Líneas de desnudo. 78. Leer. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 78

Leer
Por Manuel Pérez-Petit

Convengamos que hay tres tipos de lectura.
            Está la del académico, el crítico o el editor, por ejemplo, que debe ser analítica, aunque sea llevada a cabo con diversos métodos y finalidades. Sin menoscabo de que pueda generar disfrute, esta lectura es más bien contraria a lo lúdico, aunque no niega esta posibilidad. 
            También está la del que anda en el proceso de adentrarse en el oficio de escribir, que es una lectura interesada, casi parasitaria, conducente al aprendizaje de un oficio que no puede estudiarse en Escuela, Facultad o Colegio alguno y que apenas puede adquirirse mediante la propia lectura y el ejercicio continuo, disciplinado y fruto casi en exclusiva de la voluntad, acudiendo a referencias cuyo valor es indudable, tales como otros autores y la lectura de obras consagradas. “Roben si es necesario”, decía Juan Carlos Onetti (1909-1994) en su célebre "Decálogo (más uno) para escritores principiantes". Es una práctica que exige entrar en el texto de forma no erudita ni intelectual sino llena de afán devorador, hambrienta de elementos en que expresar la propia intención escritora, y que por lo general conviene llevar a cabo mediante la orientación de alguien en quien se deposita la propia confianza como facilitador, asesor o maestro. 
            Y, como es natural, está, de igual modo, la lúdica, que es la lectura común, y si bien las otras dos no están reñidas con el placer de leer, la que en exclusiva es por placer y no tiene intención más que la de pasar el tiempo es esta, en mi opinión la más grande todas, aquella por la que en verdad merece la pena adentrarse en un libro. 
            La panoplia de posibilidades, como se ve, es muy amplia. No se está, por otra parte, en condiciones de desdeñar ninguna lectura. Hay quienes desprecian unas en favor de otras, e incluso quienes descalifican o califican a las personas en función de las obras que leen. Para gustos, los colores, como diría el castizo. Sin embargo, el clima no está para exquisiteces, al menos a nivel de calle, en esta cosificación a la que estamos siendo sometidas las personas. Otro asunto es que se hablara de circuitos o círculos culturales, una gran parte de los cuales –a qué mentirnos– son “de salón”, o sea, frívolos, insustanciales, mundanos, como torear sin toro, teóricos, carentes de esfuerzo y riesgo. Aún así, en algunos sí entra en juego el rigor, el criterio, la selección, la capacidad de jugársela, que, en todo caso, deben ser coherentes y que en un universo ideal tendrían que ser asunto de todos. Pero se dista mucho –y mucho más que nunca– de ese mundo. 
            Para el lector lo importante es encontrar obras y acceder a ellas, y ahí toma protagonismo, por cuanto facilitador y por su responsabilidad moral, la importancia del oficio de escribir, pues no podemos olvidar que de manera necesaria se escribe para los otros. Hoy existe una corriente de autores que dicen que los lectores no les interesan, y yo siento que eso es venderse de algún modo al poder y a las cadenas, porque si uno escribe es para ser leído, no para su vanidad personal, y si cualquiera lo hiciera por éste último motivo no tiene sentido que se presente al público diciendo que escribe solo para sí mismo, pues con esa ordinariez y falta de respeto a los demás se descalificaría a sí mismo. Mejor sería en este caso que no se anunciara. Esos autores que desprecian al lector dan la razón a quienes controlan las cosas. Hacen falta poetas en el más amplio sentido de la palabra. Y lo cierto es que hay que leer. Como sea. Igual no tanto como las campañas se empeñan en hacernos ver, y en vano todas ellas transmiten la sensación de que son un exceso que no sirve para nada.
            Y la realidad es la que nos toca. Se habla más que lo que se lee. Alguna cita o algún comentario suele bastar para ilustrar a muchos –no son pocos los que recitan de memoria quedándose en las primeras frases de las obras, y casi nadie se sabe fragmentos ubicados a mitad de cualquier libro o poemas completos–. Se lee bien poco. Se habla más por referencias –y mejor si breves– que por la propia lectura. Un terrible signo de nuestro tiempo es la impostura. Cualquiera puede “conocer” cualquier tema con “San google”: son los “wikiexpertos” de encefalograma plano, carentes de criterio y rigor, acumuladores de datos para "certificar" su aptitud a la hora de afrontar planteamientos discursivos que no requieren de recuerdos y a los que no afectan los olvidos, y con los que muestran a los demás de manera voluntaria su “suficiencia” e involuntaria su mediocridad.
           No juzgo, válgame Dios, solo me faltaba eso, pero con más que notable frecuencia, insisto no sin cierta tristeza, confundimos información con conocimiento. Dirán que me repito más con esto que el chorizo de Cantimpalos, pero solo indico una realidad observada –o realidades– por largo tiempo en multitud de casos y situaciones, que me preocupa, y no poco.
           Leer poco o mucho o algo es condición imprescindible hoy en nuestro mundo para poder vislumbrar algún horizonte posible, y es muy molesto para quienes dirigen con mano de hierro y sin disimulo el deambular de nuestras sociedades a su antojo y capricho, por lo que lo proscriben y, por si fuera poco, aplauden a los que no leen, pues ello facilita de manera determinante la fertilidad incontestable de su discurso finalista de manipulación, dominio y control acérrimos. 
         Pero lo cierto es que los que no leen son la inmensa mayoría –por más que de manera tan patética a veces quieran parecer eruditos de panfleto y/o mientan como condenados diciendo que se leen hasta los prospectos de las medicinas, y es que esto se percibe en la pobreza expresiva y de vocabulario: no es posible que lea quien no sabe hablar–, lo que hace aún mas necesario el grito que deberíamos alzar todos para que el mundo deje de ser cada día más hostil y más pequeño. 
         Ay, si la mitad de la gente que presume de ser lectora lo fuera de verdad...
 Colección casi completa a junio de 2014 de los títulos publicados por Sediento Ediciones (archivo de M. P.-P.), proveniente de una biblioteca particular.
Fotografía: ©Gabriel Mendoza García.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 77. Qué más da. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 77

