Polvo del camino. 272. Amar la marimba. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 272

Amar la marimba
Héctor Cortés Mandujano

Aunque nacido en la Ciudad de México, con raíces oaxaqueñas, el cineasta Jaime Ruiz Ibáñez ha demostrado, desde el arranque de su carrera hasta hoy, un continuado amor por Chiapas. Su tesis profesional, devenida cortometraje, Don Chico que vuela, basada en un cuento célebre de Eraclio Zepeda, le dio muy joven un Ariel. Desde entonces somos amigos.
Después hizo muchos cortos premiados nacional e internacionalmente, hasta que llegó a su primer largometraje, La mitad del mundo (2009), que también le ha traído diversas satisfacciones.
Recientemente, el Canal 22 estrenó (yo vi la repetición el domingo 23 de marzo de 2025) su documental La marimba mexicana, su construcción, escrito, producido, fotografiado y editado por Jaime.
El documental nos muestra a constructores de marimba en sus talleres de Carranza, Chiapa de Corzo, Tuxtla y Tapachula que han dedicado, algunos por generaciones, su vida a lograr que este instrumento siga siendo parte fundamental de la identidad chiapaneca.
Los entrevistados coinciden en afirmar que la marimba tiene por lo menos tres partes: las teclas, los resonadores y el mueble que los sostiene. Cada uno refiere que se hacen fundamentalmente del árbol de hormiguillo –u hormigo, como también lo llaman– que debe morirse solo y caer. Luego hay que dejarlo secar por años, hasta que la madera ya pueda empezar a trabajarse.
Hacer las teclas es un arte de oído: hay que construir una a una con el sonido que le corresponde y debe afinarse junto a su resonador, que se construye en forma de prisma. El documental muestra la enorme habilidad que los constructores tienen para llegar a la nota que buscan, ahora con ayuda de afinadores electrónicos. Los resonadores (antes se usaban pumpos) tienen en la parte final un orificio que se tapa con caucho, al que se cubre con una tela para que la marimba tenga la vibración característica que distingue a las de Chiapas de las otras marimbas.
Ruiz Ibáñez halló en Tapachula a un constructor que, con un procedimiento que tarda varios días, a partir de las tripas de cerdo, que deben lavarse, remojarse en limón, secarse al sol y cortarse con una tijera, halla dentro una tela suavísima que es con la que se cubre la cachimba, ese orificio indispensable para lograr la dulce vibración de la madera.
Hacer las baquetas o bolillos es otro arte en peligro de extinción. Se necesita la sabia blanca del árbol de hule, que se extiende sobre una madera. Luego de que se seca cada pasada, se cortan las tiras y se sigue un patrón que hace al bolillo ideal para acariciar y golpear las teclas.
Por último, para hacerla bella, se ponen sobre la madera que verá el público un tejido de distintos patrones (pequeños fragmentos de madera blanca, roja y negra) que da originalidad e identidad a cada constructor.
El documental de Jaime Ruiz Ibáñez, de aproximadamente dos horas, que tiene una fotografía espléndida y una edición ágil, está acompañado de ejecuciones magistrales de dos grandes artistas idos: Manuel Vleeschower y Zeferino Nandayapa.
Jaime ha escrito, además, un guion de cine sobre la historia de la marimba en Chiapas y antes de éste ha hecho otros documentales sobre nuestro instrumento. Qué bueno que, si no hay nadie con tanta pasión como él en el estado, lo tengamos de nuestro lado para recordarnos lo mucho que hay de trabajo, conocimiento y arte en quienes hacen y tocan la marimba… Gracias, querido Jaime.
                                         
       
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 271. Gracias al extra. Héctor Cortés Mandujano



Polvo del camino/ 271

Gracias al extra
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

    Las personas que olvidan sus sueños son peligrosas

     Sergio González Rodríguez,
  en El Centauro en el paisaje

Tal vez fue un descuido del director o del coordinador de extras. El caso es que en uno de mis sueños descubrí a un personaje que, en la calle, era el mismo que había soñado en otra escena con multitudes.
     El ser onírico era un hombre joven, con tipología oriental, sobrepeso y sudor notorio (pelo grasoso, rostro brillante). Llevaba una camisa naranja (en la escena anterior su camisa era morada). Lo vi mientras soñaba algo intrascendente. Y me despertó el hecho de reconocerlo. Era un figurante, un extra, alguien que pasa. ¿Por qué era el mismo? ¿Tenía algún significado soñarlo dos veces en la nada importante en que aparecía?

