Voces ensortijadas. 315. Los lazos desde el corazón. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez


Los lazos desde el corazón


A las amistades de toda la vida
A las que estuvieron, están y a las que vendrán


Josefina buscó con rapidez entre su librero, a ver si por ahí había dejado su agenda nueva, aunque tenía la posibilidad de agendar todo de manera electrónica, prefería hacerlo por escrito. Por casualidad se topó con la cajita donde guardaba sus tesoros más valiosos, las tarjetas que le habían obsequiado sus amistades, antes de que comenzara la era del uso de los medios digitales y que representaba no solo algo físico, sino también el intercambio de mensajes con un esmero en la manera en que cada tarjeta se había elaborado. No pudo evitar detenerse a revisar el contenido.
Se detuvo más de un instante. Se sentó y comenzó a leer algunos de los mensajes. Recordó que de las amistades que ahí estaban presentes, a través de sus textos, una de ellas, Josué, ya había partido físicamente. Releyó uno de los mensajes que más le gustaban: Ser feliz es gratis.
Sintió la necesidad de escribirle una carta a Josué, tomó una hoja en tono crema, buscó sus lapiceros de gel, eligió uno en tono baby blue, como le diría su amigo Josué y comenzó a escribir.

¡Hola Josué! Ha pasado tanto tiempo sin que reciba mensajes tuyos. ¿Sabes? Siempre estoy en espera de que pueda recibir esos compartires de los bellos paisajes, los amaneceres o atardeceres de tu pueblo. Llevo presente tu especial gusto por la gastronomía regional de tu terruño. Me imagino qué platillo me presumirás, ya sea que estás degustando o que degustarás.
¿Cómo te ha ido en el deporte? ¿Sigues con tu equipo de básquetbol? ¿Qué recomendación me harás de películas? Oye, tengo tantas experiencias que contarte, muchas fotos que mostrarte de un par de viajes que he hecho. He cruzado varios puentes colgantes, ni te imaginas qué aventura ha sido ésa. Sí, mucha adrenalina, algo de miedillo, ya conoces a tu amiga, pero con lo necia que soy, no me he quedado con ganas de vivir el momento.
Te echo mucho de menos, valoro tanto nuestra amistad. Te envío un abrazo con mucho cariño hasta donde estés. Te quiere siempre, Josefina.

Terminó de escribir la carta, dobló cuidadosamente la hoja. Respiró profundo. Sus ojos se humedecieron. Se quedó unos instantes ahí, sintiendo y agradeciendo los lazos desde el corazón que surgen de la verdadera amistad. Guardó la carta en la cajita. Sin saber cómo, encontró la agenda. La tomó entre sus manos, sonrió discretamente y continuó con su día.
Fotografía de Kaique Rocha: https://www.pexels.com/photo/timelapse-photography-of-people-crossing-roads-266046/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 314. La gente de a pie. María Gabriela López Suárez

Fotografía de Kaique Rocha: https://www.pexels.com/photo/timelapse-photography-of-people-crossing-roads-266046/
Voces ensortijadas  

