y él sigue señalando allí, en el Peñón, allí ahorcaron a Asle, lo vi con mis propios ojos, estuve allí y vi cómo lo ahorcaron
Jon Fosse, en Trilogía
Trilogía (Conatus Publicaciones-Seix Barral, 2023) es el primer libro que he leído de Jon Fosse (1959, nacido en Haugesund, Noruega), Premio Nobel de Literatura 2023, con traducción de Cristina Gómez Baggethun y Kirsti Baggethun. Las tres historias a que alude el título (“Vigilia”, “El sueño de Olav”, “Desaliento”) están conectadas, son una saga. Asle y Alida son el origen. Son pobres y han ido a la ciudad para buscar un mejor futuro y para que Alida dé a luz a su primer hijo, al que llamarán Sigvald. Los dos vienen de historias rotas y, en el caso de Asle, de dos asesinatos y un robo, que Alida ignora. Por el lado del estilo hay evidentemente una decisión tomada de antemano: la escritura sólo tiene comas (nunca un punto y coma, nunca un punto, nunca un guion de diálogo). No usa Fosse punto ni para cerrar las dos primeras historias ni, por supuesto, para el final del libro, como si esto fuera un guiño para suponer que las vidas de los personajes, de los sobrevivientes, claro, continúan fuera de los márgenes del libro. Este enhebrar de palabras, frases, oraciones, párrafos también posibilita la libertad de que el autor cambie, como lo hace constantemente, de tiempo, de personajes, de discursos. No es que es este procedimiento sea nuevo (se ha usado desde hace mucho), pero aquí tiene una intencionalidad y, me parece, hasta una sabiduría procedimental del relato. La escritura de Fosse es rítmica y para eso acude a repeticiones frecuentes. Parecen las suyas tres fábulas infantiles, con brujas, malos y buenos; sin embargo, confieso que lo que más me impactó (no sé mucho de Fosse y puede que lo que cuenta sea sólo una ficción) es que, al final, pareciera que Trilogía es parte de la historia de su familia. Han muerto ya Asle (a él lo colgaron por sus crímenes) y Alida. Ales, una de las descendientes de Alida con otro hombre (un personaje salvador, como en los cuentos infantiles) piensa que (p. 158) “su querido hermano Sigvald, se hizo músico, y no mucho más, aunque tuvo una hija, una bastarda, y al parecer la hija tuvo un hijo que por lo visto se llama Jon y que dicen que también es músico y ha publicado un libro de poemas, pues sí, qué cosas más raras hace la gente”. Aquí es donde la novelita, o los tres cuentos enlazados, parece tocar la realidad, porque ese Jon que menciona el libro puede ser, disfrazado de ficción, el propio autor. Empecé muy bien con Fosse. Seguiré leyéndolo.
Ilustración: Leonora Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
¿A dónde va lo común, lo de todos los días? Héctor Cortés Mandujano
¿A dónde van los terribles encantos que tiene el hogar? ¿Acaso nunca vuelven a ser algo?
Silvio Rodríguez
Yo tendría entonces 18 años, y no había internet ni celulares ni más que los fragmentos separados que ahora son un todo: teléfono de casa, cámara fotográfica con rollo, grabadora de pilas, etcétera. Si querías conseguir una canción, por ejemplo, tu primera posibilidad era la radio. Que la pasaran y que tú estuvieras listo para darle REC –la palabra Grabar tardó mucho en aparecer en los aparatos electrónicos– en tu grabadora. El problema para quienes no gustábamos de la música de la radio, era tener un “aparato de música”, que tenía varios nombres, y era donde podías reproducir un disco (eran tortillotas con generalmente 10 canciones). Yo no tenía ese aparato, porque era caro y de difícil transportación. Más fácil: debías tener casa y yo no tenía. Tenía grabadora y compraba casetes, con lo que yo creía lo menos tonto de la música comercial en español (tuve de siempre un repelús a lo gringo, que abarcaba todo lo que no estuviera en mi idioma). Un día fui a un concierto de música latinoamericana y la vocalista dijo al presentar una canción: “Esta que vamos a cantar es del compositor cubano Silvio Rodríguez”. Nunca había oído ese nombre, Silvio. Era “A dónde van” y me pareció una de las mejores canciones que había escuchado. Vivía en San Cristóbal en ese entonces, así que al otro día recorrí las discotecas y al fin me hallé un casete, Antología, donde escuché por primera vez la voz peculiar de Silvio y me aprendí de memoria sus canciones. Pero no estaba la que me había enganchado, hasta que conseguí Mujeres (1978). En “Mujeres” están muchas que me han acompañado desde aquellos días: “¿Qué hago ahora?”, “Río”, “Te doy una canción”, “¿A dónde van?”, “Esto no es una elegía”… “¿A dónde van?” es una canción hecha exclusivamente de preguntas, lo que de entrada la apartaba de las machaconas y bobas canciones de la radio: “¿A dónde van las palabras que no se quedaron?