Polvo del camino. 246. El negocio del dolor. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                       	 
Polvo del camino/ 246

El negocio del dolor
Héctor Cortés Mandujano

1

Del libro que en 1963 publicó el francés Pierre Boulle, se desprendieron de 1968 a 1973 las primeras cinco películas de El planeta de los simios, que luego se hicieron cómics, otros libros, series de televisión… En 2001, Tim Burton hizo una versión malísima.
En 2011, dirigidas por Matt Reeves, comenzó una nueva serie de filmes (van cuatro, creo). En éstas, a diferencia de las anteriores, la idea central es que los monos, usados para experimentos científicos, generan un virus que casi hace desaparecer a la raza humana y, por modificación genética, aprenden a hablar, a pensar. El punto que me interesa destacar es que son los humanos quienes producen la enfermedad que los diezma. Los monos son animales inocentes aunque luego, en las películas, tengan que enfrentarse a muerte contra esos otros animales.

2

La caída de la casa Usher (2023) es una miniserie, creada y dirigida por Mike Flanagan, que se basa en varios cuentos y en el famoso poema “El cuervo”, de Edgar Allan Poe.
La trama gira en torno a Roderick Usher y su familia, quienes se han vuelto millonarios con la fabricación de medicamentos que enferman más que curan. La empresa prueba medicamentos en animales que mueren (monos, claro) y son suplidos por vivos para engañar a los supervisores. Uno de los Usher muere, incluso, por ponerse debajo de una regadera con agua llena de ácidos mortales (era una casa abandonada, de Roderick, donde habían ocultado desechos tóxicos).
La riqueza de la familia está fundada en el dolor y la muerte de muchos. El dolor como negocio.

3

El negocio del dolor (2023, dirigida por David Yates) está basada en hechos de la vida real e inspirada en el artículo, de 2018, del New York Times Magazine, que luego Evan Hughes convirtió en el libro Pain Hustlers.
Una empresa farmacéutica comerciaba aerosol de fentanilo para controlar el dolor de enfermos terminales. Era bueno, porque dejaban de sufrir y morían, como lo hubieran hecho sin el fentanilo. El problema es que comienzan, con vendedores entrenados, a convencer a médicos sin escrúpulos (y hay bastantes) para que lo recomienden hasta para quienes tienen dolor de cabeza. La pequeña empresa farmacéutica pasa de ser un pequeño negocio a una opulenta distribuidora de muerte.
El Dr. Jhon Kapoor en la vida real (Andy García en la cinta), director de la empresa, fue condenado en 2019 a prisión por dos años y pagó 225 millones de dólares para salir. Mató a muchos y está libre. Rico aún. La película no es la vida real. Apenas toca la punta del iceberg. Hay, evidentemente, mar de fondo.



Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 245. Aute: Sable erguido. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                       Polvo de camino/ 245

