Voces ensortijadas. 285. Volver a casa. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

Volver a casa

Ximena tenía preparadas las actividades que realizaría durante la semana, algunas estaban anotadas en su agenda impresa, otras en el celular y un par más en su mente. Normalmente le gustaba tener organizado qué haría en su día a día, eso le generaba una sensación de más tranquilidad.


Las actividades incluían, además de lo concerniente a su jornada laboral, salidas con amistades, iniciar la travesía de hacer ejercicio, conocer un nuevo restaurante, visitar exposiciones fotográficas, ir a un concierto musical y a un recital de poesía donde participaba uno de sus primos.
Al inicio de la semana todo parecía ir de acuerdo a lo anotado en su agenda, al menos en el ámbito laboral, pero por la tarde el panorama cambió. La salida con sus amistades se canceló unos minutos antes de la hora fijada.


Después de haberlo pensado mucho, Ximena había elegido correr como deporte por los beneficios cardiovasculares, pero también para reducir su estrés y fortalecer su salud mental, sin embargo, el día martes sus compañeros del trabajo, quienes la invitaron a practicar este deporte y que le darían unas recomendaciones de cómo iniciarlo, le pospusieron la salida.


Como si fuera una especie de cascada, todo lo planeado y anotado en su agenda se fue cayendo. En pleno ombligo de semana y con el ánimo un poco bajo Ximena decidió que por la tarde iría sola al nuevo restaurante que quería conocer. La lluvia acompañó la tarde del miércoles y no precisamente como llovizna sino con un fuerte torrencial. Ximena decidió quedarse en casa.


En el corazón de Ximena se mezclaban tristeza, desánimo y un poco de enojo, le gustaba tener organizado el tiempo de lo que haría. Ahora su agenda vespertina estaba libre y no sabía bien qué hacer. Soltó el llanto contenido, luego se tranquilizó. Fue a buscar una vela aromática que le había obsequiado Rita, una de sus vecinas. Prendió la vela. El aroma a vainilla era delicioso, invadió la pequeña salita donde estaba.


Ximena se sentó en el piso, observó la flamita de la vela por largo rato. Por un instante le pasó la idea de escuchar algo de música, prefirió quedarse en silencio. Respiró profundo varias veces hasta quedarse escuchando los latidos de su corazón, sin dejar de contemplar la flamita. Se percató que los sentimientos que tenía antes del llanto se habían esparcido. El fueguito de la vela le dio una sensación de paz, muy grata.


Tenía rato de no estar sola y disfrutar de su compañía. Varias preguntas le fueron llegando. ¿Acaso se ponía actividades diversas para escapar de sí misma? ¿Cuánto tiempo tenía de no escuchar los latidos de su corazón? ¿Todo se había acomodado para que esa tarde tuviera una cita con ella? Entonces, no había motivos para sentirse molesta, ni triste, ni desanimada. Más bien había que aprender a soltar, a fluir y a vivir cada momento.
Respiró profundo, en más de una ocasión. Agradeció lo que estaba sucediendo, era una especie de regalo que le había permitido volver a casa, a Ximena, a ella.

 

Fotografía: MGLS

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 284. Errancias y encuentros. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez


Errancias y encuentros

En memoria de
José Luis Quintero Carrillo, colega.

Se despide el mes de junio, desde el sureste chiapaneco hemos tenido constantes lluvias. Las tardes se acompañan de fuertes lloviznas que persisten durante la noche y nos arrullan hasta el alba. La lluvia mueve y va limpiando el ambiente, también nos mueve internamente. Ese movimiento puede evocar alegría, nostalgia, conectar con la tristeza, la esperanza o la gratitud a la vida.


Este último sábado de junio mientras escribo estas líneas, conecto con la nostalgia y la gratitud, con el recordar que somos instantes en el universo. Dedico este texto a mi colega José Luis Quintero Carrillo, académico de la Universidad Autónoma de Nayarit, quien ha trascendido en el plano físico. Tuve la oportunidad de conocerlo en noviembre del año 2023, en el II Coloquio Internacional Sociedad, Cultura y Lenguaje, al que nos invitó Andrés Arias, colega de la misma universidad. Percibí a José Luis como una persona dinámica, amable, atenta, profesional y muy querida por la comunidad universitaria. No me equivoqué. Tuvimos poca interacción durante el Coloquio.


