Voces ensortijadas. 312. Uno menos. María Gabriela López Suárez

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 Voces ensortijadas  

Uno menos

María Gabriela López Suárez

A todos los árboles derribados para construir elefantes blancos.

Cerca de la colonia donde vivía Guillermina había un parque pequeño, lleno de vida, muchos árboles generaban el encanto del lugar. Ese parque era el espacio de diversos encuentros, para juego de las infancias, para caminar de las personas adultas mayores, para hacer ejercicio matutino o vespertino de personas jóvenes y adultas. Además de lo anterior, representaba un espacio importante para quienes deseaban estar en contacto con la naturaleza, en alguno de esos días donde se requiere respirar aire puro, soltar algún llanto contenido, recuperar energías y por supuesto, también era un espacio ideal para los encuentros amorosos.

La gente vecina de la colonia rumoraba que una empresa había anunciado su llegada y que parte del parque sería destruido, a cambio tendrían una placita comercial, eso a Guillermina le generaba sentimientos encontrados, impotencia, nostalgia, tristeza. Había convocado más de una ocasión a sus vecinas y vecinos más cercanos para organizarse y verificar si ese rumor era cierto y en el caso de que sí, para que propusieran alguna acción para evitarlo. Sin embargo, para su mayor desánimo la reunión no se había concretado, las personas estaban siempre ocupadas, tal parecía que el tema no fuera de gran importancia para ellas.

El miércoles, Guillermina salió de su casa por la mañana, eran las 6:30, como todos los días iba a hacer su rutina de correr algunas vueltas alrededor del parque. Iba a ponerse los audífonos al salir de casa cuando escuchó un ruido que le llamó la atención, parecía que había alguna máquina trabajando. Pensó que por fin habían llegado a reparar un par de calles que tenían meses que estaban casi intransitables por los baches que tenían. Se colocó los audífonos y eligió escuchar a Jarabe de palo.

Continuó su paso hacia el parque cuando, para su mayor sorpresa, se percató que el sonido que había escuchado era una máquina que había comenzado a excavar una parte del parque, y justo en ese momento estaba derribando las raíces de uno de los árboles que formaba parte de ese espacio habitado. Se quedó como petrificada imaginando el dolor que el árbol estaba sintiendo, vinieron a su mente tantas historias vividas en ese lugar, se le hicieron varios nudos en la garganta y las lágrimas no tardaron en asomarse. La impotencia la invadió, la tala de árboles había iniciado, comenzaba esa mañana con uno menos.

Guillermina dio vuelta, regresó a casa, intentaría llamar a sus vecinas y vecinos, mientras escuchaba a Jarabe de palo, déjame vivir libre, libre como el aire… me enseñaste a volar y ahora me cortas las alas…
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 311. El encanto del atardecer. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

El encanto del atardecer
María Gabriela López Suárez

El primer fin de semana del nuevo año había llegado. Nayeli comenzaba a sentir que el tiempo corría aprisa. Ese sábado la había despertado el jolgorio de una parvada de zanates que pasó por su casa. Era tal la algarabía que le contagió el ánimo de vislumbrar el primer sábado del año. En casa ya había movimiento, don Gerardo, su padre ya estaba regando las plantas que había en el patio y doña Gertrudis, su madre, acomodando las nuevas macetas que había comprado. De Romina y Genaro, su hermana y hermano, no había rastro todavía.

Nayeli saludó a doña Gertrudis y don Gerardo y les preguntó si apetecían desayunar tamales de los que preparaba doña Nati, para ir a comprarlos y de paso, ver si tenía arroz con leche. La propuesta les agradó, así que Nayeli se arregló para salir y en menos de 15 minutos ya estaba de vuelta con el pedido.
El tiempo fue transcurriendo entre los diversos menesteres de Nayeli, quien se alegró de haberse levantado temprano porque por la tarde iría a visitar a su amiga Juanita, estaba convaleciente de una cirugía y solo le había llamado por teléfono y enviado muchos mensajes.