Qué más da
Por Manuel Pérez-Petit

(…) Son tiempos en los que todo lo artístico y especulativo se considera prescindible, y no son raras las frases del tipo: “Miren, no estamos para refinamientos”, o “Hay cosas más importantes que el teatro, el cine y la música, que acostumbran a necesitar subvenciones”, o “Déjense de los recovecos del alma, que los cuerpos pasan hambre”. Quienes dicen estas cosas olvidan que la literatura y las artes ofrecen también, entre otras riquezas, lecciones para sobrellevar las adversidades, para no perder de vista a los semejantes, para saber cómo relacionarse con ellos en periodos de dificultades, a veces para vencer éstas. Que, cuanto más refinado y complejo el espíritu, cuanto más experimentado (y nada nos surte de experiencias, concentradas y bien explicadas, como las ficciones), de más recursos dispone para afrontar las desgracias y también las penurias. Que no es desdeñable verse reflejado y acompañado –verse “interpretado”– por quienes nos precedieron, aunque sean seres imaginarios, nacidos de las mentes más preclaras y expresivas que por el mundo han pasado. Casi todos los avatares posibles de una existencia están contenidos en las novelas; casi todos los sentimientos en las poesías; casi todos los pensamientos en la filosofía. Nuestros primitivistas políticos tachan de inútiles estos saberes, y hasta los destierran de la enseñanza. Y sin embargo constituyen el mejor aprendizaje de la vida, lo que nos permite “reconocer” a cada instante lo que nos está sucediendo y aquello por lo que atravesamos. Aunque sea no tener qué llevar a casa para alimentar a los hijos. También esa desesperación se entiende mejor si unos versos o un relato nos la han dado ya a conocer, y nos han preparado para ella. (…)

Javier Marías: Las lecciones de la imaginación. El País, 26/04/2014
Son cosas que pasan. El club de los descubrimientos tardíos es excepcional. A la lengua española, sin ir más lejos, le costó tres siglos reconocer a dos poetas: Juan de Yepes Álvarez (1542-1591) –más conocido como San Juan de la Cruz– y Luis de Góngora y Argote (1561-1627) como lo que hoy son de forma definitiva a la poesía universal. Lo mismo le pasó a Diego Rodriguez de Silva y Velázquez (1599-1660), pues hasta bien avanzado el siglo XIX no era su obra sino la de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) la considerada como la cumbre de la pintura barroca española. Dos sevillanos en disputa por el trono del arte, que al final quedó en posesión del autor de “Las Meninas”, considerado hoy una cumbre universal, sin desdoro alguno para el otro. Son solo casos, y quizá habría que dedicarle cientos de páginas al libro de los olvidos o de los descubrimientos fuera de su tiempo.
            Y es que el tiempo tiene estas cosas. Para todos. Conviene recordar que la primera definición de la voz ‘tiempo' en el Diccionario de la Lengua Española es “Duración de las cosas sujetas a mudanza”, aunque también significa muchas otras cosas, sobre todo para darnos cuenta de que, al final, el tiempo es subjetivo, por lo que con él se caen todas las teorías racionalistas. Incluso más aún en estos tiempos que vivimos.
            No estamos para perder el tiempo, y en todo caso habrá que sentar el tiempo, dado lo que tenemos no cerca sino, de manera literal, encima, y más aún en la sospecha, cierta como castaña, de que no podemos dejar al tiempo que ponga las cosas en su sitio. O lo hacemos todos y cada uno, y ya, o estamos con exactitud perdidos. En nuestra situación, lo que hay nos obliga a capear el tiempo con alma, corazón y vida, con los seis sentidos –o cinco, que son los comunes–, pero sobre todo con voz y manos, pues acomodarse al tiempo a día de hoy es tarea mucho más que ruinosa. Allá cada cual, pero nos podría pasar que en un tiempo no sepamos no solo quién fue Góngora o Velázquez o Maricastaña, que es lo de menos, sino quiénes somos nosotros mismos, todos y cada uno, reducidos como empezamos a estar a las cenizas de ser número y cosa.
            Y si no, al tiempo (“expresión para manifestar el convencimiento de que los sucesos futuros demostrarán la verdad de lo que se afirma, relata o anuncia”). Claro que no cabe duda de que es irrefutable aquello de Ortega y Gasset (1883-1955): “Yo soy yo y mis circunstancias”, que también categorizamos hasta la histeria, porque esa regla de tres nos lleva a abundar de forma indiscriminada en muchas ocasiones, demasiadas, en el anecdotario vital de aquellos que consideramos figuras –y hay pocas cosas como esta tan carentes de sentido a nivel de calle y/o en nuestras circunstancias actuales– o en aquello de “tiempo al tiempo”, justificando de ese modo, que todo es relativo y que el tiempo “da y quita razones”, planteamientos que a estas alturas son monumentales tonterías de bulto redondo.
            Como no lo resolvamos no tendremos remedio. Y haremos un flaco favor de gigantescas dimensiones a la más terrible expresión que hoy podamos tomar por bandera: "Qué más da".
Mañana del 1 de enero de 2020. Desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, terminal 2.
Fotografía: ©M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 76. Volviendo a las andadas. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 76

Volviendo a las andadas
Por Manuel Pérez-Petit

Después de unos días de descanso, regreso a mi encuentro con los lectores en este mi ‘Líneas de desnudo’. La breva cayó en el caso Djokovic: con exactitud como lo había previsto en mis textos precedentes, Homogéneos, ¿Qué más podría haber hecho este hombre? y Está al caer la breva, de tan buena acogida general. Estamos, por otra parte, asistiendo al enésimo episodio de la tensión Rusia-Occidente con Ucrania como campo de pruebas, cuestión en que se demuestra que pese a la homogeneización que supone para los gobiernos del mundo la nueva Era distópica de la que nos encontramos en el año 3 esto no es incompatible con que se mantengan reminiscencias del pasado. En fin, les ahorro más cuestiones, como la de que García Márquez fue vigilado por el servicio de espionaje mexicano por muchos años al ser considerado “pro-castrista”, noticia a la que ayer mismo, domingo, hemos tenido acceso, o que el Betis del alma mía está que se sale en la liga española. Tonterías, que diría el castizo, pues lo que importa son otras cosas, y ésta es la razón por lo que hoy regreso por otros fueros por fin, cansado –y no menos agradecido– también de recibir reclamaciones por mi ausencia. No deja de ser cierto que mi columna es para mí un ejercicio de salud mental. La locura no tiene cura, al menos la mía, pero puede aliviarse, y aunque escribo porque me da la gana es verdad que también escribo porque, como a Emily Dickinson, “se me saltan las tapas de los sesos”. Reconozco de igual modo que me llevo por días rumiando a la vez varios artículos, en paralelo, y que escribir justo antes de que se publique es algo que me lleva la adrenalina a cotas maravillosas. No pueden imaginarse, por tanto, cómo he tenido la olla exprés –sí, la misma que denosto en la cocina pero que confieso tener encima en mis hombros– durante estos días de ausencia. Setenta y cinco llevo y he tenido casi otros tantos madurándose en estas pasadas jornadas extrañas, durante las cuales he cumplido un capicúa único, 55. Es la vida: sin duda, el misterio más grande que podamos conocer, esto en lo que lo único que con certeza sabemos es que vamos a morir. Y si de morir se trata, de alguna forma nos morimos a diario, y quizá por ello concuerdo con quien piense que en la vida son más importantes las despedidas que los encuentros. Pero también con quien afirme que la vida es un monumental reconocimiento a la soledad.