/ ¿A dónde van las miradas que un día partieron?/ ¿Acaso flotan eternas, como prisioneras de un ventarrón/ o se acurrucan, entre las hendijas, buscando calor?”. Para mí, las preguntas, desde la primera vez que las oí, tenían sentido, hablaban de mi vida: “¿En qué estarán convertidos mis viejos zapatos?/ ¿A dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol?/ ¿Por dónde están las angustias que desde tus ojos saltaron por mí?/ ¿A dónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril?”. Y pensaba, mientras la oí obsesivamente, que la canción era sobre el tiempo, mi tiempo, mi pasado. Qué era, en qué se convertía: “¿A dónde va lo común, lo de todos los días:/ el descalzarse en la puerta, la mano amiga? ¿A dónde va la sorpresa casi cotidiana del atardecer?/ ¿A dónde va el mantel de la mesa, el café de ayer?”. Y Silvio traía compañía, bastante, que me hicieron más pasajeros aquellos tiempos que quién sabe a dónde se fueron…
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
La esfera estaba allí, encima del mar, lo suficientemente arriba como para que ninguna embarcación, por muy alta que fuera, la alcanzara a tocar. Durante mucho tiempo sólo fue un misterio que poco a poco se fue esclareciendo. No pertenecía a ningún país. No caía ni se elevaba, no se le notaban signos de envejecimiento. Era de metal. En las primeras noticias, dado que eran épocas de nieblas vastas, no se notó que hubiera algo más, hasta que llegaron días claros: había una mujer desnuda parada en la cúspide. Lo primero que se intentó fue salvar a la mujer, de líneas suaves y rostro inescrutable, de cabellera larga, y no fue posible: los helicópteros o cualquier otra nave no podían acercarse; parecía haber, irrompible, en el aire, un muro invisible. Se comenzó a dar un seguimiento al objeto y al ser, para descartar un posible peligro. El metal, visto con potentes telescopios, luego con inteligencia artificial sofisticada, se determinó que no era terrestre. La mujer, tampoco. Era imposible que alguien pudiera subsistir sin comer, sin moverse, sin defecar. No era una estatua. Estaba viva y a veces hacía movimientos casi imperceptibles, incluso para el montón de vigilantes electrónicos, informáticos, científicos. Nada más que observar podía hacerse en el terreno de la ciencia. En materia bélica, quién sabe quién (fue detenido el militar responsable, pero su nombre no fue dado a conocer al público) hizo estallar un cohete y una bomba que no lograron mover un ápice ni a la bola de cristal, como la llamaban algunos (la luna metálica, la nombraban también), ni a la estatua extraterrestre, como también bautizaron a la mujer inmóvil. Rodeaba a la esfera, era un hecho comprobado, una burbuja impenetrable. Pasaron años y se hicieron bellas fotos, posters, videos y películas, programas de televisión, notas periodísticas, ensayos, libros, podcast, sitios de internet, con teorías más o menos serias y, por supuesto, descabelladas, sin ton ni son. De todo. El lugar se volvió un sitio turístico y comenzó a ser un negocio para el país cercano al mar de aguas internacionales donde había aparecido aquel portento. Ya se le consideraba una de las maravillas del mundo (por lo rara, por lo inexplicable, por lo bella) cuando, a los treinta y tres años de su descubrimiento casual, desapareció. Nadie supo más.
[Dice Michio Kaku, en Hiperespacio (Crítica, S. L., 1996, p. 307), un libro científico: “Otro ejemplo de ruptura de simetría procede de un antiguo cuento de hadas. Esta fábula trata de una princesa que está atrapada en lo alto de una esfera de cristal pulido. Aunque no hay barrotes de hierro que la confinen en la esfera, ella está prisionera porque si hace el menor movimiento se deslizará hacia abajo por la esfera y se matará. Numerosos príncipes han tratado de rescatar a la princesa, pero todos han fracasado al escalar la esfera porque es demasiado lisa y resbaladiza”.]
