Tania Corzo Hernández, en los cuentos que conforman Yo, su espejo (Tifón, 2025), se ve a sí misma en una cama de hospital y decide su vida y su muerte, pero también a su lado, detrás y delante están las imágenes de varias mujeres que, como ella, han decidido tomar las riendas de su destino, y envenenar o quemar a los hombres que las maltratan, o practicar la sororidad para abrir la celda de la mujer a la que han vuelto loca y para armar el expediente que castigue al feminicida que podría quedar impune, o gozar la pasión infiel al filo del abismo o descubrir que el amante se ha ido para no volver... Aunque hay evidentes ficciones (“Voluntad anticipada” y “Sombras siniestras” , por ejemplo), el tono que predomina en el libro es el del realismo y el hiperrealismo. El rol de los hombres en casi todos los cuentos es terrible y parece ser parte del eterno masculino: de despojo y deshumanización en “La loca”; de feminicidio en “Una más, en la gran ciudad”; de violación e intento de homicidio en “Plática de adultas”; de engaño y abandono en “En el mar”... Hay dos casos donde la mujer es también parte del mal (“Perfidia” y “El reencuentro”) y hay además, por suerte, dos historias donde el hombre no es expolio y avasallamiento, sino posibilidad de compañía y amor: “No te olvidaré” y “Fronteras”. El breve volumen tiene, también, una muestra más del talento ilustrador, en portada, de Juan Ángel Esteban Cruz y el buen hacer editorial de Juventino Sánchez. Como en el clásico de Horacio Quiroga, hay aquí amor, locura y muerte, y la mirada atenta de una mujer que sabe hilvanar la trama cuentística y usar los registros lingüísticos que mejor hacen sonar las palabras para que, en el espejo verbal, se puedan ver con claridad los cuerpos y las almas de sus personajas. Yo, su espejo, de Tania Corzo Hernández, es un libro apasionado y apasionante.
[Texto que forma parte de la contraportada de Yo, su espejo, de Tania Corzo Hernández, leído por su autor en la presentación del libro en el auditorio de la Rial Academia de la Lengua Frailescana. 11 de enero de 2025. Villaflores, Chiapas.]
Ilustración: Jacobo Herrera Cortés.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Fue, recuerdo, una fiesta que hice en mi departamento. No tengo claro si fue por la presentación de un libro o la puesta en escena de alguna obra de teatro, porque en esos años yo era pródigo en ambas cosas. El caso es que había una reunión improvisada y llegaron, como suele ocurrir, invitados y colados. Me asombró ver entre aquella tropa que bebía, reía, bailaba, hablaba a gritos, a alguien que me pareció una alucinación: Pepe. ¿¡Qué hacía allí!? Traté de llegar hasta él, pero me lo impidió la gente que quería contarme algo, felicitarme, brindar. Pensé que no importaba: él iba a desaparecer en cualquier momento. Una muchacha bella e inteligente me detuvo y quedé enganchado con ella, tratando de no perder de vista a aquel no invitado asombroso. —Permíteme –le dije, porque sentí que aquello, como dicen los cubanos, “se estaba saliendo de madre”: Había llegado su hermano Fredy y eso ya era una locura. Tampoco pude llegar hasta donde él estaba, porque hubo un revuelo, parecía que se habían puesto de acuerdo todos en irse. Se despidió un grupo de personas y otro y otro. Sólo quedó Pepe, sentado en un sillón, con la cabeza gacha, yo supuse que durmiendo. Al fin pude acercármele. —Pepe, ¿cómo llegaste, qué haces aquí? —Ah –dijo sin levantar la vista–, supe que ibas a hacer una fiesta y vine a tomar trago. Ya no hay, por cierto, Fredy fue a comprar más, orita viene. —Pepe –le dije–, no entiendo qué haces aquí, la verdad, y supongo que lo que voy a decirte ya lo sabes: Fredy, tu hermano, está muerto desde hace tiempo, lo mataron… —Sí, me acuerdo. —¿Y entonces por qué dices que va a venir? —Porque en eso quedamos. Lo voy a esperar aquí, si no te molesta. —Pepe, es que hay otra cosa muy inquietante para mí: tú también estás muerto. Fui a tu entierro. —Eso no importa –dijo, ya levantando su vista hacia mí–, Fredy y yo sabemos que estamos muertos, pero quisimos venir a brindar contigo y eso vamos a hacer, salvo que tú no quieras y nos eches a la calle. En eso estábamos cuando Fredy abrió la puerta. Traía cervezas y una botella de ron. “Ni modo” –dije para mí– y me serví una nueva copa.