Me imaginé al despertarme la furia del director de mis sueños:
    —¿Por qué se despertó Héctor? ¡Le faltaba soñar mucho todavía, apenas estábamos arrancando la historia!
     Y un compungido ayudante:
     —Creemos que reconoció a uno de los actores, señor.
     —¿Cómo?
     —Sí, a Wang Li, el chinito.
     —¿Y qué, no tenemos millones de seres para usar de relleno en estas escenas tumultuarias? Héctor no es muy lógico ni en la vigilia y si ponemos en un sueño que la gente camina al lado de guajolotes y ballenas no va a notar nada raro.
      —Perdón, señor.
      —¡Carajo! Zalín, haz que Héctor se duerma, por favor, de inmediato; vamos a trabajar un sueño apacible al principio, luego le subiremos de nivel para que Héctor mañana sólo recuerde el placer. Pongan un río, una playita, un pasto verde, un campo de flores, una mujer bella con una bata blanca y vaporosa (alta, rubia, de pechos grandes). Qué Héctor se vea joven, guapo, musculoso, como héroe de película. Cuiden la temperatura del agua, el color de las flores (amarillas, no lo olviden), no pongan ningún animal, si acaso colibríes que llegan y se van…  ¿Ya estamos? ¡Silencio, comienza sueño!

Antes de dormirme pensé en el extra. Quizás le habían llamado la atención o incluso despedido de mis sueños. Era inocente, sin embargo. No pude seguir el hilo de mis pensamientos, porque ya estaba en un río de agua tibia, con una playita de arena muy fina (la arena tosca no la tolero, me lastima los pies), un campo de flores amarillas hasta donde alcanzaba mi vista, sólo interrumpida por la montaña del fondo. Y una bellísima mujer, de bata blanca y vaporosa, venía hacia mí. Yo era joven, guapo, musculoso, y estaba con sólo un breve bañador. La mujer se desnudaba antes de llegar a mí y entonces…          
                                             
       
Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 270. El amor y la ausencia. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 270

