Polvo del camino. 312. Mis libros 2025. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de HCM.

Polvo del camino/ 312

Mis libros 2025

Héctor Cortés Mandujano

Leí 236 libros en 2025; como se verá, no soy un perseguidor de novedades, porque hay demasiado que leer en el pasado remoto y cercano, en los libros que ya pasaron ciertas barreras de tiempo. Los comparto contigo, lector, lectora. Tal vez alguno no hayas leído, tal vez alguno te interese...

Uno: Ensayistas y profetas. El canon del ensayo (Editorial Páginas de espuma, 2010, con traducción de Amelia Pérez de Villar), de Harold Bloom (Estados Unidos, 1930-2019). Este maravilloso lector y ensayista, inteligente y erudito, dejó por fortuna varios libros listos antes de partir. Aquí analiza y cita varios de sus clásicos: la Biblia (especialmente el libro de Job), Montaigne, William Hazlitt, Carlyle, Emerson, Thoreau, Nietzsche... Un banquete de prodigios.
Dos: La clase de griego (2011, traducción de Sun-me Yoon), de Han Kang (Corea del Sur, 1970), Premio Nobel de Literatura 2024. La leí en uno de mis lectores electrónicos Me gustó muchísimo. Dos personajes principales: Él, un hombre que ha ido perdiendo paulatinamente la vista hasta quedar ciego si no usa los lentes especiales donde al menos ve azul todo. Vive solo, en un país que no es –Corea– el suyo. Es maestro de griego. Ella perdió a su hijo de ocho años en varias batallas legales y su padre se lo llevó; quedó destrozada y perdió el habla. Decide estudiar griego. Allí se encuentran. La novela es honda y bella.
Tres: Tuntún de pasa y grifería, del poeta puertorriqueño Luis Palés Matos (1898-1959). Se publicó inicialmente en 1937 y con ello inició lo que se ha llamado poesía negra. Mi ejemplar (1993, Universidad de Puerto Rico, Instituto de Cultura Puertorriqueña) contiene la primera edición, la de 1950 y la de 1952, con prólogos, estudios, notas al pie, vocabulario, biografía… Me encanta el título, que no se entiende sin explicaciones: “Tuntún connota tambores, percusión. […] pasa y grifería (se usa) para aludir al pelo ensortijado de los negros y a una multitud de mulatos”. Una muestra de lo que se puede hacer con las palabras, cuando se sabe usarlas.
Cuatro: Arte abstracto (Taschen, 2017, traducido por Francisco Caro), de Dietmar Elger (pintor y crítico alemán, 1958). Es un libro de gran formato y al mismo tiempo un ensayo y un catálogo. En las primeras páginas define su tema central: “Antes, la expresión artística tenía un carácter mimético: reproducía el mundo tal como lo veía el artista. [...] la pintura abstracta abre nuevas e insospechadas posibilidades: Puede ser autónoma y no tiene por qué referirse a una realidad conocida. [...] En la pintura abstracta, los colores y las formas subsisten sin el sistema de referencia de un mundo objetual exterior”. Lo reviso, lo veo muy seguido. Lo abstracto es infinito.
Cinco: Érase una vez en Hollywood (2021), de Quentin Tarantino (Tennessee, 1963), con traducción de Javier Calvo Perales. Esta novela, como la película, sigue las vidas de Rick Dalton, actor cuyas glorias ya pasaron y ahora hace papeles de malo en los westerns de televisión, y Cliff Booth, el doble de Rick Dalton, que ahora es su chofer y ayudante general, porque ha golpeado a tantos en su trabajo (a Bruce Lee, el más famoso), que ya no lo contratan. En la novela, a diferencia de la cinta, las dos vidas se extienden y Tarantino escribe sobre las muchas películas que le gustan o aborrece, porque el tema lo permite, pero la historia funciona como un libro que uno agradece leer. Me sentí feliz leyéndolo.
Seis: Inventario (1930-2014, tres tomos, Era et al, 2017), de José Emilio Pacheco (Ciudad de México 1939-2014) es una selección de la columna mítica que Pacheco escribió para la revista Proceso. La selección la hicieron, con el consentimiento del autor, Héctor Manjarrez, Eduardo Antonio Parra, José Ramón Ruisánchez y Paloma Villegas. Dicen los autores en la nota inicial (p. 13): “Cuando José Emilio Pacheco empezó a publicar su columna el 5 de agosto de 1973 era un joven de treinta y cuatro años. Cuarenta años después, la noche del 24 de enero de 2014, Pacheco afinaba los detalles del segundo ‘Inventario’ dedicado a Juan Gelman a raíz de su muerte, ocurrida diez días antes. Luego de enviar su texto se fue a dormir para no despertar”. El Inventario se ocupó de todos los temas posibles. Pacheco tocó, por otra parte, con genialidad la poesía, el cuento, la novela, el ensayo. Su Inventario es deslumbrante.
Siete: La expulsión de lo distinto (2016), del filósofo alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han (Seúl, 1959), con traducción de Alberto Ciria. Un análisis en breves ensayos sobre lo igual que se ha vuelto el ser humano: “Lo que enferma a la sociedad no es la alienación, la sustracción, la prohibición ni la represión, sino la hipercomunicación, el exceso de información, la sobreproducción y el hiperconsumo. La expulsión de lo distinto y el infierno de lo igual ponen en marcha un proceso destructivo totalmente diferente: la depresión y la autodestrucción”.
Ocho: Monk (Universidad Autónoma de Nuevo León, 2024), de León Plascencia Ñol (Ameca, Jalisco, 1968). Ñol escribió un libro magnífico que es, en el híbrido que lo propone, una biografía poética, hecha con un profundo conocimiento de su personaje (su música, su enfermedad, sus pensamientos, su vida) y con una estructura inteligente que hace que, incluso, quien no haya oído hablar de Thelonius Monk lo pueda conocer y oír con una guía especializada. No divide el libro en capítulos, sino en tracks (cada track lo abre un testimonio), más una adenda, con la discografía de este genio del jazz. Ñol cita con profusión entrevistas, artículos, documentos que contextualizan sus versos, sus poemas; hablan el propio Monk, Boo Boo (su hija), Nellie Smith (su mujer), muchos amigos músicos, críticos y escritores; incluye fotografías...
Nueve: Melancolía (Random House, 2023), de Jon Fosse (Noruega, 1959), Premio Nobel de Literatura 2023, con traducción de Ana Sofía Pascual Pape. No es un libro de lectura fácil. Hasta la página 240 habla el pintor loco (de mente distinta) Lars Hertervig, de Noruega (1830-1902), cuya vida real y biografía puede consultarse en cualquier medio electrónico y de quien se pueden ver sus pinturas en internet. Hay después un capítulo con Lars en el manicomio, otro con un narrador “normal”, quien contextualiza la vida y la obra de este famoso pintor noruego, y, al final, quien nos cuenta más de la infancia y muerte del personaje central es su hermana. Los libros sobre los de extraño comportamiento y lo mal que son tratados me sirven mucho para no olvidarme que yo soy parte también de esa gente rara. Estoy más cerca de ellos que de los “normales”.
Diez: Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Un viaje en la mente de Philip K. Dick (Anagrama, 2018), de Emmanuel Carrère (París, 1957), con traducción de Marcelo Tombetta. El libro es deslumbrante y minucioso. Se sabe con puntualidad qué hizo cada día K. Dick, por qué, qué pensaba, con cuántas mujeres se acostó, de quién estuvo enamorado, qué tipo de drogas consumió, cuándo y por qué se le ocurrieron las tramas de sus cuentos y sus novelas. Para escribir esta biografía, Carrère tuvo que leer una cantidad ingente de documentos y libros, y hablar con mucha gente. Y luego poner su talento, que es mucho, para organizar la información y volverla el texto espléndido que es.
Once: Primavera sombría y El hombre jazmín, de Unica Zürn. Dice la contraportada de este libro que me encantó: “El presente volumen reúne la totalidad de la obra literaria de Unica Zürn: la estremecedora novela corta Primavera sombría y el singular testimonio El hombre Jazmín, ambos de carácter autobiográfico”. En la nota biográfica (Seix Barral, 1986, traducción de Ana Ma. de la Fuente) se dice que Unica “nació en Berlín en 1916 y se suicidó en París en 1970”. Era esquizofrénica. La primera novela es sobre una niña solitaria (su hermano la viola) que se enamora de un adulto y cuyo final es trágico. La segunda es la de una mujer que entra y sale de manicomios hasta que decide ya no volver, irse del mundo. Como literatura, los dos libros me parecen esplendidos; como testimonios, sobrecogedores.
Doce: Autoficción, una ingeniería del yo (Bogotá Ediciones, 2024), de Sergio Blanco (dramaturgo y director teatral franco-uruguayo, nacido en 1971) parte de la definición de lo que es autoficción (“cruce de relatos y pacto de mentira”), hace un recorrido histórico de las escrituras del yo, propone un decálogo y analiza, dentro de su propia obra, las varias formas de autoficcionarse. El volumen –cuidado y bello en su edición– culmina con una entrevista a Blanco, realizada por Martín Cedrés Silva. Lo puede leer alguien que no sepa nada del tema ni conozca la obra de Sergio Blanco y al final será un conocedor. El ensayo es prolijo y claro. Me gustó y me enseñó muchísimo.