Juanita era una de las mejores amigas de Nayeli, vivía en una ciudad cercana a donde radicaba Nayeli, el trayecto era alrededor de una hora. Así que antes de las cuatro de la tarde Nayeli ya estaba rumbo a la terminal. En el trayecto a la estación de camiones pasó por una tienda donde vendían frutas y flores, decidió comprar unas peras y unas gerberas de diversos colores. El carro partió puntual a las cuatro.

El camión iba con poco pasaje, Nayeli acomodó sus obsequios y se deleitó con la vista al paisaje, sobre todo cuando salieron a la carretera. La iluminación era tan bella y el cielo con su tono en azul claro, por un lado, y nubes difuminadas por el otro, que le parecieron justo los regalos del nuevo año para que la gente levantara la vista al cielo. El encanto del atardecer era tal que se preguntó: ¿cuántas personas estarían contemplando esa tarde? Sonrió para sí, sin saber la respuesta. Tenía la esperanza de que fueran muchas más que las que estaban atentas a las pantallas del celular o algún dispositivo electrónico. Volvió a sonreír porque justo sacó el celular de su bolso, tomó algunas fotos. Y como si alguien la estuviera interrogando dijo:

̶ Bueno, en mi caso, tomé el celular porque le mostraré las fotos a Juanita, seguro que le gustarán.

Enseguida guardó el celular. Sin apartar la vista hacia el horizonte, se quedó contemplando la colina que iban subiendo y el juego de sombras que hacía la luz con los coches que iban antes del camión. Ya estaba cerca de su destino.
Fotografía de Cris Ménlés: https://www.pexels.com/photo/vibrant-sunset-sky-over-akumal-mexico-29821809/
Fotografía de Cris Ménlés: https://www.pexels.com/photo/vibrant-sunset-sky-over-akumal-mexico-29821809/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 310. Entre gratitud y abrazos. María Gabriela López Suárez

La fotografía es de MGLS.
Voces ensortijadas  

Entre gratitud y abrazos
María Gabriela López Suárez

Al público lector de las Voces ensortijadas,
a Letras, idea y voz,
les deseo un año 2026 con amor, paz, gratitud y mucha lectura.




Esther repasó en su mente la lista de pendientes que tenía en las dos últimas semanas del año. Se quedó asombrada, tantas cosas por hacer, en tan poco tiempo. Casi le ganaba la desesperación sin siquiera haberse detenido a verificar si todo era necesario y qué tenía prioridad. En eso estaba cuando escuchó que tocaban la puerta de la casa con tal fuerza que parecía como el anuncio de alguna tragedia. Quien llamaba con tal angustia era Toñito, el hijo de doña Mónica, la señora que en la temporada decembrina hacía hojuelas y mandaba a preguntar si querían encargar tan delicioso postre, el mensajero era el pequeño de siete años.
̶ ¡Toñito, casi se me sale el corazón por esos toquidos tan fuertes! ¿Qué sucede? ¿Es el pedido de hojuelas? −preguntó Esther con voz firme y rostro serio.
̶ Disculpe, es que tengo prisa, ando preguntando en el mayor número de casas para decirle a mi mamá y pueda comprar los ingredientes. Ella quiere tener seguros los pedidos. ¿Van a querer hojuelas y cuántas? ̶ antes de que Esther respondiera observó que el niño sacó de una bolsita cangurera que llevaba, una pequeña libretita con un lapicero de igual tamaño; libreta en mano estaba atento y levantó la vista. Los ojos del niño se fijaron en los de Esther quien, sin dudar, pidió cien hojuelas. Las compartiría con su familia y algunas amistades. El rostro del niño dibujó una gran sonrisa.
̶ ¡Muchas gracias doña Esther! Ojalá que usted me traiga la suerte, como dice mi mamá, es el primer pedido que nos hacen.
̶ Verás que sí pedirán más hojuelas, Toñito, solo te sugiero que toques menos apresurado. Anda, ve con cuidado al cruzar las calles.
Esther observó al niño quien, con mucha seguridad, iba caminando, dirigiéndose a otras viviendas para continuar con su tarea. Ella volvió a lo suyo; retomó la idea de Toñito y buscó una libreta para anotar sus pendientes. Se sentó y antes de que le ganara la mente con la idea de que ya era tarde y aún no había abierto su papelería, decidió darse el tiempo para hacer la lista. Una vez terminada la tarea revisó a detalle y decidió llevar a cabo el primer pendiente.
Tomó un pequeño bolso, cerró la puerta, guardó sus llaves y salió a caminar a un parque cercano. Dio una vuelta completa al parque, que no era tan grande. Buscó una banca y se sentó. Observó las aves que se deleitaban volando de rama en rama entre los árboles. Contempló los rayos del sol que se filtraban a través de los huecos del follaje que cubría el parque. Se alegró la vista con las flores distintas que tenían las jardineras. Sintió el latir de su corazón. Había olvidado cuánto tiempo tenía de no agradecer en la vida, por cada día, por su salud, por su familia, por las amistades que siempre estaban presentes a través del tiempo y la distancia, por un techo y comida segura, por un nuevo año que culminaba, por darse ese instante para estar con ella y contemplando los regalos de la naturaleza, sin agobiarse por el tiempo.
Permaneció ahí alrededor de media hora, en ese intervalo de tiempo sintió la necesidad de darse un gran abrazo, se abrazó con mucho amor. Regresó contenta a casa, entre gratitud y abrazos había iniciado el primero de los pendientes de su lista, antes de culminar ese año.
La fotografía es de MGLS.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 309. Saber esperar. María Gabriela López Suárez