La gente de a pie
María Gabriela López Suárez

Verónica despertó más temprano que de costumbre, no había dormido bien, pensando que no escucharía la alarma del reloj. Tenía que ir a una entrevista en el laboratorio de análisis clínicos donde quería entrar a trabajar. Estaba nerviosa. Revisó la hora, eran las 5,30 de la mañana. Faltaba una hora para que la alarma sonara. Decidió levantarse de una vez.
Escuchó ruido en la cocina, se asomó, era Rebeca, su hermana mayor, que ya estaba despierta. Rebeca tenía una pequeña cocina económica y estaba preparando los desayunos de ese día.
̶ ¡Vero, tú despierta a esta hora! ¿Te sientes bien? ̶ dijo Rebeca en tono de broma, acercándose a su hermana.
̶ Buen día Rebe, aunque no lo creas me desperté temprano. ¿Te ayudo en algo? ̶ señaló Verónica mientras observaba todos los ingredientes y recipientes que había en la cocina.
Rebeca aceptó la ayuda, no sin antes preguntar si le daría tiempo para ir a la entrevista, Verónica dijo que tenía suficiente tiempo. La primera tarea fue lavar los trastes, el fregadero estaba lleno de recipientes, cucharas, cuchillos y un par de tablas para picar. Mientras hacía el lavado, Verónica pensaba que su hermana tenía una gran tarea todos los días al madrugar, cocinar y luego dejar todo lavado antes de abrir la cocina, sumado a atender las mesas y levantar todo al terminar la jornada. Ella la ayudaba las veces que le era posible. Rebeca le había pagado los estudios de Química farmacobióloga. De ahí que, ahora recién graduada, Verónica quería comenzar a trabajar para ayudar a su hermana. Terminó de lavar y pasó a verificar si las mesas estaban con tapetes limpios, servilletas, cubiertos, cucharas y tenedores.
Rebeca había avanzado bastante esa mañana, con la ayuda de Verónica quien seguía preguntando en qué más apoyaba. Para no atrasar a su hermana solo le pidió que colocara unos ramitos de flores en los jarritos que tenían las mesas. Ese detalle era el toque que indicaba que ya estaba listo todo.
Verónica se despidió de Rebeca, quien le deseó lo mejor para la entrevista y le dio un fuerte abrazo. La travesía de Verónica inició. Salió de casa y decidió dirigirse al laboratorio caminando, eso le ayudaría a relajarse. Mientras hizo el recorrido, observó mucha gente en las calles, personas transitando, muchas vendiendo de manera informal con sus hijas e hijos pequeños, personas adultas mayores pidiendo ayuda, un pequeño grupo manifestando las injusticias de las autoridades. Mientras ella esperaba el verde del semáforo se percató de la importancia de no ser indiferente con la gente de a pie, ella misma formaba parte de esos mundos. Respiró profundo, ya estaba a un par de cuadras del laboratorio donde tenía la entrevista. Sonrió, deseando llenarse de toda la fortaleza y ánimo de la gente de a pie que se levanta todos los días a iniciar la travesía de la vida.
Fotografía de Kaique Rocha: https://www.pexels.com/photo/timelapse-photography-of-people-crossing-roads-266046/
Fotografía de Kaique Rocha: https://www.pexels.com/photo/timelapse-photography-of-people-crossing-roads-266046/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 313. Danzar al compás del viento. María Gabriela López Suárez

Fotografía de Malcoln Oliveira: https://www.pexels.com/photo/detailed-close-up-of-a-tree-trunk-in-brazil-34020514/
Voces ensortijadas  

Danzar al compás del viento
María Gabriela López Suárez

A la Cuca, integrante de la familia peluda.
Te llevaremos siempre en el corazón.


La alarma del reloj indicó a Orquídea que era la hora de la comida, trabajar en casa, de manera virtual era ‘cómodo’ hasta cierto punto, pero podía irse de corrido y olvidarse de comer. Recordó que había preparado su comida desde la noche anterior, hizo una pausa en su actividad y se dirigió a la cocina.
Orquídea vivía en una unidad habitacional, alejada del centro de la ciudad, de tal forma que el ambiente era con menos ruido del tráfico diario y tenía la fortuna de que un parque lleno de árboles altos y frondosos estaba a unos minutos de su domicilio, para irse caminando.
Cansada de haber estado mucho tiempo sentada se asomó al ventanal de la cocina y mientras degustaba su comida, de pie, observó que el sol se había ocultado y se asomaban ligeras nubes que comenzaban a dibujar que en un rato más se nublaría. El viento también se hacía presente.
Terminó de comer, se cepilló los dientes y se asomó nuevamente a la ventana. Revisó el reloj, decidió darse unos minutos para salir a caminar. El paisaje de la tarde le apeteció para observarlo desde el parque y hacer un pequeño receso en su trabajo. Verificó guardar la información de lo que había avanzado en su computadora y apagó el equipo.
Al abrir la puerta de su departamento sintió que el viento estaba con un toque de frío, fue por un suéter ligero y luego salió rumbo al parque. Disfrutó cada uno de sus pasos, no llevaba prisa. Al llegar al parque se sentó en una de las bancas y contempló los árboles, altos, altos. Alzó su rostro hasta intentar divisar la copa que tenían. Se levantó para dar una pequeña caminata alrededor, en los andadores que había, observó a varias personas que llegaban acompañados de sus perritos. Se deleitó con la algarabía que tenían, corriendo entre las jardineras, los más pequeños y caminando a otro ritmo, los mayores, pero todos disfrutando estar en ese espacio. Recordó las experiencias tan gratas que había tenido con los perritos criados en su familia y las múltiples enseñanzas que les habían dejado, seres amorosos, fieles, alegres y que siempre formarían parte de la familia.
Siguió su camino y se detuvo frente a un árbol, quizá uno de los más longevos del parque, tuvo el deseo de abrazarlo; había escuchado más de una ocasión que abrazar un árbol era una experiencia muy linda. No dudo en hacerlo, se acercó a él, extendió sus brazos alrededor del tronco, cerró sus ojos y permaneció ahí unos minutos, percibió la textura de su corteza. El viento sopló como extendiendo una ráfaga de caricias y Orquídea sintió que el tronco del árbol se movía, las ramas hacían un ruido ligero, el movimiento era sutil, como un danzar al compás del viento. La danza se detuvo, el viento se había ido por unos momentos. Orquídea abrió lentamente los ojos, agradeció al árbol ese bello regalo. Se sentí contenta, con más energía. Volvió la vista alrededor, seguían los perritos corriendo de un lado a otro. Sonrió, era hora de regresar a casa. El receso había sido una gran elección.
Fotografía de Malcoln Oliveira: https://www.pexels.com/photo/detailed-close-up-of-a-tree-trunk-in-brazil-34020514/
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 312. Uno menos. María Gabriela López Suárez