El autor
Ea, volviendo a las andadas, esto es todo por hoy. Pasado mañana, miércoles 26, volveremos a encontrarnos.
            Sin más, se despide de ustedes su seguro servidor, Manuel. 
 __________
Posdata:
Siempre nos quedará París, perdón, el arte. Para los egipcios, el sol –puro fuego– era un ser viviente, más viviente, incluso, que los hombres, por su no sometimiento a la historia. El mexicano Octavio Paz (1914-1998) escribió que la obra de arte “es vía de acceso al tiempo puro, inmersión en las aguas originales de la existencia” y la filósofa española de larga radicación en México María Zambrano (1904-1991) afirmó: “Escribir es defender la soledad en la que se está, es una acción que sólo brota desde un aislamiento efectivo, pero desde un aislamiento comunicable, en que, por la lejanía de toda cosa concreta, se hace posible un descubrimiento de relaciones entre ellas”. 
            No deberíamos confundir información con conocimiento, pero en la sociedad del aislamiento, la depresión y la soledad en que vivimos es lo habitual, y en el fondo hasta nos da igual. Hoy sobra más información y falta más conocimiento que nunca, pese a todos los supuestos avances de la sociedad comunicada, pero al final por las treinta monedas simbólicas de la vanidad y la autosatisfacción mal entendidas vendemos con una facilidad pasmosa nuestra libertad, sin ir más lejos, a las redes, que son capaces de hacer con nosotros lo que les venga en gana, incluso reservándonos el inútil derecho a la queja. Las redes son, además, adictivas y, por tanto, determinadoras de nuestras vidas. Un día hablaré de las redes, pero de lo que hoy se trata es de la soledad, la que nos toca.
 En 2009 recorrí en auto toda España en un mes, sin saber que en el fondo era una despedida. Es solo un ejemplo.
Fuente de la fotografía: Archivo personal M. P.-P.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 75. Está al caer la breva. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 75

Está al caer la breva
Por Manuel Pérez-Petit

Ya no estamos en la época de lo “políticamente correcto”. En la actual Era distópica a todo lo más a que se llega es a ser eufemístico. La voz ‘eufemismo’ está definida en el Diccionario de la lengua española como “Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante”. No sé si la palabra ‘negligente’ es “dura y malsonante”. Lo será según para quién. Y más hoy, que abundan más que nunca las personas de piel fina.
            En relación al caso Djokovic, en mi “Homogéneos” del pasado sábado 8 de enero me preguntaba si es creíble que Djokovic sea tan idiota “como para viajar a las antípodas sin tener claro que puede ingresar al país” o si se ha pasado de listo al hacerlo, y en mi "¿Qué más podría haber hecho este hombre?" del lunes día 10, abundando en el asunto, afirmé estar seguro de que alguien le ha jugado una mala pasada, intencionada o no, al tenista serbio, y mostré mi sospecha acerca de la existencia de una estrategia política en torno a su caso, basada en el ejercicio del poder imperante hoy en el mundo. Aún desconocíamos las “confesiones” de Novak, pero en las últimas 48 horas el asunto ha experimentado un giro copernicano, o sea, dicho en román paladino: a lo bestia.
            En estos últimos días, en la ultimísima deriva del asunto, la palabra más repetida ha sido ‘error’: error humano, error de juicio, cadena de errores... Y quien se frota las manos con toda la razón es el ministro de Inmigración de Australia, Alex Hawke, punta de lanza del poder, que anda ganando tiempo para que los “daños” colaterales de su decisión, que tiene más que tomada, “en virtud de la sección 133c (3) de la Ley de Migración” de su país, terminen siendo de menor cuantía y para seguir madurando su golpe en la mesa. La estrategia que sigue es de manual de principiante. No necesita más. Se la ponen en bandeja los errores. El gobierno australiano comenzó por suavizar las relaciones bilaterales con Serbia, cuya primera ministra, hace apenas unas horas, ya ha anunciado que se podrían aplicar sanciones a Djokovic por saltarse el aislamiento obligatorio que hay en su país cuando se da un caso de Covid-19. No hay que olvidar que el chico estaba de visita en Belgrado cuando se hizo una PCR el 16 de diciembre que dio positivo, pero cuyos resultados no conoció hasta el 17. 
            No entraré al trapo de que el 18, sabiendo ya que era positivo, mantuvo en la capital serbia una entrevista con el periodista francés Franck Ramella para el medio de comunicación L'Equipe, que el propio número uno mundial del tenis ha calificado de “error de juicio”. El 22 volvió a hacerse una PCR que dio negativo y el 31 consta que ya se encontraba de regreso en España. 
            Tampoco me detendré en los dimes y diretes de la legión de “personalidades” que han querido hacer escuchar su voz en este caso, pues al gallinero de esta asamblea se ha apuntado hasta el apuntador. Y porque ya da lo mismo: Está al caer la breva. Me la juego y digo que a Djokovic le espera una deportación con todas sus letras y, si quieren, grabada en piedra. Y por eso se hace esperar, por la campaña sucia que, con razón o no, que monta tanto, sirve para justificar una decisión que lleva días tomada y para la cual solo están calentando el escenario. Evidencias hay muchas, pero me quedo con una: ¿De verdad se creen ustedes que dos avezados profesionales de la televisión mantengan una conversación en el plató del informativo que conducen sin saber si el micro está abierto? ¿En qué mundo viven? Nada es por casualidad, ya deberían saberlo. Y menos en la Era distópica del control de las personas. En breve hablaré de la libertad, que es algo que aquí por desgracia ya no pinta nada, pues hoy por hoy la libertad no existe, y en todo caso es un eufemismo con mayúsculas: usted puede hacer lo que quiera, pero si no hace lo que yo le digo ponga sus barbas a remojar, ¿le queda claro?, o no salga nunca de su aldea. 
            Después de darle muchas vueltas a la cabeza, he llegado a la conclusión de que Djokovic es tan listillo como idiota. Calificar como ‘error humano’ haber rellenado incorrectamente un formulario de migración es un eufemismo como una catedral, dado que se trata de una negligencia flagrante, además de irresponsable. Les explico: en los viajes internacionales los pasajeros suelen rellenar en el propio medio de transporte que usen dos formatos, uno de aduanas –que aquí no vine al caso– y otro migratorio. En este segundo formulario, siempre hay la pregunta de si el viajero ha visitado otros países en los últimos 14 días, y lo que solemos hacer los que viajamos es responder ‘No’. Lo hacemos en la suposición de que decir que hemos estado en otros lugares nos puede acarrear inconvenientes a la llegada en forma de entrevistas incómodas, pues al llegar a destino, por lo general, estamos locos por salir a la calle –razón por la que hay cafeterías en las salidas pero no suele haberlas en las llegadas, que todo está más que pensado– . Esto, lo del formulario migratorio, que es anterior a la pandemia, o sea, de muchos años a esta parte, lo hacemos todos, y no nos pasa nunca nada. Claro que si uno se llama Manuel Pérez o José Rodríguez suele estar a salvo –dicho sea con respeto a los que se llamen así– de sospecha alguna por ese motivo. Sin embargo, si uno se llama Novak Djokovic y está en las redes sociales casi más que en el tenis, con millones de seguidores ávidos de novedades, debería tener más cuidado. O elegir con más cuidado al equipo que le acompaña. Todo esto es de una falta de inteligencia aplastante. No hay que olvidar que el serbio no reside en Serbia sino en España. He leído atónito en medios de comunicación que su “supuesto” viaje a España de diciembre –su regreso desde su país de nacionalidad– entraba en contradicción con lo de los 14 días. Lo que entra en contradicción con el ‘no’ son los días anteriores en que estuvo en Serbia, con cuyo pasaporte viajó, eso sí. Sea como fuere, en los 14 días anteriores a su llegada a territorio australiano estuvo en dos países, en el de su nacionalidad y en el de su residencia. Si llegó a Australia el día 6 de enero, el plazo de los catorce días corría desde el 24 de diciembre. Consta que ese día estaba en Belgrado. La falsedad negligente del ‘no’ en su respuesta al formulario migratorio, rellenara éste quien lo rellenara, va a ser suficiente para el ejecutivo australiano, que ya no será el hazmerreír de los gobiernos del planeta sino un modelo a seguir y un paradigma. Solo es cuestión de que madure del todo la breva, que caerá sola. Mientras, se trata de embarrar lo suficiente al listillo pero también idiota Novak. Y será, en todo caso, antes del lunes 17 de enero, fecha en que comienza el cuadro final del Open de Australia, cuya fase previa ya fue iniciada el pasado día 9. 
            La milonga del ‘error humano’ y/o de la ‘cadena de errores’, que no se salva, no, con pedir disculpas, pues a la Ley la disculpa le trae sin cuidado, ya que la Ley es la Ley, y más hoy, le va a costar muy caro al serbio, y apuesto lo que me digan a que no volverá a ganar nunca un Open de Australia. Ni a jugarlo siquiera. Ya lo verán. Eso sí, seguro que le da igual, pues ya se ha convertido, pase lo que pase, en “el símbolo”. Para los unos y para los otros.
 Breva madura e higos jóvenes en una higuera de Puertollano, España. (La imagen es de libre disposición bajo licencia Creative Commons)
Autor de la fotografía: ©Javier Martín.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 74. «¿Qué más podría haber hecho este hombre?» Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 74

