Polvo del camino. 296. Les toca a ustedes/III. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 296

Les toca a ustedes/ III
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]

Marzo 2025

Sobre Casa de citas/ 731, “Nueve mujeres”, 1, escribe María Yolanda García: “¡Desde Chiapas! Esta nota sobre el Premio Dolores Castro 2024 en la categoría de ensayo. ¡Hoy es el día del bailarín! Feliz día, bailarinas señoras y no señoras. Belleza total, también acompañan a la nota el ensayo hermoso de la sirena Roxana Cortés”.
Damaris Disner: “Querido Héctor, siempre tus textos le dan alegría a mis domingos. Domingos que no son tristes desde mi decisión de florecer en vez de marchitarme. Y digo alegría, porque aunque a veces tocas temas profundamente dolorosos e inquietantes; si pensamos en el dolor propio o de la otra, son gozosos porque una lectura invoca al Espíritu Creador que se hace presente para alentarnos a no perder la esperanza; cuando nombramos hay una posibilidad de asimilar el por qué de los sucesos y vislumbrar un mejor sendero. Te dejo un abrazo grande”.
Dos amigos lectores coinciden: Luis Daniel Pulido: “He estado releyendo Casa de citas y es inmenso en acervo y memoria. Y es un pedacito nomás de tus lecturas. Eres una biblioteca con patitas jajaja. Gracias, maestro”, y Leonora Ventura: “En la semana leí varias (columnas), de años anteriores, que me gustaron mucho y ya no te comenté. Un abrazo”.
         Sobre Casa de citas/ 732. “Nueve mujeres”, 2: Leo Morales: “No sé si tendría estómago para leer cosas tan crudas, tan reales, que se viven. Justo en nuestro estado, en ocasión del día de la mujer, escuché a tres mujeres indígenas. Me tocó profundo su lucha, su superación... [...] Me gusta que hasta piedras digieres, bonitas letras nos regalas”.

Luis Daniel Pulido me comparte un texto suyo llamado Para mí siempre será 1977: “Hoy viajé a Tuxtla. Las nubes no acostumbran a cerrar filas por la melancolía del viajero; callo y asiento, resignado, que acá no hay fresnos ni álamos, sólo batallas diarias por un plato de comida. Vamos varios en el transporte y hay una lucha invisible de todos contra todos: el que lleva prisa, el que no deja de teclear en su celular, el que escucha música sin audífonos, el albañil libidinoso, la joven que habla y habla y va feliz por haber asistido a un concierto de reguetón y ningún atisbo de piedad a la anciana con sus ojitos de selvas y manglares, a su destino: el olvido. ‘Las gentes son horribles. Y uno es tan horrible como ellas’, sentenció José Revueltas.
“Llegué a Tuxtla con el peso en el alma de todo lo que vi.
“Pero mi ciudad, como una foto de Win Wenders de 1977, sigue vigente, no se la comieron los pájaros, conserva su luz y su sombra, su sol voraz, las calles que me llevan a un amigo: el escritor Héctor Cortés Mandujano. Hay siglos que duran cuatro horas de conversación –esta vez analizando la estructura de La muerte me da, de Cristina Rivera Garza. Y de películas que ganaron el Oscar.
“Pero tengo que regresar.
“Y vuelvo a morir poco a poco.”
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 295. Ocho películas famosas. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 295

