Polvo del camino. 292. Yo quise más, no había fin. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.

Polvo del camino/ 292

Apuntes de oído/ 23

Yo quise más, no había fin
Héctor Cortés Mandujano

Charly García (Buenos Aires, Argentina, 1951) es autor de una colección de canciones que han acompañado la vida de mucha gente de Latinoamérica; entre ellas, la mía. Durante años fue tal vez la figura más visible del fenómeno comercial conocido como Rock en tu idioma y fue cayendo su estrella conforme envejecía y no cesaba de meterse todas las drogas posibles al cuerpo, de tener problemas legales e internamientos incluso a clínicas psiquiátricas. Se le empezó a conocer más por escándalos, que por nuevas propuestas musicales. Sigue vivo, por fortuna.
Suele o solía ser profundo en sus letras, hasta en las que ha desgastado la repetición del éxito: “No voy en tren, voy en avión, no necesito a nadie a mi alrededor” es una alusión a su modo veloz de transitar por el mundo con respecto a los ñoños que, como yo, vamos a otro paso, y que a veces para vivir necesitamos compañía; y así, en su producción (hizo una cuarentena de discos) hay rastros de un pensamiento que no se entretiene tanto, como muchos, en la superficialidad. Ejemplos podrían ser “Los dinosaurios” (elegante y clara alusión a la dictadura, al poder que se ejerce con brutalidad), “Nos siguen pegando abajo” (sobre la moral que vigila las entrepiernas de la gente), “Cerca de la revolución” (cómo cambia la sociedad, cómo cambia el amor), “Promesas en el bidet” (sobre la fugacidad de los sentimientos)…
Sorpresivamente, en 2024, a los más de 70, estrenó un disco donde la voz es una lástima y la música no ha cambiado: La lógica del escorpión.
Pero una de mis favoritas la compuso y la canta al alimón con Pedro Aznar. Se llama “Tu amor” y es parte del disco Tango 4, de 1991.
Empieza con ideas en todo lo alto: “Yo quise el fin y había más,/ yo quise más, no había fin”, que lo mismo puede referirse a la inteligencia, la estupidez, el amor, las drogas…
Durante un tiempo, en momentos de cercano melodrama, su estribillo me hacía sentir acompañado, porque yo comparto con él esta visión de las cosas: “No voy a llorar si nadie me acompaña, no voy a dejar un camino sin andar”…
Es curioso cómo una canción breve puede contener ideas que, en otros formatos, necesitarían mucho más espacio para desarrollarse, muchas más palabras: “Aunque sea el fin del amor,/ yo he visto el fin del disfraz./ Yo quiero el fin del dolor/ pero no hay fin, siempre hay más”. Ah, la vida y lo que llamamos amor.
Sus certezas separan lo que, aunque existe fuera de nosotros, decidimos meternos como instrumentos de tortura. Y son ciertas, si tú las crees. O falsas: “No existe sombra, no existe culpa, no existe cruz”. Y a estas aseveraciones les clava una estaca en el corazón: “No voy a esperar que el destino hable por mí”.
No sé si estoy tan de acuerdo, en cambio, con que la salvación se logre a través de la presencia de otra persona (¿o se referirá al amor por uno mismo? No estaría mal). Pero esto es una canción, no un tratado filosófico: “Yo tuve el fin y era más./ Yo tuve más y era el fin./ Yo tuve el mundo a mis pies/ y no era nada sin ti./ Crucé la línea final por tu amor…”.
Me hubiera gustado que la canción se resolviera sin el ingrediente romántico. ¿Qué la vamos a hacer? El romanticismo sigue siendo un buen negocio…

Ilustración: Camilo Herrera Cortés.
Ilustración: Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 291. Alicia, otra vez. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 291

Alicia, otra vez
Héctor Cortés Mandujano

¿Quién diablos soy? ¡Ah, ese es el gran enigma!

Lewis Carroll,
en Alicia en el país de las maravillas

¿Cuántas veces he leído Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll? No menos de diez. Tengo más o menos esa cantidad de ediciones y las he leído todas, además de una larguísima, anotada, en mi lector electrónico.
La leo una vez más, en una bella edición (RBA Coleccionables, 2022) que retoma la publicada en 1932 (para celebrar el centenario del nacimiento de Carroll), con ilustraciones bellísimas de Gwynedd M. Hudson, y no resisto la tentación de compartir contigo, lector, lectora, algunas de sus muchas gracias.
El país al que llega Alicia la hace crecer o empequeñecerse constantemente. En uno de sus crecimientos, se le estira tanto el cuello que una paloma la confunde con una serpiente y trata de ahuyentarla, porque tiene temor fundado de que se coma los huevos que está empollando. Alicia le hace ver que no es una serpiente, sino una niña (p. 75), “pero las niñas comen huevos, igual que las serpientes”.
“—No me lo creo –dijo la paloma–; pero, mira, si lo hacen, es porque son un tipo de serpientes: he dicho”.

