Voces ensortijadas 108. Una fiel compañera. María Gabriela López Suárez

Una fiel compañera

Por María Gabriela López Suárez

A Vladimir, radialista apasionado

Escucho que el viento silba con fuerza, se mueven las hojas de los árboles, se combina con el canto de los grillos, mis oídos perciben el caer de las gotas de lluvia, imagino que la llovizna es leve. Tengo los ojos cerrados, el paisaje sonoro de la noche, antes de dormir, me hace comenzar a crear historias a partir de los sonidos.  No puedo dejar de evocar a la radio.

Febrero es el mes de la radio,  la celebración del Día Mundial de la Radio es el 13 de febrero. Para mí es el medio que no pasa de moda y que se ha transformado y adaptado a través del tiempo, de los espacios y de las necesidades de los grupos, de las sociedades. 

Para quienes tenemos la oportunidad de estar en cercanía con este medio, sea como audiencia, o en la producción radiofónica, locución, operación técnica, edición, etc., sabemos de las bondades que tiene, de sus características que la hacen un medio no solo consentido sino que forma parte de la vida cotidiana.

¿Qué importancia le damos a la radio en nuestra vida cotidiana? Se han preguntado eso alguna ocasión. En mi caso la considero como una fiel compañera, tengo muchas historias con ella, está ahí cuando la necesito, en los días grises, fríos o nublados, pero también en los días soleados y radiantes de luz. Gracias a mis compañeras, compañeros radialistas por las enseñanzas y los compartires. Larga vida a la radio y a sus radialistas, desde todos los espacios de Chiapas, México y el mundo.

Aprovecho este espacio para felicitar al equipo que integra actualmente  y  a quienes  han formado parte del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz, que en este mes de febrero cumple su 16 aniversario. Gracias a quienes se han sumado a este proyecto colectivo, estudiantes, docentes, gente egresada, autoridades académicas, colaboradores y colaboradoras desde distintos espaciosa académicos, culturales, institucionales, radiofónicos y por supuesto, a la XERA, del Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía por el espacio para difundirlo.

Hago un reconocimiento especial a mis colegas radialistas de Los Colores de la Voz que desde el 2020 se sumaron a continuar haciendo radio en otras condiciones, adaptándonos a la contingencia sanitaria y dejando que esos tintes de magia que tiene la radio se impregnaran más en nuestro quehacer para poder continuar, con entusiasmo y compromiso, haciendo de ella una fiel compañera para el público radioescucha.

¡Qué viva la radio! 


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 107. Valorar lo que se tiene. María Gabriela López Suárez

Valorar lo que se tiene

Por María Gabriela López Suárez

Después de tres días de intenso frío y cielo nublado, ese jueves el sol se asomó con todo su esplendor. Jazmín salió a su patio, su corazón se alegró, ya ansiaba tener días soleados. Regresó a la casa, fue a la cocina y tomó un montón de tortillas, las colocó sobre una charola y las sacó a asolear. Ese día cocinaría chilaquiles en salsa roja para la comida. Era uno de los platillos favoritos de Samuel, su pequeño hijo y de ella.

Buscó un rincón donde la luz del sol llegara con más intensidad, colocó un bote y sobre él puso la charola con tortillas. Se puso en cuclillas para estar cómoda y poder ir despegando las tortillas y acomodarlas en todo el espacio de la charola. 

Mientras hacía esto se observó en la postura, rodillas flexionadas, sin que tuviera sensación de dolor. Fue sintiendo cada parte de su cuerpo en acción, huesos, músculos, articulaciones, venas. Les agradeció estar sanos. Hizo memoria de unos meses atrás en que una situación de salud le había dejado sin poder mover bien las piernas. La recuperación había sido poco a poco, por instantes había sentido desesperación, miedo y tristeza. Nunca le había pasado por la mente que podría tener una situación de salud que le impidiera caminar de manera normal, sentarse, moverse. Sin embargo, Jazmín no se dio por vencida, probó varias opciones de tratamiento, ahora veía los resultados.
 
Permaneció en la postura, los rayos del sol le llegaban directamente y lejos de incomodarla los disfrutó mucho. Fue como una especie de apapacho del universo y una oportunidad para reflexionar sobre la importancia de valorar lo que se tiene, en este caso, la salud, su salud. Era tan feliz de poder mover sus piernas sin que el dolor le acompañara, lo agradeció desde el corazón. Se puso de pie y fue hacia la casa.

