Ojo de jaguar, hijo jaguar Héctor Cortés Mandujano
Efraín Bartolomé es uno de los grandes poetas mexicanos vivos.
Nació en Ocosingo, Chiapas, en 1950.
Su primer libro de poemas, en 1982, se llama Ojo de jaguar.
Si caminamos las primeras 23 páginas encontramos árboles, animales salvajes, líneas perfectas: “Mil monos en manada sería mi pecho alegre/ Un ojo de jaguar daría de pronto/ certero/ con la imagen”.
Dedica un poema a su hijo, le cuenta: “Días atrás los chicleros mataron un gran tigre: me dolió,/ pero me gustaría llevarme la piel para que en ella duermas".
El felino se muestra en varios poemas: “Doy gracias a la lluvia./ Gracias a la mañana que avanza con paso sigiloso./ Gracias al jaguar que dejó su huella sobre la tierra blanda de la selva”.
En su poema “Jaguar”, lo llama “Perfecto hijo del día y de la joven sombra”.
Aún más: llamó a su hijo Balam: “Mi hijo viene guacamaya/ viene mi hijo quetzal/ viene el tigre niño/ Viene Balam Balam Balam”.
Balam ahora es adulto y artista visual. Lleva en su nombre el mito, la impronta felina, la selva…
[Los versos entrecomillados corresponden a “Casa de los monos”, “Cartas desde Bonampak” y “Jaguar”, de Ojo de jaguar, de Efraín Bartolomé, edición conmemorativa a 25 años de su aparición, Unicach-Casa Juan Pablos, 2007.]
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Ningún animal doméstico es capaz de una quietud igual a la de un animal salvaje
Isak Dinesen,
en Memorias de África
Cuenta Isak Dinesen en Memorias de África (RBA, 1993) que hizo un estanque cerca de su casa, en África. Un día (p. 161): “cacé un cocodrilo en el estanque, fue algo muy extraño, porque debió de vagar unas doce millas desde el río Athi hasta llegar allí. ¿Cómo pudo saber que había agua en un sitio que nunca la había tenido antes?”.
Mi primo Paco Méndez nos invita a comer a la Sima de las cotorras, municipio de Ocozocoautla. Mi mujer acepta encantada el garrobo en salsa de tomate (yo como otra cosa) y pregunta cómo llegó esa delicia hasta sus platos.
Paco nos cuenta que hay, dentro de las cuevas rocosas de la sima (140 metros de profundidad y 160 metros de diámetro), muchas iguanas y garrobos. Él estaba justamente en la sima de la Sima cuando escuchó jadeos de estos reptiles que tal vez estaban en una ceremonia de apareamiento o nada más peleando. Oyó el ruido de un objeto caer. No era una piedra, evidentemente. Se dirigió con rapidez al lugar donde suponía había caído algo y halló a dos animales en posiciones distintas: el garrobo, en agonía, por las heridas que le habían hecho allá arriba y por el golpazo, la caída de tantos metros, y una boa constrictor que iba en su dirección a comérselo.
Lo que le sorprendió fue cómo el ofidio pudo darse cuenta, de forma tan inmediata, de que lo que había caído era un bocado apetitoso. Paco, que no tiene miedo a las serpientes, se le puso enfrente para que no pasara y le ganara lo que él también consideraba una comida apetitosa. La boa, entonces, trató de buscar otro camino, que Paco también bloqueó, sin dañarla, sin agredirla.
No tuvo más, el pobre reptil decepcionado, que subirse por el tronco de un árbol e irse a rumiar su fracaso. Es decir, vuelvo a la Dinesen: la quietud de un paisaje guarda el misterio de un sinnúmero de animales –de todos los tamaños, de todas las especies– que están al acecho, en una inmovilidad expectante, de que algo ocurra para ponerse en marcha y atacar o ser atacado.
Mi primo, triunfante, guardó el garrobo en una bolsa y mandó que lo prepararan para su propia degustación y la de mi mujer. Él también, dado que vive en un entorno natural, tiene la intuición (no la ha perdido) para esas minucias que hacen ganar o perder, ser el cazador o la pieza cazada…
Video: Paco Méndez.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Surimbia, el pueblo de las esquinas redondas
Héctor Cortés Mandujano
Tocó la suavidad de su traje,
pintado con cúrcuma y tinta añil
Sarelly Martínez,
en Surimbia
Surimbia (Tifón, 2023), de Sarelly Martínez (doctor en periodismo, fundador y catedrático de la carrera de Ciencias de la Comunicación, lector incurable), tiene el tamaño de un devocionario que se puede llevar en la bolsa de la camisa, y arranca con la fundación mítica del pueblo donde él nació: Suchiapa.
El libro, en sus pequeñas páginas, encierra historia y cuentos, música, bailes, vestimentas, costumbres, y, entre otras riquezas, comidas en cantinas y casas, descritas con envidiable gracia y la mano maestra de este hombre al que debemos varios libros imprescindibles sobre la historia del periodismo, una biografía espléndida de Santiago Serrano –otro suchiapaneco célebre– e innumerables artículos de análisis político. Sarelly, sin embargo, tiene una pluma genial para el relato, que desgraciadamente no ocupa con frecuencia.