Alicia también platica con el gato de Cheshire. Le dice (p. 90): “¿Podrías decirme, por favor, qué camino he de tomar para salir de aquí?”
El gato contesta: ”Depende mucho del punto adonde quieras ir”.
“—Me da igual adónde –dijo Alicia.”
“—Entonces no importa qué camino sigas –dijo el Gato.”

La falsa tortuga le cuenta de lo que estudiaba (p. 138): “Veíamos la lengua, con o sin taxis, y gramática parda, y luego, las distintas ramas de la aritmética: ambición, distracción, multicomplicación y diversión”.

El Rey dice a la Reina (p. 176): “Que yo sepa, querida, tú nunca has tenido accesos de ira”.
“—¡Nunca! –dijo la Reina, arrojando con furia un tintero a la lagartija”.

A través de los años –la primera vez que lo leí era un niño– este libro ha sido para mí como una fruta deliciosa, como un papalote en el cielo, como mirar la luna en una noche mágica…

Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 290. Les toca a ustedes/ II. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.


Polvo del camino/ 290

Les toca a ustedes/ II
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]


Febrero 2025

Enrique García Cuéllar: “De repente me da por hacer palíndromas. Esas líneas que pueden leerse igual de izquierda a derecha que en un sentido inverso. A mi amigo Héctor Cortés Mandujano le compuse uno, que se basa en la hipótesis de que a este destacado intelectual de Chiapas, no le interesan las conversaciones insulsas. Me imaginé que le sonaban a rap. Es decir, la conversación hueca ‘Para Cortés se troca rap’. Ensaye usted a hacer palíndromas. Es divertido”.
Sobre Casa de citas 729, “Jean-Paul y Simone, 2”. Luis Daniel Pulido: “Gracias, amigo. Ya las comparto. Me noqueó esta frase: ‘Los seres sin conciencia y sin virtud necesitan pesadas cadenas’. Trastoca muchas cosas. ¡Abrazos!”.
Sobre Polvo del camino 265, “¿A dónde va lo común, lo de todos los días?”. Luis Antonio Rincón: “Buenas tardes, Héctor. Espero estés muy bien. Me gustó mucho Polvo del camino 265. Sólo te lo quería contar. Me despido. Tengo una cita de última hora con Silvio Rodríguez. Por supuesto, lo primero que le pediré cantar (vía YouTube) será ‘A dónde van’. Abrazos”. Jaime Ruiz: “¿A dónde se fueron esos días que compartimos? Creo que nunca se han ido. Han de andar por ahí, hay que traerlos de regreso con un buen café, antes de que nos cafetiemos”.
Adela Lagos: “Gracias por todos tus escritos dominicales”. Tania Corzo: “Los domingos me levanto bastante tarde y ya con mi cafecito leo tus columnas, es un placer”.
Alejandro Nudding: “Querido Hectorito. Escribir me muestra el oficio que realizas... una especie de alquimia de símbolos. Me hace pensar que nadie (excepto el poeta) y algún escritor (vos) aprenden el orden para expresar lo que se ve, lo que se experimenta, lo que no se ve, lo que no se experimenta. Ahora entiendo el por qué de los silencios de los sabios. Ahora sé que tu último libro es igual al primero, con un orden diferente (pero con el mismo fin). Decir que te admiro me hace pensar en lo que quiero decir (me maravillo). Gracias, Hectorito”.
Isaac Otero, de nueve años, pide a su mamá que me envié la tarea que hizo en versos. Quiere saber mi opinión. Isaac es un niño inteligente, serio y talentoso. Le digo que no tengo ninguna crítica negativa sobre sus versos rimados en perfectas consonantes, sólo felicitaciones. Esto escribió: “La vida es como un juego de mesa, en algún momento se va a acabar. Un tiburón podría atacarte de sorpresa o quizá un asesino te podría disparar”.
Sobre Casa de citas 730, “Neruda”, escribe Sharon Hernández: “Estuve en la casa de Isla Negra cuando tenía 11 años. Aún soñaba con ser escritora y cometí la ‘osadía’ de sentarme en su cama, sin que me vieran. Pensé: ‘Me senté en la cama donde durmió Neruda’ ”. Linda Esquinca: “A pesar de leer a Neruda y a Gabriela Mistral, no conocía sobre esto que escribes. Gracias”.
El 24 de febrero, mi cumpleaños, me organizaron celebraciones. Siempre me había negado a ello, pero este año inexplicablemente dije que sí a todo. Tuve muchos regalos, muchos abrazos, muchas llamadas, muchos mensajes donde me dicen cosas tan lindas y tan exageradas sobre lo que soy (esas no las publicaré nunca) que si fuera un poquito más tonto me llenaría de vanidad. El 21 se organizó la primera fiesta, el 27 comí el último pastel celebratorio y el 18 de marzo recibí regalo todavía. Muchísimas gracias familia, amigas, amigos. Sobreviví a tanto amor, a tanta amistad.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 289. Porque tú volaste de mi nido. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 289