Samuel salió a su encuentro, le preguntó qué hacía. Jazmín le dijo que ese día comerían chilaquiles. Los ojos del niño brillaron más que de costumbre.

—¿Puedo ayudarte a cocinar, anda déjame?
 
Jazmín le acarició el cabello al tiempo que lo abrazaba.
 
—Ya sabes que sí, vamos a cortar el epazote, ese ingrediente le da un toque delicioso.

—¿Le llevaremos a la tía Sofi? A ella le gustan los chilaquiles con mucho epazote. 

—Muy buena idea, pero mejor le llamaré para que venga a comer a casa.

Fue hacia el teléfono, ese día también era una oportunidad de comer en familia, de valorar lo que se tiene.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 106. Volar, volar. María Gabriela López Suárez

Volar, volar

Por María Gabriela López Suárez

El reloj de la sala hizo sonar sus campanadas, Bianca volteó a ver la hora, justo eran cuarto para las seis de la tarde. Ese día debía ir por el saco que había llevado a la tintorería hace más de una semana. 

—Uy apenas y me alcanza el tiempo para ir, cierran a las 6,30 — dijo para sí, en tono apresurado.

Rápidamente escribió una nota que dejó sobre la mesa del comedor, para que la leyeran en su familia, quien llegara primero a casa:  “Regreso en un rato, fui a la tintorería y después a comprar pan. No llevo celular. Besos, B.”

Jaló un chaleco, sus llaves de la casa y reviso llevar en su bolso dinero y la nota de la prenda. Su paso fue algo rápido, llegó a la esquina y giro a la derecha, comenzó a caminar con menos prisa. Se topó con reparación en un par de calles. Mientras iba caminando alzó la vista, el atardecer se asomaba, los tonos rojizos combinados con el celeste del cielo y las pequeñas nubes blancas como trozos alargados de algodón decoraban el cielo. 

Bianca se alegró de haber salido a esa hora, de no haber sido por el mandado se habría perdido esa puesta de sol. Intentó adivinar qué hora era, no solía usar reloj y el celular lo había dejado en casa. No tardó en tener su pregunta respondida, una parvada de pájaros pequeños comenzó a realizar su vuelo a una cuadra de distancia de donde ella estaba. Tenía rato que no observaba ese hermosa paisaje, la danza de los pájaros, así lo consideraba, el vuelo sincronizado de las aves que, cada tarde, en punto de las seis se daba cita en esa avenida. Bianca había pensado que debía llamarse Avenida El vuelo de los pájaros, esquina con Date una pausa y disfruta el paisaje.

Se detuvo unos instantes, atenta, observando las vueltas que daban todos los pájaros, dibujando especie de círculos que atravesaban la calle, sin perder su ritmo.  Siguió su paso, sintiendo una emoción en su interior, agradeciendo el regalo de la naturaleza. Se puso a pensar cómo sería ella si fuera uno de esos pájaros, le dieron ganas de volar, volar y disfrutar con esa parvada que le había alegrado la tarde. Vino a su mente una de sus canciones favoritas, Volar, de El Kanka:
 
"Volar, lo que se dice volar, volar, volar, volar, no vuelo...pero desde que cambié el palacio por el callejón. Desde que rompí todas las hojas del guión, si quieres buscarme, mira para el cielo… solté todo lo que tenía y fui feliz. Solté las riendas y dejé pasar, no me ata nada aquí, no hay nada que guardar, así que cojo impulso y a volar.
"

Entre el tarareo de la canción se dio cuenta que estaba a unos pasos de la tintorería, estaba abierta, sonrió y sintió un gran alivio, al tiempo que seguía resonando "volar, volar, lo que se dice volar".

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 105. Florecer. María Gabriela López Suárez

Florecer

Por María Gabriela López Suárez

Mientras realizaba sus compras en la plaza del pueblo Rosalía encontró a un vendedor de flores, ella no llevaba en su lista la compra de alguna flor. Sin embargo, el señor insistió hasta convencerla, se decidió por un pequeño rosal. El vendedor aseguró que el color de las rosas era rojo, que ya lo vería cuando florecieran.