El amor y la ausencia
Héctor Cortés Mandujano

Se puede hacer el amor con cualquiera. Es como ir al cine

Alejandra Pizarnik,
citada por Cristina Rivera Garza,
en La muerte me da

Leí libros anteriores y posteriores de Cristina Rivera Garza, pero éste, La muerte me da (Tusquets, 2007), quién sabe por qué, lo dejé para después, para hoy.
El libro (no lo llamemos novela, porque rompe los estándares de ésta y qué bueno) es, por lo menos, tres libros: el primero cuenta una historia de crímenes (hombres castrados, sobre o alrededor de quienes se dejan versos de Alejandra Pizarnik), donde se involucran, principalmente, una profesora y escritora que se llama Cristina Rivera Garza, una detective y una Periodista de la Nota Roja (así se le llama); el segundo es un ensayo sobre la vida y obra de Alejandra Pizarnik, que es copiosamente citada en los tres libros, y un libro de poemas (se titula “La muerte me da”) que, se presume, escribió la periodista, aunque el libro lo firme Anne-Marie Bianco.
Creo que, hasta el momento, es el libro que más me ha gustado de Cristina (cuentista, novelista, ensayista) de quien he leído varios (ha escrito más, por supuesto), que son muy buenos: Nadie me verá llorar, La cresta de Ilión, Lo anterior, Los muertos indóciles, La Castañeda y Había mucha neblina o humo o no sé qué…
“La castración –cita Cristina a Renata Saleci– le permite al sujeto entender a los otros como Otro en lugar de lo mismo, ya que sólo después de experimentar la castración simbólica el sujeto empieza a preocuparse por cuestiones como ‘¿qué desea el otro?’ y ‘¿qué soy para el otro?’ ”.
Un poema de Pizarnik, en la realidad y citado en este libro, está dedicado a Aurora Bernárdez y Julio Cortázar. La autora analiza el apellido del escritor (p. 32): “en la superficie del apellido Cortázar se escondían, amenazantes, un cortar y un azar –palabras que, en ese momento, carecían de toda inocencia”. Lo dice, claro, porque el poema, con la dedicatoria, aparece con un cadáver.
Lo hace también con otras palabras (p. 147): “Demasiadas almohadas (¿almo-hadas?, ¿hadas de alma masculina?)”.
La periodista va a verla y la interroga sobre su oficio. Contesta la Cristina de la novela (p. 67): “Los escritores escriben –dije lentamente, enunciando cada palabra con el cuidado con que lo hacen ciertos extranjeros respetuosos mientras acomodaba mis libros, tan lentamente como lo hacía con mi enunciación, dentro del portafolio– no sólo con lo que conocen del mundo o de ellos mismos, sino, sobre todo, fundamentalmente, con lo que desconocen, del mundo y de ellos mismos”.
Otra cita de Pizarnik (p. 56): “las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia”.



Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 269. «Los elefantes no pueden saltar». Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo del camino/ 269

“Los elefantes no pueden saltar”
Héctor Cortés Mandujano

Voy caminando por una vía terrosa que, a los flancos, tiene árboles enormes que dan sombra a mi paseo solitario. Un perrito se acerca a mí. Parece muy pequeño y extraviado. Unos pasos adelante ligo el hecho de que haya una perra muerta, que comienza a oler mal, con el pequeño perdido. Un gallo y una gallina están picoteando el despojo maloliente en que se ha convertido la perra. Con esos elementos se puede intuir una tragedia.
Tenemos un gallo y dos gallinas en casa. Él no come si antes no comen ellas y casi no rasca la tierra, se dedica a cuidar a sus compañeras. Cuando encuentra algo comestible, hace un ruido característico para llamarlas. Incluso, cuando les damos maíz y sólo está él, las convoca antes de dar el primer picotazo.

En uno de los engargolados que he hecho, con material diverso, hay un texto que habla de animales, con información que no sé si sea cierta: “Es posible hacer que una vaca suba escaleras, pero no que las baje”.

Un trío de chachalacas han dado por llegar a un árbol cercano a la ventana de nuestra sala. Cantan a todo volumen. A veces yo leo, sentado en el sofá, y ellas, que parecen guajolotas de buen tamaño, aunque me ven, siguen en sus gorjeos, como si no pudieran dejar por un momento su conversación. “El graznido de un pato (cuac, cuac) no hace eco y nadie sabe por qué”.
Había pulgas, una especie de epidemia, en nuestro terreno circundante. Las ardillas dejaron de venir, de pronto las veo paseando en trío por las ramas de uno de nuestros árboles(como en La peste, de Camus, que corran las ratas nuevamente implica que ya pasó el contagio). Ya no hay pulgas. “La cucaracha puede vivir nueve días sin su cabeza, antes de morir de hambre”.

Era normal que, en nuestro patio, las hormigas comieran plantas, a veces hasta desaparecerlas, o que se subieran a los altos árboles y dejaran un reguero de pedazos de hojas o flores; que tuvieran muchos hoyos donde se reproducían al por mayor; que en nuestra casa (en el baño, en la cocina, en cualquier pared) vivieran por centenares, en algunas temporadas. No usamos nada para matarlas. Cada día había más, hasta que el gallo y la gallina se posesionaron de la totalidad del terreno y comenzaron a usarlas como comida y botana. Es rarísimo ver alguna por allí, cargando una hojita o un palito. Tal vez se pasaron la noticia de que ahora viven en este territorio unos monstruos come hormigas y decidieron mudarse quién sabe adónde.