Porque tú volaste de mi nido…
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Yo la amaba apasionadamente y con la inseguridad total de mis 17 años. Ana era amiga de mi hermana mayor, de su misma edad, 28 años, y desde la primera vez que la vi –a mis 14– admiré sus maravillosas y largas piernas, sus ojos adormilados y su boca sensual.
Me gustaba cómo fumaba Tirana (así le decía de “cariño” mi hermana) y me moría de placer cuando bajaba la voz y, ronquita, me decía algo en secreto. Pensé que me veía como el hermanito de su amiga cuando me acomodaba el cuello de la camisa (“eres guapito, pero a mí no me gustan los hombres descuidados”) y cuando me guiñaba un ojo y me mandaba besos de corazón de humo con su boca hermosa. Amaba también su perfume y su sonrisa abierta, de dientes perfectos.
Mi hermana andaba en no sé qué cosas y no pudo avisar a su amiga que no la acompañaría a un poblado cercano donde ella, mi amor secreto, haría una investigación para su trabajo, supongo. En aquellos tiempos no había internet ni celulares.
Mi hermana me dijo que la acompañara (“Pior es nada”, me dijo también), para que no fuera sola. Mi amor por Ana lo festejaba todo, así que la escuché arrobado cantar canciones de José José, mi favorita era “Volcán”, mientras ella manejaba su coche y yo iba de copiloto. No había en el mundo mayor felicidad que esa. Sí había, claro, y lo sabría pronto.
Terminó su trabajo en menos tiempo de lo que supuso y me dijo que fuéramos a un lugar menos caluroso. Yo dije que sí de inmediato. Al infierno iría, pensé, si me invitaba. Se metió a un motel. Me preguntó, cuando estábamos en la habitación, si yo era virgen y le dije que sí.
—Pues ya es hora de que dejes de serlo, ¿quieres?

Quedé sordo y mudo al regreso, como un zombi. Me metí a mi cuarto y daba brincos de alegría, como un idiota. No pude dormir esa noche. Trataba de cerrar los ojos y me daba cuenta que los tenía abiertos, pensando en ella. Comenzamos a vernos a escondidas hasta que un día Tirana me dijo que quería casarse conmigo. Me pareció una locura. ¿Qué iban a decir mis papás, mi hermana, su familia, nuestros conocidos?
Me dijo que iba a buscar un pretexto para irse a vivir un tiempo a mi casa y que quería quedar embarazada de mí. Que allá la encontrarían desnuda en mi cuarto y ante los hechos consumados, no habría marcha atrás. Me dio terror.
Apareció con una maleta y pidió a mis papás quedarse con nosotros, porque su familia, dijo, iba a estar fuera por las vacaciones. Un amigo de la prepa me había invitado a ir al rancho de unos tíos por una semana, pedí permiso a mis papás y extrañamente me dijeron que sí. Me fui sin decirle a Ana. Ella llegó y yo ya no estaba.
Sufrí como perro en el campo, incomunicado, aunque traté de que mi cuate y los demás no lo notaran. Cuando volví, mi hermana me dijo que Ana había decidido irse de nuevo a su casa, que nada más estuvo una noche con ella. “Te dejó un recado”, me dijo.
Mi amor y yo hicimos un lenguaje para mandarnos mensajes y que nadie los pudiera traducir si caía en sus manos. Eran dos líneas: “Nunca más voy a volver a verte. Mi venganza es que nunca me olvidarás. A partir de hoy no dejarás de soñar conmigo. No serás feliz. Eres un cobarde”.
Rompí su recado. A los pocos días supe por mi hermana que Ana se casaría con un novio que siempre tuvo y al que no dejó ni cuando supuestamente estaba enamorada de mí. Se casó y se fue a vivir quién sabe dónde. Nunca más la volví a ver, porque no fui a la boda y me la pasé a moco tendido en mi cuarto.
Su recado, que resumía el contenido de las canciones cursis de la época, resultó ser muy cierto. Acabo de cumplir ochenta años y anoche estuve llorando, porque la soñé, porque aún sigo enamorado de ella…
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 288. Semillas de titanio. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 288