La ilustración es de Leonora Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Mi amigo Alejandro Figueroa me regaló Alguien habló de nosotros (Debate, 2023), de Irene Vallejo, una colección de textos breves (casi ninguno rebasa una página) que antes esta popular autora española ha publicado en otros medios. Los textos parten, casi siempre, de la literatura clásica (griega, en su mayoría) para saltar a temas contemporáneos de variada laya. A veces incluso aclara palabras. Dice, por ejemplo, en “Borrachera de poder” (p. 16): “Hybris es una palabra griega que significa ‘arrogancia’ y ‘exceso’ ”. Escribe en “Paisaje de letras” (p. 41): “Pero las letras nunca han dejado atrás su pasado de dibujos esquemáticos. Sabemos que la D representaba en origen una puerta, la M el movimiento del agua, la N era una serpiente y la O un ojo”. Aconseja en “Amor y humor” (p. 46): “Una persona contenta es capaz de cautivar al prójimo. En cambio, el dramatismo no da buen resultado: tendemos a amar al que no parece necesitarlo demasiado. […] En palabras de Ovidio: ‘Para agradar debes olvidarte de ti mismo. Para ser amado, sé amable’. Mostrar mal carácter, según Ovidio, hará que te descarten muchas veces. Nunca hay que ponerse furioso: la ira es repulsiva”. En “La edad ingrata”, a propósito de la gente que no es la más popular, cita a Safo (p. 52): “La dulce manzana enrojece en la alta rama, en lo más alto, olvidada por los recolectores. Pero no la olvidaron, es que no pudieron alcanzarla”. Cita al poeta Marcial en “Ser otro” (p. 63): “Las cosas que hacen una vida más feliz son estas: que quieras ser lo que eres y no prefieras nada, y ni temas ni desees el día final”. Platón cuenta, a través de la pluma de Irene en “Los genes de Eros”, que Eros, el dios del amor fue engendrado por la Pobreza y el Ingenio. Ella, pasiva, lo vio en una fiesta y se enamoró de aquel, lleno de energía y desenvoltura (p. 69): “Eros nació pobre, flaco, descalzo y sin hogar. Su madre le legó el hambre permanente, la avidez. Por el lado paterno recibió el afán por la belleza y por el logro a toda costa. […] Eros vive febrilmente […] gasta todo lo que consigue hasta volver a un repentino vacío que de nuevo llena el deseo”. El pansexualismo, ahora en boga, es una falsa modernidad. Dice Irene en “Amores varios” que (p. 83) “Aristóteles aconsejaba practicar en todo la filía, o sea, ser pánfilos”. Escribe Irene, en “Progreso”, sobre Camus (p. 110): “Un escritor agradecido, Albert Camus, dedicó el Premio Nobel al maestro de primaria que adivinó su talento, el hombre entusiasta que venció la negativa de su familia humilde a darle estudios, que le ayudó a preparar el examen de ingreso, le acompañó en tranvía, espero su salida en un banco y se volcó para que le concedieran una beca: ‘Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, nada de esto hubiera sucedido’ ”. Dice en “Todo ojos” (p. 146): “Y la niña de los ojos, la pupila, procede de un término latino que significaba ‘muñequita’ (de donde viene también el francés poupée) y remite a la pequeña figura de nosotros mismos que vemos reflejada en los ojos ajenos”.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Tania Corzo Hernández, en los cuentos que conforman Yo, su espejo (Tifón, 2025), se ve a sí misma en una cama de hospital y decide su vida y su muerte, pero también a su lado, detrás y delante están las imágenes de varias mujeres que, como ella, han decidido tomar las riendas de su destino, y envenenar o quemar a los hombres que las maltratan, o practicar la sororidad para abrir la celda de la mujer a la que han vuelto loca y para armar el expediente que castigue al feminicida que podría quedar impune, o gozar la pasión infiel al filo del abismo o descubrir que el amante se ha ido para no volver... Aunque hay evidentes ficciones (“Voluntad anticipada” y “Sombras siniestras” , por ejemplo), el tono que predomina en el libro es el del realismo y el hiperrealismo. El rol de los hombres en casi todos los cuentos es terrible y parece ser parte del eterno masculino: de despojo y deshumanización en “La loca”; de feminicidio en “Una más, en la gran ciudad”; de violación e intento de homicidio en “Plática de adultas”; de engaño y abandono en “En el mar”... Hay dos casos donde la mujer es también parte del mal (“Perfidia” y “El reencuentro”) y hay además, por suerte, dos historias donde el hombre no es expolio y avasallamiento, sino posibilidad de compañía y amor: “No te olvidaré” y “Fronteras”. El breve volumen tiene, también, una muestra más del talento ilustrador, en portada, de Juan Ángel Esteban Cruz y el buen hacer editorial de Juventino Sánchez. Como en el clásico de Horacio Quiroga, hay aquí amor, locura y muerte, y la mirada atenta de una mujer que sabe hilvanar la trama cuentística y usar los registros lingüísticos que mejor hacen sonar las palabras para que, en el espejo verbal, se puedan ver con claridad los cuerpos y las almas de sus personajas. Yo, su espejo, de Tania Corzo Hernández, es un libro apasionado y apasionante.
