Polvo del camino. 203. Cuatro mujeres: tres. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz.

               
Polvo del camino/ 203

Cuatro mujeres: tres
Héctor Cortés Mandujano

Dicen que un carnicero zen hace un corte preciso
y todo el buey
cae en pedazos
como un rompecabezas

Anne Carson

La belleza del marido. Un ensayo ficticio en 29 tangos (Bisturí 10, 2020), de Anne Carson, con traducción de Soledad Marambio, en un pequeño libro sobre la pérdida, que apostilla cada poema con un verso de John Keats.
Carson es canadiense y, dice la solapa, “se gana la vida enseñando griego antiguo”. Lo digo porque en el segundo tango dice que en un bolsillo de la ropa de su marido (p. 10) “encontré una carta que él había empezado/ (para su amante del momento)/ que contenía una frase que yo había copiado de Homero”; sigue diciendo: “Fiel a nada/ mi marido. Entonces ¿por qué lo amé desde la niñez hasta mi edad madura/ y la resolución de divorcio llegó por correo?/ La belleza. No es un gran secreto. No me avergüenza decir que lo amé por su belleza”. Dice más adelante (p. 11): “La belleza hace al sexo sexo”.
Aparte de infiel, ladrón de textos (p. 12): “escribí una charla breve (‘Sobre la desfloración’) que él robó y publicó/ en una revista trimestral”.
Su marido bello tuvo muchas amantes (p. 23): “Poco después de un año desde nuestro matrimonio/ mi marido/ comenzó a recibir llamadas (de una mujer) tarde en la noche./ Si yo contestaba (ella)/ colgaba. Mis oídos se volvieron roncos".
Dice Anne Carson (p. 30): “Mi marido mentía acerca de todo./ […]/ Mentía cuando no era necesario mentir”.
Se hace muchas preguntas (p. 41): “Por qué la naturaleza me entregó a esta criatura –no la llames mi elección”. Pero sabe que está bajo su embrujo (p. 45): “Si pudiera matarte tendría que hacer después a otro exactamente igual a ti”.
Él no cambió nunca (p. 56): “Engañar cada noche es signo de desesperación”.
Tiene con él una conversación larga. Un poquito de lo que se dicen (pp. 67-68): “Cobarde./Lo sé./ Traidor./ Sí./ […]/ Devastador mentiroso sádico falso./ Por favor./ […] Las mujeres./ Sí./ La mentira./ Sí./ […]/ Tus sueños son un desastre./ Son mi obra maestra”.
Pero era bello (p. 72): “Aristóteles quien/ no tuvo marido,/ casi nunca menciona la belleza”.
Se dejan, él se va, varias desventuras después conversan (p. 96): “Todavía te acuestas con todo el mundo./ Lo hago”.
Ya nada son y él la llama a veces (p. 109): “Pruebas intercaladas con halagos./ Eres la única persona a la que le temo./ Mezcladas con encanto sexual./ Si se te antojara venir y calmarme yo estaría feliz”.
Conclusión (p. 114): “Bueno, la vida tiene riesgos. El amor es uno”.


Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 202. Cuatro mujeres: dos. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nudding.

                Polvo del camino/ 202


Cuatro mujeres: dos
Héctor Cortés Mandujano

¿Qué puede darnos la civilización?