Semillas de titanio
Héctor Cortés Mandujano

Comencé a leer en la mañana, hice pausa y concluí en la noche la breve novela Desde el jardín (Editorial Pomaire, 1974), de Jerzy Kosinski, en cuya contraportada dice mano anónima que era esta la novela que más inquietaba a Luis Buñuel. En la tarde del mismo día vi la película Titane (2021), de Julia Ducornau, que ganó muchos premios internacionales y cuya trama la ha hecho constante referencia al cine de Cronenberg.

Las dos historias son extrañas. En la novela, un hombre ha nacido y crecido en una casa rica donde tiene prohibido ir más allá del jardín, que cuida, y la recámara donde ve sin cesar programas de televisión. El Anciano (así lo llama) que lo protegía muere y la nueva sirvienta no sabe nada de ese jardinero que quizás tenga una incapacidad cognitiva. El despacho encargado del testamento le pide a este hombre sin nombre que se vaya y a él, que nunca había salido a la calle, le parece que esto es un nuevo programa televisivo y se comporta como un personaje.
Me salto hasta el momento en que le sugieren tener sexo. Él, salvo una revista pornográfica de alguien le enseñó (el libro, no nos olvidemos, es viejo), no sabe cómo los humanos se relacionan sexualmente. En la televisión, un hombre y una mujer se besan y luego la toma cambia a algo que no tiene conexión con el beso. Garden, como lo llaman, es joven y atractivo. Un hombre se desnuda frente a él, y él le pone un zapato en la entrepierna. Parece que eso hace gozar al otro. Qué raro verlo retorcerse de placer. Una mujer desnuda se mete a su cama, y él la ve extrañado. La mujer parece gozar sólo besándolo, acariciándolo, juntando su cuerpo con el suyo. Ella se enamora de cómo él la respeta (es casada), pero él no entiende qué debe hacer, porque no siente deseo, sólo curiosidad: ¿Esto qué es?

En Titane, la protagonista es una asesina múltiple, que no permite que ningún humano la posea. La intentan enamorar un hombre y una mujer, y a ambos mata. Un día, desnuda, oye los ruidos de un auto y sale a verlo. Tiene las luces encendidas y ella se sube a él (cuando niña, por un accidente de tránsito, le pusieron una placa de titanio, y desde entonces parece fascinarse con los coches). El automóvil se vuelve su amante activo, con la palanca de velocidades y un movimiento que comienza lento y termina en tremendas sacudidas.
Ella queda embarazada del auto. Es en serio. Hasta escurre aceite cuando se baña. Mata a varias personas más y para que no la aprehendan se corta el cabello, se venda el vientre (que ya delata su embarazo) y los pechos, y se desfigura la nariz a golpes. Se hace pasar por un niño desaparecido hace diez años y el padre, un capitán de bomberos, la reconoce como su hijo.
El tipo está más loco que una cabra y no hace caso a todas las advertencias que le hacen de que su dizque hijo parece un gay extraño, que finge mudez para no descubrirse por su voz.
La peli no es, evidentemente, para todos los paladares. Algo que me llamó la atención es cómo el padre lo quiere y lo protege, y cuando ella por enésima ocasión intenta escaparse la busca, la encuentra en el baño y ve sus pechos de mujer. La cubre con su toalla y le dice algo que a mí me pareció humano, bello y loco: “No importa quién seas, ni qué seas: eres mi hijo y te quiero”.
Si no tienes gustos convencionales, lector, lectora, creo que estas dos obras pueden encantarte.
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 287. Antes o después de los aplausos/ 1. Héctor Cortés Mandujano

Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.