[De todos estos libros he hablado o hablaré, mucho más extensamente, en la columna Casa de citas o en otro Polvo del camino. Aunque son libros leídos en 2025, irán apareciendo hasta el siguiente año. Los que no tienen datos de edición, los leí electrónicamente.]
La ilustración es de HCM.
La ilustración es de HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 311. Mi música 2025. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Luis Daniel Pulido

Polvo del camino/ 311

Mi música 2025

Héctor Cortés Mandujano

Spotify me envía cada año, a principios de diciembre, la selección de lo que más he oído. Me da varios datos antes. Oí, según esta plataforma, “39.798 minutos” (27 días seguidos), es decir, “8.306 canciones” en “455 géneros”. Me dice lo que me han dicho varias veces: “Un gusto como el tuyo no es fácil de definir”. Me dice, además, que mi edad musical es de 42 años, “porque has estado escuchando música de los finales de los años 90”. Comparto como cada año mi lista contigo, querido lector, lectora.

Uno: “No surprises”, de Ara Malikian, del álbum 15, de 2015, que es un compilatorio de dos discos. La pieza está firmada por varios compositores y este violinista extraordinario pareciera extraer del instrumento caricias para el oído en lugar de sonidos. Malikian, dice wikipedia, “es un violinista libanés de ascendencia armenia radicado en España”. Se viste estrafalariamente y usa el pelo alborotado a más no poder, pero es un regalo maravilloso para quienes oímos música.