[Texto que forma parte de la contraportada de Yo, su espejo, de Tania Corzo Hernández, leído por su autor en la presentación del libro en el auditorio de la Rial Academia de la Lengua Frailescana. 11 de enero de 2025. Villaflores, Chiapas.]
Ilustración: Jacobo Herrera Cortés.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Fue, recuerdo, una fiesta que hice en mi departamento. No tengo claro si fue por la presentación de un libro o la puesta en escena de alguna obra de teatro, porque en esos años yo era pródigo en ambas cosas. El caso es que había una reunión improvisada y llegaron, como suele ocurrir, invitados y colados. Me asombró ver entre aquella tropa que bebía, reía, bailaba, hablaba a gritos, a alguien que me pareció una alucinación: Pepe. ¿¡Qué hacía allí!? Traté de llegar hasta él, pero me lo impidió la gente que quería contarme algo, felicitarme, brindar. Pensé que no importaba: él iba a desaparecer en cualquier momento. Una muchacha bella e inteligente me detuvo y quedé enganchado con ella, tratando de no perder de vista a aquel no invitado asombroso. —Permíteme –le dije, porque sentí que aquello, como dicen los cubanos, “se estaba saliendo de madre”: Había llegado su hermano Fredy y eso ya era una locura. Tampoco pude llegar hasta donde él estaba, porque hubo un revuelo, parecía que se habían puesto de acuerdo todos en irse. Se despidió un grupo de personas y otro y otro. Sólo quedó Pepe, sentado en un sillón, con la cabeza gacha, yo supuse que durmiendo. Al fin pude acercármele. —Pepe, ¿cómo llegaste, qué haces aquí? —Ah –dijo sin levantar la vista–, supe que ibas a hacer una fiesta y vine a tomar trago. Ya no hay, por cierto, Fredy fue a comprar más, orita viene. —Pepe –le dije–, no entiendo qué haces aquí, la verdad, y supongo que lo que voy a decirte ya lo sabes: Fredy, tu hermano, está muerto desde hace tiempo, lo mataron… —Sí, me acuerdo. —¿Y entonces por qué dices que va a venir? —Porque en eso quedamos. Lo voy a esperar aquí, si no te molesta. —Pepe, es que hay otra cosa muy inquietante para mí: tú también estás muerto. Fui a tu entierro. —Eso no importa –dijo, ya levantando su vista hacia mí–, Fredy y yo sabemos que estamos muertos, pero quisimos venir a brindar contigo y eso vamos a hacer, salvo que tú no quieras y nos eches a la calle. En eso estábamos cuando Fredy abrió la puerta. Traía cervezas y una botella de ron. “Ni modo” –dije para mí– y me serví una nueva copa.
