Voces ensortijadas
Atardecer lejos de casa
María Gabriela López Suárez
Martina decidió tomarse un descanso después de su semana laboral. Viajó a un pueblo cercano de su ciudad natal. En el viaje invitó a Charo y a Benito, sus amistades de toda la vida. La amistad que había iniciado hace varios ayeres era de las que resisten viento y marea, estar en las buenas y no tan buenas experiencias que les tocaba vivir. En ese viaje tan repentino se sumaron a la invitación de Martina, sin objeción alguna.
Las actividades del día sábado por la mañana las hicieron en conjunto. Estar en contacto con la naturaleza era uno de los puntos en común del que gustaban disfrutar, así que visitaron un parque que era una de las atracciones principales del pueblo y también recorrieron algunos senderos. Se la pasaron muy bien, sin embargo, el clima caluroso les agotó, sobre todo a Charo y a Benito.
Por la tarde Martina no tuvo a sus amistades de seguidores para ir a recorrer la plaza del pueblo, así que emprendió el andar sola. El calor había disminuido, eso le animó a caminar un rato alrededor del parque y luego, decidió ir a tomar algo en una de las cafeterías cercanas.
Después de buscar en qué cafetería se quedaría, Martina eligió una que estaba frente al parque. Mientras le llegaban a tomar la orden, se agradeció la elección del lugar donde se había sentado, tenía una hermosa vista al pequeño kiosco y sus alrededores.
Aunque el calor había disminuido y comenzaba a percibirse un viento agradable, Martina degustó una naranjada fría acompañada de una rebanada de pastel de zanahoria. Sin habérselo propuesto esa tarde tenía una cita con ella y había que disfrutarla al máximo. Contempló a la gente que recorría el parque caminando, mujeres artesanas vendiendo blusas, a lo lejos, un par de músicos con sus guitarras, niñas y niños corriendo, algunas personas degustando helados y sentadas en las bancas del parque. Al fondo se percibían los primeros brotes del ocaso y el bello paisaje sonoro de las aves que se preparaban para irse a sus moradas.
Mientras terminaba su pastel y daba el último sorbo a su naranjada agradeció esa pausa que necesitaba en su andar, sin duda, era un gran regalo tener la oportunidad de contemplar un atardecer lejos de casa.

Sobre la autora:
Maria Gabriela López Suárez
Catedrática, periodista, escritora y comunicadora
Apasionada de la escritura, la lectura, la radio y el aprendizaje de idiomas. Doctora en Estudios Regionales por la UNACH y Doctora en Dirección y Planificación del Turismo por la Universidad de Alicante. Maestra en Educación Superior y Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UNACH. Profesora-investigadora en la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH), en la Licenciatura en Comunicación Intercultural y la Maestría en Estudios Interculturales. Asesora en el Instituto de Evaluación, Profesionalización y Promoción docente en Chiapas y en el Instituto de Educación Superior en Desarrollo Humano Sustentable. Es integrante del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1, del Sistema Estatal de Investigadores, de la Red Internacional de Investigadores en Turismo, Desarrollo y Sustentabilidad (RITURDES) y de la Red de Formadores en Educación e Interculturalidad en América Latina (RedFEIAL).
Sus líneas de investigación son: Comunicación, Comunicación Intercultural, Educación, Identidades, Juventudes, Periodismo, Radio Comunitaria, Turismo Comunitario, Patrimonio Cultural.
Desde 2008 colabora como periodista cultural independiente en diferentes medios chiapanecos. En 2018 fue corresponsal en Chiapas en la, antes llamada, Agencia Informativa CONACYT. Es autora de la columna periodística Voces ensortijadas, desde 2017, actualmente se publica en la revista electrónica Letras, idea y voz y en el portal Chiapas Paralelo. Es productora del programa radiofónico de la UNICH, Los Colores de la Voz. Actualmente es aprendiz de la Lengua de Señas Mexicana.