Líneas de desnudo/ 132
Convención de Almuzara (2)
Por Manuel Pérez-Petit
A Manuel Pimentel, de nuevo, por hacer posible los milagros.
Los españoles le decimos charco, pero lo que hay entre estos dos continentes que nos unen en esta casa común de AlmuzaraLibros es un océano gigantesco, el mismo que cruzó Colón hasta por cuatro veces para demostrarle, da igual si de manera consciente o inconsciente, al mundo que el mundo es mucho más grande que lo que creemos.
Soy sevillano (español) de nacimiento y mexicano por decisión propia. Acudí a la convención en calidad de director de Almuzara México. Para tomar conciencia de la dimensión del reto, hay que saber que México tiene tres veces la población censada de España y en extensión es más de cuatro veces mayor. Los ciento treinta millones de mexicanos reales hablan español, y una gran mayoría de ellos también otra lengua. Somos, pues, un pueblo culto en el que no hace falta ser docto para poseer sabiduría y cualidades intelectivas, cosmogonías y visiones universales del mundo. México tiene 69 idiomas cooficiales y en el territorio mexicano se hablan más de 350 variedades lingüísticas. En México hay incluso docenas de sustantivos para referirse a un mismo objeto, idea o sentimiento. Se trata de un país que tiene una Constitución política centenaria –la tercera más antigua en vigor de toda América–, que prospera sea cual sea el signo político de sus dirigentes, de gentes muy trabajadoras que aman, por encima de todo, su patria. ¿Cuánto tenemos que aprender los españoles de los mexicanos? Una barbaridad, ni se imaginan. Aún así, México es un país extraño y confuso para el que llega con mentalidad europea. Alguien dijo alguna vez que México es más surrealista que los surrealistas, sentencia que se atribuye a mucha gente y, por tanto, no pertenece a nadie, aunque alguien, quién sabe quién, lo dijo alguna vez. Hay que establecer, pues, un retrato de lo diferentes que somos los mexicanos aun siendo tan similares a los españoles, y de la necesidad que debemos tener los españoles de adaptación a un medio tan diverso cuando venimos acá con la intención de prosperar. Por compartir la misma lengua no es más fácil, lo que puede gustar allá no tiene por qué gustar acá, las fórmulas para que funcionen las cosas son diferentes. Y esto que cuento acá no es solo válido para México, sino en general para los demás países hispanoamericanos.
Nos encontramos, por otra parte, en un país que lee poco, en el que los que leen leen cada vez más pero en el que aun no habiendo analfabetismo los índices de lectura, que con todo mejoran año por año, son muy bajos. Aunque cuenta con ciudades importantes, México es un país rural, que los urbanitas mexicanos cada vez conocen menos o lo conocen por hacer turismo que es como no conocerlo. El 50 por ciento del territorio sigue estando desconectado. Las comunidades, que son como pedanías para los españoles, en una gran mayoría no tienen ni una carretera digna de acceso. No hay red ferroviaria y para la inmensa mayoría todo son caminos terrestres. No se puede llegar a México como si se llegara a Cataluña, Galicia o Extremadura. No nos bastaría con sacar libros. Al contrario de lo que ocurriría en España, podríamos seguir siendo durante años unos perfectos desconocidos. Se pueden vender muchos libros, sí, pero no tener imagen de marca ni de prestigio si no se hace un esfuerzo espacial de comunicación pública.
Por esta razón, en estos mismos días Almuzara se presentará, con humildad y con ambición, ante la sociedad mexicana, con una repercusión importante en los medios, porque Almuzara, la casa de los milagros, el campo sembrado que ahora cruza ya de verdad hasta los mares, viene para quedarse y sumar, no en vano es donde uno más uno es más que dos.
(Continuará...)

Fotografía: Nina Prodanova.
*Sobre el autor:
Manuel Pérez-Petit
Periodista, editor, escritor y gestor cultural
Sevilla, España, 1967.
Periodista por la Universidad de Navarra y diplomado en pedagogía en lengua y literatura por la Universidad Complutense de Madrid, es especialista en literatura comparada y un experimentado docente y gestor cultural. Es editor desde hace más de 30 años, habiendo tenido a su cargo en proyectos propios y ajenos más de medio millar de ediciones de títulos de todos los géneros. En 2010, se trasladó a México y fundó Sediento Ediciones. Ha dirigido proyectos editoriales y culturales de ámbito latinoamericano y dictado conferencias y cursos en países de Europa y América desde hace 20 años. Como periodista trabaja desde hace muchos años en diarios y publicaciones periódicas de España y México y medios de internet y radio. Es profesor invitado en la Bluefields Indian & Caribbean University (Bicu), de Bluefields, Nicaragua. Desde junio de 2011, la biblioteca de Yolotepec, comunidad indígena otomí de Santiago de Anaya, Hidalgo, México, lleva su nombre, y desde octubre de 2022 también la biblioteca de la comunidad indígena purépecha de la isla de Yunuén, Pátzcuaro, Michoacán, México. En 2017 fundó la causa Libros por Yolotepec, para la recolección de libros en donación para bibliotecas y la promoción de la lectura de los ámbitos rural y marginal urbano de México. Es autor de nueve libros individuales en poesía y narrativa. Su obra ha sido publicada, antologada o premiada en media docena de países. En 2020 fundó Kolaval, plataforma, agencia literaria y editorial de ámbito hispanoamericano. Desde diciembre de 2023 es director editorial de Almuzara México.