Photo by Karola G: https://www.pexels.com/photo/photo-of-chainsaw-on-wooden-log-4206123/
 Voces ensortijadas  

Uno menos

María Gabriela López Suárez

A todos los árboles derribados para construir elefantes blancos.

Cerca de la colonia donde vivía Guillermina había un parque pequeño, lleno de vida, muchos árboles generaban el encanto del lugar. Ese parque era el espacio de diversos encuentros, para juego de las infancias, para caminar de las personas adultas mayores, para hacer ejercicio matutino o vespertino de personas jóvenes y adultas. Además de lo anterior, representaba un espacio importante para quienes deseaban estar en contacto con la naturaleza, en alguno de esos días donde se requiere respirar aire puro, soltar algún llanto contenido, recuperar energías y por supuesto, también era un espacio ideal para los encuentros amorosos.

La gente vecina de la colonia rumoraba que una empresa había anunciado su llegada y que parte del parque sería destruido, a cambio tendrían una placita comercial, eso a Guillermina le generaba sentimientos encontrados, impotencia, nostalgia, tristeza. Había convocado más de una ocasión a sus vecinas y vecinos más cercanos para organizarse y verificar si ese rumor era cierto y en el caso de que sí, para que propusieran alguna acción para evitarlo. Sin embargo, para su mayor desánimo la reunión no se había concretado, las personas estaban siempre ocupadas, tal parecía que el tema no fuera de gran importancia para ellas.

El miércoles, Guillermina salió de su casa por la mañana, eran las 6:30, como todos los días iba a hacer su rutina de correr algunas vueltas alrededor del parque. Iba a ponerse los audífonos al salir de casa cuando escuchó un ruido que le llamó la atención, parecía que había alguna máquina trabajando. Pensó que por fin habían llegado a reparar un par de calles que tenían meses que estaban casi intransitables por los baches que tenían. Se colocó los audífonos y eligió escuchar a Jarabe de palo.

Continuó su paso hacia el parque cuando, para su mayor sorpresa, se percató que el sonido que había escuchado era una máquina que había comenzado a excavar una parte del parque, y justo en ese momento estaba derribando las raíces de uno de los árboles que formaba parte de ese espacio habitado. Se quedó como petrificada imaginando el dolor que el árbol estaba sintiendo, vinieron a su mente tantas historias vividas en ese lugar, se le hicieron varios nudos en la garganta y las lágrimas no tardaron en asomarse. La impotencia la invadió, la tala de árboles había iniciado, comenzaba esa mañana con uno menos.