Ilustración: Leonora Ventura
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Apuntes de oído/ 20 Amémonos Héctor Cortés Mandujano
Buscaba mi alma con afán tu alma
Manuel M. Flores
Hay poemas que toman otros rumbos cuando un músico los vuelve canciones y encuentran en su nueva forma la posibilidad de acariciar otros oídos, otros corazones, que no hubieran encontrado en su formulación escrita. Así pasó con “Amémonos”, del poeta Manuel M. Flores (1840-1885), quien nació, dice en sus Poesías (Editorial Pax-México, 1962: 5), “en el estado de Puebla, en San Andrés Chalchicomula, al pie del hermoso volcán coronado de eternas nieves”. La música la hizo (eso dice Spotify) Carlos Montburn Campos y, aunque ha tenido muchos intérpretes, a mí me gusta solamente cuando la cantan Cucho Sánchez y, mi favorita, Lucha Villa. Tal vez porque las oí de niño y es muy difícil que el día de hoy le pueda ganar al recuerdo. En la mínima biografía, que antecede a sus poemas, escribe una mano anónima (p. 5): “Flores parecía un árabe; los grandes ojos negros, brillantes y expresivos; la cabellera rizada; la tez morena; el espeso y largo bigote; la manera pausada de hablar y de moverse estaban reclamando el turbante, el alquicel y el yatagán de los hijos del profeta”. En “Pensar, amar” se acerca al concepto que redondeará en “Amémonos” (p. 24): “¡Amar! Duplicar la vida,/ escalar el firmamento,/ llevar en el pensamiento/ toda la gloria escondida”. También en “Mirar el firmamento” hace un apunte que parece parte de “Amémonos” (p. 119): “Amar es comprender toda la vida/ y presentir lo eterno”. Desde el título, “Amémonos” es una propuesta dulce, amable. El poema, por supuesto, tiene la sensibilidad de su tiempo, fuera de lo directo con que suelen abordarse ahora las cuestiones amatorias. Hay cursilería, sí; exaltación angélica de la naturaleza humana, respeto a la imaginería religiosa. Dice en su inicio (p. 134): “Buscaba mi alma con afán tu alma,/ buscaba yo la virgen que mi frente/ tocaba con su labio dulcemente/ en el febril insomnio del amor”. El amor es divino, sugiere (p. 134): “Como en la sacra soledad del templo/ sin ver a Dios se siente su presencia,/ yo presentí en el mundo tu existencia,/ y como a Dios, sin verte, te adoré”. Hay varios cuartetos que la canción no incluyó, supongo que para no hacerla más larga de lo que señalaban los cánones radiales de aquellos años. No incluye éste, por ejemplo (p. 135): “No preguntaba ni sabía tu nombre,/ ¿En dónde iba a encontrarte? Lo ignoraba;/ pero tu imagen dentro el alma estaba,/ más bien presentimiento que ilusión”. Tampoco está incluido éste (p. 135): “Y a la primera vez que nuestros ojos/ sus miradas magnéticas cruzaron,/ sin buscarse, las manos se encontraron/ y nos dijimos ‘te amo’ sin hablar”. Amar, dice Flores, “es tocar los dinteles de la gloria”, y también (p. 136) “Amar es empapar el pensamiento/ en la fragancia del Edén perdido;/ amar es… amar es llevar herido/ con un dardo celeste el corazón”. Leo el poema y oigo la canción; oigo la canción y vuelvo a ser un niño que quería amar, para sentir encarnadas estas palabras que me parecían, me parecen mágicas.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Spotify me manda a principios de diciembre las canciones que más oí en 2024. Compartí 12 (una por cada mes), pero evidentemente hay muchas más que me encantan y que se quedan en el tintero. Decidí recomendar otra. “Cuarto de hotel”, de Francesca Ancarola (Chile, 1968), del álbum Que el canto tiene sentido. La canción cambia los adjetivos finales de cada verso, de modo se va volviendo distinta en cada estrofa (un poco como lo hizo Chico Buarque, en su espléndida “Construcción”). La primera parte es como de una amante abandonada y la segunda, que es la que más me gusta, parece el después de una noche de pasión: “Cuarto de hotel temprano/ Y se vistió en silencio/ Y se pagó ausente/ Salió con paso amante/ Al día tan insomne/ Con la mirada absurda/ Y las manos celestes”. La cantante tiene una voz potente y llena de matices.
Mando mis columnas con una semana de anticipación. Dije que, a la fecha que mandé la que habla de cine, había visto 357 películas, series, documentales. Seguí viendo, claro (llegué a 374, al 29 de diciembre), y la que no quiero que quede fuera es La única mujer de la orquesta (2024), documental escrito y dirigido por Molly O’Brien, quien es sobrina y la única familiar directa de Orin O’Brien, contrabajista y primera mujer que la Filarmónica de Nueva York contrató en su orquesta y de quien dijo el celebérrimo Leonard Bernstein (palabras más, palabras menos, las cito de memoria): “Cuando alzo la vista para ver a la orquesta y la veo, está concentrada. Es un milagro”. Orin O’Brien es también alguien a quien no interesó la fama (hay un momento en que le reclama a su sobrina que la intente hacer pasar por una artista y por una excepción), sino sentirse apoyo de los demás músicos. Le parece mejor permanecer en la sombra. Y ese acto de humildad, paradójicamente, la vuelve grande.