"¿Qué más podría haber hecho este hombre?"
Por Manuel Pérez-Petit

Novak Djokovic es uno de los más notables deportistas del mundo. Es antipático –a qué ponerle paños calientes–, y, además, se hace aún más antipático en general a la gente, no solo por sus reiteradas actitudes soberbias dentro y fuera de la cancha sino también sobre todo por las muchas simpatías que despiertan los otros dos integrantes del triunvirato en la cumbre tenística mundial, el más grande que este deporte haya conocido, Roger Federer y Rafa Nadal. Digamos que Federer tiene desde siempre pinta de ser un chico bien, una persona refinada y elegante que nunca pierde la compostura y casi ni suda, y Rafa nos parece siempre el esforzado –de buena familia, eso sí– que consigue, con grandes sudores y esfuerzos descomunales, alcanzar los objetivos que se marca. Ambos son finos, comedidos y admirables, y no solo porque uno no se despeina y el otro acaba cada set y cada partido convertido en un manantial de sudor y con los cabellos alborotados como si hubiera metido la cabeza en el motor de un ventilador. Pero Djokovic siempre nos transmitió la imagen de chico malo, del típico que se burla de los otros –y lo ha hecho muchas veces–, monta escándalos y hasta se escapa a fumar a la vuelta de la esquina en horas de clase con ojos de pillo.
            Entre fuertes medidas de seguridad, en un centro de detención de inmigración, que los australianos llaman, con gran sentido eufemístico, “hotel”, ha venido enfrentando desde el pasado jueves, incomunicado y privado de su libertad, un expediente de deportación, que si no se ha llevado a cabo es porque sus abogados presentaron un recurso que se ha dirimido hace unas horas, hoy mismo, lunes día 10 de enero de 2022. Tomen nota de esta fecha, porque pasará a los anales de la historia con una fuerte carga simbólica. El juez australiano Anthony Kelly ha anulado la decisión del gobierno de su país de cancelarle el visado, ha impuesto las costas judiciales al propio gobierno de Australia y ha puesto en libertad al serbio, quien se ha ido a entrenar, entre un galimatías de rumores acerca de haber sufrido una posible segunda detención. Mientras, el mundo ha seguido siendo lo que desde el pasado jueves día 6 ha sido: un circo romano.
            "A las 5:20 de la madrugada del 6 de enero de 2022 se le dijo a Djokovic que tenía hasta las 8:30 para presentar alegaciones sobre un aviso de cancelación bajo el artículo 116 de la Ley de Migración de 1958. Sin embargo, los comentarios del demandante se solicitaron a las 6:14. El delegado tomó la decisión de cancelar el visado de Djokovic a las 7:42, por lo que se le impidió hacer reclamaciones al solicitante [Djokovic] hasta las 8:30. Si al solicitante se le hubiera permitido presentar estas alegaciones hasta las 8:30, podría haber consultado a otros y haber hecho más comprobaciones sobre por qué su visado no debía ser cancelado", dice la resolución del juez, quien considera que la medida fue "irrazonable", argumenta que si Djokovic hubiera tenido más tiempo y más detalles habría podido responder mejor a su llegada al país y ha soltado para la posteridad la frase del momento: "¿Qué más podría haber hecho este hombre?" 
            Rafa Nadal, tan aséptico y ecuánime como es que parece beatífico allá por donde se expresa, igual que el otro día declaró que hay que cumplir las normas y que si Novak las hubiera cumplido no se hubiera encontrado en la situación en la que estaba, ha vuelto a salir a la palestra y ha declarado que la justicia ha hablado y que, por tanto, Djokovic “tiene todo el derecho de competir en el Open de Australia”. En ambas declaraciones, en las de hoy y en las anteriores, coincido con con él –es imposible no hacerlo–, pero yo tenía la sensación de que no se había tratado en sentido estricto de incumplimiento, por lo que Rafa quizá debía haber sido más solidario con su compañero, al que estoy seguro que alguien se la ha jugado o, al menos, lo han utilizado desde esferas políticas. No quiero pensar que sea una cuestión de esa índole. 2022 es año electoral en Australia. No seré yo quien le quite nunca a Djokovic ni a nadie la presunción de inocencia. Sé lo que es eso, y lo he sufrido en carne propia. Un día hablaremos de ello, pero, y volviendo al tema, de lo que estoy seguro es de que, insisto, el serbio no es tonto. Puede que sea demasiado listo, pero no idiota. Viajó con una exención médica debida a que tuvo covid en los últimos seis meses que luego resultó, al llegar al control migratorio australiano, no ser aceptada como válida. En consecuencia, le negaron el visado y lo aislaron. Yo creo que el asunto es mucho más de fondo, y tiene una carga de profundidad que tardaremos años en analizar como es debido. Nadie, ni el número uno del mundo en nada, está exento de cumplir las normas, que, nos gusten o no, son las mismas para todos, pero en este caso hay algo que no me encaja. 
            El mundo, este coliseo escandaloso de dedos levantados o caídos, caos vociferante y olor a rancio, anda en estos días sumido, como olla a presión a reventar, en el debate asambleario –el peor de los posibles, pues lo gana el que más grita, no la razón– acerca del chico malo de la clase, el mismo que no le cae bien a nadie, pero que es en realidad en torno a otras cosas... ¿Qué pasará ahora con aquellos que, de golpe, como si hubiera existido una correa de transmisión, sufrieron la anulación de sus visados concedidos y con los tenistas rusos a los que se les negó el acceso al país por estar inmunizados con una vacuna no reconocida en la Comunidad de naciones británica, que tiene su nombre en inglés pero que yo pongo en español? El gobierno de Australia aún puede decretar, porque sí, la deportación del tenista. De hecho, ha recurrido la resolución judicial. O sea, que esto no se ha acabado. Me temo que el miércoles, en mi  próximo ‘Líneas de desnudo’ tendré que regresar a lo mismo. 
            Lo cierto es que he aguantado más allá del tiempo límite razonable para enviar mi artículo de hoy, fruto de mi promesa expresada el pasado sábado en mi ‘Homogéneos’, y hasta el último minuto posible, por si se daba la orden de deportación, basada en que, como ya se ha confirmado, el tenista no está vacunado, pero que será por pelotas, no me cabe duda. A ver quién gana este partido. El muchacho del flequillo que creció en medio de la guerra de los Balcanes y que ahora es multimillonario quiere jugar al tenis y los dirigentes del gobierno de la “monarquía constitucional federal parlamentaria” –toma ya, que diría el castizo, pa que no falte de ná– que es Australia quieren seguir en el poder. Máxime cuando la rebeldía es cada día más excepcional y el control por parte de las “autoridades” más férreo. Está claro que a raquetazo limpio hay que ver cómo se las gastan unos y otros, por lo que se avecinan curvas. Si Djokovic vuelve a ganar serán nada menos que diez los títulos que acumule del Open, y aunque no lo gane ya se ha convertido en estandarte de la rebeldía. Si el gobierno no lo deporta pase lo que pase con el torneo no solo perderá las elecciones sino que será el hazmerreír de los gobernantes del planeta, y si lo hace se convertirá en paradigma del detestable y negador de la libertad nuevo orden mundial. 
 Primera declaración pública de Djokovic tras su juicio en Australia.
Fuente de la fotografía: https://twitter.com/DjokerNole/status/1480529173789696001?s=20