Rosalía llegó a casa y comenzó a indagar cómo plantar rosales y el cuidado que debía darles. Adaptó el espacio en su patio, ocupó como macetera una cubeta de tamaño mediano. Estaba al pendiente de cuándo florecerían, cuando observó que tenía botones se alegró. Llegó el día que pudo ver las rosas en su pequeño jardín. Para su sorpresa no eran color rojo sino amarillo. Lejos de incomodarla le gustó mucho observar el colorido brillante de los pétalos.

Fueron pasando los meses sin que dejara de estar al pendiente de su rosal, fue acostumbrándose a verlo florecer varias veces en el año. Sin embargo, en alguna de esas etapas observó que ya había pasado el tiempo esperado y el rosal no tenía botones nuevos. Revisó la tierra, la removió, le agregó abono y la regó como solía hacerlo, tanteadito para que no la fuera a ahogar. Recordaba muy bien los comentarios que el exceso de agua a veces no ayuda mucho a las flores. 

En una ocasión don José, su papá, la sorprendió en plática con el rosal. 
         —¿Qué haces hija? ¿Estás hablando con la rosa?
         –Sí, a ver si se anima a dar más flores, ya ves que sienten el cariño y cuidado que uno les brinda. Ya no sé qué más quiere esta rosita. 
         –El día que menos lo esperes la verás floreciendo de nuevo. Dale tiempo, sin dejar de cuidarla.
         —¡Ojalá tengas boca de profeta!

Rosalía no perdía la esperanza de contemplar de nuevo el amarillo de las flores. Un día se percató que tenía botones nuevos y eso la emocionó. Y tal como lo dijo don José, una mañana con toque invernal Rosalía se acercó para regar el rosal y observó que de los 8 botones que tenía 5 habían reventado y tres estaban por hacerlo. Su corazón se alegró. Agradeció al rosal el bello regalo. 

Mientras percibía el aroma de las rosas se le vino a la mente don José, vaya que tenía razón. La espera había valido la pena. Se quedó pensando que tal como había pasado con las rosas, florecer en la vida es un proceso que lleva tiempo, cada persona lo vive y lo asume de forma distinta, solo hay que saber esperar.




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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 104. Líneas y formas. María Gabriela López Suárez

Líneas y formas

Por María Gabriela López Suárez

Pilar decidió viajar por la tarde noche a casa de Estrella, su mejor amiga de la universidad, tenía una invitación a pasar unos días en el campo. Era una de las cosas que le gustaba hacer, alejarse un poco de la ciudad, así que la propuesta le venía como anillo al dedo.

Dormitó un rato en el autobús, de pronto despertó y percibió que el camión se había detenido. Alcanzó a escuchar a unos pasajeros que iban en los primeros asientos, decían que había un derrumbe y demorarían unos minutos para continuar su camino.

¿Qué hacer mientras tanto? Pensó Pilar. Aprovechó para avanzar leyendo el libro La bailarina de Izu, de Yasunari Kawabata, lo había descargado en el celular. Leyó algunas páginas, la historia era interesante;  luego volteó a ver la ventana, hizo pausa en la lectura. Le ganó la atención la vista al paisaje, había ausencia de luces de viviendas,  el autobús estaba detenido en una parte alejada de ellas. De tal forma que las pocas luces que se lograban divisar a los lejos parecían cucayos, así se los imaginó Pilar.  Los destellos de la luna, que parecía pronto estaría llena, eran los que iluminaban la noche. Observó las estrellas titilando, la vista era hermosa. 

La mirada de Pilar siguió recorriendo el paisaje hasta donde su visión le permitía, de pronto, detuvo su atención en las líneas, las dos que dividían la carretera, las líneas paralelas. Comenzó a darse cuenta las veces que estas líneas se hacían presentes en lo que la rodeaba. Luego dio paso a las formas que alcanzaba a ver, las montañas cuyos bordes delimitados se lograban divisar aún a distancia, también asomaban unas nubes que decoraban el cielo y le daban un toque especial. Cada una tenía diferente trazo. 