Dos: “Con dos camas vacías”, de María Jiménez, del álbum Canta por Sabina, de 2002. Jiménez es cantante, bailaora y actriz española. Su voz es pasional, irónica; marca con claridad el desprecio, la tristeza, el coraje, la picardía. Esta es una de las versiones (ranchera convertida en cante) que está en lo que más escucho cada año. La canción es de Joaquín Sabina, quien la acompaña en un tramo de esta historia de desamor: “Ni yo bordo pañuelos ni tú rompes contratos, ni yo mato por celos ni tú mueres por mí; y antes de que me quieras como se quiere a un gato, me largo con cualquiera que se parezca a ti”.

Tres: “Epitafio”, de Maru Enríquez (mexicana, 1957-2022), del álbum Y mi voz que madura, de 2007. El disco lo constituyen poemas de Xavier Villaurrutia, con música de Jaime López. Una maravilla. Estuvo fuera de circulación por líos legales. Me sorprendió hallármelo y lo oí mucho este año: “Sonámbula, dormida y despierta a la vez, en silencio recorro la ciudad sumergida, y dudo y no me atrevo a preguntarme si es el despertar de un sueño o es un sueño mi vida”.

Cuatro: “Pannonica”, de Thelonius Monk (estadounidense, 1917-1982), del álbum Brilliant Corners, de 1957. La pieza fue compuesta por este genio del piano, dedicada a Kathleen Annie Pannonica Rothschild de Koenigswarter (1913-1988), una judía blanca y millonaria, adoradora del jazz. Thelonius es de mis irremplazables de siempre y esta es una pieza ejecutada con la magia de alguien que tenía puentes anchos por los que transitaba, sin problemas, hacia la belleza.

Cinco: “De qué me sirve todo eso”, de Jairo, del álbum Milonga del trovador, una antología de 2010. Este cantante y compositor argentino, legendario, es uno de mis cantantes favoritos. La música y la letra son de él: “Un pie descalzo en la hierba, el soplo fresco del mar, un horizonte de arena, un poema, un trigal. ¿De qué me sirve? ¿De qué? [...] De qué me sirve todo eso, si no hay con quien compartir, partir el pan es hermoso: un trozo espera por ti”.

Seis: “Un bolero a tu vestido”, de Al-Blanco & El Peli (compuesta por Francisco Blanco Burgos), del álbum Me lo sopla el viento, de 2024. Al-Blanco es un joven andaluz (nació en 1998), cantante de flamenco, y El Peli es su acompañante habitual. Me encanta el disco y me gusta la ternura de esta canción: “Y amor, necesito tenerte cerca, tu lejanía me dejó una ausencia y en mi corazón te llevo grabada, y cada noche, la madrugada y el aire me traen tu olor, y al despertarme añoro tus besos, no te siento cerca, por eso me muero, ay, me muero sin tu cuerpo”.

Siete: “Miedo”, de Eugenia León, compuesta por Leonel García, del álbum Una rosa encendida, de 2017. Me parece una inspirada declaración de principios. Leonel García es también cantante, aunque casi no lo he oído. Esta versión de Eugenia León (mexicana) me encantó: “No me toques, no me toques con tus manos congeladas. No me mires con tus ojos, que en verdad no miran nada. Y nunca me abraces, no haremos las paces, deja ya de usar disfraces. [...] Miedo, ya no podré vivir contigo. Miedo, que contaminas todo y envenenas todo. Miedo a no llegar, a estar perdido. Miedo, sé que me quieres ver perder el juego”.

Ocho: “C.R.A.S.H.N.E.B.U.L.A.”, de Winona Riders, del álbum Duotone, de 2024. Este es un grupo de rock argentino, formado en 2018, que debe su nombre a la actriz estadounidense Winona Ryder. Esta pieza alude a un episodio, de 2004, del programa de televisión Los padrinos mágicos, y el nombre es de uno de los personajes de ese programa. Salvo la palabra “Crash” del inicio, que se repite durante la ejecución (se agrega “Nebula” después), es sólo música. Conectó conmigo de inmediato, me gusta.

Nueve: “Felicidad”, de Vicentico (argentino), compuesta por Gabriel Julio Fernández Capello, del álbum Los pájaros, de 2006, me convenció desde su arranque: “Felicidad, me invitaste a tu fiesta y no fui. No me animé. Sí llegué hasta el zaguán y volví. [...] Fuiste un regalo que no pude abrir. Quemó mis manos y me fui. [...] Y aunque esa calle siempre sigue igual, yo nunca pude volver a encontrar aquellas baldosas camino a tu casa en el mar”. Lo acompaña en la canción Andrés Calamaro, otro argentino. Aunque la pieza sea una salsa alegre, la letra es de total melancolía

Diez: “Mundomatraca”, de Leticia Servín (cantautora mexicana), del álbum homónimo, de 2001. No me sonaba como una canción que pudiera gustarme con ese título, que se me hace un poco ridículo, pero terminé rindiéndome: “Por eso quiero agarrar este día, antes de que me coma estra prisa –canija y amiga– por vivir trasnochada de besos, mal vista por enanos que hablarán de mí mientras duermo, y me harán cachitos por todos mis delitos, y quemarán mi choza con todos mis recuerdos, y me olvidarán todos, menos tú”.

Once: “Conocer el mar”, de Camila Guevara, del álbum Dame el mar, de 2025. Camila es una joven cantautora cubana (nació en el 2005), nieta de dos hombres famosos de Cuba: Pablo Milanés y el Che Guevara. Me gustó su disco. Esta canción se coló en mis más oídas: “Ya acepté mi parte oscura, liberé ataduras, pero sigue ahí. He corregido mi postura, para ver si creo un poco más en mí. [...] Quiero volar contigo y olvidar que hay fecha de caducidad; quiero salir de mi ombligo, y conocer el mar, conocer el mar, ver la inmensidad”.

