Polvo del camino/ 320
Nuestros propios sepulcros
Héctor Cortés Mandujano
Veo difícil que la poesía se encarne en el hombre bruto
Fernando Aramburu,
en Vetas profundas
Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) escribió un libro donde habla de 40 poemas que le gustan: Vetas profundas (Tusquets, 2019). Dice el autor (p. 10): “Este es el libro, no de un experto, tampoco de un lego, sino de un degustador que de manera razonada y, a poder ser, clara intenta trasmitir sus sensaciones de lectura, a menudo con relación a hechos de su experiencia vital”.
Está, en los 40, “Voy a dormir”, de Alfonsina Storni (1892-1938), el último de sus poemas, que dice en uno de sus versos (p. 26): “Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame”. Lo escribió en octubre de 1938; (p. 29) “en la madrugada del 25 de octubre, la escritora se llega bajo la lluvia hasta una escollera y se arroja a las aguas frías. Por la mañana, dos obreros encuentran su cadáver en la playa”. El título, dice Aramburu, quiso decir “Voy a morir” y a la nodriza a quien habla es la muerte, su muerte.
“Sé que escribo bien y eso es todo. Pero no me sirve para que me quieran” (p. 86), cita Aramburu a Alejandra Pizarnik, otra poeta suicida.
Reflexiona Fernando sobre lo que hace que nazca el “prodigio poético”. Son tres componentes (pp. 101- 102): “El primero es la escritura o, si se prefiere, la técnica. […] El segundo componente es la emoción fundida en el lenguaje […] Y el tercero consiste en la variedad de asuntos, visiones, ideas, que constituyen el universo intelectual del poeta”.
Escribe cuando habla del poema “Gritando no morir”, de Blas de Otero (p. 132): “Para el poeta, Dios, al crear la vida, creó la muerte”.
El famoso Soneto V, de Garcilaso de la Vega, termina con estos versos definitivos (p. 166): “por vos nací, por vos tengo la vida,/ por vos he de morir, y por vos muero”. Los dedicó a Isabel Freyre, la mujer de quien estaba enamorado. Aramburu dice que él lo dijo al oído a alguna muchacha, con quien no tuvo suerte. Se pregunta (p. 170): “¿Me habría consolado saber que Isabel Freyre, lejos de caer rendida al lenguaje superior de Garcilaso, se casó con otro?”.
“[Represéntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece ser lo que se vivió]”, de Francisco de Quevedo, dice en dos versos (p. 196): “Ayer se fue; mañana no ha llegado; […] soy un fue, y un será, y un es cansado”. Dice Aramburu (p. 200): “Desde los pañales del recién nacido hasta la mortaja del difunto, la vida (hoy, mañana y ayer) se ha pasado en un soplo; una vida en la que uno, testigo de sus incesantes defunciones, es tumba donde yacen sus anteriores edades. Quevedo enuncia este pensamiento en una célebre carta de 1635 dirigida a Manuel Serrano del Castillo: ‘Hoy cuento con cincuenta y dos años, y en ellos cuento otros tantos entierros míos. Mi infancia murió irrevocablemente; murió mi niñez, murió mi juventud, murió mi mocedad; ya también falleció mi edad varonil. Pues ¿cómo llamo vida una vejez que es sepulcro donde yo propio soy entierro de cinco difuntos que he vivido?’ ”.

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com