Entre los obsequios que para mí son muy valiosos son los libros; en el Coloquio nos obsequiaron la obra Errancias. Un construcción polifónica de la identidad, cuyo autor es José Luis Quintero Carrillo. Desde que tuve el libro en mis manos atrapó mi atención el nombre, el diseño, el contenido, el arte al exterior e interior. Lo visualicé también como un material que podría emplear con fin didáctico para los grupos con quienes doy clases.


Conecté con los contenidos, con su lenguaje, textos que son resultado de una selección que hizo José Luis de una columna periodística de su autoría escrita entre 2005 y 2012, acompañada por la interpretación gráfica que incluye el libro. Errancias tiene seis recorridos en su interior, a propuesta del autor: sangre raíz, arrebatos, palabra esquiva, crujidos, los días vencidos, del humor y otros demonios. Comparto un breve fragmento de la  introducción de la obra:


“Antes de continuar , considero mi deber hacerte una doble advertencia, querido lector. La primera es que escribo estas líneas desde mi triple alteridad –me llaman José Luis, pero Pepino dice que soy Tolito –, de manera que apelo a tu complicidad y atenta lectura. La segunda advertencia –no menos importante– es que estas letras no intentan convencerte de nada, ni a ti ni a nadie… En el fondo, lo que intento es reflexionar sobe el universo que habito en relación con dos conceptos que han estado presentes a lo largo de mi vida: la multiplicidad y la fragmentariedad, como una forma de dotar de sentido a la existencia, si alguno tiene” (Quintero, 2022, pp. 17-18).


Me traje el libro Errancias a Chiapas, no solo para la lectura personal, sino para compartir con grupos de la licenciatura en Comunicación Intercultural, con quienes doy clases. En las actividades les propuse elegir algunos textos; recuerdo que leímos: Hacer la casa, Morir de amor y Nostalgia de la ausencia. En algunos momentos hubo instantes de silencio, ése que se genera cuando los temas conectan con el corazón y se hacen nudos en la garganta.


El año pasado tuve la posibilidad de estar más en contacto con José Luis, a través de la red académica tejida con Andrés. Fue grato trabajar con José Luis en un tribunal de tesis doctoral, siempre le agradeceré la oportunidad de invitarme y confiar en mi trabajo. Le compartí que habíamos leído textos de Errancias con estudiantes, le dio mucho gusto y lo agradeció. Quedó en la lista de pendientes – por nuestra agenda académica llena de actividades – esa invitación a una charla virtual para que de propia voz leyera sus textos, así como concretar otras actividades de investigación.


“Si sopla el viento a favor – esto es, si las circunstancias del viaje lo permiten —, tal vez nos encontremos en algún cruce de caminos o a bordo del mismo tren, como parte de esa misteriosa y mágica complicidad que se establece entre las experiencias y los sentimientos compartidos del lector y el autor. Feliz viaje”  (Quintero, 2022, p. 24.).
Estas líneas son de gratitud por la oportunidad de coincidir con José Luis, entre errancias y encuentros las letras también nos unen. Feliz viaje Tolito.

 

 

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas. 283. Entre lluvia y emociones. María Gabriela López Suárez

 

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez


Entre lluvia y emociones

La tarde del viernes 20 de junio de 2025 será inolvidable, por muchos motivos. Entre ellos, porque ese día estaba agendada la presentación de la antología 1 Voces ensortijadas, 2020-2021, de mi autoría en la Casa de la Cultura Luis Alaminos Guerrero, en mi querida Tuxtla Gutiérrez.

Después de las dos de la tarde, el cielo comenzó a dar señales de que llovería fuerte, sin embargo, la llovizna se detenía y luego reanudaba. Finalmente, decidí salir rumbo a la Casa de la Cultura para estar en tiempo y que no me sorprendiera la lluvia. La llovizna se convirtió de un momento a otro en lluvia torrencial, lo que me hizo detenerme, justo a mitad del camino.

Para mi sorpresa no pude cruzar la calle, el nivel del agua comenzaba a subir. Así que en compañía de otras personas, nos guarecimos en un comercio local. Llamó mi atención la cantidad de agua que se juntó en tan poco tiempo, fluyendo sin cesar, formando ondas y pequeños remolinos. Los relámpagos y rayos hicieron presencia con toda su fuerza, en más de una ocasión cerré los ojos. Me sentía segura que estaba ubicada cerca de un lugar con pararrayos, aunque el estruendo de cada rayo me recordaba que son peligrosos.

