Polvo del camino. 242. La sabiduría del sinsentido. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

                 	Polvo del camino/ 242

La sabiduría del sinsentido
Héctor Cortés Mandujano

Hola, oscuridad, mi vieja amiga…

De la canción “Los sonidos del silencio”,
compuesta por Paul Simon

Me doy cuenta de lo minúsculo que soy, de lo irrelevante, de la casi nada que he aprendido en la vida, cuando de madrugada me despierto porque oigo voces que, en un idioma que no entiendo, que no hablo, parecen referirse a mí. Es una inferencia, claro, porque nada puedo descifrar de sus palabras a sotto voce. Pienso –y tiemblo– que son demonios.
Abro los ojos y sé que estoy semidesnudo bajo las cobijas, que no tendría oportunidad de buscar algo con qué defenderme si ya estuvieran listos para lanzarse sobre mí. Intento pensar con más calma y descubrir de dónde vienen las voces. Parecen estar dentro del cuarto, pero hay viento y éste quizá sea nada más la vía, y algunos extranjeros –un hombre mayor y una mujer joven, si tuviera que pensar en dos humanos– cerca de casa conversan en esta madrugada y su charla llega hasta mis temerosos oídos. Mi espanto es de cuerpo completo. Toco mis genitales: tienen miedo también.
Mi mano es un temor de cinco dedos temblorosos.
¿Qué podrían querer de mí dos demonios? No soy ni un iluminado ni un pecador. “Soy un pecador promedio”. ¿Para qué podría servirles mi alma? ¿Para qué discutir cerca de mí, cuando tiene órdenes –¿de quién?– de llevarme y ya?
No sé si la tranquilidad de que ya me llevarán hace que me duerma nuevamente y sueñe con la finca en que nací. Soy un niño y estoy en el largo corredor de ladrillos. Es de tarde. Las seis. Frente a mí, donde debiera verse el aire transparente y detrás de él (¿detrás del aire? ¿Es eso una metáfora? ¿Será comprensible para alguien ese, digamos, concepto?) el cerro, los cerros en donde se han paseado tantas veces mis ojos, hay una neblina negra, un humo muy oscuro. No es por quemazón.
La negrura, la oscuridad, viene rumbo a mí, va cubriendo todos los huecos antes de tragarme y volverme parte de ella. Soy la noche, pienso. Soy lo oscuro. ¿Y por qué sigo pensando como una persona y no anulo todo y me convierto en la negrura amorfa, sin sentido, sin pensamiento, sin palabras? Porque esto es un sueño… y me comienza a dar miedo.
Despierto. Escucho voces. ¿Qué dirán?
Me duermo.
Sueño con voces infantiles que me previenen de un peligro. Sueño que en la noche más lejana de un cerro estoy sentado en la cúspide, pensando en los latidos de mi corazón. Sueño en que dentro de mi corazón ha caído la noche. Sueño que la noche es mi corazón. Sueño que mi corazón duerme y me habla con palabras que no entiendo.
Despierto y siento que lo he entendido todo, porque mi corazón ha sido obsequiado con la sabiduría infinita de todas las edades, y que voy a compartir mi conocimiento de la vida en una cuartilla o dos o tres, no hacen falta más…
Y de pronto, cuando empiezo a escribir, me atoro en lo que quisiera decir y lo mío se vuelven palabras que no van a ningún lado, como si fueran dichas en secreto por diablos que no saben el lenguaje humano y llegaran a los oídos de un hombre que duerme en un cuarto que es el mío y que nada entiende y siente miedo por los sueños inocuos que sueña sin cesar, que no tienen sabiduría sino sólo sinsentido...


Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 241. Banderas y Gosling. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                 	Polvo del camino/ 241