Virginia Woolf, al hablar de Thoreau

Horas en la biblioteca (Austral, 2019), de Virginia Woolf, es una colección de ensayos, cuyo tema principal es la literatura. La Woolf revisa autores que, en muchos casos, fueron sus contemporáneos y que ahora ya pasaron a la etiqueta de clásicos.
De Coleridge dice, por ejemplo (p. 67): “La incompatibilidad que sin duda existía entre Coleridge y el resto del mundo, según nos persuaden las Charlas de sobremesa, surgió del hecho de que, más incluso que Shelley, era ‘un ángel hermoso e ineficaz’ ”.
De “El cuaderno de Mr. Kipling” tomo este apunte magnífico (p. 85): “Una gruesa carpa, en un estanque, sorbe una hoja caída y emite el sonido de un besito mundano y perverso. De la tierra emana el vapor y el vapor asciende en silencio, y una preciosa mariposa, de quince centímetros de envergadura, atraviesa el vapor zigzagueando de color y aletea hasta posarse en la misma frente del dios”.
Cita a Emerson (p. 113): “No puede escribir bien el hombre que piense que puede elegir entre varias palabras. En la escritura de veras buena, cada palabra significa algo”.
Le dedica varios ensayos a Dostoievski, cita una de sus observaciones (p. 163): “Por su propia naturaleza, el provinciano tendría que ser un psicólogo especializado en la naturaleza del ser humano”.
Cita la última entrada del diario de Jane Austen, que parece irónico, porque murió tres meses después (p. 185): “Todo va bien”.
Elizabeth Hitchener fue una de las mujeres de Shelley; me pareció extraño lo que le escribió en una carta (p. 220): “Toda la naturaleza, salvo la de los caballos, es armónica, y nace en la desdicha quien haya nacido siendo caballo”. Dice la Woolf de Elizabeth Lady Holland (p. 251): “Sabía ser tan impersonal como un chiquillo de diez años, y tan inteligente como un político”.
Asienta esta idea que alude a la perfección que buscó incesantemente Flaubert (p. 298): “Flaubert dedica un mes a buscar la frase idónea para describir una lechuga”.
Critica el método que Clayton Hamilton (p. 302): “Según él, toda obra de arte se puede trocear, y esos pedazos se pueden nombrar y numerar, dividir y subdividir, habida cuenta de su orden de precedencia, como si fueran los órganos de una rana disecada. De este modo aprendemos a ensamblarlos de nuevo: según Hamilton, de este modo aprendemos a escribir”.
A veces la literatura reduce las cosas a un momento, dice; las pone en escena nomás (p. 326): “Y así vamos y venimos a tirones a lo largo de las novelas más famosas del mundo. Así las manifestamos en una sola sílaba, escrita, por qué no, con la caligrafía de un chiquilicuatre analfabeto. Un beso es el amor. Una taza rota son los celos. Una sonrisa es la felicidad, la muerte es un féretro”.
Gran compañía la Woolf.

Ilustración: Alejandro Nudding.
Ilustración: Alejandro Nudding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 201. Cuatro mujeres: una. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                  Polvo del camino/ 201

                  Cuatro mujeres: una
                Héctor Cortés Mandujano

                                                Su secreto estaba a salvo
                                             como una mosca en la letrina

                                                             Anne Sexton,
                                                        en “El campesino”

