Polvo del camino. 236. Canto de gesta para Camilo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

             
Polvo del camino/ 236

Canto de gesta para Camilo
Héctor Cortés Mandujano

La noche había tomado como suya la habitación de los reyes Tito I y Tita Única (sus nombres reales eran Héctor y Luisa, pero eso no importa). Dos hachones lanzaban lengüetazos amarillos a la oscuridad nocturna. Si viviéramos en tiempos modernos podría decirse que un transformador había estallado y había vuelto al reino a la Edad Media.
El principito Camilo se había quedado a dormir con sus abuelos, en la misma cama. El príncipe Jacobo, su hermano mayor, valiente y audaz, había acompañado a la princesa Nadia y Carolina –que así, con dos nombres la habían llamado–, quien, pese a lo oscuro del camino, había aceptado la invitación de ir al asado de un jabalí salvaje, cazado en las inmediaciones del Bosque Real.
Tita Única y el principito Camilo ya dormían, cuando el Rey escuchó un ruido amenazante cerca de los oídos del pequeño y del suyo:
—¡iiiiiiiíííííííIIIIIII!
Sabía de qué se trataba. Era el sonido característico de un zancudo, una bestia sedienta de sangre que, además, podía infectar de un sinnúmero de enfermedades.
El Rey, sabio y hábil como era, contuvo la respiración, preparó sus fuertes manos y en un segundo las usó –como una cárcel de imposible escape– en la anatomía del insecto asesino. Calló un instante la bestia que, como todos saben, es también un mago poderoso.
Se escuchó su voz, detrás de los dedos del Rey, que eran como barrotes de acero.
—Déjame salir, te prometo que me iré, junto con mis hermanos a otra parte, para no volver.
—No te creo –dijo Tito I.
—Mira, si me dejas ir, te regalaré un caballo…
—No me interesa –dijo el Rey–, tengo automóvil.
—Te daré un dragón, para que cuide con su fuego poderoso tus heredades…
—Tengo una estufa, con cuatro quemadores, y dos caninas que cuidan mi fundo: la gran Atenea y la pequeña Chiripa.
—Con mis hermanos, te haré una orquesta magnífica…
—Ya tengo Spotify.
—Pondré a tus pies una bellísima mujer…
—Tengo una consorte, que es una mujer hermosa.
[Tita Única sonrió en sus sueños.]
—Me cansaron tus ofertas –dijo Tito I– y como si fueran dos placas metálicas cerró sus palmas y el zancudo quedó aplastado, muerto.
Aunque no lo pareciera, la conversación había sido escuchada por una docena de zancudos que, desde la oscuridad, también calculaban el instante para lanzarse a las venas de los tres yacentes y tomar su sangre azul.
Al ver lo que había pasado con su hermano, como un conjunto de negras y pequeñas golondrinas que presagiaran tormenta, se escaparon por el dintel de la puerta del dormitorio Real, volaron con rapidez por las demás estancias hasta llegar a la puerta principal donde salieron al bosque de las inmediaciones, lleno de árboles cada vez más verdes y grandes por las lluvias constantes que habían caído en días pasados.
El Rey, entonces, cerró los ojos y lo mismo que la Reina y el Principito se entregó en los brazos de un sueño delicioso…

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 235. Los pobres, fuente de riqueza. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

             
Polvo del camino/ 235

Los pobres, fuente de riqueza
Héctor Cortés Mandujano

Ya somos todo aquello
contra lo que luchamos a los veinte años

José Emilio Pacheco,
en “Antiguos compañeros se reúnen”



