Polvo del camino/ 323
Libros muertos
(Cuento corto)
Héctor Cortés Mandujano
Fue tan natural que no podría decir que me asombró: vi a una niña en una esquina de la ciudad (yo iba a tomarme un café), ella me vio a los ojos y ¡desapareció!
No hice ni gestos. Pensé que estaba cansado, que era una ilusión o un truco barato, pero bien hecho. Hasta que la vi de nuevo.
Se acercó y me dijo:
—¿Cómo le haces para verme?
—Te veo nomás.
—Nadie más que tú me ve. Estoy muerta, soy un fantasma.
—¿Ah, sí? No lo pareces.
Se volvió aire.
Supongo que ella le dijo a otros muertos: a la anciana que me esperó a la entrada de mi casa; a la muchacha que me encontré, cruzada de piernas, en mi sala; a los dos niños que me acompañaron hasta mi oficina…
Ninguno me pidió algo en especial. No recordaban, dijeron a mi pregunta, a ningún familiar, a nadie. Estaban en todas partes, aunque no los vieran. Se les hacía una maravilla platicar naderías conmigo, porque yo les contaba de olores, sabores, sentimientos que ellos ya no tenían. Era su puente con la vida.
Actuaban con discreción y en la calle o frente a los demás, aunque a veces me rodeaban, no me dirigían la palabra ni me interrumpían ni me preguntaban. Les dije que los iría viendo en mi casa en ciertas horas, por grupos, para conversar, y llegaban en gran número. Los tomé como un trabajo agradable.
Hasta que llegó Armonio.
Era un hombre mayor, vestido con elegancia y de muy correcto trato.
Me dijo que era un vampiro muerto. Le habían clavado en el corazón una estaca y la idea de Stoker, en Drácula, era una falsedad: “No nos volvemos polvo, sólo morimos”.
Era bastante instruido, parecía dominar muchos temas.
—Me encanta leer –me confesó.
—¿Y qué lees?
—Tenemos varias bibliotecas.
—¿Tenemos?
—Pertenezco a un grupo de vampiros lectores.
—¿Y podrías traerme un libro?
—Con gusto.
El libro no lo podría ver nadie ni leer ningún humano. ¿Por qué yo sí? No sé. Se llamaba La estructura de la nada, de G. M. Gandolf. Y era un libro de ciencia muy avanzado.
Se lo devolví, luego de disfrutarlo.
En mi cumpleaños, Armonio me dijo que invitaría a su sociedad de vampiros cultos. Y llegaron con sus colmillos largos, vestidos hasta con capas, muy cinematográficos. Cada uno me regaló un libro.
Ahora, aparte de mis ejemplares físicos y electrónicos, tengo una biblioteca en crecimiento de libros invisibles, de libros muertos, que renacen cada vez que pongo mis ojos en sus líneas iluminadoras…

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com