Hice un pequeño viaje de descanso con mi mujer. Visitábamos a mi cuñado, su hermano; como allí yo tengo el tiempo libre y una hamaca a mi disposición, escogí cuatro libros del rimero que siempre estoy leyendo (dos comenzados y dos por comenzar); al llegar allá me di cuenta que los cuatros estaban escritos por mujeres: Transformaciones, de Anne Sexton; Horas en la biblioteca, de Virginia Woolf; La belleza del marido, de Anne Carson, y El corazón del daño, de María Negroni. Los cuatro me parecieron prodigiosos. Los comparto contigo lector, lectora.
	Transformaciones (Nordicalibros, 2021) es, además, un libro elegante y bellísimo, con ilustraciones de Sandra Rilova y traducción de María Ramos. Lo que transforma la autora son dieciséis cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Los vuelve poemas que subvierten, deconstruyen, critican los papeles asignados especialmente a la mujer. Es, incluso, muy divertido. ¿Qué más pedir?
	En “Blancanieves y los siete enanitos” la madrastra reina es muerta terriblemente y (p. 21): “Mientras tanto Blancanieves permaneció en el palacio,/ abriendo y cerrando sus ojos azul esmalte,/ y hablando de vez en cuando con su espejo/ como hacen las mujeres”.
	La reina, que engaña a “Rumpelstiltskin”, ese hombrecito que está “dentro de muchos de nosotros”, cuando está angustiada por su promesa (p. 33): “lloró dos cubos de agua marina. (y)/ Fue tan insistente/ como un testigo de Jehová”.
	Escribe en “Rapunzel” sobre varias propuestas eróticas; ésta es una (p. 49): “Dame tus labios inferiores/ hinchados con su destreza/ y a cambio yo te daré un ángel de fuego. […] Somos dos pájaros/ lavándose ante el mismo espejo”. Rapunzel sólo conocía a una mujer. Conoció a un hombre (p. 54) “y él le declaró su amor./ ¿Qué bestia es ésta?, pensó ella […] ¿Qué espinosa planta crece en sus mejillas?/ ¿Qué es esta voz profunda como la de un perro?/ Pero él la deslumbró con sus respuestas./ Pero él la deslumbró con su palo danzante”.
	Me gustan mucho sus comparaciones (p. 19): “Estaba tan llena de vida como una gaseosa”; (p. 22): “Había un rey tan sabio como un diccionario”; (p. 30): “Tenía una hija tan hermosa como una uva”; (p. 45): “La princesa estaba madura como una mandarina”; (p. 59): “Apareció tan repentinamente como una piedra en el riñón”. Dice en “Cenicienta” (p. 65): “Cenicienta fue hasta el árbol de la tumba/ y lloró como una cantante de góspel”. Las hermanastras fingen amor cuando ella ya será la princesa (p. 66): “En la ceremonia de boda/ las dos hermanas se acercaron para hacer las paces/ y la paloma blanca les sacó los ojos a picotazos”.
	Escribe en “Un ojo, dos ojos, tres ojos” (p. 69): “Una vez conocí a una niña/ con la mente de una gallina”. “Caperucita roja”, ve al lobo fingiendo ser su abuela (p. 88): “La abuela le resultaba extraña,/ parecía tener una peluda y extraña enfermedad”.
	Dice en “Las doce princesas bailarinas” (p. 102): “y el sol se elevó/ desnudo y furioso”,  y en “La bella durmiente” habla de una de las hadas (p. 118): “su útero como una taza vacía”. Ante la maldición a su hija: “El rey parecía El grito de Munch”; cuando la princesa se pincha todos quedan dormidos (p. 119): “Incluso las ranas eran zombies”.
	Este libro es como un pensamiento feliz en la mente de un condenado a muerte; como hallarse una rosa fresca en el centro de una hoguera.


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 200. Polvo del camino. Héctor Cortés Mandujano

llustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                Polvo del camino/ 200

                  Polvo del camino
               Héctor Cortés Mandujano

                                El polvo indescifrable que fue Shakespeare

                                                                    Borges, 
                                                                 en “Cosas”