Guillermina dio vuelta, regresó a casa, intentaría llamar a sus vecinas y vecinos, mientras escuchaba a Jarabe de palo, déjame vivir libre, libre como el aire… me enseñaste a volar y ahora me cortas las alas…
Photo by Karola G: https://www.pexels.com/photo/photo-of-chainsaw-on-wooden-log-4206123/
Photo by Karola G: https://www.pexels.com/photo/photo-of-chainsaw-on-wooden-log-4206123/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 311. El encanto del atardecer. María Gabriela López Suárez

Fotografía de Cris Ménlés: https://www.pexels.com/photo/vibrant-sunset-sky-over-akumal-mexico-29821809/
Voces ensortijadas  

El encanto del atardecer
María Gabriela López Suárez

El primer fin de semana del nuevo año había llegado. Nayeli comenzaba a sentir que el tiempo corría aprisa. Ese sábado la había despertado el jolgorio de una parvada de zanates que pasó por su casa. Era tal la algarabía que le contagió el ánimo de vislumbrar el primer sábado del año. En casa ya había movimiento, don Gerardo, su padre ya estaba regando las plantas que había en el patio y doña Gertrudis, su madre, acomodando las nuevas macetas que había comprado. De Romina y Genaro, su hermana y hermano, no había rastro todavía.

Nayeli saludó a doña Gertrudis y don Gerardo y les preguntó si apetecían desayunar tamales de los que preparaba doña Nati, para ir a comprarlos y de paso, ver si tenía arroz con leche. La propuesta les agradó, así que Nayeli se arregló para salir y en menos de 15 minutos ya estaba de vuelta con el pedido.
El tiempo fue transcurriendo entre los diversos menesteres de Nayeli, quien se alegró de haberse levantado temprano porque por la tarde iría a visitar a su amiga Juanita, estaba convaleciente de una cirugía y solo le había llamado por teléfono y enviado muchos mensajes.

Juanita era una de las mejores amigas de Nayeli, vivía en una ciudad cercana a donde radicaba Nayeli, el trayecto era alrededor de una hora. Así que antes de las cuatro de la tarde Nayeli ya estaba rumbo a la terminal. En el trayecto a la estación de camiones pasó por una tienda donde vendían frutas y flores, decidió comprar unas peras y unas gerberas de diversos colores. El carro partió puntual a las cuatro.

El camión iba con poco pasaje, Nayeli acomodó sus obsequios y se deleitó con la vista al paisaje, sobre todo cuando salieron a la carretera. La iluminación era tan bella y el cielo con su tono en azul claro, por un lado, y nubes difuminadas por el otro, que le parecieron justo los regalos del nuevo año para que la gente levantara la vista al cielo. El encanto del atardecer era tal que se preguntó: ¿cuántas personas estarían contemplando esa tarde? Sonrió para sí, sin saber la respuesta. Tenía la esperanza de que fueran muchas más que las que estaban atentas a las pantallas del celular o algún dispositivo electrónico. Volvió a sonreír porque justo sacó el celular de su bolso, tomó algunas fotos. Y como si alguien la estuviera interrogando dijo:

̶ Bueno, en mi caso, tomé el celular porque le mostraré las fotos a Juanita, seguro que le gustarán.

Enseguida guardó el celular. Sin apartar la vista hacia el horizonte, se quedó contemplando la colina que iban subiendo y el juego de sombras que hacía la luz con los coches que iban antes del camión. Ya estaba cerca de su destino.
Fotografía de Cris Ménlés: https://www.pexels.com/photo/vibrant-sunset-sky-over-akumal-mexico-29821809/
Fotografía de Cris Ménlés: https://www.pexels.com/photo/vibrant-sunset-sky-over-akumal-mexico-29821809/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 310. Entre gratitud y abrazos. María Gabriela López Suárez

La fotografía es de MGLS.
Voces ensortijadas  

Entre gratitud y abrazos
María Gabriela López Suárez

Al público lector de las Voces ensortijadas,
a Letras, idea y voz,
les deseo un año 2026 con amor, paz, gratitud y mucha lectura.