Polvo del camino/ 287

Háctor
Antes o después de los aplausos/ 1

El moño de una comunidad

Héctor Cortés Mandujano


El actor reina en lo perecedero. Entre todas las glorias,
la suya es, como se sabe, la más efímera

Albert Camus,
en El mito de Sísifo

Con mi amigo Alejandro Nudding montamos, hace muchos años, la obra de teatro Pedro y el capitán, de Mario Benedetti, que es un diálogo entre un guerrillero torturado y su torturador. Hicimos varias funciones en varios lados y nos invitaron a una celebración poco común: un grupo guerrillero (los Villistas) celebrarían su aniversario y querían que presentáramos la obra en la comunidad elegida para el festejo. ¿Quién decidió eso? Nunca supimos.
Nos acompañaron varios (el chofer pertenecía a la guerrilla) y el camino estuvo lleno de peripecias, que cada cual contó a su modo en un número del extinto semanario Este Sur, en donde yo era coordinador de la sección Cultura. Sustos, polvo, piedras, incomodidades que fueron mermando las charlas hasta desaparecerlas. Llegamos al fin.
Lo primero que me sorprendió es que la canción que nunca cesó de sonar en el día y medio que permanecimos allí fue “La del moño colorado”. Creo que por eso la guerrilla es imposible –hago un guiño al título del libro de mi amigo Julio César López– en nuestro país. Habría que tener otro nivel musical, creo.
No suponía que iban a tener un teatro para la representación, pero no se nos ocurrió que iba a ser en un patio, donde también estaban estacionadas las camionetas y los camiones de redila que trajeron a la gente de quién sabe dónde. Qué esperanzas de cambiarnos y maquillarnos en un lugar que no fuera expuesto. No había sillas, de modo que el público (con muchos niños) estaba de pie y hubo que pedirles que nos dieran un espacio para movernos. Anochecía. Y este sí sería un serio problema, porque no había más que algún foquito que brillaba por allí en la comunidad.
Pero había camiones de carga. Hablé con los choferes y les pedí que apagaran los fanales de sus camiones con la tercera llamada, y que la encendieran y la apagaran cuando dos compañeros que habían ido con nosotros lo indicaran. Esa fue nuestra potente iluminación.
Necesitábamos dos sillas: una para Pedro-Álex y otra para mí. En cuanto pusieron la mía, un nene de quizás tres-cuatro años se sentó en ella. Ni modo de sacarlo. Cuando caminábamos, ya en personajes, más de un perro nos estorbaba para caminar y había que rodearlo. Algún niño me tapaba el camino y alguna señora me tocó el pecho, sonriente, no sé si por simpatía o por dudas (de no sé qué). La gente aguantó las peroratas de la obra y se fue ciñendo cada vez más sobre nosotros. Por fin, terminamos, casi con la gente encima. Los camiones apagaron sus fanales. Cuando las volvieron a encender, Álex y yo agradecimos al público que aplaudía, reía, nos quedaba mirando con expresiones disímbolas, nos tocaba: ¿Qué habíamos hecho, qué era eso, quiénes éramos nosotros?
Nos ofrecieron una casa en construcción (sin luz, por supuesto) y nos dieron prestadas unas lámparas sordas para caminar entre el monte para llegar a nuestro hostal. No había camas, aunque algo habían puesto en el suelo para que no lo sintiéramos tan duro. Conversamos, con seguridad, aunque de eso nada recuerdo. Supongo que dormir no fue tan fácil. Lo que más recuerdo son los fanales en los que morían bichos atraídos por la claridad y la gente pegada a nosotros, mientras nosotros intentamos contar una ficción en esa descarnada realidad…
Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.
Álex Nudding y HCM, en Pedro y el capitán. San Cristóbal. 1992.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 286. Zona lacustre. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 286

