Polvo del camino. 276. La versión de Jaime. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                           Polvo del camino/ 276

Dos versiones, y 2
La versión de Jaime
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

—Yo vivo en New York desde hace mucho y no pienso irme a vivir a ningún otro lugar. De aquí era mi papá. Viví de niño y hasta los, no sé, 19-20 años en México. Desde muy chavo empecé con las drogas y conforme fue pasando el tiempo me volví más adicto.
Según yo era funcional, pero poco a poco me fui dando cuenta de que no, de que cada vez mi vida estaba más fuera de control.
Comencé a vivir con Anne –quien también es drogadicta– no sé cuándo. Sobrevivíamos con cierta soltura económica, porque ella tiene un hermano que administra los bienes de sus padres y le da una mensualidad. Yo soy dueño de mi depa y hago dibujos de los monstruos que me acompañaron siempre en mis alucines. Los vendo en las redes sociales, por eso estoy atento a quienes me escriben. No me va mal. Tal vez allí me contactó la muchacha de la que me hablas.
Ocurrieron dos cosas hace poco, que quizás tienen que ver con los hechos que te interesan. El primero fue que, aunque ya lo había intentado varias veces, esta vez sí me propuse hacerlo en serio: dejar las drogas. Esa fue una especie de fuerte ruptura con Anne, quien se lo tomó personal, como si al rechazar las drogas la estuviera rechazando a ella. La segunda fue que Anne iba a irse dos semanas a un viaje planeado, que se canceló. El día que se supone ya no estaría ella aquí, yo estaba un poco descontrolado por la falta de drogas (un médico me estaba ayudando y tomaba ciertos medicamentos) y recibí en mi cel la foto de una chava que parecía estar parada frente a mi casa. Traía una maleta. Abrí y ella se me echó en los brazos. Anne pensó que era un plan; como ella se habría ido (si no se hubiera cancelado el viaje), yo había traído a una amante con todo y equipaje. Era violenta y estaba desbordada, fuera de sí.
La chava, que quién sabe quién era, se fue. También Anne.
Me pareció una posibilidad de dejar a Anne y se lo planteé por teléfono. Llegó hecha una furia por sus cosas. La chava de la maleta, Irene, hasta allí me fijé en su nombre, me escribió disculpándose (en realidad ella no tenía culpa), y yo revisé lo que nos habíamos escrito antes. Ahí me di cuenta que yo la había invitado.
Anne ya no estaba, así que le dije que podía venir a pasarse conmigo unos días. Como comprenderás, yo no estaba para citas románticas; la invité porque me ayudaba con la soledad y venía de un país lejano. Vino, nos tomamos un par de copas, creo; Anne, recuerdo vagamente, volvió a aparecerse (seguro estaba vigilando, en la calle) y yo sentí que el alcohol me ponía mal. Anne nomás estuvo el ratito que nos insultó y se volvió a ir. Irene también, después, desapareció unos momentos; me dijo algo que no entendí y se fue. Lo demás son retazos de memoria. Irene desnuda. Irene besándome. Irene desnudándome. Yo desnudo. Irene encima de mí. Irene diciéndome cosas al oído. Los pechos de Irene, su cabello sobre mi cara. Irene acariciándome, tratando de excitarme… No recuerdo siquiera si tuve alguna erección.
Desperté desnudo, al otro día, en uno de los sillones de mi sala. Mucho más tarde, cuando me hicieron efecto unas pastillas maravillosas que me recetó mi médico, traté de hablar con Irene para saber qué había pasado y descubrí que me había bloqueado. Qué hacer… Esos días para mí son parte de la pesadilla de la que, gracias a mi fuerza de voluntad y a la mucha gente que me ayuda, estoy dejando atrás…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 275. La versión de Irene. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.