En Yo no me llamo Rubén Blades (2018), documental escrito y dirigido por Abner Benaim, su protagonista, el cantante Rubén Blades, habla de sus inicios y cuenta que escribió una canción de una persona muy pobre y que él, que también lo era, de pronto empezó a ganar dinero con la canción y que ésta la conectó con otras oportunidades y siguió ganando dinero hablando de la gente que no lo tenía. Esto le supuso un problema de conciencia del que, quién sabe cómo, pudo salir. Hablar de los pobres, puede volvernos ricos.
Silvio Rodríguez en “Canción con harapos” (del disco Causas y azares, 1986) dice: “Qué fácil es engañar al que no sabe leer./ Cuántos colores, cuántas facetas
tiene el pequeño burgués. […] Desde una mesa repleta, cualquiera decide aplaudir/ la caravana en harapos de todos los pobres./ Desde un mantel importado y un vino añejado,
se lucha muy bien. […] Qué fácil es protestar por la bomba que cayó/ a mil kilómetros del ropero y del refrigerador”. En una entrevista, Silvio dijo que la canción la escribió incluso como una autocrítica: él protesta por muchas cosas desde su posición de privilegio…
En su libro autobiográfico Si me permiten actuar (1986), Enrique Cisneros (1948-2019), el Llanero solitito, actor disidente, critica a Gabino Palomares porque su canción “La maldición de Malinche” fue, dice, la bendición de Gabino. La crítica a los poderosos, parece decir, a veces nos hace poderosos.
Cecilia Boal contó en una entrevista de televisión que Augusto Boal, célebre hombre de teatro brasileño, presentó, con una compañía, una obra de teatro ante campesinos que al final los impelía a defender la tierra con su vida. Un campesino se acercó a ellos y les pidió que se les unieran a un enfrentamiento que tendrían al otro día con un terrateniente y su ejército. Boal les dijo que ellos eran actores. El campesino les dijo, entonces, “ah, la sangre de la que hablaban no es la suya, es la nuestra”. El arte y la realidad siempre tan alejados.

En la película Tiempo de huracanes (2023, dirigida por Elisa Miller), basada en la novela de Fernanda Melchor, se retrata terriblemente la maldad, el asesinato, la falta de principios de los protagonistas, todos desposeídos de fortuna económica, pobres, paupérrimos. Pero la peli costó millones y la novelista debe haber ganado bastante por lo que escribió (su libro está traducido a más de 30 idiomas) y por los derechos vendidos para el cine.
No sé si eso sea bueno o malo. Así es.
Leo Falsa liebre (Mondadori, 2022) donde asientan que esta joven narradora, Fernanda Melchor, nacida en Veracruz, ha ganado muchos premios nacionales e internacionales. Falsa liebre es también la historia (bien escrita, bien tramada) de mucha gente pobrísima que se droga, se prostituye, roba, mata sin cesar.
No sé si Fernanda viene de ese estrato social o lo conoce bien o sólo tiene mucha imaginación y decidió que su literatura giraría en torno de Los olvidados, como llamó Buñuel a su película que es un retrato de fuera (Buñuel hizo arte con lo que tuvo a mano) de la gente a la que, según estas historias, no sólo viven en la miseria económica, sino también (dicen películas, novelas, canciones) en la pobreza moral y espiritual. Y esa gente pobre, pese a todo, produce riquezas. De ellos viven, por ejemplo, todos los políticos…




Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 234. La larga línea verde en el mar. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

