Polvo del camino. 282. Cinco historias, 48 palabras. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.

Polvo del caminos 282

Cinco historias, 48 palabras
Héctor Cortés Mandujano

Hay muchas formas de escribir una oración. Decidí jugar con cinco maneras de hacerlo y usar las mismas 48 palabras para contar varias historias o una, con una quinteta de variantes. Aquí están. Se las dedico a mi mujer. Ella sabe por qué.


Ellos juegan ajedrez

Ella pide aprender. Él ofrece enseñar.
Se encuentran.
Frente al tablero, ella habla, pregunta, coquetea.
Intenta ella aprender el juego.
Ella toma su mano, él acerca su rostro.
Se besan. Son novios. Se casan.
Pasa el tiempo
Ella nada sabe de ajedrez.
Ni le interesa.

Ellos ajedrez juegan

Él ofrece enseñar. Ella pide aprender.
Se encuentran.
Ella coquetea, habla, pregunta, frente al tablero.
Intenta ella aprender el juego.
Él toma su mano, ella acerca su rostro.
Se cazan, se besan.
Pasa el tiempo.
Él nada sabe de ajedrez. Ni le interesa.
Son novios.

Juegan ajedrez ellos

Se encuentran.
Ella habla, pregunta; frente al tablero, coquetea.
Enseñar él ofrece. Intenta aprender ella el juego.
El tiempo pasa.
Se besan. Quiere aprender ella.
Él toma su mano, acerca su rostro ella.
Son novios.
Nada sabe de ajedrez él. Ni le interesa.
Se casan.

Juegan ellos ajedrez

Son novios.
Él toma su mano, acerca ella su rostro.
Se besan. Se casan. El tiempo pasa.
Él nada sabe de ajedrez. Ni le interesa.
Quiere aprender ella.

Se encuentran.
Él ofrece enseñar.
Ella coquetea frente al tablero; habla, pregunta.
Intenta aprender, ella, el juego.

Ajedros ezellga juen

Juego ella aprender intenta el.
Enseñar ofrece él. Encuentran se.
Ella aprender quiere.
Coquetea frente ella; habla, pregunta tablero al.
Toma mano su él; acerca ella rostro su.
Pasa tiempo el.
Ni interesa le. Ajedrez nada él de sabe.
Novios se. Casan se.
Besan son.
     
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 281. El mar y la oscuridad. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 281

El mar y la oscuridad
Héctor Cortés Mandujano

El otoño recorre las islas (SEP-Era, 1985), de José Carlos Becerra, contiene todos los poemas que escribió este poeta tabasqueño antes del accidente que, en Brindisi, Italia, lo llevó a la muerte.
El libro agrega varios textos más. En uno de ellos, Becerra entrevista al gran Carlos Pellicer y éste le dice (p. 273): “El primer acontecimiento importante de mi vida fue cuando yo tenía cinco años: mi madre me llevó por primera vez al mar”.
Curiosamente, yo también fui con mi madre por primera vez al mar cuando tendría quizás seis años. No recuerdo los detalles de ese raro viaje que hicimos en un autobús donde iban (lo intuyo en realidad) padres y madres de familia, niñas y niños de mi escuela rural. No sé cuál fue la razón de ir al mar ni cómo mi mamá (que a veces tenía una timidez enfermiza, que yo aprendí y reproduje durante un tiempo) decidió ir conmigo.
Nunca he sido muy amiguero, de modo que no recuerdo a nadie de mi salón ni de mi escuela; a nadie del pueblo. Ni idea de quién y cómo era el chofer.
No hay en mi memoria nada del camino, ni siquiera de mi primer encuentro con aquel vasto universo líquido. Es curioso que incluso de mi mamá recuerde tan poco. ¿Cómo iba vestida, cómo era físicamente en ese entonces? En una clase de neurociencias, en la Universidad Veracruzana, nos pidieron que comentáramos algo de nuestra infancia que nos hubiera dado felicidad y sin pensarlo mucho yo recordé ese viaje y lo conté como algo fabuloso. Mi sorpresa fue que en cierto momento se me quebró la voz. Fue un instante. Me sonreí y seguí contando ya sin melodrama, divertido, porque de lo que se trataba era de recordar más bien las impresiones no los hechos.
Como suelo darle vueltas a mis emociones (y de eso iba el curso), me di cuenta de que ese fue el único viaje nuevo, largo, sorpresivo, al que fui a solas con mi madre. ¿Y por qué lo he olvidado casi todo? No sé.
Sin embargo, hay algo que se me quedó grabado y es lo que conté en nuestra sesión universitaria: mi mamá y yo íbamos caminando por la playa y de pronto, no sé quién fue el primero en hacerlo, hallamos una moneda, y luego otra y otra. Fue una sensación exultante. Hallar dinero tirado se me hacía como un cuento de Las mil y una noches que ya había empezado a leer o ya me habían contado.
Le pregunté algo así como:
—Mamá, ¿esto es un tesoro?
—Sí –me dijo–, aquí cerca se debe de haber hundido un barco y el mar está sacando el dinero que la gente llevaba.
—¿Y qué le pasó a la gente?
—Se ahogó.
No sé qué le hicimos a las monedas, en qué las gastamos. Tampoco sé cuánto tiempo estuvimos en el mar y a qué oscuridad se fueron los recuerdos que me trajo el recuerdo de Carlos Pellicer…
     