Por un instante le dieron ganas de bajar del camión y ver directamente ese paisaje. Toda la gente que iba de pasajera permanecía en sus asientos. Así que regresó de nuevo la vista a la ventana intentando hallar nuevas formas. Divisó las de rocas, sombras de árboles cercanos con sus ramas y comenzó a imaginar que eran una especie de personajes que abrazaban la noche. Esa noche el viento no silbaba, no lograba escucharlo, de ser así le habría dado un ambiente de suspenso y quizá le provocaría nervios, o tal vez lo disfrutaría. Sonrió mientras seguía atenta con la vista a la ventana.

El ruido de encendido del autobús le hizo volver la vista hacia al frente, se desabrochó el cinturón de seguridad y se puso de pie para verificar si había movimiento en los carros que iban adelante. En efecto, el viaje continuaba, la pausa había terminado por el momento. Se sentó y colocó de nuevo el cinturón de seguridad, dio una última mirada al paisaje de ese espacio. Se puso los audífonos, hizo su selección musical, un poco de jazz. Cerró los ojos mientras degustaba Feeling good de Nina Simone, al tiempo que pensaba líneas y formas, siempre presentes en nuestras vidas.



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Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 103. Creer en sí mismo. María Gabriela López Suárez

Creer en sí mismo

Por María Gabriela López Suárez


Judith había crecido con algunas inseguridades, cada que tenía algún proyecto en mente lo pensaba mucho, trataba de cuidar hasta los detalles más mínimos para que todo saliera bien. Como suele suceder en la vida, en algunos proyectos le iba muy bien y otros simplemente no resultaban. Gerardo y Esther, su hermano y hermana mayor, solían animarla cuando esto último pasaba, eso le daba un poco de aliento.

Era decoradora de interiores. Dentro de sus habilidades más destacadas estaba la de realizar dibujos de rostros, era muy buena retratando a lápiz. Esto lo tomaba como pasatiempo. En su familia le habían sugerido que también podría ser una actividad laboral extra, los retratos le quedaban muy bien. Aunque se sentía segura haciendo esta actividad le gustaba más hacerlo por placer que como algo laboral.

En el cumpleaños de su abuelito Mateo decidió regalarle algo que ella hiciera, le había surgido el interés de crear algo. Lo más sencillo habría sido obsequiarle un retrato, ya tenía bocetos sobre él. Sin embargo, quiso ponerse un reto más grande, después de darle vueltas y vueltas al tema, decidió cocinar uno de los platillos favoritos de don Mateo, pollo en estofado. Su experiencia en la cocina no era buena, ella lo sabía muy bien. Quizá por eso se había propuesto intentarlo.  Le daría la sorpresa.

El día del cumpleaños se fue tempranito al mercado a comprar todos los ingredientes. Al final fue a la pollería, la señora del puesto, doña Josefita, era muy amable y como parte del servicio solía obsequiar a su clientela ramitas de hierbabuena, cebollín y chile habanero. Ese día no le habían llevado la hierbabuena, así que dejó unos instantes a Judith mientras iba por las hierbas. Judith se quedó observando los pollos en venta, recordó la destreza de doña Josefita al cortarlos. Echó un vistazo rápido a los puestos aledaños con venta de pollo y vísceras de res. La mayoría de quienes vendían eran mujeres, entre jóvenes y mayores, era un trabajo pesado pensó, recordando lo que alguna ocasión doña Josefita le había comentado. 

—¡Aquí está tu hierbabuena mami! Disculpa la tardanza —. Dijo doña Josefita.

—No tardó casi nada. Muchas gracias —. Comentó Judith sonriendo, a quien le había tomado por sorpresa la llegada de la señora.

Judith regresó a su casa y comenzó a preparar el platillo, no sin antes recordar la receta que le había contado más de una vez su abuelita Carmina. Lavó el pollo, desinfectó las verduras y las cortó. Cuando procedía a colocar las piezas de pollo y las verduras dentro de la olla, que era parte del secreto de la receta familiar, algo le comenzó a hacer ruido en la mente, ¿y si no le salía bien? ¿Qué tal se pasaba de sal o de cocción? De inmediato pareció escuchar las voces de Esther y Gerardo, hay que creer en sí mismo. Las sintió como un bálsamo que le devolvió el entusiasmo para continuar su tarea. Fue agregando las pasas, las aceitunas y las hierbas de olor, así como tanteando la sal, ni mucha ni poquita. Prendió la hornilla de la estufa a fuego medio, al tiempo que ella repetía en su interior, creer en sí mismo, creer en sí mismo. Cerró los ojos y visualizó a su abuelito Mateo degustando el platillo.



