Voces ensortijadas 269. Extensiones del cuerpo. María Gabriela López Suárez

Fotografía: MGLS.

Voces ensortijadas  
María Gabriela López Suárez

Extensiones del cuerpo

La alarma del celular sonó. Aurelia despertó. El tono de la alarma que había elegido para no despertar de golpe la arrullaba más en vez de ayudarla a despertar. Aún así apagó la alarma. Se quedó unos minutos más en la cama. Luego se levantó. Era domingo pero había quedado de ir al mercado por un encargo de su mamá.
Escuchó el canto de las aves que se traían gran algarabía, eso era una manera de ir anunciando la llegada de la primavera. Al menos así lo percibía Aurelia. El canto quedó en un tercer o cuarto plano. Se dirigió a la cocina, se preparó un licuado de leche y manzana. Se dio un baño rápido y salió a la calle.
El clima ya se comenzaba a tornar caluroso, agradeció la sombra que aún permanecía y le daba cobijo. Revisó su reloj, eran las 7:50 de la mañana.
—Ni yo me la creo, levantarme temprano en domingo —dijo para sí, mientras sonreía.
Observó que había poca gente en las calles. Alzó la vista, el tono del cielo era un azul de los que apetece quedarse contemplando por un gran rato. Las aves parecían disfrutar el paisaje, Aurelia también se deleitó con la vista.
En su trayecto al mercado se dio cuenta que cada persona con la que se topaba en el caminar iba con el teléfono celular en uso. Una persona mandando mensajes, otra persona sonriendo mientras leía, otra más detenida en algún espacio de la banqueta para escribir, una más hablando por teléfono. A lo lejos vio a dos personas más, sentadas una al lado de otra pero sin tener un intercambio verbal. Cada una adentrada en su mundo, atrapadas por las pantallas de sus teléfonos móviles.
A su mente vinieron de inmediato como ráfagas algunos comentarios que había escuchado y un texto que había leído sobre los celulares, como extensiones del cuerpo y la dependencia que se tiene a ellos. Sin duda que ella también usaba el celular, era una herramienta no solo para tener contacto con personas, sino de trabajo y por supuesto, para revisar sus redes sociales.
Para su sorpresa ese domingo había dejado el celular en casa y su reloj no era de los inteligentes que se conectan al celular. Se alegró de haber olvidado el teléfono móvil y poder disfrutar en esos momentos del paisaje visual, del paisaje sonoro, de los elementos cotidianos de su día. Mientras avanzaba a su destino, atravesó un pequeño parque con varios árboles que le daban la bienvenida. Sonrió, pensó que le encantaría que las ramas de alguno de esos árboles fueran extensiones del cuerpo.
Apresuró el paso, la señora que vendía los tamales horneados de flor de cuchunuc no tardaba en llegar y Aurelia quería ser de las primeras de la fila para alcanzar a comprar el pedido de su mamá.


 

Fotografía: MGLS.
Fotografía: MGLS.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 268. La escritura nos une. María Gabriela López Suárez

Ilustración proporcionada por el autor.