Ilustración: Leonora Ventura
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Apuntes de oído/ 20 Amémonos Héctor Cortés Mandujano
Buscaba mi alma con afán tu alma
Manuel M. Flores
Hay poemas que toman otros rumbos cuando un músico los vuelve canciones y encuentran en su nueva forma la posibilidad de acariciar otros oídos, otros corazones, que no hubieran encontrado en su formulación escrita. Así pasó con “Amémonos”, del poeta Manuel M. Flores (1840-1885), quien nació, dice en sus Poesías (Editorial Pax-México, 1962: 5), “en el estado de Puebla, en San Andrés Chalchicomula, al pie del hermoso volcán coronado de eternas nieves”. La música la hizo (eso dice Spotify) Carlos Montburn Campos y, aunque ha tenido muchos intérpretes, a mí me gusta solamente cuando la cantan Cucho Sánchez y, mi favorita, Lucha Villa. Tal vez porque las oí de niño y es muy difícil que el día de hoy le pueda ganar al recuerdo. En la mínima biografía, que antecede a sus poemas, escribe una mano anónima (p. 5): “Flores parecía un árabe; los grandes ojos negros, brillantes y expresivos; la cabellera rizada; la tez morena; el espeso y largo bigote; la manera pausada de hablar y de moverse estaban reclamando el turbante, el alquicel y el yatagán de los hijos del profeta”. En “Pensar, amar” se acerca al concepto que redondeará en “Amémonos” (p. 24): “¡Amar! Duplicar la vida,/ escalar el firmamento,/ llevar en el pensamiento/ toda la gloria escondida”. También en “Mirar el firmamento” hace un apunte que parece parte de “Amémonos” (p. 119): “Amar es comprender toda la vida/ y presentir lo eterno”. Desde el título, “Amémonos” es una propuesta dulce, amable. El poema, por supuesto, tiene la sensibilidad de su tiempo, fuera de lo directo con que suelen abordarse ahora las cuestiones amatorias. Hay cursilería, sí; exaltación angélica de la naturaleza humana, respeto a la imaginería religiosa. Dice en su inicio (p. 134): “Buscaba mi alma con afán tu alma,/ buscaba yo la virgen que mi frente/ tocaba con su labio dulcemente/ en el febril insomnio del amor”. El amor es divino, sugiere (p. 134): “Como en la sacra soledad del templo/ sin ver a Dios se siente su presencia,/ yo presentí en el mundo tu existencia,/ y como a Dios, sin verte, te adoré”. Hay varios cuartetos que la canción no incluyó, supongo que para no hacerla más larga de lo que señalaban los cánones radiales de aquellos años. No incluye éste, por ejemplo (p. 135): “No preguntaba ni sabía tu nombre,/ ¿En dónde iba a encontrarte? Lo ignoraba;/ pero tu imagen dentro el alma estaba,/ más bien presentimiento que ilusión”. Tampoco está incluido éste (p. 135): “Y a la primera vez que nuestros ojos/ sus miradas magnéticas cruzaron,/ sin buscarse, las manos se encontraron/ y nos dijimos ‘te amo’ sin hablar”. Amar, dice Flores, “es tocar los dinteles de la gloria”, y también (p. 136) “Amar es empapar el pensamiento/ en la fragancia del Edén perdido;/ amar es… amar es llevar herido/ con un dardo celeste el corazón”. Leo el poema y oigo la canción; oigo la canción y vuelvo a ser un niño que quería amar, para sentir encarnadas estas palabras que me parecían, me parecen mágicas.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Spotify me manda a principios de diciembre las canciones que más oí en 2024. Compartí 12 (una por cada mes), pero evidentemente hay muchas más que me encantan y que se quedan en el tintero. Decidí recomendar otra. “Cuarto de hotel”, de Francesca Ancarola (Chile, 1968), del álbum Que el canto tiene sentido. La canción cambia los adjetivos finales de cada verso, de modo se va volviendo distinta en cada estrofa (un poco como lo hizo Chico Buarque, en su espléndida “Construcción”). La primera parte es como de una amante abandonada y la segunda, que es la que más me gusta, parece el después de una noche de pasión: “Cuarto de hotel temprano/ Y se vistió en silencio/ Y se pagó ausente/ Salió con paso amante/ Al día tan insomne/ Con la mirada absurda/ Y las manos celestes”. La cantante tiene una voz potente y llena de matices.
Mando mis columnas con una semana de anticipación. Dije que, a la fecha que mandé la que habla de cine, había visto 357 películas, series, documentales. Seguí viendo, claro (llegué a 374, al 29 de diciembre), y la que no quiero que quede fuera es La única mujer de la orquesta (2024), documental escrito y dirigido por Molly O’Brien, quien es sobrina y la única familiar directa de Orin O’Brien, contrabajista y primera mujer que la Filarmónica de Nueva York contrató en su orquesta y de quien dijo el celebérrimo Leonard Bernstein (palabras más, palabras menos, las cito de memoria): “Cuando alzo la vista para ver a la orquesta y la veo, está concentrada. Es un milagro”. Orin O’Brien es también alguien a quien no interesó la fama (hay un momento en que le reclama a su sobrina que la intente hacer pasar por una artista y por una excepción), sino sentirse apoyo de los demás músicos. Le parece mejor permanecer en la sombra. Y ese acto de humildad, paradójicamente, la vuelve grande.