La fotografía es ee MGLS.
Voces ensortijadas  

Saber esperar
María Gabriela López Suárez

A todas, todos mis guías en la vida, gracias.


Eran las 5:30 de la tarde, don Augusto tenía cita médica con la dentista a las 6 de la tarde y Ernestina su hija mayor lo acompañaría. Después de la consulta médica irían a comprar la despensa y algunos obsequios que doña Rosalía, esposa de Augusto y madre de Ernestina, les había encargado para las piñatas que donaría en la posada de la cuadra donde vivían.

Llegaron al consultorio a las 5:45, había varias personas en la sala; se sentaron y comenzó la labor de la espera. Dieron las 6 de la tarde y aún no le tocaba el turno a don Augusto. Ernestina no dejaba de ver el reloj mientras se entretenía con el celular. El tiempo seguía su curso, 6:15 y no había movimiento de pacientes.

−¡Oye papá aún no has pasado y llevamos 15 minutos de retraso! ¿Quieres que pregunte qué pasó? −dijo Ernestina, en voz bajita y tono desesperado.

−No Tina, ten calma. No han de tardar en llamarme –fue la respuesta de don Augusto, mientras la abrazaba.

Como por acto de magia, al cabo de unos 5 minutos llamaron a turno a don Augusto. El rostro de Ernestina mostró un gesto de alivio. Siguió distraída con el celular mientras su papá estaba en la cita médica. Venía la segunda etapa de espera.

Eran las siete de la noche y Ernestina ya no hallaba sosiego ni con el celular. Decidió guardarlo en su bolsa. Observo a su alrededor, el único paciente que se había movido era su papá. La sala permanecía intacta con el resto de personas. Fijó bien su mirada, cuántos consultorios había ahí, solo el de la dentista. Es decir, que las 8 personas que aún estaban ahí, sin contar a ella, estaban por pasar a consulta.

Nuevamente hizo un repaso y empezó a deducir que había pacientes que como su papá iban acompañados. No toda la gente pasaría a cita. Eso le generó una especie de alivio. Pero de nuevo, le volvió la preocupación por el tiempo. La persona que estaba en la recepción era una chica como de unos 22 años. Estaba entretenida en la computadora y en una libreta de notas. Siguió observando qué hacía la gente para no desesperarse, algunas personas platicaban entre sí. Nadie tenía celular en mano, algo raro para ella. Su mirada se detuvo en un señor de edad mayor, alrededor de setenta años, estaba concentrado en la lectura. Ernestina tuvo curiosidad por saber qué libro leía. Se levantó despacito y dio unos pasos cerca de la silla del señor, pero no alcanzó a leer el título. Volvió a su lugar y siguió observando al señor, su rostro era sereno, nada lo desconcentraba de su lectura. Hasta alcanzó a percibir que su respiración era tranquila.