El gentilicio familiar de los de Suchiapa no es suchiapaneco, sino surimbo y, dice Sarelly (p. 6): “Surimbo, por esas aventuras del idioma con sus encuentros y desencuentros, proviene de la voz chiapa que quiere decir amante del pozol”, que se tomaba acompañado del chile nambimba, ya extinguido (pp. 9-10): “Una plaga, en tiempos ingratos, había acabado con los sembradíos de chile nambimba, de calabaza, maíz y frijol”.
Desapareció también Surimbia, el nombre original del pueblo. Por eso el libro rezuma nostalgia.
Repartieron las tierras por cuadras, pero una pareja llegó tarde y, entonces, cada cual cedió su esquina y un viejo, “dueño de muchos misterios y secretos”, recortó las esquinas, unió los pedazos y formó una cuadra nueva (p. 18): “Hoy todavía puede verse que las esquinas más antiguas de Suchiapa están recortadas –como la esquina que me heredaron mis padres– y que de ellas emana la luminosa generosidad de sus antepasados”.
Un diablo se casó por la iglesia con una muchacha de Surimbia. Escupió la hostia, apenas salir de la ceremonia, y unas abejas se la llevaron al bosque; eso dio pie a una fiesta donde animales y humanos se mezclaron, se emborracharon, se pelearon y (pp. 22-23) “en ese combate ahuyentaron a venados de cola blanca y tigres, los cuales sólo regresan en la festividad del calalá, en Corpus Christi”.
Después de esta historia sigue un cuento de Sarelly, el más extenso, que yo incluiría en una antología que recogiera la certeza del lenguaje, la viveza de la tradición, la descripción de costumbres (que no estorban al relato), el logradísimo buen humor y el ingenio para contar tan redondamente, como las esquinas del pueblo, una historia con tantos meandros: Isaías Nangüelú Indilí, un joven de Suchiapa, bueno para las matemáticas, vive en EUA y se vuelve una celebridad mundial al resolver un enigma matemático; es invitado a regresar a su pueblo, donde se viste de tigre para las fiestas de Corpus Christi.
Lo dice Cesare Pavese en un poema y Sabina en una canción: No debes volver al lugar donde has sido feliz. Isaías se viste de tigre y, como en un sortilegio de la tierra que no quiere dejar ir al hijo amado, todo se vuelve otra cosa.
Este librito lo regaló Sarelly a sus amigos, entre los cuales tengo la fortuna de estar, en diciembre de 2023. Ojalá que algún día lo publique para todos. ¡Felicidades y gracias, querido amigo!
Ilustración: Juventino Sánchez
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Mis libros favoritos de 2023
Héctor Cortés Mandujano
Leí el año pasado 258 libros. Escoger doce no fue fácil. Me quedé con éstos para invitarte a leerlos, si no lo has hecho, lector, lectora.
1. El libro de Aurora. Textos, conversaciones y notas de Aurora Bernárdez (Alfaguara, 2017). Regalo de mi amigo Alfredo Espinoza. Para quienes crecimos leyendo a Julio Cortázar, el nombre de la argentina Aurora Bernárdez estuvo siempre asociado a él. Fue su primera esposa, luego su cuidadora final y su heredera principal, la responsable de que su obra siguiera vigente. Aurora no quiso publicar mientras vivía (este libro es póstumo), pero yo ya la adoraba, porque también agradecí/agradezco sus traducciones (cualquier libro que aparezca/apareciera con su nombre como traductora se volvía/se vuelve inmediatamente parte de mi biblioteca). Leí su libro como si ella fuera parte de mi familia.
2. Nostalgia (Impedimenta, 2012), de Mircea Cărtărescu, con traducción de Marian Ochoa de Eribe e introducción de Piedad Bonnett. Regalo de mi amigo Roger Octavio Gómez Espinosa. Cărtărescu es considerado el más importante escritor rumano de la actualidad. Este libro, con cinco relatos, muestra por qué: no sólo es un extraordinario narrador, sino también un pensador y un poeta. El libro fue una de las grandes sorpresas literarias que tuve el año pasado.
3. Persépolis (Random House, 2020, traducción de Carlos Mayor), de Marjane Satrapi, es un libro peculiar, porque está escrito y dibujado por la propia autora quien, a la vez, cuenta su historia, su biografía, y la historia política, militar y social de Teherán, Irán, su pueblo natal. El libro gráfico, en blanco y negro, supone sorpresas en el diseño y los dibujos que nos cuentan desde la infancia de Marji (de 10 años, en 1980), hasta que se va definitivamente (por lo menos en el libro) de su país, en 1994. La versión cinematográfica es una especie de síntesis de este libro genial.