Apuntes de oído/ 19

Aute: Sable erguido
Héctor Cortés Mandujano

No es fácil que se oigan y tengan éxito las canciones de sexo explícito (no me refiero, por supuesto, a las abominables que son más un insulto que un asunto creativo). Las de Luis Eduardo Aute (1943-2020) me parece que han sido populares, en la medida en que fue popular él, en ciertas élites y luego en el público que no discrimina lo que oye: basta con que esté de moda. Y Aute tuvo sus quince minutos de fama entre la, llamémosle, masa genérica.
Se le oyó y celebró, creo, porque sus alusiones al sexo, que eran directas, formaban parte de un envoltorio más bien poético. Pero, sí, llamó sobaco al sobaco, desde algunos títulos: “Cuerpo a cuerpo”, “Pumpum, pumpum”, “No te desnudes todavía”...
En “No te desnudes todavía” (del álbum Alma, 1980) habla de los prolegómenos: “Cuando el deseo estalle/ como rompe una flor/ te quitaré el vestido/ te cubriré de amor/ y en la espera te pediría/ no te desnudes todavía”.
Hizo Aute un disco donde mezcla asuntos bíblicos con el erotismo: Templo (1987) En “Cada vez que me amas”, una canción menos conocida, la sexualidad no es tan abierta, es metafórica: “Tu voz resucita mis músculos dormidos,/ mis latidos sepultados./ Tus manos, cuando me tocan, curan/ mis heridas más invisibles./ Tu hambre fecunda peces/ que se multiplican como deseos de humedad/ en el múltiple pan de mi cuerpo. Cada vez que me amas/ es un milagro”.
En “Dentro” (del álbum Cuerpo a cuerpo, 1994), por ejemplo, dice sin ambages: “A veces recuerdo tu imagen desnuda en la noche vacía […] Así me reanuda la sangre tensando la carne dormida […] Dentro me quemo sin ti/ me vierto sin ti y nace un muerto”. El recuerdo, pues, le hace tener una erección y se masturba, eyacula.
“Cuerpo a cuerpo” la canción que da título al álbum tampoco se anda por las ramas: “Y así es como el amor me enseñó/ a ser un contrincante/ dispuesto al ataque/ el filo de un sable/ erguido en el aire…”.
“Mojándolo todo” (del álbum Alevosía, 1995) también va al grano desde el principio: “Tendida/ con los muslos como alas abiertas/ dispuestas al vuelo/ me incitas, me invitas a viajar/ por lácteas vías/ y negros agujeros”. Es casi una postal porno. Ella incluso se toca su “flor más desnuda, mojándolo todo”.
Sigue sin pudor: “Húmedas llamas/ los labios que con tus dedos/ delicadamente delatas, dilatas para mí/ mostrándome obscena, la cueva del milagro/ por donde emana líquido rayo de la vida incandescente/ fuente/ lechosa lava, salpicaduras de agua profunda/ que inunda, mojándolo todo”. ¿Así o más claro?
  
Ilustración: Leonora Ventura
Ilustración: Leonora Ventura




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 244. El arte de lo cotidiano. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM, color: Juan Ángel.

                 	 
Polvo del camino/ 244

El arte de lo cotidiano
Héctor Cortés Mandujano


…Empecinados, buscan lo sublime en lo cotidiano

Joan Manuel Serrat,
en su canción “Mil años”

Es impresionante la cantidad de premios que se llevó la película Aftersun (2022), escrita y dirigida por Charlotte Wells, con Paul Mescal, Frankie Corio y Celia Rowlson-Hall. Llama también la atención porque es la ópera prima de esta joven cineasta (Edimburgo, Reino Unido, 1987) y la historia no tiene suspenso ni efectos especiales ni golpes ni asesinatos. ¿De qué trata? De las memorias fragmentarias que una mujer (su pareja es otra mujer, pero eso en la cinta es solamente anecdótico) tiene de un viaje que hizo con su padre cuando era niña. ¿Qué pasó en el viaje? Nada en especial. Fueron solos, ella jugó maquinitas con un niño, que también estaba de vacaciones, y se dieron un beso. Tuvo la niña un enojo pasajero con su padre y éste, una noche, se emborrachó hasta caer (la niña no estaba en ese momento con él). Y ya. ¿Y ya? La riqueza que supongo vieron los especialistas que la han premiado tanto está no en lo explícito de la trama, sino en lo oculto. La película, en ese sentido, no muestra: sugiere. No explica, propone un discurso, aparentemente simple, que el espectador tiene que desentrañar…

En Tótem (2024), que ganó varios premios Ariel este año, de la guionista y directora Lila Avilés (Ciudad de México, 1982), con Naíma Sentíes, Montserrat Marañón y Marisol Gasé, ocurre más o menos lo mismo, es decir, nada muy relevante, pero aquí la familia es tan rococó como cualquier familia mexicana: El padre-abuelo usa un aparato para hablar y suena robótico; uno de sus hijos tiene una enfermedad terminal y celebran su cumpleaños (llegan varios amigos y su exmujer); dos hermanas del chavo no se llevan tan bien como quisieran, y las niñas –la hija del cumpleañero y de una de las hermanas– son atendidas-desatendidas por tod@s. Pero saber quién es quién en la película no parece, en ningún sentido, una tarea de la cineasta, sino del espectador.
Como en la anterior, esta cinta no tiene epifanías ni clímax. Es evidente que late en esta familia un corazón lleno de espinas sin que la finalidad de la película sea mostrar cómo se reconcilian, cierran sus heridas o buscan la manera de llevarse mejor. El fin puede ocurrir en cualquier momento, porque lo que vemos es un fragmento, un retazo de vida que no empieza ni termina, como suele ser la vida en realidad…