             
Polvo del camino/ 234

La larga línea verde en el mar
Héctor Cortés Mandujano

Leo de nuevo El reto (Plaza & Janés, 1969), de Anton Chéjov, y allí me encuentro con esto (p. 100): “Recorrieron el muelle, desde donde contemplaron durante un buen rato el mar fosforescente. Von Koren empezó a explicar cómo se producía este fenómeno”.
Mi mente vuela. Hace tiempo fuimos mi mujer, dos amigos (Juan Ángel Esteban, Tania Corzo) y yo a las Barras Zacapulco, que es parte del municipio de Acapetahua, Chiapas. Para llegar a ella hay que tomar una lancha y hacer un breve recorrido por las tranquilas aguas del estero. El espejo líquido, los manglares arracimados y el cielo, te amueblan la vista, la visten, la pintan, la asombran…
Pasamos unos días en la playa, que incluyó ver muchos zopilotes, tan familiarizados con nosotros y con cualquiera, que parecían gallinas, guajolotes mansos; hubo también el inicio de un librito, ya publicado (Sangre helada), que hicimos Juan y yo: yo escribí un par de cuentos a mano y Juan hizo las ilustraciones; hubo un conato de ahogamiento: Juan, Tania y yo estábamos en el mar, de pie ante las olas bravas (mi mujer, tranquila, en la hamaca); el mar pareció enojado, sin razón, y Tania decidió salir. Juan y yo quedamos en aquella caldera revuelta y de pronto no sentimos la tierra bajo nuestros pies. Salir de allí nos llevó mucho tiempo y casi todas nuestras fuerzas…
A lo que iba.
En una de las noches que pasamos allá, estábamos tomando vino. Mi mujer, dormilona y prudente como es, se fue a dormir temprano, y Juan, Tania y yo nos volvimos los únicos habitantes de la playa. En cierto momento de la noche decidí, en lugar de ir al baño, descargar mis aguas bajas lejos de mis amigos (la noche estaba estrellada y tiritaban azules los astros a los lejos) y desde allí vi que las olas tenían un color verde fosforescente.
Pensé que estaba borracho.
Ya desaguado, vi como la enorme línea de espumas (como si allí los potros del agua dieran un reparo) era, en efecto, verde, verde fosforescente. Llamé a mis amigos y me acompañaron. Los tres nos quedamos como bobos viendo aquello.
Tratamos de encontrar alguna explicación. Y nada.
Una noche después, ya con mi mujer, los cuatro permanecimos alelados viendo el espectáculo magnífico hecho, aparentemente, sólo para nosotros. El libro de Chéjov me lo recordó.
Abro Google y tomo la primera nota: “La explicación de este fenómeno está en unas diminutas algas que brillan cuando son perturbadas por las olas o las corrientes, según científicos locales. Estos brillos fluorescentes no representan ningún peligro para el ser humano, aunque sí modifican el entorno marino en el que aparecen”.
A mí me modificó. A veces, ahora, sueño el mar y me veo parado en la playa y siento la noche inmensa (nótese de nuevo el plagio descarado a Neruda) y veo cómo la espuma verde me ilumina (una línea de focos dirigidos hacia mí, que me bañan) y la imagen me hace feliz, como un niño frente al misterio del sabor de un helado de chicle o el permiso de su mamá para jugar en los charcos, bajo la lluvia…



Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 233. Ladrones raros. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

             
Polvo del camino/233

Ladrones raros
Héctor Cortés Mandujano

Voy a relatar lo que a mí me sucedió…

Famosa canción compuesta por Muñeca Acuario
e interpretada por, entre otros, La sonora santanera

Más de las que quisiera han entrado ladrones a las casas donde he vivido. Me han robado lo que podríamos llamar nimiedades (una máquina de escribir que me costó mucho comprar; aparatos electrónicos, pantalones, zapatos…) hasta llevarse todo, hace varios años: camas, mesas, objetos, ropa, fotografías, bote para el papel de baño y rollos nuevos de papel. Hicieron varios viajes. La casa quedó vacía por completo.
Sin embargo, en la galería de ladrones, en los actos de robo, tres han destacado por la extrañeza de su hazaña.
Cuando vivíamos en Tuxtla, hace más de veinte años, teníamos una muchacha que nos ayudaba en los oficios de casa. Una tarde se encontraba llenando una bolsa de nailon transparente con hojas secas, en el patio. Mi mujer por casualidad estaba frente a ella y se dio cuenta de que había colores vivos al fondo de la bolsa. Le pidió revisarla y descubrió que se llevaba cuatro o cinco de mis boxers. Yo ya me había quejado de que cada vez veía disminuir mi ropa interior. La muchacha, ante los reclamos de mi mujer, le dijo que se había llevado varios más, en otras ocasiones. Los trajo. Eran muchos, exclusivamente míos. Nunca entendimos si lo suyo era fetichismo, nunca la volvimos a ver.
Mi amiga Lidia Peña decidió organizar mis cientos de diplomas por año, los programas de mano de las obras de teatro en las que he participado (de 1982 en adelante) y las invitaciones a presentaciones de mis libros (de 1990 en adelante). Los juntó todos en un maletín de papel cartulina. Era muy obvio que era de papel y, por su peso, que no contenía nada valioso. Pues aun así alguien entró en mi biblioteca, en Berriozábal, y se lo llevó. Lo triste es que se robó mi historia documentada y, seguramente, cuando vio su “botín”, tiró mis muchos recuerdos a la basura…
Hace poco, en junio de 2024, entró un grupo de al menos tres personas a nuestra casa. Un vecino logró detener la rapiña, porque les cayó con las manos en la masa; abandonaron con prisa el lugar, aunque ya se habían llevado lo previsible: aparatos electrónicos, herramientas, mis zapatos (me han robado tantos zapatos en mi vida que, si los ladrones se juntaran, ya podrían poner una pequeña zapatería) y varios objetos de ornato… dejaron en bolsas y apartados lo que ya consideraban propiedad suya. Lo previsible también, salvo por un detalle: habían juntado una colección de libros míos, es decir, escritos por mí, que se llevarían. De nuevo el pasmo. ¿Para qué los quieren? ¿Son mis lectores? ¿Creen que tienen un valor especial –algunos, para mí sí: son ejemplares únicos; suponen que en algún lugar alguien les dará un buen dinero por ellos? Qué utopía.
Un amigo que llegó en esos días y vio el montón de libros míos, apartados por los ladrones, dijo como una broma: “Son tus fans”. Vaya adoración.
Hubo un libro, que obviamente no es mío, que también encontramos en una de las bolsas abandonadas: El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald. Qué ladrones tan raros.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 232. La juventud de la vejez. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                          Polvo del camino/ 232