4. El peso de vivir en la tierra (Alfaguara, 2023), de David Toscana, ganó en el 2023, merecidamente, el Premio Internacional de Novela Mario Vargas Llosa. He leído varios libros de Toscana y cada uno me ha dejado con ganas de leer el siguiente. En El peso de vivir en la tierra, como en Evangelia (2016), David (Monterrey, México, 1961) saca a pasear su buen sentido del humor. Si en aquel logró poner muchos dardos en la diana, utilizando como base los relatos bíblicos, aquí se mueve con soltura en los personajes, las novelas, los relatos de los gloriosos rusos para contar los hechos y deshechos de Nicolás, un hombre de Monterrey, que enloquece, como Alonso Quijano, de tanto leer a Chéjov, Dostoyevski, Gogol, Tolstói, Bulgákov…
5. Las dos amigas (un recitativo) (Lumen, 2023), de Toni Morrison, fue su único relato, traducido por Carlos Mayor Ortega, con un brillante epílogo de Zadie Smith. Dice Zadie sobre Morrison: “La autora no tiene textos improvisados ni ‘ensayos improvisados’, ni novelas de relleno, no daba palos de ciego, no se desviaba de su camino. Escribió once novelas y un relato, todo ello con unos propósitos e intenciones concretos”. En este de nuevo explora la compleja relación entre blancos y negros en EUA, su país natal. Extraordinaria, como siempre.
6. El Fondo de Cultura Económica publicó la obra completa de Clarice Lispector. En el primer volumen de sus novelas (FCE, 2021) se hallan Cerca del corazón salvaje, El candil y La ciudad sitiada, con traducción de Romeo Tello G. La narrativa de Lispector, ucraniana-brasileña (1920-1977), no suele transitar por caminos trillados. En muchas ocasiones sus páginas no valen por la trama, por la intriga o la tensión narrativa, sino por el modo en que están escritas, por el extrañamiento, por la originalidad. Ella decía que con su escritura practicaba el “no-estilo”. Clarice Lispector se resiste al resumen y nada puede suplir el placer de leerla.
7. Fue una delicia leer Meditaciones de cine (Reservoir Books/Random House, 2023), de Quentin Tarantino, traducido por Carlos Milla Soler, en especial porque el libro parece una apasionada y divertida charla de Quentin con un amigo, en este caso el lector, donde no se ahorran las interjecciones, las maldiciones, las palabrotas y, por supuesto, el profundo conocimiento cinematográfico de este célebre director norteamericano. Las películas de la infancia lo marcaron, pero en Meditaciones… hace una lista de las que le parecen le enseñaron algo (ritmo, emplazamientos, diálogo, cómo contar una historia) y que vale la pena revisar, conversar, volver a ver.
8. En Curiosidad. Una historia natural (Almadía-Conaculta, 2015), de Alberto Manguel, traducido por Eduardo Hojman, se combinan las notas biográficas, con la pasión por leer proponiendo como vértebra de esta actividad la Divina comedia de Dante. Opina sobre las diferencias entre leer y escribir. Leer es expandir, dice: “Escribir, en cambio, es el arte de la renuncia. El escritor debe aceptar el hecho de que el texto final no será más que un borroso reflejo de la obra concebida en la mente, menos iluminador, menos sutil, menos conmovedor, menos preciso”. Manguel (Buenos Aires, 1948) es un grande.
9. Son raros los clásicos instantáneos (es un decir, llevan su tiempo), los libros que parecen tocados por la magia y se convierten, casi de inmediato, en textos celebrados y amados por los lectores. Eso ocurrió, me parece, con El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo (Random House, 2021), de la española Irene Vallejo. Y cómo no, si la autora escribe con tal pasión por los libros, con tanto cuidado con las palabras; con sabiduría, conocimiento, erudición sobre el tema y con una voz (se la oye) cálida, dulce, amistosa. El libro es un prodigio.
10. Continuación de ideas diversas (Jus, Libreros y Editores, 2014), de César Aira, es lo que dice el título: una reunión de textos de variada temática, escritos con la pluma inteligente de este argentino genial. Cita a Fontanelle (p. 43): “No hay pena que resista a una hora de lectura”, aunque apostilla: “Es cierto que hay quienes no leen nunca y se las arreglan con otros remedios”. Para mí, Aira es uno de mis indispensables. No me canso de leerlo.
11. Lo primero que me llamó la atención de la norteamericana Lucia Berlin (1936-2004) fue su belleza. Parece más una estrella de cine, de las muy bonitas, que una escritora. Leo Manual para mujeres de la limpieza (Alfaguara, 2016), con edición e introducción de Stephen Emerson y traducción de Eugenia Vázquez Nacarino, que contiene 43 de los 66 cuentos que publicó en seis libros y en otras publicaciones. Lydia Davis, dice en el prólogo: “Las historias de Lucia Berlin son eléctricas, vibran y chisporrotean como unos cales pelados al tocarse”. Y es cierto. Su libro me encantó.
12. La muerte me da (Tusquets, 2007), de Cristina Rivera Garza. Creo que, hasta el momento, es el libro que más me ha gustado de Cristina (cuentista, novelista, ensayista) de quien he leído varios, más y menos recientes que éste (ha escrito más, por supuesto), que son muy buenos: Nadie me verá llorar, La cresta de Ilión, Lo anterior, Los muertos indóciles, La Castañeda y Había mucha neblina o humo o no sé qué… El libro (no lo llamemos novela, porque rompe los estándares de ésta y qué bueno) es, por lo menos, tres libros y una muestra de la inteligencia, el conocimiento, el buen hacer de esta escritora mexicana.