Con Antón Chéjov (1860-1904) nació un género teatral que no buscaba reírse de la gente (la comedia) ni mostrar sus desgracias (la tragedia); sólo era un asomo a una parte de su existencia, no necesariamente la más llena de hechos o peripecias. Se le llamó, se le llama “Pieza”. Y me parece que estas dos jóvenes autoras y directoras han hecho florecer, de nuevo, el jardín de los cerezos de Chéjov, nuestro –como lo llamaba Pitol– contemporáneo.
Ilustración: HCM, color: Juan Ángel.
Ilustración: HCM, color: Juan Ángel.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 243. Honrar, honra. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                 	 
Polvo del camino/243

Honrar, honra
Héctor Cortés Mandujano


Mi querido amigo Sarelly Martínez Mendoza me obsequió su reciente libro Un lector agradecido. Narrativa chiapaneca contemporánea (Unach, 2024), que compila parte de los textos escritos a partir de sus lecturas de libros no sólo de Chiapas (obras de Octavio Paz y Vargas Llosa, por poner dos ejemplos conspicuos, también son parte de este volumen) y no sólo de narrativa, sino igualmente de poesía y de, hagamos un plural, ciencias de la comunicación, que son tan cercanas a la profesión de Sarelly, doctor en periodismo.
Dice en las “Palabras preliminares”, para aclarar el sentido de su antología (p. 2): “Lo que escribo está en la esfera de las aficiones del lector común que quiere compartir sus gustos con otros lectores”. Es muy notoria la buena fe que anima a Sarelly cuando escribe y comparte sus hallazgos. Lo hace alegremente, sin prejuicios.
A partir de la pifia que cometió una diputada (dijo que Juventud en éxtasis la había escrito García Márquez), el autor comenta que en esos ambientes políticos es muy difícil que florezca la lectura y cierra su escrito con una pregunta que evidencia la realidad terrible en nuestras tierras (p. 15): “ ‘¿Leer para qué?’, puede preguntarse un joven preparatoriano, y responderse rápidamente: ‘si yo lo que quiero es ser diputado’ ”.
Comenta a Jan de Vos y su escrito sobre Fray Lorenzo de la Nada. Dice (pp. 19-20): “Su apellido, De la Nada, lo conquistó cuando prohibió a los españoles de Tabasco arrebatar indígenas para su servicio. […] La respuesta de uno de los aludidos fue contundente: ‘¿Quién es Pedro Lorenzo para prohibir semejante cosa? Fray Pedro no es nada, su oficio es decir misa y predicar y casar y allí se acaba’. A partir de entonces, fray Pedro Lorenzo llevó con gusto el apellido De la Nada. Transformó ‘el insulto en título de honor’, y así fue conocido entre sus feligreses”.
Cuando comenta los decires de Jorge Moreno, “El Piña”, de la Rial Academia de la Lengua Frailescana, cita varias de sus descripciones (p. 28): “Además de culito sin juicio era amachada” y alguna que otra declaración de restauranteros francos (p. 29): “¡si quiere’sté come’ sabroso, vaya’sté a come’ en su casa”.
Tiburcio Fernández Ruiz era hermano de Eva, mi abuela materna. Sarelly habla de él, a partir del libro escrito por Valente Molina. A mí me operaron de la vesícula el año pasado, cuando tenía 62 años. A esa edad murió mi papá y uno de mis hermanos; por ello me llamó la atención este dato sobre mi tío Bucho (p. 63): “En 1950, después de una operación de vesícula muere a la edad de sesenta y dos años”. Parece que a la muerte le gusta dar vueltas sobre mi familia en esa edad.
Otra de las peculiaridades del libro de Sarelly es que habla de varios libros míos, y se refiere a mí en algunos otros escritos. Y eso me hace, lo mismo que su título, un lector agradecido; sin embargo, y él lo sabe, mi agradecimiento mayor es saber que, al margen de sus múltiples saberes, lecturas y reconocimientos, Sarelly sigue siendo, para fortuna mía, desde años, mi muy querido amigo…
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 242. La sabiduría del sinsentido. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