Dije “tenemos una gallina y dos gallos”. Ya no. La muerte nos visitó e hizo que una de nuestras gallinas, que era muy audaz, muriera ahogada en nuestro estanque de peces. La hallamos flotando. También la pálida decidió llevarse a nuestra amada perrita Martina. Murió de vieja. Mi mujer le tuvo la patita en la palma de la mano y hablaba con ella, la acariciaba, cuando la Marti dio su último suspiro.
“Los mosquitos tienen dientes.”


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 268. Bucles. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 268

Bucles
Héctor Cortés Mandujano

En el cine se ha vuelto casi un género el bucle en el tiempo, la historia de los personajes que repiten un día, un momento, una vida de la que tienen que escapar para volver a la normalidad de los hechos sucesivos.
Uno de los bucles más populares fue, sin duda, la película Groundhog Day, de 1993, dirigida por Harold Ramis, con las actuaciones de, entre otros, Bill Murray y Andie MacDowell, que en español se llamó Hechizo del tiempo, aunque también se le conoce como el Día de la marmota. El protagonista (Murray) vive durante mucho tiempo el mismo día y cuando se da cuenta que incluso no puede suicidarse para romper el bucle, estudia medicina para salvar a un viejo, aprende francés, memoriza el nombre de todos los del pueblo y se va convirtiendo paulatinamente en un hombre de bien. Cuando logra que Rita sea su pareja, el bucle termina y sigue su vida. El bucle, la repetición, le enseñó a ser bueno y le regaló el amor.
En Boss Level (2020), Un día más para morir, en español, dirigida por Joe Carnahan, con las actuaciones de Frank Grillo, Mel Gibson y Naomi Watts, un exagente de fuerzas especiales repite y repite el día de su asesinato. Al principio lo matan casi de inmediato, pero con cada repetición va aprendiendo y logra avanzar en el conocimiento de por qué lo han matado hasta que, por fin, llega al punto donde todo inicia. La peli es de acción bien lograda y con un guion que ofrece varias sorpresas.
Pero la que me hizo escribir las líneas anteriores y estas que siguen fue Re/Member (2022), una cinta japonesa, basada en un manga, recomendada por Tarantino, dirigida por Eiichiro Hasumi, porque aquí son seis muchachos de secundaria (tres chicas, tres chicos) los que viven en un bucle donde son asesinados violenta, terriblemente, por una niña roja y luego por su juguete, hasta que entienden que deben reconstruir el cadáver de esa misma niña, quien fue muerta y despedazada hace tiempo; su cabeza nunca apareció y en eso tienen que concentrar su búsqueda al final. La repetición da pie a que se conozcan, se vuelvan mejores personas y dos que ni se saludan en la realidad se enamoren. El chico da a la chica un objeto para que cuando vuelvan a la realidad (si logran su misión, porque cuando el monstruo se los traga van desapareciendo de la vida real) recuerden lo que han vivido en este mundo extraño, el beso que se han dado, el amor que ha surgido entre ambos.
En “La cena”, un célebre cuento de Alfonso Reyes, ocurre algo similar: un elemento real cruza del sueño a la realidad, lo que es un lindo detalle cursi, como en este bucle japonés violentísimo: el amor todo lo vence.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Polvo del camino. 267. El cafetal, la sombra, la serpiente. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo del camino/ 267

