Líneas de desnudo. 128. Se acabó… Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 128

Se acabó...
Por Manuel Pérez-Petit

... el romanticismo. Hay mucho que hacer y en nuestra tesitura no podemos anclarnos en lo poético, aunque no deja de ser cierto que la poesía, tanto la escrita como la no puesta negro sobre blanco en papel alguno, es balsámica en muchos aspectos y nada malo en principio puede derivarse de ella. Pero válgame Dios que andamos como de puntillas –acojonaos, como diría el castizo– cuando deberíamos plantar nuestros pies con firmeza en el suelo. 2023 ha sido un annus horribilis, el tercero de la Era distópica, y 2024 está viniendo como dando bofetadas a todo trapo, a refrendar el que todo está vuelto del revés. Y tan del revés que capaces somos de asistir a la guerra en babuchas de andar por casa. 
            Así, los pontífices de la opinión. Se molestarán algunos pero me trae sin cuidado porque puede que ni me lean: en la sociedad del disparate en que vivimos, en medio de este diálogo de sordos, gana siempre el que tiene la etiqueta de débil. Me explico: si yo, que soy hombre heterosexual y no digo normal para no ofender a nadie, digo, con todas las pruebas y con precisión de lingüista, que fulanito o menganita ha hecho algo que podría considerarse malo, no me escucha ni Dios. Claro que no se me ocurriría hacerlo, pues –y no es culpa mía– vivo con arraigados principios morales y éticos innegociables, pero si alguien, mujer, no binario o no sé qué –porque la verdad es que no consigo entender– dice sin prueba alguna, por suposición o porque le parece, cualquier cosa acerca de mí o de cualquiera, pasa a ser oráculo, sentencia incluso antes de que nadie abra la boca. Así está el mundo, y ante esta turbación soliviantada, de este modo inopinado, en este transitar ebrio que nos marca a fuego hasta en los huesos de la implacable dictadura de la cultura de la cancelación en la que la verdad siempre es lo de menos y el decreto de quienes exhiben su testosterona pragmática o la suprema dignidad de hablar por el resto, creando opinión a su imagen y semejanza, uno no encuentra salidas.
Aunque parezca que no tiene relación es lo mismo que pasa con las guerras. Ya ni recordamos cuando Rusia invadió parte de Ucrania, en una guerra que en realidad dura ya más de un decenio, convirtiéndose este país de Europa del este en un laboratorio no solo militar en que las potencias del mundo experimentan un día tras otro. Ya analicé en su momento esta guerra en mi Locos con Rusia, en que, entre otras cosas, decía: “Es digno de observar: muchos no saben ni qué hacer para adquirir notoriedad y ser noticia ante esta barbarie que está teniendo lugar en Ucrania. Por muy importantes que se sientan o deseen llegar a ser, la idiotez anida en ellos con profundo arraigo. Con sus declaraciones y decisiones se califican a sí mismos y creyéndose más listos que el resto se convierten en el paradigma de la negación de la inteligencia y la ridiculez sin medida, y digo esto último porque encima defienden sus posturas dándose por ofendidos si uno no concuerda con sus ocurrencias, o, por ejemplo, les hace preguntas al respecto, como a mí me ha pasado, claro que yo no soy nadie para ellos, y, por tanto, mis preguntas las consideran impertinencias”. 
El caso es que son los mismos que ahora miran a Gaza. ¿En serio existe alguien en el mundo que crea que es una “guerra”? Escribiré muy pronto sobre lo que ocurre en Palestina, pero en mi mejor tradición de hacer amigos afirmo: Lo de allí no es una guerra, es un acto de autodefensa por parte de Israel. Y mis razones tengo. Ah, pero los pontífices de la opinión, aquellos que dirigen nuestras vidas, se empeñan en decretar lo contrario. Es la expresión del nuevo romanticismo, el que pone por delante el afán de poder y de manipulación. Y a nadie debería extrañar en la Era distópica, pero a mí sí.
Fotografía: AFP.
Fuente de la imagen: Diario español El Mundo, 3 de enero de 2022 (https://www.elmundo.es/internacional/2022/01/02/61d228c021efa045698b45a1.html).

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Periodista, editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.

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