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Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 102. Die Zeit. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 102

Die Zeit

Por María Gabriela López Suárez

El ayer se fue. El mañana aún no ha llegado. Solo tenemos el hoy. Comencemos.

Madre Teresa de Calcuta

El día primero del nuevo año despertó a Gregoria, el sol fue quien le dio los buenos días, sus rayos se reflejaban directamente sobre la ventana de su habitación. Se cubrió el rostro con la cobija, quería quedarse dormitando unos minutos más. Echó un vistazo al reloj, eran las 8,30 horas. Decidió levantarse. Se lavó el rostro con cuidado y esmero, como si fuera un ritual. Se miró al espejo y sonrió. Era una linda manera de iniciar el año, con vida y con entusiasmo.

La casa se escuchaba en silencio. Martha y Patricio, sus hijos, aún dormían. A Gregoria le apetecía escuchar el canto de los pájaros, solían ponerse en el árbol que estaba frente a la ventana de la cocina. Abrió la ventana, los encontró en pleno jolgorio. Aprovechó para prepararse un té de matcha. Mientras lo degustaba se sentó a disfrutar el concierto de las aves.

Fueron asomándose los propósitos que se había trazado para el año nuevo. Sonrió, en un sentido de complicidad con ella, a modo de advertencia que debía esmerarse para cumplirlos. Recordó que había hecho un propósito colectivo con Patricio y Martha, darse el espacio para leer por placer e intercambiar los textos, impresos o digitales. Gregoria y Patricio eran amantes de los libros en papel y Martha prefería lo digital.

Bebió el último trago del té, estaba delicioso, no en vano era uno de sus favoritos; mientras tanto iba haciendo memoria de los libros que tenía pendiente leer. Die zeit, musitó para sí, el tiempo, le gustaba como sonaba la frase en alemán. Sin duda, uno de sus mejores aliados sería el tiempo, debía aprender a lidiar con él y administrarlo, sin estresarse, para poder llevar a cabo cada propósito. La tarea era todo un reto, bien valdría la pena afrontarlo. En eso estaba cuando escuchó las carcajadas de Martha, era señal que había despertado y seguro hecho alguna travesura a Patricio.

PD. ¡Feliz año 2022! Salud, alegría en los corazones y bienestar para el público lector de estas Voces ensortijadas y para sus seres queridos.



Fotografia: Pexels

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Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 101. La alegría de vivir. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 101

La alegría de vivir

Por María Gabriela López Suárez

 

Hortensia salió antes del mediodía para comprar los ingredientes que faltaban para preparar la cena de fin de año. Se había ofrecido con su familia que ella iría por el mandado. No era tan puntual en sus salidas, así que su intención de ir al mercado a las 8 de la mañana se vio aplazada. Finalmente salió con destino al puesto de frutas secas y especias. El día estaba sumamente soleado y cálido, ni señas del invierno.

Tuvo que desviarse de la ruta que había trazado, algunas calles estaban en reparación. En ese trayecto observó a un señor mayor vendiendo de manera informal sobre una banqueta, tenía sonajas de plástico y diversas figuras de animales elaboradas con palma. Estas últimas llamaron su atención. El señor portaba un sombrero de palma, camisa de color blanco, manga larga arremangada, estaba sentado muy entretenido tejiendo una figura. Ella no alcanzó a ver su rostro. Lo primero que le pasó por la mente fue, quién iba a comprar sonajas de plástico y las piezas de palma. Sintió una sensación de nostalgia, recordó la Canción de Navidad de Silvio Rodríguez.

Mientras seguía su camino se hizo el propósito de pasar por la misma calle, de regreso a casa y comprarle alguna pieza al señor. Apresuró su paso. Como era de esperarse a esa hora el comercio estaba en su apogeo, las calles transitadas por gente caminando y muchos carros en circulación a vuelta de rueda. Recordó una frase que solía decirle su mamá, ‘te gusta salir a la peor hora’. Hortensia sabía muy bien que tenía razón, aunque delante de ella se negaba a admitirlo. Llegó a la tienda, revisó cuidadosamente la lista de ingredientes que requería, le surtieron los productos y se encaminó a su casa.