Banderas y Gosling
Héctor Cortés Mandujano

Antonio Banderas (Málaga, 1960) comenzó su fama pública de la mano de Pedro Almodóvar, en su natal España, con títulos que ya son emblemáticos y que escribo como los recuerdo, sin orden: Mujeres al borde un ataque de nervios, Átame, Laberinto de pasiones, Matador, La piel que habito… hasta llegar, en 2019, a la que me parece su mejor colaboración, en una gran película: Dolor y gloria.
Cuando ya era una figura reconocida en España, Banderas decidió emigrar a Hollywood y allá ha hecho un poco de todo: basura, cintas medianas y, de vez en cuando, alguna interesante. Este actor a mí me ha perecido siempre, como dicen los españoles, resultón, es decir, que hace bien su trabajo y ya está. Era guapo y musculoso, y llegó a encarnar el asunto del macho latino. Con esas cartas logró infinidad de naderías.
Era difícil, yo así lo veía, que tocara la gracia, la excelencia en sus interpretaciones, salvo en una película que a mí me pareció insospechada, donde además sólo tiene la voz como única arma para hacer su labor: el Gato con Botas, en Shrek 2 (2004).
Me parecen fascinantes sus matices, su capacidad de seducción, su enormísima facultad de hacer entrañable un dibujo animado. Vi la cinta en inglés y en español (él es el personaje en ambos idiomas) y hace una faena maravillosa en las dos versiones.
Banderas me pareció desde entonces ya no un tipo con suerte, y con una imagen que de algún modo le abría puertas a papeles donde hacía el trabajo decoroso que en general hace, sino la voz del Gato con Botas, es decir, alguien ante quien me quito el sombrero… El Gato con Botas es una caricatura que me hace feliz, cada vez que la veo. Después, en Dolor y gloria también me parece que brincó a un escalón interpretativo mayor. No sólo es, pues, mi gato favorito.

Ryan Gosling (London, Ontario, 1980) es otro actor que, según yo, hace correctamente su trabajo: canta, lo mismo que Banderas, y baila, además de actuar. Ha estado en varias películas exitosas y me parece que se cotiza bien como un galán atractivo. A mí no me convence en ninguna de sus intervenciones, aunque creo que técnicamente es irreprochable en Diario de una pasión (2004), Drive (2011), La La Land (2016) y Blade Runner 2049 (2017), por mencionar sólo algunas.
Pone bien la cara en la pantalla, cuida sus músculos, sabe cómo seducir a las audiencias, pero a mí siempre me pareció un chico listo, nada más, hasta que lo vi en Barbie (2023, dirigida por Greta Gerwig). Qué manera de hacer creíble la vida de Ken, un muñeco; qué gran interpretación, qué bien canta y baila (lo había hecho ya en La La Land), qué gran actor… Por supuesto que merecía el Oscar.
Se dice regularmente que no hay papel pequeño, y a mí me pasó que reconocer la valía, el talento, la capacidad de interpretación de estos dos actores famosos llegó por las vías menos esperadas: cuando uno hizo de un gato y el otro de un muñeco. Pero es que lo hicieron fantásticamente…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 240. Un guardián imprevisto. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                     Polvo del camino/ 240

Un guardián imprevisto
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Salgo de una conferencia y es evidente que espero un taxi cuando Humberto sale del mismo salón y ofrece llevarme. Acepto su oferta, aunque él y yo nos tengamos mutua animadversión. El hecho de que tengamos amigos comunes, creo, nos hace aparentar una relación si no cálida, por lo menos fríamente amable.
Llegamos a su casa (su chofer maneja) y me invita a pasar. Me niego y él insiste. Bajo, abre la puerta de su hall y me asombra el lujo de sus muebles, la elegancia de su decorado. Entra en una de las habitaciones interiores y sale casi de inmediato con un objeto entre las manos: una navaja. Me dice:
—Me caes mal y siempre había buscado la oportunidad de herirte, sin llegar a quitarte la vida. Esta es la oportunidad.
Antes de que se mueva hacia mí, saco de entre mis ropas un cuchillo largo, filoso, pesado. Le digo.
—Yo sí tiraré un tajo para matarte.
Él ve las dimensiones de mi arma y la posición que he tomado para defenderme y atacar, y baja el brazo.
—Perdona. Creo que no debimos llegar a esto. Asumo mi culpa. Fue una estupidez. ¿Podrías disculparme? Te invito a cenar, vendrán varias personas que conoces y estimas.
—No me interesa quedarme en tu casa.
—Sé que coleccionas búhos y voy a regalarte uno especial, ¿me acompañas?
Él ha dejado su arma en un mueble y yo guardo el mío. Lo sigo. Entramos en otra sala, igual de lujosa que el hall, y veo un búho enorme, hermoso, de piedra, con incrustaciones…
—Con incrustaciones de oro y plata –dice Humberto– y será tuyo, sólo si me disculpas y te quedas a cenar. Mi chofer te llevará después, junto con el búho, adonde tú le indiques.
Me quedo.