El cafetal, la sombra, la serpiente
Héctor Cortés Mandujano

Lo he dicho y lo he escrito muchas veces: el primer poema que leí, de Efraín Bartolomé, fue “Corte de café”. Lo hallé entonces en una revista literaria, que leía sin demasiada atención. En ese tiempo ni siquiera sabía que Efraín era de Chiapas, ni que él y yo nos íbamos a volver tan amigos como somos.
Mi conexión con el poema fue inmediata, porque en los primeros versos el poeta sueña que vuela y volar ha sido uno de mis sueños recurrentes desde mi infancia y todavía. Cómo resistirme a esta imagen: “Miro la masa verde desde el aire/ Hierve/ Es un gran cuerpo informe/ que se agita en un sueño difícil/ inquietante/ Tiembla la furia verde/ El sueño manotea viscosidades tiernas/ Tiernos odios/ Su ciega cerrazón de verde espuma herida”.
Aquí, conociéndome, tal vez hice una pausa. ¿Seguiré leyendo? ¿Y si lo echa a perder? Con esto ya me llevó al mundo de los sueños, que es donde más cómodamente me encuentro. Con esto basta, bastaría. Eso pensé, quizás. Pero seguí, claro.
El hombre, el poeta no está escribiendo en este poema desde su imaginación, ni antes ni después de este primer fragmento: está viendo el sueño proyectado en la enorme pantalla de su recuerdo y contándonos su visión. El suyo es un sueño de ojos abiertos y una poderosa cámara de cine que nos muestra panópticamente, con delectación, el entorno vivo que va nombrando, enumerando con lenta lengua para que despierten árboles, “piedras verdes”, el cafeto, la arcilla y los “hombres o sombras” que deambulan, duermen, ofrecen su trabajo y vuelven “amarillento/ el café de la tarde”.
“Corte de café” me ha parecido, desde que lo leí, un inspiradísimo guion de cine –la palabra corte, incluso, es de estirpe cinematográfica– que no debe ser filmado, porque la película exacta trascurre ante los ojos que leen los siete fragmentos que lo componen, donde son personajes estelares “El cafetal La sombra La serpiente” y las manos que siembran, podan, cortan, despulpan, lavan, cuidan, doran, muelen el café, para que llegue hasta nosotros “Exquisito/ y amargo”.
El poema es y será parte siempre de Ojo de jaguar, de 1982, el primer libro de Efraín, aunque la edición que presentamos hoy es un libro de artista de Berenice Torres (Ediciones Oropéndola. Coatepec, Veracruz. México, 2019), con 15 grabados, con páginas y envoltura de papel nepalés, con una cubierta hecha de papel artesanal con residuos de café, producido por Museo Vivo de Papel, de La Ceiba Gráfica, con un tiraje de 17 ejemplares numerados y firmados por Efraín Bartolomé y Berenice Torres.
Cada ejemplar va en un contenedor hecho con tablillas de cafeto.
Es decir, esta edición está hecha para poner en un trono alusivo al poema, los versos, como una nueva cosecha, un corte magnífico.
Se le ha puesto en una envoltura artística, bella, cuidada.
Por supuesto, el poema “Corte de café” sigue siendo el rey, pero está vestido majestuosamente.

[Texto leído por el autor en la presentación hecha el 28 de febrero de 2025, en la Cafetería Totico. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 266. Cosas más raras. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 266

Cosas más raras
Héctor Cortés Mandujano

y él sigue señalando
allí, en el Peñón, allí ahorcaron a Asle,
lo vi con mis propios ojos,
estuve allí y vi cómo lo ahorcaron