Lejos de angustiarme me quedé contemplando el paisaje, en algún momento tenía que parar la lluvia y podría reanudar el paso. Así fue; continué con cuidado para no mojarme los zapatos, aunque no niego que me dieron ganas de cruzar las calles inundadas sin el menor temor, me contuvo el hecho de no llegar como una sopa al lugar de la presentación.
El que la obra se presentara en Tuxtla significa mucho para mí, he tenido la oportunidad de que se presente en otros municipios y estados de nuestro país, pero el terruño tiene ese sentir especial que me recuerda la conexión con el lugar en que una nace y pasa buena parte de la vida. Además algunos textos del contenido de la obra remiten a Tuxtla, su gente, su cultura, sus vivencias.

La presentación fue un espacio ameno; agradezco a la directora de la Casa de la Cultura, Gabriela Abarca por el espacio. Ella nos dio la bienvenida y nos presentó. Chary Gumeta, Damaris Disner, Delmar Penka compartieron la palabra y sus impresiones sobre la obra. Me siento muy agradecida y honrada por cada mensaje con el que resuenan. Destacaron la conexión de la obra con lo cotidiano, los elementos más simples que nos rodean y que pasan desapercibidos, la participación de las mujeres como protagonistas en varios de los relatos que contiene la antología y la importancia de la literatura en nuestro día a día, como manera de visibilizar temas como la lucha por los derechos de las mujeres y la reivindicación de la lengua y la cultura.

Al llegar mi turno de compartir la palabra me ganó el sentir, me acordé de una charla donde conocí las estaciones del año según el pueblo Nasa, en el departamento del Cauca en Colombia; nací en una estación donde su elemento es aguacero suave, evoca a la sensibilidad. Pero el cobijamiento y el sentirme en confianza me permitió continuar y comentar mi experiencia, así como leer algunos de los textos.

Agradezco al público que se dio el espacio para acompañarnos, la lluvia no fue el impedimento. Y a quienes no pudieron estar físicamente pero estuvieron desde el corazón. Me alegra la asistencia de la familia no solo biológica sino la que se va entretejiendo a lo largo de la vida, de las experiencias laborales, académicas, de la amistad. Así como también que el público en general se interese por asistir a estas actividades culturales que se organizan y nos recuerdan que, a pesar de todas las vicisitudes, las artes son un hermoso aliciente para continuar el caminar. Otro momento bello fue que el público participara con sus comentarios.

Esa tarde noche, mi corazón se regocijó, entre lluvia y emociones, además del regalo que dejó una fuerte lluvia, entre el olor a tierra mojada, la frescura, la limpieza del ambiente y la esperanza para el corazón.

 

Fotografía: Cortesía de la Casa de la cultura de Tuxtla Gutiérrez

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 282. Emprender el vuelo. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

Emprender el vuelo

Leonor miró su reloj, ya no le daría tiempo de ir a comer a casa. Recordó que su amigo Efrén le recomendó una cafetería-restaurante que estaba cerca del lugar donde ambos trabajaban.

Hizo memoria para acordarse de la ruta, el Google maps la ayudó. Al llegar al lugar observó que había muchos comensales. Se formó en la fila de espera. No demoró para que la atendieran. Le asignaron una mesa en la esquina, ahí tenía vista a una de las avenidas principales. Se acomodó y mientras le tomaron la orden prestó atención al paisaje que le permitía contemplar el ventanal.

Llamaron su atención varios elementos, la cantidad de perros que sacaban a pasear, el incesante tráfico vehicular y de caminantes de a pie, también el relajante vaivén de las ramas de los árboles mecidas por el viento. Sin embargo, lo que más atrapó su atención fue que en la parte alta de un poste de luz posaba una paloma que no dejaba de moverse, sin por ello perder el equilibrio en la base. Permaneció allí varios minutos.

Una mesera le tomó la orden a Leonor, le llevaron pronto sus alimentos y mientras ella los degustaba siguió contemplando a la paloma. En menos de lo que imaginó, emprendió el vuelo. En tanto volaba, como por arte de magia, ya se había hecho presente otra paloma, en el mismo espacio. A diferencia de la anterior, ésta permanecía inmóvil, como resguardándose del viento. A Leonor le pareció que era como cuando una persona quiere volver a su centro, se detiene, hace pausas, se escucha, permanece ahí hasta que siente que retomó su eje y está lista para continuar el ritmo en su vida. La paloma siguió ahí un momento más, luego alzó el vuelo. Leonor la siguió con la mirada hasta que la perdió de vista. 