Apuntes de oído/ 18
La juventud de la vejez
Héctor Cortés Mandujano

Hice fácil las adversidades
y me compliqué en las nimiedades

Nacha Guevara,
en “Ya no sé qué hacer conmigo”

Silvio Rodríguez, célebre cantautor cubano, nació en 1946. En 2024, a sus 78 años, sacó a la luz su nuevo disco: Quería saber.
Clint Eastwood (actor, director, productor, músico…) tiene 94 años. Está preparando su siguiente película, Jurado # 2, que quizás empiece a filmar el próximo año.
George Miller, cineasta, nació en 1945. A sus 79 estrenó Furiosa, en 2024, dentro de la saga de Mad Max, que empezó en 1979. Van cinco. La cuarta (Mad Max: furia en el camino) es una absoluta obra de arte.
Leí hace poco que Alejandro Jodorowsky, chileno y artista de muchos talentos (músico, actor, director de cine y teatro, escritor de varios géneros, sanador, lector de tarot, etcétera), a sus 95 años irá a su país natal para presentar su nuevo libro y su nueva película.

Nacha Guevara, cantante argentina, a quien escucho desde que era un jovencito, grabó en 2023 un nuevo álbum a sus 80 años, escrito en términos generales, según datos de Spotify, por Clotilde Acosta, Daniel Gustavo Vilá, Ricardo Estanislao Monje y la propia Nacha: Voy a cantar lo que se me canta. (La oración alude, en este caso, a no me voy a fijar en lo que el público quiera, en el posible éxito: voy a cantar lo que se me dé la gana…).
Tres canciones se refieren directamente a su edad. En “80 y cantando” dice: “Ochenta […] es otra vez amar la vida, es otra vez tirar los dados. […] Ochenta años pero no rezongo./ Ochenta años pero no me quejo. […] y una buena tarde, silenciosamente,/ moriré de joven, no importa a qué edad”.
En “Voy a cantar lo que se me canta” dice: “En estos tiempos de cuantos likes tienes,/ criptomonedas en la Santa Sede,/ de amar por zoom en tardes de apatía,/ quién tiene tiempo para la rebeldía:/ voy a desatar este nudo en mi garganta./ Voy a cantar lo que se me canta”.
En “Ya no sé qué hacer conmigo” (escrita por ella misma, Óscar Mediavilla y Ave Fénix) habla de las múltiples cosas que ya hizo: “Ya aprendí a falsear mi sonrisa,/ ya caminé por la cornisa”; dice también que ya fue ética, errática, escéptica y fanática; abúlica, metódica, púdica y católica. Y “ya creí en los putos marcianos,/ ya estuve tranqui y hasta las manos”; además, dice, probé, fumé, tomé, dejé, firmé, viajé, pagué, sufrí, fui, volví, fingí, mentí. “Y oigo una voz que dice, con razón:/ Vos siempre cambiando, ya no cambies más./ Y yo estoy cada vez más igual:/ ya no sé qué hacer conmigo”.