                 	Polvo del camino/ 242

La sabiduría del sinsentido
Héctor Cortés Mandujano

Hola, oscuridad, mi vieja amiga…

De la canción “Los sonidos del silencio”,
compuesta por Paul Simon

Me doy cuenta de lo minúsculo que soy, de lo irrelevante, de la casi nada que he aprendido en la vida, cuando de madrugada me despierto porque oigo voces que, en un idioma que no entiendo, que no hablo, parecen referirse a mí. Es una inferencia, claro, porque nada puedo descifrar de sus palabras a sotto voce. Pienso –y tiemblo– que son demonios.
Abro los ojos y sé que estoy semidesnudo bajo las cobijas, que no tendría oportunidad de buscar algo con qué defenderme si ya estuvieran listos para lanzarse sobre mí. Intento pensar con más calma y descubrir de dónde vienen las voces. Parecen estar dentro del cuarto, pero hay viento y éste quizá sea nada más la vía, y algunos extranjeros –un hombre mayor y una mujer joven, si tuviera que pensar en dos humanos– cerca de casa conversan en esta madrugada y su charla llega hasta mis temerosos oídos. Mi espanto es de cuerpo completo. Toco mis genitales: tienen miedo también.
Mi mano es un temor de cinco dedos temblorosos.
¿Qué podrían querer de mí dos demonios? No soy ni un iluminado ni un pecador. “Soy un pecador promedio”. ¿Para qué podría servirles mi alma? ¿Para qué discutir cerca de mí, cuando tiene órdenes –¿de quién?– de llevarme y ya?
No sé si la tranquilidad de que ya me llevarán hace que me duerma nuevamente y sueñe con la finca en que nací. Soy un niño y estoy en el largo corredor de ladrillos. Es de tarde. Las seis. Frente a mí, donde debiera verse el aire transparente y detrás de él (¿detrás del aire? ¿Es eso una metáfora? ¿Será comprensible para alguien ese, digamos, concepto?) el cerro, los cerros en donde se han paseado tantas veces mis ojos, hay una neblina negra, un humo muy oscuro. No es por quemazón.
La negrura, la oscuridad, viene rumbo a mí, va cubriendo todos los huecos antes de tragarme y volverme parte de ella. Soy la noche, pienso. Soy lo oscuro. ¿Y por qué sigo pensando como una persona y no anulo todo y me convierto en la negrura amorfa, sin sentido, sin pensamiento, sin palabras? Porque esto es un sueño… y me comienza a dar miedo.
Despierto. Escucho voces. ¿Qué dirán?
Me duermo.
Sueño con voces infantiles que me previenen de un peligro. Sueño que en la noche más lejana de un cerro estoy sentado en la cúspide, pensando en los latidos de mi corazón. Sueño en que dentro de mi corazón ha caído la noche. Sueño que la noche es mi corazón. Sueño que mi corazón duerme y me habla con palabras que no entiendo.
Despierto y siento que lo he entendido todo, porque mi corazón ha sido obsequiado con la sabiduría infinita de todas las edades, y que voy a compartir mi conocimiento de la vida en una cuartilla o dos o tres, no hacen falta más…
Y de pronto, cuando empiezo a escribir, me atoro en lo que quisiera decir y lo mío se vuelven palabras que no van a ningún lado, como si fueran dichas en secreto por diablos que no saben el lenguaje humano y llegaran a los oídos de un hombre que duerme en un cuarto que es el mío y que nada entiende y siente miedo por los sueños inocuos que sueña sin cesar, que no tienen sabiduría sino sólo sinsentido...


Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 241. Banderas y Gosling. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                 	Polvo del camino/ 241