La casa de Humberto es un pequeño palacio. No sabía que tuviera tanto dinero, que viviera con tanta opulencia. La mesa tenía carnes incluso de animales exóticos, los vinos eran de primera, los postres de una gran diversidad y había un desfile de mozos y sirvientas que me hacían sentir una persona especial. Nadie más llegó.
Cuando lo consideré prudente, me despedí de Humberto y él me dijo que el regalo ya estaba en el coche.
—Te acompañará el mayordomo a la puerta, porque yo debo hacer una llamada urgente.
El hombre, mudo, abrió la puerta de la calle y yo salí. Como si hubiera una barrera falsa, un espejismo, la calle no lo era, y entré en un cuarto, lujosísimo, de la misma casa de Humberto. Salí del cuarto a un pasillo y busqué a alguien. Nadie. Traté de hallar de nuevo la puerta de salida, pero aquello era una sucesión de salones y salones.
Abrí una puerta al azar y otra vez me hallé en otra habitación, donde decidí dormir. Puse los seguros y revisé el enorme clóset de donde tomé un pijama. Soñé que nunca podría salir de allí, que Humberto era un espíritu encargado de cuidar a las personas en el limbo. No recuerdo si alguna vez desperté…


Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 239. El paraíso en Huixtla. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM

                     Polvo del camino/ 239

El paraíso en Huixtla
Héctor Cortés Mandujano


Parece que un duende hubiera hecho el café, que está listo no importa qué tan temprano te levantes. Pero lo hizo David.
En el desayuno hay platanitos ricos, que preparó Zoé, y Sergio pone los platos, las tazas, sirve a quien lo quiera, está atento a los comensales. Si algo más se requiere, Iván e Ian están prestos y sonrientes para ayudar.
Estamos en Huixtla, en casa de los Jiménez Méndez, donde también son pródigos en amabilidad Aidé, Yayo (su hijo) y Gisela.
Vamos a Tapachula y nos lleva y nos vuelve a casa Maricarmen, grata compañía y esposa de mi sobrino Sergio.
Vamos al mar y se suben a los coches, quienes pueden y quieren, alegres -como si no tuvieran el mar tan a la mano-, porque quieren hacernos pasar un día inolvidable, y lo logran. El lugar que escogen es bello y tranquilo. Nado con Zoé, Jalil, Sergio y Jaime, un querido amigo invitado. Mi mujer, siempre temerosa con las olas, no me pide que la acompañe, porque se siente segura con la compañía de Edith.
Marlene, esposa de mi sobrino Iván, prepara un caldo de res maravilloso, con algunas verduras que nunca había probado y que resultan exquisitas.
La familia parece una orquesta donde cada cual tiene una partitura que ejecuta con maestría para que en todo momento haya armonía… ¿Quién está detrás de esto? Edith.
Don David y doña Yola, padres de Edith, eran dos personas generosas, amables, sonrientes, queridas, que supieron inculcar en sus hijos respeto y amor por los demás.
Edith parece haber heredado la batuta para que la música de la amistad se escuche perenemente en la larga mesa donde se recibe con abrazos y sonrisas a quien llegue, y se ofrezca el pan y la sal sin discriminar a nadie.
Pasar los días en esa casa es sentirse querido sin pausa. No hay más que amabilidad y cariño en cada corazón de sus habitantes, y uno se siente bien, a gusto, feliz.
Alguien me contó que con tanto calor como hay en Huixtla, un día llegó el diablo, vestido de frac, y tuvo que quitarse la ropa elegante y se quedó en calzoncillos. Es evidente que a esta casa no llegó Satán, sino un grupo de ángeles que puso mucha luz en las almas de Edith, Aidé, Gisela, David, Sergio, Iván, Maricarmen, Marlene, Grecia, Ian, Zoé y Jalil, y en quienes los rodean, con quienes conviven.
No sé cómo sea el paraíso, pero estoy seguro que debe parecerse a esta casa, a esta familia, mi familia en Huixtla: la casa de los Jiménez Méndez.
Ilustración: HCM
Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 238. Gloria y Gloria Bell. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                       Polvo del camino/ 238