             Polvo del camino/ 275

Dos versiones, 1
La versión de Irene
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

—Conocí a Jaime… No, me fijé en él (tal vez ya lo ha había visto sin ver) cuando yo estaba por cumplir 12 años. Estudiábamos en el mismo colegio multigrado –de kínder a prepa–; yo estaba en sexto de primaria y él en tercero de preparatoria. Sin duda, comenzaba a sentir atracción por los niños y lo vi salir de los vestidores sólo con un short ceñido y descalzo. Me pareció precioso. Los pechos, las piernas, los brazos musculosos; su risa de dientes perfectos. Soñé con él esa noche.
A partir de entonces lo buscaba, trataba de verlo y mientras más lo veía, más me gustaba. Creo que la única vez que él me vio fue cuando me pinté los labios, me le acerqué y lo vi con toda la coquetería que podía contener mi cuerpo. Me sonrió y yo quedé feliz por muchos días, nada más de recordarlo. Yo era su fan. Nada en el mundo me interesaba, sólo él.
Pasó el tiempo. Él se fue del país y yo me quedé. Descubrí en las redes sociales su nombre y le escribí, me respondió y empezamos a ser amigos. Al poco tiempo nos coqueteábamos. No le dije que ya nos conocíamos.
Por azares del destino, cuando yo tendría unos 27 años me surgió la oportunidad de viajar a New York. Le pregunté si podíamos vernos (él vivía allá), en el caso de que fuera, y me dijo que incluso podía quedarme en su departamento. No me creyó que fuera ni yo se lo aseguré. Era nomás una charla en el celular.
Llegué a la ciudad, tomé un taxi y cuando estaba frente a su puerta me tomé una selfi y se la envié. Abrió la puerta. Nos abrazamos. Entré y su mujer (no sabía que vivía con alguien) se puso de lo peor. Me dijo horrores. Jaime trató de disculparla y yo me salí, tomé mi maleta (iba dispuesta a quedarme con él) y me fui a un hotel cercano. Él me llamó al día siguiente, por la tarde, y me dijo que su pareja había dejado el depa, que ya no iba a regresar.
—Se llevó casi todas sus cosas, y hoy en la noche vendrá por el resto; si quieres –me dijo–, mañana vente para acá.
Fui. Me contó que ya estaban en lo último de su relación, que nada más faltaba la gota, ésa, la mía, para rebalsar el vaso. Le conté lo de mi enamoramiento infantil y nos besamos. Llegó de nuevo su chava (tocó, ya no tenía llave) e hizo un escándalo, le gritó y me gritó. Ninguno de los dos le dijo algo. Se fue. “Ahora sí para siempre”, dijo ella y él le dijo que qué bueno.
Luego del momento incómodo, tomamos dos copas de vino. Después me ofreció algo más… No sé si me entiendas, yo iba a consumar mi ilusión infantil, a volver realidad mi primer sueño erótico. Le pedí que me esperara unos momentos. Me di una ducha, me puse una batita atrevida (me quité la ropa interior) y salí para hacer lo mío, para hacerlo mío, para asir lo mío.
Nos abrazamos, nos besamos, lo desnudé, lo cabalgué. Lo hicimos tres veces y ya, nunca más lo volví a ver. Lo borré de mis contactos. Lo cierto es que acostarme con él no resultó ni muy bueno ni muy placentero. Evidentemente, Jaime no era responsable de mis expectativas. Yo iba a buscar la gloria y él sólo me hizo una faena básica. La realidad nunca estará a la altura de nuestros sueños.
                           
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 274. Matar a las abuelas. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                                         
       Polvo del camino/ 274

Matar a las abuelas
Héctor Cortés Mandujano

En alta mar el agua es azul como los pétalos
de la más hermosa centaura

Hans Christian Andersen,
en “La sirenita”