     Voces ensortijadas  
María Gabriela López Suárez

La escritura nos une

¿Cuál fue la última vez que gritaron para alzar la voz por algo que no querían hacer? ¿Cuántas veces han callado ante situaciones con las que están en desacuerdo? ¿Cuántas situaciones de exclusión, de injusticia, de discriminación, de violencia han tolerado? ¿De qué manera se alza la voz ante todo esto que no solo duele, indigna y genera impotencia? Hay distintas formas, algunas más crudas, otras sutiles, pero indudablemente una que nos permite conectar con las demás personas es a través de compartir la palabra, sea de manera verbal o escrita.
El pasado 6 de marzo del año en curso tuve la invitación, por parte de la poeta Chary Gumeta, para participar en la décimo quinta edición de Grito de Mujer, coordinado por Mujeres Poetas Internacional y el Festival Mundial de Poesía Contemporánea de San Cristóbal de Las Casas, el evento se realizó en el Centro Cultural Carlos Jurado. Ahí tuve la oportunidad de conocer a compañeras poetas, locales e internacionales.
La poesía – y esta columna – fue la herramienta clave para que el público asistente y las compañeras que participamos con la lectura de nuestros textos compartiéramos eso que no se dice de manera tan simple, en lo cotidiano, eso que nos duele, nos lastima, que a veces sentimos que nos asfixia y nos genera ansiedad, melancolía, nostalgia, pero también lo que nos permite reconocernos en un mundo donde la naturaleza nos brinda vida, colores, aromas y que también nos invita a reconectarnos en el aquí y en el ahora.
Los temas que se compartieron fueron diversos, emotivos, todos centrados en las mujeres, las que forman parte de nuestro linaje, las que nos inspiran, las de a pie, las que luchan desde el silencio; también hubo textos autobiográficos, esos donde se reconoce la valentía de quien escribe y lo lee, porque implica hacer público algo personal e íntimo.
De tal forma que hubo muchos momentos en los que sentí la piel chinita, al escuchar los textos de viva voz de las autoras; pero sin duda uno de los instantes que más nos conmovió fue el cierre del evento, un performance a cargo de la actriz y promotora cultural, Isabel Araujo.
Es indudable que la escritura nos une, sumado a ello están las artes, como el teatro, que permite comunicar con el cuerpo, con la voz, con las emociones, apropiarse del escenario e interactuar con el público para tratar distintos, temas. El performance de Isabel fue una manera muy valiente de alzar la voz, de denunciar la violencia de que fue víctima el año pasado y ella, en esta ocasión, fue la protagonista de esta historia que nos compartió.
Esta edición de Grito de Mujer me hace recordar la importancia de fortalecer las redes entre mujeres, no estamos solas y es muy importante alzar la voz, denunciar y compartir lo que nos sucede.
 
 
 

Ilustración proporcionada por el autor.
Ilustración proporcionada por el autor.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 267. El valor de compartir la palabra. María Gabriela López Suárez

Fotografía: Ron Lach : https://www.pexels.com/photo/a-woman-s-silhouette-8259344/

Voces ensortijadas  

María Gabriela López Suárez
El valor de compartir la palabra

A todas las mujeres, en especial a las de mi linaje.