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 73. Homogéneos. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 73

Homogéneos
Por Manuel Pérez-Petit

La vacuna es el símbolo de nuestro tiempo, la primera “obligación” que debemos cumplir en esta Era distópica de la que nos encontramos en el año 3 y que se caracteriza por una negación aberrante y aplastante de la libertad. Alrededor de la vacuna hay un consenso mundial sin precedentes, que puede poner los vellos de punta por su carácter homogeneizador, pero que tiene su justificación en un virus y sus variantes que parecen ser tan comunes y difundidos que nadie puede sustraerse a su existencia.
            Hay que vacunarse sí o sí, y no solo por uno mismo sino por los demás, pero además de esa realidad hay un decreto universal en que coinciden todas las naciones del planeta, sea cual sea su naturaleza, para imponerla mediante la Ley, lo cual es lo más preocupante, en el fondo y en la forma, por parte de los poderes del mundo, pues exige docilidad y hasta abnegación a todas las personas, negando el valor de la pedagogía. En ese punto, lo que asusta es que la famosa pandemia ha sido y es la excusa perfecta para que los gobernantes decreten tremendas normas de obligado cumplimiento que en ningún lugar del mundo hubieran sido aceptables para nadie hasta hace apenas dos años, dando igual la tradición democrática, teocentrista, social o religiosa de cada región.
            En esta Era distópica lo que está claro es que, en Occidente, estamos asistiendo a la muerte sin paliativos de la democracia, del estado de Derecho y de las libertades. En otras áreas, a la reafirmación del poder omnímodo y negador de la individualidad de unos pocos que, por derecho divino o la fuerza de las armas, se asentaron en la cúspide de la sociedad desde sabe Dios cuándo, pues cada caso es diferente. De este modo, los sistemas basados en la libre concurrencia de partidos, el parlamentarismo y las elecciones democráticas y las tiranías del más diverso tipo se han equiparado, volviéndose la misma cosa, tomando idénticas decisiones y aplicándolas con el mismo fervor y eficacia. 
            En tanto, en nuestras sociedades civiles, de manera cada vez más clandestina y privada, el debate sigue y sigue: que si es vacuna, que si no lo es, que si es mejor ponérsela, que si debe rechazarse, que si lo que nos inoculan con ella son sustancias alienígenas, que si solo es proteína, que si es un paso adelante en la dominación de las personas... Al final todos debemos escoger entre ser dóciles o rebeldes o ambas cosas, que incluso es posible. Los gobiernos actúan con una inconcebible inmunidad y un poder omnímodo, como cuando nuestro papá nos “recomendaba” algo y ese algo en realidad era de obligado cumplimiento. Por sus narices. Porque sí. Y punto. Nuestro padre normalmente nos amaba, y estos gobernantes nos lo dicen igual, “por nuestro bien”, "con cariño"... 
            No voy a entrar en la polémica, en demasiados momentos esperpéntica, que ha surgido en Melbourne en relación a Novak Djokovic, un declarado enemigo de la vacuna, del que no se sabe a ciencia cierta si se ha vacunado o no, pues niega tal información. ¿De verdad es creíble que el número uno mundial del tenis es tan idiota como para viajar a las antípodas sin tener claro que puede ingresar al país, y nada menos que para defender su corona de vigente campeón del Abierto de Tenis de Australia, uno de los cuatro torneos cumbre, llamados ‘Grand Slam’, de la temporada, que ha ganado más que nadie: nueve veces, o que , por el contrario, lo que ha querido es echarle un pulso al sistema, pasándose de listo? Hay tanta información al respecto que marea, la verdad. El dato es que este asunto ha roto el consenso mundial por primera vez, enfrentando a unas naciones con otras e inundando los teletipos de declaraciones cruzadas que estoy casi seguro que no llegarán a ningún sitio, pues estoy convencido de que en la nueva sociedad homogénea no caben los v.i.p., por ejemplo, ni los listillos, y ni tan siquiera la libertad, estando cada día cada vez más controlados por medio, sin ir más lejos, de nuestros nuevos teléfonos que saben hasta cuándo vamos al cuarto de baño. 
            El gobierno australiano decretó su deportación, pero sus abogados presentaron un recurso que se dirimirá en los tribunales pasado mañana lunes, día 10. Esperemos, pues, a entonces, para ver qué pasa. Yo estaré aquí, ni lo duden, poniendo toda la inteligencia que me sea posible, para contarlo, analizarlo y decirles, en el ejercicio pleno de mi libertad –faltaría más que alguien ni siquiera pensara en tocármela–, lo que me dé la gana. Y punto. Con cariño.
            Decía en mi último y celebrado artículo, Mi carta a los Reyes Magos, que ya empezó el año de verdad, y lo sentenciaba con un “ya no valen excusas”, y, desde luego, vaya cómo ha empezado...
 Homogeneización.
Fotografía:©M. P.-P., 2015.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 72. Mi carta a los Reyes Magos. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 72