Seguí leyendo libros y uno que no entró en la cuenta del 2024 (que cerré, al 29 de diciembre, en 262) es Entonces, escribo (Tifón, 2024), de mi querida amiga Damaris Disner. La conozco desde que era adolescente y hemos sido amigos desde aquellos años. Me encantó su breve libro, porque, aparte de su talento como narradora (poeta y dramaturga), se muestra a sí misma con enorme vulnerabilidad. Parece fácil desnudarse en público. No lo es. Y ella lo hace literariamente. Saber de su timidez infantil, sus dudas, su claustrofobia, su corazón de pollo y las muchísimas cosas íntimas que nos comparte (hasta páginas sobre su erotismo) me hacen quererla aún más. Su libro me parece honesto y valiente, sin aspavientos. No es un retrato complaciente ni simple. Lo dice ella (p. 10):”Soy mujer, no puedo describirme tan fácilmente”.
Ilustración: Leonora Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Mis libros favoritos de 2024 Héctor Cortés Mandujano
El año pasado leí 255 libros, al 22 de diciembre, que es la fecha en que mando esta columna. Traté de hacer un balance que incluyera diversos géneros entre los libros que decidí que eran mis favoritos de 2024 y creo que lo logré: novela, cuento, ensayos de distinto orden, poesía, dramaturgia, cine, entrevistas, artes visuales… La diversidad también está en las nacionalidades. L@s autor@s son de Francia, EUA, España, Perú (¡cuatro autor@s!), México, Chile e Italia. Los dos libros donde sólo se consignan los años de publicación, los leí en mi lector electrónico (Heráclito y Parménides. El uno y lo múltiple) y en la computadora (Las partículas elementales). Ojalá te interesen lector, lectora.
Uno: Las partículas elementales, 1998, de Michel Houellebecq (Francia, 1968), es una novela extraña: está disfrazada de biografía y mezcla con conocimiento de causa la investigación científica y el sexo explícito. Es también un estudio minucioso de la soledad, las (malas) relaciones de los hijos con los padres y el amor. Inteligente, divertida, descarada y, por momentos, muy dura. Dos: El lado activo del infinito (Random House, 2015), de Carlos Castaneda (Perú-EUA, 1925-1998) es el cuarto libro sobre las enseñanzas de don Juan Matus, indio yaqui y chamán, a Castaneda. Los tres anteriores me gustaron, pero éste me tocó hondo. Me parece que hay menos máscaras, menos eufemismos, más verdad: “Después de caminar un kilómetro, todos los lugares del mundo son iguales”. Tres: El orden del Aleph(Editorial Candaya, 2021), de Gustavo Faverón Patriau (Lima, Perú, 1966) es un ensayo deslumbrante, erudito, una “inmersión total” en “El Aleph”, de Jorge Luis Borges. Las 331 páginas se centran en el célebre cuento de Borges, pero se mueven hacia la religión, el arte en general, la literatura por supuesto, el psicoanálisis, Hitler, el nazismo, y todo lo que arroje luz a cada palabra pensada y escrita por aquel argentino genial. Cuatro: Misterios de la sala oscura. Ensayos sobre el cine y su tiempo (Debolsillo, 2020), de Fernanda Solórzano (Ciudad de México, 1971). Son ocho prolijos trabajos sobre el mismo número de películas, famosas y contemporáneas, donde aborda el antes, la proyección y el después de la cinta; al mismo tiempo cuenta la historia de los actores, el director, el guionista, las peripecias que los llevaron a juntarse… Buenísimo. Cinco: El Incal(integral), Reservoir Books, 2017, de Alejandro Jodorowsky (chileno-francés, 1929) y Moebius (Francia, 1938-2012). Estos dos artistas trabajaron juntos en varios libros gráficos. El Incal salió en varias entregas. El libro que leí, como dice entre paréntesis, tiene todas las entregas y, además, entrevistas con los autores. Es una historia loca que parte de este mundo, de esta realidad, y se mete a muchos/muchas más para que el aparente hombre común, que es el protagonista, evolucione, crezca y comprenda la lección que, entre otras, nos ha dado reiteradamente el budismo: todos somos todo. Las ilustraciones de Moebius son portentosas, parecen cine. Seis: El drama intempestivo. Hacia una escritura dramática contemporánea(Paso de gato, 2020), de Carles Batlle (España, 1963) es un ensayo que busca desmarcar