Ilustración: Alejandro Nudding.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Mis películas y series favoritas de 2023 Héctor Cortés Mandujano
Me he propuesto ver una película diaria. En 2023 lo conseguí y me pasé: vi 382 películas/ series. Es un lío elegir doce, porque hay que hacer balances (vi, por ejemplo, tres grandes cintas sobre guerra y me forcé a elegir una) para no insistir en un solo género, una misma temática, la cinematografía únicamente de un país, etcétera. Hubo, aleluya, dos de México. Ojalá te interesen lector, lectora.
1. La maravillosa historia de Henry Sugar (2023), El cisne (2023), El desratizador (2023) y Veneno (2023). Estos cuatro cortos maravillosos son el resultado de unir dos personalidades que tienen estilos absolutamente originales: Roald Dahl, que es autor de los cuentos y un escritor imperdible, y Wes Anderson, que es un director con una visión personalísima y genial.
2. RRR (2022), de S. S. Rajamouli, con NT Rama Jr., Ram Charan y Ajay Devgn. Es una película india (la más cara hasta la fecha) sorprendente, porque logra amalgamar sucesos trágicos con comedia, realismo con ficción, melodrama con bailes y canciones. Es un espectáculo fascinante, disfrutable, que debe verse sin prejuicios, sin pensar en géneros puros. Es una mezcla afortunada.
3. Ojitos de huevo (2023), serie mexicana, de ocho episodios, creada por Santiago Limón y Big Drama, con Alexis “Ojitos de huevo” Arroyo y Kike Vázquez, en los papeles principales. No es usual que un ciego (Alexis) y una persona con parálisis cerebral (Kike) sean también comediantes. Eso da pie a esta serie, que no hubiera visto si no me la hubieran recomendado (me parece que el título no es muy atractivo). Está bien producida, bien actuada, con un guion inteligente y, albricias, con una comedia bien conseguida, que no excluye reflexiones profundas.
4. Sin novedad en el frente (2022), de Edward Berger, con Felix Kammerer, Albrecht Schuch y Aaron Hilmer. Es una cinta alemana, basada en una novela de Erich Maria Remarque, de 1929. Tiene una antecesora, con el mismo título y la misma historia. Esta de Berger es impresionantemente bella en su retrato de la maldad, la estupidez, la violencia de la Primera Guerra Mundial. Las tomas donde sobre la nieve vemos el campo de batalla con cientos de muertos están filmadas con tal maestría que parecen pinturas mórbidas y geniales. La historia (un grupo de jóvenes que deciden ir al frente) es brutal y el desenlace no deja lugar a la esperanza.
5. Nimona (2023), cinta de dibujos animados dirigida por Nick Bruno y Troy Quane, está basada en un personaje creado por ND Stevenson y su protagonista es una joven, casi niña, capaz de transformarse en cualquier cosa. Se alía con Ballister para derrocar al gobierno. Ballister tiene sus propias razones y, en un cambio sorpresivo para este tipo de películas, donde los héroes son masculinos, machos, en ellas está inmiscuida su amor por otro hombre. El amor homosexual es aquí expuesto, como debiera hacerse en todos los casos, con naturalidad. La película me parece buenísima.
6. Desde dentro (Inside Man, 2022), miniserie británica de cuatro episodios creada y escrita por Steven Moffat y dirigida por Paul McGuigan. Es una historia de malos entendidos, que terminan en suicidio y asesinatos. La historia involucra a una periodista, una maestra de matemáticas, un sacerdote (su mujer y su hijo) y un recluso, representados por actores magníficos. La tensión arranca desde el principio y está muy bien sostenida hasta el final.
7. El Conde (2023), cinta chilena dirigida por Pablo Larraín y coescrita por el director con Guillermo Calderón. Soy un seguidor de Larraín. Ninguna de su cintas, y he visto muchas, me ha decepcionado. En este caso, la película, en elegante blanco y negro, parte de una ficción: Pinochet, el dictador, era/ es en realidad un vampiro. La historia, además, está contada desde un muy bien logrado humor negro. Fue mal vista por ciertos sectores políticos, pero a mí, que me gustan las libertades creativas, por muy extravagantes que sean, me pareció una maravilla.
8. Al filo de la democracia (2019), documental sobre la política contemporánea en Brasil, escrito y dirigido por Petra Costa. La historia, que Petra explica inteligente y claramente, involucra las decisiones de tres presidentes que ayudaron y dañaron al país: Lula da Silva, Dilma Rousseff y Jair Bolsonaro. Petra, además, no narra como una periodista objetiva, sino como una ciudadana que vive, ama y sufre su país. Me encantó.
9. Buena suerte, Leo Grande (2022), de Sophie Hyde. Una mujer mayor nunca ha sentido un orgasmo y harta de no haber gozado del sexo con el único hombre que ha tenido (su marido) decide contratar a un joven prostituto para que la haga gozar. Ese es el resumen. La peli es mucho más, claro, y es una lección de actuación de mi adorada Emma Thompson, aunque Daryl McCormack, su joven contraparte, hace también un excelente trabajo.
10. Camarón. The Film (2018), documental español narrado con Juan Diego y dirigido por Alexis Morante. Una de mis deudas era conocer y entender el flamenco. Este documental, narrado con una enorme simpatía por Juan Diego, no sólo explica el nacimiento, gloria y muerte del mítico cantante Camarón de la Isla, sino, también, del flamenco. Imperdible para quienes conocen o quieran conocer sobre ese cantante magistral y esa música del alma popular española.