Mónica terminó de arreglarse, se colocó un par de sus aretes favoritos, unos colibríes en tono tornasol. Se pintó los labios de color marrón y se observó unos instantes frente al espejo. Respiró profundo y sonrió, estaba lista para irse al evento en conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.
En la universidad donde estudiaba harían una serie de actividades para conmemorar la fecha, el trabajo realizado por las docentes y las estudiantes de la institución era digno de reconocerse, en pleno 2025 el patriarcado continuaba con sus lógicas institucionales. De tal forma que una fecha importante como la del 8 de marzo no podría pasarse desapercibida y las mujeres, luego de esa fecha, continuarían con la lucha diaria, desde sus trincheras, algunas alzando la voz, otras desde el silencio.
Como parte de las actividades se organizó un espacio para compartir la palabra, desde sus experiencias, reflexiones, lectura de poesía, semblanza de mujeres destacadas en distintas áreas de los conocimientos, tanto locales hasta internacionales. Mónica se animó a participar, lo pensó en más de una ocasión y finalmente, tomó la decisión de que sí participaría. Liliana, una de sus amigas le había propuesto pasar por ella a su casa, al principio Mónica dijo que sí, luego prefirió irse sola. Agradeció a Liliana la invitación, pero como sabía que estaría nerviosa había decidido irse por su cuenta.
En el trayecto a la universidad fueron viniendo a la mente de Mónica algunos recuerdos de su familia, así como experiencias en su infancia y adolescencia. En su familia, las mujeres de su generación, sus primas y ella, habían ido a la escuela, a diferencia de su mamá y tías, que por cuestiones no solo económicas sino socioculturales de la época se consideraba que no era importante que las mujeres fueran a la escuela, su labor sería ser esposas, madres y amas de casa.
Durante su niñez y adolescencia la timidez fue una característica de Mónica, le gustaba escribir y dibujar, pero lo hacía para ella, temía que sus trabajos pudieran ser rechazados. De igual manera, en las clases le costaba participar si tenía que hablar en voz alta, además de que hablaba en tono bajo se ruborizaba fácilmente. Trajo a la mente la libreta donde escribía sus acrósticos, sus reflexiones sobre la vida, la naturaleza, el amor.
En casa su mamá y su papá le animaban a ser más sociable y participativa, a no quedarse callada cuando quería compartir lo que pensaba. Además de eso, también tuvo dentro de sus referentes académicos a sus docentes, la mayor parte eran mujeres que invitaban a sus grupos a la lectura y escritura, a compartir los pensamientos, las disidencias, las propuestas. Las mujeres también contamos, las mujeres tenemos voz y voto, las mujeres somos seres pensantes, eran algunas frases que solía recordar Mónica de sus profesoras. Recordó en particular a su docente filósofa, una de sus maestras inspiradoras a escribir y a que ese día tuviera el valor de compartir la palabra.
—¡Bajan en la universidad! —se escuchó decir a un pasajero.
Mónica se percató que ya estaba en la escuela, pagó el pasaje y bajó. Se dirigió con paso firme al auditorio donde serían las actividades. Sintió que el corazón le latía más fuerte, las manos se le pusieron un poco frías, comenzó a respirar profundo y más lento. A lo lejos distinguió una mano que la saludaba muy animadamente, era Leticia, había llegado ya.
—Moni, pero qué guapa, ¿lista para tu participación? —preguntó con una gran sonrisa, mientras saludaba a Mónica.
—¡Hola Leti! Sí, algo nerviosa pero también emocionada —respondió Mónica, con el rostro entre nervioso y sonriente.
Ambas entraron al auditorio que comenzaba a llenarse. Mónica observó el escenario, el atril, la iluminación, dentro de unos minutos estaría frente al público compartiendo la palabra y honrando a su linaje.
   
 
 
  
  

Fotografía: Ron Lach : https://www.pexels.com/photo/a-woman-s-silhouette-8259344/
Fotografía: Ron Lach : https://www.pexels.com/photo/a-woman-s-silhouette-8259344/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 266. Miércoles, el consentido. María Gabriela López Suárez

     
 
    Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

Miércoles, el consentido*


Si tengo que evocar en la memoria, en ese baúl donde anidan muchos, muchos instantes de diversa índole, sin duda que vienen a mi mente los días de la semana. Y como en todo, aparecen los días que me llevan a asociar con experiencias tan variadas y en distintas etapas de mi vida.

En mi infancia los días lunes eran no tan esperados, tenía que reanudar ir a la escuela y a veces, no me  resultaba tan grato. Y no era porque la escuela fuera algo desagradable con sus procesos de experiencias, sino algo en mí que no logro explicar del todo.

Durante la adolescencia los domingos se tomaron un tanto simples, aburridos, eran muy lentos, o más bien para mí pasaban así. Ahora como persona adulta, los domingos son fugaces y trato de disfrutarlos al máximo. Han cobrado un tinte muy especial, quisiera que cada domingo durara más.

Y sin duda alguna, también dentro de los días de la semana hay uno especial, el consentido. En mi caso es el ombligo de la semana, el miércoles. Dentro de los motivos del por qué me gusta es porque lo asocio con una serie de sucesos gratos, en lo emocional, en lo amistoso, en lo visual y hasta en esas experiencias que no sé si es coincidencia, casualidad, o más bien, causalidad, pero que se presentan. Si me dan a elegir algún día, el primero que viene a mi mente es el miércoles.

¿A qué suena un miércoles? Mmm, no hay sola respuesta. Ahí anidan risas, abrazos, complicidades, expectativas, paisajes sonoros y visuales, esperanza, amor, retos, miradas y por supuesto, silencios.

Es curioso que una puede detenerse un instante, o varios y reflexionar sobre la importancia que se le da a los días. Hay conexiones especiales y en mi caso, de los días de la semana, es el miércoles, el consentido. Y para ti, ¿cuál es el día consentido?