Volvió la mirada hacia ella, nunca había pensado que era importante saber esperar. La idea de llevar un libro le pareció magnífica. Ver al señor le había generado esa sensación de calma que tanto necesitaba en ese momento. Le vinieron varias preguntas a la mente, ¿era la lectura lo que generaba esa sensación de calma en el señor? ¿Era la experiencia del paso de los años? ¿Esperar era acaso una habilidad reservada solo para algunas personas? Respiró profundamente, deseo tener una revista con sopa de letras o crucigramas para llenar. Saber esperar le parecía todo un reto, pero quería aprender a enfrentarlo. En eso estaba que no se percató que su papá ya había salido y estaba pagando los honorarios en la recepción.

−¿Lista Tina? Ya nos vamos a hacer los pendientes −le dijo don Augusto con una gran sonrisa.

−Sí, vámonos papá, ya es hora −señaló ella, devolviendo la sonrisa, mientras volteaba a ver al señor, quería identificar el título del libro. Se quedó con la duda, el señor había pasado a cita después de don Augusto.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 308. Sé feliz, chiquilla. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

Sé feliz, chiquilla

María Gabriela López Suárez

En memoria de Pepe Verduzco. Gracias por tu amistad,
por siempre en mi corazón.



Rosario estaba tan concentrada haciendo labores de jardinería, en el patio de la casa de la tía Bertha, que no se percató de la llegada de Socorro, su prima adolescente. Tía Bertha había pedido a Rosario que le hiciera favor de cambiar la tierra a las macetas, que verificara por qué algunas de sus plantitas estaban tristes, o al menos así las veía ella.
La tía Bertha sabía que Rosarito, como le llamaba de cariño, amaba el cuidado de las plantas. En sus ratos libres de universitaria, solía estar apapachando sus flores, sus plantas medicinales y también las de su familia, cuando le pedían.
Socorro se asomó con cautela para no desconcentrar a Rosario, quien al verla la saludo con gran asombro.
̶ ¡Hola Socorro! Por poco me espantas niña. ¿Qué milagro que te veo por acá? ̶ dijo Rosario sin dejar de hacer su labor.
̶ ¡Hola primita! Pasé a saludar, vinimos a visitar a la tía Berthita. Te vi tan ocupada que me acerqué despacito para no distraerte. ¿Qué tanto haces con estas macetas?
̶ Cambio de tierra a las macetas y estoy encontrando hermosos regalos, la tía se pondrá feliz.
̶ ¿Dijiste regalos, Rosario? ¿En serio? ¿Cuáles, dónde? Yo quiero regalos, fíjate que estaba buscando unos súper tenis que quiero que me compren para Navidad.
Rosario escuchó con atención a Socorro, detuvo su labor un momento. Tomó con mucho cuidado un par de hijuelos de una planta de romero, los colocó sobre su mano y volvió el rostro dirigiendo su mirada a su prima. Le mostró los hijuelos, eran algunos de los regalos que había hallado y pondrían contenta a la tía Bertha. El rostro de Socorro mostró desconcierto, Rosario se dio cuenta. La invitó a que le ayudara a trasplantar esos hijuelos, buscaron unas macetas pequeñas y Socorro aprendió a sembrar plantas.
Mientras hacían esta labor Rosario le explicó a Socorro que los regalos en la vida no solo son materiales, le puso algunos ejemplos, contemplar el cielo con sus infinitos paisajes, sentir las caricias del viento, recibir y dar abrazos, tener salud, tener seres queridos, disfrutar de una linda plática con alguna amistad, escuchar el canto de las aves, respirar conscientemente.
Socorro escuchó con atención. Luego le mostró a Rosario si las plantitas habían quedado bien sembradas.
̶ Muchas gracias por tu ayuda Socorro, mira qué bonitas quedaron las nuevas plantitas. Se las mostraremos a tía Bertha. Pero antes de eso, quiero pedirte que recuerdes esta conversación de los regalos, los que nos dan la verdadera alegría. Siempre ten presente: sé feliz, chiquilla, lo material no llena el corazón.
Socorro no pudo articular palabras, sintió varios nudos en la garganta. Se acercó a Rosario y la abrazó fuerte. A lo lejos se asomó la tía Bertha, quien con paso lento avanzaba hacia ellas.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 307. La poesía nos une. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

La poesía nos une
María Gabriela López Suárez

A todas las generaciones, amantes de la poesía.