He leído a Hans Christian Andersen no como un escritor de historias infantiles, sino simplemente como un escritor. Me gustan sus historias, incluso las infantiles. Por eso me compré, en una edición muy cuidada, La sirenita y otras historias (RBA Coleccionables, 2022). He hablado de su vida y de varios libros suyos en distintas columnas anteriores. No me repetiré, espero.
Me gustan los personajes que no se pueden ver, como “El elfo del rosal” (p. 117): “En el centro del jardín crecía un rosal cuajado de rosas, y en una de ellas, la más hermosa de todas, habitaba un elfo tan pequeñín que ningún ojo humano podía distinguirlo”.
“La aguja de zurcir” es hermana gemela de “El famoso cohete”, de Oscar Wilde. La aguja, en este caso, como el cohete, es muy vanidosa y también muy optimista. Le pasan cosas terribles y ella las transforma en maravillas. Es muy insignificante, pero cree que sin ella el universo se detendría. Está como basura en la corriente del agua y piensa (p. 158): “De tan fina que soy casi creería que nací de un rayo de sol. Tengo la impresión de que el sol me busca siempre debajo del agua. Soy tan sutil que ni mi padre me encuentra. Si no me hubiese roto el ojo, creo que lloraría; pero no, no es distinguido llorar”.
“Colás el chico y Colás el grande” es un cuento salvaje, donde se tortura y se mata sin subterfugios. Colás el grande envidia al chico y quiere matarlo. Va a buscarlo a su casa y éste pone a su abuela en su lugar, en la cama; el grande llega y le da un hachazo en mitad de la frente; el chico lleva al cadáver hasta una posada y hace creer al posadero que él, el posadero, la mató, y le cobra por haberlo hecho.
Regresa y Colás el grande le pregunta de dónde sacó tanto dinero (el posadero le dio una fortuna para que no lo acusara de la muerte de la abuela) y cómo hizo para no morir si él le dio un hachazo (p. 241):
“—No me mataste a mí, sino a mi abuela –replicó Colás el chico–. He vendido el cadáver y me han dado por él una fanega de dinero.
“—¡Qué bien te lo han pagado! –exclamó el otro, y, corriendo a su casa, cogió el hacha, mató a su abuela y, cargándola en el carro, la condujo a la ciudad, donde residía el boticario, al cual preguntó si le compraría un muerto”.
En “La Dríade” afirma Hans (p. 217): “Sí, nos ha tocado vivir en la época de los cuentos de hadas”. Claro, porque en ellos se engaña, se castiga y se mata gratuitamente.
Por cierto, no siempre les va muy bien a las abuelas en algunos cuentos infantiles. En La maravillosa medicina de Jorge (1981), de Roald Dahl, que leo en uno de mis lectores electrónicos, así es descrita la abuela (p. 7): “Jorge no podía evitar que le desagradara su abuela. Era una vieja egoísta y regañona. Tenía los dientes marrón claro y una boca pequeña y fruncida, como el trasero de un perro”. No la mata. Con su medicina maravillosa la desaparece para siempre.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 273. Desnudez andrógina. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                                         
        Polvo del camino/ 273