Banderas y Gosling
Héctor Cortés Mandujano

Antonio Banderas (Málaga, 1960) comenzó su fama pública de la mano de Pedro Almodóvar, en su natal España, con títulos que ya son emblemáticos y que escribo como los recuerdo, sin orden: Mujeres al borde un ataque de nervios, Átame, Laberinto de pasiones, Matador, La piel que habito… hasta llegar, en 2019, a la que me parece su mejor colaboración, en una gran película: Dolor y gloria.
Cuando ya era una figura reconocida en España, Banderas decidió emigrar a Hollywood y allá ha hecho un poco de todo: basura, cintas medianas y, de vez en cuando, alguna interesante. Este actor a mí me ha perecido siempre, como dicen los españoles, resultón, es decir, que hace bien su trabajo y ya está. Era guapo y musculoso, y llegó a encarnar el asunto del macho latino. Con esas cartas logró infinidad de naderías.
Era difícil, yo así lo veía, que tocara la gracia, la excelencia en sus interpretaciones, salvo en una película que a mí me pareció insospechada, donde además sólo tiene la voz como única arma para hacer su labor: el Gato con Botas, en Shrek 2 (2004).
Me parecen fascinantes sus matices, su capacidad de seducción, su enormísima facultad de hacer entrañable un dibujo animado. Vi la cinta en inglés y en español (él es el personaje en ambos idiomas) y hace una faena maravillosa en las dos versiones.
Banderas me pareció desde entonces ya no un tipo con suerte, y con una imagen que de algún modo le abría puertas a papeles donde hacía el trabajo decoroso que en general hace, sino la voz del Gato con Botas, es decir, alguien ante quien me quito el sombrero… El Gato con Botas es una caricatura que me hace feliz, cada vez que la veo. Después, en Dolor y gloria también me parece que brincó a un escalón interpretativo mayor. No sólo es, pues, mi gato favorito.

Ryan Gosling (London, Ontario, 1980) es otro actor que, según yo, hace correctamente su trabajo: canta, lo mismo que Banderas, y baila, además de actuar. Ha estado en varias películas exitosas y me parece que se cotiza bien como un galán atractivo. A mí no me convence en ninguna de sus intervenciones, aunque creo que técnicamente es irreprochable en Diario de una pasión (2004), Drive (2011), La La Land (2016) y Blade Runner 2049 (2017), por mencionar sólo algunas.
Pone bien la cara en la pantalla, cuida sus músculos, sabe cómo seducir a las audiencias, pero a mí siempre me pareció un chico listo, nada más, hasta que lo vi en Barbie (2023, dirigida por Greta Gerwig). Qué manera de hacer creíble la vida de Ken, un muñeco; qué gran interpretación, qué bien canta y baila (lo había hecho ya en La La Land), qué gran actor… Por supuesto que merecía el Oscar.
Se dice regularmente que no hay papel pequeño, y a mí me pasó que reconocer la valía, el talento, la capacidad de interpretación de estos dos actores famosos llegó por las vías menos esperadas: cuando uno hizo de un gato y el otro de un muñeco. Pero es que lo hicieron fantásticamente…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 240. Un guardián imprevisto. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                     Polvo del camino/ 240

Un guardián imprevisto
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Salgo de una conferencia y es evidente que espero un taxi cuando Humberto sale del mismo salón y ofrece llevarme. Acepto su oferta, aunque él y yo nos tengamos mutua animadversión. El hecho de que tengamos amigos comunes, creo, nos hace aparentar una relación si no cálida, por lo menos fríamente amable.
Llegamos a su casa (su chofer maneja) y me invita a pasar. Me niego y él insiste. Bajo, abre la puerta de su hall y me asombra el lujo de sus muebles, la elegancia de su decorado. Entra en una de las habitaciones interiores y sale casi de inmediato con un objeto entre las manos: una navaja. Me dice:
—Me caes mal y siempre había buscado la oportunidad de herirte, sin llegar a quitarte la vida. Esta es la oportunidad.
Antes de que se mueva hacia mí, saco de entre mis ropas un cuchillo largo, filoso, pesado. Le digo.
—Yo sí tiraré un tajo para matarte.
Él ve las dimensiones de mi arma y la posición que he tomado para defenderme y atacar, y baja el brazo.
—Perdona. Creo que no debimos llegar a esto. Asumo mi culpa. Fue una estupidez. ¿Podrías disculparme? Te invito a cenar, vendrán varias personas que conoces y estimas.
—No me interesa quedarme en tu casa.
—Sé que coleccionas búhos y voy a regalarte uno especial, ¿me acompañas?
Él ha dejado su arma en un mueble y yo guardo el mío. Lo sigo. Entramos en otra sala, igual de lujosa que el hall, y veo un búho enorme, hermoso, de piedra, con incrustaciones…
—Con incrustaciones de oro y plata –dice Humberto– y será tuyo, sólo si me disculpas y te quedas a cenar. Mi chofer te llevará después, junto con el búho, adonde tú le indiques.
Me quedo.