11. De Palma (2015), documental donde el mítico director Brian de Palma analiza, una a una, todas sus películas, dirigido por Noah Baumbach y Jake Paltrow. Este documental lo pude ver hasta el año pasado y es una gloria ver la cara de este hombre, casi siempre sonriente, hablando de sus películas (de la primera a la última): cómo decidió el reparto, cómo consiguió el financiamiento, cómo fue recibida por el público, cómo se le ocurrió escribirla y hacerla… Para mí fue como una borrachera feliz.
12. No voy a pedirle a nadie que me crea (2023), película mexicana dirigida y coescrita (con Camila Arias) por Fernando Frías de la Parra, basada en la novela del mismo título del también mexicano Juan Pablo Villalobos. Me parece un prodigio, porque logra hacer un balance entre el narcotráfico, como peste de nuestro país; la intromisión terrible de los padres en la vida de los hijos; los líos del amor y la vida en común; la literatura, el feminismo, mezclados con el humor y con un modo distinto de poner la cámara, hacer un ambiente y contar una historia. No le fue muy bien, creo, con la crítica, pero a mí me pareció una gran película que, evidentemente, está muy lejos de lo que se llama generalmente “popular”.
Ilustración: Héctor Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Mi música favorita en 2023
Héctor Cortés Mandujano
Como en años anteriores, Spotify me manda la lista de la música –cien temas–, que más oí en 2023. Como en años anteriores, la comparto contigo lector, lectora.
Dice que exploré 111 géneros musicales. Te cuento lo oído del uno al doce.
Uno:“Requiem In D Minor, K.626: 1. Introitus: Requiem”, de Mozart, bajo la dirección de Karajan. Decidí usar esta misa para ambientar la lectura en atril “Algo sobre la muerte del mayor Sabines”, de Jaime Sabines, y la oí varias veces, para interiorizarla. La leyenda dice que fue un encargo misterioso que hicieron a Mozart. Fue su última composición, en ocho bloques, que no concluyó (el introito sí es completamente suyo). Murió en 1791. El Requiem, completo y en partes, es una maravilla.
Dos: “Always Alright” (“Siempre bien”), de Alabama Shakes, del álbum Silver Linings Playbook, de 2012. Esta canción la oí como tema de la espléndida película Buena suerte, Leo Grande (2022, dirigida por Sophie Hyde, con Emma Thompson y Daryl McCormack). La bailan los protagonistas en una escena muy linda. Me encantó de principio a fin; especialmente me gusta que termine con estas palabras: “Bueno, está bien./ Siempre estamos bien./ Estamos bien./ Siempre estamos bien”.
Tres: “Seminare”, de Serú Girán. Escrita por David Lebon y Charly García, fue publicada como sencillo en 1978. La cantan los dos. Es considerada una de las mejores canciones del rock argentino. Dice, entre otras cosas: “Te doy pan, quieres sal./ Nena, nunca te voy a dar/ lo que me pides./ Te doy Dios, quieres más./ ¿Es que nunca comprenderás/ a un pobre pibe?”.
Cuatro: “Camille”, de Morbo y Mambo, del álbum Noches de morbo, volumen uno, de 2016. Morbo y Mambo son un septeto integrado por marplatenses que combinan dub, funk, stoner, rock y jazz. Dicen que sus presentaciones en vivo son “una verdadera experiencia sensorial”. “Camille”, una pieza instrumental, me atrapó desde la primera vez que la oí.
Cinco: “¿Qué hago ahora?”, de Silvio Rodríguez, del álbum Mujeres, de 1978. Esta breve y viejísima canción de Silvio es de mis favoritas desde que tengo 18 años, tal vez porque la relacioné, desde entonces, con algunas pérdidas amorosas. Comienza por todo lo alto: “¿Dónde pongo lo hallado/ en las calles, los libros, la noche,/ los rostros en que te he buscado?”. Y sigue con nuevas preguntas: “¿Qué le digo a la muerte, tantas veces llamada a mi lado/ que al cabo se ha vuelto mi hermana?”. El final es desolador: “¿Qué hago ahora contigo?/ Las palomas que van a dormir a los parques/ ya no hablan conmigo./ ¿Qué hago ahora contigo?/ Ahora que eres la luna, los perros,/ las noches, todos los amigos”.
Seis: “Starman”, de David Bowie. Fue inicialmente un sencillo publicado en 1972. Bowie se transformaba (vestuario, maquillaje, pelucas, peinados) para encarnar algunos personajes de sus discos.”Starman” es Ziggy Stardust, una creación performática de Bowie. Es una canción de esperanza, un mensaje cósmico que un niño escucha por la radio y se lo cuenta a otro: “Hay un hombre-estrella esperando en el cielo./ Nos ha dicho que no lo estropeemos,/ porque vale la pena, me dijo”.