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 280. Margie Bermejo: Clavar los dientes. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

      Polvo del camino/ 280

Apuntes de oído/ 22

Margie Bermejo: Clavar los dientes
Héctor Cortés Mandujano

Los compositores son Arturo Márquez, ese gran músico, y la propia cantante Margie Bermejo. La canción es muy creativa en música y letra, y barre la idea de usar la palabra zorra como insulto a una mujer.
Margie Bermejo nació en Argentina, en 1953, y llegó muy pequeña a México, donde, de adolescente, fue corista de cantantes comerciales de éxito. Su primer disco, Las cosas sencillas, en 1979, la presentó como una mujer de ideas y búsquedas, que luego se movió hacia al jazz (Morir amando, La eterna desventura de vivir, Agua en la boca…). Su discografía tiene un cuidado repertorio y mucha gana y talento para explorar nuevas posibilidades del canto. En su exploración artística grabó incluso, con Dmitri Dudin, pianista y compositor de altos vuelos, una cantata (Ofrenda del tiempo) basada en “Piedra de sol”, de Octavio Paz.
“La zorra” (del álbum Mamacita del Mayab, 2000) inicia con un arreglo muy teatral, con la sabia mano de Márquez, como el presagio de algo que aparecerá pronto, hasta que se oye la voz ronca, temperamental, llena de matices de Margie Bermejo: “La ciudad nos aguarda, nuestros cuerpos están calientes, en el día se forma un calambre de impotencia; en las nubes, en el pavimento”.
Creo que la primera vez que oí esta canción -no estoy muy seguro, y ya no tengo el LP como para verificarlo- fue en otro álbum de Margie: Vox Urbi, de 1989, un buen bocado para la puesta en escena y el arte musical e interpretativo, porque la cantante también es actriz (estudió con José Luis Ibáñez y con Héctor Mendoza).
La primera parte de “La zorra” es hacia afuera, hacia el contexto: “la ciudad me enamora […] vidrios rotos, cabezas despeinadas, el filo del cuchillo, los viejos en las plazas”.
El arreglo maravilloso lo envuelve todo, con una tensión especial en el puente y es la voz de Margie quien de nuevo desliza sus palabras a nuestro oído y ya no habla de la ciudad de afuera, sino de lo que la puebla por dentro: “Amo ciertos silencios, a las moscas en la cocina, a los que llevan la botella en el bolsillo; los que hablan solos frente a un espejo, las mujeres que han vivido, que han vivido a piedra y agua. Amo a aquellas mujeres que aprenden con los dientes, la lengua, con los dedos y con los apetitos de la mente”.
Sin duda, la gran frase de esta canción viene casi al final y me parece una definición frontal y valiente: “Amo el ahora y le clavo los dientes, como una zorra hambrienta”.
Luego Margie juega con su voz: grita, gime, hace un coro más bien de jazz con las dos sílabas: zo-rra. El arreglo, la música, la sigue con agilidad en los tumbos, los remansos, los géiseres, en los sorpresivos meandros de esta canción río…
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 279. Árboles y dioses, 2. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.

       Polvo del camino/ 279

Árboles y dioses
(Segunda de dos partes)
Héctor Cortés Mandujano

Allá adentro, en mi frente,
el árbol habla.
Acércate, ¿lo oyes?