Ninguna paloma más llegó a posarse en el poste, mientras Leonor terminaba de comer. El paisaje otoñal del cielo era bello, Leonor lo contempló con mucho gusto, al tiempo que pensaba que emprender el vuelo en la vida es una tarea importante; cada quien lo hace a su tiempo. Una de las cosas esenciales para este emprendimiento es estar preparada para lo que conlleva eso y disfrutarlo.

Terminó su postre. Era hora de regresar al trabajo.

 

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 281. Caminar sobre la lluvia. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Erik Blanc: https://www.pexels.com/photo/a-hanging-umbrellas-on-the-street-12925374/

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez

Caminar sobre la lluvia

El caer de la lluvia se escuchó. Sara se asomó a una de las ventanas de su casa. Observó que aún llovía. Recordó que tenía pendiente comprar la despensa de la casa; ella se había propuesto a hacerlo en esa semana. Normalmente se solía organizar con Raúl, su esposo, para alternarse en las compras en cada quincena.

–De haber sabido que tocaría lluvia en esta semana le cambio el turno a Raúl. Ahora estamos a mitad de semana y ya quedan pocas cosas en la despensa. Voy a salir, con todo y lluvia –señaló para sí.

Se preparó no solo mentalmente sino también se puso sus botas para lluvia, un rompevientos y su paraguas. Antes de salir revisó llevar la lista del mandado.
A Sara le gustaba caminar, lo disfrutaba, cuando llovía no le resultaba tan grato. Sin embargo, para su gran sorpresa la lluvia había aminorado.

Comenzó la travesía. Decidió ir al supermercado por la ruta de costumbre. Se percató que había varias cosas distintas. En primer lugar, alzó la vista al cielo y lo encontró más limpio; observó que las montañas que rodeaban a la ciudad donde vivía estaban hermosas, el verde oscuro resaltaba y le daba un toque mágico a la atmósfera.

Como segundo hallazgo, identifico que las calles estaban un poco vacías, había pocos autos y los rastros del agua se asomaban en diversas formas. Identificó muchos espejos de agua, como Sara solía llamar a los charcos que se formaban. A su paso fue observando el reflejo de edificios, árboles, palomas, jardineras en los distintos espejos de agua.De pronto, se dio cuenta de que iba caminando de manera pausada, disfrutando del recorrido, lo que en un principio le había causado incertidumbre, ahora le provocaba regocijo. Contempló su figura con el paraguas, escuchó con detenimiento la llovizna que aún persistía y el sonido de sus botas al pasar por los charcos formados.

A su alrededor pasó poca gente, algunas personas iban con paraguas, otras se cubrían con impermeables improvisados con bolsas de plástico de color negro. También se dejaron ver paraguas en colores fluorescentes que figuraban como pequeños detalles en la tarde gris. Y los vendedores de paraguas también se hicieron presentes.

Sara se detuvo un instante, su rostro hizo un leve giro de 180 grados para contemplar el paisaje. Sonrió, se sintió agradecida de caminar bajo la lluvia. Una lluvia que no solo había refrescado la tierra, regado las plantas, limpiado los techos y las calles, sino también le había dado el regalo de deleitarse con ella, de ofrecer la paz que el ajetreo cotidiano hace olvidar. Caminó un poco más y llegó a su destino para surtir la despensa de casa.

 

Fotografía: Erik Blanc: https://www.pexels.com/photo/a-hanging-umbrellas-on-the-street-12925374/
Fotografía: Erik Blanc: https://www.pexels.com/photo/a-hanging-umbrellas-on-the-street-12925374/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 280. Entre sonidos, aromas, colores y sabores. María Gabriela López Suárez

Fotografìa: Armando Belsoj: https://www.pexels.com/photo/mercado-hidalgo-27797628/

Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

Entre sonidos, aromas, colores y sabores

La alarma del despertador sonó a las 7 de la mañana, aunque era sábado Julieta tenía que levantarse temprano para ayudar en casa y avanzar con sus pendientes personales. Quiso quedarse unos minutos más en cama pero prefirió no hacerlo e iniciar con su día. El canto de los pájaros fue uno de sus estímulos.

El ambiente en casa era muy tranquilo, aparte de ella nadie más se había levantado. Fue a la cocina, se preparó un licuado de mango y luego se puso a ordenar su cuarto. La actividad no le llevó más de una hora, así que después de eso se dio un baño. El agua la ayudó para que terminara de despertarse.