Seguí leyendo libros y uno que no entró en la cuenta del 2024 (que cerré, al 29 de diciembre, en 262) es Entonces, escribo (Tifón, 2024), de mi querida amiga Damaris Disner. La conozco desde que era adolescente y hemos sido amigos desde aquellos años. Me encantó su breve libro, porque, aparte de su talento como narradora (poeta y dramaturga), se muestra a sí misma con enorme vulnerabilidad. Parece fácil desnudarse en público. No lo es. Y ella lo hace literariamente. Saber de su timidez infantil, sus dudas, su claustrofobia, su corazón de pollo y las muchísimas cosas íntimas que nos comparte (hasta páginas sobre su erotismo) me hacen quererla aún más. Su libro me parece honesto y valiente, sin aspavientos. No es un retrato complaciente ni simple. Lo dice ella (p. 10):”Soy mujer, no puedo describirme tan fácilmente”.
Ilustración: Leonora Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Mis libros favoritos de 2024 Héctor Cortés Mandujano
El año pasado leí 255 libros, al 22 de diciembre, que es la fecha en que mando esta columna. Traté de hacer un balance que incluyera diversos géneros entre los libros que decidí que eran mis favoritos de 2024 y creo que lo logré: novela, cuento, ensayos de distinto orden, poesía, dramaturgia, cine, entrevistas, artes visuales… La diversidad también está en las nacionalidades. L@s autor@s son de Francia, EUA, España, Perú (¡cuatro autor@s!), México, Chile e Italia. Los dos libros donde sólo se consignan los años de publicación, los leí en mi lector electrónico (Heráclito y Parménides. El uno y lo múltiple) y en la computadora (Las partículas elementales). Ojalá te interesen lector, lectora.
Uno: Las partículas elementales, 1998, de Michel Houellebecq (Francia, 1968), es una novela extraña: está disfrazada de biografía y mezcla con conocimiento de causa la investigación científica y el sexo explícito. Es también un estudio minucioso de la soledad, las (malas) relaciones de los hijos con los padres y el amor. Inteligente, divertida, descarada y, por momentos, muy dura. Dos: El lado activo del infinito (Random House, 2015), de Carlos Castaneda (Perú-EUA, 1925-1998) es el cuarto libro sobre las enseñanzas de don Juan Matus, indio yaqui y chamán, a Castaneda. Los tres anteriores me gustaron, pero éste me tocó hondo. Me parece que hay menos máscaras, menos eufemismos, más verdad: “Después de caminar un kilómetro, todos los lugares del mundo son iguales”. Tres: El orden del Aleph(Editorial Candaya, 2021), de Gustavo Faverón Patriau (Lima, Perú, 1966) es un ensayo deslumbrante, erudito, una “inmersión total” en “El Aleph”, de Jorge Luis Borges. Las 331 páginas se centran en el célebre cuento de Borges, pero se mueven hacia la religión, el arte en general, la literatura por supuesto, el psicoanálisis, Hitler, el nazismo, y todo lo que arroje luz a cada palabra pensada y escrita por aquel argentino genial. Cuatro: Misterios de la sala oscura. Ensayos sobre el cine y su tiempo (Debolsillo, 2020), de Fernanda Solórzano (Ciudad de México, 1971). Son ocho prolijos trabajos sobre el mismo número de películas, famosas y contemporáneas, donde aborda el antes, la proyección y el después de la cinta; al mismo tiempo cuenta la historia de los actores, el director, el guionista, las peripecias que los llevaron a juntarse… Buenísimo. Cinco: El Incal(integral), Reservoir Books, 2017, de Alejandro Jodorowsky (chileno-francés, 1929) y Moebius (Francia, 1938-2012). Estos dos artistas trabajaron juntos en varios libros gráficos. El Incal salió en varias entregas. El libro que leí, como dice entre paréntesis, tiene todas las entregas y, además, entrevistas con los autores. Es una historia loca que parte de este mundo, de esta realidad, y se mete a muchos/muchas más para que el aparente hombre común, que es el protagonista, evolucione, crezca y comprenda la lección que, entre otras, nos ha dado reiteradamente el budismo: todos somos todo. Las ilustraciones de Moebius son portentosas, parecen cine. Seis: El drama intempestivo. Hacia una escritura dramática contemporánea(Paso de gato, 2020), de Carles Batlle (España, 1963) es un ensayo que busca