Doce: “Me quedo contigo”, de Los Chunguitos, del álbum Cara a cara, un compilatorio de 1991. Este grupo español, de rumba flamenca, ya se disolvió, por la muerte de uno de ellos. La canción, compuesta por C. Ramos Prada y E. Salazar, es directa y clara, romántica: “Si me das a elegir entre tú y la riqueza, con esa grandeza que lleva consigo, ay, amor, me quedo contigo. [...] Pues me he enamorado, y te quiero y te quiero, y sólo deseo estar a tu lado, soñar con tus ojos, besarte los labios”.

Si oyes estas doce, quizás pienses lo mismo que me dijo Spotify: soy difícil de definir.
La ilustración es de Luis Daniel Pulido
La ilustración es de Luis Daniel Pulido




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 309. Ahora le toca a ustedes/ IV. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración de de HCM.

Polvo del camino/ 309

Ahora le toca a ustedes/ IV
Héctor Cortés Mandujano

[Escojo lo que creo puede resultar interesante de lo que me mandan. Esto es un resumen y una antología. Ustedes hablan aquí...]

Marzo 2025

Dos amigos se refieren a mí en dos textos que están enfocados a otras cuestiones. Tomo los fragmentos del caso. Rodrigo Ramón Aquino (en “Pepitas de oro”, presentación de Corte de café, de Efraín Bartolomé): “la genuina admiración y la buena estrella me permitieron asistir como auxiliar de investigación a otro muy querido y admirado maestro, para mí el mejor narrador de Chiapas, aquí presente también: Héctor Cortés Mandujano, que había emprendido la titánica labor de contar la vida y la obra del protagonista de esta noche”.
Édgar Hernández (en “Redimensionar la atención a la cultura”): “Chiapas también es tierra de grandes poetas y destacados escritores (Rabasa, Figueroa, Castellanos, Sabines, Duvalier, Zepeda, Bañuelos, Oliva, Vázquez, Garduño, Olmos, Bartolomé, Cortés, etcétera), de cuya herencia –y de la vasta riqueza cultural del estado– abrevan hoy cientos de jóvenes artistas, mujeres y hombres, que muestran su talento en la literatura, la música, el teatro, la pintura, la fotografía y demás artes visuales”.
Roxana Carbajal escribe sobre Polvo del camino 269, “Los elefantes no pueden saltar”: “Me encantó la nota. Los animalitos son un universo aparte. Me recordó a mi maestra de primaria, quien siempre me decía: ‘Ya cállate, Roxana, pareces chachalaca’, y yo nunca le hice caso, porque no sabía a qué se refería con eso de ‘chachalaca’ ”.
Damaris Disner sobre Casa de citas/ 733, “Nueve mujeres, 3” y Polvo del camino 269, “Los elefantes no pueden saltar”: “Querido Héctor, bonito domingo. Tengo ganas de leer el libro de Nueve Mujeres. Me interesa y también me conmueve la dramaturgia de Roxana. La novela de Bárbara Colio me llamó la atención muchísimo. Gracias por apasionarnos para leer a otras mujeres. Y tu columna sobre curiosidades de los animales me sorprende con los datos. [...] Te abrazo, y te quiero muchísimo”.
Roger Octavio Gómez sobre Casa de citas/ 734, “No estamos perdidos”, cita una de las citas que hago de Alberto Manguel: “Wow: ‘...cuando un apicultor muere, alguien debe ir a decirle a las abejas que su cuidador se ha ido para siempre. Desde entonces siempre he deseado que, cuando yo muera, alguien haga lo mismo y les diga a mis libros que ya no volveré’ ”; Tania Corzo, sobre el mismo tema, propone: “Me dio tristeza, yo le diré a tus libros, ¿viste? Tú le avisas a los míos, no son tantos”; y Damaris Disner: “Cuando yo muera creo que alguien deberá venir a hablar con mis gatos y libretas a medio terminar. Me gustó mucho el texto”.
Óscar Márquez sobre Polvo del camino 271, “Gracias al extra”: “Te volaste la barda. Sencillamente genial, como a mí me gustan. Sencillito, bien pensado, inesperado... creíble. Buen día, primo, y gracias por este ‘sueño’ corto, que ya me hizo el día” y Leopoldo Morales: “Ahora sí te pusiste. Me dejaste estupefacto. Simplemente. [...] Qué manera de soñar. Qué placer leerte”.

[Esta notita es sólo para mis lector@s atent@s –dos me escribieron sobre ello–: publiqué los números 305 y 305-A, porque tuve líos con mi computadora. Para regresar a la lógica numeraria, la próxima columna será la 311. Si me preguntas por qué escribo esto, es que no eres de los atent@s.]
La ilustración de de HCM.
La ilustración de de HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 308. La vida de los sueños. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Luis Daniel Pulido.

