Estoy aquí y ahora

María Gabriela López Suárez

Ximena revisó su reloj, ya estaba sobre la hora en que se llevaría a cabo la actividad a la que su amiga Catalina la había invitado, el círculo de mujeres. Encontró el domicilio que refería el mensaje de la invitación y tocó el timbre, estaba nerviosa y emocionada. Era la primera ocasión que participaba en esa actividad. Desde la puerta percibió el aroma a copal que se desprendía del interior. Eso le agradó.

El rostro sonriente de Estela le dio la bienvenida. Ximena la saludó, ya se encontraban ahí otras mujeres, de diversas edades, entre ellas Catalina. Estela le dijo que ocupara el espacio que gustara, en el salón habían varios cojines en el piso, acomodados de tal forma que hacían un círculo, aún había lugares por ocupar.  Ximena optó por sentarse cerca de una esquina, quedó frente a su amiga, la saludó de lejos.

Al centro había un altar, también de forma circular, estaban ahí elementos de la tierra como maíz de colores amarillo, blanco, azul y rojo, un corazón de cuarzo, flores y un corazón de tela que representaba la palabra. Estela, la chica que guiaría la actividad dijo que ésta daría inicio en unos minutos, estaban haciendo tiempo por si alguna compañera más se integraba. 

Mientras esperaban les indicó que depositaran alrededor del altar sus ofrendas, ahí pusieron frutas, semillas, flores, velas e incienso. El círculo de mujeres dio inicio con la explicación de Estela que les hizo saber que ése era un espacio para reencontrarse con su ser mujer, con lo sagrado femenino, así como para escucharse, compartir sus historias y acompañarse entre mujeres.

La respiración de Ximena comenzó a relajarse, escuchaba atenta los mensajes de la guía. Observaba los rostros de las demás mujeres, se veían contentas, también relajadas. Cada una le fue proyectando paz. Vino el momento de la meditación y Ximena se dejó guiar, el mundo de afuera que irrumpía con los sonidos de coches, música, murmullos de conversaciones, paso de personas, fue quedando en último plano hasta que solo escuchaba y sentía su respiración y la voz de Estela.

Al término de la meditación el ambiente se percibía con mucha armonía, los inciensos habían hecho su labor, sus aromas estaban presentes. Llegó el momento de compartir la palabra, cada participante fue haciendo uso del corazón de tela.  Ximena ahora le iba encontrando más sentido a la frase que había escuchado algunas veces, estar aquí y ahora. 

Al finalizar la ronda de compartires, Estela continuó compartiendo la importancia del acompañamiento en ese círculo de mujeres. El corazón de Ximena estaba contento, seguía escuchando con atención, ya no solo con la mente sino desde su sentir. En su interior ahora resonaba estoy aquí y ahora.