Gloria y Gloria Bell
Héctor Cortés Mandujano

Gloria es, inicialmente, una película chilena, de 2013, escrita por Gonzalo Maza, producida entre otros por el cineasta Pablo Larraín, y coescrita y dirigida por Sebastián Lelio. Representó a su país en los premios Oscar y los Goya, y ganó varios premios internacionales.
La historia gira en torno al personaje al que alude el título, una mujer sobre los 60 años, soltera, con un exesposo, dos hijos y una tremenda libertad sexual, que ejerce a partir de hombres que conoce en los lugares de baile que frecuenta.
No conozco de antes a la actriz, que es maravillosa (Paulina García), y que hace que entendamos las complejidades de la vida de Gloria, cuando cae en su mundo un hombre débil, cobarde y manipulado (el actor Sergio Hernández) por su exesposa y sus hijas.
Para Gloria este hombre es la posibilidad, quizá la última, de vivir en pareja y aguanta, tolera, comprende, permite, hasta que se le agota la paciencia y toma una decisión simpática –acribillarlo con balas de pintura, frente a la casa de sus controladoras mujeres– y definitiva. Pero viene una fiesta y vemos a Gloria, en las tomas finales, bailando la canción que le da nombre.
Lo que me gustó de la película es su falta de discurso obvio: no machaca la libertad femenina, que el mundo no se derrumba a los sesenta, que no es necesario para una mujer tener un hombre al lado, etcétera, sino muestra la intimidad de una persona común (Gloria no es una heroína, no es perfecta, no es guapísima) que va tomando decisiones –prueba drogas, acepta a un gato que parece requerirla, deja lo que no quiere– sin grandes pronunciamientos, sin retórica grandilocuente.

Cinco años después, Sebastián Lelio hizo su versión en Hollywood (Gloria Bell, 2018), coescribiendo el guion con Alice Johnson Boher y conservando en la producción, entre otros, al gran Pablo Larraín.
En esta versión, Julianne Moore lleva el papel protagónico, y John Turturro, actúa como Arnold, el personaje que en la otra película se llamó Rodolfo. No hay prácticamente cambios en la historia –en este personaje masculino–, salvo los matices que estos dos notables actores dan a los personajes.
Aunque Julianne Moore es una gran actriz, y soy un admirador de su trayectoria (creo que en este caso su evidente belleza no le ayuda), me parece que Paulina García tiene más al personaje de los cuernos, es más creíble, más la señora que algún día vi en una fiesta bailando. Pero ver las dos versiones me encantó y recomiendo ver ambas cintas, como esplendidos trabajos artísticos que, aunque se repiten, en buena medida, tienen sabores distintos.

Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 237. Debajo, la belleza. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración; HCM.

                       Polvo del camino/ 237

Evocadas páginas de otro libro/XVI

Debajo, la belleza
Héctor Cortés Mandujano

La parte superior, de forma oval, remite a los podios regios, aunque mezcla lo duro –distintas tonalidades de madera, hojas de cuidada ebanistería– y lo mullido: estampado con un fondo amarillo donde se ven, en primer plano, rosas azules, tallos sutiles, revuelo de pétalos.
Lo que propiamente da nombre al mueble, muestra sólo la cara suave, amarilla y azul, de imposible jardín.
No se buscó la coincidencia entre los soportes traseros, cuadrados, y el torneado rollizo de enfrente: la belleza está en este caso en el contraste.
El puente entre lo de atrás y lo de adelante no parece tan fuerte y seguro no lo es, porque sólo sirve para apuntalar la rigidez del objeto.
No se le escudriña para esta descripción, sólo se la ve de frente.
Tanta belleza deja de existir, apenas la usamos.
Cathedra la llamaron en latín.
Una noche, mientras yo escribía, Ella me veía con ojos enamorados desde ese asiento.



[Cuenta Adolfo Bioy Casares en Borges (Ediciones Destino, 2006) que su hija (p. 916) “y un amiguito se describían minuciosa, prolijamente sus respectivos juguetes. […] tal vez alguien podría escribir un libro dedicado a la descripción de un objeto muy simple”. Escribo yo este breve texto sobre un mueble, una silla de mi casa, desde donde una noche mi gata me veía con amor. O eso pensé.]
Ilustración; HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 236. Canto de gesta para Camilo. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