Octavio Paz,
en “Árbol adentro”

Seguimos con La rama dorada, de James Frazer.
La idea de hombres dioses es primitiva; sin embargo, permeó y permea aún en las nuevas épocas. Los dioses encarnan en hombres. En algunas sociedades, se necesita que el mago o el sacerdote beba sangre para ser poseído por un dios; en otras basta usar un árbol sagrado o una planta.
En algunas comunidades hubo dioses humanos elegidos por creer que podían curar o matar a voluntad. Ningún lugar más prolífico en hombres dioses como la India. Del lechero al rey, cualquiera puede ser un dios encarnado.
No sólo allí. “Montano el Frigio proclamó ser él mismo la encarnación de la Trinidad, uniendo en su sola persona a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo”.
En 1830 apareció en EUA un hombre que declaró ser el hijo de Dios; aseguró que si la humanidad no cambiaba haría pedazos el mundo. Un alemán le pidió que hablara en su lengua., porque no entendía inglés. Y el “salvador” dijo que no sabía alemán. Un hijo de Dios sabe todos los idiomas, le dijeron, y se burlaron de él.
Los tibetanos saben que el alma de los grandes lamas, cuando mueren, trasmigran a un niño. Lo buscan y se prosternan ante él. En África hay reyes de la lluvia; si no cumplen su función, les abren la panza (allí llevan la lluvia, se supone) o los apedrean.
En Camboya hay reyes de fuego y agua. Llevan sendas espadas. Si las sacan un poco, hay quemazones e inundaciones; si las sacaran completas, el mundo acabaría.
Hay bosques y árboles sagrados. En ciertos pueblos se cobraba vida por vida. Si un hombre tiraba-mataba un árbol, era muerto. El árbol gigante grita cuando cae.
En los árboles, creen en la India, hay machos y hembras. Hay celebraciones en distintas partes del mundo donde hombres se disfrazan del rey árbol y los niños del rey hoja. Las mujeres son flores. Esa costumbre se da aún en lugares, como Chiapas, donde se elige a una muchacha como “la flor más bella del ejido”.
En homenaje a los dioses forestales, dice James, se hacen ofrendas con hojas, flores y frutos colgados en un palo, que en Chiapas, con el nombre de somé, sigue siendo práctica cotidiana…
[Cuando siga leyendo este libro infinito, les seguiré contando.]
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 278. Árboles y dioses, 1. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                  Polvo del camino/ 278

Árboles y dioses
(Primera de dos partes)
Héctor Cortés Mandujano

Hace tiempo, en uno de mis lectores electrónicos, comencé a leer el enormísimo libro La rama dorada, de James George Frazer (1854-1941), que en 1890 apareció con dos volúmenes, en 1900 con tres, en 1906-1915 con 12 y en 1936 con 13.
En abril de 1922, Lady Frazer se dispuso a crear una versión abreviada, con ayuda de James. La versión que leo tiene las adiciones de esta última. [Dejé de leer el libro, no sé cuándo ni por qué, pero encontré una libreta donde hice a mano estos apuntes, que comparto contigo lector, lectora.]
Escribe en el libro I, “El rey del bosque”, sobre la sucesión al sacerdocio de Diana Nemorensis (Diana del bosque, Diana la cazadora). Alrededor de cierto árbol, una figura siniestra rondaba: un sacerdote con una espada desenvainada. Sabía que para relevarlo de su cargo, cuidar del árbol, habían que matarlo. No podía dormir ni relajarse. Esta idea la instituyó Orestes (de quien Esquilo escribió una trilogía de tragedias) y ese sacerdote cuidaba que nadie se acercara al árbol, al que no se le podía cortar ni una rama: “La rama fatal era la rama dorada que Eneas, aconsejado por la sibila, arrancó antes de intentar la peligrosa jornada a la Mansión de los Muertos” (y aquí este texto entronca con La Eneida, de Virgilio.)
También hay una leyenda sobre que este sacerdocio lo instituyó Hipólito ( Eurípides cuenta su historia trágica): Diana lo volvió a la vida como un viejo y lo pone allí. Él, en agradecimiento, le hace ese santuario.
Diana, en esta idea, era el árbol y sus cuidadores dedicaban la vida a ella. “La costumbre de desposar físicamente a árboles con hombres o mujeres se practica todavía en la India y otras partes del Oriente”. Los árboles por eso, porque son humanos, son informantes: “Hay maridos que pueden saber si sus mujeres le son infieles, por ciertos nudos en los árboles; se cuenta que, en tiempos pasados, muchas mujeres fueron muertas por su marido celoso sin más evidencia que la de estos nudos”.
El libro hace digresiones y se mete en otros temas. Por ejemplo, cuenta que la razón para invocar a las ratas y darles los dientes de leche de los niños es que “según los nativos los dientes de rata son los más fuertes que se conocen”.
“Plinio nos cuenta que si se ha herido a un hombre y se está apenado por ello, no hay más que escupirse en la mano heridora y el paciente se sentirá instantáneamente aliviado”.
Dice James que dicen en la India: “Todo el universo está subordinado a los dioses; los dioses están obligados a los conjuros (mantras); los conjuros a los brahmanes; por consiguiente, los brahmanes son nuestros dioses”.
La religión, la magia y la ciencia, por distintos caminos, creen que se puede modificar el orden natural de las cosas; la muerte, por ejemplo. Con el avance de la religión, la magia se vuelve un arte tenebroso. La religión es para los píos y cultos; la magia, refugio de supersticiosos e ignorantes.
       