Siete: “Vamos a morir”, de Paté de Fuá, del álbum Película muda, de 2014. A esta agrupación –con músicos talentosísimos de distintas nacionalidades– la empecé a seguir desde su primer disco. Compré los cd hasta el que comento, antes de migrar a Spotify. “Vamos a morir” le encantaba a mi nieto Jacobo, cuando era un pequeñín. Parece un contrasentido, pero la canción, aunque no se priva de nada macabro, es muy alegre, muy vital. Su estribillo repite el título: “Vamos a morir, vamos a morir, vamos a morir”. La cantan Yayo González, el vocalista de Paté, y Catalina García. Me gusta mucho. Dice en su inicio: “Cuando llegue aquel instante/ ya no habrá misterio,/ con los pies por delante,/ rumbo al cementerio,/ todos elegantes,/ con el gesto serio,/ aunque hayas sido pobre/ o dueño de un imperio;/ cuando nos entierran,/ nada nos llevamos”.
Ocho: “Canción del jinete”, letra de Federico García Lorca, música de Paco Ibáñez, interpretada por Ángel Parra, en el álbum: Ángel Parra chante Paco Ibáñez, de 2011. La oí varias veces y escribí sobre ella en un proyecto literario con mis amigos Roger Octavio Gómez Espinosa y Luis Daniel Pulido. Es una historia trágica. Mataron a un hombre, a un bandolero, que va atravesado sobre la montura: “Ay, caballito negro, ¿dónde llevas tu jinete muerto?”.
Nueve: “Castillos de arena”, de Jaime López, interpretada por Cecilia Toussaint, en el álbum Sirena de trapo, de 1993. Es una canción sensual, sabrosa, con la perfección en voz e interpretación de la Toussaint: “Te presiento y despierto de un sueño que ladra,/ a mis sábanas llegas a salto de mata,/ se te siente venir de un rincón de la selva,/ acechando detrás de la oscura melena:/ es así como amamos por estas veredas […] es aquí donde hace el amor la marea”.
Diez: “Trap de terraplanismo”, de Jaime Altozano, lanzada en 2018. Altozano es un músico español, a quien sigo en sus publicaciones en YouTube. Es inteligente, simpático y sabe muchísimo. He hecho listas de música siguiendo sus consejos. Esta pieza es divertida e irónica; juega con defender la idea de que la tierra es plana: “No se enteran que la tierra bola/ ya no está de moda/ ahora es plana. […] Si la tierra es redonda/ por qué la llaman PLANeta”.
Once: “La leyenda del tiempo”, de Camarón de la Isla, con letra de Federico García Lorca, en el álbum del mismo nombre, de 1979. Vi un documental y una serie sobre Camarón de la Isla y he oído toda su producción. Creo que ya entiendo y siento el flamenco. El álbum significó la ruptura musical con su amigo Paco de Lucía –otro grande– y abrió nuevos campos al flamenco con la fusión no comprendida cuando apareció y hoy celebrada: “El sueño va sobre el tiempo/ flotando como un velero./ Nadie puede abrir semillas/ en el corazón del sueño”.
Doce: “Dulce capricho”, de David Haro, del álbum Live, in Los Ángeles, California, de 2000. Abre fuerte: “Nos entendemos bien:/ me llenas de mentiras. […] Sabes igual que yo/ que hay un estrecho espacio/ justo para soñar/ y para compartir/ tu cofradía oscura/ tu libro del I-Ching/ tu risa. […] Nos entendemos bien/ me llevas a tu antojo/ a donde quiero ir”.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Eduardo Darnauchans,
en su canción “El instrumento”
En short, con tenis y una playera ajustada me incorporo al enorme grupo de corredores que, supongo, participarán como yo en esta carrera.
Llega uno y me saluda como si fuéramos amigos de toda la vida.
—¿Cómo te sientes?
—Muy bien.
—Qué bueno verte. Supongo que ya sabes de qué se trata esto.
—No mucho.
—Tienes que correr hasta que ya no puedas. No te fijes en los demás; no compites contra nadie ni siquiera contra ti. Corre nomás. El asunto es que llegues a donde llegues habrá alguien que te explicará el siguiente paso. Suerte.
No sé si hubo un disparo o una indicación para salir, salvo que me di cuenta que ya arrancaban los de al lado y me tiré a correr. No sé por qué llegó a mi mente una canción de Eduardo Darnauchans: “Conocerse, claro está que necesita su tiempo, con años que albañilean y años de derrumbamiento”.
Discipliné mi zancada y me concentré en avanzar: “Pero cuando todo es potro, mujer, baile, vino, viento, y la carne nos sostiene más que el hondo hueso, ¿qué vas andar preguntando si te das por lo derecho?”.
Algunos, varios, van mucho más adelante que yo; otros, muchos también, van detrás; algunos, pocos, a mi lado, a la misma velocidad. Me concentro en la respiración y en la voz imaginada de Darnauchans: “Si es tu voz la que te dice si la promesa es lo cierto. Y de pronto se volaron la mujer, el vino, el fuego que sostenía las carnes, el temple del instrumento”.
No sé cuántas vueltas le di a la canción (no sabía que me la sabía tan bien). Varios se detenían, rebasé a quién sabe cuántos, hasta que sentí que ya no podía dar un paso más. Me detuve, empapado de sudor, con la respiración pesada, las piernas agotadas, tensas. Di un par de pasos y de pronto la vi. Venía hacia mí, con una especie de sonrisa en los labios. Era andrógino su movimiento, su figura, su ser.