No sé si sea tarde para explicar por qué llamé Polvo del camino a esta columna que hoy cumple 200 ediciones. Se supone que esas cosas se explican desde el principio. Sin embargo, las fórmulas esotéricas dicen que nada ocurre tarde o temprano, sino justo a tiempo. Confiaremos en ello. 
	Cuando mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa me pidió que escribiera para la revista electrónica que preparaba, yo tenía escritos algunos cuentos o minificciones (cuatro o cinco) que, según yo, iban a conformar en el futuro un libro de pequeñas narraciones. Fueron publicados dentro de mis primeras diez entregas de la columna que bauticé de un día para otro, porque me subí al tren en movimiento de Roger, colgado de una barandilla.
	Pensé con rapidez en un título general para mis columnas y lo primero que vino a mi mente fue una imagen placentera: yo iba de niño detrás de una carreta (manejada por quien sabe quién), descalzo, y veía cómo mis pies se hundían en las suavísimas capas del polvo del camino que nos llevaban de El Ciprés, la finca donde nací, hacia la colonia Cristóbal Obregón, donde estudié los primeros años (cuatro) de educación primaria.
	Pero en aquel día, en aquel instante de placer, yo no iba a la escuela. Tengo la impresión de que me había bajado de la carreta para sentir cómo mis pies se hundían en el polvo, en ese polvo casi etéreo. “Camino sobre las nubes”, podría haber pensado en esos cuatro-cinco años de vida. No creo haberlo hecho.
	Las imágenes del tren y la carreta son la misma. Yo iba agarrado con mis manitas a la parte trasera de la carreta y viendo hacia abajo. Lo más importante en ese momento no era caminar (la carreta me jalaba), sino ver mis pies hundiéndose en el polvo y tener como única la sensación de suavidad suprema.
	El polvo del camino quedó como un maravilloso recuerdo de mi infancia libre y feliz. Luego vino aquello de Polvo eres y en polvo te convertirás, de un libro de libros que es más bien metafórico. Después llegó la lectura de un libro de ciencias –el rancho y la infancia habían quedado atrás, en la memoria– donde supe que el polvo de nuestra casa no siempre entra de la calle, sino es la piel que se nos va cayendo: Somos polvo. 
	Allí descubrí que, aunque fuera una parte minúscula, el sutil polvo de aquel camino no era solo del camino, sino también mío, parte de mí. 
        Saltemos de aquel tiempo a éste. Lo que escribo (aunque a veces me dé vergüenza firmar mis textos, porque en realidad los sueño, los imagino y parecen venir de un lugar mío que no conozco) es parte de mi camino y mi camino es mi propio reguero de polvo.
        Flaubert, cuando lo procesaron para que revelara en quién se había inspirado para escribir Madame Bovary dijo la célebre frase: “Madame Bovary soy yo”. 
         Mi paráfrasis de las palabras de Flaubert, que son una declaración tajante sobre lo que significa escribir, es simple: El camino soy yo, el polvo soy yo. 
         Te agradezco lector, lectora, por acompañarme, por leerme.


llustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 199. Perla blanca en la oscura media noche. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nudding.

                Polvo del camino/ 199
         Perla blanca en la oscura media noche
                Héctor Cortés Mandujano

                      Nunca olvides que en la casa que buscas no hay nada

                                                            María Negroni,
                                                    en El corazón del daño

Llegué a mi pueblo luego de tanto. Pregunté por mí, como si yo fuera un fantasma y la gente, así, en genérico –un ramo de rostros desdibujados–, me dijo que yo vivía solo, en el Ciprés, una finca cercana; que si quería hallarme tendría que ir para allá.
	Tomé y anduve por el camino de tierra oscura, flanqueado con árboles como monstruos negrísimos, en la noche silente.
	Iba vestido de gala, con una capa incluso y zapatos brillantes de charol. Pero no movía los pies, era como un mago que parece deslizarse sobre unos patines que nadie ve. La ridiculez oculta puede volverse misterio.
	La finca era, en lo oscuro, la perla blanca que relumbraba en una muestra excesiva de la excepción a la regla.
	Abrí la tranca y entré en la luz del corredor de ladrillos, como si fueran oblongos trozos de queso.
	Salí yo mismo de uno de los cuartos de puertas de madera, como dos ojos u hojas del alba, adormilado, tal vez un poco más joven de anfitrión que de visita. No parecí sorprenderme en ninguna de mis dos versiones.
	El pijama que usaba parecía hecho con luz de luna llena. Nos sonreímos.  Yo abrí los brazos para darme un abrazo y nos fundimos, negro y blanco, en un gris primero que parpadeó por segundos y se convirtió después en la luz fortísima en que nos convertimos…

[En otra posibilidad de sueño, voy al pueblo y pregunto por mi mamá, me dicen que ella está en El Ciprés; llego y me doy cuenta que uno de los cuartos tiene una puerta abierta y ella está sola, ante la luz de una vela, en trabajo de parto. Suda, gime y sale de su vientre un bulto acompañado de agua sanguinolenta: yo.]