*Este texto es producto del ejercicio realizado por la autora de esta columna en el taller Entonces, escribo, facilitado por la dramatura y escritora Damaris Disner Lara, el 20 de febrero de 2025 en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas.





  
  

Fotografía: ROGE

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 265. En busca de un hogar. María Gabriela López Suárez

     
 
Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

En busca de un hogar

Martina apresuró el paso, se le había hecho tarde para ir a traer un pedido de galletas que le encargó su primo Juan. Llegaría de viaje al día siguiente y le gustaban mucho unas galletas de mantequilla, que   preparaban en la colonia donde vivía Martina. El negocio de los postres era pequeño pero el sabor era delicioso, tenían una tradición familiar que era reconocida.
    Cada que Martina tenía prisa se acordaba de una frase familiar:
     —¡Fíjate en tu camino, no te vayas a tropezar! Más vale tarde pero seguro.
     Solo que en ese momento, recordó que a doña Fide, la dueña de la tienda de postres le gustaba que la gente fuera puntual.
     Mientras estaba en esos recordatorios, se fijó en la acera de enfrente de donde ella iba. Tres adolescentes iban caminando, casi por orden de estatura, chico, mediano y grande. Parecía que también llevaban prisa, iban entre platicando y riendo. Sin embargo, la mirada de Martina también observó un detalle, a la par de los tres chicos iba un perro, como cachorro, que intentaba ir al paso de ellos. El perrito era blanco con manchas en tono café claro, las orejas algo largas. A Martina le pareció lindo.
     Por su mente pasó la idea de que era raro que lo llevaran sin correa, sobre todo porque se veía pequeño. El perrito iba muy contento, esa sensación le dio a Martina. Tanto ella como los chicos y el perrito seguían por el mismo rumbo, en aceras distintas. Siguió atenta con la mirada y se percató que alguien de los chicos hizo un comentario como que el  perrito iba siguiéndolos, de ahí ella dedujo que el perrito no era de ellos. ¿De quién sería? ¿Qué buscaba o a quién buscaba?
     Los chicos apresuraron el paso, el perrito también lo hizo; uno de los chicos se cruzó la calle, casi corriendo, los otros dos esperaron, el perrito también. Posteriormente, cruzaron la calle los tres. Martina intentaba seguirles el ritmo, solo que los zapatos altos no se lo permitían. Por un momento pensó que los había perdido, pero no, iban un poco más adelante, el perrito no dejaba de seguirlos.
     Dieron vuelta a la izquierda, justo el rumbo que también tenía Martina. Lo que le permitió seguir observando lo que pasaba. Los chicos llegaron a un parque, ahí se detuvieron, otros adolescentes les esperaban ahí. El perrito también hizo su pausa y se quedó al lado de ellos. Los amigos de los tres chicos quedaban viendo al perrito, y aunque Martina no alcanzó a escuchar la conversación dedujo que les preguntaban de quién era. El perrito los observaba y movía la cola. Si por ella fuera se habría sentado en una banca cercana para seguir viendo qué sucedía, qué haría el perrito, si lo tomarían en cuenta. Sin embargo, aún tenía el pendiente de las galletas, así que siguió su camino.
    Por fortuna llegó en tiempo a la tienda de los postres. Revisó discretamente su reloj mientras entraba al negocio. Faltaban 2 minutos para las 6 de la tarde. Sintió un gran alivio, dejó salir un suspiro. Ahí estaba doña Fide que supervisó la entrega de las galletas y hasta le dio una cajita con unas galletas con nuevo sabor, cocoa con almendras. Martina pagó el pedido y agradeció el obsequio.
Retomó el camino a casa; pasó nuevamente por el parque, ni señal de los chicos ni del perrito. Regresó a su mente la imagen del cachorro muy contento intentando alcanzar a los chicos, como quien anda en busca de un hogar. Martina sintió un pequeño nudo en la garganta, imaginó cuántos perros y gatos estaban en situación de calle. Se prometió que si alguna ocasión tenía un perro o un gato, lo trataría con mucho amor y le daría el hogar que se merece.