Ocho películas famosas
Héctor Cortés Mandujano

Todo en el cine es falso y, sin embargo, real

Fernanda Solórzano,
en Misterios de la sala oscura

Fernanda Solórzano escribía críticas de cine en la revista Letras libres, y las decía, con su agradable presencia, en el podcast de la propia revista; también es co-conductora en el programa Encuadre Latinoamericano. La veía, la veo en ambos programas.
Leo su libro Misterios de la sala oscura. Ensayos sobre el cine y su tiempo (Debolsillo, 2020). Son ocho prolijos trabajos sobre el mismo número de películas donde aborda el antes, la proyección y el después de la cinta; al mismo tiempo cuenta la historia de los actores, el director, el guionista, las peripecias que los llevaron a juntarse… El ejemplo clave es el texto más largo y más completo: “El redentor de la noche”, su ensayo sobre Taxi Driver; en él habla de las infancias, adolescencias, vidas de Martin Scorsese (el director), Robert de Niro (el actor principal), Paul Schrader (el guionista), Jodie Foster (la niña co-protagonista), los asesinatos masivos en EUA, el diario del psicópata Arthur Bremer, las diferencias entre los asesinos múltiples y los asesinos seriales, las consecuencias que en los actores y especialmente en la actriz tuvo la proyección de la cinta, etcétera…
“Las máscaras de la violencia” es sobre La naranja mecánica (basada en la novela de Anthony Burgess), dirigida por Stanley Kubrick; “La erótica feminista” analiza El último tango en París, de Bernardo Bertolucci; “La purificación del poder” se adentra en El padrino (basada en la novela de Mario Puzo), dirigida por Francis Ford Coppola; “Los resortes del miedo” estudia El exorcista, basada en la novela de William P. Blatty y dirigida por William Friedkin; “La entronización de la adolescencia” se centra en Tiburón (basada en la novela de Peter Benchley), dirigida por Steven Spielberg; “En defensa del mediocre” aborda Forrest Gump, basada en la novela de Winston Groom, dirigida por Robert Zemeckis, y “Las transformaciones del cuerpo” examina Matrix, de los todavía entonces hermanos (los dos después se han definido como mujeres) Wachowski.
El libro está escrito con inteligencia, conocimiento y una prosa cuidada, que elude pedanterías y suscita interés. Solórzano evidentemente no tomó como suya la obligación de hablar de cineastas mujeres (los ocho directores; los novelistas, cuando son la base de la película, y los guionistas son hombres) y los protagonistas (en El exorcista, aunque la niña es la estrella, el título alude al sacerdote) pertenecen también al género masculino.
Al final, en “Lecturas generales”, escribe Fernanda Solórzano (p. 351): “Seguí el mismo esquema de trabajo con cada ensayo: leí las novelas –si las había– en las que se basaron los guionistas y directores para las películas comentadas; revisé después biografías de directores, actores, guionistas u otros personajes relevantes para cada una de las películas y busqué aquellas enfocadas más en la vida de los sujetos que en su trabajo, o en interpretaciones del mismo; por ello traté de evitar estudios críticos –menos aun los que abordaban directamente la película analizada”.
Un libro muy recomendable.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 294. Amor sin sexo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 294

Amor sin sexo
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

La depresión es un lirio desmayado, un viento detenido, un perro muerto. Me llegó con la suavidad y lo imprevisto de, por ejemplo, un árbol que se derrumba sin ningún aparente aviso previo. Y todo se detuvo en mi vida. Ninguna luz tenían mis días, ningún sueño mis noches.
Tal vez por eso algo sentí (no alegría, no entusiasmo) cuando mis tres amigos de siempre llegaron a mi departamento: Ava, cincuentona con aires de reina mala y vestida con la elegante extravagancia de siempre; Julia, adorable criatura, cuyo corazón parecía de 15 años aunque lo demás de su cuerpo no tuviera tanta juventud, y Ramo, homosexual guapísimo, maquillado con discreción, lleno de poses de diva.
—Venimos por ti, vamos al cine.
Me pareció una invitación del mesozoico (¡ir al cine, por Dios!), pero no tuve fuerzas para negarme. Ava, evidentemente, tenía coche y chofer. Los cuatro nos acomodamos en el espacioso y cómodo vehículo.
Ya sabía que el problema sería elegir la cinta: Ava prefiere las tragedias, Julia las películas románticas, Ramo las superficiales (de preferencia las musicales) y yo no estaba para ningún género.
Decidí no participar en la discusión cuando nos hallamos frente a la cartelera. Cada cual se aferró a su gusto y se metió a su sala. Yo quedé solo. Cada cual, supongo, pensó que entraría con alguna, alguno. Era una descortesía que en otro momento me hubiera dado igual; en ese momento me hundió más el puñal de la tristeza.
Salí, caminé al tuntún un rato, detuve un taxi y me fui a mi departamento. Cuando llegué y abrí la puerta, ¡sorpresa!, mis tres amigos habían llenado de globos, adornos, bocadillos, vinos, licores y gente mi depa (bueno, no ellos con sus manitas inútiles, sino sus servidores). Y allí estaban ellas y él, con las caras alegres por haberme jugado la broma en el cine, cuando lo único que necesitaban era sacarme un rato para armar su borlote.
Una copa fue puesta en mis manos por Julia y la bebí. Qué delicia. Y ya había preparado para mí otra igual. Qué música tan bien elegida. Mi cuerpo, aunque no lo quisiera, comenzó a bailar; mis amigos me abrazaron y la sonrisa llegó de nuevo a mis labios…
Estuve feliz hasta que la madrugada y el cansancio me llevaron a la cama. Desperté y a mi lado había un ramo de rosas y una tarjeta de ellos. ¡Te amamos!, decía.
Llegaron a desayunar conmigo y comentamos las peripecias de la noche anterior. Soy un afortunado, porque estos tres seres son parte de mi corazón y lo pintaron de nuevo de colores, le barrieron las sombras, lo hicieron latir contento otra vez.
La amistad es amor sin sexo. La felicidad es un lirio abriéndose, un fuerte viento, un perrito jugando sin pensar ni en el ayer ni en el mañana…
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 293. Novela, película, cortometraje. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: "David Lynch por Juan Ángel Esteban Cruz".