La casa de Humberto es un pequeño palacio. No sabía que tuviera tanto dinero, que viviera con tanta opulencia. La mesa tenía carnes incluso de animales exóticos, los vinos eran de primera, los postres de una gran diversidad y había un desfile de mozos y sirvientas que me hacían sentir una persona especial. Nadie más llegó.
Cuando lo consideré prudente, me despedí de Humberto y él me dijo que el regalo ya estaba en el coche.
—Te acompañará el mayordomo a la puerta, porque yo debo hacer una llamada urgente.
El hombre, mudo, abrió la puerta de la calle y yo salí. Como si hubiera una barrera falsa, un espejismo, la calle no lo era, y entré en un cuarto, lujosísimo, de la misma casa de Humberto. Salí del cuarto a un pasillo y busqué a alguien. Nadie. Traté de hallar de nuevo la puerta de salida, pero aquello era una sucesión de salones y salones.
Abrí una puerta al azar y otra vez me hallé en otra habitación, donde decidí dormir. Puse los seguros y revisé el enorme clóset de donde tomé un pijama. Soñé que nunca podría salir de allí, que Humberto era un espíritu encargado de cuidar a las personas en el limbo. No recuerdo si alguna vez desperté…


Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 239. El paraíso en Huixtla. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM

                     Polvo del camino/ 239

El paraíso en Huixtla
Héctor Cortés Mandujano


Parece que un duende hubiera hecho el café, que está listo no importa qué tan temprano te levantes. Pero lo hizo David.
En el desayuno hay platanitos ricos, que preparó Zoé, y Sergio pone los platos, las tazas, sirve a quien lo quiera, está atento a los comensales. Si algo más se requiere, Iván e Ian están prestos y sonrientes para ayudar.
Estamos en Huixtla, en casa de los Jiménez Méndez, donde también son pródigos en amabilidad Aidé, Yayo (su hijo) y Gisela.
Vamos a Tapachula y nos lleva y nos vuelve a casa Maricarmen, grata compañía y esposa de mi sobrino Sergio.
Vamos al mar y se suben a los coches, quienes pueden y quieren, alegres -como si no tuvieran el mar tan a la mano-, porque quieren hacernos pasar un día inolvidable, y lo logran. El lugar que escogen es bello y tranquilo. Nado con Zoé, Jalil, Sergio y Jaime, un querido amigo invitado. Mi mujer, siempre temerosa con las olas, no me pide que la acompañe, porque se siente segura con la compañía de Edith.
Marlene, esposa de mi sobrino Iván, prepara un caldo de res maravilloso, con algunas verduras que nunca había probado y que resultan exquisitas.
La familia parece una orquesta donde cada cual tiene una partitura que ejecuta con maestría para que en todo momento haya armonía… ¿Quién está detrás de esto? Edith.
Don David y doña Yola, padres de Edith, eran dos personas generosas, amables, sonrientes, queridas, que supieron inculcar en sus hijos respeto y amor por los demás.
Edith parece haber heredado la batuta para que la música de la amistad se escuche perenemente en la larga mesa donde se recibe con abrazos y sonrisas a quien llegue, y se ofrezca el pan y la sal sin discriminar a nadie.
Pasar los días en esa casa es sentirse querido sin pausa. No hay más que amabilidad y cariño en cada corazón de sus habitantes, y uno se siente bien, a gusto, feliz.
Alguien me contó que con tanto calor como hay en Huixtla, un día llegó el diablo, vestido de frac, y tuvo que quitarse la ropa elegante y se quedó en calzoncillos. Es evidente que a esta casa no llegó Satán, sino un grupo de ángeles que puso mucha luz en las almas de Edith, Aidé, Gisela, David, Sergio, Iván, Maricarmen, Marlene, Grecia, Ian, Zoé y Jalil, y en quienes los rodean, con quienes conviven.
No sé cómo sea el paraíso, pero estoy seguro que debe parecerse a esta casa, a esta familia, mi familia en Huixtla: la casa de los Jiménez Méndez.
Ilustración: HCM
Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 238. Gloria y Gloria Bell. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                       Polvo del camino/ 238