  
  

Fotografía: Saqlain Ashraf Clicks: https://www.pexels.com/photo/grayscale-photo-of-a-puppy-15028332/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 264. La espera que no desespera. María Gabriela López Suárez

Fotografía por Gonzalo Guzmán García: https://www.pexels.com/photo/a-delicious-tamale-on-banana-leaf-14179987/

 Voces ensortijadas  
María Gabriela López Suárez

La espera que no desespera

La familia de Marisol se había puesto de acuerdo para cenar tamales por la celebración de la virgen de la Candelaria. A ella, a su prima Cristina, su tío René y la tía Domi, les había tocado llevar los tamales. Sin embargo, ante la insistencia de tía Domi accedieron a no comprar tamales y a prepararlos.
Marisol, poco afecta a la labor de cocinar, había expuesto sus argumentos para la compra de tamales.

—Oiga tía, pero si cocinamos los tamales tendremos más trabajo, una, ponernos de acuerdo para comprar los ingredientes y otra, prepararlos. Ya sabe que no tengo habilidades culinarias y luego nos llevaría más tiempo —dijo Marisol ante la mirada y escucha atenta de la tía Domi.
—Mirá hija, es más bonito que uno haga los tamales, podés aprender a hacerlos, así tendrás la receta familiar. Entre todos nos ayudamos, ya verás que la familia quedará bien contenta y más con el sazón que tendrán —comentó la tía Domi, con ese tono indicador que no había más que discutir, algo así como ‘no hay pero que valga’.

Ese lunes Cristina, tía Domi, tío René y Marisol habían ido al mercado a comprar los ingredientes, cada quien tenía su encomienda. La que terminó primero fue Marisol, les avisó que los esperaría en la entrada de la tienda de semillas y condimentos.
A diferencia de otras ocasiones Marisol se hizo el propósito de no presionarse con el tiempo, lo puso en práctica desde que comenzó a hacer el pedido de la lista de ingredientes que requería. Mientras la atendían en la tienda, se percató que las tres personas que trabajaban ahí se coordinaban muy bien. Por momentos la tienda se llenaba e iban tomando los pedidos conforme la clientela llegaba, nadie quedaba sin atención, la gente salía contenta con sus compras. Marisol se acordó del refrán, el que tenga tienda que la atienda. Una vez que compró sus ingredientes, decidió esperar a sus familiares a la entrada del negocio.

Se colocó en una parte donde no atrasaba el paso de la clientela que iba a la tienda. El clima de esa mañana era cálido. Alzó la vista, el tono azul del cielo era sumamente hermoso. Marisol se alegró de haber llevado puesta la gorra, así se resguardaba un poco del sol. Su atención se centró en el ir y venir de tantas personas en las calles aledañas al mercado. Observó la fluidez vehicular, supuso que porque no era quincena. Los conductores de taxis se percibían sofocados por el calor, uno que otro se secaba el rostro con la toalla que llevaba.

Volvió la atención hacia ella. Se observó tranquila, mimetizada en el entorno, disfrutando de ese momento, con todo lo que la rodeaba. Ni siquiera se había percatado de cuánto tiempo llevaba ahí, estaba experimentando la espera que no desespera. El timbre de su celular la hizo volver la mirada a su bolsa, era un mensaje de Cristina que le avisaba que estaban muy cerca de la tienda, que saliera a la calle, pasarían por ella.
—Ahora toca la experiencia de hacer tamales —dijo para sí Marisol con una sonrisa, mientras se acercaba a la calle.
  