No recuerdo cuándo fue mi primer acercamiento a la poesía. Lo más probable fue en la educación formal; la educación en casa alimentó mi interés por la literatura de cuentos, leyendas, novelas. Lo que si tengo claro es que desde la secundaria me gustaba escribir, frases sueltas, reflexiones y en el bachillerato comencé a hacer intentos de poesía, con rimas.

Es en la etapa universitaria cuando de nuevo tuve acercamiento con la poesía; al ingresar a la licenciatura se ofertaron talleres distintos, los días sábados. No sabía por cuál decidirme, así que asistí a varios, uno cada sábado. Pasé por el de teatro, donde tuve debut y despedida. En mi primera sesión me tocó ser la protagonista de una historia, de espectadora pasé a actriz. No era lo mío. El segundo taller fue el de poesía; llevaba mi libreta con algunos textos escritos. El maestro era un experto en la materia, lo percibí también muy estricto. Escuché los comentarios que hacía al texto de otro chico, demoró bastante y a partir de eso decidí que no leería mis textos. No regresé al taller. Mi tercera opción fue periodismo y ahí es donde continué.

En la licenciatura tuvimos mucho acercamiento a la literatura, sobre todo novelas; Jaime Sabines fue uno de los poetas al que leímos y analizamos algunos de sus escritos. De nuevo estaba en contacto con la poesía. Muchos años después, ya en la vida laboral, escuchaba poesía ocasionalmente, en eventos culturales, casi como al azar.

Hace alrededor de tres años la poesía y yo nos volvimos a encontrar, de manera más constante, en distintos espacios, presenciales y virtuales. Si de algo estoy convencida es que no es fácil escribir poesía, de ahí que no escribo poemas. Sin embargo, en este nuevo encuentro me he deleitado con escuchar poesía. Una aliada fundamental ha sido la maestra Chary Gumeta, gestora cultural, poetisa, amante de las letras, a quien con mucho cariño agradezco hacerme partícipe de eventos donde la poesía se hace presente. Escucharla, así como a las voces de otras mujeres como Damaris Disner, Susy Bentzulul, Adriana del Carmen López Sántiz, Karen Liliana Pérez, Nadia Arce y varones como Risckobal Velasco, Marco Von Borstel, Roger Octavio Gómez, Rodrigo Tarabillo, Pedro Licona, por citar algunos ejemplos, me ha resultado no solo una experiencia grata sino una bella y cálida forma de reanimar el andar cotidiano, en este mundo tan ajetreado; la poesía brinda la manera de encontrarnos a través de las voces de otras personas.

Les invito a que cuando tengan la oportunidad de escuchar o leer poesía lo hagan. La poesía nos da la oportunidad de conocer otras miradas, de reconocernos en ellas, de recordar que en la diversidad hay puntos en común en nuestros terruños distintos y también de sentir cómo nuestro corazón late de emoción al conectar con los textos. De ahí que puedo decir que la poesía nos une. Sí, nos une y nos reúne. Es una valiosa y potente herramienta para conectar corazones, pensares y llevarnos a reflexiones sobre distintas temáticas importantes y que, por ende, forman parte de las realidades en que estamos inmersas.

Para cerrar comparto un poema de Rodrigo Tarabillo, poeta boliviano, a quien tuve la oportunidad de escuchar en días pasados en la XVII edición del Proyecto Posh:

Apolo
Y al terminar la canción
Volveré a ser
Un simple humano.
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 306. Esclava del tiempo. María Gabriela López Suárez

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Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez

Esclava del tiempo

A todas las mujeres, de todos los tiempos.