Jon Fosse,
en Trilogía

Trilogía (Conatus Publicaciones-Seix Barral, 2023) es el primer libro que he leído de Jon Fosse (1959, nacido en Haugesund, Noruega), Premio Nobel de Literatura 2023, con traducción de Cristina Gómez Baggethun y Kirsti Baggethun.
Las tres historias a que alude el título (“Vigilia”, “El sueño de Olav”, “Desaliento”) están conectadas, son una saga. Asle y Alida son el origen. Son pobres y han ido a la ciudad para buscar un mejor futuro y para que Alida dé a luz a su primer hijo, al que llamarán Sigvald. Los dos vienen de historias rotas y, en el caso de Asle, de dos asesinatos y un robo, que Alida ignora.
Por el lado del estilo hay evidentemente una decisión tomada de antemano: la escritura sólo tiene comas (nunca un punto y coma, nunca un punto, nunca un guion de diálogo). No usa Fosse punto ni para cerrar las dos primeras historias ni, por supuesto, para el final del libro, como si esto fuera un guiño para suponer que las vidas de los personajes, de los sobrevivientes, claro, continúan fuera de los márgenes del libro. Este enhebrar de palabras, frases, oraciones, párrafos también posibilita la libertad de que el autor cambie, como lo hace constantemente, de tiempo, de personajes, de discursos. No es que es este procedimiento sea nuevo (se ha usado desde hace mucho), pero aquí tiene una intencionalidad y, me parece, hasta una sabiduría procedimental del relato.
La escritura de Fosse es rítmica y para eso acude a repeticiones frecuentes. Parecen las suyas tres fábulas infantiles, con brujas, malos y buenos; sin embargo, confieso que lo que más me impactó (no sé mucho de Fosse y puede que lo que cuenta sea sólo una ficción) es que, al final, pareciera que Trilogía es parte de la historia de su familia.
Han muerto ya Asle (a él lo colgaron por sus crímenes) y Alida. Ales, una de las descendientes de Alida con otro hombre (un personaje salvador, como en los cuentos infantiles) piensa que (p. 158) “su querido hermano Sigvald, se hizo músico, y no mucho más, aunque tuvo una hija, una bastarda, y al parecer la hija tuvo un hijo que por lo visto se llama Jon y que dicen que también es músico y ha publicado un libro de poemas, pues sí, qué cosas más raras hace la gente”.
Aquí es donde la novelita, o los tres cuentos enlazados, parece tocar la realidad, porque ese Jon que menciona el libro puede ser, disfrazado de ficción, el propio autor.
Empecé muy bien con Fosse. Seguiré leyéndolo.

Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

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Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Polvo del camino. 265. ¿A dónde va lo común, lo de todos los días? Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 265

Apuntes de oído/ 21

¿A dónde va lo común, lo de todos los días?
Héctor Cortés Mandujano

¿A dónde van los terribles encantos que tiene el hogar?
¿Acaso nunca vuelven a ser algo?

Silvio Rodríguez

Yo tendría entonces 18 años, y no había internet ni celulares ni más que los fragmentos separados que ahora son un todo: teléfono de casa, cámara fotográfica con rollo, grabadora de pilas, etcétera. Si querías conseguir una canción, por ejemplo, tu primera posibilidad era la radio. Que la pasaran y que tú estuvieras listo para darle REC –la palabra Grabar tardó mucho en aparecer en los aparatos electrónicos– en tu grabadora.
El problema para quienes no gustábamos de la música de la radio, era tener un “aparato de música”, que tenía varios nombres, y era donde podías reproducir un disco (eran tortillotas con generalmente 10 canciones). Yo no tenía ese aparato, porque era caro y de difícil transportación. Más fácil: debías tener casa y yo no tenía.
Tenía grabadora y compraba casetes, con lo que yo creía lo menos tonto de la música comercial en español (tuve de siempre un repelús a lo gringo, que abarcaba todo lo que no estuviera en mi idioma). Un día fui a un concierto de música latinoamericana y la vocalista dijo al presentar una canción: “Esta que vamos a cantar es del compositor cubano Silvio Rodríguez”.
Nunca había oído ese nombre, Silvio. Era “A dónde van” y me pareció una de las mejores canciones que había escuchado. Vivía en San Cristóbal en ese entonces, así que al otro día recorrí las discotecas y al fin me hallé un casete, Antología, donde escuché por primera vez la voz peculiar de Silvio y me aprendí de memoria sus canciones. Pero no estaba la que me había enganchado, hasta que conseguí Mujeres (1978).
En “Mujeres” están muchas que me han acompañado desde aquellos días: “¿Qué hago ahora?”, “Río”, “Te doy una canción”, “¿A dónde van?”, “Esto no es una elegía”…
“¿A dónde van?” es una canción hecha exclusivamente de preguntas, lo que de entrada la apartaba de las machaconas y bobas canciones de la radio: “¿A dónde van las palabras que no se quedaron?/ ¿A dónde van las miradas que un día partieron?/ ¿Acaso flotan eternas, como prisioneras de un ventarrón/ o se acurrucan, entre las hendijas, buscando calor?”.
Para mí, las preguntas, desde la primera vez que las oí, tenían sentido, hablaban de mi vida: “¿En qué estarán convertidos mis viejos zapatos?/ ¿A dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol?/ ¿Por dónde están las angustias que desde tus ojos saltaron por mí?/ ¿A dónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril?”.
Y pensaba, mientras la oí obsesivamente, que la canción era sobre el tiempo, mi tiempo, mi pasado. Qué era, en qué se convertía: “¿A dónde va lo común, lo de todos los días:/ el descalzarse en la puerta, la mano amiga? ¿A dónde va la sorpresa casi cotidiana del atardecer?/ ¿A dónde va el mantel de la mesa, el café de ayer?”.
Y Silvio traía compañía, bastante, que me hicieron más pasajeros aquellos tiempos que quién sabe a dónde se fueron…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