Se asomó frente al espejo que tenía en el cuarto, comenzó a peinarse y observó que sus mechones en tono  morado estaban ya por desaparecer. Le faltaba darse un retoque o teñirse el cabello; buscó en sus productos de belleza y no halló ningún tinte. Así que la compra se sumó a su lista de actividades.

Era alrededor de las 8:40 de la mañana cuando se escuchó movimiento en la cocina de la casa, Julieta se asomó, era su papá que estaba revisando qué les prepararía para el desayuno. Se encontraba en un dilema, entre chilaquiles rojos con pollo o huevos a la mexicana. A Julieta le gustaban ambos, así que no tenía predilección por alguno.

El resto de la familia no tardó en despertar, así que antes de las 10 de la mañana ya habían desayunado y Julieta estaba lista para ir a hacer sus pendientes.

—Juli, aprovechando que pasarás por el mercado, por favor, te encargo me compres unas frutas y un ramo de flores —dijo doña Roselia, mamá de Julieta.

—¿Alguna fruta y flor en particular? —preguntó Julieta.

Una vez aclarado el pedido, Julieta partió a hacer los mandados. Iba muy entretenida pensando en qué tono se teñiría el cabello, castaño almendra, azul, cobrizo, rojo. En menos de lo que se imaginó ya estaba en la tienda revisando las tonalidades. Rojo oscuro fue la elección. Su rostro dibujó una sonrisa de oreja a oreja, imaginando cómo se vería con ese color de cabello. Además se compró un par de ballerinas en tonos fluorescentes.

Acto seguido, se encaminó por los pedidos de doña Roselia. Cruzó un par de calles y alcanzó a percibir el murmullo de la gente que estaba haciendo compras y de la que vendía: ¿Qué va a llevar marchanta? ¡Pásele por aquí güerita! ¿Quiere probar el quesillo? ¿Cuánto cuestan los dulces? Me da una medida de mangos. La voz de Julieta también se integró a estas expresiones, ¿dónde puedo encontrar flores? La respuesta fue inmediata: de aquel lado chula, ahí están los manojos.

El mercado era un espacio de encuentros entre mucha gente, pero además de eso prevalecían algunos elementos que llamaron la atención de Julieta en ese espacio tan lleno de vitalidad y movimiento. Los encuentros no eran simples sino entre sonidos, aromas, colores y sabores, que sin duda, formaban parte del día a día y que muchas veces se pasa desapercibido.

—¿Solo eso marchantita? —dijo una señora a Julieta, al entregarle un manojo de flores de azucena.

—Sí, muchas gracias — respondió Julieta mientras disfrutaba el aroma de las flores que se mezclaba con el de guayabas y mangos de la vendimia cercana, cuyos colorido despertaba el apetito y qué decir, del aroma a café recién molido del puesto de al lado.

Julieta regresó a casa, no solo con los mandados realizados sino con el deleite del conjunto de sonidos, aromas, colores y sabores que había presenciado.

 

Fotografìa: Armando Belsoj: https://www.pexels.com/photo/mercado-hidalgo-27797628/
Fotografìa: Armando Belsoj: https://www.pexels.com/photo/mercado-hidalgo-27797628/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 279. Las noches en el terruño. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Mario Samuel Chavez Ceja: https://www.pexels.com/photo/blood-moon-in-the-dark-night-sky-12161289/

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez


Las noches en el terruño

Cada mes del año tiene su encanto especial, cada persona tiene su mes favorito. Mayo es de los meses que me gusta porque la temporada de lluvias —que tristemente cada año va teniendo más cambios — suele iniciar. El olor a tierra mojada es de los aromas más agradables para mí. Entre algunos motivos es porque me remonta a la infancia, a los días en que lo prioritario era el juego, así como esperar las vacaciones para que las amistades o familiares nos visitaran y las cálidas tardes eran acompañadas de la lluvia que las refrescaba. Luego, las familias solían salir a la calle, colocar sus sillas entretejidas o tipo mecedoras para conversar o simplemente tomar el aire.

A medida que Tuxtla Gutiérrez ha ido creciendo, no solo en población sino en tener más calles, más edificios, más autos, más puentes y menos árboles, menos espacios verdes, la dinámica en la vida cotidiana se ha modificado mucho. Aún con todos estos cambios los meses siguen teniendo sus detalles lindos.

Continuaré comentando que, en mayo además de las diversas celebraciones que hay, se pueden percibir conciertos matutinos muy gratos, parvadas de cotorros que contagian su algarabía por las mañanas y qué decir del canto de los zanates y de los cenzontles. En la temporada de lluvias la naturaleza cobra nueva vida, no solo reverdecen los árboles sino que también la fauna nos muestra su alegría.