Zona lacustre
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

Me entregarán el diploma que me acreditará como tenedor de libros, una profesión que, visto el estado de la sociedad, me servirá para maldita cosa. No importa. Tengo una herencia que me hace no necesitar un empleo y soy muy joven, 21 años, de modo que quizás en algún momento del futuro estudie algo más útil.
Nuestra casa de campo, que en realidad es simplemente nuestra casa, nos permite ir caminando hasta el colegio universitario donde estudié la aberración de la que seré ungido. “No es aberrante, dice mi mujer, porque puedes ser tu propio tenedor de libros”. Lo soy, lo he sido, parece que lo seré ahora en forma profesional.
Tenemos, mi mujer y yo, apenas un año de casados. No queremos tener hijos. Yo decidí ir vestido con una camisa negra de seda y unos pantalones elegantes; mi mujer optó por una batita con pedrería y unos zapatos de color crudo, de cuero de ternera.
Para llegar al instituto de estudios basta atravesar un pequeño cerro boscoso y lacustre. Las pozas, como ojos de la tierra, se suceden una tras otra. Caminamos, pues. Al llegar a la primera, mi mujer se saca por la cabeza la breve prenda de vestir –no trae ropa interior– y patea con maestría los zapatos que quedan listos, aunque inertes, para seguir caminando. Se arroja al agua.
Es menuda, musculosa (se la pasa en el gimnasio), tiene la piel blanquísima, el vello púbico rubio, cortado casi al ras, y parece danzar mientras nada, como si fuera un animal acuático. Me siento en una piedra a esperarla. Sale por la orilla contraria y me hace una seña, que entiendo: tomo su vestidito y sus zapatos, y voy tras ella. En su nalga izquierda no se ve el llamativo lunar que tiene en forma de corazón y parece extrañamente morena, como quemada de sol. Se lanza a la siguiente poza.
Decido caminar con lentitud, mientras ella gimotea de placer, como si el agua fuera un amante experimentado que la estuviera haciendo llegar al orgasmo. Me encanta este bosque tan lleno de sorpresas arbóreas y formaciones rocosas, que nos pertenece en exclusiva. Oigo el ruido de mi mujer, a mis espaldas, lanzándose en clavado a otra poza. No la volteo a ver.
Vuelvo la vista ahora. La mujer que nada tiene la piel negra y el cabello blanco. Es muy alta. Sale y viene hacia mí. Tiene afeitado completamente el pubis.
¿Nos vamos?
Camino con ella. Poco a poco se vuelve morena, menos alta y cambia el color de su cabello. Cuando llegamos al final del bosque, mi mujer ya es la de siempre y toma su vestido de mi hombro izquierdo y extiendo mi mano para darle sus zapatos. Se viste y calza; parece venir de un salón de belleza, de tan despampanante que la veo.
¿Y qué? ¿Cómo vamos a celebrar tu logro académico?
No sé –le digo.
¿Y si vamos juntos a la poza número siete? ¿No te gustaría hacerme el amor, como si fuéramos cocodrilos?
No es mala idea –le digo.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 285. Les toca a ustedes/ 1. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

        Polvo del camino/ 285

Les toca a ustedes/ 1
Héctor Cortés Mandujano

Durante los muchos años que tengo publicando, haciendo teatro, dando clases y conferencias, la gente me escribe, me comenta, me pregunta, me felicita, me dice. Yo leo, contesto y no guardo la correspondencia, se pierde más tarde o más temprano. Por prurito no la publico y en ocasiones me parece que debiera. Decidí hacerlo en este 2025, a partir del 19 de enero. Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Ustedes hablan aquí...

Enero 2025

Sobre “After”, Polvo del camino 261, escribe Leo Morales: “Excelente cuento, impecable”; Leonora Ventura: “Buenísimo tu encuentro con Pepe y Fredy”; Óscar Márquez: “Sencillito, cortito e inesperado. ¡Bravo, primo!”; Jaime Ruiz: “El final dos es: ‘Alcé mi copa y brindamos por los viejos tiempos. Quedé muerto de cansancio, demasiadas emociones. La Güera me despertó: ‘Mi vida, tus amigos ya se fueron, dejaron la puerta abierta. Los chuchos se salieron. Anda, ve a buscarlos’. Salí trastabillando. Encontré a los chuchos aullando, uno de ellos traía en el hocico un ejemplar del Este Sur’ ”.
Sobre “El eterno masculino”, Polvo del camino 262, dice Tania Corzo: “Buen análisis, no me había dado cuenta que dejaba tan mal parados a los hombres. El eterno masculino, dices bien”.
Sobre “De tormentos y falsos suicidios”, Casa de citas 726, escribió Tere Argueta: “Wow!, me encantó, pobres sacerdotes. Fíjate que ayer hablábamos sobre la leyenda del suicidio colectivo. Gracias”. Rocío Molina: “No sabía tantos detalles de la batalla en el Cañón del Sumidero, apenas lo poco que explican en la primaria. Una leyenda más, que sostiene una gran fiesta a través de los años”.
Sobre mi libro La orilla y la maldad. Historias de Cerro Hueco, me dice Damaris Disner: “Querido Héctor. Este libro hoy será detonante para escribir. Es un gran, gran libro. Gracias por tu humanidad”.