             
Polvo del camino/ 236

Canto de gesta para Camilo
Héctor Cortés Mandujano

La noche había tomado como suya la habitación de los reyes Tito I y Tita Única (sus nombres reales eran Héctor y Luisa, pero eso no importa). Dos hachones lanzaban lengüetazos amarillos a la oscuridad nocturna. Si viviéramos en tiempos modernos podría decirse que un transformador había estallado y había vuelto al reino a la Edad Media.
El principito Camilo se había quedado a dormir con sus abuelos, en la misma cama. El príncipe Jacobo, su hermano mayor, valiente y audaz, había acompañado a la princesa Nadia y Carolina –que así, con dos nombres la habían llamado–, quien, pese a lo oscuro del camino, había aceptado la invitación de ir al asado de un jabalí salvaje, cazado en las inmediaciones del Bosque Real.
Tita Única y el principito Camilo ya dormían, cuando el Rey escuchó un ruido amenazante cerca de los oídos del pequeño y del suyo:
—¡iiiiiiiíííííííIIIIIII!
Sabía de qué se trataba. Era el sonido característico de un zancudo, una bestia sedienta de sangre que, además, podía infectar de un sinnúmero de enfermedades.
El Rey, sabio y hábil como era, contuvo la respiración, preparó sus fuertes manos y en un segundo las usó –como una cárcel de imposible escape– en la anatomía del insecto asesino. Calló un instante la bestia que, como todos saben, es también un mago poderoso.
Se escuchó su voz, detrás de los dedos del Rey, que eran como barrotes de acero.
—Déjame salir, te prometo que me iré, junto con mis hermanos a otra parte, para no volver.
—No te creo –dijo Tito I.
—Mira, si me dejas ir, te regalaré un caballo…
—No me interesa –dijo el Rey–, tengo automóvil.
—Te daré un dragón, para que cuide con su fuego poderoso tus heredades…
—Tengo una estufa, con cuatro quemadores, y dos caninas que cuidan mi fundo: la gran Atenea y la pequeña Chiripa.
—Con mis hermanos, te haré una orquesta magnífica…
—Ya tengo Spotify.
—Pondré a tus pies una bellísima mujer…
—Tengo una consorte, que es una mujer hermosa.
[Tita Única sonrió en sus sueños.]
—Me cansaron tus ofertas –dijo Tito I– y como si fueran dos placas metálicas cerró sus palmas y el zancudo quedó aplastado, muerto.
Aunque no lo pareciera, la conversación había sido escuchada por una docena de zancudos que, desde la oscuridad, también calculaban el instante para lanzarse a las venas de los tres yacentes y tomar su sangre azul.
Al ver lo que había pasado con su hermano, como un conjunto de negras y pequeñas golondrinas que presagiaran tormenta, se escaparon por el dintel de la puerta del dormitorio Real, volaron con rapidez por las demás estancias hasta llegar a la puerta principal donde salieron al bosque de las inmediaciones, lleno de árboles cada vez más verdes y grandes por las lluvias constantes que habían caído en días pasados.
El Rey, entonces, cerró los ojos y lo mismo que la Reina y el Principito se entregó en los brazos de un sueño delicioso…

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 235. Los pobres, fuente de riqueza. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

             
Polvo del camino/ 235

Los pobres, fuente de riqueza
Héctor Cortés Mandujano

Ya somos todo aquello
contra lo que luchamos a los veinte años

José Emilio Pacheco,
en “Antiguos compañeros se reúnen”



En Yo no me llamo Rubén Blades (2018), documental escrito y dirigido por Abner Benaim, su protagonista, el cantante Rubén Blades, habla de sus inicios y cuenta que escribió una canción de una persona muy pobre y que él, que también lo era, de pronto empezó a ganar dinero con la canción y que ésta la conectó con otras oportunidades y siguió ganando dinero hablando de la gente que no lo tenía. Esto le supuso un problema de conciencia del que, quién sabe cómo, pudo salir. Hablar de los pobres, puede volvernos ricos.
Silvio Rodríguez en “Canción con harapos” (del disco Causas y azares, 1986) dice: “Qué fácil es engañar al que no sabe leer./ Cuántos colores, cuántas facetas
tiene el pequeño burgués. […] Desde una mesa repleta, cualquiera decide aplaudir/ la caravana en harapos de todos los pobres./ Desde un mantel importado y un vino añejado,
se lucha muy bien. […] Qué fácil es protestar por la bomba que cayó/ a mil kilómetros del ropero y del refrigerador”. En una entrevista, Silvio dijo que la canción la escribió incluso como una autocrítica: él protesta por muchas cosas desde su posición de privilegio…
En su libro autobiográfico Si me permiten actuar (1986), Enrique Cisneros (1948-2019), el Llanero solitito, actor disidente, critica a Gabino Palomares porque su canción “La maldición de Malinche” fue, dice, la bendición de Gabino. La crítica a los poderosos, parece decir, a veces nos hace poderosos.
Cecilia Boal contó en una entrevista de televisión que Augusto Boal, célebre hombre de teatro brasileño, presentó, con una compañía, una obra de teatro ante campesinos que al final los impelía a defender la tierra con su vida. Un campesino se acercó a ellos y les pidió que se les unieran a un enfrentamiento que tendrían al otro día con un terrateniente y su ejército. Boal les dijo que ellos eran actores. El campesino les dijo, entonces, “ah, la sangre de la que hablaban no es la suya, es la nuestra”. El arte y la realidad siempre tan alejados.