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 277. Viajar a pie y leer. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                          
Polvo del camino/ 277
Viajar a pie y leer
Héctor Cortés Mandujano

Werner Herzog (Múnich, Alemania, 1942) hizo una película, en 2019, sobre un negocio japonés llamado Family Romance. La cinta se llama igual, con el agregado de LLC, para implicar la idea de empresa.
El actor principal, Yuichi Ishii, es el director de la compañía, pero aquí interpreta un personaje que tiene mucho parecido con la realidad, pues Family Romance, su empresa, tiene como objetivo alquilar personas sustitutas (un hijo, un hermano, una esposa, un marido, etcétera), contratadas ex profeso y con información esencial que el propio contratante proporciona.
En la cinta de Herzog alquilan para una boda a un padre, ya que el real es alcohólico y podría echar a perder la celebración; una mujer alquila a varios fotógrafos y a un camarógrafo para que la sigan por las calles, como si ella fuera una celebridad, aunque la historia principal es sobre Yuichi Ishi, quien finge ser el padre de una adolescente, cuyo progenitor se fue de su vida cuando ella era una niña de, creo, tres años. El problema surge por las implicaciones sentimentales de la madre y la jovencita con el profesional contratado.
Herzog aparece antes de la película explicando cómo partió de la realidad para hacer su ficción y al final, en una charla, donde habla de que es tal la soledad en la que vivimos, que se ha hecho un negocio alquilar a una persona para que finja lo que no es. No se hace prostitución, porque está prohibido, incluso, tener una implicación personal con el cliente. Se finge, pero no se debe querer al o la contratante.
Herzog también se dice sorprendido por algo que filma: un hotel robotizado, en Japón, donde quienes atienden son robots, que fingen ser personas; el hotel tiene también, para entretener a los clientes, una pecera con peces robóticos. Son preciosos.
Lo otro que me llamó la atención fue que, al volverse conocido, la prensa pidió a Yuichi que les diera el nombre de alguien que hubiera sido su cliente para entrevistarlo; Yuichi dio nombre y dirección de una persona a quien contrató para que fingiera ser el cliente que los periodistas querían entrevistar. Nadie se dio cuenta de la sustitución. Ah, maravilla.
Dos preguntas a Herzog me parecieron muy interesantes. La primera fue cómo notar la diferencia entre la ficción y la realidad en nuestra vida. Su respuesta incluyó una referencia a los mexicanos. “La pura vida -dijo y cito de memoria-, como dicen en México, se siente en dos actividades: viajar a pie y leer un libro”.
La segunda fue que si contratara a alguien para qué lo querría. Dijo Herzog que vive en Los Ángeles y no puede hablar su idioma natal. “Contrataría a alguien que hablara Bávaro y jugaría salvajemente futbol con él, para decir groserías en mi lengua”.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 276. La versión de Jaime. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                           Polvo del camino/ 276

Dos versiones, y 2
La versión de Jaime
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