Polvo del camino/ 293

Novela, película, cortometraje
Héctor Cortés Mandujano

3. El cortometraje La mujer de negro (2012), de Juan Carlos Martín, no cuenta una historia (la cámara toma el rostro, el cuerpo, la silueta de una mujer, y juega con otras tomas desconectadas que no aluden a lo figurativo), pero muestra un abanico de imágenes que, conjugadas con la música, crean un coctel del blanco y negro al color, que me mantuvo pendiente y feliz durante los 13 minutos que dura.

2. No sabía quién era Juan Carlos Martín cuando comencé a ver la cinta 40 días (2008), una road movie de tres amigos: Andrés, cineasta, a quien su mujer dejó para irse a buscar respuestas; Ecuador, actriz que pierde el papel en una obra de teatro por un accidente que le impide caminar sin muletas, y Pato, poeta homosexual enamorado sin esperanza de Andrés.
Los tres se van, primero, a Real de Catorce para experimentar con los hongos y luego, en el mismo coche, a Nueva York. Juan Carlos Martín llena de postales constantes el camino y hace que en la película se involucre, como un viajante más, el espectador. El guion, de Pablo Soler Frost, hace alusiones constantes al cine y a la literatura, y la historia –donde hay enamoramientos, borracheras, canciones y las aventuras que supone un camino tan largo– tiene casi al final una ruptura imprevista. En una simetría infausta, al actor en la vida real le pasó lo que al personaje en la película.

1. He leído varios libros de Pablo Soler Frost, y había comprado quién sabe dónde y desde cuándo Yerba americana (Ediciones Era-CNCA, 2008), la novela que el autor escribió después del guion de 40 días, con la misma trama y con distinto título.
Pato –se llama David– dice a Andrés (pp. 31-32): “Güey, a mí me gusta ser maricón… Es más fluido, más acorde con el espíritu de los tiempos… […] No porque me estén diciendo en la tele todo el tiempo que ser gay es superchingón, voy a hacerme gay; a mí me gustan los güeyes, no los gays. A mí me gustan los hombres como se gustaban los hombres en Grecia. No hoy”.
Explica Pato a Ecuador el futbol americano (p. 97): “Mira, hay un güey guapísimo, increíble, como un delfincito al que toda su banda, de hombres gigantescos y fornidos, adora; y estos tienen que protegerlo del ataque de una banda enemiga, que quieren tronchárselo y proteger a su propio príncipe. Ah, y además, hay una pelota, que en realidad es una especie de rombo, y puntos y goles, pero eso, en realidad, no importa. Lo que importa es el güey más guapo…”.
Dice Pato a Ecuador, para explicar sus problemas de comportamiento (p. 121): “Estoy enojado porque no me tocó más, no porque a otros les haya tocado menos. Y eso me está matando”.
Los tres contestan el célebre Cuestionario Proust. Esta es la última respuesta de David- Pato (p. 140): “Si no tú, ¿entonces quién? Si no ahora, ¿entonces cuándo?”.
En la nota final, Soler Frost explica la diferencia entre la película y la novela (p. 185): “Las películas son como aviones que estallan; las novelas (por lo menos las mías) como barcos que se hunden”.
Leí primero la novela, después vi la película y luego, el corto. Sin pausa. Quedé agradecido con todos y con todo.