Desnudez andrógina
Héctor Cortés Mandujano

De todo corazón,
siempre he detestado las citas y los epígrafes

Efraín Huerta

Transa poética (Era, 1980), de Efraín Huerta, es un libro escrito por alguien que jugaba con las palabras y hacía con ellas malabares y maravillas. En poemas que parecen no tomarse en serio hay líneas profundas y en poemas serios hay un dejo de burla. El título, por eso, es santo y seña del autor.
Dice en “Donde la locura…”, su prólogo (p. 9): “Ya dije alguna vez que me complace de manera formal ser un desordenado y un antipoético por excelencia. Es que, la verdad, nunca le pedí permiso a nadie para escribir lo que malamente escribí”.
Escribe en “La rosa primitiva” (p. 27): “Ama con sencillez, como si nada./ Sé dueño de tu infierno, propietario absoluto/ de tu deseo y tus ansias, de tu salud y tus odios./ Fabrícate, en secreto, una ciudad sagrada”.
De “Sandra sólo habla en líneas generales” es este verso que parece uno de sus poemínimos y se refiere a la susodicha (p. 40): “Lo virginal no quita lo caliente”. Me encantan las líneas inexplicables de ciertos poemas. En “El encarnizado” está ésta (p. 41): “La desnudez andrógina de las doce del día”.
Va en un autobús y describe su viaje en “Juárez-Loreto” (p. 47): “La del piernón bruto me rebasó por la derecha;/ rozóme las regiones sagradas”; enumera sus cualidades físicas y resume: “Es un jazmín angelical, maligno,/ arrancado del zarzal en ruinas”, y luego se define: “como amante siempre he sido pan comido”. El largo poema muestra su facilidad de enamoramiento (p. 49): “Adoro tu nalga derecha, tu pantorrilla izquierda,/ tus muslos enteritos, lo adivinable y calientito, tus/ pechos pachones/ y tu indigno, antideportivo comportamiento”.
En “Protestas y rendimientos” pide (p. 93): “Necesito tiempo para chillar mi protesta./ Necesito una hora de pavor para rendirme./ (Que haya una amante más,/ ¿qué importa al mundo?)”. Y más adelante, emulando el lenguaje militar: “labios en ejercicio (de frente: ¡besen!)”.
Está con sus amigos en una cantina en “Barbas para desatar la lujuria” y se refiere a Sabines y Pacheco (p. 100): “ahora llega Jaime con ojos de tigre/ ojos de dios en celo tumba tarumba tum/ dios tzotzil jaimebundo/ pérezjoloteando ginebra ron poemas”, y “pa traducir a Baudelaire aquí estoy yo/ musitó José Emilio”.
En su “Manifiesto nalgaísta/ Aleluya cocodrilos sexuales aleluya” se cuestiona, a propósito de un título famoso en aquellos años (p. 106): “Soy acaso el hijo de Sánchez de la poesía”. Sabe además, perfectamente, cómo es su país y así lo expresa en el final de “Amor, patria mía”, que es también el final de este libro breve e intenso (p. 132): “la temerosa y vibrante/ llanura de sombras que es/ nuestra patria”.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 272. Amar la marimba. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 272

Amar la marimba
Héctor Cortés Mandujano

Aunque nacido en la Ciudad de México, con raíces oaxaqueñas, el cineasta Jaime Ruiz Ibáñez ha demostrado, desde el arranque de su carrera hasta hoy, un continuado amor por Chiapas. Su tesis profesional, devenida cortometraje, Don Chico que vuela, basada en un cuento célebre de Eraclio Zepeda, le dio muy joven un Ariel. Desde entonces somos amigos.
Después hizo muchos cortos premiados nacional e internacionalmente, hasta que llegó a su primer largometraje, La mitad del mundo (2009), que también le ha traído diversas satisfacciones.
Recientemente, el Canal 22 estrenó (yo vi la repetición el domingo 23 de marzo de 2025) su documental La marimba mexicana, su construcción, escrito, producido, fotografiado y editado por Jaime.
El documental nos muestra a constructores de marimba en sus talleres de Carranza, Chiapa de Corzo, Tuxtla y Tapachula que han dedicado, algunos por generaciones, su vida a lograr que este instrumento siga siendo parte fundamental de la identidad chiapaneca.
Los entrevistados coinciden en afirmar que la marimba tiene por lo menos tres partes: las teclas, los resonadores y el mueble que los sostiene. Cada uno refiere que se hacen fundamentalmente del árbol de hormiguillo –u hormigo, como también lo llaman– que debe morirse solo y caer. Luego hay que dejarlo secar por años, hasta que la madera ya pueda empezar a trabajarse.
Hacer las teclas es un arte de oído: hay que construir una a una con el sonido que le corresponde y debe afinarse junto a su resonador, que se construye en forma de prisma. El documental muestra la enorme habilidad que los constructores tienen para llegar a la nota que buscan, ahora con ayuda de afinadores electrónicos. Los resonadores (antes se usaban pumpos) tienen en la parte final un orificio que se tapa con caucho, al que se cubre con una tela para que la marimba tenga la vibración característica que distingue a las de Chiapas de las otras marimbas.
Ruiz Ibáñez halló en Tapachula a un constructor que, con un procedimiento que tarda varios días, a partir de las tripas de cerdo, que deben lavarse, remojarse en limón, secarse al sol y cortarse con una tijera, halla dentro una tela suavísima que es con la que se cubre la cachimba, ese orificio indispensable para lograr la dulce vibración de la madera.
Hacer las baquetas o bolillos es otro arte en peligro de extinción. Se necesita la sabia blanca del árbol de hule, que se extiende sobre una madera. Luego de que se seca cada pasada, se cortan las tiras y se sigue un patrón que hace al bolillo ideal para acariciar y golpear las teclas.
Por último, para hacerla bella, se ponen sobre la madera que verá el público un tejido de distintos patrones (pequeños fragmentos de madera blanca, roja y negra) que da originalidad e identidad a cada constructor.
El documental de Jaime Ruiz Ibáñez, de aproximadamente dos horas, que tiene una fotografía espléndida y una edición ágil, está acompañado de ejecuciones magistrales de dos grandes artistas idos: Manuel Vleeschower y Zeferino Nandayapa.
Jaime ha escrito, además, un guion de cine sobre la historia de la marimba en Chiapas y antes de éste ha hecho otros documentales sobre nuestro instrumento. Qué bueno que, si no hay nadie con tanta pasión como él en el estado, lo tengamos de nuestro lado para recordarnos lo mucho que hay de trabajo, conocimiento y arte en quienes hacen y tocan la marimba… Gracias, querido Jaime.
                                         