Gloria y Gloria Bell
Héctor Cortés Mandujano

Gloria es, inicialmente, una película chilena, de 2013, escrita por Gonzalo Maza, producida entre otros por el cineasta Pablo Larraín, y coescrita y dirigida por Sebastián Lelio. Representó a su país en los premios Oscar y los Goya, y ganó varios premios internacionales.
La historia gira en torno al personaje al que alude el título, una mujer sobre los 60 años, soltera, con un exesposo, dos hijos y una tremenda libertad sexual, que ejerce a partir de hombres que conoce en los lugares de baile que frecuenta.
No conozco de antes a la actriz, que es maravillosa (Paulina García), y que hace que entendamos las complejidades de la vida de Gloria, cuando cae en su mundo un hombre débil, cobarde y manipulado (el actor Sergio Hernández) por su exesposa y sus hijas.
Para Gloria este hombre es la posibilidad, quizá la última, de vivir en pareja y aguanta, tolera, comprende, permite, hasta que se le agota la paciencia y toma una decisión simpática –acribillarlo con balas de pintura, frente a la casa de sus controladoras mujeres– y definitiva. Pero viene una fiesta y vemos a Gloria, en las tomas finales, bailando la canción que le da nombre.
Lo que me gustó de la película es su falta de discurso obvio: no machaca la libertad femenina, que el mundo no se derrumba a los sesenta, que no es necesario para una mujer tener un hombre al lado, etcétera, sino muestra la intimidad de una persona común (Gloria no es una heroína, no es perfecta, no es guapísima) que va tomando decisiones –prueba drogas, acepta a un gato que parece requerirla, deja lo que no quiere– sin grandes pronunciamientos, sin retórica grandilocuente.

Cinco años después, Sebastián Lelio hizo su versión en Hollywood (Gloria Bell, 2018), coescribiendo el guion con Alice Johnson Boher y conservando en la producción, entre otros, al gran Pablo Larraín.
En esta versión, Julianne Moore lleva el papel protagónico, y John Turturro, actúa como Arnold, el personaje que en la otra película se llamó Rodolfo. No hay prácticamente cambios en la historia –en este personaje masculino–, salvo los matices que estos dos notables actores dan a los personajes.
Aunque Julianne Moore es una gran actriz, y soy un admirador de su trayectoria (creo que en este caso su evidente belleza no le ayuda), me parece que Paulina García tiene más al personaje de los cuernos, es más creíble, más la señora que algún día vi en una fiesta bailando. Pero ver las dos versiones me encantó y recomiendo ver ambas cintas, como esplendidos trabajos artísticos que, aunque se repiten, en buena medida, tienen sabores distintos.

Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 237. Debajo, la belleza. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración; HCM.

                       Polvo del camino/ 237

Evocadas páginas de otro libro/XVI

Debajo, la belleza
Héctor Cortés Mandujano

La parte superior, de forma oval, remite a los podios regios, aunque mezcla lo duro –distintas tonalidades de madera, hojas de cuidada ebanistería– y lo mullido: estampado con un fondo amarillo donde se ven, en primer plano, rosas azules, tallos sutiles, revuelo de pétalos.
Lo que propiamente da nombre al mueble, muestra sólo la cara suave, amarilla y azul, de imposible jardín.
No se buscó la coincidencia entre los soportes traseros, cuadrados, y el torneado rollizo de enfrente: la belleza está en este caso en el contraste.
El puente entre lo de atrás y lo de adelante no parece tan fuerte y seguro no lo es, porque sólo sirve para apuntalar la rigidez del objeto.
No se le escudriña para esta descripción, sólo se la ve de frente.
Tanta belleza deja de existir, apenas la usamos.
Cathedra la llamaron en latín.
Una noche, mientras yo escribía, Ella me veía con ojos enamorados desde ese asiento.



[Cuenta Adolfo Bioy Casares en Borges (Ediciones Destino, 2006) que su hija (p. 916) “y un amiguito se describían minuciosa, prolijamente sus respectivos juguetes. […] tal vez alguien podría escribir un libro dedicado a la descripción de un objeto muy simple”. Escribo yo este breve texto sobre un mueble, una silla de mi casa, desde donde una noche mi gata me veía con amor. O eso pensé.]
Ilustración; HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com