Cuando yo era veinteañero surgió un dicho que a mí me parecía un despropósito: La vida empieza a los 40 (¿y por qué nos trajeron con tanta anticipación?, me preguntaba). Con esta breve lista de artistas que he hecho, me parece que no debemos encerrarnos a repasar pasadas glorias, mientras tengamos la oportunidad de seguir viviendo, de nuevamente caer y volver a levantarnos…


Ilustración: Héctor ventura.
Ilustración: Héctor ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 231. Bodas. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                            Polvo del camino/ 231

Bodas
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Me baño como si me fuera la vida en ello y luego de secarme me perfumo con profusión. Me cepillo como repaso del manual de cómo debe hacerse, reviso el blanco de mis dientes en el espejo y decido que la blancura es aceptable. Me visto con lentitud: estreno ropa interior y luego siento la tela fina de mi pantalón y mi camisa, me pongo la corbata y cuando estoy por ponerme el saco suena el teléfono.
Es ella y va al grano.
—Mi amor, tengo un contratiempo que no podré solucionar ni hoy ni mañana. Es en realidad un problema que espero me dé tiempo la vida de solucionar. No iré a verte, es decir, no me voy a casar contigo. Pero no te apures: ¿te acuerdas de mi prima Irene? Es más joven que yo, más guapa e incluso más inteligente. Le conté de mi asunto y dijo que ella quiere casarse contigo. No te molesta, ¿verdad? Creo que sales ganando, porque yo suelo tener mal carácter por las mañanas y ella es un pan a todas horas. Ya le di los datos para que esté en el lugar y puntual; no te preocupes si no te acuerdas de quién es, ella te va a buscar. Irá, por supuesto, vestida de novia. Te mando un beso y te deseo suerte…
¿Irene?, pienso. Su prima. ¡Claro, es preciosa! ¿Por qué querrá casarse conmigo? ¿Qué le habrá dicho? No importa. El cambio, como dice, me favorece. Hoy es un buen día.

Llego al lugar y los que se encargarán de la ceremonia ya están listos, La cita era a las once. Son las once y diez, once y cuarto, once y veinte… Creo que ya no vino. Estoy a punto de hablar con la gente para las consabidas disculpas (que en realidad no me corresponden), cuando veo a una novia llegar. No es Irene. Viene directo hasta mí.
—Hola, soy Ibeth. Supe que te ibas a casar y, aunque tú no me conozcas, yo te vi varias veces en varios lugares y quiero que seas mi marido, ¿te casarías conmigo?
—Bueno, esperaba a alguien más y no llega… Si tú quieres, sí.
Hacemos la ceremonia y nos vamos rumbo al hotel que ya tenía reservado.
Nos registramos (todavía andamos vestidos de novios) y vamos rumbo al elevador, cuando nos alcanza una chica vestida de novia.
Es Irene.
—Hola, perdona, se me hizo tarde y cuando llegué me dijeron que te habías casado, ¿es cierto?
—Sí, ella es mi esposa –se saludan–, no sabía si ibas a llegar o no, así que…
—Sí, entiendo. Mira, espero que ni tu esposa ni tú se ofendan. Quiero decirte que si llegaras a divorciarte me tengas a mí como primera opción de matrimonio, ¿te parece?
—Gracias por tu disposición, aunque en realidad no podría prometerte nada. ¿Qué tal si Ibeth y yo somos felices para siempre, como en los cuentos?
—Eso ya no ocurre ni en los cuentos… Bueno, no les quito más el tiempo, te llamo en un mes y allí me dices. Hasta luego.

Me pareció de mal gusto su comentario. En este año me he casado… creo que cinco veces, pero tal vez Ibeth sea la definitiva. En fin, a ver qué pasa.

Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Polvo del camino. 230. Pez sin bicicleta. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Héctor Ventura.