Esther repasó en su mente la lista de pendientes que tenía en las dos últimas semanas del año. Se quedó asombrada, tantas cosas por hacer, en tan poco tiempo. Casi le ganaba la desesperación sin siquiera haberse detenido a verificar si todo era necesario y qué tenía prioridad. En eso estaba cuando escuchó que tocaban la puerta de la casa con tal fuerza que parecía como el anuncio de alguna tragedia. Quien llamaba con tal angustia era Toñito, el hijo de doña Mónica, la señora que en la temporada decembrina hacía hojuelas y mandaba a preguntar si querían encargar tan delicioso postre, el mensajero era el pequeño de siete años.
̶ ¡Toñito, casi se me sale el corazón por esos toquidos tan fuertes! ¿Qué sucede? ¿Es el pedido de hojuelas? −preguntó Esther con voz firme y rostro serio.
̶ Disculpe, es que tengo prisa, ando preguntando en el mayor número de casas para decirle a mi mamá y pueda comprar los ingredientes. Ella quiere tener seguros los pedidos. ¿Van a querer hojuelas y cuántas? ̶ antes de que Esther respondiera observó que el niño sacó de una bolsita cangurera que llevaba, una pequeña libretita con un lapicero de igual tamaño; libreta en mano estaba atento y levantó la vista. Los ojos del niño se fijaron en los de Esther quien, sin dudar, pidió cien hojuelas. Las compartiría con su familia y algunas amistades. El rostro del niño dibujó una gran sonrisa.
̶ ¡Muchas gracias doña Esther! Ojalá que usted me traiga la suerte, como dice mi mamá, es el primer pedido que nos hacen.
̶ Verás que sí pedirán más hojuelas, Toñito, solo te sugiero que toques menos apresurado. Anda, ve con cuidado al cruzar las calles.
Esther observó al niño quien, con mucha seguridad, iba caminando, dirigiéndose a otras viviendas para continuar con su tarea. Ella volvió a lo suyo; retomó la idea de Toñito y buscó una libreta para anotar sus pendientes. Se sentó y antes de que le ganara la mente con la idea de que ya era tarde y aún no había abierto su papelería, decidió darse el tiempo para hacer la lista. Una vez terminada la tarea revisó a detalle y decidió llevar a cabo el primer pendiente.
Tomó un pequeño bolso, cerró la puerta, guardó sus llaves y salió a caminar a un parque cercano. Dio una vuelta completa al parque, que no era tan grande. Buscó una banca y se sentó. Observó las aves que se deleitaban volando de rama en rama entre los árboles. Contempló los rayos del sol que se filtraban a través de los huecos del follaje que cubría el parque. Se alegró la vista con las flores distintas que tenían las jardineras. Sintió el latir de su corazón. Había olvidado cuánto tiempo tenía de no agradecer en la vida, por cada día, por su salud, por su familia, por las amistades que siempre estaban presentes a través del tiempo y la distancia, por un techo y comida segura, por un nuevo año que culminaba, por darse ese instante para estar con ella y contemplando los regalos de la naturaleza, sin agobiarse por el tiempo.
Permaneció ahí alrededor de media hora, en ese intervalo de tiempo sintió la necesidad de darse un gran abrazo, se abrazó con mucho amor. Regresó contenta a casa, entre gratitud y abrazos había iniciado el primero de los pendientes de su lista, antes de culminar ese año.
La fotografía es de MGLS.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 309. Saber esperar. María Gabriela López Suárez

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Saber esperar
María Gabriela López Suárez

A todas, todos mis guías en la vida, gracias.


Eran las 5:30 de la tarde, don Augusto tenía cita médica con la dentista a las 6 de la tarde y Ernestina su hija mayor lo acompañaría. Después de la consulta médica irían a comprar la despensa y algunos obsequios que doña Rosalía, esposa de Augusto y madre de Ernestina, les había encargado para las piñatas que donaría en la posada de la cuadra donde vivían.

Llegaron al consultorio a las 5:45, había varias personas en la sala; se sentaron y comenzó la labor de la espera. Dieron las 6 de la tarde y aún no le tocaba el turno a don Augusto. Ernestina no dejaba de ver el reloj mientras se entretenía con el celular. El tiempo seguía su curso, 6:15 y no había movimiento de pacientes.

−¡Oye papá aún no has pasado y llevamos 15 minutos de retraso! ¿Quieres que pregunte qué pasó? −dijo Ernestina, en voz bajita y tono desesperado.

−No Tina, ten calma. No han de tardar en llamarme –fue la respuesta de don Augusto, mientras la abrazaba.

Como por acto de magia, al cabo de unos 5 minutos llamaron a turno a don Augusto. El rostro de Ernestina mostró un gesto de alivio. Siguió distraída con el celular mientras su papá estaba en la cita médica. Venía la segunda etapa de espera.

Eran las siete de la noche y Ernestina ya no hallaba sosiego ni con el celular. Decidió guardarlo en su bolsa. Observo a su alrededor, el único paciente que se había movido era su papá. La sala permanecía intacta con el resto de personas. Fijó bien su mirada, cuántos consultorios había ahí, solo el de la dentista. Es decir, que las 8 personas que aún estaban ahí, sin contar a ella, estaban por pasar a consulta.