   

Fotografía por Gonzalo Guzmán García: https://www.pexels.com/photo/a-delicious-tamale-on-banana-leaf-14179987/
Fotografía por Gonzalo Guzmán García: https://www.pexels.com/photo/a-delicious-tamale-on-banana-leaf-14179987/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 263. Febrero loco. María Gabriela López Suárez

     
   
Voces ensortijadas 
María Gabriela López Suárez

Febrero loco

La alarma del despertador sonó, a lo lejos, muy a lo lejos, Genoveva alcanzó a escucharla. Se levantó y la apagó. Había olvidado desactivarla. Era sábado, no iría a la prepa, así que volvió a dormirse.
     El resplandor del sol se coló a través de la ventana de su cuarto, esos rayos la hicieron despertarse. Abrió lentamente los ojos, se estiró y se quedó un rato más en la cama. Saber que era sábado le hizo dibujar una gran sonrisa en su rostro. Abrazó su almohada favorita, intentó dormitar un ratito más. Sin embargo, el canto de varios pájaros, en distintos tonos, la hizo recordar que era hora de despertarse.
     Se levantó de la cama, se asomó a la ventana, observó el paisaje soleado y siguió escuchando el canto de los pájaros. Era un regalo tan bello, se sintió afortunada de poder escuchar y de contemplar el cielo azulado.
     Genoveva se dirigió al baño y cepilló sus dientes. Se recogió el cabello y se detuvo unos instantes frente al espejo. Sonrió. Salió del cuarto en espera de que hallara a más integrantes de su familia despiertos. Verificó la hora, eran las 8:30. Lo más seguro era que doña Dora, su mamá, no estuviera en casa. Los sábados solía asistir a los desayunos que organizaban en la junta vecinal. Edmundo y Gustavo, sus hermanos mayores eran más dormilones que ella, así que ni las luces de ninguno.
     Se sirvió un vaso con agua. Luego preparó un licuado de manzana con avena y se asomó a la ventana de la cocina. La ropa que habían lavado la noche anterior ya estaba seca. Llamó su atención que la ropa se movía al compás del viento.
     —¿Viento en día soleado? —preguntó para sí.
     Salió al patio para cerciorarse, de nueva cuenta percibió el canto de los pájaros. Además, sintió el airecillo fresco que soplaba esa mañana. Alzó la vista, unas nubes cruzaban con prontitud el cielo, como si alguien las apresurara.
     Con algunos restos soñolientos Genoveva intentó encontrar la explicación al clima de esa mañana, antes de hacer una consulta a la aplicación del clima. Sonrió para sí, estaba dándose un receso para no usar el celular tan temprano.
     El soplido del viento trajo consigo unas hojas que fueron directo al rostro de Genoveva, como un susurro para darle la respuesta.
     —¡Con qué esas tenemos, ya recordé, estamos estrenando mes! Febrero loco, mira lo que nos has traído —dijo en voz alta.
     El canto de los pájaros seguía acompañando el ambiente de esa mañana, el viento no les distraía para nada, más bien parecía que les agradaba y los motivaba a seguir cantando.



Fotografía por Nino  Sanger: https://www.pexels.com/photo/black-and-white-picture-of-a-white-sheet-on-a-grass-field-15792430/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 262. Al son de una guitarra. María Gabriela López Suárez

     
   
Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez
Al son de una guitarra

El autobús que llevaría a Federica a su nueva ciudad de residencia salía a las 15:30 horas. Federica llegó, como no solía hacerlo, muy temprano a la terminal. Ni ella podía creer que estaba media hora antes en la sala de espera. Usualmente llegaba rayando en tiempo cada ocasión que viajaba.
     Se acercó al área para documentar su equipaje, le dieron su ticket y posterior a eso, buscó un asiento. Revisó el reloj, le quedaban 20 minutos de espera. El aire acondicionado de la sala se sentía muy frío e  hizo que tuviera la necesidad de frotar sus manos.
     Luego de eso, lo primero que se le vino a la mente fue revisar su celular y enviar mensaje al grupo de chat familiar para avisar que estaba por salir. Sin embargo, se hizo el propósito de dejar un rato el celular y observar con atención qué pasaba a su alrededor. Muy pocas veces hacía eso.
     Se acomodó en la silla donde estaba, puso su bolsa sobre las piernas y contempló sus manos, tenía mucho tiempo que no se detenía a observarlas. Las frotó nuevamente, comenzó a dar un leve masaje a cada uno de sus dedos y luego a las palmas de las manos. Se fijó en sus uñas, esta vez no tenían esmalte y eso le permitía observarlas al natural. Se había olvidado cuánto le gustaban.
     Una serie de murmullos hizo que volviera la vista a buscar de dónde venían, identificó que había una larga fila de personas comprando boletos. Algunas estaban con equipaje en mano, otras con más equipaje y alguien que estuviera al cuidado.
     Giró su rostro y observó que las tres pantallas que había en la sala estaban proyectando lo mismo, una película que no se escuchaba y tampoco llamaba su atención. Sin embargo, alcanzó a escuchar un sonido que sí atrajo su atención, era el de una guitarra y una voz que acompañaba los acordes. Volvió a ver las pantallas y no provenía de ahí. Con la mirada buscó si había alguien que trajera una guitarra como parte del equipaje, su mirada comenzó a escudriñar en la fila de personas, no halló a nadie.
     Su búsqueda continuó, levantó un poco el rostro, al no encontrar lo que buscaba decidió ponerse de pie y como si estuviera tratando de identificar a alguien conocido continuó observando. Como una especie de halo de luz descubrió que quien ejecutaba el instrumento era un adolescente que muy quitado de la pena estaba cómodamente sentado en uno de los pasillos, en una parte discreta y donde también cantaba.
     Federica tomó asiento nuevamente, intentó identificar qué canción interpretaba el adolescente, hizo un esfuerzo entre los murmullos de las personas, el de la voz que anunciaba las salidas y finalmente,  se dio cuenta que era una de las canciones que a ella le gustaban, qué guapa es la gente luminosa, esa que no se preocupa de la marca de tu ropa, la que pone a la alegría siempre en su menú del día, gente que ilumina el menú, gente guapa como tú.
     —¡Pasajeros que viajan con boletos marcados a las 15:30 horas con destino a Jalapa, favor de pasar al andén 8! —se escuchó que vocearon.
     Al son de una guitarra, Federica tomó su bolso y buscó su boleto, sonrió para sí agradeciendo y agradeciéndose el regalo de esos minutos de espera. Ahora iniciaba una nueva travesía.


Fotografía: David Bartus: https://www.pexels.com/photo/person-playing-electric-guitar-435840/

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 261. Atardecer en invierno. María Gabriela López Suárez

     
   
Voces ensortijadas 

María Gabriela López Suárez

Atardecer en invierno


Sofía revisó su reloj, ese viernes se había concentrado en el desarrollo de la propuesta de un proyecto cultural para infancias que presentaría el siguiente lunes. Tenía mucho entusiasmo por lo que representaba esa propuesta para su colonia, en el documento había integrado las ideas y necesidades que las niñas y niños de su colonia señalaron en un diagnóstico previo.
     Su celular sonó, era un mensaje de Romina, su amiga y compañera del trabajo, le recordaba que esa tarde se verían para organizar una kermés en el barrio donde vivía Romina, a beneficio de niñez migrante de madres y padres desplazados.
     —¡Chofi! Por favor, acuérdate que nos vemos hoy, a las 6 de la tarde en la canchita del barrio. Invité también a Temo, a Lupita y a Quique, seguro que traen buenas ideas.
     —¡Hola Romi! Gracias por el mensajito, nos vemos en un rato más.
     Terminó de hacer ajustes de formato al texto y Sofía revisó nuevamente el reloj, estaba justo a tiempo para salir a la cita con Romina. Se dirigió al sitio de vagonetas que la llevarían al barrio de su amiga. El carro no tardó en salir. El trayecto le tomaría alrededor de 30 minutos.
     Sofía se sentó en lado de ventanilla, se colocó sus audífonos. Pensó que tenía dos opciones, dormitar un ratito o bien, observar el paisaje.  Eligió la segunda. La luz de la tarde era sumamente hermosa. A diferencia de otros atardeceres que pintan el cielo con distintas tonalidades desde los tonos celestes, rojizos, naranjas, violetas, azules y grises, ese atardecer en invierno tenía una luz en tono dorado que irradiaba a todo el paisaje. Lo anterior, permitía que los árboles lucieran al máximo sus distintas formas, tamaños, follajes y ramas.
     El trayecto le pareció un gran regalo a Sofía, contempló ceibas, árboles de flamboyant, algunos pinos, y a lo lejos alcanzó contemplar las montañas que rodeaban la ciudad y las siluetas de los árboles que las bordeaban. Los tonos que predominaban esa tarde eran dorado y una especie de tono oscuro que le daba un toque especial a todo el paisaje, como a manera de contraluz. Indudablemente esa tarde era hermosa.
      Sumado a lo anterior, la pieza de jazz contemporáneo le daba un toque peculiar que la hacía sentirse muy animada. El celular de Sofía sonó nuevamente, era un mensaje de Romina que preguntaba si ya estaba cerca.
     —¡Romi ya estoy a unos minutos de llegar a la parada!  ¡Nos vemos en la canchita!
Mientras Romina continuaba con los ojos atentos al paisaje, su corazón también se deleitaba con la música de jazz.