                    Polvo del camino/ 230

Pez sin bicicleta
Héctor Cortés Mandujano

Leo alternativamente –50 páginas diarias de cada uno–, por costumbre y por gusto, cuatro libros. Tres de este ahora –que será en el futuro el ahora de las/los lectoras-lectores– son de tres géneros diferentes (ensayo literario, cuento y novela) escrito por tres mujeres vivas, contemporáneas, de distintos países: Reescribiendo la nación. La narrativa de Ricardo Piglia, de la argentina Sandra Garabano; El huevo de Barba Azul (con traducción de Eduardo G. Murillo), de la canadiense Margaret Atwood, y Hamnet (con traducción de Concha Cardeñoso), de la inglesa Maggie O’Farrell.
El ensayo de Garabano (Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 2003) aborda los libros de Piglia que en especial atañen a la historia argentina, al problema de narrar, a la reescritura y, entre otros varios temas, a ciertos autores (Arlt, Borges, Macedonio Fernández) que podrían ser ejemplos de lo popular y lo erudito.
En el prefacio, Raymond L. Williams dice, a propósito de una de las hebras del ensayo de Garabano (p. 16): “Desde hace muchos años, escritores como Borges han cuestionado las posibilidades de lo original, recordándonos que el concepto de ‘originalidad’ es básicamente una idea romántica y poco factible. Desde Borges, todo es reescritura”.
Dice Piglia, en Respiración artificial, sobre la relación problemática entre ficción y realidad (p. 64): “He descubierto una incomprensible relación entre la literatura y el futuro, una extraña conexión entre los libros y la realidad. Tengo solamente una duda: ¿Podré modificar esas escenas? ¿Habrá alguna forma de intervenir o sólo puedo ser espectador?”.
Cito dos ideas de Sandra Garabano que me parecen importantes. La primera alude a el discurso y la historia (p. 68): “La realidad todavía está allí y no es puro lenguaje”, y la segunda a la dualidad escritor-lector (p. 98): “La literatura es un bien que sólo puede ser adquirido por aquellos que tienen los medios para apropiársela y descifrarla”.

El huevo de Barba Azul (1983), colección de cuentos de Margaret Atwood, lo leí en uno de mis lectores electrónicos. Tomo algunas opiniones de sus personajes, generalmente femeninos, sobre los hombres: “Hay muchas cosas que los hombres no están preparados para comprender, de modo que no tiene sentido esperar que las comprendan”.
Y ésta, rara: “Una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta”.
Una de sus personajes cuenta de los tiempos cuando la ropa interior llevaba botones: “Ibas por la calle y antes de que te dieras cuenta te encontrabas con las bragas en los pies. La mejor manera de salir del paso consistía en liberar un pie, darles una patada con el otro y meterlos en el bolso”.
Esto lo dice uno de sus personajes escritores: “Cualquier expresión artística es una pura fórmula para evitar el suicidio”.

Hamnet (Libros del Asteroide, 2021), de Maggie O’Farrell –regalo de Marco Hoppenstedt–, es una falsa biografía del hijo de Shakespeare, Hamnet (quien murió en 1596), que se supone inspiró la escritura del célebre Hamlet.
La novela recrea el tiempo de Shakespeare joven, en Strafford (algo que muchos han puesto en duda), y los líos con su familia, en especial con su padre; el noviazgo, el matrimonio, los hijos con Agnes –se llamaba Anna (p. 341), “pero su padre, en el testamento, la llamó ‘Agnes’ ”– y, por supuesto, la muerte de Hamnet, la representación de Hamlet.
Me llamó la atención la idea de O’Farrell sobre de lo que somos cuando vivimos en el vientre materno (aquí se refiere a una niña): criaturas acuáticas (p. 154), “sirenas”.

                  
Ilustración: Héctor Ventura.
Ilustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 229. Penélope y más de cien amantes. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Alejandro Nuding.

                    
                       Polvo del camino/ 229

Evocadas páginas de otro libro/ XV
Penélope y más de cien amantes
Héctor Cortés Mandujano