Febrero 2025

Sobre “Una mujer en la luna”, Polvo del camino 264, me escribe Valeria Trejo, de 17 años: “Qué curioso. Yo tengo un escrito que se llama ‘Un hombre en la luna’ ”. Me lo envía. Es éste: “Una noche leyendo poemas, leí uno que hablaba de un hombre divergente, castigado por pecador; inmediatamente pensé en aquel hombre en la luna con el que suelo soñar.
El Principito brincó planetas, pero yo brinco sueños y sueño con un anciano de capa azul y un bastón, que habita la luna; le pregunté por el conejo y me ha dicho que se marchó hace mucho tiempo, que lo único que hay ahí son él y las estrellas que a lo lejos acompañan su soledad inmensa.
“—¿Y usted quién es?
“—Soy la luna, contesta.
“—¿Es su hijo?, pregunto.
“—La luna no tiene hijos.
“—¿Y el conejo?
“—Se ha ido hace tiempo.
“—¿Está usted solo?
“—Nunca estoy solo con tantas estrellas.
“—¿Hay un hombre en el sol?
“—Hay muchas cosas en el sol.
“—¿Hay muchas cosas en la luna?
“—Hay un hombre en la luna.”
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 284. Los guerreros de la luna. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

        Polvo del camino/ 284

Los guerreros de la luna
(Minificción)
Héctor Cortés Mandujano

El actor que iba a hacer el papel se enfermó, por eso me llamaron. La escena era simple: tenía que arengar a una compañía que iba enfrentar una batalla. Primero se oiría mi voz y luego me filmarían en un close up mientras los estimulaba verbalmente para que los soldados a mi cargo (en la ficción de la película) se entregaran sin temor a la pelea. La toma después se diversificaría en los muchos puntos de vista que la dirección decidiera.
Cuando llegué a la locación, estaban allí, silenciosos, los guerreros. Era de madrugada y la luna alumbraba el campo. El enfrentamiento sería en cuanto amaneciera. Hasta ese momento me di cuenta que lo de la película era una idea que yo me había hecho (suelo perderme en los laberintos de la imaginación, sin ningún esfuerzo), cuando en verdad yo era el capitán de los soldados y no había ningún proyecto de cine.
Adopté de todos modos un tono teatral/cinematográfico para hablar con ellos. La luna estaba en su esplendor, bellísima, y fue ella quien me inspiró. Dije:
—¡La luna nos alumbra, nos cobija, nos ama! ¡Su luz nos dará el poder para derrotar al enemigo! ¡Tenemos que tener la convicción de que llevamos la luna en nuestro corazón y de que ella es nuestra protectora, el escudo que ningún arma podrá horadar!
Me di cuenta que el astro al que aludía comenzó a moverse más rápidamente en el cielo. Hubo un silencio de mi parte. Los soldados parecían de piedra, bultos hermanados que hacían una figura extraña.
La luna se puso al final de la fila, frente a mí.
—¡La luna es nuestra y nosotros le pertenecemos: somos los guerreros de la luna!
El astro pareció escucharme y fue adelantándose, por encima de las cabezas de la compañía, con cierta lentitud. Cuando estaba a quizás tres metros de mí se convirtió en una pelota brillante que, de manera intempestiva, llegó hasta mi cuerpo, atravesó ropa, músculos, huesos y se me acomodó en el corazón, en una suerte de encogimiento y elongación, como duplicándolo.
Sentí ardor, dolor, quemazón, y tal vez fue eso lo que fue reflejando mi semblante; los soldados continuaron impertérritos, como si nada pasara. Mi luna-corazón pareció adaptarse a la sangre (que dejó de ser lava) y a las palpitaciones. Quedé desnudo de la parte donde había entrado y se notaba debajo de mi piel una luz flava.
Intenté hablar y no pude. Comencé a flotar: la luna me llevaba a su lugar en el cielo. Mientras ascendíamos noté que el astro que me ocupaba comenzaba a expandirse y a ser yo nomás su ocupante. No: uno de sus ocupantes.
Dentro del cuerpo lunar había una multitud: mujeres de distinta edad: jóvenes, niñas, viejas; hombres de varia laya. Cuando entré en contacto con algunos me percaté que habían entre ellos matrimonios, hijas, nietos, noviazgos, lo convencional del mundo; era obvio, también, que nadie pensaba que estaba viviendo dentro de la luna.
Fue entonces cuando recibí una llamada en la que me pedían hacer una escena, porque el actor contratado no llegaría. Mi trabajo consistiría en arengar a los guerreros de la luna…
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 283. El chompipe de la fiesta. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Leonora Ventura.