Fotografía: María Gabriela López Suárez.

Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.

Voces ensortijadas 260. Saludos al mar. María Gabriela López Suárez

     
  Voces ensortijadas

María Gabriela López Suárez

Saludos al mar

Cristina revisó el calendario, aún faltaban varias semanas para las vacaciones. Respiró profundo, se sintió como cuando estaba en la primaria que al inicio de cada ciclo escolar averiguaba cuándo eran las siguientes vacaciones. Estaba tan entretenida en eso que no se percató que entró a su oficina Iván, su colega y amigo del trabajo, seguido de Fabiana, la jefa del área.

—¡Hola, hola! ¡Buen día Cristi! —dijo Iván.
—¡Buen día! ¿Cómo están? —saludó enseguida Fabiana.
—¡Wow! Pero qué coincidencia, buen día, qué gusto saludarles —respondió Cristina, con el corazón un poco acelerado de la sorpresa.

Después de los saludos Fabiana comentó cuáles eran los pendientes más prioritarios y tanto Iván como Cristina tomaron nota para entregar lo que tenían avanzado y lo que trabajarían aún.
La primera en salir de la oficina de Cristina fue Fabiana. Iván permaneció un ratito más, comentaron los pormenores de las encomiendas y llegaron al tema de las vacaciones próximas, que era el tema que ocupaba la mente de Cristina antes de las visitas.

Ambos coincidieron en que ir a la playa era uno de los destinos más anhelados, cada quien dio sus puntos de vista y el por qué de ese destino. Iván se despidió y salió de la oficina.
Cristina se acomodó en su silla y se puso frente a la computadora, mientras abría el archivo que trabajaría se le vino a la mente la imagen del mar. Se quedó pensando en comentarios que habían hecho algunas de sus amistades, que caminar en la playa ayuda a soltar estrés y tensiones; que el agua salada es buena para la salud; que nadar en el mar es terapéutico; que meditar frente al mar es una experiencia única.

De lo que sí estaba segura Cristina era que a ella le gustaba ir a la playa para disfrutar las puestas del sol y también los amaneceres, para dejar que el agua del mar acariciara sus pies, para quedarse contemplando por mucho rato el ir y venir de las olas y la inmensidad del mar. En resumen, a Cristina le agradaba la conexión tan bella que sentía cuando estaba en ese bello paisaje de la naturaleza.

Hizo una pequeña pausa. Cerró los ojos, se imaginó estar sentada escuchando las olas del mar y contemplando un ocaso, desde su corazón le envío saludos al mar, como si en un susurro le dijera que era su próximo destino. Luego de la pausa abrió lentamente los ojos, volvió al aquí y ahora y comenzó a redactar su encomienda laboral.


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Sobre la autora:

Maria Gabriela López Suárez

Doctora en Estudios Regionales por la Universidad Autónoma de Chiapas y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Docente investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH). Es integrante  de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES), del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Colectivo Fotográfico Tragameluz y del Colectivo Reminiscencia, este último aborda el tema de los feminicidios. Desde 2008 colabora en diferentes medios en Chiapas. Fue corresponsal en Chiapas de la Agencia Informativa Conacyt. Actualmente es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz; colabora también en la Red de Comunicadores Boca de Polen. A.C.