la escritura de teatro de las convenciones heredadas, del planteamiento básico de inicio, conflicto y desenlace, de la lógica aristotélica. Escribe Carles Batlle: “El dramaturgo intempestivo evita proponer consignas o dar soluciones. Todo lo contrario, produce interrogantes y puntos de vista, tanto para inquietar y sorprender a los demás como para descentrarse él mismo”. Siete: Mario Vargas Llosa. Conversación en Princeton(Alfaguara, 2017), con Rubén Gallo (México, 1969). El libro analiza a detalle por lo menos cinco libros de MVLl: Conversación en La Catedral, Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?, El pez en el agua y La fiesta del Chivo. Los cuadernos de trabajo, que son muy voluminosos, donde Vargas Llosa hace los proyectos y versiones primarias de sus novelas, y un montón de papeles más, pertenecen a Princeton; por eso, no sólo Rubén Gallo hace las preguntas, sino también muchos alumnos especialistas en la obra de este peruano universal. Ocho: Octavio Paz. Iconografía(Fondo de Cultura Económica, 2020), de Rafael Vargas (México, 1954) es un espléndido trabajo para conocer a Paz, porque, aparte del gran trabajo de investigación sobre su vida y su obra, y de las no tan difundidas imágenes, de quien no gustaba tanto de fotografiarse, hay textos pacianos, tomados de aquí y de allá, que fueron escogidos con excelente tino. Nueve: Cómo piensan los artistas(Fondo de Cultura Económica, 2015), de la periodista, editora y escritora peruana Fietta Jarque (1956), es un libro bello como objeto y por su contenido. Jarque entrevistó, “a lo largo de casi treinta años”, a 51 artistas disímbolos y cada trabajo periodístico es ilustrado por una obra de la persona entrevistada. Dice la autora en la presentación: “Los artistas hablan sobre su forma de trabajar, las circunstancias en que surgieron ciertas obras, los motivos que tuvieron para plantearlas de determinada manera”. Diez: Heráclito y Parménides. El uno y lo múltiple(2015), de Sandro Palazzo (Italia, no hallé fecha de nacimiento), es un libro que enlaza la vida y el pensamiento de estos dos grandes filósofos: Heráclito, el Oscuro, y Parménides, el Terrible. Palazzo da muestra palpable de inteligencia y erudición en este libro de factura impecable. Las lecciones de los dos maestros sirven a nuestra vida, la aclaran, la iluminan. Once: Samahua (Almadía, 1997), de Leonardo da Jandra (Ixtapangajoya, Chiapas, 1951). Compré el libro hace tiempo, en una librería de Oaxaca, con el propio Leonardo de testigo. Me la dedicó con sus letras incomprensibles. Hacía mucho que un libro de cuentos no me parecía tan perfecto, como éste. El lenguaje, las tramas violentas, los personajes terribles, la vinculación de todas las historias (está a casi nada de ser una novela o lo es, sin las convenciones clásicas) parecen brotar de una enorme concentración, de un talento prodigioso, de un maestro de la narrativa. Samahua es, literariamente, una maravilla. Doce: Una bendición (Mondadori, 2009), de Toni Morrison (EUA, 1931-2019) es, otra vez, una historia de mujeres negras, de violencia, religión (“La religión, tal como la madre se la había inculcado a Rebekka, era una llama alimentada por un odio portentoso”), segregación femenina (“Ser mujer en este lugar es una herida abierta que no puede curarse”), segregación racial: “Entonces supe que no era una persona de mi país ni de mi familia. Era una negrita”.
Ilustración: HCM.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Películas, series, documentales de 2024 Héctor Cortés Mandujano
En 2024 vi (entre películas, series y documentales) 357 obras de varia laya, al 15 de diciembre, que es la fecha en que mando esta columna. En la retrospectiva que la plataforma Mubi hizo de mi año dice que soy “Un políglota, un adicto a todos los géneros, un trotamundos y un minimalista”. No sé si tenga razón, pero en esta síntesis que supone lo mejor que he visto puse películas y series de 2023 (dos únicamente) y 2024; traté de no ceñirme a una sola tecla del piano ni a una sola plataforma. Ojalá hayas compartido mis gustos o te dé gana de ver algunos de estos títulos querido lector, lectora.