Nuevamente hizo un repaso y empezó a deducir que había pacientes que como su papá iban acompañados. No toda la gente pasaría a cita. Eso le generó una especie de alivio. Pero de nuevo, le volvió la preocupación por el tiempo. La persona que estaba en la recepción era una chica como de unos 22 años. Estaba entretenida en la computadora y en una libreta de notas. Siguió observando qué hacía la gente para no desesperarse, algunas personas platicaban entre sí. Nadie tenía celular en mano, algo raro para ella. Su mirada se detuvo en un señor de edad mayor, alrededor de setenta años, estaba concentrado en la lectura. Ernestina tuvo curiosidad por saber qué libro leía. Se levantó despacito y dio unos pasos cerca de la silla del señor, pero no alcanzó a leer el título. Volvió a su lugar y siguió observando al señor, su rostro era sereno, nada lo desconcentraba de su lectura. Hasta alcanzó a percibir que su respiración era tranquila.

Volvió la mirada hacia ella, nunca había pensado que era importante saber esperar. La idea de llevar un libro le pareció magnífica. Ver al señor le había generado esa sensación de calma que tanto necesitaba en ese momento. Le vinieron varias preguntas a la mente, ¿era la lectura lo que generaba esa sensación de calma en el señor? ¿Era la experiencia del paso de los años? ¿Esperar era acaso una habilidad reservada solo para algunas personas? Respiró profundamente, deseo tener una revista con sopa de letras o crucigramas para llenar. Saber esperar le parecía todo un reto, pero quería aprender a enfrentarlo. En eso estaba que no se percató que su papá ya había salido y estaba pagando los honorarios en la recepción.

−¿Lista Tina? Ya nos vamos a hacer los pendientes −le dijo don Augusto con una gran sonrisa.

−Sí, vámonos papá, ya es hora −señaló ella, devolviendo la sonrisa, mientras volteaba a ver al señor, quería identificar el título del libro. Se quedó con la duda, el señor había pasado a cita después de don Augusto.
La fotografía es ee MGLS.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 308. Sé feliz, chiquilla. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

Sé feliz, chiquilla

María Gabriela López Suárez

En memoria de Pepe Verduzco. Gracias por tu amistad,
por siempre en mi corazón.



Rosario estaba tan concentrada haciendo labores de jardinería, en el patio de la casa de la tía Bertha, que no se percató de la llegada de Socorro, su prima adolescente. Tía Bertha había pedido a Rosario que le hiciera favor de cambiar la tierra a las macetas, que verificara por qué algunas de sus plantitas estaban tristes, o al menos así las veía ella.
La tía Bertha sabía que Rosarito, como le llamaba de cariño, amaba el cuidado de las plantas. En sus ratos libres de universitaria, solía estar apapachando sus flores, sus plantas medicinales y también las de su familia, cuando le pedían.
Socorro se asomó con cautela para no desconcentrar a Rosario, quien al verla la saludo con gran asombro.
̶ ¡Hola Socorro! Por poco me espantas niña. ¿Qué milagro que te veo por acá? ̶ dijo Rosario sin dejar de hacer su labor.
̶ ¡Hola primita! Pasé a saludar, vinimos a visitar a la tía Berthita. Te vi tan ocupada que me acerqué despacito para no distraerte. ¿Qué tanto haces con estas macetas?
̶ Cambio de tierra a las macetas y estoy encontrando hermosos regalos, la tía se pondrá feliz.
̶ ¿Dijiste regalos, Rosario? ¿En serio? ¿Cuáles, dónde? Yo quiero regalos, fíjate que estaba buscando unos súper tenis que quiero que me compren para Navidad.
Rosario escuchó con atención a Socorro, detuvo su labor un momento. Tomó con mucho cuidado un par de hijuelos de una planta de romero, los colocó sobre su mano y volvió el rostro dirigiendo su mirada a su prima. Le mostró los hijuelos, eran algunos de los regalos que había hallado y pondrían contenta a la tía Bertha. El rostro de Socorro mostró desconcierto, Rosario se dio cuenta. La invitó a que le ayudara a trasplantar esos hijuelos, buscaron unas macetas pequeñas y Socorro aprendió a sembrar plantas.
Mientras hacían esta labor Rosario le explicó a Socorro que los regalos en la vida no solo son materiales, le puso algunos ejemplos, contemplar el cielo con sus infinitos paisajes, sentir las caricias del viento, recibir y dar abrazos, tener salud, tener seres queridos, disfrutar de una linda plática con alguna amistad, escuchar el canto de las aves, respirar conscientemente.
Socorro escuchó con atención. Luego le mostró a Rosario si las plantitas habían quedado bien sembradas.
̶ Muchas gracias por tu ayuda Socorro, mira qué bonitas quedaron las nuevas plantitas. Se las mostraremos a tía Bertha. Pero antes de eso, quiero pedirte que recuerdes esta conversación de los regalos, los que nos dan la verdadera alegría. Siempre ten presente: sé feliz, chiquilla, lo material no llena el corazón.
Socorro no pudo articular palabras, sintió varios nudos en la garganta. Se acercó a Rosario y la abrazó fuerte. A lo lejos se asomó la tía Bertha, quien con paso lento avanzaba hacia ellas.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 307. La poesía nos une. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