—¿Cómo puedes sentirte bonita o deseada cuando eres la hermana de Helena de Troya, la hermosísima, la mujer más bella del mundo?
Siempre me sentí un espantajo al lado de ella. Y no importaba que yo fuera más inteligente, con una conversación mejor, con capacidad para entender la desgracia de los demás, con estudiada prudencia para callar cuando era debido. Todo eso lo borraba Helena con sólo parpadear o sonreír.
Me pareció incluso que Ulises, mi marido, se casó conmigo sólo por estar en algunos momentos cerca de ella. Luego, ya ven, se fue a la guerra para tratar de rescatar un poco la maltrecha dignidad de mi cuñado, quien se sintió insultado cuando Helena decidió cambiar el lecho nupcial por las gracias eróticas de Paris. Ah, los hombres tan elementales. ¿De qué tamaño era la belleza de Helena que desató una guerra de diez años?
Diez años estuvo Ulises en la guerra y diez años más se tardó en regresar. 20 años sola. Bueno, sin él. Todos lo dábamos por muerto y porque soy la reina, y tengo muchas riquezas materiales, se me fueron acercando tantos pretendientes que rebasaron la centena.
Al principio, no hice caso a sus sugerencias, pero en alguna noche definitoria me sentí lúbrica, con un deseo que me pareció avasallante. Abrí los ojos y en ese momento me di cuenta que en ese instante yo era como mi hermana Helena: Los hombres estaban dispuestos a pelear por mí; los tenía allí, como bestias cebadas, y podía escoger a quien se me antojara. No era bella, era poderosa. ¿Por qué no hacerlo? Lo único que debía hacer es alejar un poco a mi hijo y conseguir la complicidad de mis doce criadas.
Decidí proceder con método y pedí a mis sirvientas (dos de ellas sabían escribir) que numeraran primero a mis pretendientes y luego ordenaran sus nombres por orden alfabético. Fueron 108.
Les dije, a través de mis criadas, que tendrían la oportunidad de conquistarme. Tendrían una noche para ello. El ganador obtendría mi promesa de casamiento, sería el rey. Debían venir bañados, perfumados y listos para poner en práctica sus mejores actos eróticos. Los que no fueran de mi agrado serían borrados en automático de la lista. Si hubiera muchos que llegaran a hacerme sentir dichosa, plena, satisfecha, habría una segunda ronda. Al final, tal vez hiciera una tercera exclusivamente con los mejores. De allí saldría el ganador.
Haría pausas en mis días menstruales o cuando así lo quisiera. Todos aceptaron, aunque hubo algunos que no se presentaron en la noche en que debían probar su sapiencia en alcobas. Sin duda, no era sencillo para ellos saber que iban a ser evaluados y eventualmente descalificados. Pobrecitos.
Recordé por mucho tiempo a los números 9, 25 (que estuvo conmigo hasta cinco veces y era maravilloso), 32, 47, 50, 53, 62, 81, 90, 101 y 107. Algunos eran expertos en el beso, otros en la caricia, algunos hablaban deliciosamente y decían cosas tan lindas, otros tenían instrumentos muy bien templados, tres o cuatro eran perfectos… Pero vino al final Ulises, mi marido, el rey, y mató a mis doce criadas y a todos mis pretendientes. Ni modo, me tuve que quedar con él que no era, por mucho, el mejor de mis amantes…

[En Las bodas de Cadmo y Harmonía (Anagrama, 1990), de Roberto Calasso, dice (p. 333): “Según otros, cuando Ulises regresó a Ítaca, Penélope ya había dejado pasar por su cuerpo los ciento ocho pretendientes. De ellos había engendrado a Pan”. En Penélope y las doce criadas, Margaret Atwood, hace decir a Penélope: “Las versiones más descabelladas sostienen que me acosté con todos los pretendientes, uno detrás de otro –eran más de cien”.]

  
                  
Ilustración: Alejandro Nuding.
Ilustración: Alejandro Nuding.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 228. El silencio y las palabras. Héctor Cortés Mandujano

IIlustración: Héctor Ventura.

                    
                         
                    Polvo del camino/ 228

                  El silencio y las palabras
                   Héctor Cortés Mandujano

                                     Para mi amigo Luis, quien me contó estas anécdotas suyas

1

No hablé pronto, porque mi papa me consentía mucho; bastaba sólo con levantar mi dedito y mostrarle qué quería para que me lo diera. Entre señalamientos y pujidos llegué, no sé, tal vez a los cuatro años sin hablar. Mi padre se hartó.
A él le encantaban los chiles de lata y un día, en mi presencia, abrió una de ellas y puso el contenido en un plato hondo. No sé por qué se me antojaron y comencé a poner mi dedo de reyecito hacia los chiles. Papá me dijo: “No, esto pica, no es para niños”.
¿Qué? ¡Este tipo osa desobedecerme! Puse más énfasis en mi señalamiento y comencé a hacer pucheros. Mi papá insistió ya con más fuerza: “¡No!”.
Solté el llanto, sin olvidar de señalar el objeto de mi capricho. Mi padre, entonces, dijo: “Mira, si quieres, tómalo. Te va a picar y vas a llorar. Se te va a calmar el picante con esto –me señaló un vaso de agua–, pero sólo te voy a lo voy a dar si dices ‘Agua’, ¿entendido?”.
Tomé un chile, lo puse en mi platito y luego le di una mordida. Sentí que había mordido lumbre y comencé a llorar. Mi papa me dijo:
—¿Quieres agua?
Moví la cabeza en señal de afirmación, mientras seguía llorando.
—Pues no te voy a dar hasta que lo pidas con su nombre.
No sentía lo duro, sino lo tupido y quién sabe cómo mi cerebro y mi lengua se alinearon para que yo dijera, por fin, mi primera palabra:
—¡¡¡Agua!!!