Polvo del camino/ 283

El chompipe de la fiesta
Héctor Cortés Mandujano

Digna de ti y de tu senil puerilidad es esta estúpida manera de ver las cosas

Álvaro Mutis,
en “Antes de que cante el gallo”

Hace tiempo publiqué un Polvo del camino sobre “Boricua en la luna” y dije, citando un verso de Corretjer, “y el lechón que me desmienta”; un lector atento me desmintió: “El poema dice ‘echón’, no ‘lechón’ ”.
En otra de las canciones de Roy Brown (quien también musicalizó “Boricua…”) está el origen de mi equívoco. “La profecía de Urayoan” (1975) es un discurso en contra del poderoso; en algún momento dice Brown al político podrido “Viejo lechón”. Me gustó el insulto. Un hombre mayor que parece un marrano bebé.
Me encanta leer diccionarios y me hallé el Diccionario de la injuria (Editorial Losada, 2006), de los escritores argentinos Sergio Bufano y Jorge S. Perednik, quienes juntaron insultos de América Latina y España, cuyos comienzos (p. 9) “fueron respectivamente mentiroso y maldito, pronunciados por la serpiente contra Dios y por Dios contra la serpiente”.
El insulto, escriben (p. 15), “bien podría ser considerado un paso importante en la evolución de la humanidad, en tanto la violencia física es reemplazada por un ejercicio dialéctico de enfrentamiento”. Dejo con rapidez el prólogo para compartir contigo, lector, lectora, algunos insultos simpáticos.
“Aborto” (p. 29): “Persona que llama la atención por su extrema fealdad”. Es curioso que el nombre del primer hombre sobre la tierra sea injurioso (p. 33): “Adán se aplica al hombre descuidado en su arreglo personal”.
“Afrechudo” se usa en Argentina (el libro nos lo informa) y significa varias cosas (p. 35): “Urgido por mantener relaciones sexuales. Caliente. También, falta de higiene entre el prepucio y el glande”. Me encantó éste de Guatemala: “Aguacate” (p. 36): “Poco atrevido o arriesgado”.
“Andá a cagar”, en Argentina y Uruguay, supone variantes (p. 43): “Andá a la mierda; andá al demonio; andá al diablo; andá a freír papas; andá a lavar platos; andá a la concha de tu hermana; andá a la puta que te parió”.
“Arrechentida”, en Ecuador, es una (p. 50) “mujer que no llegó a tener un orgasmo”.
Qué divertido sería que me llamaran así, como en Ecuador, “Capitán Araña” (p. 94): “Persona que entusiasma a los demás con un propósito y luego se echa atrás”. También en Ecuador, que resultaron buenos para insultar, dicen “Cocadú” (p. 112): “Persona vaga e indolente. En alusión a que sólo come, caga y duerme”.
Rebuscado y bonito es éste de Guatemala (p. 133): “El chompipe de la fiesta. […] Persona a quien se echa la culpa cuando hay más de un responsable”. En México se le dice, muy elegantemente y se usa otro animal, “Chivo expiatorio”.
Eneas es el nombre del héroe de la Eneida, de Virgilio, y es, en Venezuela (p. 137), “una persona o cosa extremadamente desagradable” (no pongo más nombres, pero hay muchísimos que resultan ser insultos). “Está de tomate” se dice en Uruguay, a quien (p. 142) “está loco, que carece de razón”.
También en Uruguay se dice “Hachedepé” (iniciales de Hijo de puta) a quien es (p. 165) “malo, malintencionado. Persona despreciable”. En Perú le dicen Perro o Perra al (p. 232) “mal olor de pies”.
En Venezuela, es “Semáforo de media noche” (p. 258) “una persona fácil, que no la respeta nadie” y “Vagón de ferrocarril” es el (p. 273) “bisexual, trolo porque engancha por delante y por detrás”.
     
Ilustración: Leonora Ventura.
Ilustración: Leonora Ventura.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com