Ilustración:  "David Lynch por Juan Ángel Esteban Cruz".
Ilustración: «David Lynch por Juan Ángel Esteban Cruz».




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 292. Yo quise más, no había fin. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

Polvo del camino/ 292

Apuntes de oído/ 23

Yo quise más, no había fin
Héctor Cortés Mandujano

Charly García (Buenos Aires, Argentina, 1951) es autor de una colección de canciones que han acompañado la vida de mucha gente de Latinoamérica; entre ellas, la mía. Durante años fue tal vez la figura más visible del fenómeno comercial conocido como Rock en tu idioma y fue cayendo su estrella conforme envejecía y no cesaba de meterse todas las drogas posibles al cuerpo, de tener problemas legales e internamientos incluso a clínicas psiquiátricas. Se le empezó a conocer más por escándalos, que por nuevas propuestas musicales. Sigue vivo, por fortuna.
Suele o solía ser profundo en sus letras, hasta en las que ha desgastado la repetición del éxito: “No voy en tren, voy en avión, no necesito a nadie a mi alrededor” es una alusión a su modo veloz de transitar por el mundo con respecto a los ñoños que, como yo, vamos a otro paso, y que a veces para vivir necesitamos compañía; y así, en su producción (hizo una cuarentena de discos) hay rastros de un pensamiento que no se entretiene tanto, como muchos, en la superficialidad. Ejemplos podrían ser “Los dinosaurios” (elegante y clara alusión a la dictadura, al poder que se ejerce con brutalidad), “Nos siguen pegando abajo” (sobre la moral que vigila las entrepiernas de la gente), “Cerca de la revolución” (cómo cambia la sociedad, cómo cambia el amor), “Promesas en el bidet” (sobre la fugacidad de los sentimientos)…
Sorpresivamente, en 2024, a los más de 70, estrenó un disco donde la voz es una lástima y la música no ha cambiado: La lógica del escorpión.
Pero una de mis favoritas la compuso y la canta al alimón con Pedro Aznar. Se llama “Tu amor” y es parte del disco Tango 4, de 1991.
Empieza con ideas en todo lo alto: “Yo quise el fin y había más,/ yo quise más, no había fin”, que lo mismo puede referirse a la inteligencia, la estupidez, el amor, las drogas…
Durante un tiempo, en momentos de cercano melodrama, su estribillo me hacía sentir acompañado, porque yo comparto con él esta visión de las cosas: “No voy a llorar si nadie me acompaña, no voy a dejar un camino sin andar”…
Es curioso cómo una canción breve puede contener ideas que, en otros formatos, necesitarían mucho más espacio para desarrollarse, muchas más palabras: “Aunque sea el fin del amor,/ yo he visto el fin del disfraz./ Yo quiero el fin del dolor/ pero no hay fin, siempre hay más”. Ah, la vida y lo que llamamos amor.
Sus certezas separan lo que, aunque existe fuera de nosotros, decidimos meternos como instrumentos de tortura. Y son ciertas, si tú las crees. O falsas: “No existe sombra, no existe culpa, no existe cruz”. Y a estas aseveraciones les clava una estaca en el corazón: “No voy a esperar que el destino hable por mí”.
No sé si estoy tan de acuerdo, en cambio, con que la salvación se logre a través de la presencia de otra persona (¿o se referirá al amor por uno mismo? No estaría mal). Pero esto es una canción, no un tratado filosófico: “Yo tuve el fin y era más./ Yo tuve más y era el fin./ Yo tuve el mundo a mis pies/ y no era nada sin ti./ Crucé la línea final por tu amor…”.
Me hubiera gustado que la canción se resolviera sin el ingrediente romántico. ¿Qué la vamos a hacer? El romanticismo sigue siendo un buen negocio…

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 291. Alicia, otra vez. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 291

Alicia, otra vez
Héctor Cortés Mandujano

¿Quién diablos soy? ¡Ah, ese es el gran enigma!