Polvo del camino/ 308

La vida de los sueños
Héctor Cortés Mandujano

En las entrañas de la línea sueña una mujer

Juan Gelman,
en “CCLXXI”

A mis amigas Damaris, Mónica y Rocío

Ella me escribe un mensaje por whatssap y me cuenta que me soñó. Es domingo. Un colibrí se acerca a mi ventana como si intentara tomar la miel de mi pensamiento para compartirlo con otro de los suyos que también aletea velozmente buscando la corola de una flor en el jardín.
Preparo un regalo. Recorto figuras de un elegante libro de pinturas: un unicornio, una nube, un árbol, un ojo enorme, el mar... El libro era de mi mamá y ella ya no puede reclamar el uso que doy a volumen tan cuidado. Haré un collage sobre una tela azul, afelpada. Luego le pondré una resina que un amigo que sabe de esto me recomendó. Será un brillante, un resplandeciente cuadro de ensueño.
Pongo sobre la tela, al centro, el ojo, como elemento divino. La nube hasta abajo, para proponer que el cielo está aquí, con nosotros, no arriba…
Hago con cuidado la distribución, sin todavía fijar ningún elemento; sin embargo, mi gata brinca y tira todo, incluso la resina que había dispuesto en mi mesita de trabajo. Los elementos se desarreglan, es decir, se arreglan de otro modo. El azar es un maestro: me encanta como quedó. Así quedará.
Debo apurarme, porque una periodista –mi amiga Damaris– vendrá a entrevistarme. Ella no sabe que yo sé que es su cumpleaños. Me llamó para acordar esta charla y le dije que sólo podía hoy y ningún otro día.
Mi estudio está pintado de blanco y la entrada está llena de enredaderas cuajadas de flores.
Recibo un mensaje de Mónica. Me dice: “Te soñé. El sueño era millonario y feliz”. Antes me ha visitado Rocío y me contó que, en sueños, vio la representación de una de mis obras, La divinidad del monstruo, en un elegantísimo teatro de Europa.
Estoy muy soñado en estos días.
Acabo de poner los últimos toques al cuadro, cuando sueña (es decir, suena) el timbre de la entrada. Es Damaris.
Nos saludamos con un abrazo y un beso.
—¿Cómo estás? –Me dice.
—Millonario y feliz –le respondo–. ¿Qué mayor tesoro que la amistad?
Le doy su regalo y ella se siente –sus gritos de entusiasmo lo demuestran–, igual que yo.
La ilustración es de Luis Daniel Pulido.
La ilustración es de Luis Daniel Pulido.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 307. Lo que hubiera quedado en el tintero/ 1. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de HCM.

Polvo del camino/ 307
Lo que hubiera quedado en el tintero/ 1

Zazil y la muñeca azul
Héctor Cortés Mandujano

Sus padres se divorciaron cuando Zazil era una bebé. Pero los dos se llevaban bien y ella vivía con ambos, en un arreglo que no siempre entendía: a veces una semana con su mamá, a veces un mes con su papá.
Ambos se encargaban de su alimentación, su ropa, sus juguetes, sus paseos y sus estudios. Los dos, equitativamente, pagaban las colegiaturas de la escuela y los gastos de su clase de ballet. Sin embargo, ella, a sus siete años, se había acostumbrado a conseguir ciertos gustos sólo en las fechas tradicionales: cumpleaños, día de las niñas y los niños, Navidad, Santos Reyes…
Su madre trabajaba en una oficina y su padre era pintor.
Un día de agosto acompañó a su papá al supermercado de una plaza llena de negocios y vio en el aparador de la juguetería, de paso, una muñeca que le encantó: era de piel azul, con un vestido verde y unos cabellos color rosa. Le pareció genial, fantástica.
Sus padres eran muy cuidadosos con los gastos, porque ninguno de los dos tenía altos ingresos. Por eso no le pidió a su papá que le comprara la muñeca y decidió hacer un plan y un presupuesto. La muñeca costaba $2, 768.50.
Su plan era hacer dibujos para que su papá los pusiera en venta en Facebook, con precios bajos y sobre un tema que ella conociera bien. Decidió dibujar su cochinito rojo (tenía uno en cada casa, porque mamá y papá la habían enseñado a ahorrar) con seis variaciones de ese color y otros seis con distintos tonos de azul.
12 en total. Buscaría venderlos a $250.00 cada uno, de modo que, si los vendía todos, tendría tres mil pesos. Ese era su presupuesto ideal.
Sólo tomaría el importe de la muñeca y el resto ($231.50) se los daría a su papá para pagar por las hojas recortadas, de papel acuarela, de 25 cm por 25 cm, y la pintura que usaría para echar a andar su plan presupuestario.
Contó a su papá su idea y apenas llegar a casa él puso en su mesa de trabajo los pinceles, la pintura y comenzó a recortar las hojas. Zazil puso manos a la obra.
No hizo todos los cerditos del mismo color, porque se le antojó mientras pintaba el primero hacer uno rosa, otro dorado, uno más color plata, y con otros inventó combinaciones hasta llegar a tonos que a ella le parecieron bellísimos.
Su papá puso fotografías de las ilustraciones en su Facebook, apenas iban saliendo de manos de Zazil, y sus amigos y familiares las fueron adquiriendo a la misma velocidad. Llegó a su meta sin ningún tropiezo.
Con el dinero recaudado fueron a la juguetería y Zazil se puso feliz, porque, además, cuando el dueño del negocio se enteró de lo que había hecho (su papá se lo contó), le hizo un descuento del 10%. La muñeca le costó, entonces, $491.65 menos.
¡Qué emoción, ya era suya! Zazil tenía una nueva amiga y decidió bautizarla como Vrozul. En el camino de vuelta a casa, comenzó a contar a la muñeca sobre las muchas ideas formidables que pasaban por su mente.
Otra buena noticia esperaba a Zazil: su papá le dijo que el cambio, después de pagar su muñeca, lo pusiera en su cochinito, como agradecimiento por su ayuda, por servir de modelo. Así lo hizo Zazil.
En la noche, acostó a Vrozul en su almohada. Y se durmió contenta, sonriente.
Aquel había sido un gran día.