En la película Tiempo de huracanes (2023, dirigida por Elisa Miller), basada en la novela de Fernanda Melchor, se retrata terriblemente la maldad, el asesinato, la falta de principios de los protagonistas, todos desposeídos de fortuna económica, pobres, paupérrimos. Pero la peli costó millones y la novelista debe haber ganado bastante por lo que escribió (su libro está traducido a más de 30 idiomas) y por los derechos vendidos para el cine.
No sé si eso sea bueno o malo. Así es.
Leo Falsa liebre (Mondadori, 2022) donde asientan que esta joven narradora, Fernanda Melchor, nacida en Veracruz, ha ganado muchos premios nacionales e internacionales. Falsa liebre es también la historia (bien escrita, bien tramada) de mucha gente pobrísima que se droga, se prostituye, roba, mata sin cesar.
No sé si Fernanda viene de ese estrato social o lo conoce bien o sólo tiene mucha imaginación y decidió que su literatura giraría en torno de Los olvidados, como llamó Buñuel a su película que es un retrato de fuera (Buñuel hizo arte con lo que tuvo a mano) de la gente a la que, según estas historias, no sólo viven en la miseria económica, sino también (dicen películas, novelas, canciones) en la pobreza moral y espiritual. Y esa gente pobre, pese a todo, produce riquezas. De ellos viven, por ejemplo, todos los políticos…




Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 234. La larga línea verde en el mar. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

             
Polvo del camino/ 234

La larga línea verde en el mar
Héctor Cortés Mandujano

Leo de nuevo El reto (Plaza & Janés, 1969), de Anton Chéjov, y allí me encuentro con esto (p. 100): “Recorrieron el muelle, desde donde contemplaron durante un buen rato el mar fosforescente. Von Koren empezó a explicar cómo se producía este fenómeno”.
Mi mente vuela. Hace tiempo fuimos mi mujer, dos amigos (Juan Ángel Esteban, Tania Corzo) y yo a las Barras Zacapulco, que es parte del municipio de Acapetahua, Chiapas. Para llegar a ella hay que tomar una lancha y hacer un breve recorrido por las tranquilas aguas del estero. El espejo líquido, los manglares arracimados y el cielo, te amueblan la vista, la visten, la pintan, la asombran…
Pasamos unos días en la playa, que incluyó ver muchos zopilotes, tan familiarizados con nosotros y con cualquiera, que parecían gallinas, guajolotes mansos; hubo también el inicio de un librito, ya publicado (Sangre helada), que hicimos Juan y yo: yo escribí un par de cuentos a mano y Juan hizo las ilustraciones; hubo un conato de ahogamiento: Juan, Tania y yo estábamos en el mar, de pie ante las olas bravas (mi mujer, tranquila, en la hamaca); el mar pareció enojado, sin razón, y Tania decidió salir. Juan y yo quedamos en aquella caldera revuelta y de pronto no sentimos la tierra bajo nuestros pies. Salir de allí nos llevó mucho tiempo y casi todas nuestras fuerzas…
A lo que iba.
En una de las noches que pasamos allá, estábamos tomando vino. Mi mujer, dormilona y prudente como es, se fue a dormir temprano, y Juan, Tania y yo nos volvimos los únicos habitantes de la playa. En cierto momento de la noche decidí, en lugar de ir al baño, descargar mis aguas bajas lejos de mis amigos (la noche estaba estrellada y tiritaban azules los astros a los lejos) y desde allí vi que las olas tenían un color verde fosforescente.
Pensé que estaba borracho.
Ya desaguado, vi como la enorme línea de espumas (como si allí los potros del agua dieran un reparo) era, en efecto, verde, verde fosforescente. Llamé a mis amigos y me acompañaron. Los tres nos quedamos como bobos viendo aquello.
Tratamos de encontrar alguna explicación. Y nada.
Una noche después, ya con mi mujer, los cuatro permanecimos alelados viendo el espectáculo magnífico hecho, aparentemente, sólo para nosotros. El libro de Chéjov me lo recordó.
Abro Google y tomo la primera nota: “La explicación de este fenómeno está en unas diminutas algas que brillan cuando son perturbadas por las olas o las corrientes, según científicos locales. Estos brillos fluorescentes no representan ningún peligro para el ser humano, aunque sí modifican el entorno marino en el que aparecen”.
A mí me modificó. A veces, ahora, sueño el mar y me veo parado en la playa y siento la noche inmensa (nótese de nuevo el plagio descarado a Neruda) y veo cómo la espuma verde me ilumina (una línea de focos dirigidos hacia mí, que me bañan) y la imagen me hace feliz, como un niño frente al misterio del sabor de un helado de chicle o el permiso de su mamá para jugar en los charcos, bajo la lluvia…



Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 233. Ladrones raros. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.

             
Polvo del camino/233

Ladrones raros
Héctor Cortés Mandujano

Voy a relatar lo que a mí me sucedió…

Famosa canción compuesta por Muñeca Acuario
e interpretada por, entre otros, La sonora santanera

Más de las que quisiera han entrado ladrones a las casas donde he vivido. Me han robado lo que podríamos llamar nimiedades (una máquina de escribir que me costó mucho comprar; aparatos electrónicos, pantalones, zapatos…) hasta llevarse todo, hace varios años: camas, mesas, objetos, ropa, fotografías, bote para el papel de baño y rollos nuevos de papel. Hicieron varios viajes. La casa quedó vacía por completo.
Sin embargo, en la galería de ladrones, en los actos de robo, tres han destacado por la extrañeza de su hazaña.
Cuando vivíamos en Tuxtla, hace más de veinte años, teníamos una muchacha que nos ayudaba en los oficios de casa. Una tarde se encontraba llenando una bolsa de nailon transparente con hojas secas, en el patio. Mi mujer por casualidad estaba frente a ella y se dio cuenta de que había colores vivos al fondo de la bolsa. Le pidió revisarla y descubrió que se llevaba cuatro o cinco de mis boxers. Yo ya me había quejado de que cada vez veía disminuir mi ropa interior. La muchacha, ante los reclamos de mi mujer, le dijo que se había llevado varios más, en otras ocasiones. Los trajo. Eran muchos, exclusivamente míos. Nunca entendimos si lo suyo era fetichismo, nunca la volvimos a ver.
Mi amiga Lidia Peña decidió organizar mis cientos de diplomas por año, los programas de mano de las obras de teatro en las que he participado (de 1982 en adelante) y las invitaciones a presentaciones de mis libros (de 1990 en adelante). Los juntó todos en un maletín de papel cartulina. Era muy obvio que era de papel y, por su peso, que no contenía nada valioso. Pues aun así alguien entró en mi biblioteca, en Berriozábal, y se lo llevó. Lo triste es que se robó mi historia documentada y, seguramente, cuando vio su “botín”, tiró mis muchos recuerdos a la basura…
Hace poco, en junio de 2024, entró un grupo de al menos tres personas a nuestra casa. Un vecino logró detener la rapiña, porque les cayó con las manos en la masa; abandonaron con prisa el lugar, aunque ya se habían llevado lo previsible: aparatos electrónicos, herramientas, mis zapatos (me han robado tantos zapatos en mi vida que, si los ladrones se juntaran, ya podrían poner una pequeña zapatería) y varios objetos de ornato… dejaron en bolsas y apartados lo que ya consideraban propiedad suya. Lo previsible también, salvo por un detalle: habían juntado una colección de libros míos, es decir, escritos por mí, que se llevarían. De nuevo el pasmo. ¿Para qué los quieren? ¿Son mis lectores? ¿Creen que tienen un valor especial –algunos, para mí sí: son ejemplares únicos; suponen que en algún lugar alguien les dará un buen dinero por ellos? Qué utopía.
Un amigo que llegó en esos días y vio el montón de libros míos, apartados por los ladrones, dijo como una broma: “Son tus fans”. Vaya adoración.
Hubo un libro, que obviamente no es mío, que también encontramos en una de las bolsas abandonadas: El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald. Qué ladrones tan raros.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.
Ilustración: Juan Ángel Esteban Cruz.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com