarde, Mamá Natividad ayudó a su perra Diana a tener los cuatro cachorritos; les hizo un nido de trapos viejos en el largo corredor de ladrillos, al lado de la puerta de su cuarto.
Sobre la finca El Ciprés, alejada del pueblo, cayó la noche sin luna.
La abuela apagó el quinqué y se durmió. La despertó el ruido de unos cascos que entraron al patio del rancho. Abrió los ojos por automático reflejo. Negrura nomás. Puso atención al ruido. Pensó que podría ser su hijo Herminio, que venía de alguna de sus rondas nocturnas en busca de muchachas.
No era.
Afinó el oído lo más que pudo. Tampoco era un caballo, sino un animal más pequeño. Tal vez fuera el burro blanco, que era muy mañoso.
Los cascos no se detuvieron en el extremo del pretil donde generalmente se desensillaban los caballos. Siguieron con su ruido monocorde sobre el piso del patio y llegó el momento en que se emparejaron con la puerta de su cuarto. En medio del visitante y la abuela, no sólo la puerta, sino el corredor de ladrillos.
Mamá Natividad, decidió gritar para asustar al animal:
—¡Burro!
Hubo un momento de silencio y luego ella escuchó una voz gutural, inhábil, pedregosa, que le respondió con la misma palabra:
—¡Burro!
No supo qué hacer. Oyó algunos ruidos menores, que no logró identificar, como si el animal ya no usara sus cascos para moverse, como si cuidara hasta su respiración para no ser percibido. Luego nada.
Le costó conciliar el sueño.
Al otro día, de madrugada, se levantó rumbo al fogón. Diana, la perra, le lloriqueó cuando ella pasó a su lado.
Tomó su taza de café, en una silla, al lado del fogón y luego decidió ir a ver a los perritos.
Diana lloró de nuevo cuando se acercó hacia ella. No había perritos. Revoleó el nido y descubrió asombrada algo que la hizo recordar la voz horrible que le respondió en la noche. Ese algo, ese alguien, pensó, se había devorado a los recién nacidos. Sólo dejó ante la desesperación de la madre ¡las cuatro colitas muertas!



Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 214. Dos libros de Balam. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                       Polvo del camino/ 214

Dos libros de Balam
Héctor Cortés Mandujano

Mi amigo Balam Bartolomé, artista visual y narrador, me obsequió en pdf dos breves libros suyos: Batalla de ciervos (Taller de Ediciones Económicas, 2013) y The Spirit (Conaculta et al, 2014).
Las dos publicaciones son agradecibles y contemporáneos periódicos murales, donde la diversidad se reúne, por decisión del autor, para abrir las alas del cuento, de lo que quiere contar, de lo que cuenta visual y narrativamente. Balam mezcla sus saberes y reparte su talento en ambas categorías, como ejecutante y como consumidor de libros y de arte gráfico. Batalla de ciervos, por ejemplo, recibe su título del cuadro de Gustave Courbet que él disfrutó en París, por primera vez, e incluye textos suyos y de otros (Sasha Flores escribe, en inglés, “La lechera”, por ejemplo, y se reproduce una nota de El Universal).
Las páginas no buscan la unidireccionalidad, porque tienen fotografías, imágenes de variada conformación (que incluyen fotos de Pedro Infante llorando y Clint Eastwood tirando rostro, una mujer semidesnuda acompañada de policías, un burro vestido con playera y pantalón…), textos escritos a mano, que no son ilustraciones solamente, sino otro modo de contar.
Los textos suyos son anfibios: mezclan lo narrativo-cuentístico con el ensayo, la reflexión con las notas de viaje, Dice en “Su peso en oro” (p. 9): “En alguna parte del programa presentaron el caso de un gusano cuya forma y colorido semejaban caca de pájaro. Su color y forma, sorprendentemente exactos, le permitían confundir y evitar a los depredadores. Una mímesis pulcra. A mis ojos el bicho se volvió agraciadísimo: justo y puntual, perfecta y naturalmente inteligente. Era, a un tiempo, todo gusano y todo caca. Definitivamente estaba en lo suyo. O qué sé yo”.
Batalla de ciervos también tiene en su haber los enfrentamientos (“Tercera caída”) que Balam tuvo frente a los cuadros de van Gogh. El final del libro dice, con letras grandes y negras, “Hasta tú comes pan”.

The Spirit, dice su página legal, “es una publicación sin fines de lucro realizada para acompañar la exposición Revés del artista Balam Bartolomé, llevada a cabo en el Museo de Arte Carrillo Gil de la Cd. de México, en Noviembre de 2014”.
Sus páginas son también sorpresivas: una proclama de David Alfaro Siqueiros sobre el arte con ideología en bien del pueblo; la fotografía de un libro con una entrevista de Georges Charbonnier a Jorge Luis Borges, sobre la literatura, que, entre otras cosas, dice que no es el razonamiento lo más importante en el arte.
Tiene fotos con las puntas (distintas) de lápices (Pencil Story, de John Baldessari), un manuscrito de Rodulfo Bartolomé sobre el dogma y el culto, un texto (de un libro escaneado) que habla de la importancia de los signos gráficos en Japón, una caricatura, un recorte, otra página de libro, que es una rápida biografía de la vida desgraciada de Ambrose Gwinet Alarico.
Una dice, nada más: Su cuerpo no se encontró nunca. Y la firma L. A. de Bouganville. Lo que me regaló la suerte de gozar de estos textos fue “Niguo”, relato sobre Mario Rodríguez López, su tío abuelo, que yo recordaba leído por el autor en alguna ocasión que hablábamos, creo, de las rarezas de las personas, que son validadas en los artistas, pero no en la gente “común”. Escribe Balam sobre la personalidad de su tío Mario (p. 11): “Me viene a la cabeza otra frase suya, con la cual respondía a quien le reprochaba alguna acción disparatada. Declaraba, sucinto: ‘Soy al revés’ ”. Es lindo el texto, amoroso.
Hay fotografías diversas (una de sus papás), frases, ilustraciones, una nota sobre Duchamp y otro texto de Balam, “El Antiguo”, sobre Manuel, artista de pueblo y ladrón, hacedor de figuras que no nombraba (p. 15): “Los suyos son objetos cargados de brutal inocencia, de un misticismo radical, de una genuina necesidad de hacer. No los nombra pues no le interesa saber que son, pero sin duda son más que muchas otras cosas que tienen nombre. Quizá su valor radica en que, así como las cosas que habitan la Naturaleza, esas que hemos nombrado, son más que eso”.
Los dos libros breves son matrimonios felices entre la imagen y la palabra, entre dibujar y escribir, entre leer, ver y compartir… Gracias, querido Balam.


Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com