desmarcar la escritura de teatro de las convenciones heredadas, del planteamiento básico de inicio, conflicto y desenlace, de la lógica aristotélica. Escribe Carles Batlle: “El dramaturgo intempestivo evita proponer consignas o dar soluciones. Todo lo contrario, produce interrogantes y puntos de vista, tanto para inquietar y sorprender a los demás como para descentrarse él mismo”. Siete: Mario Vargas Llosa. Conversación en Princeton(Alfaguara, 2017), con Rubén Gallo (México, 1969). El libro analiza a detalle por lo menos cinco libros de MVLl: Conversación en La Catedral, Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?, El pez en el agua y La fiesta del Chivo. Los cuadernos de trabajo, que son muy voluminosos, donde Vargas Llosa hace los proyectos y versiones primarias de sus novelas, y un montón de papeles más, pertenecen a Princeton; por eso, no sólo Rubén Gallo hace las preguntas, sino también muchos alumnos especialistas en la obra de este peruano universal. Ocho: Octavio Paz. Iconografía(Fondo de Cultura Económica, 2020), de Rafael Vargas (México, 1954) es un espléndido trabajo para conocer a Paz, porque, aparte del gran trabajo de investigación sobre su vida y su obra, y de las no tan difundidas imágenes, de quien no gustaba tanto de fotografiarse, hay textos pacianos, tomados de aquí y de allá, que fueron escogidos con excelente tino. Nueve: Cómo piensan los artistas(Fondo de Cultura Económica, 2015), de la periodista, editora y escritora peruana Fietta Jarque (1956), es un libro bello como objeto y por su contenido. Jarque entrevistó, “a lo largo de casi treinta años”, a 51 artistas disímbolos y cada trabajo periodístico es ilustrado por una obra de la persona entrevistada. Dice la autora en la presentación: “Los artistas hablan sobre su forma de trabajar, las circunstancias en que surgieron ciertas obras, los motivos que tuvieron para plantearlas de determinada manera”. Diez: Heráclito y Parménides. El uno y lo múltiple(2015), de Sandro Palazzo (Italia, no hallé fecha de nacimiento), es un libro que enlaza la vida y el pensamiento de estos dos grandes filósofos: Heráclito, el Oscuro, y Parménides, el Terrible. Palazzo da muestra palpable de inteligencia y erudición en este libro de factura impecable. Las lecciones de los dos maestros sirven a nuestra vida, la aclaran, la iluminan. Once: Samahua (Almadía, 1997), de Leonardo da Jandra (Ixtapangajoya, Chiapas, 1951). Compré el libro hace tiempo, en una librería de Oaxaca, con el propio Leonardo de testigo. Me la dedicó con sus letras incomprensibles. Hacía mucho que un libro de cuentos no me parecía tan perfecto, como éste. El lenguaje, las tramas violentas, los personajes terribles, la vinculación de todas las historias (está a casi nada de ser una novela o lo es, sin las convenciones clásicas) parecen brotar de una enorme concentración, de un talento prodigioso, de un maestro de la narrativa. Samahua es, literariamente, una maravilla. Doce: Una bendición (Mondadori, 2009), de Toni Morrison (EUA, 1931-2019) es, otra vez, una historia de mujeres negras, de violencia, religión (“La religión, tal como la madre se la había inculcado a Rebekka, era una llama alimentada por un odio portentoso”), segregación femenina (“Ser mujer en este lugar es una herida abierta que no puede curarse”), segregación racial: “Entonces supe que no era una persona de mi país ni de mi familia. Era una negrita”.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Películas, series, documentales de 2024 Héctor Cortés Mandujano
En 2024 vi (entre películas, series y documentales) 357 obras de varia laya, al 15 de diciembre, que es la fecha en que mando esta columna. En la retrospectiva que la plataforma Mubi hizo de mi año dice que soy “Un políglota, un adicto a todos los géneros, un trotamundos y un minimalista”. No sé si tenga razón, pero en esta síntesis que supone lo mejor que he visto puse películas y series de 2023 (dos únicamente) y 2024; traté de no ceñirme a una sola tecla del piano ni a una sola plataforma. Ojalá hayas compartido mis gustos o te dé gana de ver algunos de estos títulos querido lector, lectora.