       
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 271. Gracias al extra. Héctor Cortés Mandujano



Polvo del camino/ 271

Gracias al extra
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

    Las personas que olvidan sus sueños son peligrosas

     Sergio González Rodríguez,
  en El Centauro en el paisaje

Tal vez fue un descuido del director o del coordinador de extras. El caso es que en uno de mis sueños descubrí a un personaje que, en la calle, era el mismo que había soñado en otra escena con multitudes.
     El ser onírico era un hombre joven, con tipología oriental, sobrepeso y sudor notorio (pelo grasoso, rostro brillante). Llevaba una camisa naranja (en la escena anterior su camisa era morada). Lo vi mientras soñaba algo intrascendente. Y me despertó el hecho de reconocerlo. Era un figurante, un extra, alguien que pasa. ¿Por qué era el mismo? ¿Tenía algún significado soñarlo dos veces en la nada importante en que aparecía?

Me imaginé al despertarme la furia del director de mis sueños:
    —¿Por qué se despertó Héctor? ¡Le faltaba soñar mucho todavía, apenas estábamos arrancando la historia!
     Y un compungido ayudante:
     —Creemos que reconoció a uno de los actores, señor.
     —¿Cómo?
     —Sí, a Wang Li, el chinito.
     —¿Y qué, no tenemos millones de seres para usar de relleno en estas escenas tumultuarias? Héctor no es muy lógico ni en la vigilia y si ponemos en un sueño que la gente camina al lado de guajolotes y ballenas no va a notar nada raro.
      —Perdón, señor.
      —¡Carajo! Zalín, haz que Héctor se duerma, por favor, de inmediato; vamos a trabajar un sueño apacible al principio, luego le subiremos de nivel para que Héctor mañana sólo recuerde el placer. Pongan un río, una playita, un pasto verde, un campo de flores, una mujer bella con una bata blanca y vaporosa (alta, rubia, de pechos grandes). Qué Héctor se vea joven, guapo, musculoso, como héroe de película. Cuiden la temperatura del agua, el color de las flores (amarillas, no lo olviden), no pongan ningún animal, si acaso colibríes que llegan y se van…  ¿Ya estamos? ¡Silencio, comienza sueño!

Antes de dormirme pensé en el extra. Quizás le habían llamado la atención o incluso despedido de mis sueños. Era inocente, sin embargo. No pude seguir el hilo de mis pensamientos, porque ya estaba en un río de agua tibia, con una playita de arena muy fina (la arena tosca no la tolero, me lastima los pies), un campo de flores amarillas hasta donde alcanzaba mi vista, sólo interrumpida por la montaña del fondo. Y una bellísima mujer, de bata blanca y vaporosa, venía hacia mí. Yo era joven, guapo, musculoso, y estaba con sólo un breve bañador. La mujer se desnudaba antes de llegar a mí y entonces…          
                                             
       
Ilustración: HCM




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

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Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

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Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 270. El amor y la ausencia. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 270