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Polvo del camino. 264. Una mujer en la luna. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 264

Evocadas páginas de otro libro/ XVII

Una mujer en la luna
Héctor Cortés Mandujano

La esfera estaba allí, encima del mar, lo suficientemente arriba como para que ninguna embarcación, por muy alta que fuera, la alcanzara a tocar. Durante mucho tiempo sólo fue un misterio que poco a poco se fue esclareciendo. No pertenecía a ningún país. No caía ni se elevaba, no se le notaban signos de envejecimiento. Era de metal.
En las primeras noticias, dado que eran épocas de nieblas vastas, no se notó que hubiera algo más, hasta que llegaron días claros: había una mujer desnuda parada en la cúspide. Lo primero que se intentó fue salvar a la mujer, de líneas suaves y rostro inescrutable, de cabellera larga, y no fue posible: los helicópteros o cualquier otra nave no podían acercarse; parecía haber, irrompible, en el aire, un muro invisible.
Se comenzó a dar un seguimiento al objeto y al ser, para descartar un posible peligro. El metal, visto con potentes telescopios, luego con inteligencia artificial sofisticada, se determinó que no era terrestre. La mujer, tampoco. Era imposible que alguien pudiera subsistir sin comer, sin moverse, sin defecar. No era una estatua. Estaba viva y a veces hacía movimientos casi imperceptibles, incluso para el montón de vigilantes electrónicos, informáticos, científicos.
Nada más que observar podía hacerse en el terreno de la ciencia. En materia bélica, quién sabe quién (fue detenido el militar responsable, pero su nombre no fue dado a conocer al público) hizo estallar un cohete y una bomba que no lograron mover un ápice ni a la bola de cristal, como la llamaban algunos (la luna metálica, la nombraban también), ni a la estatua extraterrestre, como también bautizaron a la mujer inmóvil. Rodeaba a la esfera, era un hecho comprobado, una burbuja impenetrable.
Pasaron años y se hicieron bellas fotos, posters, videos y películas, programas de televisión, notas periodísticas, ensayos, libros, podcast, sitios de internet, con teorías más o menos serias y, por supuesto, descabelladas, sin ton ni son. De todo.
El lugar se volvió un sitio turístico y comenzó a ser un negocio para el país cercano al mar de aguas internacionales donde había aparecido aquel portento. Ya se le consideraba una de las maravillas del mundo (por lo rara, por lo inexplicable, por lo bella) cuando, a los treinta y tres años de su descubrimiento casual, desapareció.
Nadie supo más.