Una: Passages(2023), cinta francesa de Ira Sachs, es la historia de un director de cine bisexual, atrapado en la pasión por un hombre y por una mujer. La película explora, con imágenes no aptas para menores, la vida erótica de este hombre, Tomas (el actor que lo interpreta, Franz Rogowski, es magnífico), cuya fotografía se expande a cualquiera que viva disyuntivas y pueda verse reflejado en el narcisismo voraz del personaje. Dos: Amor, acoso, asesinato (2024), documental dirigido por Sam Hobkinson (EUA). Escalofriante retrato de una obsesión amorosa. Parece un thriller, una cinta policiaca de la a la z. El asunto es que ocurrió en la realidad y que no son actores los protagonistas, sino gente loca de carne y hueso. Gran documental, súper recomendable. Tres: Los desfiles(2024), cinta japonesa de Michihito Fujii. Me encantó. No tiene grandilocuencias y su historia es profunda, humana. Los personajes están muertos en un espacio donde deben aprender cómo “vivir” en su nueva circunstancia. Aunque el personaje principal es una madre que busca a su hijo, los otros son actores y actrices con solvencia e inspiración. Quedé melancólico después de verla. Cuatro: Robot salvaje(2024), cinta estadounidense de dibujos animados de Chris Sanders. Hace mucho que no disfrutaba una propuesta cinematográfica tan redonda como ésta. Todo funciona y funciona bien: la historia, la animación, los diálogos, la música… Una maravilla. Cinco: Tótem(2024), de la mexicana Lila Avilés, cuenta una historia que se aparta del tríptico aristotélico clásico de principio, medio y fin. Aquí los personajes aparecen in media res y no hay interés de aclarar quién es quién. La historia no da antecedentes ni propone un final que arregle la vida de los protagonistas. No es una película complaciente ni busca el aplauso fácil. Me gustó. Seis: El astronauta (2024), del director sueco Johan Renck, con Adam Sandler, fuera totalmente de su faceta cómica. Es una exploración de la soledad y de cómo vivir con nuestros demonios. El bicho que aparece en la cinta, como única compañía, se ha visto como una metáfora, pero me parece que es (ya sea que exista o no) un reflejo de nuestra necesidad de compañía. Creo que la película nos enseña bastante de nuestra propia humanidad. Lo hizo conmigo. El trabajo de Sandler es genial. Siete: Crossing (Caminos cruzados, 2024), de otro director sueco: Levan Akin. Esta película está llena de capas: la familia (la tía que busca a la sobrina); la convivencia entre jóvenes y adultos; la necesidad del placer (no necesariamente sexual), no importa la edad que tengamos; las distancias que establecen los idiomas; la tolerancia y el amor entre seres de distinto ejercicio sexual, y la música, la gente, Estambul… Quedé hipnotizado con esta cinta de tantos matices. Ocho: Ripley(2024), escrita y dirigida por el estadounidense Steven Zaillian. He leído con profusión la novelística de Patricia Highsmith (creadora de Tom Ripley) y he visto tal vez todas las propuestas cinematográficas que se han hecho con este personaje. Creo que esta miniserie de ocho capítulos, con un Andrew Scott espléndido en el papel principal, hace plena justicia a la ambigüedad moral de Ripley, a su maldad, a su raro encanto. El blanco y negro también ayuda, y que la edición se tome con calma el proceso de contar. Un gozo. Nueve: El último vagón (2023), del mexicano Ernesto Contreras. Soy un hombre rural y viví mi infancia en el campo. Eso de entrada me hace ser empático con esta historia de una maestra (Adriana Barraza) que ama su trabajo y de los niños que viven una vida que los va volviendo adultos con más velocidad de la que debiera. El final de la película es tan bonito, que ya con eso valdría la pena todo. Ojalá que hubieran más personas como las que inventa la película. Diez: Cómo robar un banco (2024), documental sobre William Scott Scurlock, un hombre joven y guapo, que entre 1992 y 1996, con varios disfraces, robó más de 15 bancos en Seattle, EUA. El material que hay sobre este hombre fue usado con inteligencia. ¿Podría dejar de robar? No, no quiso detenerse. El final está contado con maestría. Este documental de la vida real está dirigido por Stephen Robert Morse y Seth Porges, y me quedaron en la cabeza, dando vueltas, muchas ideas, muchas preguntas… Once: Los caballeros (2024), serie creada por el director inglés Guy Ritchie, tiene como antecedente la película que el mismo director escribió y dirigió, con el mismo título, en 2019. Ahora, en ocho capítulos perfectos, nos cuenta ampliada la misma historia, con altísimos valores de producción, actuaciones convincentes y un Ritchie con todo el control de su innegable talento. Doce: Longlegs (El coleccionista de almas, 2024), de Osgood Perkins (hijo por cierto de Anthony Perkins, el célebre actor de, entre otras, Psicosis, de Hitchcock), no es que sea una película perfecta. Me parece que tiene problemas con el guion y que a veces cuenta cosas que debería mostrar (no es un libro, sino una película). Es un poco brutal, en términos de imágenes, y varias escenas se resuelven con la ayuda del azar. Pero funciona e inquieta. Es tremenda la locura del personaje principal, representado con una enorme maestría por un Nicolas Cage soberbio y casi irreconocible.
Ilustración: Leonora Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Dice Spotify que, en 2024, oí música 52 mil 419 minutos; escuché 9 mil 395 canciones y a 4 mil 098 artistas. Mi artista favorito fue Jon Batiste, a quien escuché tres días=725 minutos. Hace tiempo, en un viaje con un amigo, me dijo que llevara música y él me señaló algo que yo no tenía tan claro: Prefiero oír a mujeres. Más de siete en esta lista. Aunque el jazz es lo más acentuado, hay un poco de todo. Mis doce canciones más escuchadas en 2024 son las siguientes.
