Voces ensortijadas
Las hojas que el viento se lleva
María Gabriela López Suárez
En menos de lo que esperaba Inés llegaron las tan ansiadas vacaciones de Semana Santa. Se sintió afortunada de haber ahorrado para pagar sus pasajes y poder ir a visitar a su familia. Estaba consciente de que su padre hacia un gran esfuerzo por sostener el pago de los estudios de licenciatura que ella cursaba en otro estado de la República Mexicana. Además de ella, don Benito tenía una hija y un hijo que estudiaban la preparatoria y secundaria. La madre de Inés había muerto dos años antes de que ella ingresara a la universidad.
Partió para su terruño con una maleta en donde llevaba pocas cosas, entre ellas unos dulces regionales para compartir con su familia y eso sí, el corazón lleno de emoción, cariño y ganas de abrazar a sus seres queridos.
El asiento que había elegido Inés estaba justo a la mitad del autobús, en ventanilla. Se había prometido que aprovecharía al máximo para observar el paisaje antes de que tuviera ganas de dormir. Tenía la ventaja de haber comprado su boleto con salida antes de las 3 de la tarde, le tocaría contemplar el atardecer. Calculó que llegaría a casa alrededor de las 7 de la mañana.
El camión inició su recorrido, el cupo iba lleno. Inés tenía como compañera de asiento a una señora adulta mayor, buena conversadora, quien no tardó en tomar una siesta. Inés se colocó sus audífonos, eligió escuchar a Jorge Drexler y se puso a contemplar el paisaje. Estaban por salir de la ciudad cuando el autobús se detuvo casi cerca de un crucero. Al principio Inés pensó que era por el alto del semáforo, pero el tiempo se prolongó. Se asomó un poco más a la ventana y se percató que había más coches y camiones en espera. No tardaron algunas personas pasajeras en levantarse a preguntar qué había sucedido. Inés alcanzó a escuchar que había un accidente. Tenían que esperar. Decidió no estresarse. Volteó a ver a su compañera de asiento, dormía profundamente.
En tanto el camión retomaba su curso Inés siguió atenta al paisaje. Observó que había tres adolescentes, dos chicas y un chico, con atuendo de payasos, ensayaban malabares con pelotas sobre un pequeño camellón. Estaban bajo la sombra de un árbol de tamaño mediano. Inés admiraba con qué habilidad podían mover sus manos sin que las pelotas se cayeran. De pronto, la atención de ella se centró en las fuertes ráfagas de viento que hicieron caer muchas hojas amarillas del árbol -que cubría del sol a las chicas y el chico-. Como si fuera una especie de imagen animada, las hojas no cesaban de caer. Para Inés fue una imagen muy bella y a la vez muy fuerte, lo tomó como una metáfora, que las hojas que el viento se lleva eran como los recuerdos y experiencias tristes y desagradables, que ya no necesitaban estar en su vida, pero a las que agradecía porque sin duda había aprendido a partir de ellas. Mientras el camión reanudaba su camino Inés siguió observando el paisaje, al tiempo que tarareaba, cada uno da lo que recibe. Y luego recibe lo que da. Nada es más simple. No hay otra norma. Nada se pierde. Todo se transforma. Todo se transforma.

Sobre la autora:
Maria Gabriela López Suárez
Catedrática, periodista, escritora y comunicadora
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.