Polvo del camino/ 319
Morir juntos
Héctor Cortés Mandujano
Recientemente se han presentado al público dos películas que buscar poner luz en hechos bajo la sombra de dos autores icónicos de la literatura mundial: Shakespeare y Cervantes.
Hamnet (2025), dirigida por Chloé Zhao (Pekín, 1982), está basada en la novela homónima de Maggie O’Farrell, coautora del guion junto con la directora. Zhao es, desde mi punto de vista, una artista de los pies a la cabeza. Conozco los cinco filmes que tiene hasta ahora (Songs My Brothers Taught Me, The Raider, Nomadland, Eternals) y todos me parecen geniales.
Hamnet, la novela y la película, parten de la misteriosa identidad de William Shakespeare, ya vuelto lugar común: no pueden ser el mismo un señor del campo, común, enterrado sin pompa en su natal Stratford, que el rey de Londres, el mayor dramaturgo inglés y universal que ha parido este mundo. Ríos de tinta han corrido para intentar desvelar ese misterio. La cinta y la novela solucionan eso con un epígrafe: “Hamlet y Hamnet son el mismo nombre, intercambiables en los registros de Stratford, a finales del siglo XVI y comienzos del XVII”. Lo mismo se dice de los dos Shakespeare. Hay una letra que los diferencia.
Sobre esa base O’Farell escribió una novela, que no me pareció nada del otro mundo cuando la leí (la comenté en una Casa de citas), y sobre ella Chloé Zhao hizo una película prodigiosa, que inventa la vida del Shakespeare de Stratford que se enamora, se vuelve dramaturgo, se va a Londres y deja a su familia en el pueblo. Aquí, los dos Shakespeare, el del pueblo y el de Londres, son el mismo. Hamnet es la bisagra entre los dos. El de Stradford, en la vida real, tuvo un hijo que se llamó Hamnet; el otro, todos lo sabemos, escribió una obra de teatro que se llama Hamlet.
La actriz Jessie Buckley, madre de Hamnet en la cinta, merece todos los premios. Es impresionante.
El cautivo (2025), escrita y dirigida por Alejandro Amenábar (hispano-chileno, 1972) inventa lo que pudo haber ocurrido con Cervantes cuando fue cautivo en Argel, en 1575. Se sabe que intentó escapar y aquí se recrean sus intentos. Ya puestos a imaginar, Amenábar propone que Cervantes y el bajá responsable de la cárcel donde estaba cautivo tuvieron un romance gay.
En el filme nos encontramos con un Cervantes (el actor Julio Peña) ya con el brazo izquierdo inutilizado por heridas de arcabuz (no era manco, como inexactamente se ha repetido) y dueño de una formidable imaginación, que seduce tanto a sus compañeros de cautiverio como al poderoso bajá.
En esta cinta como en Hamnet (allá son más bien verbales) hay un montón de guiños a sus obras: los sacerdotes que le consiguen el rescate son la viva imagen de Don Quijote y Sancho, aparecen los célebres molinos de viento y varias minucias más. La peli se sostiene muy bien, porque Amenábar es también un maestro en su oficio.
Lo único en lo que se debe tener cuidado es en creer que lo que vemos son retratos reales de Shakespeare y Cervantes. Nada que ver. Las dos películas son agradecibles y bien logrados actos de imaginación.
Ha sido también, supongo, la loca imaginación que nos ha hecho tragarnos el cuento de que los dos murieron el mismo día (la vida de Cervantes está documentada, la de Shakespeare es fantasmal): el 23 de abril de 1616. En honor a ellos se celebra en esa fecha el Día Internacional del Libro. Y vaya que los dos tienen que ver con ese maravilloso artefacto...
[José Luis Ruiz Abreu, director de la Librería del Fondo de Cultura Económica, en Tuxtla, me ha mandado de regalo un paquete con diez libros de la colección Para el veinticinco. Me los entregó mi amigo Sarelly Martínez, lo que ya es un regalo más. Las ediciones están geniales y los diez títulos me encantaron nomás de verlos. Me sentí feliz, como si me hubieran concedido diez deseos. Mil gracias, querido José Luis, un abrazo.]

*Sobre el autor:
Héctor Cortés Mandujano
Narrador, dramaturgo y periodista cultural
Finca El Ciprés, Villaflores, Chiapas, 1961.
Sus publicaciones, una amplia colección, abarcan varios géneros: Cuento, dramaturgia, novela, relato, ensayo y varias coautorías. Ha sido antologado en libros y revistas especializadas.
Aunque desde hace varios años se ha abstenido de participar en concursos y convocatorias, tiene varios premios y reconocimientos por su actividad literaria, mencionamos algunos: Premio Puerta 2010 al Mejor Dramaturgo, otorgado por la Asociación de Periodistas Culturales de Chiapas “Trozos de sol”; Premio Nacional de Novela Breve Rosario Castellanos, con Aún corre sangre por las avenidas (2005); Premio Estatal de Novela Breve Emilio Rabasa, con Vanterros (2004).
Lo puedes seguir en su columna Casa de citas.
Correo electrónico: hectorcortesm@gmail.com