Mi carta a los Reyes Magos
Por Manuel Pérez-Petit

A Mayté Flores Ayala Mancera, por su apuesta por la vida*
El paso por nuestras casas de los Reyes Magos marca el final de un montón de días de ilusión, voluntad de renovación, buenos deseos e incluso de vivir fuera de la realidad. Está bien de vez en cuando que estas cosas ocurran, no hay duda, pero a partir de hoy ya no valen excusas.
            Dirán ustedes que soy un aguafiestas…, pero, ¿cuánta fiesta quieren, y más en nuestra situación, la que vivimos, en que de un momento a otro todo se puede ir, como se dice en México, por el caño? Ojalá estos días de paz y amor nos hayan servido para algo. Ojalá hayamos podido asumir y empezar a cumplir alguno de los múltiples propósitos que nos hacemos de manera secular por estas mismas fechas todos los años. Lo deseo de todo corazón, y, sobre todo, que hayamos visto la necesidad de amarnos un poco más a nosotros mismos, y hasta hayamos descubierto cómo.
            Pero los Reyes Magos llegaron y se fueron, marcando un año nuevo más real incluso que el del 1 de enero, pues en esta fecha de hoy acaba lo bueno y llega lo inevitable. Lo que nos toca es aterrizar en la cruda realidad. Es lo que hay. Ya estamos bien despachados de dulces, de comidas especiales y de buenos caldos alcohólicos, de todas esas cosas que en tiempos normales ni siquiera se nos ocurriría mirar en tienda alguna. Y eso está muy bien, la verdad, pues sin estas fiestas no sería lo mismo de nosotros durante el resto de nuestro año. 
            De momento, y ya habrá tiempo de sufrir, me quedo con hoy, seis de enero, el último de los días mágicos de mi vida hasta hoy. Como es de suponer, los Reyes Magos no me han traído ni carbón, pero yo ya contaba con ello. Estoy conforme, pues, y hasta contento, pero me van a permitir que les comparta lo que en síntesis, que no en su tenor literal, les pedí a los magos de Oriente para este día y los tiempos venideros: 
            Que nos aporten la luz de su oro para que cada día podamos recobrar más personas los ideales y el espíritu de la juventud: vigor, alegría, ganas de vivir, rebeldía. 
            Que nos aporten incienso, que al arder destila tan buen olor que nos permita cada vez a más tener un mejor camino en la liturgia de nuestras vidas y afrontar así con más inspiración los retos.
            Que nos aporten mirra como lo que es, un bálsamo necesario para curar las heridas y que éstas no tengan repercusión alguna en nosotros, para que, además, vivamos como si no las tuviéramos; que ello nos permita perdonar y perdonarnos.
            Que nos aporten también la magia con el cometa que les guió hasta el portal de Belén, para que nos podamos subir a su estela y, sin dejar de estar en el mundo, vivir con ideales distintos a los que nos quieren imponer.
            Les pedí también mucha vida así como varias pequeñas fruslerías que no vienen al caso. Y quizá porque la avaricia rompe el saco, no me han traído ni lentejas, pero menos mal que tengo las mías. Con todo, siento que han llenado de serenidad mi corazón, y eso no es poco. Así que solo me queda por decirles ‘kolaval’, preciosa palabra en lengua tsotsil, idioma ancestral derivado del maya, que significa, traducida al español, ‘gracias’.
            Y, además, decirles kolaval de todo corazón.
 Noche de Reyes. ©M. F. A. M., 2019.
Fotografía: Cortesía de su autora.

*Mayté Flores Ayala Mancera es tanatóloga. Desde hace años viene ayudando en México a cientos de personas a superar sus duelos y a abrazar la realidad de la muerte con mucha vida.

Y vida, realidad que no se entiende sin amor, incluso en la muerte, es lo que más falta hace hoy en el mundo.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 71. Necesidad de la poesía. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 71