2

Mi hermano mayor me llevó por primera vez al cine un domingo. Eran dos películas seguidas de matiné. Cuando volví, mi papá componía un carro. Le dije:
—Papi, ¿te puedo contar las películas que vi?
—Sí, cuéntame.
Mientras él trabajaba yo comencé a contar. Si la película duró hora y media, yo alargué mi crónica como tres horas a mi padre, que siguió trabajando bajo la implacable lluvia de mi imparable perorata.
Cuando concluí con la primera película (ya estábamos en otro lugar, él ya trabajaba en otra cosa), mi papá me quedó viendo y dijo:
—Creo que fue una mala idea haberte enseñado a hablar.

3

Mamá y papá tenían problemas frecuentes hasta que ella decidió pedirle que se fuera de la casa. Yo lloré y, cuando vi que él iba con su maleta hacia la puerta, me abracé a sus piernas y le pedí que no se fuera nunca, que buscara la forma de convencer a mi mamá.
Mi mamá, firme y sin ánimo de calmar las cosas, me ordenó que lo dejara ir. Lloré hasta la extenuación. Mi mamá, sin ningún prolegómeno, directa y brutal, me dijo algo que para mi niñez fue terrible:
—No sé por qué le lloras tanto a ése, si ni siquiera es tu papá.
Así me enteré de que aquel hombre al que amaba no era, no había sido mi papá biológico.
IIlustración: Héctor Ventura.
IIlustración: Héctor Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 227. Un viejo almud. Héctor Cortés Mandujano

"Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz".

                    
Polvo del camino/ 227

Un viejo almud
Héctor Cortés Mandujano

Mamá me dice sin subterfugios que debo ir a verla, a la casa de mi infancia.
[Decir cómo y dónde me lo dijo pondrá incredulidad en quien me escuche o me lea: lo callo.]
La veo detenidamente. Habló con el rostro viendo hacia abajo, con palabras dichas como para sí misma, sin ninguna intención: no es una orden, no hay atisbo de tristeza o de reclamo. Como si yo no fuera el destinatario ni estuviera allí, con ella, desgranando las mazorcas y poniendo el maíz en un viejo almud.
—Mamá, le digo, estoy contigo y estamos en la finca donde nací.
—Así no cuenta: esto es un sueño.
[Lo dije. Quien me oyó o me leyó hasta ahora cerrará los oídos, los ojos, no querrá seguir escuchándome, leyéndome.]

—Ir al Ciprés, de nuevo –le digo a mi mujer.
—¿A qué, para qué?
—Soñé con mi mamá, me lo pidió.
—¿Y? Si soñaras que Margot Robbie te pide que vayas a Hollywood, ¿irías?
—¿Es una pregunta seria o nomás retórica? Si Margot me pidiera que…
—Es un modo de decirte –me interrumpe mi mujer– que el sueño de tu mamá pertenece a ese mundo, al mundo de los sueños, no a éste. Igual que la Margot esa…

Dice mi mamá, de nuevo sin verme.
—¿Y qué pasó, cuándo vienes?
—¿Para qué?
—Quiero verte.
—¿Y si voy, vas a revivir para verme? Porque ahorita, aunque sea otra vez un sueño, nos estamos viendo.
—¿No quieres ir?
—No le veo el caso. Mi mujer…
—Tu mujer puede no venir. Ella se cuece aparte. Ven solo.
—Mamá, la finca está abandonada, derrumbándose, y tú estás muerta desde hace años. ¿Quieres decirme algo? Dímelo aquí. ¿O necesitas escenografía, una locación especial? No querrás que venga o vaya a caballo.
—Bueno, te entiendo, no quieres ir.
—¿Ir? Estamos en el Ciprés. Si te sueño, te sueño aquí.
—¿Entonces?
—Le voy a preguntar a mi hermana, a ver qué opina.
—¿No puedes tomar una decisión solo?
—Okey: No voy a ir. Tantán.

Abro los ojos. Mi mujer se despierta. Su rostro frente al mío. Me ve.
—¿Qué soñaste?
—Lo de siempre. Con la Margot esa…

"Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz".
«Margot Robbie. Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz».




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com