 

Ilustración: Alejandro Nudding.
Ilustración: Alejandro Nudding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 198. En el corazón del bosque. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                    Polvo del camino/ 198
                   En el corazón del bosque
                          (Cuento)
                   Héctor Cortés Mandujano

Aura, mi más querida amiga, solía llorar por todo: al verme llegar a su casa y al decirme adiós, cuando se alegraba y cuando me contaba una pena; lloraba al ver nacer el día y al cerrar los ojos para dormirse…
	¿Por qué llorar tanto y por todo?
	—Las lágrimas me hacen feliz –decía.
	De todos modos la adoraba porque era capaz de quedarse callada para oír mis monólogos y me hablaba con paciencia después, me abrazaba con cariño, me daba consejos. Las mujeres se sucedían en mi cama y pasaban ligeras por mi corazón, pero Aura seguía allí, dispuesta para mi amistad, como el árbol que da sombra y frutos, flores y cantos.
	Un día me pidió que saliéramos al campo, porque le había contado una de sus amigas de una librería atendida por su rara propietaria. La peculiaridad es que la había puesto, contra toda la lógica comercial, en un ranchito sin más vecinos que los caballos, las vacas y la naturaleza agreste.
	—Es una maravilla que todavía quede gente así –me dijo.
	—¿Cómo? ¿Loca? –le dije.
	Me vio y vi las lágrimas en sus ojos.
	—La locura es maravillosa: da libertad.

Llegamos y, efectivamente, la librería era muy linda (se llamaba La Felicidad) y con ejemplares que no eran comunes en las otras librerías empeñadas en tener libros que se vendieran. Había una mariposa posada en A la sombra de las muchachas en flor y mientras la explorábamos un gato se hizo un nido sobre un volumen de Hölderlin. 
	Ada, la propietaria, lejana amiga de Aura, nos hizo descuentos en nuestras compras, nos invitó una taza de café y nos llevó a un estanque donde vimos hipnotizados a las miríadas de peces multicolores que se entrecruzaban frente a nuestros ojos.
	Cuando dejamos aquello, volvimos a pie, como llegamos, y Aura decidió que tomáramos otra ruta para llegar a la ciudad: cerca, al lado de un apretado bosque de coníferas. Había oscuridad en el ambiente y una bruma parecía nacer de los tallos arbóreos, lo que daba fantasmagoría al trayecto que no estuvo exento de aventuras, pues tres malandrines trataron de asaltarnos.
	No dije a Aura que llevaba conmigo dos revólveres y como no hubo otro remedio lo usé en contra de los maleantes. Los tres huyeron, con pavor, cuando comencé a dispararles a los pies.
       —¡Tengo más balas para ustedes! –Les grité.– ¡Las siguientes serán para sus corazones! 
       Aura lloró cuando nos quedamos solos y yo la abracé. Ella levantó el rostro y, como si siempre lo hubiéramos hecho así, la besé en los labios. Allí me di cuenta, rodeado de árboles y neblina, que estaba enamorado de mi amiga y que ella me había amado siempre.
	—Ya no voy a llorar –me dijo–, lloraba por ti, por no conseguir tu amor; desde ahora sólo me verás reír. 
	Despertamos juntos. Somos felices.

 

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 197. Antes de ser Luzbel. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                        Polvo del camino/ 197

                         Antes de ser Luzbel
                           (Minificción)
                      Héctor Cortés Mandujano

Estoy escondido detrás de las rocas. 
        Es de noche y la luna alumbra tan pálidamente como si fuera una vela a punto de extinguirse. 
        Veo la playa, el mar (ah, su sonido), porque sé que debo estar atento ante la posible aparición.
	Y sí, allí están.
	Vienen como lo supuse: con túnicas antiguas, blancas, largas. 
        Parecen estatuas en movimiento. 
        Las caras son también blancas, sin expresión. 
        Las olas les lamen los pies descalzos. 
        Me buscan, claro.
        Me hubiera gustado tener éxito esta vez, luego de tantos intentos fallidos.
        Sé lo que va a pasar a continuación.
        Y sí, desaparecen de mi vista.
        Oigo sus voces, detrás de mí; siento su presencia.
        “Tienes que volver, eres de los nuestros, sin ti no podemos realizar bien nuestro trabajo, el Padre te espera.”
        Sé que no podré resistirme y comenzaré a elevarme, a seguir su vuelo lento.	
        Iré/voy con ellos de nuevo al Paraíso.
        No me pertenezco: soy un ángel y no puedo escapar de ese destino donde no existen las individualidades.
        Tengo que cuidar a los hombres, no ser uno de ellos.
        Ni siquiera tengo nombre.
        Dios ¿me ama? 
	