—Yo vivo en New York desde hace mucho y no pienso irme a vivir a ningún otro lugar. De aquí era mi papá. Viví de niño y hasta los, no sé, 19-20 años en México. Desde muy chavo empecé con las drogas y conforme fue pasando el tiempo me volví más adicto.
Según yo era funcional, pero poco a poco me fui dando cuenta de que no, de que cada vez mi vida estaba más fuera de control.
Comencé a vivir con Anne –quien también es drogadicta– no sé cuándo. Sobrevivíamos con cierta soltura económica, porque ella tiene un hermano que administra los bienes de sus padres y le da una mensualidad. Yo soy dueño de mi depa y hago dibujos de los monstruos que me acompañaron siempre en mis alucines. Los vendo en las redes sociales, por eso estoy atento a quienes me escriben. No me va mal. Tal vez allí me contactó la muchacha de la que me hablas.
Ocurrieron dos cosas hace poco, que quizás tienen que ver con los hechos que te interesan. El primero fue que, aunque ya lo había intentado varias veces, esta vez sí me propuse hacerlo en serio: dejar las drogas. Esa fue una especie de fuerte ruptura con Anne, quien se lo tomó personal, como si al rechazar las drogas la estuviera rechazando a ella. La segunda fue que Anne iba a irse dos semanas a un viaje planeado, que se canceló. El día que se supone ya no estaría ella aquí, yo estaba un poco descontrolado por la falta de drogas (un médico me estaba ayudando y tomaba ciertos medicamentos) y recibí en mi cel la foto de una chava que parecía estar parada frente a mi casa. Traía una maleta. Abrí y ella se me echó en los brazos. Anne pensó que era un plan; como ella se habría ido (si no se hubiera cancelado el viaje), yo había traído a una amante con todo y equipaje. Era violenta y estaba desbordada, fuera de sí.
La chava, que quién sabe quién era, se fue. También Anne.
Me pareció una posibilidad de dejar a Anne y se lo planteé por teléfono. Llegó hecha una furia por sus cosas. La chava de la maleta, Irene, hasta allí me fijé en su nombre, me escribió disculpándose (en realidad ella no tenía culpa), y yo revisé lo que nos habíamos escrito antes. Ahí me di cuenta que yo la había invitado.
Anne ya no estaba, así que le dije que podía venir a pasarse conmigo unos días. Como comprenderás, yo no estaba para citas románticas; la invité porque me ayudaba con la soledad y venía de un país lejano. Vino, nos tomamos un par de copas, creo; Anne, recuerdo vagamente, volvió a aparecerse (seguro estaba vigilando, en la calle) y yo sentí que el alcohol me ponía mal. Anne nomás estuvo el ratito que nos insultó y se volvió a ir. Irene también, después, desapareció unos momentos; me dijo algo que no entendí y se fue. Lo demás son retazos de memoria. Irene desnuda. Irene besándome. Irene desnudándome. Yo desnudo. Irene encima de mí. Irene diciéndome cosas al oído. Los pechos de Irene, su cabello sobre mi cara. Irene acariciándome, tratando de excitarme… No recuerdo siquiera si tuve alguna erección.
Desperté desnudo, al otro día, en uno de los sillones de mi sala. Mucho más tarde, cuando me hicieron efecto unas pastillas maravillosas que me recetó mi médico, traté de hablar con Irene para saber qué había pasado y descubrí que me había bloqueado. Qué hacer… Esos días para mí son parte de la pesadilla de la que, gracias a mi fuerza de voluntad y a la mucha gente que me ayuda, estoy dejando atrás…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 275. La versión de Irene. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.

             Polvo del camino/ 275

Dos versiones, 1
La versión de Irene
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

