Polvo del camino/ 87

Parte de mi célula


Héctor Cortés Mandujano

Las tres ilustraciones de mi querido y recordado Luisito Villatoro,

que he publicado en estas tres semanas,

me las envió Dámaris Disner. Muchísimas gracias, querida amiga.

Podría decir, sin dudar, que él había sido mi mejor amigo. Platicamos sin cesar de nuestras vidas, nos emborrachamos infinitas veces, es el padrino de mis dos hijos y mi mujer lo quiere como a alguien de la familia. 
Cuando llegó, por eso, nuestra preocupación disminuyó: él podría tranquilizarnos y decir que las malas noticias que nos habían dado la víspera eran falsas. No fue así.
Dan vino, pues, y frente a mis hijos y mi mujer dijo que todo estaba bajo control, pero me pidió que fuéramos a tomar un café y allí se sinceró conmigo. Lo hizo sin rodeos.
—Sé que te va a parecer duro: soy un infiltrado en la célula revolucionaria de la que formamos parte, trabajo para el gobierno.
—¿Es una broma, Dan? Tú me invitaste a participar en esta célula.
—Lo hice para probarte y por una instrucción de mis superiores.
—Eres un perro.
—Puedes decirme y pensar lo que quieras; sin embargo, es importante que sepas que logré que tu mujer y tus hijos no tengan ningún problema. Tú vas a pagar por todos.
—¿Y cuál es el precio?
—¿Te lo digo sin matices?
—Claro.
—Van a matarte.
—¿Y cómo?
—No será doloroso. O no lo será tanto. Deberá parecer un accidente. Te arrojarás o te arrojarán, según elijas, del acantilado.
—¡Será espantoso!
—Querían torturarte hasta tu último aliento, yo intervine para que conmutaran aquello por esto.
—Qué amable, me tranquilizas; así que aventarme de la cima del acantilado, según tú, parecerá un día de campo. ¿Con mi familia, de veras, no habrá repercusiones?
—Ninguna. Tú desapareces y ellos seguirán una vida normal. Por eso te pedí que hicieras esas inversiones, que compraras esos seguros…
—Lo hiciste bien. Creía que era por amistad y no como parte de tu trabajo de achichincle del gobierno.
—Bueno, vamos. Si te parece, te acompaño.
—¿Vas a ir conmigo al acantilado?
—Sí, debo cerciorarme de que te arrojes. Es parte de mi responsabilidad.

Llegamos. Dan bajó del coche conmigo y me abrazó. Yo ya había decidido lo que para él fue una sorpresa. Lo jalé conmigo. En una de esas rarezas tan comunes en mí, me dio un ataque de risa su grito desesperado mientras caíamos a una muerte segura, juntos, como los compañeros de la misma célula revolucionaria, como los grandes amigos que se supone habíamos sido…



Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Ilustración: Luis Villatoro




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com