Nuevamente pasó por la calle donde estaba el señor con su vendimia, continuaba sentado tejiendo la palma, parecía que no se había movido desde cuando lo vio. Ella se acercó y observó con atención las piezas. Como un chispazo se le vino a la mente que podría integrar algunas de ellas para decorar el nacimiento en la casa. El vendedor se levantó y comenzó a ofrecerle la diversidad de animalitos que tenía, perritos, chivos, borregos, hasta jirafas, de diversos tamaños. Hortensia eligió cuatro piezas, entre pequeñas y medianas. Las tomó entre sus manos y se percató del acabado tan fino. Aparentemente eran iguales, pero al observarlas tenían algo diferente, eso les daba un toque más bonito.

Mientras el señor le comentaba sobre las figuras de palma, Hortensia se percató que el vendedor reflejaba en su mirada, su tono de voz y su actitud el entusiasmo y gusto por lo que hacía. Eso era palpable. Imaginó que cada pieza tenía un trocito de corazón de su autor. Eso le llenó de alegría, no solo había aportado al trabajo de un creador adquiriendo parte de sus piezas sino que él le había dado a ella un bello regalo de fin de año, recordarle la alegría de vivir. Le pagó las figuras y se despidió, guardó cuidadosamente los perritos y chivos que en un momento más pasarían a formar parte del nacimiento en su hogar.

PD. Al público lector de estas Voces ensortijadas y a la Revista Letras, idea y voz, les agradezco su compañía en este año que está por culminar, que tengan un cierre del 2021 con paz y amor en sus hogares. Y les deseo un año 2022 pleno de salud, bienestar, amor, bendiciones, trabajo y gozo por la vida.

Foto: MGLS

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 100. Noche de luna llena. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 100

Noche de luna llena

Por María Gabriela López Suárez

El sábado había sido un día algo ajetreado para Ximena, buena parte de la mañana y tarde lo había dedicado   junto con Soledad, su hermana, para preparar tamales de hierba santa y  anís. Tenían un pedido grande por entregar para las seis de la tarde. Después de esa laboriosa tarea ambas decidieron tomar un descanso. 

Soledad prefirió tomar una siesta. Ximena se sentó en su mecedora, entrecerró los ojos y le llegó un aroma de manzanillita, como le llamaba a los tejocotes. Recordó que había dejado una canasta con las frutas para hacer una ensarta con ellas, lo pondría de decoración en su nacimiento. Se levantó y fue por la canasta. Reservó algunas frutas. Tomó asiento nuevamente y comenzó la labor.  Hizo alrededor de tres ensartas y las colocó alrededor del nacimiento.

Con las manzanillitas que quedaron se dispuso a hacer un ponche, el clima le hizo apetecer la bebida. Además tenía manzanas, guayabas, canela, jengibre y clavo, justo los ingredientes necesarios. El aroma del ponche era uno de los elementos que recordaban a Ximena la época decembrina. Llamó a Soledad para que tomaran juntas el ponche. Después de conversar un rato y degustar la infusión se despidieron para irse a dormir. 

Ximena se percató que había luz en el patio, pensó que Soledad o ella, por error, había dejado prendida alguna lámpara. Salió y observó que la luz provenía de la luna lunera. Se quedó contemplándola un gran rato, era la última luna llena del año y estaba sumamente hermosa.

Se fue a su cuarto y decidió descansar. No pudo conciliar pronto el sueño. Le pareció extraño. Por un momento pensó que podría ser el efecto de la noche de luna llena. En eso estaba cuando escuchó el aleteo de un pato, un rato después hizo su aparición el kikiriki del gallo madrugador que  solía cantar antes de medianoche. Luego puso atención al coro de los grillos que, puntualmente, arrullaban su sueño todas las noches. Se quedó pensando si ella fuera pato, probablemente, no estaría aleteando a altas horas de la noche como queriendo volar; si fuera gallo quizá no  cantaría tan afinada y no sería tan madrugadora. Y en el caso de ser grillo ahí si le pondría todo el ánimo y energía para entonar sus melodías acompañando los sueños de las personas y agradeciendo a la naturaleza la vida. Poco a poco los ojos de Ximena se fueron cerrando al compás de las melodías entonadas por los grillos.