—Conocí a Jaime… No, me fijé en él (tal vez ya lo ha había visto sin ver) cuando yo estaba por cumplir 12 años. Estudiábamos en el mismo colegio multigrado –de kínder a prepa–; yo estaba en sexto de primaria y él en tercero de preparatoria. Sin duda, comenzaba a sentir atracción por los niños y lo vi salir de los vestidores sólo con un short ceñido y descalzo. Me pareció precioso. Los pechos, las piernas, los brazos musculosos; su risa de dientes perfectos. Soñé con él esa noche.
A partir de entonces lo buscaba, trataba de verlo y mientras más lo veía, más me gustaba. Creo que la única vez que él me vio fue cuando me pinté los labios, me le acerqué y lo vi con toda la coquetería que podía contener mi cuerpo. Me sonrió y yo quedé feliz por muchos días, nada más de recordarlo. Yo era su fan. Nada en el mundo me interesaba, sólo él.
Pasó el tiempo. Él se fue del país y yo me quedé. Descubrí en las redes sociales su nombre y le escribí, me respondió y empezamos a ser amigos. Al poco tiempo nos coqueteábamos. No le dije que ya nos conocíamos.
Por azares del destino, cuando yo tendría unos 27 años me surgió la oportunidad de viajar a New York. Le pregunté si podíamos vernos (él vivía allá), en el caso de que fuera, y me dijo que incluso podía quedarme en su departamento. No me creyó que fuera ni yo se lo aseguré. Era nomás una charla en el celular.
Llegué a la ciudad, tomé un taxi y cuando estaba frente a su puerta me tomé una selfi y se la envié. Abrió la puerta. Nos abrazamos. Entré y su mujer (no sabía que vivía con alguien) se puso de lo peor. Me dijo horrores. Jaime trató de disculparla y yo me salí, tomé mi maleta (iba dispuesta a quedarme con él) y me fui a un hotel cercano. Él me llamó al día siguiente, por la tarde, y me dijo que su pareja había dejado el depa, que ya no iba a regresar.
—Se llevó casi todas sus cosas, y hoy en la noche vendrá por el resto; si quieres –me dijo–, mañana vente para acá.
Fui. Me contó que ya estaban en lo último de su relación, que nada más faltaba la gota, ésa, la mía, para rebalsar el vaso. Le conté lo de mi enamoramiento infantil y nos besamos. Llegó de nuevo su chava (tocó, ya no tenía llave) e hizo un escándalo, le gritó y me gritó. Ninguno de los dos le dijo algo. Se fue. “Ahora sí para siempre”, dijo ella y él le dijo que qué bueno.
Luego del momento incómodo, tomamos dos copas de vino. Después me ofreció algo más… No sé si me entiendas, yo iba a consumar mi ilusión infantil, a volver realidad mi primer sueño erótico. Le pedí que me esperara unos momentos. Me di una ducha, me puse una batita atrevida (me quité la ropa interior) y salí para hacer lo mío, para hacerlo mío, para asir lo mío.
Nos abrazamos, nos besamos, lo desnudé, lo cabalgué. Lo hicimos tres veces y ya, nunca más lo volví a ver. Lo borré de mis contactos. Lo cierto es que acostarme con él no resultó ni muy bueno ni muy placentero. Evidentemente, Jaime no era responsable de mis expectativas. Yo iba a buscar la gloria y él sólo me hizo una faena básica. La realidad nunca estará a la altura de nuestros sueños.
                           
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.
Ilustración: Verónica Ordaz Trujillo.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 274. Matar a las abuelas. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

                                         
       Polvo del camino/ 274

Matar a las abuelas
Héctor Cortés Mandujano

En alta mar el agua es azul como los pétalos
de la más hermosa centaura

Hans Christian Andersen,
en “La sirenita”

He leído a Hans Christian Andersen no como un escritor de historias infantiles, sino simplemente como un escritor. Me gustan sus historias, incluso las infantiles. Por eso me compré, en una edición muy cuidada, La sirenita y otras historias (RBA Coleccionables, 2022). He hablado de su vida y de varios libros suyos en distintas columnas anteriores. No me repetiré, espero.
Me gustan los personajes que no se pueden ver, como “El elfo del rosal” (p. 117): “En el centro del jardín crecía un rosal cuajado de rosas, y en una de ellas, la más hermosa de todas, habitaba un elfo tan pequeñín que ningún ojo humano podía distinguirlo”.
“La aguja de zurcir” es hermana gemela de “El famoso cohete”, de Oscar Wilde. La aguja, en este caso, como el cohete, es muy vanidosa y también muy optimista. Le pasan cosas terribles y ella las transforma en maravillas. Es muy insignificante, pero cree que sin ella el universo se detendría. Está como basura en la corriente del agua y piensa (p. 158): “De tan fina que soy casi creería que nací de un rayo de sol. Tengo la impresión de que el sol me busca siempre debajo del agua. Soy tan sutil que ni mi padre me encuentra. Si no me hubiese roto el ojo, creo que lloraría; pero no, no es distinguido llorar”.
“Colás el chico y Colás el grande” es un cuento salvaje, donde se tortura y se mata sin subterfugios. Colás el grande envidia al chico y quiere matarlo. Va a buscarlo a su casa y éste pone a su abuela en su lugar, en la cama; el grande llega y le da un hachazo en mitad de la frente; el chico lleva al cadáver hasta una posada y hace creer al posadero que él, el posadero, la mató, y le cobra por haberlo hecho.
Regresa y Colás el grande le pregunta de dónde sacó tanto dinero (el posadero le dio una fortuna para que no lo acusara de la muerte de la abuela) y cómo hizo para no morir si él le dio un hachazo (p. 241):
“—No me mataste a mí, sino a mi abuela –replicó Colás el chico–. He vendido el cadáver y me han dado por él una fanega de dinero.
“—¡Qué bien te lo han pagado! –exclamó el otro, y, corriendo a su casa, cogió el hacha, mató a su abuela y, cargándola en el carro, la condujo a la ciudad, donde residía el boticario, al cual preguntó si le compraría un muerto”.
En “La Dríade” afirma Hans (p. 217): “Sí, nos ha tocado vivir en la época de los cuentos de hadas”. Claro, porque en ellos se engaña, se castiga y se mata gratuitamente.
Por cierto, no siempre les va muy bien a las abuelas en algunos cuentos infantiles. En La maravillosa medicina de Jorge (1981), de Roald Dahl, que leo en uno de mis lectores electrónicos, así es descrita la abuela (p. 7): “Jorge no podía evitar que le desagradara su abuela. Era una vieja egoísta y regañona. Tenía los dientes marrón claro y una boca pequeña y fruncida, como el trasero de un perro”. No la mata. Con su medicina maravillosa la desaparece para siempre.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 273. Desnudez andrógina. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