Necesidad de la poesía
Por Manuel Pérez-Petit

En toda cultura subyacen ideas filosóficas, y acaso toda cultura es, de algún modo, ideológica. En todas las primeras manifestaciones de todas las culturas, la literatura y la Weltanschauung o idea del mundo se han fusionado en la misma cosa, como pasó con Homero (circa s. VIII a. C.-circa s. VIII a. C.). Con el tiempo, siempre se ha ido estableciendo la dicotomía entre dos realidades diversas que, por denominarlas de algún modo, podríamos decir que son fruto de la racionalidad y de la irracionalidad. Y aunque no en todos los casos ha ocurrido así, en la cultura Occidental ha vencido la primera.
            En el mundo Occidental, desde hace algo más de dos centurias, hasta los sentimientos están llenos de ideas, y acaso como consecuencia de este predominio de las ideas, el acceso a la poesía, a la obra de arte, se ve amenazado por múltiples peligros que destruyen la unidad de fondo y forma, entre los que destacan el diletantismo, que exalta el fondo, que es cuando solo nos importa lo que un texto nos dice sin darle importancia a cómo nos lo dice, y el esteticismo, que materializa de manera principal la forma, que es cuando solo nos importa la manera en que se nos presenta un texto, sin importar lo que nos dice el propio texto.
            Lo que distingue a la obra de arte de lo que no lo es es su capacidad connotativa, esto es, que nos dice más de una cosa; la clave que la conduce hacia los caminos de lo irracional y verdadero, con la meta de fondo de alcanzar el “Todo que lo reúne todo”, como en su día expresó el filósofo español Ilia Galán (1966). El hecho de que una obra de arte es una unidad de ser y de sentido que tiene la virtud de hacerse diferente y única y la misma ante los ojos de cada cual que la contemple, que tiene tantas representaciones reales y válidas como personas la compartan, que engloba todas las significaciones, mucho más allá del autor y de su intención. 
            Toda obra artística, en general, o literaria, en particular, por su origen y su naturaleza, es poesía. Y la obra de arte, por su estatuto enigmático –pues su razón es una razón que la razón no entiende–, es libre, fruto de la individualidad –incluso colectiva–, resultado de un “proceso” espiritual, abierto, de conjunción de técnica y de impulso, de esfuerzo y de contemplación activa. Pero vivimos tiempos convulsos en que se confunde todo, en los que hasta lo ingenioso pasa por artístico, marcando una convención aberrante. Una época de crisis creativa y de identidad del ser humano, en la que al desaparecer la voluntad de sentido el propio ser humano se convierte en el peor enemigo de sí mismo, más incluso que en cualquier otra época de la historia. 
            Si una imagen vale más que mil palabras, por ejemplo, una palabra vale más que miles de miles de imágenes, pues en cada mente cada palabra se recrea con imágenes diferentes. Esto sería señal de una sociedad abierta y expansiva, desde luego, pero ya Alexis de Tocqueville (1805-1859), en su “Democracia en América”, apuntó que observaba poca tendencia a la contemplación, que había una primacía de la acción y una acción científica puesta al servicio del bienestar, el placer…, que se perseguía lo útil y no lo bello”... Esto, que fue observado hace más de doscientos años, ¿no viene a ser también como un signo de nuestros días?, ¿por qué no puede ser en Occidente el arte lo más útil y consustancial a cada persona? En este sentido, ¿no es la mediocridad lo que se defiende cuando en muchas ocasiones se habla de “igualdad”? Si la fraternidad, ideal revolucionario como pocos, significa la negación de la parte a favor de una afirmación absoluta del todo, ¿no nos ponemos en la posición de esclavos, negando la libertad, que es el primero de los ideales revolucionarios, y, de este modo, dejamos de ser por nosotros mismos, y de serlo lo somos en favor de un “ente” superior que nos condiciona hasta incluso cada cosa que hagamos cada día? 
            Es la realidad: los medios de dominación cambian, pero la dominación perdura. Se habla de la libertad como si de una mercancía se tratase, pero frente a esta sociedad Occidental deshumanizada, tecnificada y distópica, perdida la fe en el mito y en la revolución, cuando ya no quedan más que esos intereses que solo saben del mercado, el debate acerca de la poesía, en su sentido más amplio –debe entenderse que no hablo de poemas ni poetas, sino de la capacidad creativa y de expandir nuevos horizontes que cada ser humano tiene por el hecho de serlo–, está en condiciones de recobrar un vigor y una actualidad que no debiera haber perdido nunca. Y yo lo propongo como reto. A ver si prende.
 Peñón de los enamorados. Antequera, España.
Fotografía: ©M. P.-P., 2009.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 70. Concatenaciones. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 70

Concatenaciones
Por Manuel Pérez-Petit

Hay días como hoy en que a uno o le llueven las ideas o no se le ocurre nada o le pasan ambas cosas en simultáneo. Se sienta y se levanta, como a cámara lenta unas veces como rayo a punto de volar otras; en todo caso como autómata, una y otra vez. Se rasca la cabeza, se asoma por la ventana, y como uno ya no fuma se pone a jugar y a tropezarse con las canicas de sus ideas y sentimientos. A mí me pasa que los pensamientos viajan en esos casos como en tren de carbón, alborotados, hechos prisma, y no hay varita mágica que espante sus cabellos. No hay bloqueo por defecto sino por exceso, y ahí uno empieza a recordar, en su soledad, qué dijo quién...

            *            *            *

            Rainer María Rilke (1875-1926) definió el amor como un homenaje mutuo de dos soledades que se cercan y se dan calor, y confesó: “Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad”. El praguense despreciaba el paso del tiempo y exaltaba la virtud de la paciencia. Dejó una estela de incalculables dimensiones, hasta el punto de influir en gran parte del pensamiento contemporáneo. Martin Heidegger (1889-1976) partió de su obra, entre un par de fuentes más, para establecer su filosofía, que en nada es amorosa.
            Le preguntaron una vez al novelista argentino Osvaldo Soriano (1943-1997) que por qué escribía y contestó: “Para compartir la soledad”. Tiempo después, el poeta uruguayo Mario Benedetti (1920-2009) se hizo eco de esta respuesta y publicó el 1 de noviembre de 1987 en el diario español 'El País' “La soledad comunicante”, un artículo a cuyo final se inquiría: “¿Qué es, después de todo, la soledad sino un homenaje al prójimo?” 
            El francés argelino Albert Camus (1913-1960) aseguró: “No puedo vivir sin mi arte” y partía de ideas filosóficas para elaborar su obra. Gloria Fuertes (1917-1998), poeta española extraordinaria y quizá por ello, aún poco reconocida, hizo constar también que no podía “vivir sin escribir”. El Nobel colombiano Gabriel García Márquez (1927-2014) comentó en cierta ocasión que para escribir sólo necesitaba sentir calor y tener el estómago lleno. 
            Friedrich Nietszche (1844-1900) apuntó: “La sociedad necesita de poetas como el cielo de estrellas”, poco después de que Isidore Lucien Ducasse, más conocido como ‘Conde de Lautréamont’, francés aunque uruguayo, predijera que un día la poesía sería hecha por todos, claro que el sentido –que no el origen– de ambas afirmaciones es antagónico. Si bien el alemán apelaba a la necesidad de los poetas verdaderos, el francés nacido en Uruguay se reía de la realidad de una sociedad en que proliferaban escribidores de poemas. 
            El diccionario ideológico de Casares define la literatura como el “Arte que tiene por objeto la expresión de las ideas y los sentimientos por medio de la palabra”. Ideas y sentimientos... El debate entre filosofía y literatura, sin menoscabo de que cada una pueda contener ideas y sentimientos, es tan antiguo como el conocimiento humano, jugoso debate al que siempre me he sumado y al que aportaba algún apunte el pasado 21 de diciembre en mi Aproximaciones a las dos torres de la palabra en Occidente. Se trata, como decía ahí, de una batalla que ya en Platón (circa 427-347 a. C.) se resolvió a favor del logos del pensamiento filosófico, aunque, con posterioridad, en el Renacimiento italiano y a partir del siglo XIX, con Goethe (1749-1832), Kierkegaard (1813-1855) o el propio Nietzsche, volvió a un primer plano. Ya en el siglo XX, Alfonso Reyes (1889-1959), poeta y ensayista mexicano sin el que no se entiende la literatura ni el pensamiento en español del siglo XX, distinguió en su “La experiencia literaria” entre filosofía y literatura, tras lo cual concluyó: “No nos importa la realidad del crepúsculo que contempla el poeta, sino el hecho de que se le ocurra proponerlo a nuestra atención, y la manera de aludirlo”.