[Mi amigo Juventino Tito Sánchez me pidió que escribiera un cuento sobre niños (usé a Zazil, su hija, como modelo), relacionado con la economía y el ahorro. Era para un concurso de ilustraciones, convocado por un banco. Lo escribí y Tito no hizo las ilustraciones. Tan tan. Este es el arranque de una nueva sección en mis columnas para publicar lo que pensaba no publicar: Lo que hubiera quedado en el tintero...]
La ilustración es de HCM.
La ilustración es de HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 306. La canción de la cobra. Héctor Cortés Mandujano

La ilustración es de Camilo Herrera Cortés.

  Polvo del camino/ 306

La canción de la cobra
Héctor Cortés Mandujano

Se vuelve de la inspiración como se vuelve de un país extranjero.
El poema es la narración del viaje

Federico García Lorca

La Editorial Cátedra, publicó en 1995, con edición de Allen Josephs y Juan Caballero, en uno de esos libros que tienen información clave para entender y desmenuzar contenidos, dos libros fundamentales en la obra del enorme Federico García Lorca: Poema del Cante Jondo y Romancero gitano.
Lorca, dicen los editores (p. 76), “comienza en Poema del Cante Jondo donde otros poetas no han podido llegar”. Este pequeño libro de poemas, escritos con lenguaje cercano y familiar, lo amigó a algunos lectores y lo alejó de otros cuando se publicó (en 1931). Dice en “¡Ay!” (p. 158): “El horizonte sin luz/ está mordido de hogueras”.
En “Tres ciudades” (Malagueña) escribe (p. 196): “La muerte/ entra y sale/ de la taberna. […] Y hay un olor a sal/ y a sangre de hembra”.
Poema del Cante Jondo, dicen Josephs y Caballero (p. 77), “es un libro interior, penetrante –ya lo hemos dicho, íntimo– que busca la esencia oculta y oscura del mundo del cante, que busca el detalle perfecto, el matiz específico, el efecto sugerente pero de plano limitado […] El Romancero, en cambio, representa la universalización del gitano –o la agitanización del universo–, el llevar a propósito al nivel de mito esa misma sensibilidad gitana-andaluza del cante”.
Romancero gitano fue publicado por primera vez en 1928. En una nota del célebre poema “Preciosa y el aire” (que quiere violarla) escriben (p. 229): “Clebert afirma que los gitanos ‘tienen un terror casi enfermizo al soplo y al viento. El viento, dicen, es el estornudo del diablo’ ”.
Escribe Lorca en San Miguel (Granada), p. 252: “Y el agua se pone fría/ para que nadie la toque”.
En el famoso (de este libro la mayoría de los poemas son muy conocidos) “Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla”, que se deja detener por la gendarmería sin oponer resistencia, escribe Lorca, alarmado por la pérdida de hombres bragados (pp. 263-264): “ Si te llamaras Camborio,/ hubieras hecho una fuente/ de sangre, con cinco chorros./ Ni tú eres hijo de nadie,/ ni legítimo Camborio./ ¡Se acabaron los gitanos/ que iban por el monte solos!/ Están los viejos cuchillos/ tiritando bajo el polvo”.
En “Romance de la Guardia Civil Española” dice algo muy lindo sobre su identidad (p. 283): “¡Oh ciudad de los gitanos!/ ¿Quién te vio y no te recuerda?/ Que te busquen en mi frente./ Juego de luna y arena”.
La escritura de Lorca es bella y sorpresiva. Dice en “Thamar y Amnón” (p. 297): “En el musgo de los troncos/ la cobra tendida canta”. El poema es sobre la violación. La sintetiza en un cuarteto prodigioso (p. 299): “Ya la coge del cabello,/ ya la camisa le rasga./ Corales tibios dibujan/ arroyos en rubio mapa”.
En un poema no incluido oficialmente en el Romancero, “Voto”, escribe (p. 304): “¡Corazón/ con siete puñales!/ ¡Ya es tarde!/ Vete por el camino/ de los ayes”.
Este poeta extraordinario fue asesinado por los soldados, por la dictadura, por la fuerza estúpida, en 1936…
La ilustración es de Camilo Herrera Cortés.
La ilustración es de Camilo Herrera Cortés.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.

Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com

Polvo del camino. 305-A. Imágenes nómadas, 1 a 4. Héctor Cortés Mandujano

Foto: HCM y Alfredo Espinoza

Polvo del camino/ 305-A

Háctor
Antes o después de los aplausos/ III
Imágenes nómadas, 1 de 4

Héctor Cortés Mandujano

En 2021 ganamos el financiamiento para hacer la Gira Nacional por Espacios Independientes promovida por el Teatro Helénico, con mi obra La divinidad del monstruo. El equipo de gira (Oaxaca, Puebla, Guerrero y Chiapas) lo constituimos: Dalí Saldaña, iluminador y staff; Nadia Carolina Cortés Vázquez, maquillista, vestuarista, encargada de fotografía y video; Alfredo Espinoza, actor y coordinador de la gira, y yo, en mi carácter de actor, autor y director, y el que se queda sentado mientras los demás ven lo de las luces, hablan con la gente de los teatros y resuelven los asuntos de hospedaje y comida, no por sentirse muy importante, sino por su inutilidad para las cosas prácticas.
Saldríamos de noche, en autobús, rumbo a Oaxaca. Fue normal que llegaran a despedirnos mi mujer, mis nietos (hijos de Nadia) y la mamá de Dalí. El detalle lindo y singular fue que también se aparecieron para desearnos suerte nuestros amigos Tania Corzo y Juan Ángel Esteban. Partimos.
Llegamos a Oaxaca. En un muro, una pinta: “¡Fuera EPN de México!”; deseo cumplido: desde que dejó la presidencia de la República, Enrique Peña Nieto se fue a vivir como rey a España.
Llegamos a la casa donde nos hospedaremos, una AIRBNP: la cocina era/es común para todos los huéspedes (podemos, si llevamos los insumos, preparar nuestros alimentos), no hay baños individuales y cuando llegamos a nuestro cuarto me di cuenta de que nunca hice caso de lo que decía Alfredo, cuando me explicó sus reservas de hotel y pasajes: era una habitación para ocho, con literas; las camas de abajo estaban ocupadas y nos tocaban las de arriba. Nunca antes había dormido en una litera y supuse que, sin remedio, me caería. Pensé en decirles a mis compañeros que yo me iría a un hotel, con mi dinero, y que ellos se quedaran allí. Alfredo vio mi rostro y notó mis intenciones. Pensé que se sentiría mal con mi decisión, tomé un respiro profundo y me trepé a mi tapesco. Sobreviví. Al otro día se desocupó una cama de abajo y, con la venía de mi trío de acompañantes, la ocupé.
Uno de nuestros compañeros de cuarto era muy conversón. Andaba con camiseta y parecía un luchador retirado: fornido de pecho y brazos, panzón, con bigote y barba abundante, voz de barítono. Me sugirieron su profesión los muchos zapatos dorados que tenía: de vestir, chanclas, babuchas, botas… ¿Qué otro oficio puede coincidir con esa profusión de calzados atípicos? Lo descubrimos en la noche, cuando lo encontramos, a nuestro regreso de nuestra primera función, con un vestido de lentejuelas, párpados y boca pintados. Nos saludó alegremente. Evidentemente no era luchador.
Llegamos al teatro y los que debían atendernos no fueron amables, sino rayanos en la grosería. Cada cual hizo lo suyo y, justo cuando íbamos a maquillarnos, Nadia se dio cuenta que había olvidado su maletín de maquillaje en el hotel. En la obra a mí me pintan la cara de blanco (incluyendo cejas, bigote y barba) y a Alfredo le desaparecen las cejas. Alfredo podía salir sin maquillar, pero mi personaje perdería mucho de su personalidad si yo salía con la cara limpia. El azar hizo que alguien hubiera olvidado una caja de talco en el camerino y Nadia hizo una plasta con ese polvo y lo que llevaba de crema en su bolsa. Daba el gatazo.
Salimos. La obra empieza a oscuras. La iluminación, en ese teatro, La Locomotora, se debe programar en una lap. Cuando debió entrar, la computadora dejó de funcionar. Yo, por razones de montaje, llevaba una lámpara de mano y comencé a iluminar a Alfredo y a iluminarme con la lámpara cuando cada cual decía su parlamento.
De pronto, ¡se hizo la luz! Dalí pudo iluminarnos y fue maravilloso ver como en los rayos lumínicos mi rostro se iba deshaciendo: con cada movimiento el talco caía y se veía hermoso, poético. Polvo eres
Una muchacha se acercó a felicitarnos. Dinorah se llama. Nos dijo que estaba muy agradecida por nuestro trabajo, que le había encantado, y que para corresponder a lo que le habíamos hecho sentir y pensar nos invitaba a desayunar en su puesto del mercado. Fuimos, claro, y le regalamos un libro de la obra, firmado por los cuatro. Ese el rostro de amistad que mejor recordamos de Oaxaca…
Foto: HCM y Alfredo Espinoza
Foto: HCM y Alfredo Espinoza




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 305. Niñas y geckos. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 305

Niñas y geckos
Héctor Cortés Mandujano

Damaris Disner se ha mantenido fiel, desde sus inicios, a la escritura dramática y, entre sus obras, un tema central: las infancias. En ¿Quién escucha a los geckos? Explora los juegos y los desencuentros entre las pequeñas hermanas, y lo que sucede cuando una enfermedad aparece en su mundo idílico. Esa, también, ha sido su constante: no escribe comedias o tragedias, sino piezas contemporáneas en las que la vida, con sus matices sombríos y luminosos, se sube a escena.

Si le hacemos caso a Freud, Damaris Disner no ha soltado el hilo del papalote que le hace volar tan alto en los cielos infantiles. Pero su dramaturgia tiene la impronta libertaria de las niñas y, al mismo tiempo, el control literario de una mujer que conoce a detalle el intríngulis de la trama, el diálogo, el montaje. No se llega solo por intuición a un texto tan bien armado y escrito como ¿Quién escucha a los geckos? Aunque la obra es breve, incorpora en ella la tecnología, que nos permite ver al gecko y la enfermedad en la pantalla, con un suspenso creciente, como una sugerencia de teatro de muñecos y a una breve y tremenda secuencia epistolar.
En ¿Quién escucha a los geckos? hay también sororidad, imaginación y aprendizaje significativo, especialmente entre las hermanas Noíl y Amaité. Eso leerán quienes se asomen al texto, eso verán quienes disfruten la puesta en escena y eso sentí yo.

[Este texto fue leído por el autor en la presentación del libro. Museo del Café. 14 de noviembre de 2025. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.]
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 304. El organismo que nos cuida. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: Luis Daniel Pulido.