Pero, ¿qué hay de los encantos en la noche? Es muy curioso que mientras en varias partes de la ciudad está la bulla del tráfico, las plazas comerciales, los negocios, los restaurantes, hay otros espacios que nos recuerdan la bella vida nocturna de la naturaleza. Algunos de estos espacios los encontramos en los andadores del Río Sabinal.

Hace algunos días mientras caminaba en uno de los andadores, cobijado por un frondoso árbol de ceiba, un árbol de guaya y otro de guayaba, escuché el tímido canto de unos grillitos. Digo tímido porque no se escuchaba tan fuerte, quizá por la presencia de quienes pasamos por ahí. A lo lejos, otro sonido llamó mi atención, me detuve un momento y alcancé a escuchar un paisaje sonoro que tenía bastante tiempo de no contemplar, el canto de los sapos.

¿Han escuchado este canto? Es bastante potente, se genera también como una especie de eco que se convierte en una melodía que, sin duda, arrulla en la noche. Este canto fue un bello regalo, me recordó la importancia de disfrutar que las noches en el terruño son bellas en cada época del año, solo hay que salirse un poquito de lo rutinario y darnos la oportunidad de prestar atención a lo que nos rodea en la naturaleza.

Fotografía: Mario Samuel  Chavez Ceja: https://www.pexels.com/photo/blood-moon-in-the-dark-night-sky-12161289/
Fotografía: Mario Samuel Chavez Ceja: https://www.pexels.com/photo/blood-moon-in-the-dark-night-sky-12161289/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 278. Cruzar el puente. María Gabriela López Suárez

Fotografía: María Gabriela López Suárez.

Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez
Cruzar el puente

Esa cálida tarde de verano Tina se sentía a punto de desfallecer, el calor era sofocante, alrededor de los 41 grados centígrados. Estaba en casa, en espera de que Gina y Óscar, dos de sus amistades en la universidad que ahora vivían en otro estado, le hicieran una videollamada. Antes de revisar el celular para ver a qué hora habían quedado de platicar, se dirigió a la cocina para prepararse un suero casero.
Se sirvió el suero y se fue al pequeño jardín que tenía en casa. Las flores que había en diversas maceteras eran una especie de oasis en su hogar, tenerlas no solo le generaba paz sino también un agradable aroma. Esa tarde decidió degustar su suero sentada, cerca de sus maceteras, donde colocó un pequeño banco. Revisó el celular y confirmó que faltaba un par de horas para el encuentro en línea con sus amistades. Respiró con tranquilidad.
Terminó el suero, se sintió mejor. Alcanzó a percibir el aroma de sus flores, sobresalía el de un pequeño rosal que le había obsequiado su tía Inés. Observó las flores que había en sus maceteras, todas eran bellas; cada una tenía una historia particular de cómo habían llegado a su casa. No pudo evitar traer a la mente las travesías que hay en la vida, para ella eran como cruzar un puente.
Tina tenía muy presente todas las odiseas que habían vivido en su familia y ella, de manera particular, al cruzar distintos puentes, en distintos lugares; puentes colgantes, de madera, metálicos, puentes solitarios y con mucha gente. Los aprendizajes, sin duda, eran muchos; primero, el valor de animarse a cruzar el puente. Otro era el no desistir para llegar al destino y cruzar de regreso. Un tercer aprendizaje era disfrutar de contemplar el paisaje, a pesar de las alturas, valía la pena detenerse un momento, observar y continuar el paso; de la mano con el anterior era el dominio de los miedos. Y uno de los aprendizajes más importantes era el acompañamiento en la travesía de cruzar el puente. Indudablemente que cuando se cruzaba un puente no era un acto aislado, requería el valor y el ánimo individual, pero también el acompañamiento colectivo a quien se anima a hacer el recorrido, de echarle porras en el tránsito, de generarle confianza, empatía, amistad, cariño. Es decir, la certeza de que no se está sola, solo; de esa forma cruzar el puente se torna en una aventura inolvidable, que dan ganas de repetir nuevamente y de animar a otras personas a cruzarlo.
Se escuchó sonar el teléfono celular. Verificó quién era, le llamaba su tía Inés. Había olvidado que su tía le entregaría una maceta con helechos.
—¡Hola Tinita! ¿Cómo estás hija? ¿Qué estás haciendo?
—Linda tarde tía Inesita, aquí nomás, recordando los puentes que hemos cruzado. ¿Te acuerdas cuándo fuimos a Camécuaro?