Uno: “Aguamarina”, de Eduardo Gatti (Chile, 1949). El álbum (1982) se llama como él. La canción parte de “el primer día del mundo”, donde no sólo se crearon “soles y espirales”, sino también, le dice a su amada, “tus ojos”. Apunta: “Así, los gusanitos llegan hasta tus huesos”. La pieza cuenta con sencillez cosas profundas: “De aquel punto distante en que todo era uno y lo mismo,/ caracolito sube, espiral de luna brilla en tu mejilla hermosa”. Dos: “No sería el amor”, de la cantante mexicana Amparo Ochoa (1946-1994), acompañada por el guitarrista Manuel Guarneros, del álbum Hecho en México, 2011. La canción fue compuesta por Francisco Madrigal. Habla de un rompimiento amoroso, con no poca amargura: “Llevo mucho tiempo de andar por la vida/, ¿qué habrás hecho tú,/ que no haya hecho yo?/ Sé perfectamente que el amor termina./ Y si algo fuera eterno/ no sería el amor”. Tres: “Corazón abierto”, de la cantante y compositora mexicana Zaira Franco (no encontré datos sobre el año de su nacimiento; es joven y gran intérprete), acompañada al piano por el célebre maestro pianista de jazz Héctor Infanzón, del álbum Tumbalá, 2015. El álbum completo vale la pena. Arranca fuerte: “Llevo años en vela y no despierto todavía./ Sólo cuento las horas para verte, niña mía./ Soy un ave perdida, voy volando contra el viento,/ tengo un ala herida y el corazón ni lo siento:/ corazón que viene abierto./ Si tú quieres, yo aquí estoy”. Cuatro: “El gavilán”, de la cantante María Inés Ochoa (Culiacán, Sinaloa, México, 1983), por cierto hija de Amparo Ochoa. La canción fue compuesta por Xavier López Miranda y es parte del álbum La rumorosa. Lamento, de 2014. Es pasional. Quiere entrar al otro cuerpo, al amado: “Te abriría el pecho con los dedos si pudiera. […] Y una vez hecha tu sangre/ correría por tus venas/ para acariciarte/ para acariciarte/ lentamente/ el corazón”. Cinco: “Comodín”, de No te va a gustar, banda de músicos uruguayos. Pertenece al álbum El tiempo otra vez avanza, de 2014. Parece que en mis gustos paso del amor correspondido a la ardidez. Esta va de lo segundo: “Cierro la puerta y me trago la llave”. Dice: “Esta noche llega el fin,/ no soy más un comodín,/ recupero la libertad perdida./ Enterate (no entérate) con esta canción:/ No soy más tu segunda opción”. Seis: “El gato y la ventana”, de Ingrid Beaujean (México, 1986). La canción es parte del álbum Cuento, de 2015. Es un tema introspectivo, compuesto por esta cantante de jazz, sobre lo que dice el título: ¿Qué piensa un gato cuando ve por la ventana?: “¿Qué es estar en ese mundo tan lejano? Soñando y soñando mientras pasa el día”. Siete: “Ese beso”, de Manu Sija (Argentina, 1988), acompañado de las dos cantantes argentinas Flor Bobadilla y Nadia Larcher, del álbum Ecléctica (de Manu), de 2023: “Ese beso es juntura/ de tu abismo con el mío/ es una tibieza oscura/ donde vuela el delirio. […] Voy marcado por tus labios/ por la angustia de tu boca/ voy muriéndome en tu encanto/ mientras mi alma se deshoja”. Ocho: “Sastre del diablo”, de Nortec Collective, banda de Tijuana, Baja California, México, del álbum Border Revólver, de 2011. Me encantó desde que la oí: “Soy un angelito que esos que pecan/ Una y mil veces […] El sastre del diablo me ha cocido un frac/ Con pelos de virgen armó su sedal/ Se baten mis alas siguiendo el compás/ Y no descanso nunca”. Nueve: “Submarinos y tostadas”, de Nico Iribarren (Buenos Aires, Argentina), del álbum homónimo de 2018. La canción es muy sencilla, pero la ejecución es magnífica. El tipo llega a un café y hace su pedido: “Deme un café y dos tostadas/ Cortado está bien/ El diario de ayer, también. […] Pedir es complicado”... La melodía es hermosa. Diez: “Crece enredadera”, de Jara Armenta (no hallé datos; es joven), es un sencillo de 2024: “Búscame donde las ganas superen las excusas/ donde todo está bien. […] Búscame donde el mundo interior sea el jazmín/ que abrace las rejas de la piel./ Con la majada del miedo aboné sueños/ y pude brotar”. Ritmazo y bella voz. Once: “Cocuyo”, de Chéjere, grupo musical de Veracruz, México, del álbum Ojo de luna, de 2012. La vocalista es mujer (Natalia