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 196. La vida de Fleancio. Héctor Cortés Mandujano

                        Polvo del camino/ 196

                   Evocadas páginas de otro libro/XIV
                         La vida de Fleancio
                      Héctor Cortés Mandujano

La ambición, como el amor, puede ser inagotable. Las brujas le habían dicho a Macbeth que sería rey, y ya lo era. No tenía hijos y, por tanto, no tendría sucesor. A Banquo, su compañero de batallas, en cambio, las maléficas le habían dicho que sería padre de reyes, y que habría una lista de monarcas que vendría de sus genes. 
	Decidió matar a Banquo. ¿Por qué? Él, decíamos, no tenía hijos. Banquo sí. ¿Sólo por eso? Si no eran los hijos de Banquo, serían otros los reyes. Daba lo mismo, ¿no? El odio es irracional, la envidia es estúpida. Matar a Banquo para que su hijo, su descendencia no pudiera reinar era como querer detener la lluvia que cae del cielo. Tonto por donde se vea. El poder enceguece.
	Tal vez su decisión tenía que ver que cuando las brujas aparecieron él tuvo miedo y Banquo no. ¿Era eso? Él tembló al oírlas y Banquo les dijo: “No solicito sus favores ni su odio, pero no les tengo miedo”.

Llamó a tres sicarios.
	—Hoy saldrá Banquo a pasear. “Nadie sino él me amedrenta”. Quiero que lo intercepten y lo maten. Irá con su hijo. Él también debe morir. Ordeno que los dos se vuelvan cadáveres.
	Salieron los asesinos y estuvieron pendientes de Banquo y su hijo. Los vieron tomar camino y los siguieron.

Eran tres los asesinos y dos las víctimas. A Banquo lo ultimarían entre dos, porque era un soldado, un héroe de guerra. Aunque contaban con la sorpresa, no sería fácil. Banquo nunca dejaba sus armas.
	Los más fuertes y duchos se aliaron en contra del hombre. Banquo quiso defenderse. No pudo. Alcanzó a gritar.
	—¡Huye, Fleancio!
	El niño, también sorprendido, vio cómo su padre caía chorreando sangre y cómo un hombre blandía un cuchillo buscando su pequeño corazón. Pasó debajo de sus piernas y salió como bólido. Los tres lo persiguieron, pero ¿pueden viejos perros alcanzar a un guepardo en la plenitud de sus fuerzas?

Macbeth fue informado del fracaso. Se enfureció. Hizo luego una escena de miedo cuando vio el fantasma de Banquo en un banquete. Macbeth después fue muerto por Macduff y supo que lo que dicen las brujas viene de la boca del diablo.
	Fleancio, inexorablemente, se volvió rey.

[Agrego palabras a Macbeth, de William Shakespeare. Los hechos que se imaginan aquí no se cuentan, aunque están sugeridos en el acto tercero, escenas I y III.]

                  

Fundación UNACH A.C.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 195. Garibay, Dehesa, Antaki. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                        
                    Polvo del camino/195

                  Garibay, Dehesa, Antaki
                  Héctor Cortés Mandujano

Me encantaban –y me encantan, ahora que vuelvo a verlos en Youtube– los programas televisivos de Ricardo Garibay, quien solo, ante su mesa y fumando incesantemente (¡se podía fumar en televisión, en un espacio cerrado!), hablaba sin parar de literatura, con unos papeles y un lapicero en ristre. 
          Era faramalloso (una palabra que le encantaba usar), enfático, con salidas de tono, y yo me divertía mucho con su personalidad un poco o bastante pedante y muy agresiva, pero con mucho sentido del humor. Estallaba, estallo, a veces a carcajadas, oyéndolo, viéndolo en los programas que se llamaron de muchas formas, aunque eran básicamente el mismo.
 