Una: Passages(2023), cinta francesa de Ira Sachs, es la historia de un director de cine bisexual, atrapado en la pasión por un hombre y por una mujer. La película explora, con imágenes no aptas para menores, la vida erótica de este hombre, Tomas (el actor que lo interpreta, Franz Rogowski, es magnífico), cuya fotografía se expande a cualquiera que viva disyuntivas y pueda verse reflejado en el narcisismo voraz del personaje. Dos: Amor, acoso, asesinato (2024), documental dirigido por Sam Hobkinson (EUA). Escalofriante retrato de una obsesión amorosa. Parece un thriller, una cinta policiaca de la a la z. El asunto es que ocurrió en la realidad y que no son actores los protagonistas, sino gente loca de carne y hueso. Gran documental, súper recomendable. Tres: Los desfiles(2024), cinta japonesa de Michihito Fujii. Me encantó. No tiene grandilocuencias y su historia es profunda, humana. Los personajes están muertos en un espacio donde deben aprender cómo “vivir” en su nueva circunstancia. Aunque el personaje principal es una madre que busca a su hijo, los otros son actores y actrices con solvencia e inspiración. Quedé melancólico después de verla. Cuatro: Robot salvaje(2024), cinta estadounidense de dibujos animados de Chris Sanders. Hace mucho que no disfrutaba una propuesta cinematográfica tan redonda como ésta. Todo funciona y funciona bien: la historia, la animación, los diálogos, la música… Una maravilla. Cinco: Tótem(2024), de la mexicana Lila Avilés, cuenta una historia que se aparta del tríptico aristotélico clásico de principio, medio y fin. Aquí los personajes aparecen in media res y no hay interés de aclarar quién es quién. La historia no da antecedentes ni propone un final que arregle la vida de los protagonistas. No es una película complaciente ni busca el aplauso fácil. Me gustó. Seis: El astronauta (2024), del director sueco Johan Renck, con Adam Sandler, fuera totalmente de su faceta cómica. Es una exploración de la soledad y de cómo vivir con nuestros demonios. El bicho que aparece en la cinta, como única compañía, se ha visto como una metáfora, pero me parece que es (ya sea que exista o no) un reflejo de nuestra necesidad de compañía. Creo que la película nos enseña bastante de nuestra propia humanidad. Lo hizo conmigo. El trabajo de Sandler es genial. Siete: Crossing (Caminos cruzados, 2024), de otro director sueco: Levan Akin. Esta película está llena de capas: la familia (la tía que busca a la sobrina); la convivencia entre jóvenes y adultos; la necesidad del placer (no necesariamente sexual), no importa la edad que tengamos; las distancias que establecen los idiomas; la tolerancia y el amor entre seres de distinto ejercicio sexual, y la música, la gente, Estambul… Quedé hipnotizado con esta cinta de tantos matices. Ocho: Ripley(2024), escrita y dirigida por el estadounidense Steven Zaillian. He leído con profusión la novelística de Patricia Highsmith (creadora de Tom Ripley) y he visto tal vez todas las propuestas cinematográficas que se han hecho con este personaje. Creo que esta miniserie de ocho capítulos, con un Andrew Scott espléndido en el papel principal, hace plena justicia a la ambigüedad moral de Ripley, a su maldad, a su raro encanto. El blanco y negro también ayuda, y que la edición se tome con calma el proceso de contar. Un gozo. Nueve: El último vagón (2023), del mexicano Ernesto Contreras. Soy un hombre rural y viví mi infancia en el campo. Eso de entrada me hace ser empático con esta historia de una maestra (Adriana Barraza) que ama su trabajo y de los niños que viven una vida que los va volviendo adultos con más velocidad de la que debiera. El final de la película es tan bonito, que ya con eso valdría la pena todo. Ojalá que hubieran más personas como las que inventa la película. Diez: Cómo robar un banco (2024), documental sobre William Scott Scurlock, un hombre joven y guapo, que entre 1992 y 1996, con varios disfraces, robó más de 15 bancos en Seattle, EUA. El material que hay sobre este hombre fue usado con inteligencia. ¿Podría dejar de robar? No, no quiso detenerse. El final está contado con maestría. Este documental de la vida real está dirigido por Stephen Robert Morse y Seth Porges, y me quedaron en la cabeza, dando vueltas, muchas ideas, muchas preguntas… Once: Los caballeros (2024), serie creada por el director inglés Guy Ritchie, tiene como antecedente la película que el mismo director escribió y dirigió, con el mismo título, en 2019. Ahora, en ocho capítulos perfectos, nos cuenta ampliada la misma historia, con altísimos valores de producción, actuaciones convincentes y un Ritchie con todo el control de su innegable talento. Doce: Longlegs (El coleccionista de almas, 2024), de Osgood Perkins (hijo por cierto de Anthony Perkins, el célebre actor de, entre otras, Psicosis, de Hitchcock), no es que sea una película perfecta. Me parece que tiene problemas con el guion y que a veces cuenta cosas que debería mostrar (no es un libro, sino una película). Es un poco brutal, en términos de imágenes, y varias escenas se resuelven con la ayuda del azar. Pero funciona e inquieta. Es tremenda la locura del personaje principal, representado con una enorme maestría por un Nicolas Cage soberbio y casi irreconocible.
Ilustración: Leonora Ventura.
*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).