El amor y la ausencia
Héctor Cortés Mandujano

Se puede hacer el amor con cualquiera. Es como ir al cine

Alejandra Pizarnik,
citada por Cristina Rivera Garza,
en La muerte me da

Leí libros anteriores y posteriores de Cristina Rivera Garza, pero éste, La muerte me da (Tusquets, 2007), quién sabe por qué, lo dejé para después, para hoy.
El libro (no lo llamemos novela, porque rompe los estándares de ésta y qué bueno) es, por lo menos, tres libros: el primero cuenta una historia de crímenes (hombres castrados, sobre o alrededor de quienes se dejan versos de Alejandra Pizarnik), donde se involucran, principalmente, una profesora y escritora que se llama Cristina Rivera Garza, una detective y una Periodista de la Nota Roja (así se le llama); el segundo es un ensayo sobre la vida y obra de Alejandra Pizarnik, que es copiosamente citada en los tres libros, y un libro de poemas (se titula “La muerte me da”) que, se presume, escribió la periodista, aunque el libro lo firme Anne-Marie Bianco.
Creo que, hasta el momento, es el libro que más me ha gustado de Cristina (cuentista, novelista, ensayista) de quien he leído varios (ha escrito más, por supuesto), que son muy buenos: Nadie me verá llorar, La cresta de Ilión, Lo anterior, Los muertos indóciles, La Castañeda y Había mucha neblina o humo o no sé qué…
“La castración –cita Cristina a Renata Saleci– le permite al sujeto entender a los otros como Otro en lugar de lo mismo, ya que sólo después de experimentar la castración simbólica el sujeto empieza a preocuparse por cuestiones como ‘¿qué desea el otro?’ y ‘¿qué soy para el otro?’ ”.
Un poema de Pizarnik, en la realidad y citado en este libro, está dedicado a Aurora Bernárdez y Julio Cortázar. La autora analiza el apellido del escritor (p. 32): “en la superficie del apellido Cortázar se escondían, amenazantes, un cortar y un azar –palabras que, en ese momento, carecían de toda inocencia”. Lo dice, claro, porque el poema, con la dedicatoria, aparece con un cadáver.
Lo hace también con otras palabras (p. 147): “Demasiadas almohadas (¿almo-hadas?, ¿hadas de alma masculina?)”.
La periodista va a verla y la interroga sobre su oficio. Contesta la Cristina de la novela (p. 67): “Los escritores escriben –dije lentamente, enunciando cada palabra con el cuidado con que lo hacen ciertos extranjeros respetuosos mientras acomodaba mis libros, tan lentamente como lo hacía con mi enunciación, dentro del portafolio– no sólo con lo que conocen del mundo o de ellos mismos, sino, sobre todo, fundamentalmente, con lo que desconocen, del mundo y de ellos mismos”.
Otra cita de Pizarnik (p. 56): “las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia”.



Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 269. «Los elefantes no pueden saltar». Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo del camino/ 269

“Los elefantes no pueden saltar”
Héctor Cortés Mandujano

Voy caminando por una vía terrosa que, a los flancos, tiene árboles enormes que dan sombra a mi paseo solitario. Un perrito se acerca a mí. Parece muy pequeño y extraviado. Unos pasos adelante ligo el hecho de que haya una perra muerta, que comienza a oler mal, con el pequeño perdido. Un gallo y una gallina están picoteando el despojo maloliente en que se ha convertido la perra. Con esos elementos se puede intuir una tragedia.
Tenemos un gallo y dos gallinas en casa. Él no come si antes no comen ellas y casi no rasca la tierra, se dedica a cuidar a sus compañeras. Cuando encuentra algo comestible, hace un ruido característico para llamarlas. Incluso, cuando les damos maíz y sólo está él, las convoca antes de dar el primer picotazo.

En uno de los engargolados que he hecho, con material diverso, hay un texto que habla de animales, con información que no sé si sea cierta: “Es posible hacer que una vaca suba escaleras, pero no que las baje”.

