Polvo del camino/ 215
Restos del festín
Héctor Cortés Mandujano
A mi primo Miguel Muñoz Cortés,
quien me contó la historia
En la tarde, Mamá Natividad ayudó a su perra Diana a tener los cuatro cachorritos; les hizo un nido de trapos viejos en el largo corredor de ladrillos, al lado de la puerta de su cuarto.
Sobre la finca El Ciprés, alejada del pueblo, cayó la noche sin luna.
La abuela apagó el quinqué y se durmió. La despertó el ruido de unos cascos que entraron al patio del rancho. Abrió los ojos por automático reflejo. Negrura nomás. Puso atención al ruido. Pensó que podría ser su hijo Herminio, que venía de alguna de sus rondas nocturnas en busca de muchachas.
No era.
Afinó el oído lo más que pudo. Tampoco era un caballo, sino un animal más pequeño. Tal vez fuera el burro blanco, que era muy mañoso.
Los cascos no se detuvieron en el extremo del pretil donde generalmente se desensillaban los caballos. Siguieron con su ruido monocorde sobre el piso del patio y llegó el momento en que se emparejaron con la puerta de su cuarto. En medio del visitante y la abuela, no sólo la puerta, sino el corredor de ladrillos.
Mamá Natividad, decidió gritar para asustar al animal:
—¡Burro!
Hubo un momento de silencio y luego ella escuchó una voz gutural, inhábil, pedregosa, que le respondió con la misma palabra:
—¡Burro!
No supo qué hacer. Oyó algunos ruidos menores, que no logró identificar, como si el animal ya no usara sus cascos para moverse, como si cuidara hasta su respiración para no ser percibido. Luego nada.
Le costó conciliar el sueño.
Al otro día, de madrugada, se levantó rumbo al fogón. Diana, la perra, le lloriqueó cuando ella pasó a su lado.
Tomó su taza de café, en una silla, al lado del fogón y luego decidió ir a ver a los perritos.
Diana lloró de nuevo cuando se acercó hacia ella. No había perritos. Revoleó el nido y descubrió asombrada algo que la hizo recordar la voz horrible que le respondió en la noche. Ese algo, ese alguien, pensó, se había devorado a los recién nacidos. Sólo dejó ante la desesperación de la madre ¡las cuatro colitas muertas!

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com