Cobos). Una mezcla sabrosa. Así empieza: “El campo viste de luto cuando la noche le llega:/ Se llena de luceritos que hasta parecen estrellas./ Quién fuera como el cocuyo, que cuando canta ilumina/ y cuando el sol aparece su canto no se termina”. Doce: “Ya traté de olvidarte”, de Soledad Villamil (Argentina, 1969), del álbum Canción de viaje, de 2012. Había escuchado distraídamente a esta actriz-cantante hasta que la vi recientemente en una película (Goyo, 2024), donde no es la protagonista, sino hermana del actor principal. Me impactó su personalidad y su belleza, y me puse a escucharla con más cuidado. Me encanta ella (casada, por cierto) y su voz. Esta canción es para abandonados, también: “Ya traté de olvidarte y no puedo,/ de apagar con cenizas tu fuego,/ pero cierro los ojos/y se enciende de nuevo./ Ya barrí como polvo el deseo,/ sacudí de mi boca tus besos/ y en mitad de la noche/ busco a tientas tu cuerpo”. Ay, Soledad…
Ilustración: Jacobo Herrera Cortés
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Días de agua y de olvido (Minificción) Héctor Cortés Mandujano
Las calles como arroyos han sido eso desde hace tanto, que ya nadie recuerda en la ciudad ni la tierra ni el asfalto. Un día comenzó a llover, ¿hace cuánto?, y desde entonces no ha parado. Soy policía y uno de los primeros que aprendió a usar los artilugios –parecen patines, parecen esquíes– que nos ponemos en los pies para deslizarnos como bólidos tras los delincuentes (ya no son necesarias las patrullas ni las motocicletas) o para ayudar a alguien que nos requiera. También soy experto en luchas cuerpo a cuerpo y me he trenzado en pleitos, donde triunfo, hasta con diez malandrines. Parezco, eso me dicen, un héroe de comic. Pero me descubrí una falla, que no he podido corregir: el olvido va carcomiendo mi vida.
La primera vez que me di cuenta fue una vez que llevaba quién sabe cuánto viéndome al espejo, con el cepillo de dientes en la mano. Sonó mi celular y eso me trajo a encontrar que en el espejo nada había, ningún rostro, ningún rastro humano, nada. ¿Y yo? En un parpadeo estuve de nuevo frente a mí, con el cepillo en las manos. Vi la hora y deduje que me había pasado, quién sabe dónde, por lo menos sesenta minutos. ¿Me olvidé de mí y llegué al punto de no verme? Sucesos así comenzaron a menudear en mi vida, hasta que fue notorio para la gente de mi trabajo. Entré en el baño y sólo regresé a mí mismo, por decirlo de alguna manera, cuando los toquidos urgentes me hicieron abrir. Estaba de pie junto a la puerta y me dijeron que tocaron porque no hice ruido de nada. Cuarenta minutos de no sé dónde, de no sé qué. Un día amanecí desnudo en una de las pozas de una gruta lejana. Mi ropa estaba en una gran roca de la orilla. El problema es que yo no recordaba cómo había llegado hasta allí. Fui al médico y me dio unas pastillas. Pedí un permiso especial. Pasaron yo creí que diez minutos, a partir de que llegué a la casa, y vi la fecha en mi teléfono: habían pasado cinco días.
Las extrañezas en mi comportamiento fueron tales, que ya no me fue permitido salir a la calle y fui designado para hacer tareas de oficina. Desaparecía, de pronto, cuando iba a la cafetería, o al baño o a una diligencia. Me levantaron actas y fui amenazado de despido. Una noche me dormí profundamente y me desperté seguro de que se me habían pegado las sábanas. Estaba en una cueva, vestido, con mi billetera y demás naderías en la bolsa. Mi celular no funcionaba. Salí. Una montaña. Desde allí vi la ciudad y caminé hacia ella. Traté de concentrarme, porque nada me parecía familiar. Un desastre mi pensamiento. ¡Sorpresa!: No había agua en las calles, sino asfalto. Llegué por fin a la oficina y la gente que ocupaba los escritorios me pareció desconocida. No me dejaron ocupar mi lugar y fui interrogado por varios. La conclusión asombrosa para todos, incluyéndome, fue llegando lenta a los cerebros. Yo ya no trabajaba allí, había desparecido hacía veinte años. ¿Dónde había estado, haciendo qué?
Ilustración: HCM
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
¿Qué edad tenía Eva cuando fue sacada de la costilla de Adán?
