Polvo del camino/ 81

Apuntes de oído, IV
Amaury Pérez: Y nos amamos, pese a nada


Héctor Cortés Mandujano

Amaury Pérez Vidal (La Habana, 1953), quien no usa su segundo apellido más que para diferenciarse de su padre, es hijo de dos personalidades televisivas, muy conocidas en su natal Cuba. Su bautizo, por eso, se hizo en vivo, en televisión.
	Su primera canción, “Vuela pena”, escrita cuando era un adolescente, se la cantó la gran Omara Portuondo y su disco debut, Acuérdate de abril, de 1976, ya tiene canciones distanciadas en música y letra del famoso trío de cantautores conocido como Nueva Trova Cubana: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola, que pertenecen a una generación anterior de la de Pérez. Amaury, ni en ese primer trabajo ni en los otros, usa guitarra sola, sino orquestaciones más cercanas al bolero, a la balada, al pop (arreglos neobarrocos, de Mike Porcel, escribió Amaury en “Mis recuerdos”, en 2013), y sus letras no hablan de la revolución, sino de amores, desamores, amistad.
	[Es curioso, pero el tema de la amistad ha sido constante en su trabajo musical. Cito sólo tres ejemplos: “Murmullos” (en su primer álbum), “Yo tengo un amigo” (en No lo van a impedir, 1979) y “Amigos como tú y yo”, que grabó a dúo con Silvio Rodríguez (en Encuentros, 1993), quien le produjo, después, el álbum Trovador, en 2004; Alberto Cortez, con quien también tuvo amistad, le compuso a Amaury una canción: “Amaury”, en 1999.]
	Su segundo disco, donde musicaliza al poeta nacional José Martí (Martí en Amaury, 1978), también con Mike Porcel, se aleja de las clásicas guitarras, con que la mayoría de sus colegas se acompañan; elude los discursos políticos, que Martí tiene por montones, y se concentra en los poemas amorosos. Es decir, es un músico, un cantante, un compositor que hace su propio camino.
	No lo van a impedir, 1979, que apareció como Aguas en Cuba, es ya un disco redondo, con canciones de letras poéticas y música de talentosa orquestación: “fusión entre el jazz, el rock más progresivo, el pop, la balada romántica y la canción de autor”, según Amaury. Gran disco. Ya teníamos a alguien que decía cosas y sabía decirlas, con un agregado que tenía que ver con su pedigrí y que hizo levantar las cejas a los que vestirse bien les parecía antirrevolucionario: se vestía a la moda, como había visto en la farándula que conoció, por sus padres, de niño: Olga Guillot, Benny Moré, Celia Cruz, etcétera. Luego de varios avatares, incluso una detención, fue expulsado del movimiento de la Nueva Trova Cubana.
	En 1982 grabó Abecedario. Las aguas volvieron a su nivel, luego de terremotos y olas altas, y en 1985 grabó su disco Mitades, con arreglos más o menos básicos, pero ya era un cantautor popular, con un timbre personal, un discurso inteligente, poético, y sin haber necesitado parecerse a nadie ni contar con la aprobación oficial. Con su siguiente trabajo, De vuelta, de 1987, metió a sus canciones la computadora y la música secuenciada que fue marca, ya, en su siguiente trabajo: Estaciones de vidrio, de 1988.
	Ha grabado más de una veintena de discos; ha sido productor y conductor de exitosos programas televisivos, especialmente de entrevistas; ha publicado el volumen de cuentos El dorso de las rosas (2004) y las novelas El infinito rumor del agua (2006), y Diez meses y veintinueve días (2008).