Como todos los miércoles, Martina revisó si todo estaba en orden antes de salir de casa. El refrigerio de Fernando, su hijo de 7 años, el desayuno de Enrique, su esposo y el de ella, en sus respectivas loncheras. A diferencia de ella, Enrique solía poner las alarmas en su dispositivo móvil para recordatorio de los pendientes que tenía. Ella prefería poner notas sobre el refrigerador, de tal forma que cada mañana y noche, antes de ir a dormir hacía los repasos y cambio de notas, en caso de ser necesario.

Respiró con alivio al ver que ya ponían salir de casa. Llamó a Fernando y terminó de acomodarle el uniforme de la escuela y el cabello. Enrique ya estaba haciendo lo suyo, sacando el coche para emprender el viaje.

Ese día le tocaba a Martina ser la conductora, se iban intercambiando días con Enrique. Pasó a dejar a Fernando a la escuela, posteriormente a su esposo y luego se dirigió a su trabajo. Revisó el reloj, estaba a buen tiempo para llegar a la oficina. Desde que la habían ascendido como Jefa de Departamento en la empresa donde laboraba, solía llegar a las 8:30 de la mañana, aunque su horario de entrada era a las 9. El ascenso significó mucho para ella profesionalmente, pero también le había implicado destinar más horas de su tiempo a las distintas labores que realizaba, no solo en la oficina sino en los demás roles que cumplía. Más de una vez se había planteado la pregunta si sucedía lo mismo con sus compañeros varones, jefes de área.

Llegó a su oficina, abrió la ventana que daba a la calle, prefería que el espacio se iluminara con luz natural, hasta donde fuera posible. Abrió la lonchera y sacó su termo para beber su café. Prendió la computadora y comenzó a verificar su agenda, la lista de actividades pendientes. Revisó su correo electrónico. Se acordó que tenía que desayunar, lo hice en un pequeño intermedio. Entre esas actividades y un par de reuniones se le fue el día.

Verificó la hora, tocaba ir por Fernando. Siempre le gustaba salir 20 minutos antes de las dos de la tarde, para llegar en tiempo y que el niño no esperara. Mientras iba a la escuela se acordó que no había comido su colación de frutas, la había preparado con tanto esmero. Su mente intentó justificar el acto, ¿en qué momento lo podría haber hecho con tantas actividades? El semáforo estaba en alto y Martina comenzó a observar a su alrededor, la gente en movimiento constante, ritmos acelerados, casi como ir en automático. Se percató que ella ni siquiera había puesto atención a cómo se veía el cielo a mitad de semana. El verde del semáforo detuvo su reflexión. Siguió el camino.

Llegó por Fernando, bajó del auto y fue a la entrada de la escuela. Pasó al área donde la niñez esperaba a las mamás y papás, saludó a las profesoras que estaban ahí y recibió a su hijo, quien con una gran sonrisa la esperaba. Tomó su mochila y se fueron al coche.

Camino a la oficina de Martina, Fernando platicó a su mamá que uno de los temas de sus clases había sido estar en contacto con la naturaleza. Y que hablaron de cuántos parques conocían en la ciudad. El niño dijo que tenía mucho tiempo que no iban al parque, que tenía ganas de ir. Ella se quedó en silencio, se le vino a la mente el itinerario de sus días, Fernando tenía razón, desde su ascenso laboral ella se había olvidado de darse espacio para las actividades más comunes que tenían sentido, plantear más convivencia con su familia y con ella misma.

La conversación con su hijo le hizo darse cuenta que se estaba convirtiendo en una esclava del tiempo y eso no le resultaba nada grato. No era justo para ella, ni para su familia. Volvió la mirada a Fernando, se topó con los ojos atentos y luminosos del niño, le dijo que esa noche durante la cena platicarían con Enrique para ponerse de acuerdo a qué parque irían cada fin de semana. La sonrisa de Enrique fue un apapacho a su corazón, continuó escuchándolo sobre los planes que preparaba para hacer en familia.
Photo by Antonio Miralles Andorra: https://www.pexels.com/photo/dramatic-interior-view-of-orsay-museum-clock-32603615/
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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 305. Atardecer en vuelo. María Gabriela López Suárez

Fotografía de MGLS:
Voces ensortijadas  
María Gabriela López Suárez

Atardecer en vuelo

Roberta revisó la hora, apenas y alcanzaba a llegar al aeropuerto. Sentía que el corazón estaba a punto de estallarle; iba en un taxi y había quedado atrapada en medio del tráfico de la gran ciudad. El conductor hacía su mejor esfuerzo para buscar rutas alternas, pero no había disponibles. Roberta respiró profundo, tratando de que la angustia no le ganara más y en su afán de llegar le alzara la voz al conductor.