Un trío de chachalacas han dado por llegar a un árbol cercano a la ventana de nuestra sala. Cantan a todo volumen. A veces yo leo, sentado en el sofá, y ellas, que parecen guajolotas de buen tamaño, aunque me ven, siguen en sus gorjeos, como si no pudieran dejar por un momento su conversación. “El graznido de un pato (cuac, cuac) no hace eco y nadie sabe por qué”.
Había pulgas, una especie de epidemia, en nuestro terreno circundante. Las ardillas dejaron de venir, de pronto las veo paseando en trío por las ramas de uno de nuestros árboles(como en La peste, de Camus, que corran las ratas nuevamente implica que ya pasó el contagio). Ya no hay pulgas. “La cucaracha puede vivir nueve días sin su cabeza, antes de morir de hambre”.

Era normal que, en nuestro patio, las hormigas comieran plantas, a veces hasta desaparecerlas, o que se subieran a los altos árboles y dejaran un reguero de pedazos de hojas o flores; que tuvieran muchos hoyos donde se reproducían al por mayor; que en nuestra casa (en el baño, en la cocina, en cualquier pared) vivieran por centenares, en algunas temporadas. No usamos nada para matarlas. Cada día había más, hasta que el gallo y la gallina se posesionaron de la totalidad del terreno y comenzaron a usarlas como comida y botana. Es rarísimo ver alguna por allí, cargando una hojita o un palito. Tal vez se pasaron la noticia de que ahora viven en este territorio unos monstruos come hormigas y decidieron mudarse quién sabe adónde.

Dije “tenemos una gallina y dos gallos”. Ya no. La muerte nos visitó e hizo que una de nuestras gallinas, que era muy audaz, muriera ahogada en nuestro estanque de peces. La hallamos flotando. También la pálida decidió llevarse a nuestra amada perrita Martina. Murió de vieja. Mi mujer le tuvo la patita en la palma de la mano y hablaba con ella, la acariciaba, cuando la Marti dio su último suspiro.
“Los mosquitos tienen dientes.”


Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 268. Bucles. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 268

Bucles
Héctor Cortés Mandujano

En el cine se ha vuelto casi un género el bucle en el tiempo, la historia de los personajes que repiten un día, un momento, una vida de la que tienen que escapar para volver a la normalidad de los hechos sucesivos.
Uno de los bucles más populares fue, sin duda, la película Groundhog Day, de 1993, dirigida por Harold Ramis, con las actuaciones de, entre otros, Bill Murray y Andie MacDowell, que en español se llamó Hechizo del tiempo, aunque también se le conoce como el Día de la marmota. El protagonista (Murray) vive durante mucho tiempo el mismo día y cuando se da cuenta que incluso no puede suicidarse para romper el bucle, estudia medicina para salvar a un viejo, aprende francés, memoriza el nombre de todos los del pueblo y se va convirtiendo paulatinamente en un hombre de bien. Cuando logra que Rita sea su pareja, el bucle termina y sigue su vida. El bucle, la repetición, le enseñó a ser bueno y le regaló el amor.
En Boss Level (2020), Un día más para morir, en español, dirigida por Joe Carnahan, con las actuaciones de Frank Grillo, Mel Gibson y Naomi Watts, un exagente de fuerzas especiales repite y repite el día de su asesinato. Al principio lo matan casi de inmediato, pero con cada repetición va aprendiendo y logra avanzar en el conocimiento de por qué lo han matado hasta que, por fin, llega al punto donde todo inicia. La peli es de acción bien lograda y con un guion que ofrece varias sorpresas.
Pero la que me hizo escribir las líneas anteriores y estas que siguen fue Re/Member (2022), una cinta japonesa, basada en un manga, recomendada por Tarantino, dirigida por Eiichiro Hasumi, porque aquí son seis muchachos de secundaria (tres chicas, tres chicos) los que viven en un bucle donde son asesinados violenta, terriblemente, por una niña roja y luego por su juguete, hasta que entienden que deben reconstruir el cadáver de esa misma niña, quien fue muerta y despedazada hace tiempo; su cabeza nunca apareció y en eso tienen que concentrar su búsqueda al final. La repetición da pie a que se conozcan, se vuelvan mejores personas y dos que ni se saludan en la realidad se enamoren. El chico da a la chica un objeto para que cuando vuelvan a la realidad (si logran su misión, porque cuando el monstruo se los traga van desapareciendo de la vida real) recuerden lo que han vivido en este mundo extraño, el beso que se han dado, el amor que ha surgido entre ambos.
En “La cena”, un célebre cuento de Alfonso Reyes, ocurre algo similar: un elemento real cruza del sueño a la realidad, lo que es un lindo detalle cursi, como en este bucle japonés violentísimo: el amor todo lo vence.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 267. El cafetal, la sombra, la serpiente. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.