—Hola, sé que no puedes responderme porque estás extenuado. Mueve tu cabeza para decirme que sí o que no.
Hizo una pausa después de cada pregunta, como para escuchar mis mudas palabras.
—¿Ya te diste cuenta de que va esto?
—¿Sabes dónde estás?
—¿Tienes una idea de quién soy?
Moví la cabeza afirmativamente las tres veces. Esto era agnición, anagnórisis, reencuentro. En mi cerebro (en ese momento entendí por qué recordaba la canción) me dije como respuestas: Esta es la última carrera. Se ha desarrollado en un lugar que no es la tierra. Y sí, eres la muerte.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Cortar a la epopeya un tajo Héctor Cortés Mandujano
Caminé como papelotón sin cola, todo tatarata
Roberto Juan, en “Un sueñito en la Colón”
Hay gente capaz de contarte un hecho nimio como si fuera una epopeya. A esa estirpe pertenece Roberto Juan Flores, Chalío. Varias de sus historias no se entretienen en prolegómenos y desde la primera línea nos ponen en el centro anecdótico. No sabemos si en un hospital, una cantina, una reunión (por ejemplo en “Piña colada”), porque lo que parece esencial para el Chaly es no perderse en las periferias, sino entrar de lleno al intríngulis del relato, prescindir de informes sobre los cambios de espacio y de tiempo, y hablar sin las delicadas patrañas que ordena la narratología. Hay algunas historias, en cambio, que son más reflexivas y ordenadas (“De oficio gavetero”, por ejemplo), sin por ello dejar el gracejo que, a veces, es doloroso como los chicotazos del padre que hacía “que te orinaras de poquito en poquito” y que, sin que te pudieras acomodar del dolor, hicieras todas las posiciones al mismo tiempo: “enrrollado, estirado, cantiado, bocabajo, bocarriba”… Si Marcel Proust, en En busca del tiempo perdido, halló su camino al pasado a través de la magdalena y el té, Chalío también toma la vía olfativa para el regreso: “Los aromas y los tufos son transportes que tienen su salida y terminal en el subconsciente […] llevan defensa delantera y trasera pa’ que le pongás el letrero que vos querás”. Los cuentos de Chaly se enmarcan en lo que se ha llamado y es lenguaje frailescano, una deformación y reformulación del español donde se hace tilichi el lenguaje de Cervantes, con alegría y desenfado, como si no existieran los diccionarios, la retórica, la gramática y todas esas señoronas serias que levantan la ceja apenas alguien no le pone zeta y acento a la palabra Corazón. Imágenes como “caballo zacateando”, “una sopapiada en la espalda”, “yagual de vendetomate”, “turroncito en la jeta” y muchas más, tal vez parezcan oscuras para quienes “tuvieron la desgracia de no nacer en Villaflores” (Miguel Carballo dixit), pero para cualquier frailescano medio son tan claras como empezaron a ser las caguamas en los últimos años.
Hemingway planteó, para sus cuentos, la Teoría del iceberg. Esas montañas de hielo muestran únicamente en la superficie del mar una punta minúscula y ocultan, debajo, su volumen gigantesco. Así debe contarse una historia, decía. Así cuenta Chaly “Crónica de un asalto anunciado” (y otros textos), donde leemos lo que conversan conspicuos miembros de la Rial y tenemos que descubrir el mar de fondo que en este relato es sólo evanescencia. Hay en este libro la libertad total en forma y fondo. No hay reglas que se apliquen, se busquen o se sigan con acuciosidad, y sí hay las ganas de volcar en alegres palabras la gracia que es mirar la paja en el ojo ajeno, lo chistoso que tiene la desgracia de los demás, sin eludir las propias mofas que el autor hace de sí mismo. Estas historias son, pues, el más puro relato, sin subterfugios, que quieren algo plausible, amable, agradecible: hacer reír al lector. Y no sólo lo quieren, claro: lo consiguen con creces. Tengo la suerte de ser amigo de Chaly y me parece que hay en él un rasgo distintivo, un mérito natural, que aparece de cuando en cuando entre los mortales: el gozo por contar y la gracia para hacerlo. Aquí hay Treinta y uno (y otro uno) para sostener lo dicho.
Un abrazo y felicidades, querido Chaly.
[Prólogo al libro Treinta y uno (y otro uno), de Roberto Juan Flores.]
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Dedicado a mi querido amigo Roger Octavio, quien todavía sueña con Tuxtla
Roy Brown nació en Orlando, Florida, EUA, en 1945; sin embargo, ha sido parte de la que fue llamada Nueva Trova Puertorriqueña y su voz disidente ha proclamado la independencia de ese país, de esa isla.
Ha grabado muchos discos y son varias canciones suyas las que son parte de mi memoria. Muchos de sus temas son musicalizaciones de poemas. Uno de ellos me sorprendió desde la primera vez que lo oí. Se llama “Boricua en la luna” y la letra es del periodista, escritor y poeta puertorriqueño Juan Antonio Corretjer (1908-1985), quien también luchó para que Puerto Rico dejara de ser una colonia de EUA y a quien Brown ha musicalizado muchas veces.