Ella revisó su aplicación de Google maps, buscó ubicación y decidió que pediría bajar, le faltaba alrededor de un par de cuadras largas para llegar al aeropuerto. Estaba consciente que le tocaba emprender una gran carrera fuera y dentro del aeropuerto. Pagó y se bajó del taxi, el conductor se disculpó, pero justo estaban en la hora pico de la tarde; ella agradeció el gesto y después comenzó a correr.

Se agradeció haber ido ligera de equipaje, eso le permitía desplazarse un poco más rápido. El tramo afuera del aeropuerto se le hizo eterno; tomó aire al llegar al aeropuerto. Descansó unos segundos mientras buscaba con atención el número de su vuelo en las pantallas. Sintió un gran alivió cuando leyó ‘vuelo en tiempo’. Se abrió pasó entre la muchedumbre de gente viajera y buscó la sala número 78. Llegó cuando faltaban cinco minutos para cerrar el vuelo.

Abordó, se sentó. Agradeció a su cuerpo el esfuerzo que había hecho para estar justo a tiempo. Sintió que le volvió el alma al cuerpo. Cerró los ojos, el corazón había regresado a su latido normal. No demoró para que el vuelo despegara. Estaba sentada al lado de la ventilla, así que decidió contemplar un rato el paisaje antes de dormitar. La puesta del sol se asomó pronto. Roberta se quedó pensando que cada atardecer, al igual que los distintos momentos en la vida, es irrepetible.

Como en una bella pintura, el azul se apreciaba degradado en sus distintas tonalidades, desde el más intenso hasta el tono más claro, además se fusionaba con un intenso color naranja y en la parte más alta se dejaba contemplar la luna, en forma de uña, como haciendo un guiño. Roberta permaneció observando hasta que el cielo se tornó oscuro. Respiró profundo, la carrera de la tarde había valido la pena para deleitarse con ese bello atardecer en vuelo. Sonrió y cerró sus ojos. Faltaba poco para llegar a casa.
Fotografía de MGLS:
Fotografía de MGLS:

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 304. ¡Atole de granillo! María Gabriela López Suárez

Foto de Brett Sayles: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-de-nubes-durante-el-dia-2121347/
Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez

¡Atole de granillo!

Lulú observó el cielo de la mañana de ese viernes, tenía tintes azules, bellísima tonalidad, acompañado de nubes ligeramente grisáceas que se arremolinaban y ocultaban la luz del sol que intentaba hacerse notar, a toda costa. Percibió el viento frío que formaba parte del clima, como un anuncio de la cercanía del invierno. Se sintió agradecida de estar abrigada; pensó en tantas personas y animales que están en situación de calle. El invierno es más crudo para ellas y la indiferencia ante esto, es peor.

Dio un sorbo a la taza de chocolate que había pedido. Degustó los trocitos de cardamomo que tenía su bebida. No recordaba cómo empezó a sentir el gusto por esa semilla. Lo que si tenía presente era que el sabor le encantaba.

Se acomodó en la silla desde el balcón de la cafetería donde se situaba; se había propuesto el reto de estar ahí. No era fan de las alturas, pero esa mañana le había apetecido apreciar desde otra perspectiva de la cafetería de la esquina, lugar a donde solía ir cada viernes a trabajar en línea.

Dejó a un lado la computadora y siguió contemplando el cielo, como si le pidiera mandarle inspiración para continuar con el informe que estaba redactando. Como una especie de respuesta a su petición, el cielo dejó ver nuevamente los tintes azules. Lulú sonrió para sí. Dio un último sorbo a su bebida de chocolate antes de continuar con su texto.