“No lo van a impedir”, del disco homónimo, es una “canción multipropósito” como le dijo a Amaury Santiago Feliú y, entre otras cosas, en ello radica su riqueza. Puede referirse al amor (“No lo van a impedir ni andén ni esquina, ni el temor de la virgen si oscurece, ni el humo de las calles si llovizna, ni el canto del otoño que anochece”), a la justicia (“No la van a impedir ni el falso amigo, ni el que alimenta el cepo y la tortura, ni el pequeño ladrón de mano fría, ni el temible donjuán de cara dura”) o a la revolución (“No lo van a impedir del valle al cielo, ni reyes del honor ni periodistas, ni antiguos comediantes ni embusteros, ni estudiantes de leyes ni alquimistas”). No se puede impedir aquello que no pueden vencer ni las fuerzas contrarias ni el otoño, es decir, el tiempo: “A pesar del otoño: creceremos”.
         “Abecedario”, del disco homónimo, de 1982, es una canción no del todo lograda, pero con la ambición de hablar sobre el amor, de la letra a a la z (pongo en mayúsculas y negritas los inicios para hacer más explícito el ejercicio): “Amor, lo que nos lleva hasta el Barranco; barranco, lo que depara una Caricia; caricia es la antesala del Deseo…”, etcétera.
          “Amor difícil” (De vuelta, 1987) es muy atrevida para su tiempo, pues habla del amor de un hombre por un hombre, aunque la letra es ambigua y podría tomarse como un discurso de amor heterosexual: “Yo tengo un amor difícil contigo, aunque me pese lo contendré para siempre, porque más vale la oscuridad para un cariño que no tolera la gente diferente”. Amaury, sin embargo, explicitó lo implícito. Lo acusaron de gay, por supuesto. Una de las virtudes de la canción es esa, justamente: que un heterosexual, como Amaury, no limite su punto de vista por miedo a la torpe acusación de quienes, como dice Vargas Llosa (en su obra de teatro La Chunga), creen tener “el honor en el culo”.  

En síntesis, comparto algunas líneas de sus muchas canciones:
“Acuérdate de abril” (del disco homónimo, 1976): “Acuérdate de mí, si abril te viera tendida, fiel y amada en otros brazos; acuérdate de mí, si abril volviera con nuevo traje y nuevo lazo. […] Acuérdate de mí, si el pensamiento te libra del amor que te sujeta”.
         “Hacerte venir” (No lo van a impedir, 1979): “Si yo pudiera… enamorarte a media voz, cuando ni el viento me pueda oír. […] Tener tu boca y tu corazón cuando el deseo me quiera hervir; si yo pudiera de donde estoy, ay, amor, hacerte venir” (Amaury se sorprendió cuando vino a México y le explicaron que significa “venir” y “hacerte venir” en nuestro país. “Madre mía”, dijo).
         “Olvídame muchacha” (No lo van a impedir, 1979): “Bien pude haberte dicho que sin ti la lluvia no tiene otra tarea que golpear el polvo; bien pude haberte dicho que sin ti me asusta hasta el ruido del mar sereno, vivo y hondo”.
        “Dame el otoño” (No lo van a impedir, 1979): “Dame el otoño si apagué la llama urgente de un sueño atado al cinturón de la caricia, y la ansiedad cual penitencia, eternamente, si es que el deseo me robó la maravilla”.
          “Hay días” (Abecedario, 1982): “Es día de pulirse los anteojos, de atarse la cordura al calzoncillo. […] Se pueden confundir caricia y náusea, cadalso y oficina, hierro y trigo, embuste y trasparencia, piedra y grama, verdugo y confesor, sollozo y río…”. 
          “La ansiedad” (De vuelta, 1987): “Yo siento la ansiedad del fruto que le nace al árbol casi moribundo. Yo tengo la ansiedad del cielo, poniendo la rabia para el aguacero.”
        “Canción del miedo” (Estaciones de vidrio, 1988): “Por eso no tengo miedo a lo que traiga el día y, así, sostengo las rabias de mis mejores años; tenemos que refrescar la caballería, porque esta vez el combate parece largo.”

Mis dos discos favoritos: No lo van a impedir (o Aguas) y De vuelta. Mis diez canciones favoritas: “Hacerte venir”, “No lo van a impedir” (en la versión de Guadalupe Pineda y Caíto), “Dame el otoño”, “Para cuando me vaya” (en especial la versión de Nacha Guevara), “Amor difícil”, “Canción del miedo”, “Encuentros”, “Cuando miro tus ojos” (la versión de Sara González), “Opiniones” y “Tu nombre”. El subtítulo de esta columna corresponde a una línea de la canción “Opiniones”, de Amaury.


Contactos: hectorcortesm@gmail.com

Fotografía: Nadia Cortés Vázquez




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com