Corretjer fue un luchador activo: fue exiliado y encarcelado, y apoyó las luchas libertarias no sólo en su país, sino en el continente. Estuvo desterrado en Nueva York y le fue prohibido regresar a Puerto Rico (incluso en México fue arrestado y deportado). No obedeció, claro. Murió en su Puerto Rico del alma.
El poema “Boricua en la luna” comienza contando la historia de un nacimiento: “Una mujer de Aguadilla vino a Nueva York a cantar” y allí se encontró con “un peón de Las Marías”. De esa unión nació un niño. La madre murió (“De ese llanto yo nací”) y el padre, años después, “reventó en un taller” (“De una lágrima soy hijo y soy hijo del sudor”).
Lo cuidó el abuelo, quien le enseñó a amar la tierra de sus padres.
Hay miles de historias sobre el amor al pueblo, al país, a la tierra; a lo irrenunciable que suele ser nuestra identidad, a lo infinito que puede ser nuestro amor al lugar donde nacimos o al que decidimos pertenecer porque allí vive nuestra familia o allí nacieron nuestros padres. Este poema, esta canción resume este sinfín de historias sobre la pertenencia, sobre el amor a la patria. Termina con una explosión de amor total.
Cedo la palabra a Correjter:
Y yo soy puertorriqueño sin na',
pero sin quebranto.
Y el "echón" que me desmienta
que se ande muy derecho,
no sea que en lo más estrecho de un zaguán
pague la afrenta,
pues según alguien me cuenta
dicen que la luna es una,
sea del mar o sea montuna,
y así le grito al villano:
¡Yo sería borincano, aunque naciera en la luna!
Ilustración: Alejandro Nudding.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Aunque es breve, El corazón del daño (Penguin Random House, 2021), de María Negroni, es una rápida biografía –de niña al día de hoy–, revisión personal de sus libros anteriores, el amor, la lucha, la salida de Buenos Aires a Nueva York y la vuelta, el matrimonio, el divorcio, la nueva actitud sexual. El tema central, sin embargo, es la relación conflictiva de la autora con su madre. El libro me parece genial.
[Conocí a María Negroni en un encuentro de escritores en Chiapas. La vi de pronto. Me impactó su belleza y su elegancia. Luego la oí leer y me enamoró por completo. Me sentí un adolescente (no lo era) ante una diosa. Mi gran momento fue cuando un día después de mi lectura (ella estuvo ahora en el público), yo desayunaba con un par de amigos, ella se acercó a mí, creo que me tocó el hombro y me dijo algo así como “me gustó lo que leíste”. Para ella yo supongo que fui nadie, para mí fue sentirme eléctrico de la cabeza a los pies. Cuánta magia sentí, qué fácil fue ser feliz.]
Dice María insistentemente que sus recuerdos de niña no coinciden con los de su madre: No/ sí había libros, Sí/ no había perros negros en el jardín, Sí/ no te quedaste sola en la calle con tu hermanita (p. 11): “Mi madre: la ocupación más ferviente y más dañina de mi vida. Nunca amaré a nadie como a ella. Nunca sabré por qué mi vida no es mi vida sino un contrapunto de la suya, por qué nada de lo que hago le alcanza”.
Sabe que no hará un libro convencional (p. 15): “Un día empiezan a aburrirnos los libros que entretienen (ya lo advirtió Baudelaire, divertirse aburre) y nos volvemos adictos a la escritura indócil, la que acentúa su rareza, se concentra en la historia de nadie, los problemas de nadie, el significado del mundo y la eternidad”.
En este libro (“Esto, en suma, no es un libro”) cabe todo (p. 37): “Muchos años después, una maestra de yoga me dijo, sencillamente. Sufrir es una decisión. Una decisión cognitiva, agregó”.
De nuevo trabaja sobre una idea de Baudelaire (p. 49): “…en la experiencia estética interviene algo del orden del crimen y la taxidermia, que todo artista es un dealer de la muerte, que canibaliza la vida y la transforma en fantasma material”. Cita a varios autores, varios libros. Thomas Mann (p. 66): “Mis instrumentos de trabajo son la humillación y la angustia”.
Escribe frases lapidarias (p. 69): “El odio es lo que parece, un amor herido”; (p. 104): “El abismo no tiene biógrafo”; (p. 128): “La claridad no es más que la cara amable de la sombra”, y en la misma página: “La verdad es la más peligrosa de las mentiras”.
Habla de sus propios libros (p. 79): “Escribí poemas que son prosas, ensayos que no creen en nada, biografías apócrifas, y hasta dos engendros de novelas que proliferan hacia adentro como una fuga musical”.
En los caminos del azar, cita el libro que comenté la semana pasada (p. 120): “… de dónde salió esa chica rubia que movía el pelo al reírse, y acabó llevándose la belleza del marido”.
La madre atraviesa todo (p. 139): “Yo amaba como vos, Madre, aborreciendo. En esto nos parecíamos: nunca me puse de rodillas, nunca seré melodramática, no soy demostrativa”.
Escribe, casi en el final (p. 142): “La vida hace estragos. Soy ahora una mujer desnuda”.
Una gran experiencia leer a María Negroni.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).