Los paisajes sonoros de adentro y fuera de la cafetería estaban presentes y le inspiraban, conversaciones, tintineo de tazas, cruce de peatones, el claxon de los coches, el sonido del semáforo, el sonido de sus dedos tecleando en la computadora, pero su corazón sintió gran emoción cuando escuchó la voz de una señora vendedora:

─¡Atole de granillo! ¡Atole de granillo!

Lulú buscó con la mirada, desde el balcón, y observó a la señora vendiendo atole. El llamado había surtido efecto; el frío matutino era el aliado. Varias personas se habían acercado a comprar la bebida, entre ellas Lulú, quien agradecía estar ahí en esa mañana.
Foto de Brett Sayles: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-de-nubes-durante-el-dia-2121347/
Foto de Brett Sayles: https://www.pexels.com/es-es/foto/foto-de-nubes-durante-el-dia-2121347/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, Sistema Estatal de Investigadores, la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.

Voces ensortijadas. 303. Entre mariposas y cipreses. María Gabriela López Suárez

Fotografía: María Gabriela López Suárez.
Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez

Entre mariposas y cipreses

Alba se despidió de sus colegas del trabajo, se colocó su pequeña mochila sobre la espalda y salió del edificio. Se percató que al bajar las escaleras había sentido más pesada la mochila, le pareció que era algo raro, el peso que llevaba cuando salió de casa para su oficina era el mismo que al regreso. ¿Acaso el cúmulo de pendientes que llevaba en la mente le ocasionaba esa sensación? Siguió caminando; mientras avanzaba con rumbo a casa intentaba hallar una explicación.

Llegó a la parada del transporte colectivo, el camión que tenía la ruta cercana a casa aún no aparecía; revisó su reloj, tendría que esperar unos 10 minutos más. De nuevo volvió a sentir la pesadez en la espalda. Deseo que hubiera una parada con una banquita para sentarse. Decidió ir caminando a casa, el clima era agradable. No había calor, ni sol intenso.

El ritmo de su paso no era rápido como en otras ocasiones, el peso en la espalda persistía. Asomó a su mente que en el trayecto a casa había un pequeño parque, rara vez pasaba por ahí. Siempre solía tomar otra ruta, era como una manera de huir de ese paraíso rodeado de edificios y viviendas, mucho asfalto.

Como si estuviera atraída por un imán, Alba avanzó a paso lento rumbo al parque. No demoró en llegar.

Apenas caminó unos metros cuando percibió una atmósfera distinta, el aroma a cipreses se dejó sentir. Con la mirada hizo un breve recorrido en busca de una banca donde sentarse. La descubrió de inmediato, se acercó a ella. Se quitó la mochila. La depositó sobre la banca. Enseguida sintió el descanso de la espalda. Buscó en la mochila su bote con agua, por suerte aún tenía un poco. Bebió enseguida, saboreando cada gota.

Lejos de seguir intentando hallar una explicación por el peso de la mochila y el dolor en la espalda, Alba alzó la vista y se dejó asombrar por lo alto de los árboles. Bajó la mirada, poco a poco y la vista se posó en la corteza. Eran árboles adultos, buscó las raíces y las halló sobre la tierra, como haciendo visible su resistencia. Se quedó contemplando el paisaje sonoro del parque, no tardó en percatarse que una hermosa mariposa amarilla se había posado sobre una rama de un árbol de ciprés. La observó hasta que emprendió el vuelo: luego identificó una mariposa más pequeña en tono naranja que revoloteaba a su alrededor, le siguieron muchas más en tonos blancos. Se quedó ahí alrededor de media hora. Entre mariposas y cipreses, Alba encontró una sensación de paz que no tenía desde hace tiempo. Se alegró de poder darse ese regalo. Retomó el camino a casa, se colocó la mochila. La espalda iba agradecida, el dolor había aminorado, la mente se había despejado y el corazón de Alba iba contento y agradecido.
Fotografía: María Gabriela López Suárez.
Fotografía: Maria Gabriela López Suárez.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Catedrática, periodista, escritora y comunicadora

Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, Sistema Estatal de Investigadores, la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL). 

Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural. 

Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos.  En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo.  Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.