Dice en “La literatura y la vida”, 1(Los temas de Garibay, Imevisión): “El artista juega, si no juega no es un verdadero artista”, y en “La literatura y la vida”, 2: “El hombre que lee es como dos veces él mismo, el hombre que no lee es como caricatura de sí mismo”, que cita de su libro Oficio de leer (Océano, 1996:42).

A veces tenía invitados. Germán Dehesa y Ikram Antaki, los que más recuerdo.
         Dijo Dehesa, en “La frivolidad y los políticos”: “En este momento hay tres grandes sectores en el mundo: uno que es el mayoritario, que son los que se mueren de hambre; otro, que es el minoritario, los que se mueren de aburrimiento, y en medio, los que se mueren de angustia al mirar a los que se mueren de hambre y de aburrimiento”.

En “Introducción a la frivolidad”, de Los temas de Garibay, conversan estos dos hombres magistrales y simpáticos. Garibay, hosco, y Dehesa, desmadroso:
        Garibay: ¿La naturaleza de Dios es absolutamente grave? ¿No hay en la naturaleza de Dios espacio para el juego?
        Dehesa: Es un maravilloso tema, que por lo pronto ya inspiró una novela mediocre, que se llama El nombre de la rosa…

La televisión de entonces y de ahora siempre ha tenido espacios que no son repuntes de audiencia, pero dan alegría a uno que otro espectador. Que estén en buen abrigo etéreo estos tres, ya idos, que me hicieron pensar y reír. Ojalá.



Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 194. Nadar con tiburones. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

                        
                    Polvo del camino/ 194

                     Nadar con tiburones

                      (Minificción)
                   Héctor Cortés Mandujano

Despierto de madrugada, abro los ojos y me siento en la cama. Sentado, me veo dormir, como si no me hubiera despertado y no me estuviera viendo: no hay ninguna sorpresa al constatar que soy dos. 
       Al lado de mi cama pasa un canal, ancho y hondo, de agua transparente. Hay gente que nada. No la veo, la oigo. Me doy cuenta de que cualquier pez mayor podría venir por aquí, porque el canal, lo sé, está conectado con el mar. 
        Podría venir un tiburón, por ejemplo. 
	Viene uno, lo veo pasar veloz, y oigo los gritos de pavor de los nadadores.
	Sangre en el agua, que excita a dos o tres escualos más.
	Desde la orilla de mi cama alcanzo a suponer el festín, porque la escena queda fuera de mi campo visual.
	Gritos, fuertes chapoteos, más sangre.
	Lo terrible es que, como si fuera un abismo, el agua me llama y me doy deslizando desde mi cama hacia ella. Sé que en el momento que caiga, los tiburones vendrán hacia mí y no precisamente a charlar sobre asuntos oníricos.
	Toco los pies de mi yo durmiente y me despierto.
	Estoy agarrado con mis dos manos y con las piernas enganchadas a la orilla, pues sé que, incluso sin caer, estos animales cebados podrían morderme, hacerme pedazos.
	Le cuento a mi otro yo lo que está pasando y se sonríe.
	—No pasa nada –me dice–, lánzate al agua, los tiburones no existen.
	Veo sus triángulos dar vueltas en espera de mi caída, pero no puedo dudar de lo que yo mismo me digo.
	Y me lanzo al agua.
	Qué frescura, qué tranquilidad.
	Sí vienen tiburones. Los acaricio como si fueran gatitos y ellos me dan vueltas, pidiéndome más caricias. 
Juego un rato bajo el agua con ellos, que cada vez son más (me siento en mar abierto, pleno, feliz).
        Me subo de nuevo a la cama, me acomodo dentro del cuerpo que también soy yo; justo en ese momento suena el despertador, y ya soy sólo uno cuando despierto.


Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com