                                         
        Polvo del camino/ 273

Desnudez andrógina
Héctor Cortés Mandujano

De todo corazón,
siempre he detestado las citas y los epígrafes

Efraín Huerta

Transa poética (Era, 1980), de Efraín Huerta, es un libro escrito por alguien que jugaba con las palabras y hacía con ellas malabares y maravillas. En poemas que parecen no tomarse en serio hay líneas profundas y en poemas serios hay un dejo de burla. El título, por eso, es santo y seña del autor.
Dice en “Donde la locura…”, su prólogo (p. 9): “Ya dije alguna vez que me complace de manera formal ser un desordenado y un antipoético por excelencia. Es que, la verdad, nunca le pedí permiso a nadie para escribir lo que malamente escribí”.
Escribe en “La rosa primitiva” (p. 27): “Ama con sencillez, como si nada./ Sé dueño de tu infierno, propietario absoluto/ de tu deseo y tus ansias, de tu salud y tus odios./ Fabrícate, en secreto, una ciudad sagrada”.
De “Sandra sólo habla en líneas generales” es este verso que parece uno de sus poemínimos y se refiere a la susodicha (p. 40): “Lo virginal no quita lo caliente”. Me encantan las líneas inexplicables de ciertos poemas. En “El encarnizado” está ésta (p. 41): “La desnudez andrógina de las doce del día”.
Va en un autobús y describe su viaje en “Juárez-Loreto” (p. 47): “La del piernón bruto me rebasó por la derecha;/ rozóme las regiones sagradas”; enumera sus cualidades físicas y resume: “Es un jazmín angelical, maligno,/ arrancado del zarzal en ruinas”, y luego se define: “como amante siempre he sido pan comido”. El largo poema muestra su facilidad de enamoramiento (p. 49): “Adoro tu nalga derecha, tu pantorrilla izquierda,/ tus muslos enteritos, lo adivinable y calientito, tus/ pechos pachones/ y tu indigno, antideportivo comportamiento”.
En “Protestas y rendimientos” pide (p. 93): “Necesito tiempo para chillar mi protesta./ Necesito una hora de pavor para rendirme./ (Que haya una amante más,/ ¿qué importa al mundo?)”. Y más adelante, emulando el lenguaje militar: “labios en ejercicio (de frente: ¡besen!)”.
Está con sus amigos en una cantina en “Barbas para desatar la lujuria” y se refiere a Sabines y Pacheco (p. 100): “ahora llega Jaime con ojos de tigre/ ojos de dios en celo tumba tarumba tum/ dios tzotzil jaimebundo/ pérezjoloteando ginebra ron poemas”, y “pa traducir a Baudelaire aquí estoy yo/ musitó José Emilio”.
En su “Manifiesto nalgaísta/ Aleluya cocodrilos sexuales aleluya” se cuestiona, a propósito de un título famoso en aquellos años (p. 106): “Soy acaso el hijo de Sánchez de la poesía”. Sabe además, perfectamente, cómo es su país y así lo expresa en el final de “Amor, patria mía”, que es también el final de este libro breve e intenso (p. 132): “la temerosa y vibrante/ llanura de sombras que es/ nuestra patria”.

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com