Polvo del camino/ 304

El organismo que nos cuida
Héctor Cortés Mandujano

En Realidad virtual. Las claves de la interacción entre tecnología y cerebro humano (Emse Edapp-Editorial Salvat, 2020), de Cristiano Chiamulera, al margen del asunto central, hay dos recuadros que me llamaron la atención y que comparto contigo lector, lectora.
El primero se llama “Los procesos atencionales”, y en él se explica que nuestro organismo, sin que en general nos demos cuenta, mide los cambios en nuestro alrededor (climáticos, energéticos, es decir, físicos) y dentro de nosotros. No lo hace en todos los detalles y no nos avisa, porque (p. 75) “elaborar el enorme número de estímulos ambientales no resulta económico, el sistema se colapsaría a lo largo de sus vías de codificación y en sus centros de elaboración. De esta forma, se filtra el grueso de los estímulos eficientemente”.
Y pone, lo cito (pp. 74-75): “Un ejemplo:
• en este instante que estás leyendo
• …eres consciente de las imágenes de las letras sobre el papel
• …de sostener un libro con las manos…
• …de su peso…
• …del significado de la frase… pero… no estás prestando atención…
(claramente ahora cuando lo leas te darás cuenta)
• a las sensaciones táctiles que proceden del contacto de tu cuerpo con la silla.”
Es decir (p. 74): “El sistema somatosensorial es un sistema muy eficiente de recepción y elaboración de las informaciones, dado que puede mantener el control sin tener que elaborar continuamente todos los acontecimientos físicos que se producen dentro y fuera del organismo”. Podemos tocar, por ejemplo, un objeto puntiagudo sin que se estimule la sensación táctil o dolorosa, porque a nuestro organismo el objeto no le parece, en ese momento, peligroso.

El otro recuadro se titula “La reactividad ante señales” y se refiere más específicamente a los asuntos que nos ocurren cotidianamente y que nuestro organismo decide ignorar (un olor a humo) o atiende o pospone (una necesidad fisiológica). Dice el autor que la reactividad ante señales activa (p. 118) “respuestas automáticas que se llevan a cabo por medio de procesos cerebrales que se desarrollan en forma concomitante en distintos niveles. Este es el motivo por el que no siempre somos conscientes de la sensibilidad de la reactividad ante señales, aunque el entorno esté lleno de estímulos para sexo, comida, humo, etcétera”.
Los dos textos aluden a que nuestra vida es más cómoda y mejor llevada por nuestro organismo automático, sin que nosotros tengamos nada más que hacer que dejarnos conducir por lo que nuestro propio cuerpo nos informa, nos dice y a veces nos ordena…

Ilustración: Luis Daniel Pulido.
Ilustración: Luis Daniel Pulido.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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Polvo del camino. 303. El llanto de Lilvia. Héctor Cortés Mandujano

Ilustración: HCM.

Polvo del camino/ 303

Apuntes de oído/ 24

El llanto de Lilvia
Héctor Cortés Mandujano

Así es cada hombre, así lo hicieron...

“Amor en otras palabras”,
que canta Baglietto


Hace tiempo, por invitación de mi amiga Sofía Carballo, presenté Lengua Lanzadera Enhebrada, un libro de Lilvia Soto, en San Cristóbal de Las Casas.
Sus poemas, en ese libro, hacen referencia, a veces sutiles, a veces explícitas, a mitos griegos, que ella relacionaba con la dura realidad de las mujeres latinoamericanas que, aparte de trabajar sin respiro, eran-son madres, hijas, hermanas, compañeras que ejercen la sororidad, y también participantes activas en los procesos de liberación de sus pueblos; luchadoras sociales que corrían (corren) el cotidiano riesgo de ser masacradas por defender algo tan evanescente, tan inasible como la patria.
A Lilvia mi texto de presentación la emocionó. Derramó alguna lágrima y me agradeció públicamente, porque, dijo, había encontrado a un lector que la entendía a cabalidad.
Luego nos fuimos a cenar y en la charla que tuvimos ella y yo (nos acompañaban mi mujer, una amiga de Lilvia y Sofi, que hablaban de otra cosa), no sé a cuenta de qué le dije de memoria la letra de la canción “Amor en otras palabras”, escrita por A. Callaci y R. Bielsa, interpretada maravillosamente por Juan Carlos Baglietto.
La emocioné de nuevo, porque la canción de referencia habla del cuerpo que ama y del cuerpo que lucha, que es el mismo; de la mano que acaricia y de la mano que empuña un arma, que es la misma; de cómo defender a la patria es amar de otra manera… Más o menos las experiencias vistas y vividas que la habían llevado a escribir su libro.
Dice la canción: “Con estas manos de acariciarte la espalda, llevaré un fusil tal vez mañana. Con esta boca que no encuentra palabras, que te besa, llamo a gritos a mi gente, vivo a mi patria”.
Y sigue: “Con estas piernas, las de irme temprano, marcharé si es debido a la batalla, y con los ojos de mirar, apuntaré al corazón del que me ataca. Y este cuerpo, que también es nuestro cuerpo, se pudrirá en la tierra, si me matan”.
Me salté unos versos y le dije el final: “Yo, que hasta ayer dije amor; ahora, hoy, digo patria, que es como decir amor: amor en otras palabras”.
Lilvia volvió a llorar.
Ilustración: HCM.
Ilustración: HCM.




*Sobre el autor:

Héctor Cortés Mandujano

Narrador, dramaturgo y periodista cultural

Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.

Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.

Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).

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