La poesía nos une
María Gabriela López Suárez

A todas las generaciones, amantes de la poesía.

No recuerdo cuándo fue mi primer acercamiento a la poesía. Lo más probable fue en la educación formal; la educación en casa alimentó mi interés por la literatura de cuentos, leyendas, novelas. Lo que si tengo claro es que desde la secundaria me gustaba escribir, frases sueltas, reflexiones y en el bachillerato comencé a hacer intentos de poesía, con rimas.

Es en la etapa universitaria cuando de nuevo tuve acercamiento con la poesía; al ingresar a la licenciatura se ofertaron talleres distintos, los días sábados. No sabía por cuál decidirme, así que asistí a varios, uno cada sábado. Pasé por el de teatro, donde tuve debut y despedida. En mi primera sesión me tocó ser la protagonista de una historia, de espectadora pasé a actriz. No era lo mío. El segundo taller fue el de poesía; llevaba mi libreta con algunos textos escritos. El maestro era un experto en la materia, lo percibí también muy estricto. Escuché los comentarios que hacía al texto de otro chico, demoró bastante y a partir de eso decidí que no leería mis textos. No regresé al taller. Mi tercera opción fue periodismo y ahí es donde continué.

En la licenciatura tuvimos mucho acercamiento a la literatura, sobre todo novelas; Jaime Sabines fue uno de los poetas al que leímos y analizamos algunos de sus escritos. De nuevo estaba en contacto con la poesía. Muchos años después, ya en la vida laboral, escuchaba poesía ocasionalmente, en eventos culturales, casi como al azar.

Hace alrededor de tres años la poesía y yo nos volvimos a encontrar, de manera más constante, en distintos espacios, presenciales y virtuales. Si de algo estoy convencida es que no es fácil escribir poesía, de ahí que no escribo poemas. Sin embargo, en este nuevo encuentro me he deleitado con escuchar poesía. Una aliada fundamental ha sido la maestra Chary Gumeta, gestora cultural, poetisa, amante de las letras, a quien con mucho cariño agradezco hacerme partícipe de eventos donde la poesía se hace presente. Escucharla, así como a las voces de otras mujeres como Damaris Disner, Susy Bentzulul, Adriana del Carmen López Sántiz, Karen Liliana Pérez, Nadia Arce y varones como Risckobal Velasco, Marco Von Borstel, Roger Octavio Gómez, Rodrigo Tarabillo, Pedro Licona, por citar algunos ejemplos, me ha resultado no solo una experiencia grata sino una bella y cálida forma de reanimar el andar cotidiano, en este mundo tan ajetreado; la poesía brinda la manera de encontrarnos a través de las voces de otras personas.

Les invito a que cuando tengan la oportunidad de escuchar o leer poesía lo hagan. La poesía nos da la oportunidad de conocer otras miradas, de reconocernos en ellas, de recordar que en la diversidad hay puntos en común en nuestros terruños distintos y también de sentir cómo nuestro corazón late de emoción al conectar con los textos. De ahí que puedo decir que la poesía nos une. Sí, nos une y nos reúne. Es una valiosa y potente herramienta para conectar corazones, pensares y llevarnos a reflexiones sobre distintas temáticas importantes y que, por ende, forman parte de las realidades en que estamos inmersas.