[Dice Michio Kaku, en Hiperespacio (Crítica, S. L., 1996, p. 307), un libro científico: “Otro ejemplo de ruptura de simetría procede de un antiguo cuento de hadas. Esta fábula trata de una princesa que está atrapada en lo alto de una esfera de cristal pulido. Aunque no hay barrotes de hierro que la confinen en la esfera, ella está prisionera porque si hace el menor movimiento se deslizará hacia abajo por la esfera y se matará. Numerosos príncipes han tratado de rescatar a la princesa, pero todos han fracasado al escalar la esfera porque es demasiado lisa y resbaladiza”.]

Ilustración: Leonora Ventura.
La ilustración es de Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 263. La ira es repulsiva. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo del camino/ 263

La ira es repulsiva
Héctor Cortés Mandujano

Mi amigo Alejandro Figueroa me regaló Alguien habló de nosotros (Debate, 2023), de Irene Vallejo, una colección de textos breves (casi ninguno rebasa una página) que antes esta popular autora española ha publicado en otros medios.
Los textos parten, casi siempre, de la literatura clásica (griega, en su mayoría) para saltar a temas contemporáneos de variada laya. A veces incluso aclara palabras. Dice, por ejemplo, en “Borrachera de poder” (p. 16): “Hybris es una palabra griega que significa ‘arrogancia’ y ‘exceso’ ”.
Escribe en “Paisaje de letras” (p. 41): “Pero las letras nunca han dejado atrás su pasado de dibujos esquemáticos. Sabemos que la D representaba en origen una puerta, la M el movimiento del agua, la N era una serpiente y la O un ojo”.
Aconseja en “Amor y humor” (p. 46): “Una persona contenta es capaz de cautivar al prójimo. En cambio, el dramatismo no da buen resultado: tendemos a amar al que no parece necesitarlo demasiado. […] En palabras de Ovidio: ‘Para agradar debes olvidarte de ti mismo. Para ser amado, sé amable’. Mostrar mal carácter, según Ovidio, hará que te descarten muchas veces. Nunca hay que ponerse furioso: la ira es repulsiva”.
En “La edad ingrata”, a propósito de la gente que no es la más popular, cita a Safo (p. 52): “La dulce manzana enrojece en la alta rama, en lo más alto, olvidada por los recolectores. Pero no la olvidaron, es que no pudieron alcanzarla”.
Cita al poeta Marcial en “Ser otro” (p. 63): “Las cosas que hacen una vida más feliz son estas: que quieras ser lo que eres y no prefieras nada, y ni temas ni desees el día final”.
Platón cuenta, a través de la pluma de Irene en “Los genes de Eros”, que Eros, el dios del amor fue engendrado por la Pobreza y el Ingenio. Ella, pasiva, lo vio en una fiesta y se enamoró de aquel, lleno de energía y desenvoltura (p. 69): “Eros nació pobre, flaco, descalzo y sin hogar. Su madre le legó el hambre permanente, la avidez. Por el lado paterno recibió el afán por la belleza y por el logro a toda costa. […] Eros vive febrilmente […] gasta todo lo que consigue hasta volver a un repentino vacío que de nuevo llena el deseo”.
El pansexualismo, ahora en boga, es una falsa modernidad. Dice Irene en “Amores varios” que (p. 83) “Aristóteles aconsejaba practicar en todo la filía, o sea, ser pánfilos”.
Escribe Irene, en “Progreso”, sobre Camus (p. 110): “Un escritor agradecido, Albert Camus, dedicó el Premio Nobel al maestro de primaria que adivinó su talento, el hombre entusiasta que venció la negativa de su familia humilde a darle estudios, que le ayudó a preparar el examen de ingreso, le acompañó en tranvía, espero su salida en un banco y se volcó para que le concedieran una beca: ‘Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, nada de esto hubiera sucedido’ ”.
Dice en “Todo ojos” (p. 146): “Y la niña de los ojos, la pupila, procede de un término latino que significaba ‘muñequita’ (de donde viene también el francés poupée) y remite a la pequeña figura de nosotros mismos que vemos reflejada en los ojos ajenos”.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com