Nicolás Grimaldi, en Breve tratado del desencanto
I
En una de las muchas lecturas que podemos hacer del poema homérico, una deducción sería que Helena fue botín sexual de su marido Menelao y de su amante Paris. La disputa por su posesión provocó una guerra cruenta y continuada. “Los dioses duermen/ mientras el malhechor/ se pone la capucha y afila su cuchillo”. Si Menelao se hubiera fugado con otra mujer, no habría habido desgracias ni muertes ni destrucción de pueblos. La fábula bíblica que de entrada niega la infancia a Eva, la vuelve parte, posesión, propiedad del hombre que, en un contrasentido, la pare, la da a luz. Eva fue hecha para regocijo de Adán. No al revés. En estos tiempos, en una calle oscura, en un parque solitario, una mujer se convierte en material de uso y desecho, de abuso sin límite: del piropo a la violación y a la muerte. La Biblia, la Ilíada, la Odisea, desde hace mucho, nos contaron lo que va a pasar, lo que sigue pasando: “La manada incesante/ de filosos colmillos/ olfatea en las madrugadas”. Elda Pérez Guzmán nos lo cuenta ahora en “Donde habita el olvido”, el primer apartado de Las otras Evas. Y habla de aquel y de este tiempo: “Adonde vaya Sara o Elena/ la hidra puede arrancar su candorosa risa”, en esta ciudad y en todas, que son la misma: “Una ciudad triste y polvorienta/ de mujeres extraviadas,/ acosadas, vigiladas,/ ausentes, calladas… […] ciudad sin tiempo,/ ciudad de todas partes”.
II
“Ya no seré más tu paraíso/ tu Eva esclavizada” declara Elda, en “Ataduras”, del segundo apartado, “Con olor a hierbas”. El verso intenta ser una fórmula para terminar con “la maldición de los Adanes”, hombres aferrados a la tradición bíblica de parir a Eva para su disfrute, y culparla después de hacerlos comer la manzana y perder las canonjías divinas. Eva y Helena –coprotagonistas del libro sagrado y del libro poético– son las culpables del desastre, una por curiosa y la otra por coqueta. Pero también la bruja (“fui desterrada”) y la curandera (“me condenaron y llevaron a la hoguera”) son acusadas y castigadas. Mejor ponerse vestidos largos y pensar “que algún día/ podré desnudarme,/ meterme al mar/ sin miramiento alguno/ […] sin velos ni atavíos sombríos”. Y aparece, por fin, Lilith, la rebelde, quien “dominó con astucia la pasión,/ controló sus miedos,/ se liberó de cualquier atadura”. La ama de casa, por suerte más Lilith que Eva, puede decir con todas las letras: “¡No soy tu mujer!”, si eso significa trabajar al servicio de los hijos y el marido, sin deseo, sin recompensa, sin ilusiones… En los poemas de este apartado, Elda Pérez Guzmán piensa con Rosario que debe haber “otro modo de ser” que no se llame sor Juana (la peor de todas), por ejemplo, y que sí sea jugar, “desnudarse los hombros, enseñar la espalda,/ ser sensual”.
III
“Esa mujer soy yo” cierra el libro. Y no toca alegres notas, sino canciones de Comala que, ya se sabe, se especializan en soledades, ausencias, olvidos… No cuenta historias maravillosas, sino cuentos donde la princesa no recibe la vista del príncipe: “Dejé de ser Eva para ti”. Llegó el amor y volvió paraíso la cama del pecado; luego el amante y el amor, con la maldición del tiempo, se fueron marchitando, se volvieron polvo. Y en la princesa también, que asomó tantas veces su rostro joven al espejo, fueron naciendo arrugas…
IV
Las otras Evas, de Elda Pérez Guzmán, es la muestra de una escritura que no sólo busca la belleza en las palabras, sino también el pensamiento y la luz. Continente y contenido. No es únicamente el colibrí libando flores: es medusa meditando en la mitad de la noche. Este es un libro de versos y de ideas. Una y otra y muchas Evas. [Prólogo del libro Las otras Evas, de Elda Pérez Guzmán.]
Ilustración: Leonora Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Voy montado a caballo por uno de los caminos de El Ciprés, la finca donde nací. A mi lado, en corcel magnífico, va mi padre. Me descalzo para cruzar el río en el camino polvoriento de la finca a uno de los pueblos cercanos. A mi lado, en igualdad de circunstancias, va mi madre. Corro y juego en el patio enorme de la finca. Me quedo en las noches viendo el cielo lleno de estrellas. A mi lado están mis hermanos, mis primos, muchas niñas, muchos niños. Caballos, vacas, culebras, árboles, cerros, cielo… Todo eso desaparece.
Pasan muchos años y he andado muchos caminos. Pegada a mí, con su mano enlazada con la mía, viene Luisa, mi mujer. No pasa mucho tiempo y aparece, del otro lado, con una mano pequeñita que ha crecido y ya es la de una muchacha, Nadia Carolina, mi hija. Después, como cerezas del pastel de la vida, como corona de maravillas, vienen acompañándonos Jacobo y Camilo, mis nietos. Y ahora, en estos días, en este momento, junto a mí, cerca de mi corazón, están todos y todas los de Candox, y ustedes, mis amigas, mis amigos, mi nueva familia. Gracias por estar con ellos, conmigo, con nosotros tres.
[Leí este breve texto en la ceremonia de reconocimiento que el Instituto de Arte y Cultura Candox A. C. me entregó el 17 de noviembre 2024, en el Teatro de la Ciudad “Emilio Rabasa”, donde también homenajearon a Manuel Suasnávar, pintor, y a José Israel Moreno, músico. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
Cartel «La divinidad del monstruo».
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).