Polvo del camino/ 267

El cafetal, la sombra, la serpiente
Héctor Cortés Mandujano

Lo he dicho y lo he escrito muchas veces: el primer poema que leí, de Efraín Bartolomé, fue “Corte de café”. Lo hallé entonces en una revista literaria, que leía sin demasiada atención. En ese tiempo ni siquiera sabía que Efraín era de Chiapas, ni que él y yo nos íbamos a volver tan amigos como somos.
Mi conexión con el poema fue inmediata, porque en los primeros versos el poeta sueña que vuela y volar ha sido uno de mis sueños recurrentes desde mi infancia y todavía. Cómo resistirme a esta imagen: “Miro la masa verde desde el aire/ Hierve/ Es un gran cuerpo informe/ que se agita en un sueño difícil/ inquietante/ Tiembla la furia verde/ El sueño manotea viscosidades tiernas/ Tiernos odios/ Su ciega cerrazón de verde espuma herida”.
Aquí, conociéndome, tal vez hice una pausa. ¿Seguiré leyendo? ¿Y si lo echa a perder? Con esto ya me llevó al mundo de los sueños, que es donde más cómodamente me encuentro. Con esto basta, bastaría. Eso pensé, quizás. Pero seguí, claro.
El hombre, el poeta no está escribiendo en este poema desde su imaginación, ni antes ni después de este primer fragmento: está viendo el sueño proyectado en la enorme pantalla de su recuerdo y contándonos su visión. El suyo es un sueño de ojos abiertos y una poderosa cámara de cine que nos muestra panópticamente, con delectación, el entorno vivo que va nombrando, enumerando con lenta lengua para que despierten árboles, “piedras verdes”, el cafeto, la arcilla y los “hombres o sombras” que deambulan, duermen, ofrecen su trabajo y vuelven “amarillento/ el café de la tarde”.
“Corte de café” me ha parecido, desde que lo leí, un inspiradísimo guion de cine –la palabra corte, incluso, es de estirpe cinematográfica– que no debe ser filmado, porque la película exacta trascurre ante los ojos que leen los siete fragmentos que lo componen, donde son personajes estelares “El cafetal La sombra La serpiente” y las manos que siembran, podan, cortan, despulpan, lavan, cuidan, doran, muelen el café, para que llegue hasta nosotros “Exquisito/ y amargo”.
El poema es y será parte siempre de Ojo de jaguar, de 1982, el primer libro de Efraín, aunque la edición que presentamos hoy es un libro de artista de Berenice Torres (Ediciones Oropéndola. Coatepec, Veracruz. México, 2019), con 15 grabados, con páginas y envoltura de papel nepalés, con una cubierta hecha de papel artesanal con residuos de café, producido por Museo Vivo de Papel, de La Ceiba Gráfica, con un tiraje de 17 ejemplares numerados y firmados por Efraín Bartolomé y Berenice Torres.
Cada ejemplar va en un contenedor hecho con tablillas de cafeto.
Es decir, esta edición está hecha para poner en un trono alusivo al poema, los versos, como una nueva cosecha, un corte magnífico.
Se le ha puesto en una envoltura artística, bella, cuidada.
Por supuesto, el poema “Corte de café” sigue siendo el rey, pero está vestido majestuosamente.

[Texto leído por el autor en la presentación hecha el 28 de febrero de 2025, en la Cafetería Totico. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com