Lewis Carroll,
en Alicia en el país de las maravillas

¿Cuántas veces he leído Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll? No menos de diez. Tengo más o menos esa cantidad de ediciones y las he leído todas, además de una larguísima, anotada, en mi lector electrónico.
La leo una vez más, en una bella edición (RBA Coleccionables, 2022) que retoma la publicada en 1932 (para celebrar el centenario del nacimiento de Carroll), con ilustraciones bellísimas de Gwynedd M. Hudson, y no resisto la tentación de compartir contigo, lector, lectora, algunas de sus muchas gracias.
El país al que llega Alicia la hace crecer o empequeñecerse constantemente. En uno de sus crecimientos, se le estira tanto el cuello que una paloma la confunde con una serpiente y trata de ahuyentarla, porque tiene temor fundado de que se coma los huevos que está empollando. Alicia le hace ver que no es una serpiente, sino una niña (p. 75), “pero las niñas comen huevos, igual que las serpientes”.
“—No me lo creo –dijo la paloma–; pero, mira, si lo hacen, es porque son un tipo de serpientes: he dicho”.

Alicia también platica con el gato de Cheshire. Le dice (p. 90): “¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?”
El gato contesta: ”Depende mucho del punto adonde quieras ir”.
“—Me da igual adónde –dijo Alicia.”
“—Entonces no importa qué camino sigas –dijo el Gato.”

La falsa tortuga le cuenta de lo que estudiaba (p. 138): “Veíamos la lengua, con o sin taxis, y gramática parda, y luego, las distintas ramas de la aritmética: ambición, distracción, multicomplicación y diversión”.

El Rey dice a la Reina (p. 176): “Que yo sepa, querida, tú nunca has tenido accesos de ira”.
“—¡Nunca! –dijo la Reina, arrojando con furia un tintero a la lagartija”.

A través de los años –la primera vez que lo leí era un niño– este libro ha sido para mí como una fruta deliciosa, como un papalote en el cielo, como mirar la luna en una noche mágica…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 290. Les toca a ustedes/ II. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 290

Les toca a ustedes/ II
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]


Febrero 2025

Enrique García Cuéllar: “De repente me da por hacer palíndromas. Esas líneas que pueden leerse igual de izquierda a derecha que en un sentido inverso. A mi amigo Héctor Cortés Mandujano le compuse uno, que se basa en la hipótesis de que a este destacado intelectual de Chiapas, no le interesan las conversaciones insulsas. Me imaginé que le sonaban a rap. Es decir, la conversación hueca ‘Para Cortés se troca rap’. Ensaye usted a hacer palíndromas. Es divertido”.
Sobre Casa de citas 729, “Jean-Paul y Simone, 2”. Luis Daniel Pulido: “Gracias, amigo. Ya las comparto. Me noqueó esta frase: ‘Los seres sin conciencia y sin virtud necesitan pesadas cadenas’. Trastoca muchas cosas. ¡Abrazos!”.
Sobre Polvo del camino 265, “¿A dónde va lo común, lo de todos los días?”. Luis Antonio Rincón: “Buenas tardes, Héctor. Espero estés muy bien. Me gustó mucho Polvo del camino 265. Sólo te lo quería contar. Me despido. Tengo una cita de última hora con Silvio Rodríguez. Por supuesto, lo primero que le pediré cantar (vía YouTube) será ‘A dónde van’. Abrazos”. Jaime Ruiz: “¿A dónde se fueron esos días que compartimos? Creo que nunca se han ido. Han de andar por ahí, hay que traerlos de regreso con un buen café, antes de que nos cafetiemos”.
Adela Lagos: “Gracias por todos tus escritos dominicales”. Tania Corzo: “Los domingos me levanto bastante tarde y ya con mi cafecito leo tus columnas, es un placer”.
Alejandro Nudding: “Querido Hectorito. Escribir me muestra el oficio que realizas... una especie de alquimia de símbolos. Me hace pensar que nadie (excepto el poeta) y algún escritor (vos) aprenden el orden para expresar lo que se ve, lo que se experimenta, lo que no se ve, lo que no se experimenta. Ahora entiendo el por qué de los silencios de los sabios. Ahora sé que tu último libro es igual al primero, con un orden diferente (pero con el mismo fin). Decir que te admiro me hace pensar en lo que quiero decir (me maravillo). Gracias, Hectorito”.
Isaac Otero, de nueve años, pide a su mamá que me envié la tarea que hizo en versos. Quiere saber mi opinión. Isaac es un niño inteligente, serio y talentoso. Le digo que no tengo ninguna crítica negativa sobre sus versos rimados en perfectas consonantes, sólo felicitaciones. Esto escribió: “La vida es como un juego de mesa, en algún momento se va a acabar. Un tiburón podría atacarte de sorpresa o quizá un asesino te podría disparar”.
Sobre Casa de citas 730, “Neruda”, escribe Sharon Hernández: “Estuve en la casa de Isla Negra cuando tenía 11 años. Aún soñaba con ser escritora y cometí la ‘osadía’ de sentarme en su cama, sin que me vieran. Pensé: ‘Me senté en la cama donde durmió Neruda’ ”. Linda Esquinca: “A pesar de leer a Neruda y a Gabriela Mistral, no conocía sobre esto que escribes. Gracias”.
El 24 de febrero, mi cumpleaños, me organizaron celebraciones. Siempre me había negado a ello, pero este año inexplicablemente dije que sí a todo. Tuve muchos regalos, muchos abrazos, muchas llamadas, muchos mensajes donde me dicen cosas tan lindas y tan exageradas sobre lo que soy (esas no las publicaré nunca) que si fuera un poquito más tonto me llenaría de vanidad. El 21 se organizó la primera fiesta, el 27 comí el último pastel celebratorio y el 18 de marzo recibí regalo todavía. Muchísimas gracias familia, amigas, amigos. Sobreviví a tanto amor, a tanta amistad.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 289. Porque tú volaste de mi nido. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 289

