Polvo del camino/332
Los otros enemigos
Héctor Cortés Mandujano
1
Aunque la palabra bestia tiene un carácter peyorativo cuando se aplica a los humanos (persona ruda e ignorante), no la tiene para nombrar a las que sí lo son.
La Real Academia de la Lengua sólo contempla tres posibilidades sobre estos animales. Son bestias los cuadrúpedos, los domésticos de carga y los monstruos o seres fantásticos.
Julio Antonio, en este espléndido libro de grabados, Colección de bestias, amplía el significado y agrega incluso a los insectos y a los moluscos.
La imaginación, además, hace que el oso hormiguero vuele o parezca volar; el caracol parezca coronado de flores y el pangolín sea un pequeño árbol móvil.
El libro se complementa con textos breves de Diana Itzel Bonilla Córdova.
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Es notoria la ausencia de animales que vuelen, salvo el escarabajo que no es el mayor ejemplo de conquista aérea.
Tiene poca destreza para el vuelo: es una caja, un estuche con alas.
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El cielo abierto y el agua explícita están también fuera de esta colección, aunque la tortuga, el cocodrilo y el cangrejo sugieran el líquido ausente; aunque encima de cada uno de ellos esté la sempiterna capa que cubre la tierra.
Es esta una colección de animales e insectos rastreros, que viven –lo mismo que los animales bípedos y ápteros, que somos nosotros– sobre la superficie terráquea que nos da certeza para andar y sustento, vida.
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El grabado es una técnica que pone un toque de misterio al dibujo. Las líneas gruesas y la delgadez en el trazo, la tinta pródiga, cierta saturación en el espacio que ha elegido Julio Antonio hace que cada imagen sugiera territorios; por ejemplo, la lluvia parece caer encima y al lado del cocodrilo que sale de la oscuridad donde ha quedado invisible su cola.
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El cangrejo, en cambio, muestra unas patas, cuya semejanza con las flores es evidente (belleza peligrosa, hermosas pinzas) y un laberinto donde parece habitar, como si su actividad principal fuera el pensamiento, dar vueltas en la caverna de la contemplación permanente.
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El elemento principal en los grabados de Julio Antonio son las flores, muy escasamente desenvueltas; son en general capullos cerrados en sí mismos, sin querer mostrarse con la impudicia de lo abierto, con su beldad a salvo de miradas extrañas.
Son acompañantes de estos animales, de estos insectos, de estos moluscos que aquí, lo mismo que las flores, están saliendo de su cueva, de su hogar, y también se guardan con timidez de las miradas de los otros animales enemigos, especialmente de nosotros, los humanos…
[Prólogo del libro Colección de bestias, Tifón, 2024]

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com