Fotografía: María Gabriela López Suárez.
Fotografía: María Gabriela López Suárez.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 277. El jardín en la casa. María Gabriela López Suárez

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

El jardín en la casa

Romina y su familia iban de visita a la casa de la tía Genoveva, la menor de las tías abuelas que tenían. Era la primera ocasión que Romina viajaba para visitar a la tía. Doña Genoveva vivía en otro estado, solía llegar a visitar a la familia de Romina pero, por su avanzada edad, cada vez lo hacía con menos frecuencia.

La travesía del viaje en carretera para llegar a la casa de la tía estuvo llena de experiencias, para Romina la mayoría fueron divertidas, para su mamá, papá y hermanos no lo eran tanto. Por ejemplo, como Romina era la menor, 11 años, no le tocaba cargar las maletas más pesadas, solo llevaba su pequeña mochila, una almohadita y sus inolvidables audífonos. Dormitó la mayor parte del tiempo, lo que la libró de sentir el efecto que causan las múltiples curvas en el camino. No se percató de un gran lapso de espera por un tramo de reparación en la carretera. De tal forma que cuando despertó ya faltaba poco tiempo para llegar a su destino. El viaje había sido largo, casi 15 horas de camino.

En la terminal de camiones los esperaba el tío Rafa, hijo de doña Genoveva, quien los recibió con mucho cariño y los llevó a la casa de su mamá. Romina observaba con atención el paisaje que iban pasando, como queriendo captar al máximo esas imágenes que eran nuevas para ella. Le llamó la atención ver que había árboles que ya conocía, eran como los de su pueblo. Por su mente pasaron varias ideas: ¿cómo un lugar tan distante puede tener árboles similares? ¿Será que el clima de este lugar es como el de mi pueblito? ¿Quién será la primera persona que sembró estos árboles?

Mientras seguían rumbo a la casa de la tía, Romina siguió atenta viendo los árboles, las flores en los camellones, recordó a su abuelita Luz, amaba la naturaleza. Tenía poco tiempo de haber fallecido. La extrañaba. Ya quería ver a la tía Geno y darle muchos abrazos y besos, sería como dárselos a la abuelita Luz. 

El coche del tío Rafa se detuvo, 

—Bueno familia, hemos llegado, mi mamá ya los espera. Pasen, pasen.

Romina observó la fachada de la casa, le pareció muy linda, una puerta antigua, de color madera natural y una campanita afuera con un listón, ¿sería acaso el timbre? Se acercó despacito, hasta que llegó con toda la intención de jalar el listón y hacerla sonar.  De pronto se sintió descubierta.

—Hija, puedes hacer sonar la campana, para que alguien nos abra —señaló el tío Rafa.

Romina se sintió delatada, pero se le olvidó de inmediato y no se hizo del rogar.

—¡Sí tío! —respondió, mientras jalaba con fuerza la campana.

—¡Ya voy, ya voy! Doña Geno, ya llegó su familia —se escuchó una voz femenina. 

La puerta se abrió. Bajaron el equipaje, tío Rafa fue el primero en pasar animando a la familia de Romina y a ella a hacer lo mismo. Romina se adelantó y vio venir a la tía Geno, ataviada con un bello vestido con flores azules y detalles de encaje blanco, apoyada en su bastón. Al fondo tenía como escenario un vistoso jardín. 

—¡Creatura, cómo has crecido! ¡Qué linda estás! —le dijo a Romina.

Romina apresuró el paso, caminó hacia ella con mucha alegría.

—¡Tía Geno, qué ganas tenía de verla! —exclamó Romina mientras la abrazaba con mucho cariño.

Detrás de Romina venía su familia, que también se sumó a saludar a la tía Geno. Romina sintió algo especial en esa casa, su corazón estaba contento. Buscó con la mirada hasta llegar al jardín, se acercó a él, había una variedad de flores y árboles como en casa de la abuelita Luz,  seguro que tía Geno lo cuidaba bastante. El jardín en la casa era un lugar no solo bonito sino que ahí se hacía presente la vida. Romina sintió que alguien se acercaba, era la tía Geno,

—¿Es hermoso, verdad Romi? Es mi  lugar favorito.

Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 276. El valor de las memorias. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.


Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez 

El valor de las memorias

El mes pasado se conmemoró el Día Mundial del Libro. No sé a ustedes, pero a mí, siempre me ha gustado tener contacto con los libros físicos. El poder palparlo, sentir sus hojas, percibir el olor a libro nuevo o ya con algunos años de creación; observar su diseño, su forma y por supuesto, leer el gran valor de su contenido. Y además de lo anterior -que no es poco-, algo muy importante, en lo que quizá no solemos poner atención, todo el camino que ha llevado cada libro para llegar a nuestras manos, desde el cómo surgió la idea creativa para  dar origen a la obra hasta su publicación e impresión. Sobre todo si es un proyecto autogestivo, hay más esfuerzo.

Cada que se presenta un libro y tengo la oportunidad de asistir, es para mí una lucecita de esperanza en este mundo donde la lectura tiene que incentivarse cada vez más. Hoy les compartiré sobre una obra que se presentó recientemente en San Cristóbal de Las Casas, me refiere al libro ¡Ya entendí compañera! Pequeñas memorias, de la autora Coni Suárez Aguilar, con prólogo de Jorge Santiago Santiago.  Cabe mencionar que ésta es la segunda presentación del libro, la primera fue en el marco del Encuentro de arte Rebel y Revel.

En esta ocasión la obra fue comentada por Liliana K’an, Delmar Penka y Estela Barco, como moderadora estuvo Magali Caballero. El escenario fue el Café restaurante Las Damián, un espacio acogedor, que dio cabida no solo al evento sino a las emociones que se vertieron en este compartir literario y de vida.

¡Ya entendí compañera! Es una obra con doce relatos, que tiene como eje central a la castilla, que cuestiona sobre esta resignificación del castellano que muchas veces se desprecia, se excluye y se considera inferior a quienes lo hablan. Las protagonistas de las historias son mujeres de pueblos mayenses de Chiapas, cada relato que Coni nos narra nos traslada a contextos no solo físicos sino históricos, políticos, socioculturales,  de luchas, de reivindicación de los derechos de las mujeres y a escenarios íntimos del día a día. Es importante enfatizar que son relatos basados en experiencias vividas por la autora en colectivo con otras compañeras.

Liliana K’an destacó en la obra de Coni, la importancia de los procesos de escucha a las mujeres, de visibilizar temas como violencia, discriminación, desigualdades y la castilla como un medio para comunicarse. Asimismo, lo señaló como un homenaje al linaje femenino.

Por su parte, Delmar Penka enfatizó que el libro es disruptivo y esperanzador, “un faro en la obscuridad”; que nos invita a situarnos en el conocimiento de las mujeres. Así como también, la castilla nos visibiliza las formas en que las mujeres hablan y usan para sí mismas.

Estela Barco señaló que la obra nos habla de la construcción de las autonomías de las mujeres; nos presenta los miedos a los que las mujeres se enfrentan a diario. Y a la vez es un libro que da esperanza, que nos invita a conocer y reconocer las luchas que han realizado las mujeres.

Magali Caballero, quien también estuvo a cargo de la edición de la obra, remarcó la importancia que tuvo la autora del libro, de la escucha a las mujeres y a sus contextos.

Posterior a los compartires de quienes comentaron la obra, Jorge Santiago señaló que el libro ¡Ya entendí compañera!, nos recuerda “la exposición del alma, escribir con el corazón, que es el corazón quien marca el ritmo, pone los colores y la intensidad”.

Coni nos deleitó con la lectura de uno de los relatos que más revuelo ha causado, Aunque se te afloje el calzón, cuya protagonista es una niña, Juanita.

Al final hubo un espacio para que quienes asistimos pudiéramos compartir la palabra sobre la obra. La presentación fue muy emotiva, no solo por los mensajes de cada comentarista, sino por lo que engloba la obra en sí, por el valor de las memorias que Coni recabó y que nos ha transmitido en esta escritura en castilla.  De ahí que hubo sonrisas, quiebres de voz, lágrimas de alegría, emoción y reconocimientos a todas las mujeres, no solo las de las historias relatadas, sino las que siguen en lucha cotidiana y las que aún no son visibilizadas.

Indudablemente la escritura nos une, nos permite conectarnos con otras, otros, otres y volver la mirada a el valor de las memorias, ésas que no siempre se pueden plasmar en los libros, porque se cuentan de manera verbal, a veces en tono bajito, otras con un tinte de pena, lo valioso es no olvidarlas y prestarles atención, ahí hay mucho de nuestra vida y nuestros linajes.

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.