PD. Muchas gracias a Letras, ideaYvoz® y al público lector, ésta es la publicación número 100 en este espacio. Gracias por ser parte de las Voces ensortijadas.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 99. Pan de pulque. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 99

Pan de pulque

Por María Gabriela López Suárez

En esta entrega les quiero compartir parte de mi sentir, vinculado con mi labor como docente. Estar al frente de grupos en tres semestres en una contingencia sanitaria,  de una manera distinta, no presencial, haciendo uso de plataformas en línea, ha significado una serie de retos para cada estudiante y para mí como acompañante en su formación profesional. Sin duda alguna, he tenido diversos aprendizajes y lo agradezco en el corazón.

Acostumbrada a realizar dinámicas presenciales en las clases, escuchar a estudiantes e interactuar con los grupos, añoro poder llevar a cabo estas actividades. Recuerdo que el año pasado, cuando me correspondió dar la bienvenida a los grupos de nuevo ingreso en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), donde laboro, lo hice a través de la computadora, dando mi mensaje sin poder ver a nadie, tuve una sensación de nostalgia. Me acomodé frente a la computadora, miré fijamente a la cámara y realicé mi encomienda; luego de dar mi mensaje me quedé pensando cómo serían las clases, no imaginé del todo lo que vendría después. 

En este periodo de clases una de las añoranzas que más tengo es poder conocer a cada estudiante, no todas las personas prenden su cámara y micrófonos, por diversos motivos. De esa forma, la interacción con los grupos es distinta, si bien como docente mantengo la cámara encendida, me genera la intención de poder conocer a quienes están del otro lado de las pantallas de las computadoras o celulares. 

Desde agosto de 2020 a la fecha solo he tenido la oportunidad de conocer alrededor de siete estudiantes de los grupos de nuevo ingreso en la licenciatura en Comunicación Intercultural en que he dado clases, cada encuentro ha sido distinto, todos hasta este 2021 con el protocolo sanitario. El primero a quien conocí es Ángel, porque fue el contacto para entregar un libro que había ganado una amiga de él al responder una pregunta en el programa radiofónico Los Colores de la Voz de la UNICH, fue una coincidencia. Otra ocasión saludé a cinco estudiantes más que estaban en una práctica de fotografía en la universidad, los vi de lejos, a uno ya lo conocía de semestres anteriores y solo pude identificar a otro de los cuatro restantes, aún con el cubrebocas, era de los que a veces prendían su cámara. Recuerdo que esa vez una de las estudiantes me reconoció por mi voz. Posteriormente conocí a Víctor, quien asistió a una exposición fotográfica colectiva de la que formo parte. Y finalmente, conocí a Citlalli, en un evento en la universidad.

Les confieso que muchas veces ha pasado por mi mente que podría coincidir con estudiantes en algún espacio sin saber que son ellas y ellos, porque no nos conocemos físicamente y portamos el cubrebocas.  Eso me sucedió con Citlalli, llegamos al mismo tiempo al evento, me llamó la atención su vestimenta, muy colorida y bella. No era un traje regional de Chiapas, la blusa me pareció con bordados semejantes a algunas prendas de la región Selva. Pasé a su lado sin saber que era ella, yo llevaba prisa y seguí mi camino. Momentos después, se sentó delante de mí, y fue hasta cuando saludé a Rosita, otra estudiante a quien ya conozco, quien se colocó al lado de ella, cuando Citlalli me saludó. De nueva cuenta me reconocían por la voz. Me dio mucho gusto conocerla,  intercambiamos algunas palabras antes que iniciara el evento. Recordé que es originaria de Nochixtlán, Oaxaca, de ahí que la vestimenta no me resultara común.

Al término del evento, me despedí de Citlalli, quien tuvo el detalle de obsequiarme pan de pulque, ese pan que me generó curiosidad por su nombre y elaboración, que conocí como parte del contenido de su informe de proyecto integrador, justo hace más de un año cuando le di clases en primer semestre. Agradezco a Citlalli por el gesto de compartir ese producto de su terruño y a cada estudiante con quien he coincidido de manera presencial y en línea, gracias por permitirme ser parte de esta nueva etapa de educación a la distancia y gracias también por recordar el timbre de mi voz.

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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.