Porque tú volaste de mi nido…
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Yo la amaba apasionadamente y con la inseguridad total de mis 17 años. Ana era amiga de mi hermana mayor, de su misma edad, 28 años, y desde la primera vez que la vi –a mis 14– admiré sus maravillosas y largas piernas, sus ojos adormilados y su boca sensual.
Me gustaba cómo fumaba Tirana (así le decía de “cariño” mi hermana) y me moría de placer cuando bajaba la voz y, ronquita, me decía algo en secreto. Pensé que me veía como el hermanito de su amiga cuando me acomodaba el cuello de la camisa (“eres guapito, pero a mí no me gustan los hombres descuidados”) y cuando me guiñaba un ojo y me mandaba besos de corazón de humo con su boca hermosa. Amaba también su perfume y su sonrisa abierta, de dientes perfectos.
Mi hermana andaba en no sé qué cosas y no pudo avisar a su amiga que no la acompañaría a un poblado cercano donde ella, mi amor secreto, haría una investigación para su trabajo, supongo. En aquellos tiempos no había internet ni celulares.
Mi hermana me dijo que la acompañara (“Pior es nada”, me dijo también), para que no fuera sola. Mi amor por Ana lo festejaba todo, así que la escuché arrobado cantar canciones de José José, mi favorita era “Volcán”, mientras ella manejaba su coche y yo iba de copiloto. No había en el mundo mayor felicidad que esa. Sí había, claro, y lo sabría pronto.
Terminó su trabajo en menos tiempo de lo que supuso y me dijo que fuéramos a un lugar menos caluroso. Yo dije que sí de inmediato. Al infierno iría, pensé, si me invitaba. Se metió a un motel. Me preguntó, cuando estábamos en la habitación, si yo era virgen y le dije que sí.
—Pues ya es hora de que dejes de serlo, ¿quieres?

Quedé sordo y mudo al regreso, como un zombi. Me metí a mi cuarto y daba brincos de alegría, como un idiota. No pude dormir esa noche. Trataba de cerrar los ojos y me daba cuenta que los tenía abiertos, pensando en ella. Comenzamos a vernos a escondidas hasta que un día Tirana me dijo que quería casarse conmigo. Me pareció una locura. ¿Qué iban a decir mis papás, mi hermana, su familia, nuestros conocidos?
Me dijo que iba a buscar un pretexto para irse a vivir un tiempo a mi casa y que quería quedar embarazada de mí. Que allá la encontrarían desnuda en mi cuarto y ante los hechos consumados, no habría marcha atrás. Me dio terror.
Apareció con una maleta y pidió a mis papás quedarse con nosotros, porque su familia, dijo, iba a estar fuera por las vacaciones. Un amigo de la prepa me había invitado a ir al rancho de unos tíos por una semana, pedí permiso a mis papás y extrañamente me dijeron que sí. Me fui sin decirle a Ana. Ella llegó y yo ya no estaba.
Sufrí como perro en el campo, incomunicado, aunque traté de que mi cuate y los demás no lo notaran. Cuando volví, mi hermana me dijo que Ana había decidido irse de nuevo a su casa, que nada más estuvo una noche con ella. “Te dejó un recado”, me dijo.
Mi amor y yo hicimos un lenguaje para mandarnos mensajes y que nadie los pudiera traducir si caía en sus manos. Eran dos líneas: “Nunca más voy a volver a verte. Mi venganza es que nunca me olvidarás. A partir de hoy no dejarás de soñar conmigo. No serás feliz. Eres un cobarde”.
Rompí su recado. A los pocos días supe por mi hermana que Ana se casaría con un novio que siempre tuvo y al que no dejó ni cuando supuestamente estaba enamorada de mí. Se casó y se fue a vivir quién sabe dónde. Nunca más la volví a ver, porque no fui a la boda y me la pasé a moco tendido en mi cuarto.
Su recado, que resumía el contenido de las canciones cursis de la época, resultó ser muy cierto. Acabo de cumplir ochenta años y anoche estuve llorando, porque la soñé, porque aún sigo enamorado de ella…
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 288. Semillas de titanio. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 288

Semillas de titanio
Héctor Cortés Mandujano

Comencé a leer en la mañana, hice pausa y concluí en la noche la breve novela Desde el jardín (Editorial Pomaire, 1974), de Jerzy Kosinski, en cuya contraportada dice mano anónima que era esta la novela que más inquietaba a Luis Buñuel. En la tarde del mismo día vi la película Titane (2021), de Julia Ducornau, que ganó muchos premios internacionales y cuya trama la ha hecho constante referencia al cine de Cronenberg.

Las dos historias son extrañas. En la novela, un hombre ha nacido y crecido en una casa rica donde tiene prohibido ir más allá del jardín, que cuida, y la recámara donde ve sin cesar programas de televisión. El Anciano (así lo llama) que lo protegía muere y la nueva sirvienta no sabe nada de ese jardinero que quizás tenga una incapacidad cognitiva. El despacho encargado del testamento le pide a este hombre sin nombre que se vaya y a él, que nunca había salido a la calle, le parece que esto es un nuevo programa televisivo y se comporta como un personaje.
Me salto hasta el momento en que le sugieren tener sexo. Él, salvo una revista pornográfica de alguien le enseñó (el libro, no nos olvidemos, es viejo), no sabe cómo los humanos se relacionan sexualmente. En la televisión, un hombre y una mujer se besan y luego la toma cambia a algo que no tiene conexión con el beso. Garden, como lo llaman, es joven y atractivo. Un hombre se desnuda frente a él, y él le pone un zapato en la entrepierna. Parece que eso hace gozar al otro. Qué raro verlo retorcerse de placer. Una mujer desnuda se mete a su cama, y él la ve extrañado. La mujer parece gozar sólo besándolo, acariciándolo, juntando su cuerpo con el suyo. Ella se enamora de cómo él la respeta (es casada), pero él no entiende qué debe hacer, porque no siente deseo, sólo curiosidad: ¿Esto qué es?

En Titane, la protagonista es una asesina múltiple, que no permite que ningún humano la posea. La intentan enamorar un hombre y una mujer, y a ambos mata. Un día, desnuda, oye los ruidos de un auto y sale a verlo. Tiene las luces encendidas y ella se sube a él (cuando niña, por un accidente de tránsito, le pusieron una placa de titanio, y desde entonces parece fascinarse con los coches). El automóvil se vuelve su amante activo, con la palanca de velocidades y un movimiento que comienza lento y termina en tremendas sacudidas.
Ella queda embarazada del auto. Es en serio. Hasta escurre aceite cuando se baña. Mata a varias personas más y para que no la aprehendan se corta el cabello, se venda el vientre (que ya delata su embarazo) y los pechos, y se desfigura la nariz a golpes. Se hace pasar por un niño desaparecido hace diez años y el padre, un capitán de bomberos, la reconoce como su hijo.
El tipo está más loco que una cabra y no hace caso a todas las advertencias que le hacen de que su dizque hijo parece un gay extraño, que finge mudez para no descubrirse por su voz.
La peli no es, evidentemente, para todos los paladares. Algo que me llamó la atención es cómo el padre lo quiere y lo protege, y cuando ella por enésima ocasión intenta escaparse la busca, la encuentra en el baño y ve sus pechos de mujer. La cubre con su toalla y le dice algo que a mí me pareció humano, bello y loco: “No importa quién seas, ni qué seas: eres mi hijo y te quiero”.
Si no tienes gustos convencionales, lector, lectora, creo que estas dos obras pueden encantarte.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 287. Antes o después de los aplausos/ 1. Héctor Cortés Mandujano

Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.

Polvo del camino/ 287

Háctor
Antes o después de los aplausos/ 1

El moño de una comunidad

Héctor Cortés Mandujano


El actor reina en lo perecedero. Entre todas las glorias,
la suya es, como se sabe, la más efímera

Albert Camus,
en El mito de Sísifo

Con mi amigo Alejandro Nudding montamos, hace muchos años, la obra de teatro Pedro y el capitán, de Mario Benedetti, que es un diálogo entre un guerrillero torturado y su torturador. Hicimos varias funciones en varios lados y nos invitaron a una celebración poco común: un grupo guerrillero (los Villistas) celebrarían su aniversario y querían que presentáramos la obra en la comunidad elegida para el festejo. ¿Quién decidió eso? Nunca supimos.
Nos acompañaron varios (el chofer pertenecía a la guerrilla) y el camino estuvo lleno de peripecias, que cada cual contó a su modo en un número del extinto semanario Este Sur, en donde yo era coordinador de la sección Cultura. Sustos, polvo, piedras, incomodidades que fueron mermando las charlas hasta desaparecerlas. Llegamos al fin.
Lo primero que me sorprendió es que la canción que nunca cesó de sonar en el día y medio que permanecimos allí fue “La del moño colorado”. Creo que por eso la guerrilla es imposible –hago un guiño al título del libro de mi amigo Julio César López– en nuestro país. Habría que tener otro nivel musical, creo.
No suponía que iban a tener un teatro para la representación, pero no se nos ocurrió que iba a ser en un patio, donde también estaban estacionadas las camionetas y los camiones de redila que trajeron a la gente de quién sabe dónde. Qué esperanzas de cambiarnos y maquillarnos en un lugar que no fuera expuesto. No había sillas, de modo que el público (con muchos niños) estaba de pie y hubo que pedirles que nos dieran un espacio para movernos. Anochecía. Y este sí sería un serio problema, porque no había más que algún foquito que brillaba por allí en la comunidad.
Pero había camiones de carga. Hablé con los choferes y les pedí que apagaran los fanales de sus camiones con la tercera llamada, y que la encendieran y la apagaran cuando dos compañeros que habían ido con nosotros lo indicaran. Esa fue nuestra potente iluminación.
Necesitábamos dos sillas: una para Pedro-Álex y otra para mí. En cuanto pusieron la mía, un nene de quizás tres-cuatro años se sentó en ella. Ni modo de sacarlo. Cuando caminábamos, ya en personajes, más de un perro nos estorbaba para caminar y había que rodearlo. Algún niño me tapaba el camino y alguna señora me tocó el pecho, sonriente, no sé si por simpatía o por dudas (de no sé qué). La gente aguantó las peroratas de la obra y se fue ciñendo cada vez más sobre nosotros. Por fin, terminamos, casi con la gente encima. Los camiones apagaron sus fanales. Cuando las volvieron a encender, Álex y yo agradecimos al público que aplaudía, reía, nos quedaba mirando con expresiones disímbolas, nos tocaba: ¿Qué habíamos hecho, qué era eso, quiénes éramos nosotros?
Nos ofrecieron una casa en construcción (sin luz, por supuesto) y nos dieron prestadas unas lámparas sordas para caminar entre el monte para llegar a nuestro hostal. No había camas, aunque algo habían puesto en el suelo para que no lo sintiéramos tan duro. Conversamos, con seguridad, aunque de eso nada recuerdo. Supongo que dormir no fue tan fácil. Lo que más recuerdo son los fanales en los que morían bichos atraídos por la claridad y la gente pegada a nosotros, mientras nosotros intentamos contar una ficción en esa descarnada realidad…
Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.
Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com