Para cerrar comparto un poema de Rodrigo Tarabillo, poeta boliviano, a quien tuve la oportunidad de escuchar en días pasados en la XVII edición del Proyecto Posh:

Apolo
Y al terminar la canción
Volveré a ser
Un simple humano.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 306. Esclava del tiempo. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez

Esclava del tiempo

A todas las mujeres, de todos los tiempos.

Como todos los miércoles, Martina revisó si todo estaba en orden antes de salir de casa. El refrigerio de Fernando, su hijo de 7 años, el desayuno de Enrique, su esposo y el de ella, en sus respectivas loncheras. A diferencia de ella, Enrique solía poner las alarmas en su dispositivo móvil para recordatorio de los pendientes que tenía. Ella prefería poner notas sobre el refrigerador, de tal forma que cada mañana y noche, antes de ir a dormir hacía los repasos y cambio de notas, en caso de ser necesario.

Respiró con alivio al ver que ya ponían salir de casa. Llamó a Fernando y terminó de acomodarle el uniforme de la escuela y el cabello. Enrique ya estaba haciendo lo suyo, sacando el coche para emprender el viaje.

Ese día le tocaba a Martina ser la conductora, se iban intercambiando días con Enrique. Pasó a dejar a Fernando a la escuela, posteriormente a su esposo y luego se dirigió a su trabajo. Revisó el reloj, estaba a buen tiempo para llegar a la oficina. Desde que la habían ascendido como Jefa de Departamento en la empresa donde laboraba, solía llegar a las 8:30 de la mañana, aunque su horario de entrada era a las 9. El ascenso significó mucho para ella profesionalmente, pero también le había implicado destinar más horas de su tiempo a las distintas labores que realizaba, no solo en la oficina sino en los demás roles que cumplía. Más de una vez se había planteado la pregunta si sucedía lo mismo con sus compañeros varones, jefes de área.

Llegó a su oficina, abrió la ventana que daba a la calle, prefería que el espacio se iluminara con luz natural, hasta donde fuera posible. Abrió la lonchera y sacó su termo para beber su café. Prendió la computadora y comenzó a verificar su agenda, la lista de actividades pendientes. Revisó su correo electrónico. Se acordó que tenía que desayunar, lo hice en un pequeño intermedio. Entre esas actividades y un par de reuniones se le fue el día.

Verificó la hora, tocaba ir por Fernando. Siempre le gustaba salir 20 minutos antes de las dos de la tarde, para llegar en tiempo y que el niño no esperara. Mientras iba a la escuela se acordó que no había comido su colación de frutas, la había preparado con tanto esmero. Su mente intentó justificar el acto, ¿en qué momento lo podría haber hecho con tantas actividades? El semáforo estaba en alto y Martina comenzó a observar a su alrededor, la gente en movimiento constante, ritmos acelerados, casi como ir en automático. Se percató que ella ni siquiera había puesto atención a cómo se veía el cielo a mitad de semana. El verde del semáforo detuvo su reflexión. Siguió el camino.

Llegó por Fernando, bajó del auto y fue a la entrada de la escuela. Pasó al área donde la niñez esperaba a las mamás y papás, saludó a las profesoras que estaban ahí y recibió a su hijo, quien con una gran sonrisa la esperaba. Tomó su mochila y se fueron al coche.

Camino a la oficina de Martina, Fernando platicó a su mamá que uno de los temas de sus clases había sido estar en contacto con la naturaleza. Y que hablaron de cuántos parques conocían en la ciudad. El niño dijo que tenía mucho tiempo que no iban al parque, que tenía ganas de ir. Ella se quedó en silencio, se le vino a la mente el itinerario de sus días, Fernando tenía razón, desde su ascenso laboral ella se había olvidado de darse espacio para las actividades más comunes que tenían sentido, plantear más convivencia con su familia y con ella misma.

La conversación con su hijo le hizo darse cuenta que se estaba convirtiendo en una esclava del tiempo y eso no le resultaba nada grato. No era justo para ella, ni para su familia. Volvió la mirada a Fernando, se topó con los ojos atentos y luminosos del niño, le dijo que esa noche durante la cena platicarían con Enrique para ponerse de acuerdo a qué parque irían cada fin de semana. La sonrisa de Enrique fue un apapacho a su corazón, continuó escuchándolo sobre los planes que preparaba para hacer en familia.
Photo by Antonio Miralles Andorra: https://www.pexels.com/photo/dramatic-interior-view-of-orsay-museum-clock-32603615/
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.