            *            *            *

            Y en ello estoy... En que a nadie le importan mis asuntos ni mi soledad sino el hecho de que se me ocurran cosas y proponerlas a la atención de los demás... Mi manera de aludirlas es otra cosa. Hoy, concatenando jirones de lecturas. Mañana, quién sabe...
            Por cierto, me quedaron muy ricas las lentejas. Espero que a ustedes también.
 M. P.-P. en un evento de Sediento Ediciones en el café Via Lattea, en pleno corazón de la colonia Roma de la Ciudad de México, en julio de 2013.
Fotografía: ©Norma Ascencio.

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.

Líneas de desnudo. 69. Mi estofado de lentejas para hoy. Manuel Pérez-Petit

Líneas de desnudo/ 69

Mi estofado de lentejas para hoy
Por Manuel Pérez-Petit

En algunas regiones de Italia como Nápoles, Sicilia y Calabria se conserva en Nochevieja una milenaria tradición que consiste en tirar muebles viejos por la ventana, costumbre fundamentada en la creencia de que al hacerlo se liberan de las cosas malas del año que termina. Hay quién cree de manera errónea que de ahí viene la expresión “tirar la casa por la ventana”, que es de origen español y tiene que ver con la lotería: los agraciados con premios gordos, ya desde el siglo XIX, tiraban todas sus cosas por la ventana a fin de comenzar una nueva vida. Sin embargo, todo está relacionado entre sí.
            Llegar al 31 de diciembre de cada año supone, de algún modo, haber terminado ese recuento de lo que ha sido el año y tener claros los propósitos para el año nuevo, que apenas se encuentra ya en ese momento a unas pocas horas. Hay quien hace su análisis en términos de éxitos y fracasos y quien lo lleva a cabo en relación a los objetivos que se marcó para los doce meses anteriores. Quien ve el vaso medio lleno y quien lo ve medio vacío. Quien se lame más que nunca sus heridas en estos días y quien los vive con aparente indiferencia.
            Diciembre tiene esas cosas: Por ejemplo, las listas –de mejores libros, películas, fallecidos…– que, a veces, nos sobresaturan incluso llegando en no pocas ocasiones a ser hasta ridículas. Pero las necesitamos y nos sentiríamos extraños si no las hubiera. Como la Navidad y el fin de año comienzan, por mor de la sociedad consumista que vivimos, cada vez antes, nadie debería sorprenderse que lleguemos a conocer listas de resumen del año que comiencen en octubre, con cientos de destacados, y en las que nunca apareceremos nosotros, por mucha expectativa que pongamos en el asunto, ni aunque hayamos publicado una novela de campanillas. El mundo está así, y así debemos aceptarlo. 
            Volviendo al 31 de diciembre, hay pocas tradiciones para este día como las lentejas. Esta legumbre simboliza muchas cosas. Por ejemplo, la abundancia, y en muchas regiones del mundo. Las lentejas tienen mucha historia. En la cultura judía, en las cenas de duelo de la víspera del ayuno del Ab, aniversario de la destrucción de los dos templos, son imprescindibles. Esaú, hijo mayor de Isaac y de Rebeca, vendió a su hermano Jacob su primogenitura por un plato de lentejas –de ahí viene la expresión “venderse por un plato de lentejas”–, como nos cuenta el primer libro de la Biblia, el Génesis. Los antiguos egipcios y los griegos comían lentejas en los rituales funerarios al creer que este guiso transformaba a los hombres en más alegres y confiados. 
            Se trata de un platillo caliente que combate con eficacia el frío, que es más ligero que el que se pueda cocinar con cualquier otra legumbre, que es muy barato y que en Italia es tradición comer junto a las uvas a medianoche. 
            La primera vez que comí lentejas en Nochevieja fue en Venecia en la madrugada del 31 de diciembre de 1983 al 1 de enero de 1984. Fue entonces que descubrí esa costumbre italiana y la sumé a mis hábitos. Desde entonces, en muchas ocasiones en esta misma fecha me he hecho mi estofado, como hoy lo haré.
            Ya lo tengo todo preparado: Un cuarto de kilo de lentejas, una patata, un chorizo rojo, unos trozos de tocino blanco y otros de jamón curado, un tomate, varias hojas de laurel, una cebolla, una zanahoria, dos dientes de ajo, pimentón dulce, pimienta negra, orégano, comino molido y, como es natural, la sal gruesa y el aceite de oliva. Todo tiene su razón de ser.
            Remojaré las lentejas con agua fría por un ratito, no más de media hora. Pelaré, lavaré y cortaré la patata y la zanahoria, aquella en trozos grandes y ésta en rodajas. La haré unos leves cortes al tomate, que debe ser maduro, y también lavaré solo con agua el chorizo –y lo trocearé–, el ajo y el laurel. Pondré la olla a fuego lento con un fondo de aceite de oliva. Agregaré el pimentón. Esperaré a que se caliente, momento en el cual llenaré la olla de agua. Echaré las lentejas, los trozos de patata y zanahoria, el tomate, la cebolla, los dientes de ajo, el tocino, el jamón, el chorizo, un par de pellizcos de pimienta negra entera y pimienta negra partida, un pellizquito de orégano y otro de comino molido, el laurel y, por último, un puñadito de sal. Taparé la olla y dejaré que se vaya haciendo. No hay que remover. Los buenos platos no merecen ser mareados. Lo importante es que haga ‘chup, chup’ –esto es, que nunca hierva–. En unas tres horas tendré mi estofado, siempre a fuego lento. Al terminar, lo dejaré reposar y esta noche será mi delicia.
            Quedan todos invitados. Buen provecho. Feliz año nuevo.
 Ya tengo las lentejas en casa, aún en su envoltorio, y las prepararé enseguida.
Fotografía: ©M. P.-P., 2021 (casi 2022).

*Sobre el autor:

Manuel Pérez-Petit

Editor, escritor y gestor cultural

Sevilla, España, 1967.

Periodista de carrera, lo dejó todo para dedicarse profesionalmente a la gestión cultural y el mundo editorial hace 15 años. En 2010 se trasladó a México, fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido diversos proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano en los siguientes años y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (BICU), de Bluefields, Nicaragua. La biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre desde 2011. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, enfocada en la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de espacios de lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa, su obra ha sido publicada, antología o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano.